Gran parte de mi vida pensé que era malo para las matemáticas. Que no era lo mío, que eso de ser ingeniero no sería para mí (aunque sigo pensando que no tengo perfil de ingeniero).
Recuerdo el estrés que me causaban en la escuela. Ecuación grandota, igual a no la voy a poder resolver, igual a voy a reprobar en el examen, igual a me van a poner una zarandeada en casa. Las matemáticas me causaban mucho estrés.
Recuerdo cuando el profe llenaba el pizarrón de ecuaciones que había que resolver. Era increíble porque uno veía el pizarrón limpio, parpadeaba y, de pronto, ya estaba lleno de fórmulas y variables. Luego había que aprenderse la fórmula general (la chicharronera) para resolver las ecuaciones cuadráticas, luego venían las desigualdades, las funciones. Mi cabeza iba a estallar. El Baldor no sólo era pesado por su gran volumen y por su tapa sólida, sino porque bastaba abrir sus páginas para darse cuenta de lo que a uno le iba a esperar en el semestre.
Ahora que me estoy preparando para un examen de admisión, me he dado cuenta que en realidad no era malo para las matemáticas y que no necesariamente tenían por qué ser una pesadilla. Acudí a Internet para aprender el álgebra que no tocaba desde la preparatoria y lo encontré hasta divertido. En una semana aprendí a factorizar, a hacer ecuaciones lineales y cuadráticas, con fracciones o radicales, desigualdades, algo de geometría. En la preparatoria, el maestro nos mandó a más de la mitad del salón a examen extraordinario por menos que eso. Recursos en Internet como Khan Academy hacen que este proceso de aprendizaje incluso sea divertido y que uno vea a las matemáticas desde otra perspectiva.
¿Por qué nunca me enseñaron a ver así las matemáticas? ¿Por qué profe?
Tal vez algún ingeniero se esté riendo de mí por aprender álgebra básica cuando ellos andan «duro y dale» con el cálculo. Pero mi punto se entiende, creí que era malo para las matemáticas porque yo, como muchos, no tuve profesores que supieran enseñármelas bien.
El problema de todo esto es que hay muchas personas que creen que son malas para las matemáticas, porque sus profesores no tuvieron la habilidad de enseñárselas ni para agarrar el «gusto por los números». Y como los estudiantes creen que son malos porque sufren con las matemáticas, entonces piensan que «ni de locos» deberían de estudiar alguna ingeniería.
Las generaciones actuales tienen muchos recursos que nosotros nunca tuvimos. Cuando cursaba la preparatoria, si bien ya tenía Internet (en aquellos tiempos del ICQ y del Messenger), no existían las plataformas que los estudiantes de hoy tienen y si no le entendíamos al profesor, sólo nos quedaba pedirle a algún compañero que nos explicara, o en el peor de los casos, contratar a algún profesor privado que nos ayudara a regularizarnos. Pero aún así dudo que muchos de los alumnos saquen provecho de estas plataformas de la mejor forma. Al final, siguen siendo educados por maestros que, ya sea que no tengan la habilidad necesaria para transmitir sus conocimientos o que sus conocimientos matemáticos no sean suficientes, los enseñan a odiar las matemáticas y verlas con estrés.
El mercado laboral y los avances tecnológicos son claros cuando se trata de hablar de las habilidades que las nuevas generaciones necesitan, no sólo para que ellos puedan aspirar a un mejor nivel de vida, sino para el desarrollo del país. Necesitamos que las nuevas generaciones le agarren el gusto a las matemáticas, y para eso se necesita un revulsivo dentro de la docencia, tanto en la escuela pública como en la privada. Necesitamos nuevas generaciones de maestros que estén más preparados para transmitir esos conocimientos y estén interesados en que los alumnos aprendan las matemáticas de mejor forma.
Y mientras no pase eso, muchos seguirán pensando que las matemáticas son difíciles, aburridas y tediosas. Y así, seguirán engrosando las carreras universitarias que de por sí ya están muy saturadas.
Sí, sé que algunas personas me van a cuestionar por haber elegido este tema para escribir el día de hoy y no el «registro nacional de necesidades» propuesto por Meade (que se me hace una aberración) o los millones que desvió Rosario Robles en la SEDESOL y la SEDATU (que es un atentado en contra de los que menos tienen y que habla mucho de la «empatía del PRI» con la gente más pobre). Ya me daré a la tarea de abordar estos temas, pero se me hace muy importante abordar este, dada la coyuntura electoral, y dado que es muy probable que López Obrador se convierta en el próximo presidente.
Ya había escuchado esta idea de la constitución moral en el libro del tabasqueño. Dice López Obrador que pretende reunir a académicos, psicólogos y antropólogos y hasta empresarios para crearla. No es siquiera una propuesta nueva, e incluso tendríamos que remontarnos a las elecciones pasadas.
Debemos convencer de la necesidad de impulsar cambios éticos para transformar a México. Solo así podremos hacer frente a la mancha negra del individualismo, la codicia y el odio, que nos ha llevado a la degradación progresiva como sociedad y como nación. – AMLO
El tabasqueño hizo este anuncio en el acto que fue electo como candidato a la presidencia por el PES. Al lado de Hugo Éric Flores, presidente del partido ultraconservador, López Obrador, a quien Flores calificó como el nuevo Caleb que camina hacia la conquista del Monte Hebrón, se dio el lujo de citar pasajes bíblicos. ¿Qué pensaría Benito Juárez de esto?
Se señala que Jesús manifestó con sus palabras y sus obras su preferencia por los pobres y los niños. Y para muchos, Cristo es amor. AMLO
Lo voy a decir así: que un político proponga una cartilla o una constitución moral se me hace un absurdo y una aberración. El político no puede ni tiene derecho de definir qué es lo bueno y qué es lo malo. Ciertamente que a partir de los valores morales de una población dada se crean varias de las leyes que nos rigen: conceptos morales como «no robar» o «no matar» se encuentran impresos dentro de nuestra constitución, pero la moral no la debe definir el Estado como tal. El trabajo del Estado es hacer valer las leyes (lo legal) y establecer las condiciones para que los individuos puedan llevar a cabo sus proyectos de vida, no definir cómo es que estos deberían ser (lo moral):
En su muy particular definición de la felicidad (la cual se atrevió a definir) quedan patentes los alcances que tendrá su gobierno en cuanto a la definición de la moral se refiere. Si la siguiente definición fuera esbozada por un pensador, un filósofo o hasta un charlatán de la autoayuda, ello no representaría ningún problema, ya que se trata de una postura personal y particular; pero la cosa cambia radicalmente cuando se trata de una constitución moral que pretende ser promovida , en el mejor de los casos, dentro de toda la población. Precisamente, los régimenes totalitarios se sostuvieron sobre la imposición de un conjunto de ideas de orden moral sobre la población basadas sobre lo que el mundo debería ser para ellos. Hannah Arendt, en su libro «The Origins of Totalitarianism» lo deja patente. Y no estoy diciendo con esto que AMLO vaya a ser un dictador ni nada por el estilo, ni creo que lo vaya a ser; pero sí es preocupante que piense que sea que el Estado pueda atreverse a dar sus definiciones de moral, en vez de procurar la libertad de los ciudadanos que, quienes insertos dentro de un sistema legal, viven conforme a sus valores y creencias:
La felicidad no se logra acumulando riquezas, títulos o fama, sino mediante la armonía con nuestra conciencia, con nosotros mismos y el prójimo… La felicidad profunda y verdadera no puede basarse únicamente en los placeres momentáneos y fugaces. Estos aportan felicidad sólo en el momento en que existen…
¿Por qué un político me tiene que decir a mí lo que es bueno y lo que es malo? ¿Por qué un político tendría derecho de meterse en mi vida privada o de tratar de influir en mis valores propios? Si para mí la felicidad fueran los títulos o la fama estoy en todo mi derecho, aunque no coincida con la definición de felicidad de López Obrador. ¿Quién es un político para definir, por todos, lo que la felicidad es? ¿Qué eso no es una afrenta contra el Estado Laico?
La moral se mama desde casa.
Quienes quieran encontrar paralelismos de López Obrador con regímenes como el de Venezuela, aquí sí van a encontrar coincidencias. Aunque yo soy muy escéptico sobre la idea de que AMLO convertirá a México en un «país chavista» y creo que es una exageración, es cierto que estos discursos morales donde el político se atreve a definir lo que es bueno y lo que es malo y donde este adopta una postura de pregonero sí son fenómenos que se presentan de forma constante en este tipo de regímenes: donde el político, con un aura mesiánica, se presenta como una especie de padre del pueblo; quien no sólo funge como un servidor público, sino como una suerte de guía espiritual.
Si bien, es cierto que sería un tremendo despropósito pensar que dicha constitución moral será aplicada con todo el peso de la ley, ya que más bien pretende ser una suerte de pacto o convenio tácito entre el gobierno y los ciudadanos, que un político piense que sus funciones abarquen el terreno de lo moral es algo que nos debería de preocupar.
Pero luego también hablemos de la efectividad que puede tener una cartilla moral. López Obrador piensa que de esta forma, promoviendo valores, va a acabar con todos los males que nuestro país tiene.
La tarea de López Obrador debería de ser la creación de instituciones fuertes y de contrapesos dentro del poder para combatir los problemas que nuestro país padece. Sin instituciones fuertes, una cartilla moral quedaría en un recetario de buenas intenciones, al igual que ocurre con nuestra Constitución. Pero nunca escuchamos a AMLO hablar de la creación de mecanismos anticorrupción, ignora olímpicamente las recomendaciones de las ONG especializadas como «Mexicanos en Contra de la Corrupción» y tampoco ha hablado nada sobre una fiscalía verdaderamente independiente e incluso pretende tener control total sobre los órganos anticorrupción porque cree que si él es honesto, entonces todos serán honestos.
AMLO no cree en los contrapesos. Por el contrario, cree que debe tener el control de todo el aparato de gobierno para combatir la corrupción.
Y ahora imaginemos que Napoleón Gómez Urrutia, como senador plurinominal, votara a favor de esta constitución moral.
Porque además López Obrador tendría que tener autoridad moral para pregonar sobre cuestiones morales. Después de ver a los senadores plurinominales propuestos, ya sabemos cual es la respuesta.
Si nuestra sociedad fuera racional, ahorita mismo estaríamos observando un desplome de López Obrador en las encuestas. Pero los electores, independientemente de colores o partidos, no siempre suelen ser racionales a la hora de definirse por un candidato. Si yo fuera su simpatizante me sentiría profundamente traicionado por las decisiones tan lamentables que está tomando.
Hasta hace poco, López Obrador podía pretender venderse como alguien diferente al régimen, a lo que él llama la «mafia del poder», como la única esperanza ante la política decadente. Hasta hace poco, López Obrador era el único que podía presumir algo parecido a una «ideología»: votaré por AMLO porque soy un hombre de izquierda, decían muchos.
Pero esa esperanza es ya, aunque muchos no lo quieran reconocer, un mero espejismo. Muchos prefieren aferrarse a él, aunque saben muy dentro de su ser que es falso y no existe. Abrir los ojos implicaría aceptar que no hay esperanza, que es iluso esperar un cambio sustantivo en nuestro país al elegir un candidato (vaya, es iluso esperarlo en la gran mayoría de las ocasiones y siempre que el elector se ha ilusionado con un candidato, eventualmente se ha decepcionado).
Gran parte de los puestos, como los de los senadores plurinominales, no serán otorgados a quienes han formado parte de su movimiento, ni a sus incondicionales ni a quienes merecerían estar ahí por mérito, sino a los oportunistas y, disculpen que lo diga así, a los delincuentes que buscan fuero, porque Napoleón Gómez Urrutia es un delincuente. Raymundo Riva Palacio relata muy bien los fraudes que este «minero» ha cometido.
Cualquier discurso anticorrupción deja de tener validez. ¿Con qué cara un candidato puede presumir ser impoluto si acepta incluir a una persona acusada, con pruebas, de diversos fraudes? ¿Y cuál es la respuesta de López Obrador? Que es un «perseguido del régimen», que «los estigmatizan».
Pero no es el único nombre polémico, el otro que resuena es el del panista Germán Martinez. Y no se trata de cualquier panista, sino del representante de Felipe Calderón en el entonces IFE en 2006. Sí, esa vez que López Obrador los acusó de fraude electoral. ¿Qué responderán sus simpatizantes a ello? ¿Y qué responden del pacto que ha tejido con la otrora enemiga Elba Esther Gordillo? ¿Qué opinan de su decisión de dar marcha atrás a la Reforma Educativa en favor de las plazas y los maestros cooptados, cuando eran ellos mismos los que repetían hasta el hastío sobre la necesidad de tener una sociedad educada? ¿Qué dirán sus seguidores que odiaban a las televisoras al ver a varios de los actores de Televisa y a Esteban Moctezuma de TV Azteca en sus filas?
MORENA se ha convertido en el basurero de la «clase política», de la «mafia del poder», de los oportunistas que buscan un hueso o una mejor posición desde donde preservar sus intereses y su cuota de poder.
Pero la gente se aferrará al espejismo, porque es más cómodo engañarse que darse cuenta que los mexicanos tenemos muy pocas razones para poder depositar esperanza alguna en cualquier candidato en las elecciones venideras, por eso es que incluso algunas personas (hasta intelectuales y académicos) han incursionado en la disciplina de la maroma y la contorsión intelectual para tratar de justificar a López Obrador: relativizan los hechos o cuentan una historia alternativa (alternative facts) para que todo cuadre y no pierdan la esperanza en su candidato.
López Obrador lo sabe, o al menos así lo cree; y por eso es que ha tomado estas polémicas decisiones que vacían a su movimiento de ideología y hasta de congruencia, pero que le construye una estructura de cara a las elecciones del 2012. Mientras los partidos ven como sus bases se resquebrajan, López Obrador fortalece las suyas: divide y vencerás.
Yo no creo que AMLO convierta a México en Venezuela, pero al ver estos movimientos sí puedo vaticinar que su probable gobierno tendrá una factura de corte más bien priísta, con todos los vicios inherentes a estas corrientes, que la justicia social quedará en un mero discurso o, probablemente, en medidas económicas irresponsables. Puede que termine por decepcionar a los suyos, quienes tardarán en darse cuenta de la dura realidad.
El modelo de López Obrador (no sólo referido a lo económico, sino a toda su plataforma y línea de pensamiento) es insostenible. Sobrevive por la indignación de la sociedad con el gobierno y por el aura hacia su persona que el candidato construyó durante años. Pero será cuestión de tiempo cuando la cruda realidad se sobreponga a la fantasía.
Cuando se habla de los «cuartos de guerra» donde se organizan y operan las campañas electorales, hay quienes piensan que quienes lo integran suelen ser las personas más especializadas, técnicas y objetivas quienes están desarrollando estrategias maquiavélicas con el fin de posicionar a su candidato y hacer que gane las elecciones. Como si se tratara de algo muy sofisticado.
En realidad, eso es tan sólo una verdad a medias (o tal vez menos que eso). En la práctica, las pasiones, las filias y las fobias suelen afectar las decisiones que se toman allá dentro.
Esa es una de las razones por las que se suelen contratar asesores extranjeros: al no tener alguna simpatía partidista, pueden desarrollar estrategias o dar asesorías desde una perspectiva más objetiva, aunque a veces ello no es suficiente ya que siempre tienen que lidiar con los coordinadores de campaña o con el propio candidato.
Una de las razones por las cuales la campaña de José Antonio Meade no levanta es esa: yo ya venía advirtiendo que dentro del PRI viven en una burbuja, en una «cámara de eco» donde todos se aplauden, donde todos se dicen a sí mismos lo grandes, lo fuertes y lo reformadores que son: así, es imposible analizar, de forma objetiva, el contexto en el cual se desarrollan las campañas y, por tanto, no se puede esperar que desde ese punto se tomen buenas decisiones.
Los estrategas suelen mandar a hacer costosos estudios de percepción donde se evalúan, entre muchas otras cosas, las fortalezas y las debilidades del candidato y cómo es que, a partir de estas, se puede construir una narrativa con el fin de posicionarlo de tal forma que obtenga la mayor cantidad de votos. Se suelen hacer estudios cuantitativos (en campo) y cualitativos (cámara Gesell). Que a Meade lo hayan querido vender como ciudadano, que López Obrador se ría de sí mismo o que Ricardo Anaya presuma hablar tres idiomas es producto de ello, de un muy meticuloso análisis de su perfil y del contexto en el que se encuentran. Hay que resaltar las cualidades y tratar de disimular los defectos lo más posible.
Pero lo que arrojen los estudios no es garantía de nada si quienes son parte de la campaña insisten en vivir en una realidad alterna y son incapaces de empatizar con el electorado. Con toda seguridad, esos estudios arrojaron que la marca PRI está muy devaluada y se ha convertido en un lastre; lo saben, pero son incapaces de empatizar con ello.
Por eso es que la construcción de la figura de José Antonio Meade como ciudadano se ve tan artificial y sobreactuada, a pesar de que ciertamente Meade es más decente e íntegro que la mayoría de los políticos priístas. Saben que la mayoría de la gente detesta a su partido, pero no entienden que la mayoría de la gente detesta a su partido. No es lo mismo.
Por eso creen que presentarlo como ciudadano y decirle que a le diga a los líderes sindicales que lo «hagan suyo» para ganarse a las estructuras no será un problema (parece que no logró ninguna de las dos cosas), por eso es que Ochoa Reza cree, ingenuamente, que su discurso tiene un efecto positivo y que a nadie le parecerá cínico ni mentiroso.
Las posibilidades de triunfo de José Antonio Meade son cada vez menores, y lo seguirán siendo en tanto no abran sus mentes obtusas y no dejen del lado esos delirios de grandeza en los cuales creen ser el «partido fuerte».
La encuesta de Reforma confirma las tendencias electorales que habíamos visto estos últimos días: Anaya sube como la espuma, pero se encuentra todavía algo lejano a AMLO quien, si bien ya no sube mucho, sigue mostrando una tendencia a la alza (muestra de que la guerra sucia empleada contra él hasta el momento no le ha hecho ni lo que el viento a Juárez), en tanto que Meade se ha ido desfondando. La diferencia entre Anaya y AMLO es de 8 puntos (aunque sube a 10 si se hace el ejercicio sin los indecisos).
Fuente: Periódico Reforma
Anaya parece estar captando el voto útil que los demás dejan a su paso, por ejemplo, el de José Antonio Meade (dada su caída) y el de Margarita (en gran medida porque no ha tenido la exposición mediática). Ricardo Anaya parece que ya no le podrá rascar mucho de ahí (el remanente de Meade con seguridad estará compuesto por su voto duro) y Margarita tiene ya muy pocos puntos porcentuales. Más bien tendrá que enfocar su mira a los indecisos que son el 22% (lo que no implica que todos ellos vayan a votar).
López Obrador es el gran favorito pero todavía no tiene la victoria asegurada.
De acuerdo a los careos entre dos candidatos, Meade no tendría nada que hacer contra AMLO ya que el voto anti PRI es más grande que el voto anti AMLO: la diferencia es abismal, de 33 puntos, en tanto que entre Anaya y AMLO, la ventaja de este último es de 11 puntos, todavía muy considerable, pero para nada definitivo. La lectura que puedo hacer aquí es que sólo Anaya podría competirle a López Obrador y que Meade tendría que hacer un milagro para subirse a la contienda.
Fuente: Periódico Reforma
Uno de los factores que podrían decidir la contienda se llama Margarita Zavala. Su porcentaje actualmente es pírrico, pero ha caído en gran medida porque casi no tiene presencia en medios (lo mismo ha ocurrido con el Bronco). La presencia de Margarita en la boleta no es una buena noticia para Anaya ya que podría llegar a rascarle algunos puntos y definir todo en favor de López Obrador.
El problema también reside en el dilema que el calderonismo tiene y que podría ser definitorio. Evidentemente, el plan A de Calderón es Margarita Zavala; si no funciona, el plan B sería José Antonio Meade, quien ocupó varios cargos de alto nivel dentro de su gobierno. Pero es muy probable que Meade ya no vaya a despegar, entonces tendrían que decidir si inclinarse por Anaya o por López Obrador, lo cual suena inverosímil.
Basta ver la cuenta de Twiter de Felipe Calderón y ver sus referencias hacia estos dos candidatos para entender que una alianza con cualquiera de ellos es algo impensable. ¿Apoyar al traidor, a quien operó para que mi señora esposa no fuera candidata, o apoyar al que me acusó de fraude y me llamó espurio? La presencia de Margarita en la boleta sólo podría llegar a beneficiarle a Anaya en el primer caso, pero será un lastre no sólo en el improbable segundo caso, sino en un escenario donde decidan no tomar postura alguna y mantener una postura neutra, ya que la simple presencia de Margarita en la boleta puede llegar a rebatarle algunos votos al candidato del PAN.
A pesar de que sea algo improbable, Calderón tiene algunos incentivos para tomar cualquiera de las dos posturas: tiene una mayor afinidad ideológica con Ricardo Anaya en tanto que piensa que una eventual presidencia de AMLO puede ser nociva para el país, pero a la vez, si ganara AMLO, Calderón podría recuperar al PAN.
La presencia de Margarita en los debates también puede resultar un lastre para Ricardo Anaya ya que con toda seguridad le reclamará el hecho de haberse ungido como candidato de forma antidemocrática y pasando por encima de mucha gente. El conflicto entre Anaya y Calderón tomó tintes personales y ese encono puede que se manifieste dentro de los debates: Anaya podría verse privado de los votos de los más duros simpatizantes del calderonismo.
Anaya parece estar logrando lo que necesitaba, desfondar a Meade para enfocar sus pilas en López Obrador. Lo más probable es que la distancia entre Anaya y AMLO se volverá más estrecha (y que no necesariamente obedece, como dicen algunos simpatizantes del tabasqueño, a generar la percepción de que AMLO es alcanzable para luego cometerle un fraude) como suele ocurrir en estos escenarios. Anaya podría llegar a replicar lo que Calderón hizo en el 2006 o lo que el PAN hizo con Peña en 2012, donde las cúpulas del PRI y el PAN pactanron en beneficio del principal contrincante de AMLO, El problema que tiene Anaya son las divisiones que ha causado dentro de su partido así como los enemigos que se ha ganado fuera de este ya que, como nos ha mostrado al experiencia, quien logra generar unidad hacia su figura, suele tener muchas posibilidades de ganar. Esa es la razón de las alianzas que ha tejido López Obrador y que muchos de nosotros podrían parecernos cuestionables ya que no todos los aliados son figuras presentables.
Es paradójico, pero es posible que se de el caso donde López Obrador gane con «ayuda» de Felipe Calderón si decide (cosa bastante probable) no apoyar a Ricardo Anaya por las rencillas entre ambos.
Si con algo me quedo de la precampaña es con la incapacidad que muchos tienen de separar el razonamiento de sus simpatías partidistas, el sesgo es enorme. Muchos, incluso algunos de esos que presumen ser expertos, hacen maromas y contorsiones intelectuales para poder justificar a su candidato o partido político.
En este contexto se dan las declaraciones de López Obrador al llamar pirrurris y fifí a Jesús Silva-Herzog, y la otra declaración que a mi parecer es más grave, la de Enrique Ochoa Reza, el presidente del PRI, al llamar prietos a los priístas que migraron a MORENA.
Primero: los dos son actos de discriminación. La declaración de AMLO es, al menos, clasista, ya que se está refiriendo a Silva-Herzog de forma despectiva por su posición social. La declaración de Enrique Ochoa Reza no sólo es clasista, más bien es racista. Aunque trate de justificarse como lo hizo en Twitter, cualquier persona sabe que la palabra prieto tiene una connotación peyorativa hacia las personas de todo de piel oscuro y, por tanto, debió abstenerse de usarlo.
Segundo: La declaración de Ochoa Reza es, a mi parecer, más grave que la de López Obrador, pero eso tampoco implica que se debe relativizar (como varios hacen) las declaraciones del tabasqueño ya que no dejan de mostrar desprecio y discriminación.
Digo que es más grave porque podría hacerse el siguiente ejercicio: podemos ir a alguna calle de Polanco y decirle a alguna persona desconocido de dinero pirruris o fifí y la respuesta tal vez sea una risa e incluso podrá reafirmarlo como persona: ah mira, me dijo pirruris, pues claro, si yo tengo baro y ese pendejo no; o, en el peor de los casos, si le llega a molestar, dirá que el que le dice eso es un resentido o envidioso.
Aún así no deja de ser un acto de discriminación y una falta de respeto en contra de otra persona, más cuando se hace un juicio ad hominem de otra persona con base en su posición social como hizo López Obrador.
https://www.youtube.com/watch?v=bbwFXo43nPw
Pero si vamos por la calle y le decimos prieto a una persona de tez morena que no conocemos, la respuesta no va a ser la misma. Posiblemente recibamos un gesto de desaprobación, un insulto o hasta un golpe.
La diferencia estriba en que una de las personas aludidas se encuentra en una posición de privilegio y la otra no. El «pirruris» jamás se sentirá mal por su posición social ni su color de piel ya que ha sido históricamente dominante en nuestro país en el cual los españoles y los criollos siempre han estado en la parte superior de la pirámide en tanto las personas morenas suelen estar más bien en la base. Si bien, en la actualidad esto no siempre se cumple, sí existe una marcada tendencia, la suficiente como para que relacionemos al blanco con las clases altas y al moreno con las clases más bien bajas.
Otra cosa que me llama la atención de todo esto es el grado al que está internalizado el racismo en nuestro país. El adjetivo molesta cuando el insulto es explícito (que alguien en la calle te diga prieto) pero no siempre ocurre cuando alguien hace una mofa de la gente de tez morena. Hasta hace poco no se hablaba mucho de ello a pesar de que nuestro país es muy racista. Pero no solo está internalizado dentro de «los de arriba» sino también en «los de abajo»:
Si yo estuviera frente al estrado en un mitin en Estados Unidos donde hay varias personas de color y yo pronunciara tan solo la palabra nigga, recibiría insultos, tal vez intentos de agresión y una gran cantidad de desaprobación. Pero cuando Ochoa Reza hizo su lamentable declaración no se escucharon manifestaciones de indignación (si algo abundan en los mítines del PRI es gente de tez morena), inclusive algunos de ellos rieron.
Tienen razón quienes dicen que estas declaraciones (tanto las de AMLO como las de Ochoa Reza) fomentan la división, pero yo más bien diría que exhiben una realidad que siempre hemos querido ocultar «tapando el sol con un dedo». Ese es el México de de veras, el que también explica por qué somos una sociedad tan desigual. Una sociedad donde muchos blancos y privilegiados son muy racistas y clasistas con los pobres y morenos, pero donde también la discriminación ocurre a la inversa (de abajo para arriba).
A lo largo de mi última década de vida he tenido el privilegio de observar el crecimiento de una generación de jóvenes que aspiran a revolucionar el panorama político de nuestro país. No se trata de alguna cosa espontánea, sino de un movimiento que ha ido madurando con el tiempo, a base de caídas, de prueba y error, de experiencia.
A pesar de que he sido parte de varias organizaciones civiles en mi última década de vida, casi nunca participé activamente dentro de ese conglomerado que ahora amenaza con irrumpir en la política nacional; pero sí tuve la oportunidad de conocerlo muy de cerca y ser testigo de su evolución. Por ello es que narraré lo que viví y me tocó presenciar en Guadalajara. Sé que este fenómeno no es exclusivo de mi ciudad pero sí que ha tomado un rol muy importante (junto con la Ciudad de México) ya que es en Guadalajara donde surge el fenómeno de los candidatos independientes quienes, alimentados por el boom de la participación ciudadana en la ciudad, deciden irrumpir en la política.
Posiblemente mucha gente recuerde varias de las etapas pero las vea como fenómenos aislados, tales como la campaña del Voto Nulo en 2009, #YoSoy132 en 2012 y el ascenso de Pedro Kumamoto y Wikipolítica en 2015. En realidad están muy conectadas y explican una parte del crecimiento de la participación ciudadana en nuestro país. A lo largo del texto verán por qué:
Todo comenzó con la campaña del Voto Nulo en 2009, fecha que marcó, a su vez, el inicio de una fuerte ruptura entre la ciudadanía y la clase política. Los primeros síntomas de desgaste comenzaban a aparecer, el discurso de la «transición democrática» que repetía el gobierno y los medios ya había perdido su atractivo, las nuevas generaciones ya no se sentían identificadas con los partidos políticos. En ese entonces yo participaba en una organización civil llamada Un Metro por Guadalajara, una de tantas organizaciones y colectivos que comenzaban a surgir con la ayuda de las redes sociales. No eramos expertos siquiera en urbanismo (el tema de la movilidad alternativa comenzaba a tomar fuerza en la ciudad) y en realidad estábamos motivados por nuestro contacto directo con los modelos de transporte de otras latitudes del mundo. Algunos de los integrantes venían de estudiar en Europa, yo había quedado maravillado con el metro de Nueva York, y soñábamos con algo parecido para nuestra ciudad.
Wikipolítica no es un fenómeno aislado, es el resultado de la evolución que participación ciudadana tuvo en Guadalajara.
Gracias a las redes que las diversas organizaciones civiles suelen tejer es que tuve conocimiento de aquella campaña del Voto Nulo, que si bien buscó propagarse a nivel nacional, tomó más fuerza en ciudades como Guadalajara y la Ciudad de México, ciudades que hasta la fecha son pioneras en el desarrollo de la participación ciudadana. El movimiento tuvo muchos adherentes pero también recibió varias críticas, y ciertamente a estas alturas es muy discutible si votar nulo puede cimbrar las estructuras políticas, pero lo cierto es que fue, de alguna forma, el inicio de algo más grande.
Tuve la oportunidad de ir a uno de los congresos se organizaron. Fui, junto con algunos amigos de la organización a la que entonces pertenecía, al ITESO donde tenía lugar dicho congreso, al cual asistieron varias personas y organizaciones de otras latitudes del país. Recuerdo que el propósito era crear una agenda o un acuerdo para darle fortaleza y durabilidad al movimiento. Fue un desmadre, había bastante desorganización, era difícil conciliar las diferencias entre los diversos participantes y yo di por sentado que no se iba a llegar a nada. Y según recuerdo, no llegó a mucho en ese momento. Pero también era claro que faltaba mucha experiencia.
El Voto Nulo no logró más que mandar un mensaje de que la ciudadanía se estaba desencantando de la política. Ello no logró ningún cambio dentro de las estructuras políticas en ese momento ya que si bien el porcentaje de votos anulados fue mayor que en cualquier otra elección, tampoco se trató de un porcentaje muy alto; y dado que los partidos recibían recursos de acuerdo a la proporción del voto y no al número de votos, básicamente no les importó ni les afectó en lo más mínimo. El PRI fue el mayor beneficiado gracias a su voto duro.
A pesar de que haya podido parecer un fiasco, un cambio se estaba comenzando a gestar. Comenzaron a aparecer varias organizaciones civiles y colectivos dentro de la ciudad, muchas de ellas relacionadas con la movilidad. Las universidades como el ITESO (IBERO), y en menor medida el ITESM o la U de G, ayudaron mucho para que esta nueva ola de ciudadanía participativa apareciera y se comenzara a propagar dentro de las clases medias de la ciudad. Dichas organizaciones lograron tejer redes entre ellas, organizaron eventos de movilidad como Carfree e incluso lograron cancelar la Vía Express propuesta por el Gobierno de Jalisco cuyo propósito era seguir fomentando el uso del automóvil. Este movimiento que se estaba comenzando a gestar tuvo su primera coyuntura política importante dentro del movimiento #YoSoy132. A su vez, es de este movimiento que se deriva lo que ahora conocemos como Wikipolítica.
Evento de Carfree en el Nodo Colón en Guadalajara.
Dada la horizontalidad del movimiento #YoSoy132, este evolucionó de forma diferente en las distintas regiones del país. Todo había empezado con la visita de Enrique Peña Nieto a la Ibero de donde salió abucheado, y mientras que dentro del PRI buscaban estrategias para desarticularlo ya que dentro de la coyuntura política en la que se encontraba, la campaña de Peña Nieto era la más perjudicada, los jóvenes buscaron darle fuerza al movimiento, e incluso lograron organizar un debate que con todo y su improvisación fue mejor que los del organizados por el IFE. Pero crear unidad fue un tanto difícil por las evidentes diferencias entre los jóvenes de la Ibero y del ITAM y los de la UNAM (estos últimos más inclinados a la izquierda y con mayor experiencia política).
Si bien, el movimiento logró mantener una postura apartidista (es decir, no representaban o simpatizaban con algún partido) al final parte de este movimiento fue seducido, sobre todo en la región central del país, por algunos grupos de interés (como el SME) e incluso MORENA, que en ese entonces era el movimiento de López Obrador, intentó, en los albores del día de la elección, influir sobre el #YoSoy132. En Guadalajara intentaron hacerlo sin éxito alguno.
Pero la llama del movimiento no se apagó por completo y para ello debemos explicar lo que ocurrió en Guadalajara, ya que su mayor herencia se gestó aquí. Mientras que en la Ciudad de México su herencia se puede palpar más bien en forma de periodistas y comunicadores como Genaro Lozano y Antonio Attolini, en Guadalajara evolucionó a lo que ahora conocemos como Wikipolítica.
Alguna vez llegué a ir a alguna de las conferencias que el movimiento (también llamado Más de 131) organizó en el ITESO y que estaba representado por miembros de las organizaciones civiles y académicos de Guadalajara como la doctora Rossana Reguillo, quien ha tenido un papel muy importante dentro del desarrollo de este movimiento. Ya se notaba una mayor experiencia y articulación dentro este conglomerado ciudadano que estaba evolucionando en nuestra ciudad y, a diferencia de lo que terminó por ocurrir en la Ciudad de México, siempre logró mantener distancia de los partidos políticos y grupos de interés, cosa que puede ser algo difícil dentro de una coyuntura política tan importante como lo es una elección.
Pasaron las elecciones y el trago amargo de ver a una figura como Enrique Peña Nieto, quien a la postre sería el presidente peor evaluado en la era moderna de nuestro país, y el movimiento se difuminó. #YoSoy132, además de su oposición al candidato del PRI, buscaba democratizar los medios dada la concentración en el duopolio televisivo. No fracasaron del todo ya que el desprestigio, en conjunto con la convergencia tecnológica producto del Internet, les ha quitado a las televisoras una gran capacidad de influencia. Pero su gran éxito no estuvo en «lo inmediato», sino en aquello que dejaron sembrado.
#YoSoy132 Guadalajara.
Pasaron tres años para que llegaran las elecciones del 2015 y donde Wikipolítica, heredera natural de #YoSoy132 en Jalisco, haría su aparición. Algunos de los activistas decidieron tomar un camino propio y participan en la política por medio de un puesto público (sobre todo en aquellos relacionados con la movilidad), pero gran parte de los restantes decidieron apoyar un proyecto que al principio se antojaba muy difícil, y ese era llevar a un candidato independiente, Pedro Kumamoto, al Congreso del Estado. Y lo lograron. Si el triunfo de Peña Nieto en 2012 los tenía muy frustrados, el triunfo de su candidato los recompensó. Se ganaron el cariño de la gente y contra todo pronóstico, el candidato independiente le arrebató el distrito 10 al PAN (en el cual nunca había perdido).
Tres años después, Wikipolítica tiene presencia en varios estados de la República, aspiran llegar al Senado de la República (lo cual lograrán con toda seguridad) y su presencia a nivel nacional es creciente. Kumamoto ya es un fenómeno a nivel nacional gracias a campañas como «Sin Voto no hay Dinero» con lo cual se ha ganado a gran parte de los activistas, analistas, académicos e intelectuales de todo el país. Jalisco es la única entidad de toda la República donde los candidatos independientes tienen mayor preferencia sobre todas las coaliciones que contenderán en las elecciones de este año.
2018 será un año muy importante para este movimiento que en sus inicios tuvo que aprender de sus errores y de la falta de experiencia, pero que logró llegar al poder. Si bien es muy sano y deseable que este movimiento también sea objeto de crítica (no son perfectos y considero que tienen algunos puntos criticables), también es cierto que algunos han intentado, con recelo, minimizar o despreciar a este movimiento, sobre todo aquellos que siguen enclavados en las viejas formas de hacer política.
A mi parecer, uno de los atractivos de este movimiento es que tiene que ver más bien poco con la política tradicional ya que no se asumen como aquellos que «les van a resolver los problemas a la gente» sino como aquellos que aspiran involucrar a la gente al proceso. Su trayectoria dentro de la participación ciudadana y a su lejanía de las formas de la política tradicional les permite involucrarse dentro de la política con otra cultura muy diferente y les permite ser capaces de establecer una relación horizontal y recíproca con la ciudadanía, cosa que lograron mantener cuando Kuma estuvo dentro del Congreso del Estado.
Y eso se nota, porque a pesar de ser reconocidos por la sociedad, no se «han mareado». No he conversado con Pedro Kumamoto personalmente, pero en las ocasiones que lo he visto su comportamiento dista muchísimo del de un político tradicional: no busca reflectores, e incluso en muchas ocasiones se sienta atrás en alguna conferencia y pasa desapercibido. Lo mismo puedo decir de Susana Ochoa, quien estuvo encargada de la comunicación y contenderá por la diputación que Kuma dejará para irse al senado y con quien tuve la oportunidad de conversar cuando fui a darle mi firma.
¿Perdurará el movimiento? ¿Cimbrará las estructura políticas de nuestro país? ¿Sucumbirá ante las tentaciones del poder? Eso sólo lo dirá el tiempo, pero lo cierto es que Wikipolítica es un movimiento con mucho potencial y al que no le debemos de dejar de prestar atención, ya que es el resultado de un proceso de maduración ciudadana de varios años.
Ya decía Goebbels que una mentira repetida mil veces se convertía en verdad. Pero tal vez dentro del PRI no se percataron que dicha mentira tiene que sonar creíble. Cuando la mentira queda en evidencia franca, lo que se convierte en verdad no es la propia mentira, sino el argumento de que quien repite la mentira pierde autoridad moral.
Y es que en el PRI han decidido adoptar un discurso triunfalista pensando en que así podrán cambiar la percepción. Creen que si ellos insisten en que su candidato tiene mil atributos, que si va en primer lugar y que si van a ganar todo, entonces va a suceder. Pero ni la más refinada oratoria logra esconder un lenguaje no verbal que dice otra cosa u contradice aquello que se ha dicho.
Aurelio, Aurelio, Aurelio, le dice en su programa el periodista Javier Risco a Aurelio Nuño, coordinador de la campaña de José Antonio Meade, cuando éste decía que su candidato y López Obrador iban empatados.
Para acabarla de amolar, Javier Risco se burló del incidente en su Twitter.
JR: ¿A cuántos puntos están de López Obrador?
Nuño: Estamos empatados
JR: Aurelio … Aurelio …
(no podía decir “no mames” pero se entendió el tono)
Cuando me preguntan sobre la «nueva camada priísta», yo les digo que volteen a ver a Enrique Ochoa Reza y a Aurelio Nuño. La parsimonia priísta tradicional, llena de discursos triunfalistas, de movimiento de manos y de una oratoria excesivamente ensayada ahí está, presente en ellos: es el viejo nuevo PRI.
Uno escucha a hablar a Ochoa Reza, a Aurelio Nuño o a cualquiera de las «voces» de la campaña de Meade y se encuentra con un discurso asombrosamente similar. Tan meticulosamente preparado que llega a verse muy preparado, no deja lugar a la improvisación. Parece que han ensayado mucho su discurso, tienen frases prefabricadas las cuales pueden usar a modo de respuesta ante los cuestionamientos. Si dice esto, tú di esto. A AMLO le dicen simplemente López porque se argumenta que así lo despojan de su aura divina y mesiánica para poder atacarlo de forma más fácil.
Escuchen cualquier discurso suyo y encontrarán las mismas frases: «Meade va a convertir a México en potencia mundial», «José Antonio Meade va a ser el próximo presidente de México porque tiene las mejores propuestas», «Meade va empatado con López», «López es el candidato del no». «cuando a México le va bien, a las familias mexicanas les va mucho mejor». Sobre todo ocurre con Ochoa Reza pero parece ser consigna compartida entre todos los priístas que se presentan con los medios para hablar de las campañas.
¿Y si los ponen en aprietos? Cambian el tema de la conversación, o en su defecto, culpan a otros. Si les preguntan por qué el gobierno de Peña Nieto ha tenido pésimos resultados en materia de inseguridad dicen que es por culpa de los gobiernos del PAN. Se salen por la tangente, y no lo hacen de forma discreta: nosotros somos cuasiperfectos, la culpa de nuestros errores es de los demás, o de un problema de comunicación, o es una campaña que busca desprestigiar al gobierno.
En su discurso no pueden mostrarse humildes ni mucho menos débiles. Nunca ofrecerán disculpas por algún error cometido en los gobiernos de su partido, nunca reconocerán errores y nunca dejarán su discurso triunfalista aunque la realidad, tan evidente, demuestre lo contrario.
El cinismo y el descaro de su discurso es palpable. La mentira, las interpretaciones a modo, abundan. Al tiempo que acusan (como es el caso de Ochoa Reza) a la oposición de comprar encuestas porque no les favorecen (como ocurrió con la de Buendía y Laredo), presentan como verdaderas aquellas publicadas por los diarios fieles al PRI, como ocurre con El Sol de México.
Apelan a la ingenuidad del electorado, piensan que la gente «se va a tragar su discurso». Pero mala noticia para ellos ya que esta postura contrasta con la de su candidato o con la postura que su candidato debería tomar: el candidato ciudadano que busca conciliación y mirar hacia el frente. Ellos creen que están acertando, pero la realidad es que más bien parecen ser un lastre. Basta ver las reacciones de los periodistas, no sólo la de Javier Risco, también la de Carlos Elizondo y la de Federico Reyes Heroles a quienes por momentos se les nota desesperados ya que el discurso del presidente del PRI no encaja con la realidad:
Por más elocuente trate de ser, por más trate de disfrazarlo con la retórica y con el discurso, a Ochoa Reza se le ve tenso. Él sabe que el PRI está lejos de ganar la presidencia y los 9 estados que están en juego (como presume) y está muy cerca de perderlos todos. Si eso sucede muchos lo acusarán como responsable, aunque en realidad él poco puede hacer para contener la oleada de indignación que operará en contra de su partido en las elecciones venideras.
La gente no es tan tonta como ellos pueden pensar. Parece que no asimilan que su partido tiene muchos negativos y que su autoridad moral, de acuerdo con la percepción de gran parte de la población, arrastra por los suelos. Y cuando eso sucede, la fortaleza se termina confundiendo con la arrogancia. Cualquier paso en falso (que vaya, no son pocos) será aprovechado por la gente indignada como acto de catarsis.