Autor: Cerebro

  • Quiúbole con el Pejenomics

    Quiúbole con el Pejenomics

    Quiúbole con el Pejenomics

    El día de ayer 9 de mayo, el equipo de campaña de López Obrador lanzó un documento (o más bien panfleto) llamado Pejenomics. El propósito me parece claro: a raíz de la incertidumbre que su propuesta económica produce y, sobre todo, de los conflictos recientes con las cúpulas empresariales, López Obrador busca crear confianza dentro de la mayoría de los empresarios mexicanos: es decir, los pequeños empresarios que tienen un changarro, una PYME, un startup o una pequeña empresa (a los no tan pequeños ya les mandó a Poncho Romo). El mensaje es claro: López Obrador está a favor de los empresarios y sólo disiente con una minoría rapaz que se hace rica en contubernio con el gobierno.

    Pero el panfleto es terrible. Es demasiado superficial, general, está lleno de estadísticas interpretados a modo e incluso citas erróneas.

    Parecen subestimar al público al que va dirigido, como asumiendo que los pequeños empresarios no van a tener muchos conocimientos de economía y tal vez ni siquiera capacidad de abstracción. Pero no es necesario ser economista (yo no lo soy) para advertir de la superficialidad de este documento que no tiene más validez que un panfleto donde AMLO aclara su posicionamiento ante varios temas (y en algunos casos no lo hace bien).

    El documento inicia diciendo que AMLO sabe que el talento es imprescindible para el desarrollo del país, que casi todos los empresarios son honestos pero que el piso no es parejo para todos, hasta aquí todo bien. Luego cita al IMCO (la organización cuya iniciativa Ley 3 de 3 desdeñó en su libro La Salida). 

    La siguiente página me llama la atención porque utiliza una supuesta cita de Paul Krugman sobre AMLO que fue reinterpretada a conveniencia. En el «Pejonomics» dice:

    «Andrés Manuel […] podría ser un líder efectivo, benéfico para los negocios y con un marcado sentido de justicia social; un gobierno reformista para México.

    Pero la fuente original dice otra cosa distinta:

    «Sé muy poco sobre él»…  Krugman prefirió no aventurarse a realizar una prógnosis del hipotético desempeño de AMLO … ¿AMLO tiene un perfil para convertirse en un nuevo Hugo Chávez? Krugman no lo cree así «Yo creo que si se convierte en presidente sería más como Lula, un líder efectivo, benéfico para los negocios y con un marcado sentido de justicia social. 

    Este pequeño detalle es muy importante ya que Lula ha sido sentenciado penalmente por casos de corrupción por lo cual era importante no hacer ninguna referencia a él. Y así uno se puede encontrar muchos detalles en este documento.

    En la siguiente página insisten en que el proyecto de AMLO no está en contra de la globalización y para eso señala que de 2001 a 2004 el Distrito Federal atrajo el 57.8% de la inversión extranjera de todo el país pero los datos disponibles en el portal del gobierno dice que fue solo el 26% como refiere Patricio Estévez. Luego dice que va a crear fondos mixtos de inversión pública y privada para detonar proyectos de infraestructura y al mismo tiempo dice que hará lo contrario con el NAICM (el nuevo aeropuerto). Peor aún, critica las adjudicaciones directas sin licitación pero él hizo lo mismo con más de dos mil millones de pesos cuando fue Jefe de Gobierno

    En este documento no existe un plan, no hay argumentos técnicos, no hay propuestas concretas ni estimaciones, solo un diagnóstico de medio pelo de la realidad actual y promesas vagas como «no aumentar impuestos ni crear nuevos», crear esto, hacer esto, pero ¡no dice cómo! Dice que no aumentará impuestos pero luego propone poner en marcha 10 sistemas agroalimentarios regionales, crear programas nacionales con metas multianuales de inversión de desarrollo urbano, educación, agua, drenaje y vivienda, alcanzar la soberanía alimentaria, apoyar con capital y deuda a concorcios de PyMES. Y, ¿con qué se hace eso? Sí, con impuestos. ¿De donde los va a sacar entonces? Dice que va acabar con el clientelismo pero no dice cómo. Propone apoyar a jóvenes emprendedores lo cual me parece muy bien pero no dice cómo.

    Este panfleto tiene un muy buen diseño gráfico al grado en que parece que se esmeraron más en el diseño gráfico que en el contenido. Creen que para llegarle a los pequeños empresarios hay que bajarle pero mucho al nivel del discurso al punto en que parecen subestimarlos.  Su documento es tan solo un manual de buenas intenciones que parece haber sido hecho para sus simpatizantes y no para los empresarios. 

    Este documento no genera certeza, no aclara las ambigüedades en materia económica que López Obrador constantemente muestra y en algunos casos crea nuevas. Tan sólo parece limitarse a aclarar que no está en contra de los empresarios, que México no va a ser como Venezuela y que no va a estatizar nada. 

    Pejenomics tan sólo demuestra, una vez más, que López Obrador cojea de la pata económica (a pesar de presumir asesores estudiados en las más prestigiosas universidades del extranjero) que no tiene un proyecto sólido a pesar de llevar 14 años buscando la presidencia, que solo tiene ideas muy generales de lo que quiere hacer y que están poco aterrizadas.

    Pejenomics es eso, un panfleto. Y no creo que un empresario se vaya a conformar con un panfleto para sentirse más tranquilo. 

  • Los empresarios buenos y los empresarios malos

    Los empresarios buenos y los empresarios malos

    Los empresarios buenos y los empresarios malos

    Dentro de un ambiente polarizado y lleno de emociones como el que genera esta elección que está movida mayormente por el encono y el hartazgo, y en menor proporción (pero de todos modos de un tamaño considerable) el miedo a un candidato, podemos correr el riesgo de ignorar muchas de las señales de los fenómenos que tenemos enfrente, de lo que se dice, de lo que se quiso decir. El sesgo de confirmación que a veces abunda en ambos lados de la trinchera no nos permite en muchas ocasiones hacer ese ejercicio que considero necesario para entender las causas y no sólo conocer los efectos superficiales de lo que ocurre en las campañas y con los candidatos. 

    Cuando el conflicto de López Obrador con los empresarios llegó a su punto álgido (y que ahora parece haberse tranquilizado ya que ambas partes parecen haber comprendido que sería una pérdida de tiempo y hasta nocivo tener una confrontación directa a estas alturas del juego) se tomaron dos posturas muy claras: por un lado, aquellos que defendieron a capa y espada a los empresarios, ya que dicen que ellos son los que generan empleos en tanto los políticos son poco menos que parásitos y peor aún cuando hablamos de un López Obrador a quien le gusta la confrontación. Luego están quienes (siguiendo el tono de López Obrador) perciben a algunas estas cúpulas empresariales como una especie de mafia que quiere preservar sus intereses y por lo cual buscan atacar al candidato que promete un cambio.

    El problema es mucho más complejo que eso. Estoy convencido de que López Obrador cometió un error y un acto de poca tolerancia al señalar y lanzarse contra un grupo de los empresarios que no quieren que llegue a la presidencia (deseo legítimo mientras ello se mantenga en terreno legal y no distorsione la voluntad del electorado). No todos los empresarios a los que señaló se han hecho ricos al amparo del gobierno, ese no es el caso de Alejandro Ramírez de Cinépolis cuya familia ha forjado una cadena de salas de cines que tiene presencia hasta en la India. Naturalmente estas declaraciones calaron hondo en las organizaciones empresariales ya que, si bien es cierto que AMLO no se lanzó contra todos los empresarios, puso a algunos dentro de una canasta donde no merecen estar. Naturalmente, declaraciones como esas van a molestar, cuando menos, a quienes han creado sus empresas con el sudor de su frente. 

    Pero más allá de estos errores y arbitrariedades que López Obrador ha cometido, se ha olvidado un argumento en el que el tabasqueño sí acierta y es que dice que se debe independizar el sector empresarial del gobierno. Es decir, que los empresarios creen su riqueza por medio de su trabajo y el talento y no por medio de los privilegios que el gobierno les da. 

    Es importante mencionarlo porque la independencia de ambos sectores (que no implica que no tengan canales de comunicación sino que no se involucren en conflictos de interés) es clave cuando hablamos de la construcción de un Estado de derecho sólido. En una sociedad democrática y justa, una persona sólo puede ser privilegiada por su posición dentro del ámbito en que se desenvuelve. Así, sus beneficios son producto del mérito y no del influyentismo: un gran empresario puede ser millonario producto de su trabajo y esfuerzo, pero no puede hacerlo cuando se entrecruza con otro ámbito que no le compete. 

    El problema es que en México el rentismo (llamado también capitalismo de cuates o crony capitalism) es un problema considerablemente grave y creo que explica en parte los altos índices de desigualdad ya que fomenta una concentración de la riqueza en manos de unos pocos y que no es producto del mérito. Cuando los empresarios tienen privilegios dentro del sector público, estos terminan adquiriendo privilegios dentro de los organismos de justicia (los cuales, en teoría, deberían trabajar igual para todos, sin distingo de clase social o posición socioeconómica) lo cual los puede llevar a cometer ilegalidades ya que quedarán impunes con facilidad. Las afectaciones también se ven dentro del sector económico ya que los empresarios que se enriquecen al amparo del gobierno suelen distorsionar el mercado, y si bien crean empleos, su condición privilegiada evita que surja una competencia tal que podría generar muchos más de los que ellos crean. No sólo se generan menos empleos, sino que los productos y servicios tienden, en muchos casos, a ser de menor calidad. 

    Este es un mal que ha estado enquistado en nuestro país producto del PRI hegemónico donde la relación entre la empresa y el gobierno era más bien estrecha. Cuando se «liberalizó» el mercado muchas de las empresas fueron compradas por los mismos oligarcas y se enriquecieron más. Es decir, la liberalización de la economía no acabó con las estructuras patrimonialistas y clientelares, estas sólo se adaptaron a la nueva realidad. Varios de los empresarios mexicanos que aparecen en listas de Forbes están involucrados en distintos ramos, pero muchos de ellos se caracterizan por innovar más bien poco dentro de sus empresas. 

    Imagen relacionada
    Imagen: The Economist

    López Obrador se equivoca rotundamente al poner a todos los empresarios a los que denunció en una misma canasta. Un estadista no debe involucrarse en peleas absurdas como esa y simplemente debe preocuparse por aplicar el Estado de derecho y parar ese tipo de relaciones nocivas ya que no se trata de una batalla maniquea, sino de problemas estructurales que deben irse modificando con voluntad política y con el apego irrestricto de la ley. López Obrador no puede decidir quienes son los buenos y los malos malos, son los órganos de justicia los que deben determinar quienes están trasgrediendo el Estado de derecho. 

    Las cámaras empresariales, que están compuestas en su mayoría por empresas que se conducen de buena forma, deben también poner de su parte para desincentivar este tipo de prácticas y vigilar que sus miembros las eviten. Deben procurar, dentro del entorno empresarial, una cultura en la cual se fomente al empresario que se desarrolla por medio de su talento y esfuerzo, y desincentivar e incluso señalar a las empresas que hacen negocios turbios, o que se benefician de sus relaciones con el gobierno.

    También es cierto que el modelo económico de Andrés Manuel, orientado a la sustitución de importaciones, parecería más bien fomentar este tipo de relaciones (ya que estas surgieron dentro de un entorno bastante similar), por lo que habríamos que preguntarnos si en la práctica lograría combatir este problema. Pero la animadversión hacia López Obrador que puedan tener muchas personas no debe hacernos olvidar que ese problema existe. López Obrador lo aborda sin proponer una hoja de ruta creíble, pero yo no he visto a los otros candidatos que hablen de ello: hablan de competitividad, de desarrollo económico, pero hablan poco del mal endémico donde algunos empresarios se enriquecen al amparo del gobierno, y se necesita combatir lo segundo para poder lograr lo primero.

  • Tenemos que hablar de Ricardo Alemán, #NoAlPeriodismoSicario

    Tenemos que hablar de Ricardo Alemán, #NoAlPeriodismoSicario

    Tenemos que hablar de Ricardo Alemán, #NoAlPeriodismoSicario

    México es un país que se encuentra polarizado como consecuencia del proceso electoral en el que se encuentra inmerso, en el cual las descalificaciones y los insultos de uno a otro lado abundan. Pero eso no es nada, México ha venido sufriendo, desde hace varios años, una espiral de violencia en la cual diariamente muchas personas pierden la vida, sobre todo como producto de la delincuencia y el narcotráfico. ¡Vaya! no faltan las palabras para decir que nuestro país se encuentra en una posición delicada.

    Por eso es que deberíamos esperar, por parte de los periodistas y líderes de opinión, prudencia ante este entorno agitado, ya que sus palabras resuenan y se multiplican mucho más que las de cualquier usuario de redes sociales. También, como periodistas, deben de sujetarse a una ética profesional por medio de la cual deben de acostumbrar informar o generar opinión dentro de su audiencia y no lo opuesto.

    Ricardo Alemán es un periodista que ha sabido jugar con los límites de esta ética profesional. La fama que le acarrea (positiva o negativa) es producto de ello. Más que ser un periodista, Alemán ha acostumbrado, de forma sistemática, a atacar a un sector de la sociedad que no sólo está compuesto por los simpatizantes de López Obrador, sino básicamente por quienes fungen como opositores del gobierno actual.

    Ciertamente, a Ricardo Alemán le ha funcionado «la fórmula» en un sector, ya que algunos de los simpatizantes lopezobradoristas suelen ser poco tolerantes y tienden a descalificar en vez de debatir y contrastar ideas. Alemán ha tomado una postura igual de visceral que su contraparte y por eso es que puede entusiasmar a ciertas personas que están «hartas» de las descalificaciones que provienen del lopezobradorismo. Pero él es un periodista, no es cualquier usuario de las redes sociales. 

    Alemán no es cualquier tonto, con anterioridad había mostrado que era capaz de hacer análisis bastante decentes, pero en los últimos años se ha decantado por una postura oficialista ramplona, guarra y majadera; podría describirse como un Alex Jones priísta. Últimamente ha tenido intervenciones bastante nefastas, no sólo porque acostumbra a llamar «legión de idiotas» a quienes no piensan como él o son críticos del gobierno actual. Hace pocos días se burló de las manifestaciones que surgieron a raíz del asesinato de los estudiantes del CAAV y que generaron bastante indignación:

    Pero lo que ocurrió ayer (al día en que escribo esta columna) fue la gota que derramó el vaso. A Ricardo Alemán se le ocurrió compartir una publicación en la que se hace apología al delito y sugiere privar de la vida al candidato Andrés Manuel López Obrador. Aunque lo haya publicado en «tono de broma», su actuar es muy irresponsable, inadmisible y hasta peligroso, como mencionó Enrique Krauze. 

    «Les hablan!!!» (dice Ricardo Alemán) junto con la siguiente publicación: «A John Lennon lo mató un fan, a Versace lo mató un fan, a Selena lo mató un fan, a ver a qué hora chairos».

    La reacción en redes sociales fue de una fuerte desaprobación, no sólo entre «sus enemigos» sino entre casi todos los líderes de opinión del país tal vez con excepción de alguno que otro que tiene un perfil similar. Julio Astillero fue uno de los periodistas que le dio más difusión a estas calumnias, pero también fue desacprobado contundentemente por Enrique Krauze y Juan Pardinas quien dijo que en una democracia civilizada, hoy debería ser el último día en la carrera profesional de Ricardo Alemán.

    Pero Ricardo Alemán (quien me bloqueó de Twitter por reclamarle de forma civilizada sus palabras) no reculó. Por el contrario, siguió descalificando y afirmó que Julio Astillero y MORENA habían tergiversado lo que él había querido decir:

    Pero no fue ni Julio Astillero ni MORENA quienes «distorsionaron» su post. Muchos de los líderes de opinión que lo vieron y muchos usuarios que lo vimos llegamos a la misma conclusión: el texto que compartió Ricardo Alemán sugiere privar de la vida a un candidato.

    A pesar de ello Ricardo Alemán siguió insistiendo. Trató de «arreglarle» y ofreció una «disculpa» a medias a quien pudo ofender por hacer lo que realidad sí hizo y que a muchos nos quedó claro. Siguió insistiendo en una conspiración hacia su persona de parte de Julio Astillero y «los chairos» y que quiso advertir de «ese riesgo» aunque no aclara bien cómo, además de que se me hace un absurdo que alguien como Alemán advierta sobre un supuesto riesgo de que un fan «mate» a AMLO.

    https://www.youtube.com/watch?v=kN5l7oQvEUU

    La libertad de expresión tiene límites, y esta frontera se cruza cuando se dice o se pronuncia algo que pueda atentar contra la dignidad o integridad de un tercero. Aquí, los dichos de Alemán van más inclusive más allá de eso. En el contexto que vivimos como país, donde la inseguridad y el encono prevalecen, ese tipo de palabras son muy peligrosas.

    Por eso es que creo que todos los medios que tienen relación alguna con Ricardo Alemán deberían rescindir de su contrato. Una cosa es que un periodista tenga algún sesgo político o una preferencia política, pero aprovechar un espacio para agredir e incluso sugerir un delito debe de ser penado y sancionado severamente por quienes le otorgan estos espacios al periodista, de no serlo podrían ser vistos como una suerte de cómplices al permitir que en sus medios alguien pueda llamar al odio, a la agresión o a la privación de los derechos más elementales. 

    Espero que Milenio y todas estas empresas rescindan de su contrato por el bien del periodismo. En México no podemos darnos el lujo de tener periodistas que sólo abonen al odio y a la agresión. No es lo mismo un periodista polémico y que confronta a uno que pide públicamente atentar contra los derechos de alguien más. Debemos evitar que estos discursos se pronuncian en las elecciones, ya que no es la primera vez que ocurre. Ignacio Taibo II, hace unos días, sugirió que a los «traidores» los fusilaran en el cerro de las campanas. 

    De la misma forma, Twitter pone a su disposición herramientas para denunciar discursos de odio y esa cuenta puede ser reportada. Para hacerlo (no importa que hayas sido bloqueado por él) tienes que seguir los siguientes pasos:

    1. Ve a la cuenta
    2. Reportar
    3. Sus tweets son ofensivos e incitan al odio 
    4. Amenaza con violencia y daño fisico
  • Pejevisa

    Pejevisa

    Pejevisa

    Desde antes del inicio de la campaña había notado que la postura de las televisoras hacia López Obrador distaba de ser muy beligerante, lo que interpreté en su momento como un esfuerzo de la televisora por aparentar ser neutral y así ganar credibilidad. 

    Cuando se habla de poder todo se vale y todo es posible y, por tanto, un análisis sobre éste va mucho más allá sobre la dicotomía de buenos y malos donde Televisa era visto como uno de los enemigos a vencer: la televisora que «pone presidentes». En realidad se trata de algo más complejo y los grupos de poder están dispuestos a realinearse si ello es necesario para sus intereses.  

    Por eso el programa de Tercer Grado donde entrevistaron a López Obrador me ha hecho sospechar que más que procurar cierta neutralidad pareciera una suerte de realineamiento con el que será casi seguramente el nuevo Presidente de la República, o mínimo están protegiendo sus intereses. Lo que vimos ayer fue algo más bien parecido a las entrevistas a modo que Televisa le hacía al entonces candidato Enrique Peña Nieto en 2012. ¿Lo cuestionaron? Sí. Pero lo hicieron de tal forma que lo dejaron lucirse y quedara bien. Casi no lo interrumpieron, dejaban que hablara el tiempo necesario para que pudiera expresar aquello que quería expresar.

    Es cierto, se vio a un López Obrador relativamente más preparado donde se explicó un poco mejor, pero los comentaristas abonaron a que así fuera. No vi a la Denise Maerker incisiva, López Dóriga ni metió las manos, Leo Zuckermann ahí cuando tenía una oportunidad planteaba alguna duda y poco más, Carlos Loret de Mola era prudente en exceso. López Obrador hablaba de Ayotzinapa y a nadie se le ocurría cuestionarlo por el hecho de haber promovido a José Luis Abarca en su momento, y así ocurrió con muchos temas donde los entrevistadores (tal vez de forma deliberada) dejaron pasar oportunidades importantes para cuestionar a AMLO. 

    AMLO venía de un día difícil por los encontronazos que se dio con algunos grupos de empresarios que, al parecer, no quieren ver a AMLO en la silla presidencial. Parecía que volvía el López Obrador de siempre, pero su aparición en Tercer Grado fungió como una suerte de control de daños donde se mostró mesurado, bromeaba, y los «televisos» lo trataban como «el presidenciable». El propio Raymundo Riva Palacio (que fue uno de los entrevistadores) dijo que AMLO se vio más como socialdemócrata que como caudillo.  

    López Obrador tuvo una de sus mejores entrevistas cuando más lo necesitaba. Televisa le dio la oportunidad y le dio el espacio para enmendar los errores que se habrían podido cometer los últimos días. Ya no se habla tanto del pleito con los empresarios, sino del López Obrador moderado que se paró en la otrora enemiga televisora. El mismo candidato presumió la entrevista en las redes sociales y dijo «fueron críticos, pero me dejaron hablar». La entrevista generó indignación en algunos de sus opositores, como su enemigo histórico Felipe Calderón quien calificó la entrevista como una pena y alertó sobre el trato que ahí recibió. 

    Pareciera que Televisa tiene intenciones de alinearse, de alguna u otra forma, con el que sería el próximo régimen lopezobradorista para mantener sus intereses e incluso sus privilegios intactos. Tal vez no sea casualidad que el suegro de Emilio Azcárraga esté en el gabinete de AMLO así como Esteban Moctezuma de Fundación Azteca. 

    Posiblemente esta sea una señal de que el ascenso de López Obrador a la presidencia se esté volviendo algo casi inevitable. 

  • El trágico futuro del PRI

    El trágico futuro del PRI

    El trágico futuro del PRI

    Después de las declaraciones que diera Ricardo Anaya en su participación en la Reunión Plenaria de Consejos Consultivos 2018 de Citibanamex y que se interpretaron como un posible pacto entre el PRI y el Frente, el panista tuvo que salir a afirmar que no haría ningún pacto cupular y en el PRI respondieron con virulencia. Javier Lozano dijo que no podría pactarse el voto útil con «un inútil» al que tachó casi de criminal, Peña y Meade también respondieron que no harían pacto alguno con Ricardo Anaya.

    Aunque desde la izquierda lopezobradorista se ha empezado a utilizar el discurso del PRIAN (porque saben que si ligan de forma exitosa a Anaya con esta idea reducirán aún más sus pocas posibilidades de rebasar a AMLO) en realidad esta alianza, al parecer, no ha pasado de ser algo más que una sugerencia de algunos empresarios que no quieren a López Obrador (que evidentemente saben más de negocios que de cálculos políticos) y que buscan hojas de ruta para evitar que el tabasqueño llegue a la presidencia.

    Que estos grupos empresariales harán su trabajo para evitar el triunfo de AMLO no es un secreto. Las declaraciones de López Obrador, aunque muy imprudentes y con cierto tufo autoritario, no dejan de tener algo de verdad (y técnicamente tienen derecho a reunirse y a tomar una postura en tanto respeten la ley electoral). Muchos analistas concuerdan en que esa reunión se dio, esa reunión en la que algunos empresarios le piden a Anaya bajarle la intención a sus ataques virulentos a Peña (lo que, a mi parecer, sería otro error estratégico ya que el panista debería posicionarse como un adversario del PRI) a la vez que algunos voceros dentro de las campañas de José Antonio Meade y Margarita Zavala han confirmado que los empresarios les han pedido que les cedan votos a Anaya.

    https://www.youtube.com/watch?v=NMvJ_0CreHk

    Pero el juego del PRI es otro muy diferente, ellos están buscando su supervivencia.

    Muchos interpretan el golpeteo que desde la campaña de Meade le están orquestando a López Obrador (incluyendo la supuesta serie sobre Populismo) como una estrategia orquestada del «PRIAN» y la derecha para tumbarlo. En realidad, lo que buscan en el PRI es parar esa hemorragia de priístas que se están pasando a MORENA o de aquellos que piensan votar por López Obrador ya que necesitan que José Antonio Meade pueda agarrar el mayor porcentaje posible en la elección. 

    El PRI necesita, para sobrevivir, que gane el máximo número de escaños posibles en las cámaras y por menos votos sean los que Meade gane (aunque la cantidad pueda diferir en los votos para presidente y legislativos), menos votos serán los que el PRI obtenga para ganar escaños. A sabiendas de que perderán la presidencia y tres estados que gobiernan (Jalisco, Oaxaca y Chiapas, que aunque oficialmente sea del Partido Verde es el PRI quien realmente gobierna ahí) no les queda de otra que mantener lo que se pueda en el Poder Legislativo. En ese sentido, es para ellos un contrasentido que Meade «decline por Anaya» ya que eso afectará de alguna u otra forma el número de escaños a los que pueden aspirar.

    En los mítines, a pesar de sus semblantes cabizbajos, simulan que se encuentran fuertes, que no se van a rajar, que no van a declinar con «el corrupto de Anaya». Intentarán generar la percepción de que son competitivos para rascar el mayor número de votos posible. Harán como que están compitiendo por la grande y que «esto todavía no se acaba». 

    Ellos entendieron que están fuera de la contienda y que su papel es otro, la encuesta de Reforma se los dejó muy claro, por eso removieron a Enrique Ochoa Reza (quitando muchos de los hilos que Peña Nieto tenía sobre la campaña) para colocar a René Juárez (quien tiene un mayor conocimiento de las estructuras). Un pacto con el Frente sólo podría darse a nivel estructuras e incluso eso sería riesgoso, un pacto más abierto o una coalición sería casi un suicidio para el PRI que busca mantenerse vivo. 

  • Los empresarios contra AMLO

    Los empresarios contra AMLO

    Foto: Politify

    Muchos empresarios no quieren a López Obrador y eso no es un secreto.

    Y no lo quieren no tanto porque sientan que sus intereses se vayan a ver trastocados (que seguramente existen algunos casos de quienes no quieren perder sus privilegios) sino porque su programa económico no genera confianza. Al parecer, cuando López Obrador va y habla ante las organizaciones empresariales o los banqueros, deja una mala impresión. A veces lo despiden con un aplauso forzado (como aquella cortesía que se le da al que no cae bien) o incluso puede llegar a generar pánico, sea este sustentado o no. 

    Los empresarios, como cualquier sector de la sociedad, tienen derecho a manifestar su preocupación dentro del marco legal (esto es, acatando las reglas del INE al respecto), aunque, a mi parecer, deberían tener derecho a fijar una postura ante las propuestas de los candidatos ya que es importante que los ciudadanos vean lo que los distintos sectores piensan de ellos. 

    Varias organizaciones civiles y think tanks también ven al candidato con recelo ya que propone un proyecto de gobierno vertical donde sea su voluntad el que haga las transformaciones y donde la ciudadanía organizada (con excepción de aquella acrítica que se haya sumado a su movimiento) no puede estar ahí estorbando. López Obrador lo ha hecho ver de forma tácita en su libro y de forma explícita en sus últimas declaraciones. 

    Los empresarios, que en los últimos años han tenido una relación muy ríspida con el gobierno de Enrique Peña Nieto por la abrumadora corrupción, han sugerido a Meade y a Margarita que declinen por Ricardo Anaya ya que es el único que puede vencer a López Obrador. Hasta hace poco, parecía que este sector había tenido la esperanza de que AMLO cayera en las encuestas, pero eso no ha sucedido así. 

    Preocupa que termine existiendo una confrontación directa entre López Obrador y los empresarios ya que una relación dañada en un contexto donde llegue AMLO al poder en el cual se hayan cerrados todos los canales de diálogo (más recordando la testarudez del tabasqueño) podría tener consecuencias nefastas incluso para el país. El problema es que los empresarios, dentro de la desesperación, están cayendo en los mismos errores que los estrategas de campaña de oposición. No están terminando de entender que una alianza PRI-PAN como sugieren puede generar el efecto adverso ya que el voto antisistema es más grande que el voto antilopezobradorista.  

    Los empresarios y los sectores que guardan profundas diferencias con López Obrador deben tener mucho cuidado, porque un paso en falso podría complicar la situación en un país que poco a poco se ha convertido en una olla de presión y en el que una preocupación genuina podría generar la percepción de que los empresarios pretenden sumarse al sistema corrupto. Sería más preocupante, por ejemplo, que se sugiriera o propusiera alguna ilegalidad con la finalidad de frenar la llegada del tabasqueño a la presidencia. El encono desatado podría meter a un país en un problema muy profundo y solo agravaría la división y el recelo que existe dentro de la población.

    Como insiste Silva-Herzog Márquez en su columna, siempre se debe respetar la legalidad y aceptar la derrota ya que esa es una característica de los demócratas. La voluntad del elector, aunque esta sea un paso en falso, debe respetarse. 

    Los empresarios tienen derecho a estar preocupados, también es muy válido que organizaciones como el IMCO o Mexicanos Contra la Corrupción se sientan así ya que ellos son algunos de los destinatarios de las polémicas declaraciones, pero deben evitar repetir la historia que hemos visto en otras latitudes y terminen fortaleciendo el discurso del tabasqueño. Por el contrario, deben tender puentes de diálogo con el que podría ser el próximo gobierno para tratar de incidir, en la medida de lo posible, en aquellas cosas que les preocupa. Un ambiente de confrontación desde el inicio del gobierno tan sólo reafirmará sus propios miedos e incluso podrá llevar a López Obrador a tomar malas decisiones. 

    Los malos gobiernos no sólo son producto de sus propios errores, sino del papel que juegan los demás actores. 

  • No quieres convencer a los demás, quieres tener la razón

    No quieres convencer a los demás, quieres tener la razón

    No quieres convencer a los demás, quieres tener la razón

    Tatiana Clouthier publicó en su cuenta de Twitter una especie de manual de resistencia para que los seguidores de López Obrador «conviertan» a los suyos al lopezobradorismo. Llama la atención que se sugiera no descalificar a los demás y ridiculizarlos sino empatizar con ellos y explicarles con argumentos por qué «AMLO es la mejor opción». 

    Llama la atención porque ciertamente muchos de los lopezobradoristas no se caracterizan por seguir a pie juntillas lo que ese manual dice; a veces su postura suele ser la contraria, la de la descalificación, la denigración y la ridiculización del oponente. Basta con darse una vuelta en Twitter.

    Pero no sólo un considerable sector de los lopezobradoristas suele ser así, ya que también es una práctica recurrente si hablamos de muchos de sus oponentes, quienes también ridiculizan y denigran a los primeros (el término «chairo» es un gran ejemplo de ello). Muchas veces se quejan de la «intolerancia» de los lopezobradoristas mostrando una actitud asombrosamente similar que a veces hasta la excede. Frases como «chairo güevón intolerante, ya cállate» los exhibe. 

    Lo peor del caso es que muchos piensan que así, con una preocupante indisposición al diálogo, van a lograr persuadir a sus oponentes de votar o dejar de votar por un candidato, como si por medio de insultos fueran a «agarrar la onda». Nada más falso. Su actitud, que es un claro ejemplo de lo que el sesgo de confirmación es, tan sólo abona a crear una cámara de eco donde las personas escuchan lo que quieren escuchar y lo reinterpretan a su manera: si alguien piensa diferente es porque está manipulado, ya sea por la «mafia del poder» o por el mesías tabasqueño. No hay lugar para un pensamiento libre, se cree que el que piensa libre es, coincidentemente, el que piensa como yo, en tanto que el otro es necesariamente un esclavo de sus pasiones.

    Muchos incluso suelen cuestionar la capacidad intelectual de sus oponentes. No dan crédito que alguien esté a favor de cometer el «mismo error que Venezuela» o que los otros piensen en votar por «la corrupción», por los que nos «han chingado tanto». Lo piensan así porque en muchos casos ni siquiera se han sentado a dialogar para comprender cómo llegaron a esas conclusiones. Ante la falta de argumentos sólo resta el uso de los prejuicios y las generalizaciones.

    Yo no creo que alguien debería tener la necesidad de obligarse moralmente a «convertir» a alguien más. El voto es una decisión personal que debe ser producto de una deliberación propia y no de la presión social. Sí, es muy sano y deseable que las diferentes personas debatan y contrasten sus puntos de vista ya que eso les ayudará a tener un voto muy informado, pero eso no es lo que ocurre en la mayoría de los casos (sobre todo en las redes). Lo más común es que la gente quiera imponer su punto de vista a los demás, y aunque digan que su propósito es el del convencimiento, en el fondo quieren tener la razón y reafirmar su postura.

    Su aspiración es llegar con un claro sentimiento de superioridad y reafirmación personal y decir: ¿ves? Te lo dije. Yo tenía razón, tú estabas equivoado, ergo, tú «me la pelas». 

    Entonces, si ambas partes quieren reafirmar su postura, no se puede esperar que lleguen a un punto de común acuerdo ni que se retroalimenten; se trata de vencer al oponente, se trata de un juego de suma cero donde para que uno gane el otro tiene que perder. 

    Así, muchos comparten información de dudosa procedencia, de la cual solo se percatan cuando beneficia al candidato opositor, para defender su punto de vista; el sesgo de confirmación está ahí en su máxima expresión. Investigan para reafirmar su postura. Si la realidad los contradice, entonces es la realidad la que hay que tergiversar reinterpretando, relativizando y deconstruyendo significados. 

    En realidad no van a convencer a ninguna persona y sí van a perder unos cuantos amigos. 

  • La amnistía y la guerra contra el narco

    La amnistía y la guerra contra el narco

    La forma en que operan los cárteles de la droga en nuestro país es muy parecida a la forma en que los regímenes totalitarios (como los nazis y los comunistas) se implantaron dentro de las naciones en las que gobernaron. Estos regímenes aprovechan una condición de vulnerabilidad para establecerse: así como los nazis aprovecharon el declive económico de la República de Weimar a raíz de la crisis de 1929, los cárteles del narco aprovechan las condiciones de vulnerabilidad, pobreza y falta de oportunidades preexistentes dentro de alguna comunidad dada. 

    De la misma forma, la propaganda es crucial. La cultura que el narco promueve es una forma de propaganda, una cultura aspiracional y de status, de dinero, mujeres, camionetas que serían impensables ganar de forma legal y formal. El narco penetra dentro de la vida cotidiana por medio de géneros musicales como la banda (narcocorridos) o el rap, así como otros medios de consumo. Por último, al igual que las dictaduras totalitarias, los cárteles del narco atomizan y destruyen el tejido social e implementan uno nuevo por medio de un régimen del terror, donde todos los que son parte se vigilan a ellos mismos o se delatan ante la más mínima traición que les puede llegar a costar la muerte.

    La llamada guerra contra el narco desatada en los últimos doce años parece haber subestimado la reingeniería social que el narco hace en las comunidades y se ha enfocado mucho en el desmembramiento de los cárteles por la vía coercitiva. Es decir, la guerra contra el narcotráfico ha tenido una visión correctiva pero no preventiva. La Alemania ocupada de la posguerra llevó a cabo un proceso de desnazificación para revertir la influencia que el nazismo tenía en el tejido social, no había bastado con que los aliados vencieran al ejército de Hitler, había que limpiar a Alemania que estaba infectada para evitar su resurgimiento. 

    La propuesta de López Obrador en materia de seguridad tiene muchas lagunas y le falta desarrollo, ello explica que haya dado pie para que sus opositores tergiversaran su propuesta de la amnistía afirmando que va a liberar a los capos (lo cual es falso). Pero si algo ha de reconocerse es que López Obrador ha planteado una alternativa que busca atacar el problema de raíz. La amnistía considera más bien hacerlo con aquellas personas que están en la cárcel porque se han visto forzadas (ya sea por necesidad económica y coerción) a involucrarse en actividades relacionadas con el narcotráfico como la siembra y actividades similares, no considera liberar a los capos ni pactar con ellos. Pero lo interesante, a pesar de su falta de desarrollo como propuesta, es el cambio de enfoque que propone el tabasqueño ya que aborda eso que ha faltado en el combate contra el narcotráfico.

    No sé si las hojas de ruta que se tracen en el caso de López Obrador puedan ser las más acertadas, me parece un tanto evidente que sus asesores están trabajando sobre la marcha en ellas y la buenas intenciones no bastan. Pero el diagnóstico y la propuesta de cambio de perspectiva (que ha quedado relegada en un segundo plano en el contexto electoral) es algo que debe analizarse y tomarse en cuenta. Aunque creo que la estrategia correctiva no debe abandonarse del todo, sino que debería formar parte más bien parte de una estrategia integral que busque atacar el problema de raíz.

    Cuestiones como la excesiva desigualdad y un sistema que no ofrece posibilidades de movilidad social (la capacidad que tiene un individuo de desplazarse a un nivel socioeconómico superior) a aquellos que se encuentran abajo se convierten en caldo de cultivo para que el narco penetre en esas comunidades y las explote en su beneficio. Eso es algo que no se ha combatido posiblemente porque implicaría tocar algunos intereses y cotos de poder. La desigualdad y la falta de oportunidades, más que un problema, son un síntoma de una falla estructural más grande y que es la que debe de atenderse. López Obrador es el único que lo ha detectado, pero habría que debatir con él no argumentos absurdos como si «va a liberar a los capos» sino, por ejemplo, si su intención de revertir la Reforma Educativa pudiera jugar en contra de este objetivo ya que la educación es un pilar clave para crear un país donde haya una mayor movilidad social. 

    Pareciera que sus opositores no quieren entrarle al tema y parecen más bien aspirar a hacer eso mismo que durante 12 años no ha funcionado. Si a 12 años de que la guerra contra el narco inició estamos lamentándonos por el triste asesinato de estudiantes en Guadalajara, entonces es porque algo no ha funcionado en la estrategia. Tal vez sea importante comenzar a hablar del combate a la desigualdad y a la falta de oportunidades, un combate que no se lleve por medio de programas asistencialistas pero sí con una regeneración de las estructuras sociales para que «los de abajo» tengan mayores oportunidades de crecer «hacia arriba» sin tener que recurrir al narco para ello. Tal vez sea importante comenzar a debatir sobre cómo podemos regenerar y fortalecer el tejido social de esas comunidades para que los jóvenes no se vean tentados por la delincuencia y se vean seducidos por la narcopropaganda. Esto debería ser uno de los temas centrales dentro de la elección y sólo López Obrador lo ha abordado a medias y con torpeza.

    Mientras tanto, muchas familias siguen rompiéndose, muchos jóvenes siguen siendo asesinados, los balazos siguen cimbrando el territorio mexicano.