Autor: Cerebro

  • Coronavirus: tu irresponsabilidad mata

    Coronavirus: tu irresponsabilidad mata

    Coronavirus: tu irresponsabilidad mata

    Al día sábado 14 de marzo, había más de 40 casos confirmados de personas de coronavirus en México.

    ¿Eso significa que solo tenemos esos casos? No, en realidad existen muchos más, miles posiblemente. Resulta que la mayoría de las personas no saben que lo tienen porque 1) no han manifestado síntomas ya que pueden pasar días o semanas antes de que aparezcan, 2) porque lo confundieron con un simple catarro o 3) no los van a manifestar nunca o van a ser tan leves que ni se van a dar cuenta, pero como son portadores lo contagiarán a más personas.

    Amigos, el coronavirus ya está rondando por las ciudades de México, ello ya es un hecho. Posiblemente ya te topaste con un portador en la calle, en el camión o en el antro. Es más, existe alguna posibilidad (por más remota que sea) de que tú mismo seas portador del virus y no lo sepas.

    Y no se va a acabar el mundo por ello, pero no es como que te tenga que valer un soberano cacahuate ni tampoco implica que tengas que sumirte en el pánico. Estas dos posturas, tan opuestas, solo van a provocar muertes que pudieron ser evitables.

    Y la verdad, la reacción de parte de la sociedad mexicana me ha decepcionado.

    Panic at the Costco

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    Dentro de la menos mala de las reacciones malas (mala al fin) está aquella de quienes se han sumido en el pánico de forma exagerada e irracional.

    ¿Por qué se ha vuelto tan común ver a la gente ir a comprar una gran caridad de papel higiénico al punto de vaciar los estantes?

    ¿Por qué ocurre ello en todo el mundo cuando el papel higiénico no hará nada para prevenir ni combatir el coronavirus y sólo será un mero receptáculo de sus mocos que irá al bote de basura?

    ¿Por qué se repite a lo largo del mundo un patrón de comportamiento de masas que es, a todas luces, irracional y que más que ayudar termina perjudicando a terceros?

    ¿Creen que el hecho de que otros lo hagan valida su actuar aunque no sepan siquiera cómo el papel higiénico les ayudará a combatir el problema?

    ¿No deberían, en estos casos de preocupación, motivarse por conseguir la mayor cantidad de información posible en vez de hacer algo solo porque los otros lo están haciendo?

    ¿Por qué se dejan abrazar por una histeria poco fundamentada y por qué su alcance como individuos sólo da para la imitación de algo que no entienden pero es común y no da para informarse ni cuestionarse nada?

    Y este es el menos peor de los casos.

    ¡Me la pelas, coronavirus!

    Un problema más grave es la displicencia, porque la irracionalidad del caso anterior aquí va acompañada por un acto de profundo egoísmo: «al cabo yo soy joven y no me va a pasar nada», «ay, sólo van cuarenta casos», «Mi universidad anunció cuarentena, ¡vacaciones!».

    Mucha gente, sin la suficiente preparación, contextualiza la información de acuerdo a sus intereses y no hace caso de lo que dice la comunidad internacional. Dicen que unos miles de muertos en un planeta de miles de millones les parece poco, creen que una tasa de mortalidad del 2% no es nada, cuando en realidad en una enfermedad altamente contagiosa como el Covid19 (mucho más que la gripe común) se vuelve un problema serio. 2% puede aparentar ser una cifra baja (y lo es si se compara con otras enfermedades) pero si comprendemos que es muy contagiosa y si extrapolamos esa cifra a cien millones de personas, por poner un ejemplo, implica que dos millones van a morir. ¿Ya no suena tan bonito, verdad? Por ello es que se está buscando contener el problema, para que las instituciones sanitarias tengan más margen de maniobra y para que se expanda lo menos posible.

    Ello implica que tendremos que cambiar temporalmente nuestro modo de vida. Tendremos que salir menos a la calle y hacerlo solo para necesidades básicas (como comprar alimentos o medicinas); tendremos que trabajar desde casa, evitar salir de viaje y limitar nuestro contacto con nuestros círculos sociales (evidemente exceptuando las redes sociales).

    Por ello fue irresponsable que toda esa gran cantidad de gente fuera al Vive Latino. Imagina que una sola persona, una sola entre esa aglomeración, haya estado infectado con el coronavirus (seguramente hubo más de una). Esa misma persona va a contagiar, digamos, a cinco personas que no van a manifestar síntomas inmediatamente. Esas cinco personas van a contagiar cada una a cinco más. El caso de una persona perteneciente a una secta en Corea del Sur es un gran ejemplo sobre cómo un solo caso puede llegar a crear un problema muy fuerte.

    ¡Al diablo con sus coronavirus!

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    El problema se vuelve más grave cuando las autoridades toman una postura irresponsable ante la pandemia, o cuando dicha postura obedece más a criterios políticos que sanitarios. Independientemente de la calidad de las políticas públicas implementadas por el gobierno, que de acuerdo a la OMS han sido buenas, y que podremos evaluar concienzudamente unas semanas más adelante, hemos visto a López Obrador subestimando públicamente el problema: diciéndole a la gente que se abracen, besando niños y dando abrazos en un momento en que ya debería ser impertinente hacerlo.

    López Obrador no ha tomado el papel de liderazgo que le toca. Él es el primero que debería seguir las recomendaciones y no lo está haciendo, y como él es el presidente, muchos basan su postura en lo que él hace porque es oficialmente la máxima autoridad de este país: «si AMLO besa bebés, ¿por qué estaría mal que yo lo hiciera?».

    Conclusión

    Todo esto va a incidir en la forma que la pandemia termine de aterrizar en nuestro país. En pocos días escucharemos ya no de decenas de casos, sino de miles y viviremos una situación análoga a la de Europa donde la gente no puede salir de sus casas más que por situaciones excepcionales (comprar alimento, comida etc). Veremos si las instituciones tienen la capacidad de atender todos estos casos, que podrían ser al menos postergados por medio de acciones responsables por parte de los ciudadanos e instituciones de tal forma que puedan ser atendidos por los servicios de salud.

    Todos estos actos irresponsables solamente acelerarán la propagación del virus, lo cual hará que las instituciones sanitarias sean rebasadas y lo cual se va a traducir en más muertes y más personas afectadas. Dicho esto, quienes decidieron tomar decisiones irresponsables teniendo la capacidad de no hacerlo, o simplemente no les importó, tendrán responsabilidad moral sobre aquellas muertes que pudieron evitarse y no se evitaron.

    Y hay que decirlo, y hay que reprender a aquellas personas que tomen posturas irresponsables y perjudiciales. En Internet hay muchos medios fidedignos, comunicados de instituciones e incluso youtubers que han hecho un gran esfuerzo como para que la falta de información sea un pretexto.

  • El coronavirus ya es una pandemia ¿qué te va a pasar?

    El coronavirus ya es una pandemia ¿qué te va a pasar?

    El coronavirus ya es una pandemia ¿qué te va a pasar?

    ¿Qué tan fea es la situación?

    El coronavirus resultó un problema más grande de lo que se esperaba (aunque ello no significa que el mundo se vaya a acabar ni que debamos caer en pánico). Resultó más grande porque la capacidad de varios de los países para controlarla ha sido baja (en gran medida por la alta facilidad de contagio) y, sobre todo, porque nos encontramos ante una situación relativamente inédita (y generalmente lo inédito es más difícil de abordar que aquello en lo que ya se tiene experiencia).

    Podemos, sí, recordar la gripe española que mató a más de 40 millones de personas, pero eran tiempos muy diferentes. La tecnología, la ciencia y la medicina han avanzado mucho.

    Podemos también recordar brotes como el SARS, el MERS, la gripe aviar o el ébola con tasas de mortalidad mucho más altas, pero estos jamás se han convertido en una pandemia. El coronavirus, en cambio, es sumamente contagioso: los síntomas tardan en aparecer y en algunas personas ni siquiera se manifiestan.

    En realidad hay muchos más casos de coronavirus entre nosotros que los que nos dicen las autoridades, no porque estén ocultando algo, sino porque muchos contagiados no manifiestan síntomas o solo muestran catarro leve, no les pasa por la cabeza que tienen coronavirus y entonces no son contabilizados. Este extenso artículo nos explica a detalle con estadísticas cómo es que en realidad hay muchos más casos de los que han detectados por el gobierno. Ello quiere decir que desde ya tendríamos tener que estar tomando precauciones como lavarnos muy bien las manos o estornudar en el antebrazo.

    Con la reciente clasificación de la OMS, el Covid-19 se convierte en la primera pandemia de su tipo dentro de nuestros tiempos modernos y, a pesar del evidente desarrollo tecnológico, científico y médico, no la estamos pasando tan bien. La OMS cree que muchos países no han hecho lo suficiente e incluso naciones como Italia, donde el problema se complicó mucho, han tenido que ponerse en cuarentena.

    Incluso cada vez más personalidades como el actor Tom Hanks o el presidente brasileño Jair Bolsonaro han terminado contagiados por el virus, lo cual nos dice del alcance que está teniendo. Sabemos que ya se han cancelado eventos, congresos y conciertos y aplazado fechas de ligas de futbol en varias regiones.

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    El Covid-19 es un buen indicador para medir la capacidad de los sistemas de salud de los países y la capacidad que los gobiernos tienen para reaccionar a las contingencias. Es posible ver cómo algunos países han logrado detener el crecimiento de la epidemia dentro de sus países con tasas de mortalidad relativamente bajas como Corea del Sur e incluso la propia China y otros países asiaticos que ya han controlado el crecimiento de la pandemia mientras que otros como Estados Unidos y sobre todo Italia han reaccionado tarde y han tenido más problemas.

    ¿Y México? ¿A paracetamolazos?

    La pregunta no es si el virus va a brotar exponencialmente en México o no (como ha terminado ocurriendo en todos los países a los que llega) sino cuándo ocurrirá, cómo reaccionará nuestro sistema de salud y hasta qué punto podrán contener el problema. Se estima que ello ocurra a finales de marzo. El coronavirus someterá a nuestro sistema de salud a las más duras pueblas y no es seguro que haya suficientes camas para toda aquella persona que requiera hospitalización. La eficacia del gobierno para atender este problema afecta la tasa de mortalidad. Si es más ineficaz, la tasa de mortalidad es más alta que cuando se toman las previsiones necesarias.

    Dicho esto, es posible que en los próximos días nos quedemos recluidos en nuestras casas. Se van a cancelar eventos, conciertos, viajes. Vaya, vamos a tener que hacer un sacrificio.

    El discurso del Presidente tampoco ayuda mucho. Es cierto que como mandatario debe mantenerse sereno y mantener la calma y la OMS ha destacado la reacción temprana del gobierno, pero también hemos visto casos de viajeros que llegan a México con síntomas de fiebre y no se les atiende y se les deja pasar sin ningún problema. Hay señales mixtas sobre la eficacia del gobierno hacia esta contingencia y solo podremos evaluado una vez que haya pasado la contingencia.

    Me parece un poco preocupante que el Presidente de la República mande un mensaje subestimando de forma flagrante al decir que «no hay problema que la gente se abrace» cuando en muy pocos días será imprudente saludarnos de mano si no es que tal vez lo sea ya el día de hoy.

    ¡Es la economía, estúpido coronavirus!

    El otro problema es el económico: contener la pandemia va a traer sacrificios económicos en una situación que tanto en lo nacional como en lo internacional ya es frágil y donde los gobiernos tendrán que, literalmente, jugarle al equilibrista. Decisiones políticas o demagógicas antes que prácticas podrían significar una mayor pérdida de vidas.

    En tanto más extremas sean las medidas para contener el virus, menores serán las afectaciones sanitarias y mayores serán las afectaciones económicas. Por el otro lado, en tanto las medidas sean más laxas, las afectaciones económicas serán menores pero las afectaciones sanitarias mucho mayores. La difícil tarea de los gobiernos es encontrar ese sweet point (punto de equilibrio) donde logren sortear la emergencia sanitaria y donde la afectación económica sea la menor posible.

    Si un país se mantiene lejos de ese punto de equilibrio puede correr el riesgo de que las afectaciones sanitarias afecten a las económicas que en teoría estarían controladas y viceversa. Por ejemplo, si un país implementa medidas muy laxas en aras de no afectar la economía, solo verá cómo el problema se salga de las manos y no quedará otra que aceptar una afectación económica mayor que la que se habría necesitado haber aceptado antes. Por el contrario, quien sacrifica demasiado la economía podrá verse en problemas si surge un rebrote, porque cuando se ejerce mayor presión sobre la economía el descontento social puede crecer y la capacidad operativa de las instituciones puede verse limitada, por lo cual el margen de maniobra para combatir la epidemia termina reduciéndose.

    Los gobiernos que se sitúen dentro del punto de equilibrio podrán librar el problema de la mejor forma. Los que no, podrían caer en una pendiente resbaladiza por lo que he comentado anteriormente. Pero los gobiernos no son los únicos responsables, nosotros también lo somos:

    Profesor Cocoon, ¿debemos entregarnos al pánico?

    ¿Debemos preocuparnos? Sí. ¿Debemos caer en pánico? No. La tasa de mortalidad es lo suficientemente baja como para pensar que esta epidemia se vaya volver análoga a la gripe española o la peste bubónica, pero es lo suficientemente alta como para confiarse y no hacer nada. Italia es un claro ejemplo de ese exceso de confianza.

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    La tasa de mortalidad en los jóvenes es bastante baja, pero esto también puede significar un problema si se subestima la urgencia, no solo por los riesgos colaterales que puedan haber, como terminar en el hospital y pescar otra bacteria o terminar con una lesión pulmonar en un caso grave, sino porque la displicencia va a terminar afectando mucho más a aquellos que sí están en una situación de riesgo mayor: la gente de la tercera edad y las personas que ya tienen problemas de salud que, en combinación con el coronavirus, podrían resultar fatales.

    Nuestra responsabilidad ¡ya estamos grandecitos!

    Si hablamos de la responsabilidad que tienen los gobiernos, también tenemos que hablar de la responsabilidad que tenemos como sociedad: habrá que hacer sacrificios, desde dejar de saludar de mano y lavarnos las manos más frecuentemente hasta incluso cancelar viajes o eventos.

    No caer en pánico e informarse bien también es otra responsabilidad. No se va a acabar el mundo ni mucho menos. Estadísticamente, las posibilidades que tiene una persona de verse afectada (más allá de un simple catarro) son bajas, lo más probable es que no te vaya a pasar nada y tal vez ni te infectes, pero no vale la pena correr riesgos de más, porque ciertamente quien se confía aumenta las posibilidades de verse afectado en su salud por la pandemia y sus posibilidades de morir también aumentan de alguna manera. No hacer nada puede ser muy riesgoso, pero caer en pánico también porque ello te puede orillar a tomar malas decisiones.

    Evitar consultar y propagar fake news, consultar fuentes confiables (no cadenas de Whatsapp, por favor) y seguir las recomendaciones de las instituciones (nacionales e internacionales) es lo que debemos hacer.

    Vienen días relativamente complicados, pero no nos toca de otra más que ser responsables, seguir las recomendaciones de las autoridades y mantener la tranquilidad.

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  • ¿Existe la realidad? ¿La conocemos?

    ¿Existe la realidad? ¿La conocemos?

    ¿Existe la realidad?

    Hasta no hace mucho tiempo yo pensé que la realidad tal cual era eso que tenía enfrente.

    Sí, creía que lo real es eso que estoy viendo con mis ojos y que mi contacto con la realidad es directa. Pero en realidad ello no es así y voy a explicar por qué.

    Partamos del hecho de que la realidad objetiva existe (aquella que reside fuera de la mente del observador).

    Ciertamente no tengamos la certeza absoluta de ello, no podemos comprobar que no estamos siendo engañados, o que no estamos conectados a una computadora de tal forma que vivamos en una realidad virtual (algo parecido al argumento principal de The Matrix). Pero para efectos de este texto asumamos que la realidad objetiva existe.

    Sigamos: nuestro contacto con la realidad no es objetivo, sino subjetivo y, además, indirecto. Lo que tenemos enfrente no es la realidad en sí, es la reinterpretación hecha por nuestro cerebro de aquello que nuestro organismo percibe de la realidad y cuyo objetivo no es conocer la realidad en sí, sino sobrevivir y adaptarse al entorno.

    Para nuestro organismo la supervivencia es más importante que la búsqueda de la verdad.

    No conocemos toda la realidad porque no es prioritario para nuestro funcionamiento, sólo conocemos una porción de ella que recibimos a través de los sentidos. Por ejemplo, no podemos ver todo el espectro de radiofrecuencia, sino solo aquello que llamamos «luz visible»; no podemos ver directamente los rayos infrarrojos; no vemos el wifi del Internet pero sería terrible si lo pudiéramos ver ya que obstruiría toda nuestra vista.

    Tampoco podemos ver la materia en sí, lo que vemos son los fotones de luz que interactúan con ella. Prueba de ello es cuando apagas la luz de tu recámara, casi no hay fotones de luz merodeando de tal forma que entonces no puedes ver nada y lo poco que alcanzas a ver lo ves en blanco y negro: esa camisa roja que tanto te gusta de pronto se «volvió gris» pero esa cosa en sí no sufrió el más mínimo cambio.

    Dicho esto, digamos que si percibiéramos la realidad tal cual es en sí misma tendríamos todo un desmadre frente a nosotros y nos veríamos profundamente saturados por un gran exceso de información, nos volveríamos disfuncionales y ni siquiera podríamos sobrevivir como especie. Una página de Internet puede servirnos para explicar este caso: esta página en la que estás leyendo está compuesta por distintos tipos de código que no ves y que no necesitas conocer, sino que tan solo ves la reinterpretación que el navegador ha hecho de dicho código. ¿O a poco te sería útil ver mi sitio web así?

    Este pedazo de código me permite mostrar extraer de la base de datos los últimos artículos y mostrarlos.

    Lo mismo ocurre con la realidad. No necesitas conocerla toda, sino sólo representaciones que tu organismo hace de ella. Kant no estaba muy equivocado cuando decía que no percibimos la cosa en sí (noumeno) sino representaciones de ella (fenómeno).

    Y aquí no termina todo, apenas estamos empezando. No solo estamos frente a una reinterpretación que nuestro cerebro hace de algunos elementos de la realidad porque además éste utiliza atajos para poder interactuar con el mundo exterior y no perdernos dentro de él. ¿Por qué podemos distinguir un vaso de un monitor y por qué podemos guardar ciertas actitudes ante ciertos elementos que se nos presentan a nuestros sentidos? Digamos que nuestro cerebro «simboliza» aquello que ve para identificarlo. Ello no es tarea de la realidad tal cual es, sino de nosotros quienes categorizamos aquello que se nos presenta a nuestros sentidos.

    La materia y la disposición de la materia tal que configura un tren existe objetivamente, pero la definición de lo que es un tren no, es un hecho social que ontológicamente no puede ser objetivo porque no reside fuera de la mente del espectador; se trata más bien de una categorización intersubjetiva ya que hay un consenso entre diversas personas donde tal disposición de la materia configura un tren. Aunque no sea objetiva la definición no la puedo cambiar arbitrariamente porque, aunque yo quiera decir que eso no es un tren, no puedo romper el consenso social que dice que sí lo es.

    Lo mismo ocurre con las categorías hombre y mujer. Las definiciones como tales son hechos sociales con base en fenómenos que podemos observar y que los seres humanos construimos para interactuar con la realidad. Podemos ver que un sexo puede embarazarse y tiene una vagina mientras que el otro tiene un pene: es decir, existen algunas diferencias en las disposiciones de la materia de tal forma que decidimos categorizarlas y a partir de ahí construimos identidades. Las diferencias de las disposiciones de la materia son hechos brutos o realidades objetivas, las categorizaciones que hacemos de ello no, ni la construcción de identidades. Todo ello es un hecho social que yo no puedo cambiar arbitrariamente pero que la sociedad en su conjunto sí puede cambiar en tanto modifique o rompa el consenso. Podremos decir «ya no vamos a categorizar dichas disposiciones de la materia a través de los conceptos hombre y mujer y vamos a crear otras a partir de otras disposiciones de la materia, ¿qué tal si en lugar de hombre y mujer catalogamos a las personas por su temperamento?».

    Los significantes pueden cambiar si cambia el consenso, aunque las disposiciones de la materia como tales no pueden ser cambiadas porque son hechos brutos y objetivos, y también es cierto que hay formas de significar la realidad más eficientes que otras: posiblemente deshacernos del género para construir nuestra identidad en favor del temperamento no sea la mejor idea.

    ¿Asustado? No hemos terminado porque resulta que hay cosas que creías que eran objetivamente reales y no lo son.

    Resulta que hay cosas que creemos que son reales y que existen por sí mismas, pero en realidad son construcciones humanas: el dinero, las marcas y los países son un buen ejemplo. Imaginemos que el ser humano desaparece y ya no hay nadie quien observe lo que hay en nuestro mundo. El dinero no va a existir, tan solo tendremos cúmulos de papel que no tendrán valor ni significado alguno. Los logotipos de las marcas comerciales no serán más que alguna suerte de jeroglífico sin significación alguna y se perderán entre toda la materia. ¿Los países? Desaparecerán por completo.

    Para entender esto pongo un claro ejemplo: dale un billete de 500 pesos a un niño de un año. Posiblemente lo rompa porque el niño todavía no sabe que hay un consenso que dice que ese billete puede ser cambiado por otros bienes. Lo único que existe para ese niño es la materia con la que interactúa y no tiene más valor más allá de la materia en sí.

    La realidad objetiva existe, pero la percepción que tenemos de ella es más bien problemática.

    Y si esto no fuera suficiente para matar la ilusión de que tenemos contacto directo con la realidad en sí, estamos condenados a tener predisposiciones cuando interactuamos con la realidad de tal forma que aquello que tú percibes de una forma, alguien más lo percibe de otra o le evoca sentimientos distintos, ¿por qué pasa eso?

    Porque nuestro cerebro no solo representa la realidad, sino que también la va construyendo a medida que interactúa con el mundo exterior, y como ninguna persona interactúa con el mundo exterior exactamente de la misma forma, entonces ninguna persona percibe la realidad exactamente de la misma forma. La acumulación de experiencia a través de los años, la educación recibida y el entorno en el que uno se encuentra inserto determina la forma en que una persona percibe la realidad.

    Haz un simple experimento. Pregunta a varios amigos tuyos que se imaginen un vaso. Luego pregúntales qué vaso se imaginaron y te van a hablar de vasos diferentes. Tal vez uno de ello haya recordado un vaso de cristal mientras que otro se acordó del vaso de los Tiny Toons.

    De igual forma, una misma cosa puede evocarnos distintos sentimientos e impulsarnos a llevar distintas acciones, y ello es resultado de la construcción de la realidad (o de la representación que se hace de ésta) a lo largo del tiempo. La foto de un niño no provocará los mismos impulsos en mi cerebro que en el tuyo, tal vez ese niño me haga recordar un momento feliz de mi infancia y tú recuerdes uno más bien sombrío.

    Los seres humanos interpretamos la realidad a partir de relatos o ideologías que nos dicen cómo es o cómo debería ser el mundo y que recibimos por medio de la educación, la escuela, los medios de comunicación u otras formas. Estos relatos o cosmovisiones son abstracciones muy complejas que incluyen una serie de valores éticos y morales, patrones culturales y significantes que son muy útiles para movernos dentro del mundo real pero que, a su vez, siempre terminan siendo insuficientes para explicar la realidad como un todo.

    Al interactuar con la realidad estamos condicionados por dichos relatos. No podemos interactuar con ella sin ningún condicionamiento porque sin éste no tendríamos formas de conducirnos en la realidad. Gracias a los relatos es que podemos darle una forma al entorno con el que interactuamos. El recién finado Mario Bunge, férreo defensor del método científico, llegó a decir que las hipótesis (científicas) necesariamente cuentan con un soporte cultural que consiste en su compatibilidad con la concepción del mundo prevaleciente, que la ciencia no crece en un vacío cultural y que a lo más que podemos aspirar es a cobrar conciencia de ello. Es decir, podremos hacer mejor ciencia en tanto reconozcamos que estamos, como personas y sociedad, condicionados por nuestra construcción de la realidad y la cosmovisión vigente.

    Para concluir, podemos observar que nuestra interacción con la realidad es más bien problemática. No solo porque lo que nos llega no es la realidad tal cual es sino una representación de ella por parte de nuestro cerebro que recibe impulsos del exterior por medio de los sentidos, ni porque muchas cosas que asumimos como objetivamente reales no lo son, sino también porque de la misma forma nos hacemos necesitamos valernos de símbolos y patrones psicológicos y culturales que no son objetivamente reales para darle una forma y poder funcionar dentro del mundo.

  • La marcha del #8M ¿quiénes ganaron y quiénes perdieron?

    La marcha del #8M ¿quiénes ganaron y quiénes perdieron?

    Ganaron quienes tenían que ganar, perdieron quienes tenían que perder. Un evento como tal no es un juego de suma cero, pero algunos trataron de esmerarse en que lo fuera: esos mismos fueron quienes perdieron y nadie más.

    Los ganadores

    Las mujeres: Puede parecer una obviedad decir que las mujeres ganaron, pero lo hicieron porque lo que pasó hoy fue histórico. Habrá que ver los números, pero estoy seguro que ésta fue una de las marchas más grandes de la historia moderna de México. Ganaron porque están logrando visibilizar aquello que quieren visibilizar y necesitan visibilizar. Su triunfo, que apenas representa un paso de muchos que tendrán que darse, es irrebatible.

    Los hombres: Ganaron los hombres, por más paradójico que parezca. Ganaron porque con todo esto que está pasando, más personas están tomando conciencia de lo que está ocurriendo, más hombres están reflexionando sobre el tema e incluso ello podría ayudarles a mejorar sus relaciones.

    México y la democracia: México ganó también y la razón es obvia. Un país más equitativo, donde haya una cultura de equidad de género, siempre será un mejor país. Un país donde la gente salga a protestar por lo que es suyo, donde use su derecho a la participación mexicana, es un mejor país. Es cierto que hubo algunos conatos de violencia que afectaron a dos mujeres y una reportera así como algunos vandalismos, pero representan una minoría muy pírrica dentro de una mayoría abismal pacífica, esta fue una marcha histórica y que posiblemente será muy recordada.

    Las personas que tenían diferencias pero se sumaron: Muchas personas que tal vez no concuerdan con todos los postulados feministas o que están en desacuerdo con los sectores más radicales se sumaron porque a pesar de las diferencias (válidas) las unió una causa en común. Por ejemplo, muchas amigas que están en contra del aborto se sumaron porque sabían que era necesario hacerlo, y porque el aborto no estaba en el centro de la discusión. Ellas ganaron también porque se escuchó lo que querían que se escuchara.

    Los perdedores

    Andrés Manuel López Obrador: Curioso que sea a un Presidente que hizo de la marcha su forma de vida a quien le tocara una de las marchas más grandes de la historia moderna de México. Si bien no fue una marcha explícita contra AMLO, sino contra el machismo y los feminicidios, la displicencia de su gobierno conservador fue clave para que se gestara esta marcha de enormes proporciones. AMLO se escondió, fue uno de los principales perdedores.

    Los reaccionarios: Perdieron también los sectores reaccionarios más rancios como los encabezados por Juan Sandoval y sus voceros con una versión arcaica de lo que debe de ser la sociedad que, en lugar de sumarse y simplemente apartarse de temas donde no hay consenso como el aborto (que nunca fue centro de la marcha, tanto que fue el morado y no el «temido color verde» el que predominó) decidieron orquestar una fallida y petulante campaña para desprestigiar la marcha por medio de voceros como Brenda del Río y Agustín Laje y no lo lograron. Hasta obispos católicos más sensatos y sensibles decidieron sumarse y no cayeron en la paranoia irracional.

    El PAN y México Libre: Perdió también la derecha que se la quiso dar de «feminista» como el PAN y México Libre quienes afortunadamente no lograron capitalizar nada y solo quedaron en evidencia como partidos que que lo único que buscan es votos sin importar la doctrina.

    Todas las personas que se opusieron a la marcha: No hablo de quienes guardaban escepticismo, sino quienes en general se burlaron de la marcha y buscaron cualquier pretexto para descalificarla durante todas estas semanas. No lograron el efecto que querían, lo que pasó hoy fue un evento histórico.

    El machismo: Seguramente esta marcha será un parteaguas para ir creando una cultura con una mayor equidad de género. Como dije atrás, muchas personas están dialogando sobre el tema y se está reconociendo que hay un problema en nuestra sociedad la cual todavía es muy machista. Hoy el machismo recibió una estocada.

  • ¿Hay equidad de género? ¿Qué pasa con el acoso? Se lo pregunté a varias mujeres y es preocupante:

    ¿Hay equidad de género? ¿Qué pasa con el acoso? Se lo pregunté a varias mujeres y es preocupante:

    ¿Hay equidad de género? ¿Qué pasa con el acoso? Se lo pregunté a varias mujeres y es preocupante:

    A raíz de una discusión que tuve con un amigo donde debatíamos si existía equidad laboral para ambos géneros, pensé que podría ser una buena idea hacer una encuesta. Hace poco leí el libro Talking to Strangers de Malcolm Gladwell cuyo argumento es que los seres humanos tenemos muchas más dificultades en entender a los demás de lo que pensamos, y por ello me pregunté: ¿podemos, nosotros como hombres, ver la realidad desde la perspectiva de una mujer? ¿No será que asumimos muchas cosas?

    Seguramente ocurre lo análogo cuando una mujer trata de entender a un hombre, pero en este contexto lo que importa es lo primero. ¿Somos los hombres capaces de terminar de entender las problemáticas reales de la mujer? Mi respuesta es que no, y por eso pensé que este ejercicio podría servir, al menos, como una aproximación para tener más información al respecto.

    ¿Existe el machismo? ¿Existe una cultura patriarcal? ¿Qué podemos decir de la cultura del acoso y la violación? Tuve que dejar del lado otras preguntas que hubiera querido hacer, pero era necesario que la encuesta fuera breve para que la tasa de respuesta fuera mayor (lo que se logró afortunadamente).

    A lo largo de dos días, 48 mujeres que forman parte de mis círculos sociales y que son parte de mi generación (entre 25 y 40 años aproximadamente) contestaron esta encuesta de forma anónima. En ella participaron hermanas, primas, amigas, ex colaboradoras. Traté de que fuera lo más plural porque, si bien es cierto que estadísticamente no representa la realidad nacional (para ello tendría que haber invertido bastante tiempo y dinero o contratar a una agencia), sí me podía dar una idea de lo que se vive en mis círculos sociales, que yo asumo como sanos, donde supongo hay menos problemas de este tipo que en muchos otros sectores.

    Este iba a ser un ejercicio personal, pero decidí publicarlo porque creo que puede ayudarnos a los hombres a entender lo que es una realidad, que vivimos en una cultura machista (lo cual queda comprobado categóricamente en las respuestas que esta encuesta recibió).

    Equidad de género y la mujer en el ámbito profesional

    La primera pregunta es ¿Hay equidad de género hoy en día en México? La respuesta de las mujeres de mis círculos sociales fue categórica: NO. Por algún momento pensé que la distribución iba a ser algo así como 70% NO y 30% SÍ. Pero la respuesta fue contundente, el 97% asegura que no existe:

    En la segunda se les preguntó si creen que había equidad de género en el ambiente laboral. La respuesta, de nueva, fue categórica: el 94% dijo que no.

    Pregunté por qué razones no existe equidad de género en el ambiente laboral. Las respuestas que me llamaron la atención fueron estas (se pueden consultar todas aquí):

    Aún no se toma en serio la equidad de género, pareciera más una cuota que cubrir más que realmente buscar la equidad.

    Lo he vivido. En mi mismo puesto al hombre le pagan dos mil pesos más y eso que yo llevo trabajando más tiempo en la empresa.

    Porque ciertas jerarquías son únicamente para hombres, las mujeres tienen límite o tope, en ciertas áreas no se nos permite figurar.

    Experiencia propia durante los 9 años que trabaje en un ayuntamiento y el año en que trabaje para una empresa. Un ejemplo es que nunca fui bien remunerada en mi trabajo “porque yo no tenia que pagar cuentas, eso es de hombres” siempre lidié con el acoso, vi el acoso que sufrían mis compañeras a diario y solo vi un caso de un hombre acosado, que por cierto, era acosado por otro hombre.

    Los hombres siguen haciendo sus «club de Toby» en los corporativos y la generación que está manejando muchas grandes empresas todavía no deja sus ideas arcaicas de «rol de género»

    Luego pregunté esto:

    En resumen: más de la mitad de las mujeres de mis círculos sociales se ha sentido personalmente limitada en el ámbito profesional por ser mujer. ¿Hay equidad laboral en México? Yo creo que la respuesta es contundente.

    Acoso y violación

    Entremos al terreno de la vulnerabilidad. Aquí quise hacer más preguntas pero por cuestión de practicidad quise dejar solamente las más importantes. Las respuestas me dejaron frío, y es evidente que sí hay un problema:

    Esta estadística ya es difícil de digerir: 3 de cada 4 mujeres que conozco han sufrido acoso sexual.

    Y todas conocen a una persona cercana a ellas que ha sido acosada sexualmente:

    Por naturales razones no quise preguntar directamente si han sido víctimas de violación. Pero sí pregunté si conocen a una persona cercana a ellas que haya sido violada sexualmente: 2 de cada 3 personas dijeron que sí. Y si esta cifra ya en sí misma es (o debería) ser escalofriante, tendríamos que sumar aquellas que han ocultado ser víctimas de violación por miedo a la estigmatización:

    6 de cada 10 mujeres conocen al menos un hombre en sus círculos cercanos que ha acosado a una mujer. Solo 1 de cada 10 conocen a una mujer que acosó a un hombre y 3 de cada 10 sospecha de alguien. Solo 1 de cada 10 dijo no conocer a nadie. Evidentemente, habrá más casos que las encuestadas desconozcan.

    Y casi 1 de cada 3 mujeres conoce a un hombre de sus círculos cercanos que violó a una mujer:

    Postura hacia ciertas ideas que circulan en las conversaciones

    Por último, les pregunté que valoraran frases que generalmente se repiten en las discusiones y en las redes sociales. Algunos de los resultados me sorprendieron.

    Para entender mejor estas gráficas, digamos que por más clara tienda a ser la barra, hay más acuerdo con respecto de la frase, y si es más oscura hay un mayor desacuerdo. Vayamos de izquierda a derecha.

    Casi el 80% de quienes que contestaron la encuesta afirman que en México existe un sistema patriarcal que oprime a las mujeres. El 28% está totalmente de acuerdo y el 49% muy de acuerdo.

    Aproximadamente el 78% de las mujeres están en desacuerdo con la frase que dice «No deberíamos enfocarnos en la violencia hacia las mujeres porque discrimina a los hombres, a los hombres también los matan».

    Más del 80% dicen que se sienten vulnerables al salir a la calle por ser mujer.

    El 67% de las mujeres considera que los hombres no entienden la situación de las mujeres.

    Existe una opinión muy dividida sobre la frase «un hombre no puede ser feminista, solo puede ser aliado» con una ligera tendencia a estar en desacuerdo.

    Y por último, menos del 20% de las mujeres que participaron en la encuesta piensan que el término «feminicidio» no debería existir.

    Conclusión

    De este sondeo puedo concluir lo siguiente:

    1) Personalmente, creí que habría opiniones un poco más divididas sobre ciertos temas. Pensé que habría más mujeres que dirían que sí hay equidad de género. No creí que las estadísticas sobre acoso y violación fueran a ser tan fuertes, y creí que la opinión sobre la idea de un «patriarcado opresor» estaría más dividida cuando en realidad sí parece haber cierto consenso hacia dicha frase.

    2) Comprendiendo que este sondeo buscó representar a las mujeres de mis círculos sociales, entonces puedo decir que dentro de mis círculos sociales la equidad de género no existe y que dentro de los círculos que me muevo también hay una situación de inequidad laboral.

    3) Puedo concluir que sí existe una cultura machista o patriarcal dentro de mis círculos sociales. Seguro es menor que en el pasado, y seguro es menor que en otros sectores. Pero existe y queda corroborado no solo porque haya un consenso sobre la idea, sino por el consenso hacia la idea de la inexistencia de equidad de género en lo general y en lo laboral.

    4) También puedo concluir que sí existe una cultura del acoso y la violación. No, no son todos los hombres y seguramente no es mayoría la involucrada en este tipo de actos, pero sí es la suficiente cantidad como para que los hombres sepamos que tenemos responsabilidad en el tema, que seguramente tenemos conocidos que sí han acosado y tal vez violado a una mujer y que, desde nuestras trincheras, tenemos que construir una contención para evitar que este problema siga pasando.

    Está claro que hay una cultura que hay que cambiar desde abajo.

    Son libres de compartir este sondeo con quien quieran.

    Aquí puedes consultar el estudio completo

  • George Soros ya me mandó mi cheque

    George Soros ya me mandó mi cheque

    George Soros ya me mandó mi cheque

    ¿No se le hace raro que el lopezobradorismo y los sectores reaccionarios del país digan que George Soros está detrás del paro de las mujeres? ¿Por qué coinciden en ese argumento?

    La respuesta es simple, tienen un profundo interés en desacreditar dicho paro.

    ¿Pero por qué George Soros?

    George Soros es un multimillonario que tiene fundaciones que buscan promover la corriente de pensamiento que él defiende. Soros es un personaje influido por el filósofo Karl Popper. De hecho, su organización «Open Society» toma su nombre del famoso libro de Karl Popper «The open society and its enemies«. Entendiendo a Popper, se puede entender mucho del pensamiento de George Soros.

    A través de dicha organización (Open Society), George Soros busca promover una visión del mundo de economías y fronteras abiertas, y aunque se ha manifestado en contra de lo que llama el «fundamentalismo de mercado», su visión de la economía es, en general, capitalista. Así mismo, en el terreno de lo social George Soros defiende los valores progresistas como los que tienen que ver con el feminismo, el matrimonio igualitario entre otros, además de defender todo aquello que tiene que ver con democracia y libertad de expresión (al menos es lo que aparece en su página web). Ello lo hace en parte por medio de su universidad en su tierra natal, también ofrece becas y financia algunos movimientos sociales afines a su forma de pensamiento como Black Lives Matter.

    Soros también es conocido por ser un especulador de bolsa y poner a la libra esterlina en varios aprietos hace unos años. Ello seguramente ha abonado a la creación de este «gran enemigo».

    El problema es que los sectores reaccionarios han creado de George Soros algo así como un enemigo para hacer creer a la gente que hay una gran conspiración que está manipulando y utilizando a la gente para crear un gobierno global totalitario. Ese mismo discurso, que era más propio de las posturas reaccionarias, ha sido adoptado por el lopezobradorismo.

    Una cosa es que George Soros financie algunos movimientos sociales afines a su pensamiento o que otorgue becas a algunas feministas para estudiar género, y otra es afirmar que él sea la mano oscura que está detrás de ellos manipulando a la gente con el fin de «controlar el mundo», y que todo esto que estamos viendo en nuestro país es un «montaje de George Soros» quien, según dicen los pejistas, le paga a la comentocracia mexicana y a los medios de comunicación para «imponer el neoliberalismo a través del paro».

    Es curioso, porque mientras que los pejistas dicen que George Soros busca imponer el neoliberalismo (cuando él ha criticado eso que él mismo ha acuñado «fundamentalismo de mercado»), los reaccionarios dicen que quiere imponer el comunismo a través de lo que llaman la «ideología de género» (cuando Soros es más bien anticomunista).

    Porque en sentido estricto, hay muchas organizaciones y movimientos que reciben también apoyo de empresarios y gente que tiene dinero que quiere promover su visión del mundo. ¿Les suena CitizenGo? Esa organización es completamente análoga a lo que hace Open Society pero con ideales conservadores. ¿Les suena el Frente Nacional por la Familia? ¿O creen que no hay gente que financia las venidas de Agustín Laje a México? Y que ello ocurra no es nada anormal ni implica que «la gente está siendo sujeta a una macabra manipulación». Hay muchas organizaciones de distintas posturas ideológicas que buscan influir culturalmente, como think tanks de diversos tipos y colores, e incluso gobiernos que dan becas a personas de otros países para influir sobre dichos países.

    Es evidente que George Soros busca influir políticamente en Occidente a través de sus ONG que tiene en varios países. Otra cosa son los alcances irreales que los reaccionarios le atribuyen, como si él controlara o depusiera gobiernos o como si los mandatarios de las naciones fueran sus titiriteros, como si las causas sociales fueran una creación suya para hacerse con el «poder mundial». Ello es un despropósito absurdo.

    Comprendamos lo absurdas que son estas teorías de la conspiración: los sectores más reaccionarios de México dicen que George Soros quiere abrir las fronteras de Europa para destruir al cristianismo; sin embargo, es curioso que la postura de la Iglesia Católica sea más bien pro migrante, basta ver la crítica que el Papa Francisco le hiciera a Donald Trump al respecto. No solo ello, la misma Iglesia ha hecho una ardua labor para acoger a migrantes en diversas latitudes del mundo. ¿O a poco la Iglesia Católica se está dando un disparo en el pie de una forma tan ingenua?

    La figura de George Soros se convierte así en lo que fueron los Rothschild o los Rockefeller, millonarios de los cuales se crearon diversas teorías de la conspiración. E igual que como ocurrió con los Rothschild, dichas teorías de la conspiración tienen un dejo antisemita.

    George Soros como ese ser endemoniado que busca controlar al mundo se ha convertido en una herramienta para lograr persuadir a la gente por medio del temor y la sospecha en vez de hacerlo por medio de argumentos claros y específicos sobre por qué se deberían apoyar o no ciertas posturas. La verdad es que en estos debates George Soros se vuelve irrelevante, porque entonces tendríamos que hablar de las organizaciones análogas que están en el otro lado del espectro político, y que haya gente que financie algunos movimientos no me debería privar de decir si soy provida o proaborto o feminista, tradicionalista y un largo etcétera, y ello debería ser producto de mis convicciones.

    Este tipo de artimañas paranoides lo único que hacen es enturbiar la discusión y el debate privando a la gente de adquirir la información necesaria para poder tomar posturas de una forma más sólida y responsable.

    Ah, ¡Esperen! Me acaba de llegar el depósito de George Soros a mi cuenta perfiles, de 20 euros por escribir este artículo.

  • ¡Auxilio! Mi hijo es un niñonazi

    ¡Auxilio! Mi hijo es un niñonazi

    ¡Auxilio! Mi hijo es un niñonazi

    Hola, soy Ramiro, y quería comentarles algo que me tiene muy preocupado. ¡Creo que mi hijo se convirtió en un niñonazi!

    Les cuento: era el mediodía y mi hijo había llegado de la escuela. Como siempre, su madre la había traído. Mi esposa se encarga de traerlo, ella nos hace de comer y yo soy el que trabajo, ya sabe.

    Pero esta vez, mi niño llegó llorando. ¡Sea hombrecito! ¡Los hombres no chillan! A ver, ¿por qué llora usted chamaco? Le dije:

    Papá, es que tengo miedo de que un robachicos me secuestre. Hoy uno se robó a uno de segundo de primaria en la entrada.

    ¿Por eso te estás quejando Ricardo?

    Papá, es que tengo mucho miedo. ¿Qué tal si el robachicos llega y me rapta? Él está grandote y fuerte, y pues un niño como yo no puede defenderse.

    ¡A ver Ricardo! Esto no es de adultos contra niños ni de robachicos, esto es de gente buena contra gente mala.

    Pero los robachicos siempre son adultos (decía Ricardo hundido en llanto). ¿A poco has visto a un niño robándose un adulto? Los niños tenemos miedo de que una persona grande nos secuestre. Por eso, cuando estamos solos en la calle esperando a que nos recojan y pasa un adulto extraño que no conocemos nos da miedo.

    ¡Ricardo! Vamos a ser racionales. Según el Instituto de la Estadística Mexicana treinta niños son secuestrados cada mes y cien son adultos ¡A los adultos nos secuestran más!. ¿Entonces cómo vienes a decirme a mí, un adulto, que me preocupe por los robachicos cuando a nosotros nos pueden secuestrar más?

    Pero Papá, a muchos grandes los raptan no solo para pedir recompensas, sino también como ajustes de cuentas entre pandillas, por eso son más. Y claro que me dolería mucho que a ti te raptaran, pero los niños tenemos mucho miedo por lo que pasó ¿por qué está mal que digamos que tenemos miedo de que un robachicos llegue y nos rapte?

    Aparte estás viendo mucha televisión Ricardo, ahí se la pasan hablando de robachicos. ¿Qué no ves que todos esos medios de comunicación reciben dinero del tal George Soros ese que quiere que los adultos y los niños nos peleemos para instaurar el comunismo en las familias?

    ¡Pero papá, tengo mucho miedo!

    Evidentemente mandé a mi niño a su cuarto por chillón. ¡Me dio coraje! ¿Cómo mi hijo pudo, así de fácil, convertirse en un niñonazi?

  • Pejesplaining: la pérdida de popularidad y la venganza de AMLO contra las feministas

    Pejesplaining: la pérdida de popularidad y la venganza de AMLO contra las feministas

    Pejesplaining: la pérdida de popularidad y la venganza de AMLO contra las feministas
    Imagen: Malv News

    AMLO está incómodo. Por primera vez desde que llegó a la presidencia tiene la sensación de haber perdido el control. Lo vemos más enojado en los mítines donde regaña a los simpatizantes que lo cuestionan, pero lo vemos, sobre todo, con una actitud hasta beligerante hacia los grupos feministas que organizaron el paro del 9M.

    Las feministas cometieron el «pecadillo» de robarle lo más preciado que López Obrador tiene: su discurso y su agenda.

    Pero no se lo robaron por querer «fregarse al Presidente». Se lo robaron básicamente por culpa del propio López Obrador quien desestimó los feminicidios y enardeció a los colectivos feministas quienes, en teoría, tendrían que esperar de la izquierda cierto apoyo, pero no en ésta (y eso lo sabíamos desde hace tiempo).

    El producto de la displicencia y el desprecio de López Obrador se vio reflejado en las encuestas publicadas el lunes, donde todos los estudios demoscópicos reflejaron una caída que ya venía arrastrando desde hace tiempo. Lo interesante es que dicha caída es más notoria en aquel sector que hace unos días comenté que podía perder, en las personas con educación universitaria:

    Ese sector, que le daba hasta hace un año una contundente aprobación del 79%, prácticamente le volteó la cara y tan solo el 43% lo apoya. Ahí perdió más del 35% de simpatizantes. Y para redondear las malas noticias, en los sectores con menos educación, mayormente beneficiarios de sus programas sociales, también ha perdido simpatizantes.

    Imagen

    Pero enfoquémonos en el tema de las mujeres, porque podría convertirse en el «Ayotzinapa» de AMLO, en ese punto de inflexión que puede marcar un punto de no retorno (como sucedió con Peña Nieto).

    Venía hablando del gran error que cometió López Obrador al despreciar el tema de los feminicidios y enemistarse con los grupos feministas. Las encuestas le mostraron a López Obrador la factura de su error. Era obvio que ocurriría porque trató de desprestigiar el paro organizado por las mujeres y cuya convocatoria fue mucho más allá de los sectores feministas y/o progresistas del país.

    Pero no solo estos sectores le voltearon la cara, porque esta iniciativa trascendió el activismo progresista. Muchas mujeres se sumaron y se solidarizaron al ver cómo en solo una semana, una joven (Ingrid) era desollada y una niña de 7 años (Fátima) cruelmente asesinada. Mujeres y hombres que se sintieron afectados por estas noticias, simplemente le voltearon la cara.

    Si el problema era que la derecha estaba sacando provecho de la iniciativa (lo cual no es falso), entonces AMLO pudo hacerla criticado como tal, pero no a la iniciativa misma. En la práctica, la influencia que los partidos de derecha pueden ejercer en el 9M es muy marginal y tal vez hasta insignificante, y en teoría tampoco es como que su «simpatía» fuera muy bien recibida ni por los colectivos feministas ni por la comentocracia.

    López Obrador no quiso hacer esa distinción, no porque no pudiera, sino porque, al parecer, estaba molesto por el hecho de que le habían logrado arrebatar su agenda, y si ya las feministas estaban enojadas con él, entonces el ambiente se enturbió aún más.

    Ya era notoria la tesitura, algunos influencers adheridos a López Obrador como El Chapucero hicieron parte del trabajo sucio al decir que el #9M estaba organizado por George Soros para usar a las feministas e imponer «el neoliberalismo». Sorprendentemente era la misma teoría de conspiración de los sectores ultraconservadores acoplada al discurso del gobierno actual:

    ¿Y cual es la reacción de AMLO al ver su popularidad en declive? ¿Tratar de dialogar con las feministas? ¿Tratar de buscar puentes? ¿Comprometerse a combatir la violencia hacia la mujer para recuperar las simpatías de algunos de los decepcionados? Todo lo contrario. Un solo día después, López Obrador anunció que iniciaría la venta de los boletos de la rifa del avión el mismo día del paro nacional.

    Revanchismo puro, porque esa decisión no se puede explicar de otra forma:

    Si tú me arrebatas la agenda yo te voy a arrebatar la tuya, y lo haré con aquello mismo que opacaste: la rifa del avión presidencial.

    Estos movimientos ya no sólo son incómodos, ya se volvieron adversarios de López Obrador y él es el único responsable de que aquello sucediera. Los colectivos feministas tan solo hicieron lo que se esperaba que harían ante un gobierno que desestima los feminicidios. López Obrador no solo se echó encima a estos colectivos, sino a un considerable sector de la población indignada por los feminicidios.

    Además del evidente mensaje: que a López Obrador no le importan esas causas, que su forma de pensar es arcaica y hasta «patriarcal» al punto en que, al parecer, no le gustó que su esposa se sumara al paro (Beatriz luego «cambió de opinión») está otro aún más preocupante: uno donde la preocupación por la gente, incluso por esa abstracción tramposa llamada «pueblo», está supeditada a las ansias de poder.

    Los miembros de su gobierno también se han dado a la tarea de descalificar a estos movimientos, o bien, a tratar de encauzarlos a su favor. John Ackerman básicamente les dijo a las mujeres cómo es que tienen que llevar a cabo sus causas (es decir, en consonancia con los intereses de la 4T) e incluso buscó apropiarse de una de sus consignas para convertirla en propaganda gubernamental: «La Cuarta Transformación será feminista o no será».

    https://www.youtube.com/watch?v=BT3RNyxZZHE&feature=emb_logo

    López Obrador está tan confiado de su papel en la historia mexicana (o el que se imagina que debe ser) que cualquier cosa que parezca navegar contracorriente se convierte no solo en un problema, sino en un adversario. Está claro que ese paraíso cuasiutópico que AMLO imaginó lograr está muy lejos de llegar y que la forma en que concibió su gobierno como agente de cambio para llegar a éste ha cometido más errores que aciertos.

    El problema es que si López Obrador está cometiendo estos errores, ya de por sí graves, al ver que las cosas no le funcionan como quiere, ¿qué va a pasar cuando vea cada vez más imposible su ulterior objetivo? ¿Podrá tomar decisiones irracionales que puedan poner en jaque la estabilidad del país? Hay que poner mucha atención y estar vigilantes.