Autor: Cerebro

  • López Obrador, o cómo aferrarse a un espejismo de esperanza

    López Obrador, o cómo aferrarse a un espejismo de esperanza

    López Obrador, o cómo aferrarse a un espejismo de esperanza
    Foto: Fox, Los Simpson

    A López Obrador le dijeron que tenía que recorrerse al centro para ganar voto útil, pero no se si entendió mal el mensaje porque más que hacer eso parece que está adoptando los vicios de la clase política tradicional, esa que llama la mafia en el poder, para poder llegar a como dé lugar a Los Pinos. Vicios que sus seguidores criticaban en los otros pero que ahora callan cuando se trata de su líder.

    Me explico. En estos últimos días hemos visto nombramientos y postulaciones de actores, futbolistas de la peor calaña (Cuauhtémoc Blanco), ex priistas, ex panistas que ya fueron “perdonados”. Coincide que hasta hace muy poco estos personajes se expresaban pésimamente de López Obrador. Lilly Téllez incluso se ruborizaba ante la presencia de Peña Nieto, pero ahora, súbitamente, habla de AMLO como si fuera la única esperanza de cambio.

    Gaby Cuevas, ahora ex panista, se había unido al intento de desafuero contra López Obrador cuando él era jefa de gobierno; algunos seguidores del tabasqueño la llamaban “delegata”. Ahora, al no haber encontrado hueso en el PAN, decide moverse a MORENA. De un día para otro se volvió porrista de AMLO.

    AMLO se da el lujo de ser pragmático, y en parte porque sus seguidores no le van a reprochar nada. No importa si antes criticaban a las televisoras con vehemencia y ahora su líder tiene de aliada a TV Azteca. No importa que muchos de los suyos tengan una aversión al libre mercado mientras él incluye a Alfonso Romo en su equipo o tiene como cercano a Carlos Slim. No importa que se haya aliado con el PES. No importa la presencia de Bartlett, el arquitecto del fraude de 1988.

    Siendo realistas, no parece haber algo que indique que AMLO vaya a ser muy diferente del común denominador del político mexicano. Ante la desesperación por la situación política muchos se aferran a la figura del candidato de Macuspana esperando ver una suerte de cambio y también se aferran al discurso maniqueo de su líder porque, gracias a éste, ellos creen sentirse representados por alguien que, dicen, irrumpirá dentro de la arena política para construir un México más justo.

    A pesar de las evidencias de que Rusia ha intentado intervenir en cualquier elección en Occidente, sus seguidores y AMLO mismo se burlan de la posibilidad de que el régimen de Putin lo haga en favor de AMLO. Si bien es cierto que los opositores han sacado de contexto esta posibilidad con propósitos electorales (casi como si Putin fuera el poder detrás de AMLO), los suyos se han dado a la tarea de linchar a quienes simplemente advierten de esta posibilidad y le piden a AMLO que tenga cuidado, tal y como ha ocurrido con León Krauze, quien ha recibido en Twitter varios ataques con un aroma antisemita, incluido John Ackerman, quien es columnista en RT Noticias (el brazo propagandístico del régimen de Putin).

    López Obrador es el favorito en estas elecciones porque se ha convertido en el único recurso del cual agarrarse para soñar con un cambio. Aunque, de forma paradójica, sea quien más representa ese rancio paradigma paternalista donde el individuo espera que su líder le resuelva todos sus problemas. Por eso AMLO se ha vuelto inmune a la crítica, porque para muchos es difícil aceptar que él es parte de la decadencia política que vive nuestro país, aceptarlo es destruir cualquier forma de esperanza de «cambio verdadero, prefieren el engaño a terminar de aceptar que los ciudadanos hemos sido dejados a la deriva y que nosotros deberíamos comenzar a construir ese cambio». El Peje se ha vuelto una suerte de Homero Simpson boxeador, a quien golpearán una y otra vez hasta el cansancio para que el, con un solo empujón, termine saliendo victorioso.

    Y sus seguidores no lo van a cuestionar. Les será más fácil retorcer la realidad, dirán que cualquier crítica (este artículo incluido) contra AMLO es parte de una agenda política macabra. Incluso podrán sugerir que somos priistas (lo cual es casi ofensivo) o que somos seguidores del infame Ricardo Alemán. Y aunque yo no creo que AMLO vaya a convertir a México en Venezuela como algunos siguieren, si creo que es heredero de las más rancias formas de hacer política del PRI, al igual que su visión económica obsoleta.

    Y mi intención no es convencerlos de no votar por AMLO. Ante las pésimas ofertas que hay comprendo que para muchos esa opción sea razonable (incluso si se le ve en su justa medida) y lo respeto. Lo que sugiero es que lo bajen de ese pedestal en el cual no merece estar.

  • El consentimiento ¿cuándo es un abuso y cuándo no?

    El consentimiento ¿cuándo es un abuso y cuándo no?

    El consentimiento ¿cuándo es un abuso y cuándo no?

    En las últimas semanas se ha hablado bastante del acoso sexual, lo cual me parece bien porque es un problema real y que naturalmente se debe de combatir. Se ha generado un fuerte debate al respecto entre grupos feministas (como en el que se involucraron las francesas y la campaña #MeToo) e incluso vimos un debate en Televisa entre Marta Lamas, académica feminista de la vieja guardia, y Catalina Ruiz Navarro, una activista con una perspectiva más progresista. 

    En las redes me pude percatar que dicho debate generó reacciones viscerales dentro de las posturas contrarias: desde aquellas feministas que atacaron duramente a Marta Lamas hasta aquellas personas que la usaron como escudo para atacar duro a las propias feministas en redes. Para quienes vimos dicho programa, nos pudimos dar cuenta que el debate entre Lamas y Ruiz Navarro no era una competencia, no se trataba de ver quien ganaba, sino de un sano intercambio de ideas. Lamentablemente en redes no fue visto así por muchas personas:

    En lo particular, a mí como hombre me parecieron interesantes ambos puntos de vista. Evidentemente, Marta Lamas es una académica de la vieja guardia mientras que Catalina Ruiz Navarro es más emocional y combativa (más propio del feminismo postestructuralista). Si bien he criticado al postestructuralismo en este espacio y disiento con esta corriente ideológica, algunas observaciones de Catalina no dejaron de parecerme bastante interesantes. Habría sido un error cerrarme por medio de juicios a priori ya que sólo hubiera reforzado mi postura, por ello decidí escuchar a las dos y sacar conclusiones al final. Es un trabajo que a mucha gente le cuesta hacer porque puede confrontar sus pensamientos y paradigmas pero es una práctica indispensable para madurar intelectualmente e incluso como persona.

    No me quiero detener en los puntos que abordaron, especialmente entre los disensos entre #MeToo y las feministas francesas quienes pueden tener puntos válidos (aunque la decadencia sea muy característica a Hollywood o aunque las francesas tengan una visión más tradicional de lo que el feminismo es). Por esto creo que es importante regresar a lo básico, al sentido común. Y desde ahí intentaré argumentar sobre un concepto que me parece importante: el consentimiento. 

    Dejando del lado filias y fobias o las ideas que tengamos sobre los géneros, existe un principio muy básico dentro de las relaciones entre seres humanos: una persona no puede obligar a otra a hacer algo sin su permiso con el fin de obtener un beneficio propio. Es un principio de vida, es uno de los valores fundamentales que deberíamos tener como seres humanos. 

    Se me hace más fácil analizar los reclamos de las mujeres bajo este principio ya que es universal, no forma parte de ideología alguna y aplica en toda relación humana sin distingo de género (con lo cual podemos eliminar cualquier sesgo). Bajo dicho principio podría darle la razón a varios de los argumentos que esgrimen las activistas de #MeToo ya que si en algo insisten es en el comportamiento del hombre contra su voluntad. Básicamente, los hombres no podemos forzar a una mujer a actuar en contra de su voluntad por un beneficio propio, porque no podemos hacer lo propio con cualquier ser humano independientemente del género que sea. Hacerlo constituye una forma de abuso: si un hombre corteja a una mujer insistentemente cuando ella ya dijo que no, entonces la galantería se convierte en una forma de acoso; si una mujer no quiere tener sexo con nosotros, o si en el acto manda señales de incomodidad y nosotros las pasamos por alto de forma deliberada, entonces es una forma de acoso sexual. Incluso, si a una mujer no le gusta que le abran la puerta y el hombre, sabiéndolo, insiste, ya no se trata de un acto de caballerosidad sino de un acto abusivo ya que está haciendo algo en contra de la voluntad de la mujer (algo que lamento mucho es que se pierda la costumbre de la caballerosidad, pero quienes reciben los cumplidos son quienes deciden si están de acuerdo con ellos o no).

    ¿Qué es lo que define el abuso? La intencionalidad. Es decir, el abuso existe en tanto el individuo tiene la intención de abusar de otro para obtener un beneficio. Dentro del contexto del debate que se ha llevado a cabo podríamos plantearnos las siguientes preguntas y responderlas:

    ¿Qué pasa si una mujer se siente incómoda en una relación sexual y el hombre lo pasa por alto? Para que constituya un abuso, el hombre debe tener el conocimiento de que la mujer se siente incómoda. No se puede considerar un abuso si el hombre no fue consciente de dicha incomodidad ya que entonces el hombre no tuvo la «intención» de abusar. Si el hombre se da cuenta que la mujer se siente incómoda, su obligación es parar, preguntar a la mujer qué es lo que incomoda y tomar la decisión necesaria para que la incomodidad desaparezca (incluso si eso implica parar el acto sexual). 

    Dicho esto, la comunicación es importante. Si una mujer se siente incómoda debería hacerlo notar. La inexperiencia de un hombre, por ejemplo, puede hacer que dentro de un acto sexual no note algunas señales de incomodidad de la mujer. Pero por otro lado, si el hombre sospecha, sin estar seguro, que la mujer se siente incómoda, entonces también debe de tomar cartas en el asunto. Si ante la sospecha, el hombre continúa, también constituye una forma de abuso ya que dentro de su mente cabe la posibilidad de que la mujer se sienta incómoda.  

    ¿Pero qué pasa si la mujer, por temor, decide no hacer explícita su incomodidad ya que el hombre se encuentra en una posición de poder (por ejemplo, que sea su jefe de trabajo)?  Es la intencionalidad per sé, y no necesariamente las señales, lo que determina si el abuso existe. Si una persona usa su posición de poder para forzar a otra persona a tener sexo a sabiendas de que no opondrá resistencia alguna entonces sí constituye un abuso. El hombre que se encuentra en dicha posición también debería ser responsable y evitar, a toda costa, que esta le traiga un beneficio cuando se trate de llevar a una mujer a la cama. 

    Por otro lado, hay quienes dicen que quien determina si el abuso existió es la mujer. Discrepo de esa afirmación ya que lo que determina si el abuso existe es el mero acto. La mujer puede asumir que el hombre intentó abusar de él, pero si ella no pudo o no quiso mostrar su incomodidad y el hombre no se percató de ella no podría considerarse como tal; recordemos que lo que determina el abuso es la intencionalidad como acto. También es posible que, bajo este argumento, la mujer pueda denunciar a un hombre que es inocente para obtener una ventaja, y de la misma forma el hombre tampoco puede determinar si el abuso existió; ya que, aunque lo sabe, es muy probable que mienta ya que los beneficios de su engaño son mucho más altos que los perjuicios. Por otro lado, es posible que un hombre haya abusado de una mujer sin que ella se haya dado cuenta (por ejemplo, cuando se encontrara dormida), el abuso existió, independientemente de que la mujer no lo haya podido determinar como tal. 

    Todo esto es muy importante notarlo ya que si bien es una muy buena noticia que las mujeres se hayan empoderado y estén denunciando los actos de acoso sexual de los cuales fueron víctimas (porque vaya, es uno de los delitos que menos se denuncian), también esto puede prestarse a algunos abusos; como por ejemplo, que una mujer acuse a un hombre inocente porque tiene un interés en atentar contra su dignidad. 

    Asumir que un hombre puede cruzar una barrera mediante la cual la mujer ha puesto un límite sí constituye un acto de machismo, ya que ello implica asumir que el hombre, por el hecho de ser hombre, tiene más permisos. Aquí incluyo todas esas afirmaciones del estilo de «feminazis locas, hacen un escándalo porque les agarraron una pierna». Concuerdo con ellas cuando reclaman que los hombres no pueden actuar en contra de su voluntad, porque básicamente nadie puede hace actuar a nadie en contra de su voluntad para obtener un beneficio propio. 

    También debemos tomar en cuenta que los diferentes tipos de abusos no tienen una misma dimensión, no es lo mismo agarrar una pierna que violar a una mujer. Los castigos, que van de los informales (la sociedad te señala o te reprende por el acto) a los formales (cuando constituye una falta a la ley o un delito) deben ser proporcionales al tamaño de la falla. Posiblemente sea un exceso encarcelar a un hombre que gritó «guapa» o, de la misma forma, un castigo informal es evidentemente insuficiente para una persona que intentó violar a otra. 

    Más allá de filias y fobias, de simpatías o antipatías con los movimientos feministas, esto es algo que tiene que ver con el sentido común, es un principio básico. Entendiendo que los hombres y mujeres tienen el mismo valor y merecen el mismo respeto, entonces ninguna persona tiene el derecho de abusar de otra. No se trata de un acto de puritanismo, se trata de un acto de respeto a la dignidad de la otra persona. 

  • Amlodipino, el remedio contra la guerra sucia

    Amlodipino, el remedio contra la guerra sucia

    Amlodipino, el remedio contra la guerra sucia

    Apuesto que dentro del equipo de campaña de José Antonio Meade se encuentran nerviosos y bastante preocupados. No sólo no saben cómo hacer que «Pepe» levante, sino que tampoco entienden por qué López Obrador no ha caído ni un punto porcentual después de tanto ataque. Ellos apostaban  a que con una buena dosis de guerra sucia López Obrador fuera perdiendo terreno: por eso hicieron un circo mediático con el caso de Eva Cadena, por eso compararon una y otra vez a López Obrador con Maduro cuando los venezolanos eran reprimidos en las calles y había un terrible desabasto de productos básicos. Así, una y otra vez, y no pasó nada. 

    Creo yo que no están entendiendo. 

    2006 era una época muy diferente: López Obrador, quien todavía no era tan conocido fuera de la Ciudad de México, tenía que preocuparse por construir una narrativa para posicionarse ante el electorado. Su arrogancia y la ansiedad de ver que su margen de superioridad se reducía lo hizo cometer varios errores. La campaña del PAN aprovechó la coyuntura (los propios errores de AMLO) para construir una propia narrativa del tabasqueño que le quitaron votos, así acuñaron la frase «un peligro para México» que doce años después sigue resonando. López Obrador perdió por varias razones (independientemente de la discusión de si dichas elecciones se apegaron a la legalidad) y una de ellas fue la guerra sucia.

    Pero 2018 no es 2006. López Obrador no tiene que construir una narrativa porque ya todo mundo lo conoce, con sus virtudes y sus defectos. López Obrador tiene a sus incondicionales y también tienen a aquellos que le tienen miedo. La suma de estos dos grupos representa la mayoría de la población, pero sobra una minoría, la que se la está pensando en darle una oportunidad a López Obrador. dicha minoría podrá ser pequeña, tal vez de una sola cifra, pero es la que podría decidir si AMLO gana o no.  

    Pero no se trata de una minoría que no lo conozca; por el contrario, ya tiene un concepto hecho del tabasqueño, y su indecisión es producto de dicho concepto sumado al panorama político y electoral (por ejemplo, su postura frente al partido en el gobierno, entre muchas otras cosas). Si el PRI quisiera ganar la presidencia (además de que tendrá que levantar la candidatura de Meade, algo que cada día que pasa se antoja más difícil) tendría que evitar que dicha minoría vote por López Obrador. Aquí viene el principal problema: es muy probable que esa minoría tenga un pésimo concepto del propio PRI, y esto es muy importante decirlo.

    Parece que el PRI va a apostar por una «guerra frontal» en contra del tabasqueño. Creo yo que algo así sería un error, más si se hace en la misma tesitura que hemos visto durante los últimos meses. Lo sabemos por las declaraciones de su asesor de campaña J.J. Rendón, quien en una revista afirmó que hará «todo lo que esté a su alcance dentro de la ley para evitar que López Obrador gane». Esa es casi una declaración abierta de guerra, y posiblemente sea una estupidez porque esto implica que su campaña está enseñando sus cartas. 

    ¿Qué reacción ya están provocando en sus adversarios? Una postura defensiva, no sólo de los seguidores de AMLO (quienes se prepararán para recibir los embates) sino incluso de varios de sus críticos. Si ya declararon la guerra, entonces cualquier cosa que parezca guerra sucia será guerra sucia. El gran ejemplo fueron las pintas en Venezuela, los tuiteros les ganaron la batalla con sus bromas; lo mismo ocurre al tratar de tejer nexos de la campaña de López Obrador con Rusia: si bien, es cierto que el régimen de Putin podría llegar a influir a favor de la campaña de AMLO, la forma en que los priístas intentan amplificar y tergiversar el mensaje es lo suficientemente irrisorio como para que la gente siquiera lo considere. 

    La forma tan torpe y predecible en que intentan aprovechar los errores de López Obrador o en que sacan de contexto información publicada por medios nacionales e internacionales se vuelve muy irrisoria y hasta cómica. En vez de amplificar un hecho que puede afectar a López Obrador terminan, sin querer, por atenuarlo. Basta escuchar los discursos de Ochoa Reza, no sólo suena poco creíble y acartonado, sino que también despliega una gran dosis de cinismo.

    El PRI no tiene legitimidad ante un gran sector de la población (incluyendo esa importante masa de indecisos) y cualquier mensaje que tenga la etiqueta del PRI será descartado por ellos. Esto es un problema porque la guerra sucia, que aspira a ser muy predecible (insistir en los nexos con Venezuela y en el peligro que representa para la economía), podría generar el efecto adverso: si un partido tan «nefasto» como el PRI se le lanza a la yugular a López Obrador entonces algo bueno ha de haber, seguramente pensará más de uno. 

    Otro problema con la guerra sucia frontal es que refleja desesperación, y la deseperación no vende. Por el contrario, refleja que la oferta que tiene quien lanza dicha guerra sucia es más bien pobre. Es un síntoma de debilidad, y si una lección podemos aprender de diversas campañas es que los electores suelen verse más motivados a darle su voto a quien se ve fuerte. 

    https://www.youtube.com/watch?v=bnGKo3m9RDw

    Eso no es todo, en la campaña de López Obrador saben que en el PRI están desesperados y han empezado a jugar con ello. La estrategia del tabasqueño es muy buena, no sólo porque busca reducir esa mala impresión que genera dentro de esos sectores a los que todavía puede convencer, sino porque demuestra que es él quien marca la pauta, quien es el rival más fuerte y quien se encuentra seguro «allá arriba» mostrando a los otros como quienes se encuentran desesperados revueltos en un severo conflicto. 

    La campaña de López Obrador utiliza eso que siempre está muy presente en el ethos mexicano: la comedia. AMLO se ríe hasta de sí mismo y, después de encontrar un medicamento llamado Amlodipino (que coincide no sólo con las siglas del tabasqueño sino con Los Pinos, al lugar donde aspira llegar), le responde a Peña Nieto de una forma burlona y cómica sin llegar a faltarle al respeto. Así, AMLO muestra que es quien tiene el control de las cosas, puede reírse, puede tomarse todo a la ligera; los otros son los que están desesperados, los que están ansiosos. 

    https://www.youtube.com/watch?v=Xk3tQoq1xqI

    ¿Cómo podría el PRI evitar que López Obrador gane? Tendría que llevar a cabo una estrategia quirúrgica y muy focalizada (eso fue lo que le dio la victoria a Donald Trump, una estrategia muy bien dirigida en redes sociales) y buscar que López Obrador caiga en desesperación para que cometa errores. Pero los priístas cometieron un primer error al poner en evidencia que diseñarán una campaña de guerra sucia para evitar que López Obrador llegue al poder. Peor aún, siguen sin entender que los «voceros» de estas campañas, llámese Ochoa Reza y similares» tienen muy poca credibilidad como para que el mensaje genere impacto alguno.

    Si los errores de AMLO le dieron el triunfo al PRI en 2012, los priístas podrían regresarle el favor con sus propios errores. 

  • Ricardo Anaya se columpiaba en el mitín de precampaña

    Ricardo Anaya se columpiaba en el mitín de precampaña

    Ricardo Anaya se columpiaba en el mitín de precampaña
    Foto: PAN

    Dentro de la «semifinal electoral», el propósito del PRI es crear la percepción de que Ricardo Anaya va abajo y que no tiene gas para que así sea Meade quien pase a la final y logre captar, una vez que se ha derrotado a Anaya, el voto útil del PAN. La realidad es que Ricardo Anaya no va tan abajo, y de hecho es quien tiene un mayor potencial para competirle a Andrés Manuel López Obrador. 

    La campaña de Anaya es como un columpio:  tiene mucho potencial, ya que puede hablar descalificar frontalmente la corrupción de este gobierno y puede hablar de cambio sin que ello se perciba como un riesgo, pero también tiene muchos enemigos en su contra (sobre todo dentro de su propio partido). De llegar Margarita Zavala a la boleta (cosa que es muy probable) Anaya tendrá otra piedra en el zapato con la cual lidiar. Ante la imposibilidad de que Margarita gane la presidencia, es muy probable que su tarea, junto con la ayuda de su esposo Calderón y los «rebeldes del PAN», sea descalificar a Anaya para que su voto útil se vaya a la campaña de José Antonio Meade. 

    Otra figura que operará contra Anaya será Javier Lozano, quien no tendrá piedad para señalar al panista como «pequeño dictador».  Pero Lozano cometió un error al salirse del PAN para unirse a la campaña de Meade, y es que dentro del PRI su palabra tendrá mucho menor peso. Difícil que un político que se haya pasado «al bando del enemigo» tenga autoridad moral para acusar a un candidato de traidor. La reputación que Lozano tiene es más bien bastante mala, basta ver las reacciones que en las redes genera, las peleas que ha tenido con líderes de la sociedad civil e incluso con figuras públicas como Gael García.  

    Con la personalidad ocurre algo parecido: Anaya tiene potencial pero tiene áreas en las que debe trabajar mucho. Por un lado, Anaya no es una persona muy empática, no es carismático y puede llegar a caer mal, pero también es una persona que tiene una gran elocuencia y un gran don de palabra, lo cual será muy útil a la hora de atacar a sus adversarios. Posiblemente Anaya gane los debates, en ese sentido tiene mucho más tablas que Meade y que López Obrador. 

    El planteamiento dentro de su campaña es, a mi parecer, la correcta: Anaya debe apuntar a los más jóvenes, a los que van a votar por primera vez, y hay que robarle el perfil académico a Meade (por eso sus spots donde habla en varios idiomas). Sin embargo, la ejecución de la estrategia no me parece la mejor. El palomazo con Zepeda no generó el impacto que se esperaba, la respuesta del público fue un tanto ambigua.

    https://www.youtube.com/watch?v=iq1mXezHAgo

    El carisma te permite hacer muchas cosas en campaña, por ello es que en el artículo pasado mencioné que a AMLO se le da muy bien mostrarse cantando con su esposa o comiendo con sus hijos. Anaya ha intentado una y otra vez mostrarse como «el padre de familia» cantando con sus hijos y presumiendo en sus redes que fue a recoger a su hijo Mateo a la escuela. Pero no le sale tan bien, se percibe un tanto falso, acartonado. Incluso no son pocas las personas que dicen que «está utilizando a su familia con propósitos electorales» ya que ha recurrido de forma constante a los videos y publicaciones donde aparece interactuando con sus hijos. 

    Otro flanco para derrotar a Meade en la semifinal es insistir en la corrupción del PRI. Ahí, creo yo, la estrategia ha funcionado mejor. La campaña de Anaya metió un gol tempranero (de esos que duelen) con el caso de Javier Corral quien, con justa razón, reclama al gobierno que no se haya detenido a César Duarte e insiste en el desvío de recursos públicos para campañas electorales. El PRI mordió el anzuelo, se lo tragó, Meade reaccionó mal y su campaña amenazó con censurar a Animal Político. Corral ni siquiera debería tener prisa por cerrar el asunto (que se procese a Duarte, por ejemplo), lo mejor para la campaña de Anaya debería ser darle largas al asunto, mantenerlo ahí presente y jugar con él para que tenga un efecto mayor durante toda la campaña. Funciona, porque además, aunque la estrategia tenga intereses electorales, el reclamo de Corral es completamente justo y válido. 

    Anaya acierta, a mi parecer, al no pronunciar palabra alguna sobre el asunto. Así, quien recibe los ataques de la maquinaria priísta para contrarrestar el escándalo es Corral y no Anaya. Primero, porque Corral es un hombre que se ha conducido de forma honesta en su carrera política; segundo, porque él no es el candidato a la presidencia; y tercero, porque de esa forma, la percepción de que se trata de una estrategia electoral es menor y le da mayor legitimidad a la causa. Ya llegará el momento en que sea propio hacer un pronunciamiento al respecto, cuando el daño infligido sea mayor.  

    https://www.youtube.com/watch?v=a0rrFxi9qE8

    Esta estrategia también acierta porque logró que gran parte de la opinión pública (círculo rojo) se sumara a la causa. Eso no implica de ninguna manera que se hayan sumado a la campaña de Anaya, sino que más bien le terminaron de dar la espalda a Meade. La opinión pública (con excepto de aquellos medios oficialistas) mantendrá una postura recelosa y hasta beligerante hacia la campaña de Meade, lo cual le quita al priísta mucho margen de maniobra y prácticamente destruye cualquier posibilidad de presentarse como ciudadano. El PRI se siente desesperado y está tratando de destruir la reputación de Corral, quienes a mi parecer uno de los políticos más respetables de México. Pero esta desesperación puede jugar en su contra, cosa que es muy común cuando se intenta desacreditar a quien tiene una buena reputación personal (independientemente de que el gobierno de Corral esté dejando algo que desear en materia de seguridad en su estado). 

    También creo que Anaya, una vez «calificado a la final», tiene más posibilidades de derrotar a López Obrador que Meade ya que no carga con los negativos del PRI, que pesan mucho más que cualquier discurso de traición que se le pueda achacar. La traición puede ser percibida también como astucia política (más cuando los afectados, los «rebeldes del PAN» no presumen una reputación para presumir) pero la corrupción no, la corrupción es corrupción. 

    Ricardo Anaya necesita crear un buena campaña y una buena narrativa sobre su persona (la ventaja y desventaja a la vez es que todavía no es muy conocido). Debería echar mano del equipo de comunicación de Movimiento Ciudadano y tienen a todos cantando su jingle de Movimiento Naranja, quienes a través de la propaganda lograron encumbrar a políticos como Enrique Alfaro. Anaya es el que más margen de maniobra tiene para crear una campaña fresca y creativa, y con esta tratar de aminorar las desventajas (como su poco carisma). Anaya también puede convertir algunas de sus desventajas en ventajas. Por ejemplo, su distanciamiento con Calderón podría ser una desventaja, pero también podría criticar algunos rasgos de su gestión (por ejemplo, la guerra contra el narco) para obtener algo de voto útil de aquella gente que no quedó muy conforme con el gobierno del michoacano. 

    ¿Lo logrará? Es una buena pregunta. Posiblemente las decisiones que tome ahorita pesen mucho dentro de la elección regular, como definir cuál será su equipo de comunicación y qué mensaje crearán. 

  • López Obrador, la mejor campaña hasta el momento

    López Obrador, la mejor campaña hasta el momento

    López Obrador, la mejor campaña hasta el momento
    Foto: Eje central

    Cuando se juntan los términos «López Obrador» y «campaña política», el primer argumento que sale a flote es el que dice que AMLO tiene una gran capacidad para autoboicotearse y perder elecciones. Dirían muchos que el Peje es la antítesis de lo que una campaña ganadora debería de ser. Pero hasta el momento ha ocurrido lo opuesto. Al día de hoy, López Obrador y su equipo han desarrollado la mejor campaña. Me explico:

    Uno de los primeros aciertos de López ha sido marcar la agenda, no sólo porque es el candidato a vencer o porque es el más conocido, sino porque marca la pauta: Obrador fue el primero (y el único hasta el momento) en presentar su gabinete, y si bien no todos los nombramientos fueron del gusto de todos, si logró, creo, su propósito principal que era reducir el miedo y el recelo a su figura dentro de los sectores empresariales. Había que dar certeza y, aunque su movimiento fue un tanto apresurado, de lo que se habló fue de ello, que dentro de los asuntos económicos López Obrador estaba enviando un mensaje de que habría responsabilidad. 

    Cierto que AMLO ha cometido algunos errores, como la declaración de la amnistía a los delincuentes relacionados con el narco, la cual me parece absurda pero que también, como parte de esta dinámica electoral, fue sacada de contexto. Pero lamentablemente para su adversarios, ese fue un error que no aprovecharon ni capitalizaron bien, y cuando se quisieron subir al «tren del mame» ya era demasiado tarde. 

    López Obrador ha estado activo en redes sociales, sobre todo en Youtube. Su documental, dirigido por Epigmenio Ibarra y Verónica Velasco, así como los videos que ha estado publicando, buscan contrarrestar esa imagen de autoritario y rijoso que pesa sobre gran parte de la población. Estos contenidos no están dirigidos especialmente a «los suyos», sino a aquellos que todavía no deciden su voto y que, producto de su indignación con el gobierno actual, podrían pensar en darle el beneficio de la duda. 

    En dicho documental, López Obrador intenta mostrar parte de su vida íntima al público, abre las puertas de su casa donde come con su familia y nos presume que le da permiso a su hijo Jesús Ernesto de irle al América. Aquí es donde AMLO se siente cómodo ya que no se percibe algún acartonamiento, se muestra genuino ante las cámaras, es su zona de confort. 

    Los videos de Youtube donde aparece liberando tortugas, donde se corta el pelo o donde le canta las mañanitas a su esposa son un ejemplo de ello. López Obrador no es el primer candidato que se muestra cortándose el pelo, pero su perfil le ayuda mucho, y le ayuda porque en esos escenarios se siente cómodo y puede mostrarse tal como es; algo que podrán agradecer muchos dentro de un mundo lleno de políticos acartonados y falsos. 

    El video con su esposa, por ejemplo, se percibe genuino porque no está editado ni se ve ensayado. En algún momento los videos sobreproducidos con música de fondo dejaron de tener impacto ya que ese formato se ha usado en exceso. En un contexto de redes sociales y de videos grabados con el celular, un formato así parece más auténtico. El video de López Obrador no contiene toda esa parsimonia que los videos de los candidatos o presidentes con su esposa presentan. 

    https://www.youtube.com/watch?v=dk2h3SLcnTM

    No es casualidad que, de acuerdo a Roy Campos de Consulta Mitofsky, los videos de López Obrador sean los más recordados. Se habla (para bien o para mal) mucho más del spot de «ya sabes quien» que de los spots de Anaya, y sobre todo, los de Meade. Tan sólo el famoso spot de Movimiento Naranja de Movimiento Ciudadano (quienes por cierto, tienen un muy buen equipo de comunicación, del que debería echar mano Ricardo Anaya) ha superado a los de López Obrador. 

    La alianza que tejió con el PES a muchos nos parece aberrante: la izquierda nacionalista con el conservadurismo rancio. Pero estratégicamente es un acierto. Ciertamente, la decisión molestó a algunos de sus seguidores, sobre todo quienes son más progresistas (sobre todo porque AMLO ha dado visos de ser una persona conservadora), pero dichos seguidores votarán por él de todos modos (sobre todo si las opciones son Meade, Anaya o Margarita, quienes no aportan nada distinto sobre el tema). Posteriormente, en un mitín, López Obrador accedió para que una persona del colectivo LGBT se subiera al estrado, se parara al lado de él portando la bandera del arcoiris, con lo cual atenuó las críticas. Mientras que la alianza no le quitará votos, sí ganará los que el PES pueda aportar. Un 1% o 2% no sólo son muy bienvenidos, pueden determinar la elección. 

    Además, hay otras maniobras que yo en lo personal aborrezco y que le he criticado duramente porque me parecen populistas y demagogas, pero de que funcionan, funcionan. Me refiero a aquellas puestas en escena donde aprovecha la religiosidad de los mexicanos mostrándose como si fuera un cura de pueblo y donde utiliza varios símbolos religiosos (MORENA = morenita de Guadalupe).

    Esta elección no será como la del 2006 ni la del 2012, sobre todo para López Obrador. La guerra sucia sobre su figura seguramente tendrá un impacto menor sobre en las elecciones pasadas. Al haber contendido en varias elecciones, ya no hay nada nuevo que se pueda mostrar sobre este personaje. Ya se ha repetido hasta el hastío que convertirá a México en Venezuela, que él es el nuevo Hugo Chávez, que es un dictador y que va a crear una profunda crisis económica. Los ataques que ha recibido en los últimos meses le han hecho «lo que el viendo a Juárez» y parece que la estrategia de la oposición, sobre todo la del PRI, será un ataque abierto. Basta escuchar a su asesor político J.J. Rendón quien dice que hará todo lo posible para que AMLO no sea Presidente.

    Una guerra abierta, donde el elector vea por todos lados videos y declaraciones sobre el peligro que es México, podría resultar contraproducente, y con mayor razón si quienes pronuncian esas declaraciones son otros actores políticos. Si la intención es desprestigiar a AMLO tendrán que utilizar estrategias muy focalizadas y bien pensadas. La declaración abierta de guerra que han hecho es, a mi manera de ver, un error. Porque la gente tiene en un muy mal concepto a la clase política, y si ellos son los que están haciendo una campaña tan negativa y agresiva, es probable que se detengan en seco y se pregunten que si la nefasta clase es tan agresiva es porque «chanza igual algo bueno debe de tener». 

    López Obrador ya es una figura conocida, no hay narrativa qué crear sobre él ni historia que contar, ya todos la conocen. Las comparaciones y los ataques le harán más bien poco e incluso podrá jugar con ellas a su favor. 

    Una muestra de ello fueron las pintas que los priístas mandaron a hacer en Venezuela con la ayuda de un grupo opositor al régimen de ese país, donde supuestamente López Obrador es apoyado por el PSUV (el partido oficialista), los priístas, los bots y aledaños propagaron la noticia en redes de forma muy articulada. Los usuarios se dieron cuenta en el instante que se trataba de una estrategia de descalificación y se mofaron de ella por medio de varios memes graciosos:

    Una guerra sucia frontal también se puede percibir como un acto de desesperación y puede terminar fortaleciendo al candidato al que se ataca. La tarea que tiene López Obrador (y que hasta el momento está haciendo) es tratar de alejarse del personaje que de él quieren crear sus opositores. Si reiteran que es Chávez o que es muy intolerante, pero López Obrador aparece como bohemio y calmado tal cual lo hace en sus videos, se percibirá una disonancia entre lo que es y lo que dicen que, sobre todo en aquellos que van a votar por primera vez o no recuerdan tanto lo que ha sucedido en elecciones pasadas. Si López Obrador se esmera en crear y acrecentar esa disonancia, se habrá ganado el voto útil suficiente para garantizar su triunfo.

    Podemos pensar muchas cosas de López Obrador, pero lo cierto es que está haciendo una buena campaña y que si sus opositores siguen «haciendo lo de siempre» y cometiendo los mismos errores, le habrán puesto la silla presidencial en bandeja de plata. 

  • El día que Meade dejó de ser ciudadano y se volvió priísta

    El día que Meade dejó de ser ciudadano y se volvió priísta

    El día que Meade dejó de ser ciudadano y se volvió priísta
    Foto: Página oficial del PRI

    La campaña de Meade no levanta. Y no sólo no lo hace, sino que han cometido varios errores estratégicos, me explico.

    Según narra Riva Palacio, la estrategia que seguirá el PRI es intentar ganar el segundo lugar en todos los estados (asumiendo que en los estados del norte ganará el frente y en los del sur ganará AMLO) y evitar que el voto útil se incline por López Obrador. Para esto van a «echar toda la maquinaria a andar». Se trata, básicamente, de un malabarismo. 

    Hace algunas semanas consideré que habían acertado en nombrar a un candidato que no fuera parte de las filas del PRI, incluso varias personas vieron casi inevitable su triunfo dentro de las elecciones y todo el aparato mediático priísta trató de generar esa sensación: Meade es el candidato ciudadano, el académico, el burócrata eficaz. 

    Una estrategia sensata con el fin de obtener voto útil era buscar que el círculo rojo (líderes de opinión) diera el beneficio de la duda a la candidatura de Meade, en especial aquellos que se encuentran cerca del centro del espectro político tales como León Krauze, Silva Herzog, Elizondo Mayer, Leo Zuckerman entre muchos otros. Naturalmente no es que fueran a abrazar la candidatura de Meade debido al desgaste del partido y del gobierno actual, pero bastaba con que dijeran algo así como «igual y no es tan malo», «va por el PRI corrupto de siempre, aunque Meade no es corrupto y es inteligente» o «al menos va a manejar bien la economía». Bastaba con eso para que el círculo verde (los ciudadanos sobre quienes ejercen influencia los líderes) se quedara con esa idea, que hubiera podido ser suficiente para decidir votar por él en vez de hacerlo por López Obrador. 

    Eso no sucedió, porque para lograr eso Meade tendría que haber encontrado una narrativa fresca que contrastara con el priísmo clásico. Algunos llegamos a pensar que tal vez sí podría llegar a hacerlo, pero no solo no lo hizo, sino que ha adoptado un discurso fuertemente priísta: ha saludado a Carlos Romero Deschamps después de hablar del combate a la corrupción, y lo peor, acusó a Javier Corral de torturar (por denunciar el desvío de recursos del Estado de Chihuahua a la campaña del PRI) y amagó con demandar a Animal Político por publicar una nota relativa a la Estafa Maestra.

    «Tenemos que movernos en un esquema en el que la pregunta no sea válida.» – Respondió José Antonio Meade al diario El País cuando se le preguntó si estaría dispuesto a investigar los casos de corrupción de esta administración.

    El círculo rojo no sólo no le da el beneficio de la duda sino que se ha encargado de «desenmascarar al ciudadano». Nadie habla de sus facultades como académico o burócrata, todos hablan de «Meade el priísta», son implacables con él. Señalan lo priísta que es y lo poco ciudadano que es, advierten que su discurso se ha vuelto muy tricolor, advierten que es tan solo uno más, y con la amenaza a Animal Político ya advierten visos de autoritarismo. La sociedad civil ya la dio la espalda y tan sólo se ha quedado con la maquinaria del PRI en una elección donde las estructuras no podrán, por sí solas, otorgar el triunfo. 

    A esto tenemos que sumar lo que expliqué en un artículo pasado, que Meade no ha encontrado una narrativa, que es un candidato que no es elocuente en lo absoluto, no convence, no inspira. Pronuncia un discurso oficialista y acartonado y saluda a personajes impresentables casi como si fueran sus amigos, lo cual contrasta con un rostro muy inocente y acompañado de algunos tics nerviosos.  El momentum (cuando fue ungido como candidato) ha desaparecido. Por más ruido tratan de hacer, Meade se vuelve irrelevante. 

    Un eventual triunfo del PRI se sostendría en tres pilares: Que Meade brille por sí mismo y logre contrastar con la administración actual, que contraste con López Obrador y, por último, el trabajo de la maquinaria priísta. El primer pilar ya quedó muy comprometido y el segundo podría comprometerse también si continúan amenazando a los diarios como Animal Político.

    Y la maquinaria no es garantía alguna. Hemos visto en los últimos años, como en muchas ocasiones (como ha ocurrido en Jalisco o Veracruz) que la maquinaria priísta a veces deja de responder. 

    Me temo que el PRI tiene una tarea muy difícil. 

  • Javier Lozano, el lobo del PRIAN

    Javier Lozano, el lobo del PRIAN

    Javier Lozano, el lobo del PRIAN

    Javier Lozano es uno de esos políticos folclóricos que tienen presencia dentro de la opinión pública por su personalidad. Y no porque dicha personalidad sea atractiva; por el contrario, es una persona que cae mal, es intransigente, tiene cara de pocos amigos, pocas veces se le ve sonriendo y cuando sonríe lo hace de forma mezquina. También es cínico, mentiroso, autoritario, hábil, y no es algo que a Lozano le moleste, esa es la imagen que ha querido proyectar en los medios y, sobre todo, en Twitter. 

    «No sean ordinarios», reza su hashtag con el cual reta a la opinión pública. Como un perro que enseña sus dientes, advierte que siempre está en posición de atacar; no importa si se trata de actores, activistas, políticos o tuiteros comunes y corrientes, Lozano está listo para clavar los colmillos sobre sus opositores. En Twitter se comporta como un Donald Trump atacando a diestra y siniestra pero, a diferencia del mandatario estadounidense, es más frío y calculador, sabe qué fibras tocar para encolerizar a quienes se oponen a él. 

    Para Javier Lozano todo se vale, es uno de esos políticos modelo que representan la ambición desmedida de poder, el vacío ideológico y de convicciones y al cual no le preocupa que lo dejen en evidencia. Así, puede un día renunciar al PAN argumentando que dicho partido ha perdido sus valores y ha sido secuestrado por un «pequeño dictador» para presumir, al día siguiente, una fotografía integrándose a la campaña de «Pepe Meade» con el candidato y el presidente del PRI Enrique Ochoa Reza (la marcha imperial de Star Wars comienza a sonar). 

    No importa que su cinismo lo deje en evidencia. Por el contrario, pareciera ser su propósito: criticó a Anaya porque dice que él hizo cualquier cosa para ser candidato del PAN: impuso su candidatura, se hizo del partido y traicionó gente. Pero eso algo muy parecido a lo que ha hecho el propio Lozano dentro del servicio público. Como panista que era hasta hace un par de días se comportó como priísta en las redes compartiendo y retuiteando tuits del candidato Meade y de otras cuentas priístas. Lozano traicionó al PAN dentro del PAN, traicionó a sus simpatizantes legislando, en muchas ocasiones, en contra de sus intereses y del pueblo en general.

    Tal vez le moleste que la ambición de Anaya le haya sido suficiente para ser candidato presidencial (y en una de esas, presidente) mientras que él, con toda su grandilocuencia y su adicción por los reflectores, aspira casi siempre a puestos un poco más medianos: vicecoordinador de mensaje de la campaña de «Pepe Meade». 

    A Lozano le gusta el protagonismo, le gusta que lo vean, le gusta hacerse notar, le gusta provocar. Se presenta como un hombre muy docto y culto, hasta corrige la ortografía de sus críticos (aunque luego la RAE diga que él era el que estaba mal) pero a pesar de su cultura todo es relativo para él, la única cosa que es absoluta es su ambición.  

    Si el PRIAN existe ese es Lozano y sus amigos, quienes se autonombraron los «rebeldes del PAN» y cuya rebeldía consistía en trabajar en favor del régimen del PRI, y a pesar de esa traición hacia el electorado panista, se presentaron como víctimas, se quejaron de que el partido ha perdido su esencia cuando ellos la mataron una y otra vez. Lozano nunca perdió su piel priísta, fue un lobo del PRI que sobrevivió en las aguas panistas por más de una década. 

    Personas ambiciosas que hacen lo que sea por ganar poder hay muchas, pero a Lozano le gusta presumirlo. Por eso cae tan mal. 

  • La foto con el político corrupto

    La foto con el político corrupto

    La foto con el político corrupto

    Está de moda en las redes sociales hacer juicios categóricos de políticos con base en alguna fotografía o video en los que aparecen con algún «innombrable». Javier Duarte es el de moda: si Margarita se tomó la foto con él entonces es cómplice, si lo hizo Meade también, si López Obrador se tomó la foto con Abarca entonces es casi el autor intelectual de la masacre de Ayotzinapa. 

    A mi parecer, ese tipo de juicios son absurdos y tan sólo reflejan un profundo desconocimiento de lo que la política es.

    -Pero velos, hasta se están riendo, seguramente están planeando un atraco ¡no seas ingenuo!

    Primero, una fotografía no explica el contexto en la que esta se tomó.

    Segundo y más importante, un político, por más honorable que sea, tiene que establecer relaciones y entablar diálogo con varios políticos si es que quiere gobernar. Porque aunque dicho político sea sabedor de que su contraparte es un «corruptazo», no tiene los recursos para procesarlos y, mientras ese corruptazo se encuentre en su puesto, el político no puede romper cualquier tipo de relación así nada más porque a él no le toca impartir justicia, sino cumplir sus funciones como servidor público. 

    Javier Corral ha denunciado que el gobierno de Peña Nieto está negando recursos al Gobierno de Chihuahua por perseguir a César Duarte y procesar a altos cargos del PRI que desviaron dinero para las elecciones del año pasado. Está en posición de hacerlo ya que su gobierno se está viendo afectado por estas represalias. Pero hasta Javier Corral se tomó la foto con Peña Nieto. Evidentemente Corral sabe que Peña es un político corrupto, pero es Presidente de la República, y sabe que lo mejor que puede hacer para gobernar su estado es mantener una relación cordial. Corral hace la denuncia porque dicha relación cordial, después de las represalias emprendidas por el gobierno, ya no tiene razón de ser. Vaya que Corral es un gobernador valiente porque se está enfrentando al sistema. Pero ¡se tomó la foto con Peña Nieto!

    Foto: La Jornada San Luis

    Es más, que un presidente vaya a un estado cuyo gobernador es corrupto y entable diálogo con él no es algo reprobable per sé. De hecho, en varios casos es necesario, ya que no es él sino los órganos de justicia los que se deben de encargar de procesar al gobernador. Un problema sería si el presidente protegiera a dicho gobernador o le otorgara inmunidad. 

    Al final, la política es eso, política, no un capricho. Los políticos deben aprender a llevarse con sus antagonistas y tener, cuando mínimo, una relación de respeto. La diplomacia es esencial dentro de la política y sólo se debe recurrir a la confrontación directa cuando es explícitamente necesario. En todos los países democráticos, los políticos de las diferentes facciones, a pesar de que sus posturas políticas son irreconciliables, pueden tener la capacidad de dialogar o incluso de salir a comer. En Estados Unidos atribuyen la parálisis que se ha vivido en el congreso, en parte, a que anteriormente los senadores vivían en Washington con sus familias y eso fomentaba una mayor convivencia entre los políticos y sus propias familias. Cuando eso dejó de ser así, la capacidad para llegar a acuerdos se hizo más estrecha. 

    Al final, el trabajo de un político es servir a sus gobernados, no «aplicar la ley del hielo» o «cortarla», y por tanto se les debe evaluar por su probidad y por sus resultados, no por una mera foto cuyo contexto, en la mayoría de los casos, se desconoce.