Autor: Cerebro

  • AMLO: Tan cerca de la austeridad, tan lejos de Venezuela

    AMLO: Tan cerca de la austeridad, tan lejos de Venezuela

    Imagen: Publimetro

    Malas noticias para quienes desean con todo su corazón que México se convierta en Venezuela. Después de varios tropiezos, errores y decisiones que a mi juicio son absurdas, AMLO ha tenido una muy buena semana. 

    Y todo tiene que ver con su equipo económico, del que creo que es la parte más destacable de su gabinete. Y que tenga un buen equipo económico también son buenas noticias (con excepto, sí, de los que les urge que AMLO pacte con Maduro para que nos suma en la pobreza).

    El simple hecho de que AMLO esté escuchando a los moderados y a los sensatos, más que a los radicales, es, en materia económica, algo que debería de tranquilizarnos un poco después de todos los errores y desplantes que tanta incertidumbre han causado.

    El aumento al salario mínimo es, a mi parecer, un gran acierto. Éste aumentó de forma mesurada con lo que se asume que no causará inflación, pero es lo suficientemente grande para que cualquier mexicano que esté dentro de la formalidad se encuentre por encima de la línea de bienestar. Los más ortodoxos tal vez vean con escepticismo esta medida, pero parece que está lo suficientemente diseñada como para que los empresarios vean,  apoyen y promuevan este aumento.  Incluso Juan Pablo Castañón, director del Consejo Coordinador Empresarial, estuvo presente en la conferencia en la que se hizo el anuncio. 

    El otro acierto tiene que ver con el presupuesto del 2019. No está exento de críticas pero logra su cometido: es fiscal y macroeconómicamente responsable.  Algunas de las críticas (que dábamos por hecho porque no esperaba otra cosa) que le haría tienen que ver con algunas de las asignaciones presupuestales. Por ejemplo, el que quiera construir una refinería, que reduzca el presupuesto del Conacyt (y se otorguen menos becas para estudiantes), o que haga recortes presupuestales a las universidades públicas y a Cultura (aunque también es cierto que en estos últimos casos, muchos de los recursos se van a burocracia o a proyectos culturales inútiles). No me termina de gustar mucho de la visión de AMLO sobre la política y no está ausente de demagogia, pero al menos podemos estar tranquilos porque, al menos este primer año, vamos a tener un gobierno austero que sea respetuoso de los equilibrios macroeconómicos. 

    Que señale estos aciertos no excluye, desde luego, muchos de los errores y despropósitos que siguen ahí. Ya no solo el caso de la refinería, sino el del aeropuerto de Texcoco cuya cancelación, decisión de la que AMLO no quiere desligarse por el costo político que le podría acarrear, se vuelve cada vez más costosa. 

    Pero al menos no ocurrió algo que algunos temíamos dada la improvisación que veíamos en este gobierno: que tuviéramos un presupuesto improvisado y mal hecho que pudiera dar pie a generar distorsiones económicas. Eso no pasó: el presupuesto, con sus aristas, fue bien visto en general por el sector empresarial. 

    Algunos criticamos que AMLO sea muy reacio a los contrapesos, pero al menos se molesta a escuchar a su equipo económico y eso es muy bueno. Espero que su gobierno se trate de una izquierda que haya aprendido la lección de todos los errores que hemos visto una y otra vez en el cono sur de nuestro continente. 

  • La Revolución Francesa y el lenguaje inclusivo

    La Revolución Francesa y el lenguaje inclusivo

    Históricamente, Francia ha sido un país muy liberal, uno de los más dispuestos a realizar experimentos o innovaciones sociales y a socavar el orden existente con ese fin. De dichos experimentos resultó la República que posteriormente fue adoptada por gran parte de los países de Occidente, entre ellos México. 

    Si bien, las agendas de izquierda actuales como el feminismo o los colectivos LGBT no son causas meramente francesas, sí tienen una fuerte influencia de los filósofos de aquel país, en especial los postestructuralistas como Derrida, Foucault o Deleuze que hacían mucho hincapié en el lenguaje. Estos izquierdistas comparten, de una u otra manera, ese ímpetu de socavar el orden y las estructuras existentes para plantear otras de las que argumentan generarán una sociedad más equitativa en materia de género y las minorías que, hasta hace poco, eran abiertamente rechazadas. 

    Pero algo que me llama la atención de esta «izquierda posmoderna» es que asumen que cualquier cambio, por el simple hecho de estar suscrito a una causa social, podrá realizarse de forma exitosa sin que importe tanto la practicidad de los cambios que proponen, desde agregar más letras a las siglas «LGBT» para incluir a todas las orientaciones sexuales hasta plantear una gran cantidad de géneros en reemplazo del género binario que siempre hemos utilizado y que más bien puede causar mucha confusión.

    Pero la practicidad importa, y mucho. Aquello que es más práctico tiene más posibilidades de ser asimilado por la sociedad que aquello que no lo es. Y para muestra basta remitirnos a la propia Revolución Francesa:

    Como parte del espíritu revolucionario que pretendía tumbar un sistema medieval, monárquico y basado en el linaje para pasar a una República basada en las libertades, se propuso un nuevo calendario y un sistema métrico que reflejaban ese nuevo espíritu ilustrado.

    El calendario sustituiría los meses de cuatro semanas que conocemos actualmente, por otros de 3 «décadas» (semanas que duraban 10 días), que eliminaba cualquier referencia religiosa y cuyos nombres estaban muy basados en fenómenos naturales o la agricultura como «Brumario», «Termidor», o «Floreal». El nuevo sistema métrico decimal, por su parte y también con un espíritu fuertemente republicano, buscaba homologar las medidas que, hasta ese entonces, solían estar basadas en órganos del cuerpo generalmente tomados de distintos reyes.

    El calendario republicano francés desapareció poco tiempo después en tiempos de Napoleón ya que resultó ser poco práctico. Las «décadas» no tenían relación con las fases de la luna que sí tienen las semanas y que servían como referencia para los agricultores e implicaba menos días de descanso para los trabajadores (uno de cada diez en vez de uno de cada siete). Además, los nombres de los meses estaban muy basados en el clima y la flora francesa, con lo cual causaría confusión en otras naciones.

    El sistema métrico decimal en cuyo diseño participaron muchos expertos,, por el contrario, se popularizó tanto que es el que utilizamos en casi todo el mundo actualmente gracias a su practicidad y homogeneidad. Hasta los propios ingleses o el propio Vaticano lo terminaron adoptando. 

    Así como el calendario y el sistema métrico tenían una fuerte inspiración republicana, el lenguaje inclusivo que se propone actualmente como eliminar el género neutro (que es igual al masculino) por una «x» o una «e» tiene una fuerte inspiración en las causas feministas y también de los colectivos LGBT, argumentando que la manera en que la forma en que se utiliza el lenguaje afecta la forma en que construimos las relaciones humanas y las actitudes ante los géneros.

    Sin embargo, la lección de la Revolución Francesa debería ser muy tomada en cuenta por quienes promueven estos cambios al lenguaje. Como mencioné al principio, un cambio estructural o de esquemas no solo trasciende por los valores o ideales que defiende, sino por su practicidad. Al lenguaje inclusivo se le acusa fuertemente de ser poco práctico (por ejemplo, la profunda confusión sobre como pronunciar la «x» o el hecho de tener tres géneros en lugar de dos: masculino, femenino o indeterminado) dentro de un idioma que ya de por sí es complejo como el Español. Todo esto ha generado una fuerte reticencia no solo por quienes no se identifican con las causas, sino por quienes ven en el lenguaje inclusivo una forma muy poco práctica de hablar o escribir.

    ¿Es el lenguaje inclusivo, al menos como ha sido propuesto, una herramienta que ayude a combatir la discriminación hacia las mujeres o hacia otras minorías? ¿Debe mantenerse igual como se ha propuesto hasta ahora? ¿Debería cambiarse por otro modelo? ¿No tiene sentido ni ninguna utilidad tangible?  ¿Cambiar el lenguaje va o no va a ser determinante en aras de la equidad de género o el reconocimiento de personas con otra orientación sexual? Son preguntas que sus proponentes deberían responderse. 

  • Y sin embargo, el chayote se mueve

    Y sin embargo, el chayote se mueve

    La verdad, así, la verdad, es que nuestro «cuarto poder», es decir, los medios de comunicación en México, son más bien chafas. Y basta la llegada de un nuevo presidente al poder para que muchos de ellos queden en evidencia y nos demuestren que su compromiso no es tanto con el público sino con el presidente en turno. Ya sea porque esa cultura viciada donde había una relación cercana entre el gobierno y los medios no se ha ido del todo, o porque muchos de los medios viven más de la publicidad gubernamental que de otra cosa. 

    En países como Estados Unidos, con todos los defectos que tiene su prensa, podemos de antemano saber cuál va a ser la postura que tomen hacia el presidente en turno, basta conocer la inclinación ideológica de los diarios. Todos saben cuáles son los medios liberales y cuáles son los conservadores. En México es mucho más difícil de definirlo debido a esta viciada dinámica que impera dentro de los medios de comunicación. Con excepción de diarios como Proceso y La Jornada que, mal que bien, han tratado de mantener una línea ideológica, la postura de nuestros medios de comunicación tienden a girar hacia el poder en turno.

    Es comprensible que un medio de comunicación apoye al gobierno si dicha simpatía es producto de una afinidad ideológica con éste. En teoría todas las posturas políticas deberían estar representadas de tal forma que tanto el lector de izquierda o de derecha pueda consultar diarios afines a su forma de pensar, pero ¿cómo podría justificar el hecho de que Salinas Pliego promoviera durante tanto tiempo el liberalismo económico y la libre empresa (aunque sea un crony capitalist) y ahora parezca rendir pleitesía a López Obrador, lo llene de adulaciones y amague con convertirse en el medio oficial del pejismo?

    Radio Centro es otra muestra palpable de esta viciada dinámica. Algunos han sugerido que la salida de Carlos Loret de Mola es producto de la «mano censora de la cuarta transformación». Sin embargo, el analista Enrique Toussaint cree que se trata de algo que en realidad es todavía peor: que AMLO no pidió su salida sino que Radio Centro le «cortó la cabeza» a Loret de Mola como ofrenda al nuevo gobierno para quedar bien con AMLO. En su lugar, Radio Centro colocó al izquierdista Julio Astillero, quien si bien es una persona que ha llegado a mostrar ciertas discrepancias con AMLO y que le ha valido férreas críticas de los simpatizantes más duros del Peje, lo cierto es que su crítica será menos incómoda que la de Carlos Loret de Mola.  

    Esta dinámica es muy parecida a la que vimos cuando Peña Nieto llegó al poder (la descara propaganda de Televisa en favor de Peña incluida) donde Pedro Ferriz fue el que fue puesto en ofrenda. Esa dinámica fue la que, en gran medida, generó el surgimiento del movimiento #YoSoy132. Dicha dinámica tampoco estuvo completamente ausente de la presidencia de Felipe Calderón donde en aquella ocasión fue quien recibió un trato preferencial en algunos medios, sobre todo dentro del conflicto postelectoral en el que el ahora presidente López Obrador lo acusó de robarse las elecciones.  

    Lo más triste del asunto es que ni los medios digitales han estado exentos de este vicio. Por ejemplo, Sin Embargo, un diario digital de inclinación socialdemócrata que en sus inicios tenía a varias plumas con inclinaciones diversas, que era crítico con todas las facciones, que jugó un papel relevante en las elecciones del 2012 y que estaba comprometido con la libertad de expresión, ha tomado una postura cada vez más afín al gobierno de López Obrador, además del amarillismo y la falta de rigor periodístico (contrario a su slogan) que ha manifestado en estos últimos tiempos.  La columna que escribió Ivonne Ojeda de la Torre señalando a todos los influencers o grupos que critican a AMLO parecería más una versión izquierdista de cualquier escrito de Ricardo Alemán o Pablo Hiriart que otra cosa. 

    El compromiso de los medios debe ser siempre con su público. Su tarea es informarlos, hacer buen periodismo y de forma ética, y ser congruentes con su postura ideológica la cual siempre debería ser consistente, ya se sea de izquierda, derecha, o se pretenda tratar de abarcar todo el espectro político. Es una falta de respeto a su público que los medios cambien de parecer porque haya cambiado el gobierno en turno y porque les interese quedar bien con éste. 

    Tal parece que el cuarto poder no ha madurado lo suficiente no ha terminado de emanciparse del poder público, del cual se benefician con su onerosa publicidad gracias a la cual pueden seguir operando. 

  • Los diez libros que más me gustaron en este año y que recomiendo que leas.

    Los diez libros que más me gustaron en este año y que recomiendo que leas.

    Este año leí muchos libros. muchos de ellos muy buenos y que me hicieron crecer en lo intelectual y lo personal. Por eso, como ya lo he hecho en los últimos años, les presento los 10 libros que más me gustaron y que les recomiendo que lean:


    1.- The Construction of Social Reality – John Searle

    Me gustó este libro del filósofo analítico John Searle quien, como el explícito título de su obra da a entender, habla sobre como los seres humanos percibimos e interpretamos la realidad, y como en realidad hay dos tipos de hechos, los que son independientes del observador (objetivos) y los que son construidos socialmente (subjetivos o intersubjetivos) y cuya existencia depende del acuerdo humano y no de la realidad objetiva, como es el caso del dinero.

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    2.- Las travesuras de la niña mala – Mario Vargas Llosa

    Confieso que tenía un poco de temor por leer este libro, ya que había leído anteriormente el libro «El Sueño del Celta» el cual no me agradó mucho. Pero me pareció un muy buen libro, muy divertido cuyo personaje principal, Ricardo, se enamora perdidamente de una niña a la que llama «la chilenita», quien se convertirá en el amor de su vida y con la cual volverá a reencontrarse en varias etapas posteriores de su vida en diferentes lados del mundo y en distintas circunstancias. 

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    3.- 21 Lessons for the 21st Century – Yuval Noah Harari

    Este escritor judío se ha vuelto muy famoso por sus libros donde habla tanto de la historia de nuestra especie como de su futuro. En esta obra, Yuval nos habla sobre las lecciones que debemos aprender para el futuro, cómo es que va a cambiar la política, la sociedad, o cómo es que la tecnología va a modificar por completo el tejido social. 

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    4.- Los de adelante corren mucho – 
    Carlos Elizondo Mayer-Serra

    Este libro lo leí poco antes de las elecciones y se me hizo muy interesante. Elizondo Mayer-Serra aquí profundiza en el problema de la desigualdad que tanto afecta a nuestro país, el comportamiento de las élites y las oligarquías.

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    5.- The Listening Society – Hanzi Freinacht

    Me recomendaron mucho este libro hace unos meses y la verdad que me pareció muy interesante y provocador. Si te interesa la política, la filosofía o la psicología es altamente recomendable. Freinacht delinea lo que, dice, será el metamodernismo que reemplazará a la era posmoderna en la que vivimos actualmente y la cual se basaría en el desarrollo psicológico del individuo. Si quieres saber más de este concepto puedes leer este artículo mío

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    6.- The Biological Mind – Stephen Fleenor

    La mente es algo de lo que se habla mucho pero el cual no terminamos de comprender. En algunos momentos de nuestra historia ha sido un órgano subestimado y actualmente suele ser más bien mitificado. En este libro, Fleenor intenta colocar a la mente en una dimensión más justa desde una perspectiva tanto filosófica como biológica. 

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    7.- The Political Brain – Drew Westen

    Y hablando de mentes y cerebros, este libro es una obra muy interesante para entender el cerebro dentro de un contexto político. ¿Cómo evaluamos a los candidatos? ¿Nos fijamos en sus propuestas o en las «grandes narrativas»? ¿Somos realmente objetivos al hacer juicios de los candidatos? ¿Por qué las estrategias políticas basadas en datos y numeralias no funcionan tan bien como las que apelan a las emociones?  

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    8.- The Structure of Scientific Revolutions – Thomas Kuhn

    Muchas veces asumimos que la ciencia consiste en conocimiento que se acumula a través de la historia. En este gran libro, Kuhn rechaza esta idea y afirma que la ciencia se construye sobre paradigmas que se mantienen vigentes durante cierto tiempo y que luego se ponen en entredicho para crear paradigmas nuevos sobre los cuales hacer ciencia. 

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    9.- Teoría de la Justicia – John Rawls

    Este es uno de los libros que más me marcaron este año ya que hace una propuesta de organización social que me parece muy sensata y realista. Rawls propone una teoría de la justicia basada fuertemente en la filosofía kantiana que podría resumir en un orden de sociedad justa basada en una condición de equidad imparcial sobre la cual todos los individuos partan y se desarrollen (lo que él llama «posición original).   

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    10.- Postwar – Tony Judt

    Este es un libro muy interesante donde Tony Judt narra de forma magistral la historia de Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros tiempos tomando en consideración tanto la política, la economía, así como los cambios culturales que se han dado a lo largo de este periodo.

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    Otros libros recomendados

    • La construcción del sexo – Thomas Laqueur
    • Einstein – Walter Issacson
    • Memorias del Subsuelo – Fiodor Dostoievsky
    • El Capital Vol 1 – Karl Marx
    • Yo Robot – Issac Asimov
    • La Industria Cultural – Theodor Adorno
    • El Hombre que confundió a su mujer con un sombrero – Oliver Sacks
    • We have never been modern – Bruno Latour
    • El discurso filosófico de la modernidad – Jürgen Habermas
    • Al Filo del Agua – Agustín Yañez

  • ¿Y quién va a ser la oposición de López Obrador?

    ¿Y quién va a ser la oposición de López Obrador?

    ¿Y quién va a ser la oposición de López Obrador?

    Lo voy a decir de una forma clara: si las cosas siguen como van en la oposición y el gobierno de AMLO no se convierte en un desastre, MORENA va a repetir en 2024.

    ¿Por qué? Porque la oposición al gobierno de López Obrador es algo lamentable y casi inexistente. Para mí lo que sucedió en la toma de posesión de AMLO resume muy bien lo que es la oposición hoy en día: a los panistas se les ocurrió sacar carteles pidiendo bajar la gasolina y el propio López Obrador les recriminó el haber votado por subirla en el sexenio de Peña Nieto. AMLO los exhibió.

    La oposición partidista, a pesar de la sacudida que recibieron y que los dejó casi en la irrelevancia, no ha logrado entender el mensaje ni el contexto. Siguen enfrascados en una forma de hacer política que fue casi unánimemente rechazada en las urnas en las elecciones federales. Otra muestra de ello es el spot que el PAN acaba de sacar donde compara a López Obrador con los líderes autoritarios históricos que van desde Hitler hasta Chávez; la misma estrategia que no funcionó en lo absoluto en la campaña:

    La oposición partidista cree que va a lograr crear un movimiento de oposición por medio de mensajes acartonados, que no dicen nada, que son creados por agencias de comunicación y que son pronunciados por políticos tibios, falsos y oportunistas que en todo el sexenio de Peña Nieto no se comportaron a la altura de lo que una oposición debe ser ¿por qué pensar que las cosas van a ser diferentes esta vez?

    López Obrador, mal que bien, tiene ideales y es en cierta forma congruente con ellos (que sea o no congruente con sus mensajes hacia la opinión pública es otra cosa) a diferencia de la gran mayoría de los políticos ahora de oposición que creen poderse mover, despachando desde sus oficinas aisladas del resto del país, dentro de un mar de pragmatismo político excesivo movido por las meras conveniencias y aspiraciones personales. Que AMLO tenga ideales claros y ellos no, los deja en una clara desventaja y casi fuera de competencia.

    Pero hasta el momento, dentro de la sociedad civil las cosas no se ven mucho mejores. Es cierto que ha habido marchas para oponerse a las decisiones de AMLO, pero no hay un hilo conductor ni parece haber una buena articulación. Parece más bien un colectivo de gente cuya coincidencia es el desdén hacia la figura de López Obrador, el miedo a que México se convierta en Venezuela y un discurso no rebasa por mucho lo que uno puede leer en los chats de los familiares de Whatsapp. No se percibe al menos en el corto plazo que vayan a surgir liderazgos políticos de éstas y tampoco hay actualmente líderes que le den forma y contenido político a estas marchas. Las entrevistas que realizó el periodista Hernán Gómez (con todo y el sesgo que pueda haber dada su simpatía con López Obrador) me parece que refleja muy bien esto.

    También se ve difícil que estas marchas vayan a generar masa crítica ya que sus formas son más propias de una minoritaria clase acomodada de clase media-alta y alta que hasta este momento solía tener una postura más apática hacia lo público (y que se puede palpar en la forma en que llevan a cabo las marchas). El hecho de que vayan vestidos de luto en un país donde hay muchas más razones de peso para vestirse así genera rechazo en un sector importante de la población.

    Estas marchas parecen no tener el expertise ni sus integrantes parecen estar lo suficientemente politizados como para profundizar en las demandas que le plantean a López Obrador y articular un discurso en el cual los opositores a López Obrador puedan sentirse integrados. Por el contrario, en el colectivo se siente como si solo representaran a una minoría (producto de su inexperiencia al tratar de entender y empatizar con el «México mayoritario», lo cual podría alienar a quienes no simpatizan con AMLO pero que no se sienten identificados con estas marchas). No son pocos los que han dicho en las redes que se puede estar perfectamente en contra de AMLO pero también de estas «marchas fifí». 

    Tal vez las organizaciones que representan al sector civil y el privado puedan hacer una mejor tarea ya que tienen más organización y más conocimiento de lo político. Las cámaras empresariales como la Coparmex (que mantuvo una postura de oposición al gobierno de Peña Nieto en los últimos años y que es, a mi parecer, la única cámara que tiene un sentido social) y las organizaciones como el IMCO o Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad podrían articularse de mejor forma e ir creando un frente de oposición.

    Pero, con independencia de la sociedad civil, es necesaria una oposición política. ¿De dónde van a surgir los nuevos liderazgos? Es casi una obviedad que es cada vez menos probable que surjan de las fuerzas políticas tradicionales. ¿Serán necesarios nuevos partidos? ¿Podrán movimientos como Wikipolítica lograr articular algún movimiento de oposición y desde ahí ingresar al poder político como lo intentaron sin éxito en las elecciones pasadas? Gobernadores como Javier Corral y Enrique Alfaro (por su cuenta y no producto de sus partidos) parecieron ejercer una forma de liderazgo como gobernadores, sobre todo por los superdelegados que les restaban poder. Pero López Obrador ya se ha dado a la tarea de neutralizarlos al darles ciertas concesiones. 

    Lo cierto es que este gobierno necesita una oposición, y en medio de un presidente muy dado a basar su legitimidad en narrativas y simbolismos, en tanto la oposición no encuentre una narrativa convincente, se va a ver rebasada. Pero lo cierto es que no se ve donde se encuentra esa oposición y por dónde pueda surgir. Está muy desarticulada y López Obrador y los suyos sienten que están casi en un día de campo.

  • AMLO vs Peña Nieto, el contraste

    AMLO vs Peña Nieto, el contraste

    AMLO vs Peña Nieto, el contraste

    La presidencia ha cambiado de forma radical en tan solo unos días. La mayoría de los mexicanos, ante un estado de las cosas del cual estaba muy inconforme y harto, querían un cambio radical, un giro de 180 grados.

    AMLO ya se los dio, al menos en lo simbólico que es lo único que el actual presidente puede ofrecer, porque lo otro, en caso de que llegue, va a tardar más en llegar. En los símbolos, en las formas y en la narrativa, el cambio es muy palpable.

    Pasamos de un presidente ausente, que no salía de espacios muy controlados (nunca salió ante un público abierto más que en las dos primeras ceremonias del Grito de la Independencia), que daba pocas entrevistas y que parecía esconderse en un refugio desde el cual gobernar, a uno muy presente (tal vez en exceso) que se rodea de la gente, del pueblo, que da discursos largos, que da conferencias mañaneras.

    Pasamos de un presidente muy odiado, que se fue siendo aprobado por menos del 25% de la población, a uno que llega con índices de aprobación cerca del 70%. Peña Nieto no se atrevía a salir a la calle porque sabía que no era querido. López Obrador, en cambio, toma vuelos comerciales confiado, excesivamente, en que el pueblo lo va a cuidar. Mientras que Peña Nieto se cuidaba del pueblo, AMLO dice deberse al pueblo.

    También vemos un contraste entre el derrochamiento y la ostentación de Peña Nieto y su familia: de ropa fina, de tatuadores de Hollywood que iban a Los Pinos a hacerles un tatuaje bien pinche a las hijas a uno que abre las puertas de Los Pinos para que la prole pueda entrar al cuarto donde habitaba Paulina Peña. Vemos, al menos en lo simbólico, el cambio de una presidencia ensimismada a una que se dice que no se pertenece ya, porque pertenece al pueblo.

    El ambiente que se percibe afuera es muy diferente. Hasta hace pocos días, había una suerte consenso de hartazgo y casi hasta de encono hacia lo político. Ahora el sentimiento predominante en un gran sector de la población es la esperanza y la algarabía, otro sector vive dentro de la incertidumbre (por una parte le gusta el cambio, pero también guarda cierto recelo y escepticismo) y otro, más pequeño, pero significante, que tiene miedo de forma abierta. En pocos días, la dinámica social en torno a lo político ha cambiado de forma drástica.

    Pero, al final, AMLO sabe que lo simbólico sirve para darle legitimidad y margen de tiempo para mostrar resultados tangibles, porque serán esos resultados con los que la historia haga el juicio sobre él.

    Pero en tanto, la oposición (política y civil) deberá buscar apelar también a lo simbólico. De lo contrario, se encontrará en franca desventaja ante este alud llamado López Obrador.

  • La foto de AMLO y Maduro

    La foto de AMLO y Maduro

    En las redes, la imagen de AMLO con Nicolás Maduro ha generado mucho escándalo. «¿Cómo puede apoyar a un dictador?», «¡Prueba inequívoca de que México se va a convertir en Venezuela!». «¡Ahí está la prueba! ¿Ves? ¡Te lo dije!»

    La imagen de AMLO con Maduro en realidad dice muy poco, no explica casi nada y no es un argumento para decir que México se va a convertir en Venezuela. AMLO también se tomó fotografías con Ivanka Trump y Mike Pence.

    El gobierno de AMLO lo invitó porque su concepción de las relaciones exteriores consiste en «el respeto, la no intervención y la autodeterminación de los pueblos». No coincido mucho con esa visión porque yo creo que sí se debe tomar una postura ante las dictaduras (de izquierda y de derecha), pero es la concepción que el Presidente López Obrador y el gobierno entrante tienen de la diplomacia. Eso, más que una alianza de facto, explica mucho de por qué Maduro fue invitado y de por qué, AMLO se tomó la foto (así como lo hizo con Ivanka, Pence y otros mandatario de otros países).

    Muchos otros presidentes no vinieron porque estaban en el G-20 y varios de ellos mandaron representantes. En todo caso, parece ser que fue Maduro quien quiso venir para llegar a Venezuela y decir que tiene en México a un aliado, más en estos tiempos en que necesita agarrar legitimidad porque su gobierno se está tambaleando, pero de momento no parece haber una relación muy cercana. Incluso, hay un video donde AMLO y Maduro se saludan, AMLO es cordial con él y no más, no denotó un trato preferencial ni cercanía o alguna forma de fraternidad.

    No sé si en el futuro AMLO y Maduro se alíen o no, pero querer hacer inferencias con base en una fotografía (práctica, que por cierto, ha sido muy común en los propios seguidores de AMLO) va a llevar necesariamente a conclusiones erróneas. Al menos, por el momento, me parece que el gobierno de AMLO no buscará en el corto plazo desligarse de su relación con Estados Unidos, a la cual le ha tomado mucha importancia. Su comitiva liderada por Jesús Seade participó en la negociación del TLCAN (ahora llamado T-Mec, nombre que fue votado por los usuarios de Twitter en la cuenta de López Obrador). Ya veremos cómo evoluciona su gobierno y se ve en la tentación de aliarse con esas fuerzas bolivarianas (que están en decadencia, por cierto) o termina, como todos los gobiernos, más bien cercano a los EEUU.

  • ¿Por qué la toma de posesión de López Obrador será histórica?

    ¿Por qué la toma de posesión de López Obrador será histórica?

    ¿Por qué la toma de posesión de López Obrador será histórica?

    La toma de protesta del día de mañana va a ser una histórica. No será cualquier toma de protesta porque no solo hablamos de un cambio de Presidente o de partido político, ya que la sucesión presidencial representará un cambio de paradigma sobre la forma en que se concibe el servicio público, cuando menos será diferente de la ortodoxia implementada desde 1982. De la misma forma, en la era moderna no tenemos recuerdo de algún presidente que haya creado su capital político desde algún liderazgo social, y menos el que se considera, para bien o para mal, el líder político más importante de México.

    Una de las motivaciones de López Obrador es imprimir su nombre en los anales de la historia. Él quiere ser recordado como esos líderes y esos mitos de los que siempre hecha mano como Hidalgo, Benito Juárez, Madero o Lázaro Cárdenas. El nombre de la Cuarta Transformación no es en vano.

    López Obrador no apuesta al futuro, a la creación de algo completamente nuevo. Más bien, con una visión más nacionalista que globalista, busca rescatar el pasado. Apela sobre todo a ese milagro económico de mediados de siglo pasado en el cual el país tuvo un crecimiento sostenido. AMLO no está tan preocupado por la Inteligencia Artificial o por el Blockchain como lo está por su añoranza por Lázaro Cárdenas o López Mateos, por esos momentos posrevolucionarios en que nuestro país comenzó a tomar forma, esa etapa en la que se creyó que México apuntaría al progreso. AMLO no busca construir algo nuevo, busca rescatar algo que dice se perdió e intentará adaptarlo a los tiempos actuales.

    Independientemente de si haya responsabilidad financiera o no, vamos a ver tomar al Estado un rol más importante en la economía. La prioridad ya no va a ser tanto la globalización, sino el desarrollo interno. La comunicación institucional también cambiará radicalmente, comenzando porque AMLO es una figura que genera todo menos indiferencia y que tiene un gran capital político, a diferencia de Peña Nieto, que se mostró siempre como un presidente ausente. El nuevo régimen va apelar constantemente a la historia, palabras como «pueblo» y «progreso», enterrados desde el inicio de lo que algunos llaman «neoliberalismo» serán revividos. Algo que es muy seguro es que AMLO no va a generar indiferencia.

    Lo que está más en duda es la permanencia o la desaparición de los vicios de la clase política que han sobrevivido a gobiernos de izquierda y de derecha: la corrupción, el compadrazgo, la creación de élites económicas al amparo del gobierno. Aunque el discurso confronta esto, en la práctica, parece no existir un fuerte compromiso para combatir este mal.

    Así, mañana 1ro de diciembre, se comenzará a escribir una nueva página en la historia de México, el día de mañana no va a ser cualquier día.