Autor: Cerebro

  • Mi experiencia en la consulta del aeropuerto

    Mi experiencia en la consulta del aeropuerto

    Mi experiencia en la consulta del aeropuerto

    Hoy en la mañana fui a votar por el aeropuerto de Texcoco porque es, con todas sus virtudes y defectos, con todas sus ventajas y problemáticas (que las hay), la opción que a mi parecer más le conviene a nuestro país.

    Sé que con probabilidad AMLO ya eligió la decisión que va a tomar y que la consulta busca legitimarla. Pero aún así quise ir, sobre todo, para conocer el ejercicio. 

    Pero todo el proceso tan solo me confirmó que esta «consulta ciudadana» es una simulación. ¿Por qué?

    Porque no tiene los mecanismos necesarios para garantizar que se respete el voto de los ciudadanos. Ya de por sí la consulta tiene un severo problema de origen que narré en un artículo anterior y que tiene que ver con la metodología y la selección de casillas. 

    Comencemos: a diferencia de lo que dice López Obrador, el voto no es secreto, no hay casilla alguna, votas ahí enfrente de los representantes de casilla quienes ven sin problema por quién votaste, ni siquiera voltean a otro lado cuando tú estás votando y, peor aún, tú puedes ver cómo votan los otros que están al lado de ti. No hay nada que garantice que los representantes no puedan inducir el voto porque solo están esos dos representantes, no hay absolutamente nadie que esté vigilando ese ejercicio. Entiendo que el ejercicio es mucho más austero que una elección organizada por el INE por el presupuesto, pero al menos deberían existir filtros que no existen, ni siquiera que puedas votar en una mesa aparte o en una casilla aunque esté mal hecha e improvisada, no hay nada. Solo son dos representantes que están sentados en una mesa, y una urna, nada más.

    Las boletas no tienen ningún certificado de seguridad. Sí, sé que eso incrementaría el costo del ejercicio. Pero vaya, ni siquiera tienen folio. Pueden ser copiadas en la papelería de la esquina y así seguir siendo consideradas como válidas. 

    Luego, ellos registran en una app tu credencial de elector para que no votes más de una vez. Pero no es algo que esté controlado por ningún organismo autónomo, sino por los mismos organizadores, lo que quiere decir que ellos a su conveniencia podrían dejar votar más de una vez a una persona. Así, MORENA puede llevar acarreados a votar en distintas casillas sin problema porque ellos mismos llevan el registro.

    La tinta indeleble no es indeleble. Bueno, no es tinta indeleble. es tinta de sello. Te dicen, pon tu dedo, pero luego si te vas a lavar las manos este se quita, media hora después de votar ya no tengo tinta en mi dedo. La tinta indeleble hubiera sido un muy buen filtro y que sí ha sido utilizado en consultas ciudadanas de años pasados en las que he participado. 

    En el anverso de la encuesta vienen las ventajas y las desventajas de cada opción que vas a votar, pero me llamó la atención que varias de las desventajas de Santa Lucía son «posibles desventajas»: «posibles impactos negativos en el mercado financiero». Con el de Texcoco las desventajas sí son categóricas. Algunas se sacan de contexto, como el hecho de que el costo del nuevo aeropuerto se está incrementando, pero eso sucede con absolutamente cualquier obra que se construya a varios años porque el costo del material siempre sube. Eso mismo ocurriría con Santa Lucía. 

    Así, así es como se va a hacer política pública en los 6 años que vienen, con consultas que se pueden falsear sin ningún problema.

  • La consulta: mi primer fraude. AMLO

    La consulta: mi primer fraude. AMLO

    La consulta: mi primer fraude. AMLO

    ¿Cómo va a gobernar López Obrador? Su consulta sobre el aeropuerto es un muy buen referente. Todo lo va a consultar (o más bien lo que le convenga consultar), le va a preguntar al pueblo sobre las decisiones importantes.

    Pero en realidad, quien va a tomar las decisiones va a ser él. El voto del pueblo siempre irá en función de lo que él quiere y las consultas estarán creadas con ese propósito. Así, López Obrador buscará legitimar sus decisiones. Él podrá decir que el pueblo fue el que eligió, que el pueblo estuvo de acuerdo con él y, de esa forma, se deslindará de la responsabilidad y del costo político que puedan tomar sus decisiones: ¡a mí no me reclamen, ustedes fueron los que eligieron!

    Las consultas también serán selectivas. Si a López Obrador no le conviene hacer una consulta porque los resultados le serán necesariamente adversos, simplemente no la hará. Las consultas solo le funcionarán siempre y cuando sus resultados puedan empatarse con la decisión que ya haya tomado. Dentro de esta apariencia de «ejercicio democrático» se esconde un instrumento demagógico con el cual AMLO busca congratularse ante el pueblo.

    Dicho esto, la metodología de las consultas no pretenderán representar a la población en su conjunto, sino que estarán diseñadas de tal forma que se pueda garantizar el resultado que López Obrador espera. Esto ha quedado muy claro en la consulta por el aeropuerto y la forma con la que se asignado la ubicación de las casillas. Para comenzar, este artículo ya muestra un fuerte escepticismo hacia la metodología utilizada, la cual, dice Sebastián Garrido, es inconsistente y siembra muchas dudas. 

    Pero basta con «echar una ojeada» a la ubicación de las casillas para percatarnos de las inconsistencias y de la arbitrariedad que hay detrás del método de selección. Llama la atención que dentro de todo el corredor Polanco – Lomas – Interlomas Santa Fe, cuya población es la que suele viajar de forma más frecuente, no habrá una sola casilla. Algo parecido ocurre en Guadalajara (donde evidentemente hay menos casillas por habitante que en CDMX, donde AMLO obtuvo una mayor cantidad de votos) en donde en el corredor Country – Providencia – San Javier – Puerta de Hierro, donde vive la mayor parte de la clase alta de la ciudad, tan solo podemos ubicar una casilla cercana pero cuyo acceso no es fácil ya que se encuentra al otro lado de avenida Patria y esa está ubicada en un barrio popular cerca de la cabecera municipal de Zapopan.

    Fuente: http://mexicodecide.com.mx/urnas-de-consulta/

    Si se le quiere consultar al «pueblo», deberíamos entender como pueblo a todo ciudadano cualquiera que sea su posición económica. Pero lo que estoy viendo es que las personas de clase alta, que son las que más utilizan el avión como transporte, están siendo casi excluidos de esta consulta y se les está obligando a viajar distancias mayores para poder participar. 

    Sesgos como éste no solo se ven dentro de las ciudades, sino también en la selección de municipios. De acuerdo con un ejercicio que hizo el profesor del CIDE Javier Aparicio, la probabilidad de que un municipio participe en la consulta aumenta de forma considerable si en la elección municipal del 2018 ganó MORENA:

    Fuente: https://twitter.com/javieraparicio/status/1054965764694949893

    Es decir, el ejercicio ya está viciado porque parece que se le está dando cierta preferencia a los simpatizantes de López Obrador y a los municipios donde MORENA tiene una mayor capacidad de movilizar gente. De acuerdo a los estudios demoscópicos como el realizado por Consulta Mitofsky o El Universal, una mayoría se inclina por continuar la construcción del aeropuerto de Texcoco. Pero los estudios demoscópicos toman una muestra del universo de la población (lo que debería hacer la consulta ciudadana para establecer la ubicación de las casillas y que no hace), mientras que la metodología de la consulta selecciona la ubicación de forma arbitraria de tal forma que los simpatizantes de AMLO tengan más peso en dicha votación.

    Bien se podría decir que en el estudio demoscópico se le está preguntando a la gente qué opción prefiere y no si va a salir a votar por tal opción (como lo hacen en las encuestas electorales), ya que una consulta no mide la mera preferencia, sino el acto de ir a votar por esa preferencia. Pero en este caso, si los estudios hicieran esa pregunta se verían afectados por el sesgo propio de la consulta, ya que muchas personas que viven en colonias donde no habrá una casilla cercana o quienes viven en municipios donde ni siquiera habrá una casilla probablemente dirán que no acudirán a votar. Lo que refleja el estudio demoscópico es la preferencia de los ciudadanos mexicanos con respecto del aeropuerto con base en una muestra que representa a toda la población.

    Además, en una consulta los organizadores deberían mantener una postura neutral y no deberían incitar a la población a votar por alguna opción. Eso no ha sucedido. Jiménez Espriú está en campaña a favor del aeropuerto de Santa Lucía, mientras que algunos diputados y senadores de MORENA se han mostrado a favor del aeropuerto de Texcoco.  

    No nos hagamos bolas, el propósito último de esta consulta no es dejar que la ciudadanía elija, sino legitimar la decisión que haya tomado el Presidente Electo. La consulta está diseñada para ese propósito, y por más insistan en que nos han presentado los puntos a favor y los puntos en contra, la metodología lo delata. Y no hablar de su innata inconstitucionalidad.

    Y así seguramente ocurrirá durante los próximos seis años, donde López Obrador buscará legitimar sus decisiones a través de consultas aparentemente ciudadanas, dejando recaer la responsabilidad en el pueblo y no en él mismo. 

  • Tu Donald Trump interior

    Tu Donald Trump interior

    Y el discurso de muchos no era uno de apertura, fraternidad o tolerancia, era uno de un nacionalismo ramplón.

    Amigos, dejemos al lado las formas y lo políticamente correcto, dejemos de ser hipócritas y de aparentar algo que, como sociedad, no somos. Nuestra sociedad es, en general, una que comparte muchos de los prejuicios de los que acusa a muchos que conforman eso que llamamos «el vecino del norte». 

    Al menos ellos son honestos y no pretenden ser algo que no son. Al menos ellos no esconden sus prejuicios bajo una capa moralina y correcta.

    No, no somos todos, pero sí son varios, los suficientes como para no tener el permiso de decir que se trata de una excepción a la norma. Los suficientes como para poder dejar pasarlo de largo. 

    Tristeza fue la que me dio al ver a muchas personas adoptar un discurso muy parecido al de Donald Trump a raíz de lo ocurrido con la caravana migrante. Es cierto, no es un tema en el que se pueda opinar a la ligera, es cierto que intentaron entrar al país de forma abrupta y que deben respetar las normas y leyes del país al que van a ingresar, es cierto que al entrar de forma desordenada corren mayores riesgos de ser víctima de la violencia del narco o la trata de personas, es cierto que ellos se encuentran desesperados por buscar una mejor vida, es cierto que existe una crisis humanitaria de la cual ellos están huyendo. Es válido tener diferencias al respecto, pero por favor, otra cosa son esas declaraciones de muchos que iban desde «a ver, si tan consciente eres adopta uno en tu casa» al «hay que construir un muro para que no pasen».

    Tristeza fue la que me dio porque entonces para muchos el problema con Trump era mero nacionalismo, era subirse al mame: ¡No nos chingues pero nosotros sí podemos chingar! El problema para esos muchos era un tema de egos, de ¡no te metas con México! Era algo más parecido a un partido de futbol entre México y Estados Unidos y no producto de de alguna genuina preocupación con motivos humanistas. 

    Tristeza fue la que me dio al ver que muchos de nuestros connacionales buscan conmiseración cuando nuestro país está en posición de víctima, ¡que todos conozcan a Trump el abusador! ¡Que las organizaciones supranacionales intervengan! ¡Que ojalá «le hagan impeachment» y lo saquen a patadas! Pero cuando nosotros estamos en una posición de privilegio donde las víctimas son los otros entonces podemos ser igual o más crueles que los propios gringos. 

    No es un caso aislado, muchos de los mexicanos suelen ser crueles con los migrantes y suelen ver de forma despectiva a las personas de Centroamérica como si fueran inferiores a nosotros. No es raro ver que alguien coloque alguna manta donde soliciten que los migrantes no se queden en su colonia y algunos ejercen presión para que no se construya un albergue de migrantes por su colonia porque la pueden ensuciar y volver más insegura. Todo esto a pesar de que los migrantes que están de paso en nuestro país suelen ser pacíficos. Vaya, por algún tiempo abundaron por mi colonia porque ésta se encuentra cerca de las vías del tren, estaban ahí dormidos en la pista donde salgo a correr y nunca causaron ningún problema, absolutamente ninguno. Por el contrario, eran gente respetuosa que incluso eran respetuosos con el lugar donde se encontraban.

    Muchos de los otrora anti Trump ahora nos alertan porque los hondureños van a llegar a quitarnos nuestros trabajos, que son de la Mara Salvatrucha, que son criminales, asesinos ¿dónde escuchamos eso? 

    Hipocresía pura y dura.

    Quitémonos esa pretensión de ser moralmente superiores por el simple hecho de ser generalmente las víctimas y no los victimarios. Porque cuando nos toca ser victimarios somos muy crueles. 

    Nosotros tenemos más moral que los gringos para hablar de migración. Nosotros la tenemos doble.

  • El niño de López Obrador

    El niño de López Obrador

    ¿Hasta donde es ético y moralmente aceptable criticar a una persona?

    Si alguien ha sido objeto de fuertes críticas en estas últimas semanas es el hijo de López Obrador.

    ¿Puede ser el hijo de un Presidente, por su corta edad, objeto de críticas y burlas? ¿Puede serlo aún cuando éste no haya hecho o dicho nada que pueda molestar a los gobernados? 

    Las críticas no tienen que ver con su dudoso comportamiento, ni mucho menos recuerdo que le haya dicho «esa prole» a los críticos ni que haya respondido críticamente a los que critican (criticamos) las decisiones de su señor padre. Las críticas tienen que ver con su aspecto físico o el color de su pelo.

    Las críticas que se vertieron sobre Paulina Peña y la familia Peña Nieto tenían que ver con actos que indignaban a la población. Declaraciones despectivas, comportamientos arrogantes o lujos excesivos son los que motivaban las críticas. Y estoy consciente de que algunas de esas críticas eran demasiado duras y viscerales. 

    Pero ¿es válido burlarse de un niño quien, por cierto, parece representar lo opuesto de lo que representaba la familia Peña Nieto? Un niño quien no se caracteriza por derrochar elegancia y para el cual la imagen personal no tiene importancia, que se ve desaliñado, que se pinta el pelo a veces de amarillo o a veces de otro color, que tiene algo de sobrepeso. Vaya, como cualquier niño de clase media no muy acomodad de nuestro país. 

    Es cierto que criticar a quienes ostentan el poder es algo sano, a veces funciona como catarsis y ayuda a humanizar a quienes en otros tiempos la gente veía como autoridades superiores a quienes se tenían que respetar a pesar de que fueran corruptos o abusivos. Pero ¿acaso Jesús Ernesto ha utilizado la posición de poder de su padre para llevar a cabo actos o afirmaciones que pueda molestar o indignar a la gente?

    Si no ha sido así, porque hasta el día que escribo esto eso no ha ocurrido ¿de todos modos no importa si estas burlas directas hacia su persona o su apariencia puedan afectar su psique? ¿Es válido burlarse de él de una forma en la que no nos burlaríamos de otros niños tan solo por ser el hijo de un Presidente (electo) con el que no simpatizamos? ¿Es justo que él pague los platos rotos por las incongruencias de su padre y vea, cuando entra a las redes sociales, memes, burlas o insultos hacia su persona, insultos que pueden traducirse en bullying no solo en redes sino en su escuela? ¿Por qué la integridad de un niño tiene que importar menos por el hecho de ser hijo de un Presidente?

    Tanto tuiteros, usuarios de redes sociales y hasta algunos de esos periodistas deberían molestarse, aunque sea un poco, en contestar estas preguntas en vez de dejar llevarse por lo cómodo y lo cotidiano.

     

  • Activistas al gobierno

    Activistas al gobierno

    Hace diez años o poco más, surgió en Guadalajara una ola de participación ciudadana que poco a poco comenzó a incidir en lo público. Temas como movilidad, combate a la corrupción y muchos otros se pusieron sobre la mesa y entraron a discusión gracias a la presión y a la labor de este activismo por parte de jóvenes que comenzaron a conocer ese mundo desde la universidad. 

    Poco a poco, este activismo comenzó a influir en las estructuras sociales y públicas con el objetivo, sobre todo, de convertir a la capital de Jalisco en una ciudad donde se pudiera vivir de mejor forma. El resultado de su chamba se puede ver en la cotidianeidad de la ciudad.  Las ciclovías, la Vía Recreactiva, e incluso los puentes que el propio gobierno establece con la sociedad civil como las glosas ciudadanas que ha organizado. La participación ciudadana ha influido en una ciudad otrora conservadora, que junto con un creciente crecimiento de las industrias creativas y tecnológicas, ha cambiado el semblante de la ciudad de una más tradicionalista a otra más bien horizontal donde las ideas, la creatividad y la innovación confluyen.

    Pero así como hemos visto el crecimiento del activismo y la sociedad civil, también hemos testigos de que, de forma progresiva, algunos de los miembros que la conforman terminan formando parte del servicio público. Y ante esto, surge cierto recelo.

    Es entendible, ya que una de las formas de operar que tuvo el régimen del partido único, sobre todo después de la matanza del 68, fue la absorción de líderes sociales dentro del gobierno para así neutralizar las amenazas que las sociedad civil representaba. 

    Pero también es cierto que ya no estamos en 1968, también es cierto que la realidad del México de ese entonces era distinta a la realidad del México actual. En realidad, la decisión de involucrarse en el servicio público (el gobierno) ya poco tiene que ver con la intención de desarticular a la sociedad civil sino con la inclusión de perfiles que se creen podrían desempeñarse de buena forma. Y es que una de las ventajas del perfil del activista es la especialización en la causa social que defiende. Si un gobierno está interesado en mejorar la movilidad de la ciudad, sabe que si dentro del activismo existen perfiles destacados, habrá una motivación para invitarlos a ser parte de su equipo.

    ¿Y tiene eso algo de criticable, que un activista decida «entrarle»? Lo criticable en todo caso sería no el hecho en sí, sino las motivaciones para decidir entrar al gobierno. Sería criticable, desde mi punto de vista, que alguien tan solo haya utilizado al activismo de aparador con el propósito de entrar al servicio público; sería criticable si el acto de entrar al gobierno representara una incongruencia: por ejemplo, que alguien que deteste al PRI y denuncie su corrupción deje seducirse ante la primera oferta y termine emulando las prácticas que criticaba. 

    Pero en realidad, que un activista entre al servicio público en sí no tiene nada de malo. En muchos casos puede terminar siendo algo muy benéfico.

    Decía yo que los perfiles ciudadanos (por llamarlos de alguna forma) generalmente suelen especializarse en aquello que defienden o saben hacer. Quienes han estado involucrados en movilidad lo han estado porque el tema les apasiona. Por eso mismo suelen especializarse, leen mucho sobre el tema y, en algunos casos, hasta toman diplomados, especialidades o posgrados en el tema. Una de las ventajas es que, evidentemente, al estar dentro de gobierno se tiene más margen de maniobra para incidir, ya que tienen más recursos a la mano para llevar a cabo los cambios que desean.

    Los perfiles ciudadanos también pueden ser muy útiles en aras de renovar la política. Estos, a diferencia del político de carrera, no crecieron bajo los antiguos paradigmas y podrían ayudar a crear una política más horizontal y programática, más alejada del corporativismo y el asistencialismo que tanto ha caracterizado a la política de nuestro país. 

    Evidentemente el activismo y el gobierno son plataformas muy distintas para incidir en lo público. La limitante del primero suelen ser los recursos y en el caso del segundo el problema principal tiene que ver con el poder. Al entrar al gobierno, el otrora activista se dará cuenta que la dinámica es diferente a la que conocía, que el poder es la moneda de cambio dentro del servicio público y que requerirá algo de éste para poder impulsar esa agenda que impulsaba desde la ciudadanía. Tendrá que saber conciliar, dialogar con los distintos actores de una forma en que tal vez nunca lo había hecho, saber llegar a acuerdos y, en algunos casos, ceder con el fin de lograr su objetivo. Todo esto le requerirá el desarrollo de otras habilidades y pasar por una curva de aprendizaje. 

    Dicen que el poder no corrompe a la gente, sino que la muestra tal cual es. Si un activista se corrompe al entrar al servicio público es porque posiblemente desde antes no tenía las mejores intenciones o que su sistema de valores ya era lo suficientemente endeble. Creo que la inclusión de algunos activistas dentro del servicio público puede ser una buena noticia dentro de un sistema político que ha sido más bien muy cerrado y hermético, pero de la misma forma es deseable que la cultura de la participación ciudadana siga creciendo. Si la participación ciudadana sigue creciendo como entidad independiente del gobierno y si algunos de sus miembros se involucran de forma progresiva, posiblemente logremos ver una transformación de la política más horizontal, donde los ciudadanos estén acostumbrados a rendir cuentas a sus políticos y éstos, al haber estado en el otro lado de la cancha, entiendan de mejor forma esta dinámica y tengan una mayor facilidad para tender puentes entre gobernantes y gobernados. 

  • Made in Mexico. Ay Netflix

    Made in Mexico. Ay Netflix

    Made in Mexico. Ay Netflix

    Con la llegada de Netflix pensé que habría una oportunidad para salir de la caja y romper paradigmas en cuanto a producciones mexicanas de contenidos se refiere. Pensé que sería una buena herramienta para emanciparnos de las frivolidades de Televisa y para que los productores tuvieran más libertad creativa. Si en esa plataforma hay buenas series de países como Estados Unidos o España ¿por qué no ocurriría lo mismo con México?

    La realidad es que, a diferencia de lo que pensé, parece que los ejecutivos de Netflix quisieron irse a la segura con nuestro país y tan solo emular los contenidos que ya se producían en lo más mainstream del cine y la televisión mexicana porque ello les aseguraría el retorno de la inversión. Parece que quisieron sujetarse a lo que los estudios de mercado les decía, lo cual no siempre es una buena idea porque la creación de contenidos con base en «la opinión de la gente» terminan estandarizándose irremediablemente, algo como lo que pasa en la música pop donde la música suena cada vez más parecida entre sí.  

    Tenemos series como Club de Cuervos que si bien no es mala sí, en muchos sentidos parece un refrito de Nosotros los Nobles. La serie de Luis Miguel fue un hitazo por el personaje y por puntadas como el personaje de Luisito Rey, pero el formato no se logra emancipar del todo de la telenovela mexicana; lo mismo ocurre con La Casa de las Flores. Ingobernable es terrible, ni que decir de las narcoseries. Se entiende que dentro del catálogo de series presenten algunas con estos formatos, pero habría esperado que hubiera alguna más arriesgada, que rompiera el molde. 

    En cambio nos han entregado una serie infame como Made in México. Un reality show que puede resultar chocante porque consiste en la vida de un sector de la élite mexicana que está dispuesta y entusiasmada de salir a cuadro para hacer show off y mostrarnos su ostentosa y exclusiva vida. Es decir, no representa siquiera a toda la élite (ni siquiera están en la cima de la pirámide de dicha élite) sino a los que más están motivados a presumir su condición de élite, unos «riquillos aspiracionales de Polanco». 

    El modelo de negocio de la serie es claro, hay que causar polémica para generar morbo y así hacer que la gente venga a ver la serie. Pero en ese modelo de negocio se expone como una generalidad a un pequeño sector de nuestro país que vive en una burbuja social, que pocas veces o si es que ninguna estarán dispuestos a poner un pie fuera del corredor Santa Fe – Polanco – Las Lomas. La serie Made in México muestra allá afuera de México una versión de nuestro país que si bien no es irreal dado que las personas que participan en él son reales, está lejos de representar la realidad de éste. Vaya, ni siquiera representan a las élites en su totalidad, sino más bien a su peor parte. 

    Es chocante el uso abusivo y extenuante de anglicismos en las conversaciones de los personajes, al grado que empiezan a denotar como cierto desprecio hacia lo latino o lo mexicano, como si fuéramos un país de segunda. Es evidente que, a pesar de ser parte de las élites mexicanas, tienen un profundo desconocimiento de lo que ocurre fuera de su burbuja. Sería injusto hacer juicios de valor sobre las personas que aparecen en la serie porque son personas que crecieron en dicho entorno y que es producto de las rígidas estructuras sociales de nuestro país. Podemos ver, sí, que con sus evidentes limitaciones producto de su entorno donde no conocen ese México que no es parte de su círculo, pueden ser capaces de solidarizarse como ocurrió con el terremoto, pero también podemos ver que lo que transmiten es la idea de que las élites en nuestro país son bastante mediocres. No es que sean buenas o malas personas, el problema son las estructuras sociales de nuestro país que genera el surgimiento de una élite tan alienada de su entorno.

    Como había comentado en este espacio hace ya tiempo, las élites son una condición natural de nuestra especie (incluso se manifiestan en los países comunistas) y no son algo indeseable. Siempre habrá una élite económica, cultural, intelectual y política porque, apelando al Principio de Pareto, unos pocos siempre destacan sobre unos muchos. El problema es la calidad de las élites y la realidad es que las nuestras son bastante mediocres producto, en parte, de privilegios ganados no tanto por su gran desempeño en su ámbito sino por la ausencia de instituciones sólidas y la corrupción e incluso la división de castas. La serie muestra no solo a esa élite que navega en la medianía y la mediocridad, sino lo más extravagante y exhibicionista de ella. 

    Espero que en Netflix dejen de tomar una postura conservadora y especializada en reciclar lo que ya existe para ir a lo seguro. No estoy diciendo que hagan cine de arte o de nicho, dentro de lo mainstream se pueden hacer cosas mucho mejores que las que nos han enseñado en nuestro país. Es cierto, es su negocio y tienen derecho a manejarlo como sea, pero cuando se trata de cine y entretenimiento, a la gente le gusta que la saquen de la caja, que le propongan algo nuevo, y eso es algo que no puedes medir con estudios de opinión. Ya lo han hecho en otros lares ¿por qué no lo hacen en nuestro país?

  • Lupita Jones no hizo nada malo

    Lupita Jones no hizo nada malo

    Lupita Jones no hizo nada malo

    Como todos saben, una transgénero de nombre Itzel Aidana Ávila Monreal se decidió quitar la vida después de que Lupita Jones hiciera una declaración donde decía que no estaba de acuerdo con que las transgénero participaran en el concurso de Miss Universo ya que si bien se identifican como mujeres, biológicamente no lo son y eso hace que la competencia no se dé en igualdad de circunstancias. Esto a raíz de la participación de la transgénero Ángela Ponce en Miss Universo.

    A raíz de eso, muchas personas salieron a responsabilizar a Lupita Jones por el suicidio de Itzel. Como Itzel se suicidó y lo que motivó a Itzel a suicidarse fueron las declaraciones de Lupita Jones, entonces Lupita es culpable del suicidio. Es un silogismo que no se sigue porque la conclusión no puede derivarse de sus premisas. 

    Se puede estar de acuerdo o no con la postura de Lupita Jones y puede criticarse el argumento bajo el mismo derecho a la libertad de expresión al que tuvo Lupita Jones para dar su opinión sobre la participación de los trans en Miss Universo. Todo individuo tiene el derecho a utilizar su libertad de expresión en tanto ésta no se use con el fin de agraviar o afectar la integridad de terceras personas. 

    El argumento de Lupita Jones no buscó agraviar a las transgénero. Ella dio a entender que se podía dar una situación de inequidad ya que el cuerpo de una mujer transgénero y una cuyo género corresponde a su sexo son biológicamente diferentes. Desconozco bien todo lo que hay detrás de una competencia de Miss Universo, que dichas diferencias biológicas puedan afectar la alimentación (que es muy importante en estas competencias) o el ejercicio para mantener el cuerpo esbelto, por poner un ejemplo ¿es razón suficiente? No lo sé, pero vale señalarlo para entender que la intención de Lupita Jones no fue de discriminar. Alguna persona me argumentó que Lupita podría tener una aversión «escondida» a los transgénero. Pero en caso de que ésta existiera, Lupita, al ser inconsciente de ello, no tiene la finalidad de agredir a nadie y, en este entendido, tiene el derecho a externar su opinión, la cual desde luego puede ser criticada o rebatida. 

    Lupita jamás hizo un juicio de valor sobre los transgénero. Ella dice que una mujer transgénero no es una mujer biológica y ello es completamente cierto. Una persona transgénero, independientemente de su libertad a identificarse con x o y género, tendría que saber su cuál es su sexo biológico si no quiere meterse en graves problemas, porque este es indispensable para cuando vaya con el doctor o para entender el comportamiento de su cuerpo (si puede o no embarazarse). El sexo biológico no se puede modificar en tanto que es algo que está determinado en la genética y que no puede ser modificado con la tecnología actual a través de alguna operación. 

    Si bien podemos entender que muchas personas transgénero se sienten excluidas o estigmatizadas y eso influye en su psicología, decir que Lupita Jones es la causante del suicido de Itzel es infantilizar a la propia Itzel y negar su libre albedrío. Si Itzel se suicidó es porque ella decidió suicidarse. Lupita no pudo ser culpable del suicidio de Itzel porque, primero, no conoce a Itzel; segundo, porque Lupita nunca tuvo la intención de discriminar a los transgénero u tercero, porque Lupita nunca se imaginó que sus palabras pudieran tener esas repercusiones (ninguno de nosotros lo hubiéramos imaginado). 

    Cierto, los transgénero no deben de ser discriminados ni estigmatizados, pero no podemos llevar la corrección política a estos niveles donde el individuo ya tiene que pensársela dos veces antes de decir cualquier cosa aunque ello no tenga una intención de discriminar. Ese exceso de corrección política es el que, como comenté en mi artículo anterior, ha dado pie al surgimiento de un contradiscurso que sí es abiertamente misógino, racista y homófobo, el cual vemos en figuras políticas como Bolsonaro o Donald Trump.

    Y todo esto, independientemente de que esperaría que este tipo de concursos desapareciera del mapa por su frivolidad. 

  • Jair Bolsonaro y la corrección política

    Jair Bolsonaro y la corrección política

    Jair Bolsonaro y la corrección política

    Varios están sorprendidos por el contundente triunfo de Bolsonaro en Brasil en la primera vuelta presidencial. ¿Cómo es que un personaje que arremete abiertamente contra los homosexuales y los negros en pleno siglo XXI gana una elección? Pero en esa sorpresa se refleja la poca capacidad que tienen para entender por qué han surgido este tipo de liderazgos. Si entendieran el contexto no se sorprenderían, y si lo entendieran posiblemente podrían haber «hecho algo más» para evitar que estas figuras estén tomando el poder en detrimento del «buenaondismo» progresista cuyas batallas culturales de los últimos años parecieran haber servido más para polarizar la política y dar pretextos a la extrema derecha que para generar mayor equidad de género y aceptación hacia los gays.

    Las razones por las que Bolsonaro ha tomado mucha fuerza no son exactamente las mismas que explican el triunfo de Donald Trump, el triunfo de este último tiene que ver con la automatización de varios empleos (era culpa de los robots, no de los mexicanos) y de los liberales que, al estar tan concentrados en las identity politics, se olvidaron de «los de abajo» que fueron seducidos por el discurso de Trump. En Brasil tiene que ver más bien con el fracaso de la era Lula que durante años había generado la ilusión de un Brasil que progresaba, que comenzaba a volverse importante en el concierto de las naciones y que terminó sumido en escándalos de corrupción y crisis económicas. 

    Los líderes fuertes o los «hombres alfa» como los llamó Carlos Yárnoz de El País, se vuelven atractivos en un entorno donde el pueblo se siente desesperado por su situación. No es que la mayoría de los brasileños sean unos «sucios homofóbicos», al igual que muchos de los votantes de Trump no eran necesariamente misóginos ni sexistas y eso no fue lo que les motivó a votar por Trump. Posiblemente varios de ellos no estén muy de acuerdo con las declaraciones de Bolsonaro, más bien lo que les atrae es lo que dichas posturas reflejan: un hombre que está dispuesto a rebelarse contra lo políticamente correcto y contra los estándares es un hombre que tendría la capacidad de hacer algo más de lo que el político normal hace. Así esperan una mano dura y firme para manejar los problemas económicos y sociales que tanto les aquejan.

    «Sería incapaz de amar un hijo homosexual. No voy a ser hipócrita aquí. Prefiero que un hijo mío muera en un accidente a que aparezca con un bigotudo por ahí» – Jair Bolsonaro

    El progresismo buena onda ha empoderado de forma indirecta a estos líderes. Al enfocarse demasiado en la corrección del lenguaje y de lo que se puede o no decir (en ocasiones llegando al extremo de encontrar resquicios de discriminación donde nunca los hubo), oponerse a ello y de forma visceral y contestataria se convirtió en una forma atractiva de rebeldía. Lo vemos en las mismas redes sociales donde muchas personas se han dado a la tarea de pronunciar discursos abiertamente sexistas o discriminatorios porque sienten que se están rebelando contra algo, como si fueran una especie de hippies reaccionarios.  Así como en décadas anteriores se volvió atractivo rebelarse contra la corrección política de los conservadores (no digas groserías, guarda las formas, respeta a la autoridad y no hables mal de ella) ahora parece suceder lo opuesto en un mundo donde debes tener mucho cuidado con tus palabras porque ellas pueden discriminar (aunque no sea tu intención y aunque en realidad no lo estés haciendo). 

    Estos líderes autoritarios saben lucrar muy bien con esta rebeldía. Así como el hippie o el joven universitario le gritaba consignas al gobierno y se burlaba de la autoridad, estos líderes se suben al estrado para arremeter contra las minorías que habían encontrado un resguardo y protección dentro del progresismo que poco a poco se ha convertido en una suerte de status quo

    Los negros no hacen nada, creo que ni como reproductores sirven más – Jair Bolsonaro.

    Los progresistas deberán ser críticos con ellos mismos y determinar si, en estos últimos años, sus batallas han logrado sociedades realmente equitativas y tolerantes o si por el contrario han alienado a un sector de la sociedad que ha visto en la corrección política un pretexto para rebelarse contra algo. En vez de «convencer a los indecisos que se encuentran en el centro que es lo que las causas sociales exitosas han logrado» parece que solo han logrado crear una creciente y preocupante polarización entre izquierdas y derechas, donde la izquierda se atrinchera cada vez más en la corrección del lenguaje y sobredimensionar la opresión en tanto que la derecha se da más permiso de hacer pronunciamientos cada vez más sexistas y discriminatorios de tal forma en que se han roto ya los puentes de diálogo entre ambas posturas.

    La palabra feminazi se ha popularizado enormemente en los últimos años, ya que muchas personas, ante la excesiva corrección política, han encontrado en el sexismo una postura contestataria. Fuente: Google Trends. 

    La culpa no es solo del progresismo y todo esto que acabo de decir no explica toda la historia, tal vez ni siquiera su mayor parte. La incapacidad de quienes creemos en la democracias para solucionar los problemas sociales y políticos en medio de un entorno globalizado y muy cambiante explica mucho el surgimiento de los líderes autoritarios. Pero el punto al que quiero llegar es que los progresistas deberían ser más críticos consigo mismos y con sus planteamientos ya que la excesiva corrección política ha sido un pretexto para que líderes como Bolsonaro, Duterte y Trump se legitimen y ganen fuerza por medio de discursos muy políticamente incorrectos.