Autor: Cerebro

  • México quiere un estadista, no un presidente cool

    México quiere un estadista, no un presidente cool

    Hace poco vi este video, un tanto penoso, donde la politóloga Denise Dresser describe el presidente que quieren los millennials mexicanos. Dice, con un acento «gringo mamón», que ellos quieren un presidente ‘cool’, que se la pase mandando tweets, que tenga un tatuaje, sea fan de Gilmore Girls y se la pase visitanto la página de Buzzfeed. 

    Naturalmente tomó como referencia a Barack Obama y a Justin Trudeau (de quien pronunció su apellido con un tono gringo mamón y no con el francés que le correspondía), y lo hizo porque ambos mandatarios son admirados por un sector de la sociedad mexicana, pero no necesariamente por sus dotes como estadistas, sino porque el primero basó su legitimidad en la cultura popular, y el segundo en su apariencia física. Esto, dejando parcialmente del lado su forma de gobernar porque al final del día gobiernan un país distinto al de sus admiradores, y por ende, no esperan resultados tangibles como sí lo harían dentro de nuestro país. 

    Denise desearía que el siguiente presidente sea muy activo en Twitter y se comporte como millennial, que repita sus clichés, que vea los mismos programas para «estar en sintonía con ellos», como si con eso bastara (pregúntenle a Peña Nieto como le fue cuando su equipo de comunicación le quiso dar ese perfil). Me llama la atención que una persona que dice ser politóloga haga tanto hincapié en el empaque y no en el contenido. 

    Denise Dresser subestima a los millennials de una forma grosera, casi los llama ignorantes. Piensa que sólo les importa «lo de afuera», como si con eso bastara para acabar con la crisis de legitimidad de la política en Occidente. Como si el problema fuera que los presidentes no ven Gilmore Girls o que no tienen un tatuaje de infinito en el brazo: –No aplicaré políticas para generar empleos para jóvenes, pero sí me tomaré una foto en el upside down para subirme al tren del mame de Stranger Things

    Dresser dice se nota que los millennials están interesados en la política porque hacen memes, pero que el problema es que «no hay contestación del otro lado», como si todo se redujera a un problema de comunicación donde los únicos responsables son los políticos. Dice que se sienten incómodos pero «sin muchos instrumentos» para incidir. Es decir, que si la sociedad se queda en el activismo de sofá y no sale a luchar por sus derechos, si no saben organizarse como «miembros de la sociedad civil» es culpa del gobierno, de los políticos, pero no de ellos mismos. Después de subestimar a los millennials, los victimiza.

    México quiere un estadista, no un presidente cool
    Fuente: Youtube / Nación 321

    Denise se equivoca porque yo no creo que los millennials esperen un presidente que sólo se arrincone en la cultura popular, sino uno que saque al país adelante, uno que cree las condiciones para que ellos puedan tener acceso a mejores empleos y puedan aspirar a tener un mejor futuro. Denise Dresser parece creer lo que creen dentro de los equipos de comunicación de candidatos de medio pelo, que para «rejuvenecer al susodicho» lo tratan  de vender como jovial, lo hacen pronunciar frases trilladas, pero que al final no conecta, porque el empaque no corresponde con el producto.

    Más grave es que presente a los millennials como víctimas de sus circunstancias. Cree que van a poder influir sólo hasta que el gobierno les de las herramientas para hacerlo (lo cual es una terrorífica contradicción) cuando en realidad es desde la ciudadanía donde se tienen que empezar a crear los instrumentos para poder incidir en el quehacer político. Lo más grave es que hay claros ejemplos de que eso se puede hacer, y ejemplos de los que ella mismo ha sido promotora como la Ley 3 de 3. Denise debería más bien invitar a los millennials a que se involucren, a que sepan como organizarse, a que asuman su rol como generación, pero en vez de eso, es condescendiente con ellos y los caricaturiza como personas que están viendo series en su laptop mientras retuitean memes políticos desde su smartphone. 

    México no necesita un presidente cool ni que vaya a conciertos ni se aparezca en el Corona Capital y cante con Brandon Flowers, necesita un presidente que sea estadista y que haga su trabajo.

    México tampoco necesita una generación que se oculte bajo su smartphone porque piensa que no puede hacer nada más dado que el gobierno «no les da las herramientas para luchar contra sus propios excesos», sino una que asuma su responsabilidad histórica para construir el México que quieren.

  • Wikipolítica. Cuando el activismo ciudadano quiso llegar al poder

    Wikipolítica. Cuando el activismo ciudadano quiso llegar al poder

    Wikipolítica. Cuando el activismo ciudadano quiso llegar al poder
    Imagen: Proyecto Diez

    En el contexto de una clase política cada vez más distanciada de los ciudadanos, ensimismada y recluida en una especie de esfera de donde no es capaz de salir ni de tener contacto con el exterior, surge Wikipolítica. Pero ¿qué es?

    Wikipolítica es un movimiento que parece fungir como un partido desde fuera del sistema. Es decir, en cierto sentido se porta como tal porque actúa como una facción política, pero lo hace desde fuera al no estar registrado ni recibir las prerrogativas que un partido común y corriente recibe. De este movimiento-partido surgió tal vez el único candidato independiente que hasta la fecha se ha ganado la simpatía de la mayoría de los ciudadanos: Pedro Kumamoto.

    Wikipolítica es un movimiento que representa, sobre todo, a la clase media que ha visto surgir desde ella una mayor participación ciudadana. Wikipolítica surge de una clase media universitaria que tal vez se acerque a la socialdemocracia (sobre todo por las corrientes políticas que los han influido y por su agenda) y que ha sido influenciada, en cierta medida, por universidades jesuitas. También, hasta cierto punto, es heredera del movimiento #YoSoy132, sobre todo de aquel surgido en la Ibero (más cercanos a esa izquierda liberal y más alejados de la izquierda nacionalista). 

    Pero si lo queremos definir de mejor forma, Wikipolítica es algo así como la prueba de fuego de la ciudadanía. ¿Por qué? Porque básicamente está compuesto de ciudadanos que son parte de esta nueva ola de activismo y participación ciudadana. Son «nuevos en esto», y no están contaminados de los vicios de la anquilosada clase política. 

    Tampoco son jóvenes «entrenados en los cuadros del PRI, el PAN o MORENA», ni políticos creados a la vieja usanza. Su movimiento ha crecido muy aparte de la clase política (cosa que ni los partidos chicos pueden presumir). Básicamente, es el «activismo ciudadano queriendo entrarle a la política». 

    Wikipolítica dice que quiere recuperar la política para las personas. Creo que su argumento está mal planteado porque en México la política nunca ha sido de las personas, sino de grupos de interés. Pero se entiende su idea, dicen que quieren ponerla al servicio de ellas.

    La forma en que busca operar Wikipolítica es un tanto diferente. Parece ser un proyecto con objetivos a largo plazo, y un claro ejemplo de ello es que decidieron no postular a ningún candidato independiente que busque la Presidencia de la República. En vez de eso, decidieron postular a Pedro Kumamoto para buscar una curul en el Senado así como a varios diputados locales en varios estados, de tal forma que este movimiento vaya, poco a poco, penetrando dentro de la clase política para aspirar a renovarla. 

    ¿Lo lograrán? Es una gran interrogante. Muchos tienen confianza dado que Pedro Kumamoto, siendo candidato local, logró poner en la mesa varios temas importantes y logró, junto con el movimiento al que pertenece, pasar una iniciativa con el fin de reducir el presupuesto público de los partidos y vincularlo a los votos que obtengan (y no a la proporción de estos). 

    En 2018 Wikipolítica no sólo tendrá un representante, seguramente tendrá varios, estarán mejor estructurados y posiblemente tengan mayor experiencia. Su forma horizontal de organizarse, y el hecho de que sea una organización que se involucre desde fuera, está generando mucha empatía desde las clases medias y medias altas de la población, que es desde donde están partiendo. Y ya están generando temor dentro de los partidos en aquellos lugares donde amenazan con penetrar y ocupar espacios, tal y cómo sucede con Movimiento Ciudadano en Guadalajara, donde parte de su capital político se ve amenazado ante la irrupción de Wikipolítica, quienes además amenaza con arrebatarles el mote de «ciudadanos», y con quienes hasta hace muy poco podían trabajar juntos. 

    Pero la prueba de fuego vendrá después, cuando ya hayan acaparado cierto capital político (es decir, poder). Ahí es donde veremos cuál es el comportamiento de los políticos que surgieron de la ola de participación ciudadana que vive nuestro país y ahí sabremos de qué están hechos. ¿Se comportarán igual? ¿Adquirirán los mismos vicios? ¿O lograrán revolucionar la forma de hacer política en nuestro país? Son preguntas que sólo el tiempo logrará contestar. 

    Y por eso es la prueba de fuego. Como herederos (por un decirlo) del activismo ciudadano de este nuevo siglo, se tiene mucha expectativa sobre ellos. La pregunta es si, una vez que estén ejerciendo el poder, lograrán estar a la altura. 

  • ¿Por qué las mujeres escriben menos libros?

    ¿Por qué las mujeres escriben menos libros?

    La otra vez hice un ejercicio. En Goodreads (que es algo así como una red social enfocada a libros) tengo la lista de casi todas las obras que he leído en mi vida. Entonces me puse a contar cuántos de esos habían sido escrito por hombres y cuántos por mujeres.

    Resulta que los libros escritos por el género femenino no no llega si quiera al 10%. De 232 libros que he leído, tan sólo 23 son de autoras. ¡23 libros!

    Sigo: de los libros escritos por mujeres que he leído ninguno fue escrito antes del siglo XIX, y ciertamente, conforme son más actuales son, el número de escritoras aumenta. Pero incluso si tomara como referencia los libros escritos en el siglo XXI, los hombres siguen dominando. 

    No, no soy alguien que desprecie la literatura femenina, ni pienso que sean menos capaces al escribir. Cuando selecciono qué libro leer me fijo en muchas cosas pero no en el género del autor o la autora. Creo que más bien esto tiene que ver con el papel de los géneros en el quehacer público de donde la mujer ha quedado relegada. Y también refleja, que de alguna u otra forma, ha ganado muchos espacios con el tiempo. 

    Naturalmente no tiene que ver con la capacidad. Basta leer a Hannah Arendt o Simone de Beauvoir para percatarse de que la mujer no tiene impedimento alguno. Si en algo destacan estas autoras es en su gran capacidad de análisis y argumentación. La obra de Arendt llamada «The Origins of Totalitarianism» es tan excelsa que seguramente muchos politólogos hubieran querido escribir algo así en sus vidas.

    ¿O qué decir de Orgullo y Prejuicio de Jane Austen? Dada la época en la que vivía, ella salía poco de casa, no viajaba, y casi no andaba en las calles. Casi recluida en una habitación donde podía ser interrumpida a cada rato, según afirmó Virginia Woolf, escribió esta gran obra. La escribió con la desventaja de no poder ser una «mujer de mundo» (en el buen término de la palabra) que pudiera salir más allá de la burbuja familiar, que pudiera viajar y tener una perspectiva más amplia del mundo.

    Las mujeres comenzaron a escribir novelas, que era lo más natural dado que para ello no requería la experiencia de estar en la academia u ocupar cargos que la dotaran de experiencia. Conforme la mujer comenzó a ganar más espacios, entonces sí llegaron los libros de otras disciplinas. Sin embargo, hasta la fecha las mujeres han contribuido muy poco a la filosofía occidental la cual ha estado dominado casi por puros hombres. Su participación comenzó a tomar cierta relevancia hasta el siglo XX con figuras con posturas muy distintas como María Montessori, la propia Simone de Beauvoir, Edith Stein, o Ayn Rand. Pero hasta la fecha no han instaurado corrientes de pensamiento como lo han hecho los hombres. 

    Pero por otro lado, partiendo de que el papel histórico de la mujer fue quedarse en casa a cuidar y educar a sus hijos, entonces podemos hablar de alguna suerte de influencia implícita dentro de los filósofos y pensadores de ese entonces. Tal vez no hubiésemos conocido a varios de ellos si durante su infancia no hubieran tenido una madre que los criara. Dentro de la filosofía occidental dominada y construida por el género masculino, deberíamos también reconocer que la influencia de la mujer es más relevante de lo que se piensa. 

    El pensamiento de la mujer es cada vez más relevante dentro de la sociedad. Cada vez escriben más obras y publican más papers. Según Steven Pinker, el papel cada vez más activo de la mujer podría guardar alguna relación con la disminución de la violencia a nivel global porque dice, que su  creciente presencia incentiva a los hombres a ser menos violentos y agresivos. Hasta hace poco la mujer había sido mera espectadora de los cambios políticos, sociales y culturales. Ya no lo es, y seguramente en un futuro la forma de organización de la especie humana estará más influenciada por el pensamiento de las mujeres de lo que lo está ahora. 

    Las mujeres tienen mucho que aportar y ya nos han mostrado una y otra vez dentro de la literatura que tienen la capacidad para hacerlo. Serán cada vez más mujeres las que escribirán libros, las que influirán sobre las corrientes de pensamiento, sobre la filosofía, la política y hasta la economía. Mi experimento es un reflejo de la participación de las mujeres en el quehacer público. En el pasado fue nulo, pero cada vez se han ganado más espacios. Todavía falta, pero ya podemos decir que la mujer tiene una papel activo en la cultura, en la filosofía y en la política de nuestros tiempos. 

  • NXIVM, Emiliano Salinas, y la guerra de las ideas tras bambalinas

    NXIVM, Emiliano Salinas, y la guerra de las ideas tras bambalinas

    NXIVM, Emiliano Salinas, y la guerra de las ideas tras bambalinas
    Fotografía tomada de The New York Times

    En esta semana, The New York Times publicó un artículo polémico, donde aseguró que una organización (más bien secta) liderada por Keith Raniere llamada NXIVM marcaba mujeres como si se trataran de ganado. Dicha organización está vinculada con Emiliano Salinas (hijo de Carlos Salinas de Gortari) quien tiene vínculos con esa organización a través de un programa de superación personal llamado Executive Success Program y que trabaja tanto en Estados Unidos, como en México y Canadá. Dicha organización, a través de Mark Vicente (según narra León Krauze) vino a México a filmar una cinta llamada Encender el Corazón, en la cual participa el activista Julian LeBarón, y la cual tenía la intención de «despertar al país de su apatía frente a la criminalidad». 

    La opinión pública se volcó sobre el hecho de que esta secta marcara mujeres (lo cual evidentemente es algo grave) y que Emiliano Salinas tiene nexos con ésta. Pero no se habla tanto del papel y el objetivo al que aspira dicha organización dentro de las sociedades donde se encuentra establecida. Su propósito es, parece ser, ejercer influencia sobre las élites. ¿Con qué propósito? con el fin de promover una serie de preceptos filosóficos e ideológicos. 

    No soy de las personas que piensan que el mundo está dominado por un selecto grupo oculto o unos pocos como algunos afirman. Más bien pienso que nuestra civilización es una especie de arena donde existe una constante batalla ideológica (la cual puede pasar advertida por quien es ingenuo), y esto ocurre porque las ideas generan poder, y una forma de ejercer poder es estableciendo una doctrina ideológica. 

    A través de la historia, las doctrinas y las corrientes de pensamiento (sean religiosas o ideológicas) se han establecido de dos formas: la primera es aquella que se ha instaurado a través de las guerras, golpes de Estado y conquistas: la cultura que gana la guerra busca imponer su cultura a aquella que la pierde. La segunda se establece de una forma más progresiva y tiene que ver más con la evolución de una sociedad determinada: ese fue el caso de la Ilustración que fue más bien producto de los avances científicos y el progreso del hombre, del poder blando que naciones ejercen sobre otras (a través de la cultura o medios de comunicación) o incluso producto de discusiones académicas o intelectuales. Immanuel Kant decía, dado que quería conservar su fe, que la Ilustración debería «adoptarse de forma progresiva». Eso fue básicamente lo que ocurrió. 

    Las dos formas modifican los equilibrios de poder dentro de una sociedad dada, algunas corrientes u organizaciones adquieren más poder mientras otras lo ven disminuir. Pero la diferencia estriba en que la primera forma lo hace de una manera intempestiva destruyendo la estructura social para ser sustituida por otra, por lo cual tiene más posibilidades de crear regímenes opresivos (necesita de un Estado o ejército muy fuerte u opresor). En tanto, la segunda no destruye la estructura social, sino que la va modificando con el tiempo (lo cual, es básicamente lo que sucede dentro de las sociedades occidentales), los equilibrios de poder van modificándose por el tiempo pero no se hace de forma abrupta, por lo cual es muy difícil que un tirano pueda acapararlo todo. 

    Las dos formas no son mutuamente excluyentes. Es decir, una «revolución ideológica o de pensamiento» puede contener un poco de la primera forma y otro tanto de la segunda. Que tanto tenga de la primera o de la segunda determina si genera cambios abruptos o progresivos. 

    Quienes aspiran al poder por medio de un orden de ideas no son necesariamente quienes crean las revoluciones ideológicas: Rousseau nunca propuso una revolución sangrienta como la que llevó a cabo Robespierre, quien, influido en las ideas del filósofo francés, instauró el terror en Francia para deshacerse de sus opositores. Seguramente Marx nunca imaginó que sus ideas derivarían en una dictadura tan totalitaria y sangrienta como la Rusia de Stalin o la China de Mao, ni imaginaba que así se manifestaría la «dictadura del proletariado». Los marxistas esperaban en un inicio que la revolución se diera de forma más bien progresiva, como consecuencia del «fracaso del capitalismo». Dicho fracaso nunca llegó y en un segundo intento buscaron establecer el comunismo por medio de guerras y golpes de Estado. 

    Imponer una doctrina ideológica es una empresa muy complicada. Lo es porque eso significaría romper los cimientos de las estructuras sociales que sostienen a determinadas sociedades y cuyo sistema de valores y principios dan sentido a la vida de las personas que habitan en ellas. Dichas estructuras no son estáticas sino que van renovándose de forma progresiva con el tiempo para sobrevivir y evolucionar. El individuo se enfrenta constantemente a lo desconocido (a lo novedoso) y lo va adoptando dentro de las estructuras ya existentes. Como afirma Jordan Peterson, una sociedad estática y rígida que nunca se enfrenta a lo desconocido se estanca y se degenera mientras que una que se expone demasiado y niega las estructuras sociales corre el riesgo de sumirse en el caos.  

    Confrontar el orden social con lo desconocido de forma moderada es algo muy saludable para las sociedades, porque así se van perfeccionando y evolucionando. Hemos visto, por ejemplo, que dentro de nuestro sistema de valores occidentales hemos agregado el tema de los derechos de la mujer o de las minorías. Hoy, una mujer, una persona afroamericana o un homosexual tienen mayor reconocimiento y aceptación en la sociedad que nunca (aunque en muchos casos no sea suficiente). Aunque también es cierto que existen corrientes que influyen dentro de estas causas (sobre todo en los últimos años) que buscan tornarse un poco más intempestivas o abruptas, buscando «deconstruir» el orden social en vez de implementar cambios o mejoras dentro del orden de las cosas ya existente. Aunque claro está, no al grado de promover guerras o regímenes dictatoriales.  

    Hitler y Stalin lo entendieron muy bien, y para poder instalar su régimen totalitario pulverizaron y fragmentaron el tejido social hasta lo más profundo, rompiendo incluso vínculos familiares, para dejar al individuo desamparado con una severa crisis existencial. Así, sumido en la ansiedad, el individuo vio en el nuevo régimen la mejor alternativa para volver a aspirar a una suerte de equilibrio psicológico.

    Ante un mundo cada vez más pacífico y donde el costo de involucrarse en una guerra es mucho mayor al beneficio, se han buscado otras formas de promover, e incluso imponer, doctrinas ideológicas o corrientes de pensamiento para acaparar poder sin tener que derramar sangre o involucrarse en un conflicto internacional. Un claro ejemplo son este tipo de sectas u organizaciones. 

    ¿Qué es lo que buscan sectas como NXIVM (o Nexium)? Lo que buscan es adoctrinar a individuos pertenecientes a las élites (dado que por su condición privilegiada son quienes tienen mayor capacidad de ejercer influencia sobre el resto de la sociedad), porque de esta manera, a través de las ideas, aspiran a acaparar poder. El método aquí no es tanto progresivo sino más bien intempestivo, porque aunque no modifican el ethos de la sociedad de golpe (básicamente porque no tienen la capacidad de hacerlo), sí buscan destruir las estructuras de pensamiento de los individuos que ingresan a estas organizaciones para ser suplantadas por otras nuevas (a menos que la filosofía anterior del individuo coincidiera demasiado con la de la organización). 

    Por lo que se sabe, dado que es una organización secreta, no se puede conocer la filosofía que promueven del todo, sino sólo a través de testimonios e información disponible. Según algunos testimonios, NXIVM promueve un culto al dinero y a la acaparación material. En su página web, esta organización habla más bien poco de lo que realmente es y explica su filosofía más bien de manera ambigua. Parece que se presentan como racionalistas:

    The less factual data with which we sustain our opinions, the more likely we may become invested in them; the more invested we are, the more our disputes on differences of opinion are likely to escalate. Disagreement soon begets conflict, and conflict soon begets war.

    Pero dentro del supuesto racionalismo (basado en datos objetivos) que promueven en este argumento, se logra respirar una suerte de pensamiento único y sectario (el cual no se define bien). La frase dice que por menos datos objetivos se utilicen, más serán las disputas y diferencias de opinión, y que las diferencias de opinión generan conflictos, y los conflictos generan guerras. A pesar de presumirse como racionalistas, rompen con el concepto de la democracia, donde en democracia el conflicto de ideas es deseable. 

    Así, la organización de Keith Raniere busca «reprogramar» a las élites con una forma de pensamiento que no conocemos a la perfección, de tal forma que cuando salgan y ocupen puestos dentro de empresas, en el gobierno o incluso dentro de organizaciones civiles, propaguen las ideas de Raniere como ciertas y absolutas. De esta forma, buscan influir en la cultura, y lo hacen también a través de filmes como Encender el Corazón, o por medio de personajes clave como Emiliano Salinas para que propague la doctrina dentro de las élites mexicanas. Por ejemplo, la empresa Anima Inc, una empresa que sigue la filosofía de Keith Raniere, fue quien organizó el desfile del Día de Muertos de 2016 y 2017, así como las ceremonias de los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011 y los Centroamericanos de Veracruz en 2014.

    Habría entonces que preguntarnos hasta qué grado este tipo de organizaciones buscan influir en nuestra cultura para perservar o modificar corrientes de pensamiento. No es un secreto que varias organizaciones, tanto progresistas como conservadoras, buscan ejercer cierta influencia dentro de nuestra sociedad. Los primeros lo hacen a través de los medios de comunicación y el lobbying en gobiernos y organismos internacionales, los últimos lo hacen educando a las élites en escuelas confesionales (como ocurre con los institutos del Opus Dei y los Legionarios de Cristo). Pero en el caso de organizaciones como NXIVM, a diferencia del modus operandi de las organizaciones que acabo de mencionar, buscan despersonalizar al individuo y reprogramarlo con una corriente de pensamiento que no podemos conocer del todo porque tampoco conocemos del todo la forma en que busca implantarse. 

    ¿Qué tanto poder y alcance tienen estas organizaciones? ¿Qué tanta influencia ya han ejercido sobre empresas y gobiernos de los países en los que se encuentran? Estas son preguntas serias que nos deberíamos hacer. Porque si bien, es natural que haya quienes busquen ejercer influencia dentro de la sociedad, es indispensable saber quienes son y cómo lo hacen. Que esto se haga desde la secrecía puede ser algo muy peligroso. 

  • Darle tu firma a un independiente ¿Se la doy, no se la doy?

    Darle tu firma a un independiente ¿Se la doy, no se la doy?

    Darle tu firma a un independiente ¿Se la doy, no se la doy?

    Las elecciones del 2018, por un decirlo, ya comenzaron. Y comenzaron con los candidatos independientes que se cuentan por decenas, quienes se registraron ante el INE y que ahora tienen el objetivo (imposible para unos, no tanto para otros) de recabar casi un millón de firmas. 

    El panorama se complica si partimos de que los ciudadanos no le pueden dar su firma a más de un candidato independiente. Por un decir, si ya firmaste por la candidatura de Margarita Zavala, no lo puedes hacer por la de Pedro Ferriz.

    No creo que Margarita ni Pedro tengan demasiados problemas para conseguir las firmas. Margarita tiene una base electoral lo suficientemente firme y Pedro Ferriz es un comunicador muy conocido. Incluso pienso que a Marichuy le alcanzará.  Los otros candidatos, los menos conocidos, verán que su travesía es casi imposible. 

    Entonces, si hablamos de que varios candidatos independientes aspiran a juntar un millón de firmas, y que algunos (como el propio Pedro o Margarita) aspiran hacerlo dentro de las zonas urbanas que es donde su imagen está más posicionada, es probable que alguien de ellos te pida su firma. Pero ¿vale la pena? 

    Los candidatos independientes no son garantía de nada, su condición de independientes no garantiza que gobiernen bien ni garantiza que estén libres de intereses. Son una alternativa a los candidatos partidistas, no vienen a sustituirlos. Por lo cual, a la hora de hacer una elección, a los independientes se les debe de medir con la misma vara.

    También, aunque coincidan en ser independientes, lo son por razones muy distintas, y dichas razones tienen mucho peso. Margarita, Armando Ríos Piter y El Bronco militaron en partidos políticos durante toda su vida, de los cuales sólo se salieron cuando decidieron que era políticamente rentable hacerlo. Tampoco es lo mismo Marichuy que viene de una comunidad indígena que Pedro Ferriz quien es uno de los comunicadores más conocidos del país. Las propuestas de los independientes (que importan mucho) varían de forma considerable, y su ideología política (que también importa) muestra muchas variaciones: Mientras que Ferriz y Margarita se pueden ubicar a la derecha, Ríos Piter puede ser calificado de socialdemócrata. Ferriz quiere ser presidente, porque dice, está harto de la corrupción, Margarita porque no la dejan ser candidata del PAN, Marichuy, ante la imposibilidad de ganar, quiere poner en la mesa temas relacionados con el género y el indigenismo. Otros tienen un interés más oscuro, como ayudar a fragmentar el voto opositor a favor del PRI. 

    A pesar de que son candidatos muy disimiles, coinciden en una cosa: todos atacan al establishment, adoptan el discurso de que los partidos ya no sirven y que debemos sacar a la clase política a patadas. 

    Todos prometen un cambio, hasta los que están construyendo su propia candidatura como Edgar Portillo. Apelan a representar «ahora sí» a los ciudadanos, se venden como si fueran parte de la propia ciudadanía y no de la clase política (aunque algunos de ellos apenas hayan salido de ahí), publican videos y mensajes motivadores. Mercadológicamente es lo que funciona. Lo primero que se le viene a la mente al asesor político es que la frase «candidato independiente» puede disociarse de la frase «clase política» porque formalmente no es parte de ella. Y como puede disociarse, entonces también puede separarse de sus vicios (aunque en la práctica sea algo bastante más complejo):

    Pero prometer un cambio y señalar la corrupción es fácil (sobre todo para un independiente que no tiene compromiso alguno y que no va a pagar ningún precio por ello), crear un discurso alentador como ellos hacen no sólo es algo que no cueste mucho trabajo sino que es algo más bien bastante predecible. Estoy seguro que entre los independientes, hay quienes tienen más autoridad moral para representar a la ciudadanía que otros. 

    Y como prometer es fácil, entonces no debería ser una de las razones por la que le vas a dar tu firma a un candidato. Por eso, considero que es importante tomar en cuenta las siguientes características.

    1) El candidato deberá mostrar un plan de gobierno sensato y creíble. Es cierto que a estas alturas es difícil que puedan presentar algo muy concreto, pero es importante, al menos, que sepan qué es lo que van a hacer si llegan a Los Pinos. Frases como «vamos a combatir la corrupción» o «voy a fortalecer a la ciudadanía» suenan muy bonitas pero no dicen nada. Tampoco promesas absurdas como «voy a hacer que México gane el mundial». Pregúntate: ¿lo que promete es viable? ¿Sus promesas van relacionadas con las necesidades que el país tiene?

    2) Deberás investigar quien acompaña al candidato. Eso habla mucho de él o ella. Por ejemplo, si muchos académicos apoyan una candidatura dice una cosa, si ex presidentes lo hacen, dice otra cosa. Si nadie lo acompaña, también dice algo. Aunque no tengan partido, es muy difícil (y absurdo) que vayan completamente solos. Necesitan un equipo, gente u organizaciones que les de soporte. Aquí pregúntate: ¿quienes lo acompañan me inspiran confianza? ¿Me representan de alguna forma o percibo que nada más son grupos de interés? 

    3) Trayectoria. No bastan las buenas intenciones para gobernar, también es importante que el candidato esté preparado para hacerlo. Aunque no haya participado directamente en política, deberá mostrar que su trayectoria lo capacita para el cargo, que se haya molestado en prepararse (por medio de estudios o similares) y que dicha trayectoria sea honorable: ¿su trayectoria lo capacita para el cargo? ¿Su trayectoria es honorable y me inspira confianza? 

    4) Es importante tomar en cuenta todo lo que ya había mencionado. Pregúntate ¿Por qué quiere ser candidato independiente? ¿De dónde viene? ¿Me inspira confianza? ¿Cuál es su postura política con respecto a diversos temas? Incluso analiza su carácter, su lenguaje corporal. ¿Es una persona abierta o es una persona necia? ¿Parece sincero o siento que nada más está actuando para convencerme?

    Una vez que te hayas contestado estas preguntas, podrás determinar si vale la pena darle la firma al candidato independiente que te lo pida. Así, nos ayudarás a hacer el favor de que quienes estén en la boleta sean candidatos independientes que tengan un propuesta y sí puedan ser una buena oposición. 

    Porque hasta para elegir al candidato independiente a quien le vas a dar tu firma tienes que pensar con la cabeza. 

  • Las encuestas pervertidas, y perversas

    Las encuestas pervertidas, y perversas

    Las encuestas pervertidas, y perversas
    Fuente: https://enriquealfaro.mx/

    En México, las encuestas se han convertido en un instrumento de propaganda con la finalidad de generar un efecto determinado en los votantes. El orden en el que aparezcan los candidatos en cuestión puede influir en la percepción que el votante tiene de ellos, y por lo tanto, puede influir en su decisión. 

    Pero no solo tienen esa función. Las encuestas generan noticia. Cuando un medio publica su encuesta, los líderes de opinión empiezan a hablar de ellas, los medios la replican y rondan, al menos por un rato, en las redes sociales. 

    Si un candidato, dice la encuesta, va arriba, entonces todos dirán que dicho candidato va arriba e intentarán explicar las razones. 

    A pesar de que las encuestas a modo son una práctica cada vez más recurrente, parece que la opinión pública (líderes de opinión incluidos) quiere seguir creyendo en ellas. En principio, porque no parece existir otro medio fidedigno para saber quién va adelante. Al final, la estadística siempre «sonará más correcta» a la intuición, aunque dicha estadística esté corrompida. Será preferible creer en un instrumento que pueda ser fidedigno o no, a no ver nada y opinar desde la oscuridad.

    Las encuestas también sirven para crear encabezados. Aunque los errores metodológicos estén a la vista (porque vaya, las mayorías no son expertas en estadística o investigación cuantitativa). Los encabezados «Margarita va en primero», «El PRI está de regreso» o «AMLO es imparable» por sí solos generan un efecto en el lector, quien se limitará a ver de reojo la gráfica donde el candidato va en primer lugar. No serán muchos quienes se molestarán en interpretar las gráficas, y serán todavía menos quienes revisen la metodología del estudio.

    Y no son solo los medios de comunicación. Son también los propios candidatos, sus cercanos y los miembros de partido quienes las comparten para asegurar que su candidatura «es muy fuerte», que van a ganar o al menos van a ser competitivos. En muchos casos lo hacen con la suficiente enjundia a pesar de que saben que esos números no son ciertos y que las encuestas internas, esas que ellos mismos mandan a hacer y nunca se publican, dicen otra cosa. 

    Paradójicamente, inventan encuestas para incidir en el lector y que la realidad se parezca más a la encuesta inventada que a la encuesta real, la cual sólo ellos tienen en sus manos. 

    Cuando se les cuestione, dirán que el estudio se llevó a cabo por una empresa reconocida. A veces son empresas que se prestan para ese juego, que modifican la metodología para esperar un resultado determinado: -Señor, le llamamos para preguntarle sobre su voto en el 2018, ¿votará usted por el candidato A que tiene una gran experiencia, o por el candidato B que es un demagogo populista? Pero en otros casos, son nombres de «casas encuestadoras» que no existen o son irrelevantes. Les ponen nombres chic para que la gente crea que esas empresas existen (porque la mayoría de la gente ni se molestará en verificar si tiene página web). 

    Saben que la mayoría de las personas ve la información de reojo, se dejan llevar por la «emoción del encabezado». Aunque no le pongan mucha atención, se dirán «por ahí me enteré que Anaya va ganando». Luego, en la comida con los familiares, dirán: –Oye, que Anaya va en primero ¿no? Si es así, mejor votar por el frente y no por Margarita porque no quiero que gane el PRI ni AMLO

    Es difícil medir el impacto que tiene esta práctica. Pienso, que es mayor al que se imaginan los escépticos, pero a la vez menor al que esperan los interesados. Lo cierto, es que la proliferación de encuestas a modo ha pervertido de una forma muy grosera esta herramienta que es muy fundamental en las democracias. 

  • Los gringos no saben jugar futbol

    Los gringos no saben jugar futbol

    Las redes se llenaron de algarabía. Estados Unidos había quedado fuera del mundial. Tenían que darse muchas combinaciones que se consideraban improbables para que así sucediera, y que el equipo de las barras y las estrellas perdieran con una débil Trinidad y Tobago. Pero eso fue lo que sucedió: ¡los gringos están fuera del mundial! Mejor aún para los aficionados, todos sus victimarios habían quedado fuera: Holanda (el #NoEraPenal que tal vez sí era) y Chile (por golearnos 7-0) como si eso fuera un triunfo para una selección caótica como la nuestra. 

    El compromiso que hicieron en 1998 era que los estadounidenses fueran campeones del mundo en 2010. Ciertamente el nivel de su selección mejoró durante algún tiempo, e incluso durante la década pasada, a rasgos generales, fue mejor que la nuestra, pero algo pasó en esta década que todo se vino abajo. Ni una planeación más meticulosa, ordenada y limpia que la nuestra bastó para poner a su selección allá arriba. 

    Pero Estados Unidos no sólo ha quedado marginado de la Copa del Mundo, también se ha marginado de la UNESCO (por mostrar un sesgo, dicen, contra Israel y a favor de Palestina) y está ya a un paso de deshacer el TLCAN. La política exterior de Estados Unidos es la automarginación y el abandono de los acuerdos multilaterales por otros bilaterales, lo cual representa no sólo un retroceso para Estados Unidos, sino para el mundo que marcaba una tendencia más bien a aglomerarse en regiones (como la comunidad europea, y los creados por los tratados multilaterales de diversas índoles). Así como el proyecto que Estados Unidos tenía dentro del futbol se vino abajo, el proyecto de Estados Unidos como país y potencia mundial podría tener un paradero similar.

    La algarabía de ver a la selección de Estados Unidos excluida del mundial de Rusia es un tanto banal. Ello no hará que el nivel de la selección mexicana mejore ni la ayudará a clasificar al quinto partido. De la misma forma, no se puede celebrar la cerrazón de Estados Unidos en materia política o económica ni su decadencia. Hasta el experto más antiestadounidense sabe que las consecuencias de dicha cerrazón para nuestro país no serán las mejores. No sólo por las consecuencias directas de la relación entre ambos países, sino por las consecuencias indirectas, como por ejemplo, que se marque la pauta de abandonar el proceso de apertura en pos de un mundo con naciones cada vez más cerradas y ensimismadas. 

    La apertura comercial y la interdependencia entre las naciones no sólo se explica en términos económicos, sino en términos políticos. La interdependencia es uno de los factores por los cuales los países tienen menos incentivos para declararse la guerra dado que ambas partes pierden más al cortar dichos lazos. Ganan más al tener acuerdos comerciales que conquistándose uno al otro. En este sentido, los conflictos son dirimidos por otros medios, ya sea diplomáticos o incluso «guerras económicas», pero ninguno de estos se traduce en devastación o pérdidas humanas. No es que la decisión de Estados Unidos vaya a derivar en una guerra (aún con las medidas proteccionistas, las relaciones de interdependencia siguen siendo sustanciales), pero sí podría marcar una pauta que termine representando un retroceso en materia de acuerdos e integración.

    Nada de esto es para celebrar. A pesar de los pesares, a México, al menos en estas épocas, le ha sido más beneficioso que perjudicial tener a Estados Unidos de vecino. Algunos aseguran lo contrario, que Estados Unidos «chupa» los recursos de México, pero lo mismo dicen los estadounidenses que apoyan a Donald Trump, que nosotros nos hemos aprovechado de ello. Tampoco es para celebrar que China levante la mano como potencia económica porque su cultura no es democrática, menos podemos celebrar a Rusia, que políticamente sigue teniendo cierta importancia, que aunque se caracteriza por tener gobiernos autoritarios y corruptos, en términos de materia geopolítica tiene mucho oficio. 

    Estados Unidos, para sorpresa de todos, no va al mundial, pero también está empeñándose en «descalificarse» del concierto de las naciones. 

  • El regreso a la cruda realidad

    El regreso a la cruda realidad

    El regreso a la cruda realidad

    Hemos regresado al mundo cotidiano, a nuestra cruda realidad. Como lo mencionaba, el furor por ayudar pasaría (porque es natural que así suceda) y todos regresaríamos a nuestras rutinas, a nuestros trabajos, volveríamos a repetir una y otra vez los patrones de conducta a los que estamos tan acostumbrados.

    De nuevo las noticias son muy típicas: nos enteramos que de acuerdo al Barómetro Global contra la Corrupción, nuestro país es el más corrupto de América Latina; que más de la mitad de los mexicanos han sobornado a autoridades en el último año para acceder a servicios públicos; que la oposición (ni los candidatos independientes) pueden ponerse de acuerdo en nada; que dos mil capitalinos aprovecharon la ayuda económica que el gobierno de la CDMX estaba ofreciendo a los damnificados sin serlo; que periodistas siguen desapareciendo; que mujeres son violadas o asesinadas. Regresamos del México deseable al México que queremos dejar atrás.

    Los damnificados, quienes estaban cobijados por la organización ciudadana, ahora están al amparo de las ineficientes autoridades, de los coyotes. Cada vez menos cámaras los entrevistan para contar su situación, cada vez reciben menos atención. El México excepcional ya no está ahí (porque naturalmente ayudar como lo hizo la gente de forma incansable requiere muchas energías), sino el México común. Ellos ahora están ahí enfrentándose a nuestros más oscuros vicios, el de la corrupción y la ineficiencia. Habitantes de la Colonia del Valle ven, al regresar a su edificio, que «alguien» robó varias de sus pertenencias; a los de Iztapalapa ni les hacen caso porque su colonia no es tan trendy y los medios de comunicación ni los pelan. Otros se quejan de que las autoridades les dan largas cuando les preguntan si su edificio es habitable. Y todo esto mientras que de las comunidades de Oaxaca, Puebla y Morelos sabemos menos, y lo poco que se sabe es gracias a quienes todavía siguen ayudando, a los donativos de empresas y grupos de rock.

    Este momento llegaría, pero también es cierto que ante las tragedias se cimbran los cimientos de la sociedad y se convierten en oportunidades para generar cambios. Algunas organizaciones están en ello, aquellas que exigen justicia o transparencia en la reconstrucción, aquellos vecinos que se han organizado para demandar colectivamente a quienes fueron responsables de actos de corrupción que costaron vidas. Aquellos habitantes de La Condesa que deciden quedarse y «no dejar que se caiga todo». Colocan una gran imagen de la perra Frida en la glorieta donde se encuentra la Fuente de Cibeles como recuerdo e inspiración mientras parte de las calles de los barrios siguen acordonados ante los edificios que deben ser reparados o demolidos. 

    La opinión pública se ha volcado al tema de las elecciones, pero lo aborda como si se tratara de una carrera de caballos. Que si el Peje va arriba, que si el PRI se va adelantar, que si el frente. Pero pocos hablan de los temas que importan y que serán o deberían de ser trascendentales en las siguientes elecciones: poco se habla de la corrupción, de los proyectos económicos (porque muy pocos tienen algo parecido a un proyecto de gobierno). Se habla más bien del cotilleo, del chisme, del meme. La tragedia desnudó, una vez más, la corrupción que existe dentro de nuestra sociedad y nuestras instituciones, tema que debería ser primordial en las elecciones venideras.

    Hemos regresado a la normalidad, a la vida cotidiana. Pero hace poco, hace apenas unos días, los mexicanos demostramos que tenemos la capacidad de romper con ella y de dejar al lado nuestros vicios que replicamos todos los días. Y como los vicios son conductas aprendidas, son también, por tanto, conductas que se pueden desaprender. ¿Hasta qué punto la tragedia logrará modificar el estado de las cosas? ¿Hasta qué punto esa lección que nos dimos nosotros mismos gestará cambios dentro de nuestro inconsciente colectivo y nos motivará a cambiar algunas conductas?

    Son preguntas que tenemos que responder, y de la mejor manera.