Autor: Cerebro

  • ¿Por qué nos cuesta tanto trabajo empatizar con los demás?

    ¿Por qué nos cuesta tanto trabajo empatizar con los demás?

    ¿Por qué nos cuesta tanto trabajo empatizar con los demás?

    Si la empatía significa ponerse en los zapatos del otro, entonces no existe una empatía perfecta como tal, sino, en dado caso, una empatía aproximada a la cual podemos aspirar con mucho esfuerzo.

    Partamos de la idea de que los seres humanos somos seres subjetivos que construyen la realidad a través de la experiencia. Nada de lo que pensamos o imaginamos puede estar fuera de aquello que hemos conocido o experimentado personalmente. Incluso los sueños más bizarros e inimaginables son simplemente peculiares disposiciones de diversos elementos que ya conocemos por medio de la experiencia. No podemos imaginar nada nuevo de la nada.

    Si los seres humanos no hemos experimentado lo que otra persona sí ha experimentado, entonces no podremos terminar de experimentar en carne propia lo que la otra persona está sufriendo. Las construcciones de la realidad que los distintos seres humanos tienen nunca van a ser exactamente iguales, lo que hace muy complicado entender exactamente que es lo que el otro está pasando. Y en este sentido, las construcciones de la realidad entre hombres y mujeres tienden a ser más diferentes que entre las de personas del mismo género por obvias razones.

    Podemos aspirar, solamente, a entender los sentimientos y experiencias del otro solo de forma aproximada a través de nuestros propios esquemas. Si quiero tratar de entender la emoción de mi amigo siente al caminar por las calles de Dubai (donde yo no he estado) puedo echar mano de los esquemas que ya tengo: sé, por medio de fotos que he visto, más o menos como es Dubai, conozco el sentimiento de la emoción y sé qué es caminar. Uso esos esquemas para imaginarme la situación, pero es muy probable que cuando vaya a Dubai me encuentre con que la sensación no va a ser la misma que me he imaginado, e incluso es muy posible que ni siquiera sea la misma sensación que mi amigo sintió: tal vez yo me frustre por el calor y ni siquiera me sienta emocionado. ¿Ven lo difícil que es?

    Algo análogo ocurre cuando, tomando lo que ha ocurrido en los últimos días, los hombres tratamos de empatizar con lo que las mujeres sienten y reaccionan hacia estos hechos (y lo mismo pasa cuando una mujer trata de empatizar con un hombre). Creemos que sabemos, pero es muy probable que estemos equivocados, porque no solo se trata de hacer un perezoso ejercicio de imaginación, sino un esfuerzo intelectual que solo se da por medio de la voluntad porque:

    1) Es importante escuchar aquello que sienten para tener elementos que nos den el mayor número de elementos posibles bajo cuales hacer nuestro juicio. Más información (que creará nuevos esquemas) nos dará más elementos para el ejercicio, mientras que los prejuicios solo nos darán información errónea que obstaculizarán la tarea.

    2) Luego imaginemos que, después de ese esfuerzo intelectual, ya sabemos que las mujeres se sienten más vulnerables por el tipo de violencia que ellas sufren y que nosotros no sufrimos.

    3) Pero como no hemos experimentado exactamente lo que ellas sienten, solo podemos imaginarnos ello a través de situaciones análogas que hemos vivido. Es decir, a través de nuestros propios esquemas, entonces tenemos que encontrar situaciones análogas que sí hayamos experimentado, como recordar algún momento en el que nos sentimos vulnerables.

    4) El ejercicio nos va a acercar más a aquello que una mujer siente pero nunca sentiremos exactamente su sentimiento propio. Incluso podemos sentirnos mal y hasta llorar al imaginarnos lo que la otra persona está pasando, pero eso no quiere decir que sintamos exactamente lo que aquella persona siente.

    Y es a lo máximo que podemos aspirar. Así que cuando me preguntan si un hombre puede sentir lo que una mujer siente (y viceversa), la respuesta es no. Solo podemos darnos una idea aproximada a través de nuestros propios esquemas, y el problema es que los prejuicios, paradigmas o preconcepciones juegan un papel muy importante aquí. Como se requiere esfuerzo intelectual (e incluso desgaste emocional) para hacerlo, entonces es una obviedad que no empatizaremos con quienes no nos interesan, nos son indiferentes o relegamos, y sí nos esforzaremos por hacerlo con quienes sí nos importan.

  • ¿Por qué no quieres ver lo que tienes que ver?

    ¿Por qué no quieres ver lo que tienes que ver?

    Justicia para Fátima

    ¿Por qué se rayan paredes?

    Para muchos, este ha sido el tema de discusión principal. Y mientras eso ocurre, nos enteramos que a una mujer la desollaron, luego a otra, y luego incluso a Fátima, una niña de siete años.

    Y tal vez he ahí la respuesta.

    La respuesta está en eso que pasa por debajo de ellos.

    Y se enfocan en el tema de las paredes como si fuera causa y no efecto de algo. Para no ver, prefieren reducir el tema con argumentos como: «son personas antisociales o están manipuladas», como para decir que lo que pasa es que simplemente ellas están mal y que el problema no existe o está sobreestimado, como si no hubiera un detonante real.

    ¿O por qué crees que en México el feminismo crece como la espuma cuando muchos insisten en las redes en que «se ha tergiversado la causa» y casi pronostican el fin de estos movimientos? ¿Por qué cada vez más mujeres, contra sus expectativas, se solidarizan con el tema? La respuesta es simple y muchos no lo quieren ver, porque la sensación de riesgo y vulnerabilidad es real.

    Y no lo quieren ver porque prefieren tener una sensación de orden y estabilidad que es, dicho sea de paso, ilusoria. Porque así ignoran que «les puede tocar a ellos y a los suyos». Mejor decir que todo ese encono es producto de una mera manipulación, que no hay nada que lo detone.

    Y su afán por vivir en un estado ilusorio de estabilidad entorpece, paradójicamente, las tareas que se deben llevar a cabo para combatir el problema, porque para combatir un problema debe reconocerse. Pero el problema, para su mala fortuna, existe y no es ajeno a ellos. Les puede llegar a tocar.

    ¿Qué se puede pensar de un país en el cual este tipo de crímenes inhumanos se vuelven pan de cada día?

    El entramado social, cultural e institucional está fallando y gacho.

    Hay quien dice que la sociedad no tiene responsabilidad de ello, pero sí la tiene. Si no, no se explicaría por qué en México estos crímenes son el pan de cada día y en muchos otros países la tasa es mucho menor.

    Luego, hay quien dice que el machismo no tiene nada que ver.

    ¡Claro que tiene que ver! No es la única razón y no se puede reducir solamente a una cuestión de género, pero claro que es parte de la ecuación, y podría quedarme a hablar sobre cómo es que una cultura del machismo abona a que este tipo de tragedias sean más constantes, pero lo dejaré para una ocasión posterior.

    Pero regreso a mi punto ¿qué es lo que está pasando en nuestro país como para que estas cosas pasen? Que pasan, aunque no nos guste admitirlo ¿Qué es lo que está pasando para que haya tanta insensibilidad con respecto al tema?

    Hay quien dirá que el asesino es un psicópata como para excusarse, como para negar que hay en nuestro país-sociedad-instituciones algo que está podrido, como para negar que como sociedad tenemos un grado de responsabilidad. Muchos asesinos no son psicópatas y su condición de asesinos se explica por el contexto en el que éste se desarrolló. No, no son meras víctimas de su contexto, no es como que no tengan libre albedrío y deben ser castigados con la fuerza de la ley, pero el contexto, como expliqué hace poco, no está ausente.

    El problema existe, y no hay nada que te asegure que a ti, a tu esposa o a tu hija no le pueda llegar a tocar.

    ¿Y ven por qué ese sentimiento de vulnerabilidad?

    Este tipo de noticias es el que hace que las personas tengan miedo de hacer su vida cotidiana. Ambas reacciones tienen que ver con eso: unos se ponen a la defensiva y hacen como que no pasa nada, los otros, en una postura más proactiva, tratan de visibilizar el asunto para que se cambie el problema desde abajo. Es evidente que la segunda postura es más productiva.

    Y tal vez en un contexto así ponerse a la defensiva puede terminar siendo, no solo una postura irracional, sino tal vez un tanto egoísta. Porque implica negarles la atención a aquellas personas que sufren con tal de sentir una falsa sensación de tranquilidad.

    Nos arrebataron a Fátima, una inocente niña de tan solo 7 años, en un crimen de lo más cruel, vil, indignante e inhumano, y que como sociedad no podemos tolerar en lo absoluto.

    Y no tengo palabras para ello, es algo muy fuerte.

    Error sería que lo normalizáramos.

  • AMLO y el desengaño de las feministas, ecologistas y progresistas

    AMLO y el desengaño de las feministas, ecologistas y progresistas

    AMLO y el desengaño de las feministas, ecologistas y progresistas
    Foto de @soytaniagomez

    Muchos, desde hace tiempo, advertimos que López Obrador era una persona conservadora.

    Y ni siquiera es que AMLO los engañara siquiera. Simplemente fueron ellos quienes se hicieron ilusiones.

    Muchos advertimos sobre los elementos cuasirreligiosos de su movimiento, o sobre su alianza con el PES (que muchos desestimaron reduciéndolo a un mero movimiento pragmático), y luego vino la cercanía con los evangélicos.

    Y aún así, algunos progres creyeron que su gobierno iba a abanderar su causa, que AMLO se iba a comprometer con el tema de las mujeres, los LGBT o el ecologismo.

    Muchos progresistas desestimaron las señales, creyeron que el tener a Marcelo Ebrard y a Olga Sánchez Cordero era suficiente razón para estar tranquilos. Incluso algunos de los ahora intelectuales orgánicos (en el estricto sentido gramsciano) adoptaron el lenguaje progresista para comunicarse con aquellos sectores de jóvenes universitarios y clases medias.

    Pero ese compromiso sencillamente no ocurrió.

    ¿Ecologismo? Si con algo se ha comprometido López Obrador es con el carbón.

    Pero fue en esta semana que se dió, me parece, un quiebre contundente. No es que todos los progresistas coincidieran o simpatizaran con AMLO, hubo muchos que no lo hicieron, pero otra cantidad considerable sí lo hizo.

    ¿Por qué se dio el quiebre?

    La respuesta es sencilla, a raíz del feminicidio de Ingrid Escamilla, muchos esperaron de López Obrador una respuesta contundente. En vez de esto, recibieron de él un mensaje de displicencia, lo cual generó protestas por parte de algunas feministas que fuera de Palacio Nacional quemaron una réplica del boleto de la rifa del avión e hicieron pintas declarando que AMLO era parte del problema y no de la solución.

    López Obrador replicó con un decálogo que no satisfizo de ninguna forma a las feministas, sintieron como si AMLO estuviera desconectado del problema. De la misma forma, se vieron actividades muy sospechosas en Twitter donde bots impulsaron hashtags en contra de dichas feministas como para acallar las críticas, cosa que muchos adjudicaron al gobierno de AMLO. También hubo indignación por el uso de gas pimienta para repeler a aquellas feministas que se dirigían al Ángel de la Independencia y por la reacción de Claudia Sheinbaum cuando se le cuestionó sobre lo ocurrido.

    Eso que llaman izquierda no es una cosa, no es una entidad, es un significante para categorizar a un conglomerado de diversas corrientes políticas dentro del espectro público y que ha ido mutando con el tiempo. Antes de ese punto de quiebre de 1968, la relación, por lo general, de las izquierdas con la mujer o con algunas minorías sociales (digamos, los LGBT entre otros) no era tan diferente que el que tenía la derecha. El Ché es conocido por su homofobia, basta leer las cartas de Gramsci para darse cuenta que no era precisamente un campeón de la equidad de género, y ni digamos de la relación de los gobiernos socialistas de los tiempos de la guerra fría con la ecología.

    López Obrador no pertenece a esa izquierda «progre», aquella más propia de los activismos urbanos de países en su mayoría desarrollados que tienen como foco las minorías. La izquierda de López Obrador es una bastante distinta: la de él es una más clásica, nacionalista y heredera de la Revolución Mexicana que el PRI adoptó durante un buen tiempo, y tal vez un poco más cercana al socialismo del siglo pasado enfocado en el conflicto de clases. López Obrador tal vez se sienta más cómodo leyendo a Marx, a los Flores Magón o la biografía de Emiliano Zapata que leyendo los textos de Michel Foucault.

    Es cierto que en algún caso estas izquierdas se pueden traslapar. Dentro de las secciones más radicales del feminismo se pueden encontrar anarquistas que quieren tumbar el Estado o socialistas radicales. Pero, en términos generales, y sobre todo en América Latina, esas izquierdas suelen ir por separado. Ni Chávez, ni Nicolás Maduro, ni Evo Morales (su creencia de la relación entre el homosexualismo y el consumo del pollo es muy ilustrativo) fueron férreos defensores del ideario progresista. Incluso, en algunos casos, pueden llegar a ser más conservadores que la derecha.

    Por eso me sorprendió que algunos activistas de género, ecologistas y demás cayeran redonditos, incluso cuando las señales eran evidentes. López Obrador no pertenece a esa tradición, y si en MORENA hay algunos integrantes impulsando agendas progresistas, es básicamente porque MORENA es un partido atrápalotodo que puede incluir a gente de muchas corrientes políticas. En un estado pueden promover el matrimonio igualitario y en otro oponerse completamente a éste.

    Evidentemente, AMLO está perdiendo un sector que tal vez no sea muy grande en número, pero que es importante dada su proclividad a la participación política, el activismo y la protesta. Este desencanto no solo se da con los progresistas más radicales (como aquellas que hicieron pintas) sino con las corrientes más moderadas como parte de la intelectualidad universitaria y jóvenes con ideas progresistas. No es como que haya hecho muchísimos esfuerzos para ganárselos, pero tenerlos como opositores podría provocarle muchos problemas.

  • ¿Qué tanta responsabilidad tiene la sociedad de los actos de los individuos?

    ¿Qué tanta responsabilidad tiene la sociedad de los actos de los individuos?

    ¿Qué tanta responsabilidad tiene la de los actos de los individuos?

    Hay quienes dicen, «no es la sociedad la que engendra a los asesinos o maleantes, son sus padres, es solamente el asesino que decidió matar». ¡No culpes a la sociedad, culpa a los padres o culpa al maleante en cuestión!

    Evidentemente, el asesino es el principal responsable de lo ocurrido, sus padres también pueden cargar con mucha responsabilidad. Eso es innegable. No quiero que se piense preguntarnos si debemos cargar con cierta responsabilidad a la sociedad implica eximir la decisión del individuo ni mucho menos victimizarlo.

    ¿Pero se puede eximir por completo a la sociedad de lo ocurrido?

    Si se pudiera hacer ello, entonces nos encontraríamos que entre distintas sociedades la diferencia entre el número de asesinatos sería, a lo mucho, producto de la aleatoriedad, pero no ocurre así.

    La ciencia y la evidencia empírica exhibe el error producto de un evidente sesgo ideológico de quienes piensan así, ya que hay sociedades y naciones que engendran más asesinos, violadores y psicópatas que otros.

    La sociedad, ciertamente, está compuesta por individuos heterogéneos y no es un monolito donde todos son iguales, pero en su heterogeneidad, la sociedad tiene patrones, normas y leyes que la trascienden en mayor o menor intensidad. Si estos patrones comunes no existieran, no podría existir ni cultura ni las leyes ni las instituciones.

    Resulta que los individuos no somos seres disconexos; si lo fuéramos, entonces sería imposible construir civilización alguna. Nuestra esencia como personas está determinada, en cierta medida, por la relación que tenemos con los demás. El individuo construye su realidad de acuerdo con el entorno en el que está inserto, su actuar está moldeado por el entorno al que pertenece y que está determinado por la cultura, el diseño institucional, la idiosincrasia y un largo etcétera.

    Ello es condición suficiente para preguntarnos qué relación tiene la sociedad actual con estos fenómenos. ¿Qué influencia tiene la cultura, las instituciones, los paradigmas, las distintas relaciones y redes en los actos antisociales de las personas? Sí, el individuo tiene libre albedrío y no se le puede considerar esclavo de sus circunstancias, pero tampoco es ajeno a ellas de tal forma que un individuo en un entorno dado puede ser más propenso a asesinar que en otro.

    Me parece que ese argumento de «no es la sociedad, es exclusivamente el individuo» busca hacer ver tal o cual problema como algo completamente ajeno a mí. relegando a victimarios y víctimas a la otredad. Ese argumento implica que el individuo está disconexo de la sociedad y ello solo sería posible en un entorno donde los individuos están completamente aislados uno del otro, y aún así el contexto no dejaría de ejercer influencia sobre el individuo (por ejemplo, el clima donde habita, la disposición de recursos naturales y cómo ello influye en el individuo).

    El liberalismo presupone la libertad individual, que el individuo pueda velar por sus intereses y que el gobierno no intervenga de forma excesiva en su cotidianeidad. Pero dicha libertad individual no implica que el sujeto esté «desconectado de los demás», sino que su libertad no será restringida ni reprimida en favor del bien común. De hecho, el individuo en este caso pertenece a una «sociedad liberal», sociedad al fin y al cabo. El decir que un evento dado ocurrió solamente por decisión del individuo sin que el entorno ejerciera alguna influencia sobre él solo puede ser producto de un sesgo ideológico y no de la realidad.

  • Todos somos iguales, pero los empresarios aliados al gobierno son más iguales que otros

    Todos somos iguales, pero los empresarios aliados al gobierno son más iguales que otros

    Todos somos iguales, pero los empresarios aliados al gobierno son más iguales que otros

    López Obrador no va a expropiar empresas, no va a instaurar el comunismo y difícilmente va a convertir a México en Venezuela.

    Lo que sí va hacer es reforzar y perpetuar aquel estado de cosas que crearon una clase empresarial rentista (eso que llaman crony capitalism), eso que López Obrador llama «el neoliberalismo».

    En su tesis, López Obrador ha puesto como punto de partida el año de 1982, ignorando rampantemente que fue en los años anteriores donde se crearon las condiciones para el surgimiento de una clase empresarial rentista y que ciertamente vio sus beneficios crecer ante la liberalización de la economía (una liberalización maltrecha).

    Lo que está haciendo López Obrador es replicar esa etapa que ignora en su tesis. No solo vemos una separación del poder político y el económico como tanto lo prometió, sino lo opuesto.

    López Obrador, de alguna forma, está sometiendo al empresariado como lo hacían los gobiernos del PRI. No es un sometimiento que busque exprimirlos o destruirlos, sino uno que de alguna manera les pide lealtad para que no se vuelvan un problema para él. La relación entre la 4T y el empresariado es cupular, como en los viejos tiempos.

    Mucho dice algo tan simple como ese empeño de solicitar a los empresarios que «compren su cachito». En ese atrevimiento hay un doble discurso inherente, porque si la rifa busca apelar al pueblo y a sus bases, el hecho de que solicite comprar al empresario cachitos por millones de pesos hace que sea mucho más probable que un empresario se «gane el avión» que una gente de a pie. La retórica apela al pueblo, la realidad exhibe los privilegios del empresario.

    En esa sugerencia hay una suerte de sometimiento al empresario, pero no solo se le somete con «palo» sino con «pan». Si el empresario se somete puede adquirir privilegios, como contratos sin licitación, y los empresarios le siguen el juego porque bien les conviene. En lugar de innovar o pensar en como ser más competitivos, los empresarios van a Palacio Nacional, porque un jugoso contrato o un trato preferencial les puede traer muchos más beneficios que invertir en I+D.

    Ahí están los rentistas más ricos de México, los grandes potentados comprando sus cachitos: los Slim, los Azcárraga. los Salinas Pliego, el Consejo Coordinador Empresarial que se pone de tapete frente al gobierno en turno para ver qué saca. Hablar de «cachitos de millones de pesos» le podrá sonar al individuo común a una cantidad enorme de dinero, pero para el empresario rentista es un monto casi simbólico, casi como si una persona de a pie donara veinte pesos.

    Como bien decía George Orwell, «todos somos iguales, pero unos somos más iguales que otros». Esa clase empresarial sometida-beneficiada es parte de los «más iguales», mientras que aquellos empresarios que se mantienen ajenos al gobierno y no tienen privilegios terminan volviéndose parte de los otros.

  • El asesinato de Ingrid Escamilla

    El asesinato de Ingrid Escamilla

    El asesinato de Ingrid Escamilla

    Ingrid Escamilla fue asesinada cobardemente por Erik Francisco Robledo Rosas, asesino, feminicida, bestia, a raíz de una discusión.

    En un país normal, esto habría suscitado una indignación y escándalo terrible. Pero estamos en México, donde ya acostumbramos a normalizar la violencia.

    Muchas personas son asesinadas a diario (como si tuviera que ser algo normal), pero la forma en que fue asesinada Ingrid (después de darle varias puñaladas, le sacaron los ojos y la desollaron) es terrible.

    Sí, hubo quien se indignó, la nota salió en la prensa. Pero la noticia rápido se va a perder dentro de toda la cotidianeidad.

    Y si algunos se indignaron, otros se burlaron:

    «Tenemos como hombres que exigir justicia por el señor quien sabe qué vieja loca tenía por esposa #NiUnoMenos» dijo uno.

    «La dejó en los puritos huesos» dijo otro.

    Muchos de ellos seguramente son acosadores o violadores potenciales.

    Hubo quienes cobarde e inhumanamente compartieron las fotos del cuerpo desollado, como si la tragedia pudiese ser vista como un espectáculo. Esas personas tienen un poco de Erik en su interior.

    No es la primera vez que el morbo se manifiesta. Ocurrió lo mismo con aquel niño que disparó a sus compañeros de clase en Monterrey. Y lo peor es que la prensa llega a tener el descaro de capitalizarlo.

    Algunos hombres (y mujeres) culparon a la víctima: que es su culpa también por andar juntándose con ese tipo de gente. Algunos por ser hijos de su madre, otros por protección psicológica: la teoría del mundo justo en su máxima expresión.

    Hace dos años, la misma Ingrid había criticado al feminismo, diciendo que termina cuando su mejor argumento es «por el hecho de que somos mujeres». Dos años después, Ingrid murió a causa más atroz violencia que un hombre le puede causar a una mujer.

    Seguramente ella no se imaginó que le podía tocar. Seguro pensó, como muchas personas, que no correría con esa suerte, que no podría ocurrirle a ella, y le ocurrió.

    Y muchas mujeres se espantan y se indignan por una noticia como esta, porque al ver que si a una mujer como Ingrid, con una vida cotidiana como la de ellas, le tocó, entonces también les puede tocar.

    Seguramente los colectivos feministas verán su tamaño crecer. Ante estos casos, más mujeres verán en estos colectivos una contención, un escudo de protección.

    Hubo algunas mujeres, leí en redes, que buscaron adjudicarle cierta responsabilidad a la víctima. De nuevo la teoría del mundo justo entra en acción. No quieren pensar que exista posibilidad alguna de que a ellas les toque: que por andarse metiendo con gente más grande, que por buscar hombres de ese tipo. No es por mamonas necesariamente, sino porque quieren protegerse psicológicamente.

    En la mañanera, AMLO no quiso responder las preguntas relacionadas con el feminicidio. Esa palabra, la de feminicidio, que causa escozor en un sector de la opinión pública.

    «Se han manipulado mucho los feminicidios… la prensa dice muchas mentiras» dijo López Obrador.

    Y es la misma discusión ideológica (que si las feministas exageran, que si esto y lo otro) lo que termina sobresaliendo dentro de la opinión pública más que el denigrante e inhumano asesinato de Ingrid Escamilla.

    Seguramente mañana más de una mujer tendrá más miedo de salir a la calle. A los hombres nos matan más, pero tenemos mayor margen de maniobra para que no nos maten (no meternos en pedos), al punto en que yo me siento más seguro saliendo a la calle que lo que se siente una mujer.

    Yo no tengo que estar tomando excesivas precauciones a la hora de tomar un Uber. Los riesgos que tengo en la calle también los tienen las mujeres (que me asalten, me agredan o me maten para despojarme de mis pertenencias) pero ellas tienen otros que nosotros no tenemos (que te violen, por ejemplo).

    Y ni qué decir del ámbito privado, que es donde suceden las más dolorosas tragedias. Y no solo es un tema de género (que sí está presente dentro de la ecuación) sino de instituciones que no funcionan (ni para mujeres ni para hombres), de un pacto social tan endeble que no funciona bien como contención frente a gentes enfermas e inhumanas como Erik Francisco Robledo Rosas y que orilla a muchas personas a hacer justicia por cuenta propia (con los problemas que ello acarrea).

    Yo no sé si era buena o mala persona, si cometió errores, si engañó a alguien, si fue una persona ejemplar. Pero ella no mereció morir así, de eso puedo estar seguro. Y puedo seguir hablando…

    …y podría extenderme más y más. Pero ya es noche y tengo que irme a dormir, porque mañana tengo que trabajar en mi cotidianeidad, esa que le rebataron a Ingrid.

    Pero Ingrid ya no está.

    Que en paz descanse.

    #NiUnaMás

  • El bizne llamado Hollywood

    El bizne llamado Hollywood

    Las premiaciones (el Oscar en este caso) siempre serán, en teoría, una decisión subjetiva; una decisión que parte de la construcción subjetiva de la realidad por parte de los jueces. No se utilizan números o metodologías, sino apreciaciones que son inherentemente subjetivas. Así, si los Oscar premian a la mejor película a tal o cual obra, ello no debe implicar que sea la mejor para mí ni para ti, y tal vez ni para la opinión pública, sino para los Oscar (los que es lo mismo, para los jueces). Pero posiblemente no sea la única motivación.

    El cine es, casi por consecuencia, liberal. Los perfiles psicológicos de la mayoría de los actores o directores de cine: «expresivos, creativos, caóticos, abiertos al cambio» empatan más con los valores progresistas que con los conservadores. Siempre los conservadores (tipo Clint Eastwood o Mel Gibson) serán minoría.

    Ahora, eso no implica que Hollywood adopte la agenda progre de multiculturalidad y equidad de género (hay un Harvey Weinstein que todo lo ve) solo por mera convicción, sino porque también ahí hay un negocio muy rentable.

    Primero, porque es rentable a futuro apostar a la diversidad a pesar de las reacciones nacionalistas ¿por qué? Porque al vivir en un mundo culturalmente más diverso (no solo por la diversidad de las grandes ciudades, sino porque gracias al desarrollo de las tecnologías de la información tenemos cada vez más contacto con gente de otras razas y culturas) Hollywood podrá aspirar a posicionarse como pionero y no solo eso, sino que podrá a los nuevos mercados que se están creando como consecuencia de los cambios sociales.

    Es la misma razón por la cual la mayoría de las empresas adoptan en junio la bandera LGBT, porque en tanto que las personas con otra orientación o identidad sexual están siendo asimiladas y aceptadas por la sociedad, se están creando nuevos mercados y porque ello les da una imagen de frescura, sobre todo hacia los consumidores más jóvenes, que son más liberales que los grandes y, por tanto, los más rentables. (Más vale conquistar a los jóvenes que preocuparse por el shock de la señora copetuda de Providencia).

    Hollywood también aspira a volverse más global y no solo un producto meramente estadounidense. ¿Por qué antes la gran mayoría de los directores que ganaban eran estadounidenses mientras que en esta década solo ganó uno (sin demeritar el trabajo de los ganadores)? ¡Adivinaste! ¡Hollywood goes global!. ¿Por qué Parasite ganó el Oscar (con todo y que creo que sí lo merecía)? Simple, van en busca de nuevos mercados, sobre todo aquellos mercados asiáticos que, por su desarrollo económico, está creando nuevos mercados potenciales.

    Y tal vez ello explique por qué para algunas personas su agenda se note algo forzada, porque más que un mero activismo político, Hollywood es un negocio, y como es un negocio, están enfocando sus esfuerzos en ello.

    Y recuerden, siempre hay un Harvey Weinstein.

  • 8 características psicosociales de la izquierda y la derecha

    8 características psicosociales de la izquierda y la derecha

    8 características psicosociales de la izquierda y la derecha

    1) La izquierda suele ser abstracta y cualitativa. Los izquierdistas y/o progresistas suelen ser más creativos, abiertos al cambio, menos ordenados, suelen tener mayor compasión por el débil y por aquellos que no forman parte de su círculos cercanos.

    2) La derecha suele ser concreta y cuantitativa. Los derechistas son menos abiertos al cambio, son más metódicos y ordenados. Suelen preocuparse más por la figura de autoridad y sus círculos de referencia similares y cercanos (familia, amigos, personas de su misma nacionalidad, etc).

    3) La izquierda suele superar a la derecha en su capacidad de detectar problemas y conflictos sociales. La derecha da el estado de cosas por sentado y suele ignorar o subestimar las problemáticas subyacentes.

    4) La izquierda suele ser idealista en exceso, al punto en que puede llegar a creer que no hay límites para moldear al mundo y aspirar a un estado utópico (cuando se aferran, las consecuencias pueden llegar a ser desagradables). La derecha, en cambio, suele caer en un realismo excesivo y subestima el margen de maniobra para introducir cambios que terminen siendo benéficos.

    5) La derecha suele superar a la izquierda en su capacidad de utilizar la técnica para desarrollar políticas públicas, dado que la izquierda antepone su idealismo a la técnica y la derecha no. No está de más decir que suelen ser mejores a la hora de manejar la economía que la izquierda por esa misma razón. Pero la derecha, el tener menor capacidad para entender fenómenos sociales, suele no tener el alcance para alcanzar, por medio de la técnica, el todo.

    6) La izquierda sobreestima la capacidad del individuo de ser altruista y cooperativo. La derecha, en cambio, sobreestima la disposición del individuo hacia la competición sobre la cooperación.

    7) A la izquierda se le persuade a través del resentimiento. A la derecha a través del miedo.

    8) Aunque no es condición general (en EEUU suele pasar lo opuesto) la izquierda suele construir mejores narrativas y mover sentimientos. En cambio, la derecha suele debatir mejor, sabe burlarse y ridiculizar mejor a su adversario (left can’t meme, dicen por ahí).