Autor: Cerebro

  • Zapopis, la nueva mascota de los Juegos Panamericanos

    Yo cuando lo ví, me indigné. Una amiga me pasó el artículo de un blogger que publicó una cuarta mascota que se iba a agregar a las tres ya existentes. ¿Cómo en unos Juegos utilizan una mascota religiosa?, ¿Qué tiene que ver la religión y el deporte?. Según la fuente, el gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez, comento que era una forma de representar la fe de la mayoría de los tapatíos. Pero seguramente esa mascota iba a indignar tanto a la gente conservadora como a la liberal. También el nombre es bastante feo, tiene tintes escatológicos.

    La mascota, como pueden ver, es una virgencita con el logotipo de los Juegos Panamericanos. La imagen está muy bien lograda, pero afortunadamente se trató de una broma. Seguramente un diseñador con buenas habilidades en Adobe Illustrator (o Corel Draw o lo que sea) creó la mascota respetando los lineamientos de los otros tres. Dicen que es una forma de reclamo porque la comunidad huichola se indignó ante la mascota Huichi, porque para ellos, es su guía y su dios sagrado, y el gobierno la está usando como mero folclor.

    No es la primera vez que ocurre algo así en el mundo. Hace un año, en los Juegos de Invierno de Vancouver, a un curioso se le ocurrió poner a «pedobear» dentro del catálogo de mascotas. Pedobear es una mascota que representa la pedofilia y fue utilizada para denunciar los actos pedófilos, sobre todos, en aquellos que incurrían miembros de la Iglesia Católica. Muchos se la creyeron, tan así que un periódico europeo publicó al oso como parte de las mascotas oficiales.

    Pueden ver a Pedobear en la siguiente imagen, es la mascota de la derecha:

     

  • Una nación que rompe con lo local

    La realidad de la violencia estructural del país y la descomposición del tejido social va acompañada de la fortaleza que adquieren los “cacicazgos locales”, la impunidad estatal y la inoperancia e ineficiencia nacionales. Habiendo arribado al final del sexenio y entrando en tiempos de pre-electorales, nuestras autoridades y la clase política nacional, han encontrado el mejor momento para repartir culpas y sacrificar a ciertos “puercos”, con tal de que minimizar los riesgos e incentivar la confusión de los electores.

    Mientras en el mundo la palabra que describe el hartazgo y el descontento se visualiza en la “indignación”, en México, estamos arribando a un momento en que sin importar las marchas, los caminos, las caravanas, los plantones o los mítines; los adjetivos que nos describen como sociedad son la destrucción, el desánimo, la desestabilización, la desesperación y la desesperanza. La destrucción del país, adquiere un matiz local que se muestra con el rostro peculiar de los 2,438 municipios que conforman la nación y que las autoridades sólo observan bajo una realidad limitada a 32 entidades federativas y en el mejor de los casos, a la realidad de las 56 zonas metropolitanas que tiene registradas el Inegi en el Censo de 2010. En México, nadie se anima a observar la realidad de la violencia y la descomposición nacional, a partir de las 2,438 realidades locales que han demostrado ser muy diversas y en las cuales, los cacicazgos y la corrupción local se hacen fuertes y se consolidan de forma distinta.

    Quienes aspiran a tener un cargo de elección popular en el próximo proceso del 2012, insisten en dejar a la así llamada “autonomía municipal” la responsabilidad de sus discursos, de sus propuestas y de sus realidades sociopolíticas y culturales; y no se puede entender a un país, si no se implican y se imbrican en las realidades locales. La clase política nacional, prefiere hablar de un discurso nacional simplista y ha demostrado ser más proclive a buscar a los cacicazgos locales solo para negociar y pactar apoyos políticos y electorales, no para implicarse en el entendimiento y las soluciones de cada municipio.

    A menos de un mes de que el IFE de por iniciado el proceso electoral del 2012, México vivirá un proceso plagado de fanatismos partidistas en donde el debate central, se establecerá en la vaguedad y la levedad de los motivos: para no regresar al PRI y para no seguir con el PAN en medio de una izquierda desdibujada. La gran mayoría de los ciudadanos que viven en esta destrucción local a la que nadie “quiere entrarle” y en la que ninguno quiere inmiscuirse; tendrán que elegir pensando en lo que no quieren y muy poco en lo que necesitan. El proceso del 2012 será uno de los más grandes en términos históricos, pero también, será uno de los más pobres en términos de reflexionar y atender las realidades locales.

    El discurso político electoral de los aspirantes a Presidente de la República, seguirá siendo arcaico y evidenciará la preocupante ruptura que existe entre el nivel político nacional y el local, misma que se evidencia cuando desde lo nacional, solo se reparten culpas y nada se hace para coadyuvar en la mejora de sus propias realidades. Mientras no exista una voluntad política de entender el imaginario y las realidades locales, no podrá existir un verdadero discurso y propuesta nacional.

  • La inconformidad mundial llega a Wall Street

    Todos lo hemos visto, una ola de manifestantes inconformes han salido de sus casas y han tomado las calles para manifestarse. Los motivos son diferentes. Las primeras manifestaciones en países como Egipto o Libia era manifestarse contra las dictaduras. Pero el fenómeno se extrapoló a países «supuestamente» democráticos. Todo empezó en España, luego Inglaterra y Chile con el problema de la educación superior al cual muchos habitantes no tienen acceso. Pero nunca nos imaginamos que estas manifestaciones llegaran al punto neurálgico del capitalismo al cual se critica: Wall Street.

    Los medios estadounidenses no le han tomado mucha importancia (posiblemente esto sea deliberado, ya que forman parte de la élite a la cual se critica), pero las redes sociales han sido efectivas para transmitir el fenómeno a la población. Pero ¿cual es el origen de esta inconformidad?, tanto en España, Inglaterra, Chile y Estados Unidos, la gente está inconforme con el sistema económico actual, donde las corporaciones han rebasado a los gobiernos, donde los primeros han utilizado a los segundos para coptarlos y beneficiarse por medio de rescates y dicho sea de paso amenazas (ya que los gobiernos en el sistema actual dependen mucho de los mercados). Mandatarios como Obama y Zapatero han criticado a los mercados por la crisis, pero parece que poco pueden hacer ante tal situación. En ambos países, los mandatarios tienen un bajo índice de aceptación, y la oposición conservadora (ya sea PP en España o los republicanos en Estados Unidos) lo ha aprovechado para captar más votos a su favor, a pesar de que en teoría, los gobiernos actuales se acercan más a la linea ideológica de los inconformes.

    La manifestación en Estados Unidos fue organizada por Adbusters y otras organizaciones de izquierda inconformes por como Wall Street se ha venido manejando en los últimos años, donde la especulación financiera ha terminado por afectar la economía de los Estados Unidos, y sea dicho, de paso de todo el mundo. Mientras tanto en otros países como Alemania y Francia ya planean imponer medidas a los mercados como la Tasa Tobin, que fuera una propuesta creada por el economista estadounidense Premio Nobel James Tobin y promovida por movimientos altermundistas, la cual consiste en un impuesto sobre el flujo de capitales como una forma de combatir la pobreza en el mundo.

    Los argumentos son los mismos, el abuso de las corporaciones, los rescates bancarios, la mala distribución de la riqueza. Dicen que son el 99% de la gente incoforme con la codicia y la corrupción del 1% más rico de los Estados Unidos. Hace no mucho Michael Moore lanzó un documental haciendo este tipo de críticas a Wall Street llamado «Capitalismo, Una Historia de Amor» el cual no tuvo tanto éxito como otras de sus obras, pero pareciera que su mensaje se transmitió en algunos sectores de Estados Unidos (o pudo ser pura coincidencia). Pero la inconformidad con las corporaciones en Estados Unidos sigue creciendo. Ahora son cientos de personas manifestandose, pero seguramente se unirán más.

    La convocatoria se hizo por medio de las redes sociales, especialmente Twitter, por medio del hashtag #occupyWallStreet. Pero la reunión de los manifestantes ha sido algo complicada. Esto porque a diferencia de los escenarios y plazas de España, la calle de Wall Street (donde se encuentra la bolsa de valores) es muy angosta y está siendo resguardada por elementos de seguridad, por lo que los manifestantes se han tenido que trasladar a otros lugares cercanos como el Trinity Place y el lugar donde se encuentra el emblemático toro. Pero al igual que en España, los manifestantes afirmaron que se van a quedar, si es necesario meses.

    Casualidad o no, Barack Obama ayer lanzó una propuesta económica llamada «El Plan Buffet», llamado así porque el multimillonario Warren Buffet decía que los poderosos pagaban menos impuestos que lo que debía de pagar, de hecho el mismo Buffet, hace un mes criticó a Obama por mimar a los poderosos. Pero en esta ocasión, parece que el presidente ha tenido que pintar raya con ellos. El Plan Buffet consiste en un impuesto a las personas que ganen más de un millón de dólares al año,  El objetivo, reportó este sábado The New York Times, es asegurar que la contribución de los ricos del país sea al menos de la misma proporción que la hecha por los contribuyentes medios. Naturalmente los republicanos criticaron la propuesta al considerar que esa medida limitaría el crecimiento y dañaría la inversión, algo que a mi punto de vista se me hace absurdo, porque al igual que en México, el grueso de la economía estadounidense está basada en pequeñas y medianas empresas.

    Obama tiene una oportunidad para restaurar su imagen ante la sociedad si logra canalizar los reclamos de ella. Que los estadounidenses que generalmente son mas pasivos en cuestiones de participación ciudadana comparada con su contraparte europea, salgan a manifestarse, ya es indicativo de algo. Se le debe de poner freno a este dominio corporativista, porque si la democracia está sustentada en el gobierno y los corporativos son entes externos al gobierno cuya sociedad no puede controlar ni reclamar más que dejando de comprar sus productos, entonces estaríamos hablando de un deterioro de la democracia. No se trata de seguir ejemplos como el de Venezuela o Bolivia donde llegan al otro extremo. Se debe de llegar a un equilibrio entre estado y mercado. El mercado debe de jugar su papel y el estado también, pero uno no puede imponerse al otro, deben de aprender a coexistir.

    A continuación les dejo la transmisión en vivo de lo que sucede en Wall Street (si no lo ven es que llegaron demasiado tarde y la manifestación ya se acabó).

    Watch live streaming video from globalrevolution at livestream.com
  • Minipost #75 Mala suerte en el amor

    Muchos de los resultados desagradables de una relación se atribuyen a la poca o nula experiencia, celos, inmadurez, y especialmente a la “baja autoestima” que podamos tener. Pero en realidad, muchas veces fijamos expectativas y exigencias tan altas que nunca logran llenarse, y que cuando no son alcanzadas decimos que es porque tenemos “mala suerte en el amor”.

  • La debacle de Barack Obama

    Me pregunto como en un mundo actual, donde el neoliberalismo se desmorona a pasos agigantados para la mayoría de la sociedad (no así para sus pocos beneficiarios que se encuentran en la élite) sigue predominando este sistema económico que da muestras de que no quiere marcharse. El credo neoliberal tuvo su auge  allá por los 70’s con economistas como Milton Friedman (Premio Nobel inspirado en Hayek y Von Misses, y que fué abucheado al recibir su premio por su cercanía con Pinochet), y filósofos como Ayn Rand, A partir de los 80’s con Tatcher y Reagan se implementaron estas políticas, y al caer el Muro de Berlín junto con el colapso del sistema soviético, fue la política que tuvo mayor auge. Aunque los europeos (quienes se beneficiaron del equilibrio entre los dos extremos: capitalismo – comunismo) se mostraron más resistentes a ese cambio.

    El sistema siempre tuvo críticas, pero a partir de finales de los 90’s muchos se manifestaron en contra de él. A partir de los 90’s parecía que el capitalismo había triunfado y que los beneficios iban a ser para todos. Pero las cosas no ocurrieron así. En casi todo el mundo, la brecha entre ricos y pobres se disparó.  Y así a partir del año 2000 dentro de las academias comenzaron a surgir intelectuales críticos del sistema, inclusive en Estados Unidos, con Premios Nobel como Krugman y Stiglitz. Todo indicaba que el neoliberalismo debería llegar a su fin, pero habia un problema. Las corporaciones se hicieron tan grandes y los gobiernos tan chicos, que se antojaba difícil hacer un cambio, hacer una especie de «New Deal» como el de Roosevelt después de la crisis de 1929.

    La culpa de que este sistema enfermo siga dominando la tiene en parte la izquierda. Y aquí es donde entro con Barack Obama. Muchos dirán que no es de izquierda (más porque en Estados Unidos ese término es cambiado por el de liberal porque el ser «izquierdista» es algo prohibido), pero si tiene rasgos mucho más socialistas que la gran mayoría de los presidentes estadounidenses, por lo cual se podría considerar como un presidente de centro-izquierda. Pero ¿cual es el problema de Obama?.

    Decía un especialista que los políticos de derecha como Reagan no se habían responsabilizado por las crisis que dejaron sus antecesores. Pero Obama se terminó responsabilizando por la crisis económica en que George W Bush dejó a su país. La percepción del estadounidense es que Obama no ha podido con el paquete, y tal vez sea cierto, pero la posición en que lo dejó Bush fue muy incómoda. Quiso verse tal vez demasiado demócrata y no responsabilizó a su antecesor por la situación que atraviesa Estados Unidos.

    Obama generó expectativas porque iba a desmantelar todo lo que había hecho Bush, iba a retirar las tropas de Iraq, cerrar Guantánamo, e iba a implementar medidas socialistas que incluían la cobertura médica universal. Pero a Barack Obama le ha faltado liderazgo. En Estados Unidos hicieron el gobierno tan pequeñito y a las corporaciones tan «grandotas» que Obama se vió en una encrucijada. Decidió rescatar empresas en quiebra, pero no desmanteló por completo la corrupción que había en el sector empresarial de Estodos Unidos, se volvió indeciso, le ha faltado tal vez algo de caracter, de saber negociar. Todos esperaban de él un Roosevelt y un New Deal pero este no ha llegado. Por eso es comprensible que en las elecciones intermedias perdiera la mayoría del congreso, la gente (si ya no solo en México, en Estados Unidos y en todo el mundo) a veces no tiene memoria histórica, y cuando una opción no funciona optan por la otra aunque haya funcionado peor en su momento. Los estadounidenses optaron por darle una segunda oportunidad a los republicanos (a pesar del desastre que hicieron entre el 2000 y el 2008) y ahora Obama tendrá que negociar. La reforma sanitaria tendrá que ser más chiquita, la retirada de Irak más lenta, al igual que el cierre de Guantánamo.

    Obama pudo marcar un antes y un después, pero no se supo definir. Siendo izquierdista de carrera, trató de ponerse en el centro del espectro político, lo cual es muestra de un evidente titubeo, y la derecha y todo lo que representa (conservadores, corporaciones) se aprovechó de ello. Obama debió arriesgarse e imponer su agenda a pesar de los reclamos de los poderes fácticos, tal y como lo hizo Roosevelt. No se trataba de convertir a Estados Unidos en un país comunista, se trataba de poner un orden a los excesos que el sistema neoliberal había provocado. Otros mandatarios llamados «de izquierda» se han visto rebasados por los intereses de las corporaciones, como en España, y han tenido que adoptar de cierta forma la agenda neoliberal, porque de otra forma, dichas corporaciones ejercerán tal presión que terminará siendo contraproducente. Pero Obama está en el centro neurálgico del mundo (y aunque digan que China se acerca, la mayoría de las corporaciones son estadounidenses), si el lo hacía, podría lograr una reacción en cadena. Casi todas las corporaciones tienen su origen en Estados Unidos, y si el presidente les hubiera puesto un alto, hubiera sido mas fácil para el resto del mundo. Pero Obama no se atrevió.

    Dice Lula da Silva que cuando uno es joven, se acerca a los extremos del espectro político (ya sea de izquierda o de derecha), y cuando crecen, tienden ir más al centro, los izquierdistas se hacen socialdemócratas y los de derecha, de centroderecha. Pero creo que lo que se le olvidó decir es que cuando quedas en el puro centro, quedas en un vacío ideológico, el cual los oponentes aprovechan. Ser de centro es no tener ideología propia, y es lo que le ha pasado en la práctica a Barack Obama. El neoliberalismo no es ya un sistema ideológico, es un sistema que está ahí para satisfacer las necesidades de unos pocos cuantos, sus argumentos son ya fáciles de rebatir. El símbolo del fracaso del comunismo fué el Muro de Berlín, su caída consumó el su fracaso. En cambio nadie se ha atrevido a derribar el muro «neoliberal». Posiblemente porque el comunismo tenía como base un gobierno central (como el Gran Hermano de 1984), y las corporaciones que promulgan el neoliberalismo son descentralizadas y tal vez más difíciles de atacar (que sería como un pulpo que ataca con sus brazos). Obama tuvo esa oportunidad, pero creo que ya es demasiado tarde. Mientras tanto, solo queda sentarse a ver su declive como presidente y la gran posibilidad de que los republicanos vuelvan a tomar el poder. Muchos nos ilusionamos, pero en este mundo se necesita más que buenas intenciones para cambiarlo.

  • El Grito

    Grito de IndependenciaEn Twitter aparecía como trend topic #gritosmexicanos en alusión al Grito de Independencia que se llevara acabo en el Zócalo. Muchos hablaban de los peculiares gritos mexicanos que tiene que ver con nuestra cultura e idiosincrasia: Por ejemplo, gritos como «el gaaaaas», «Ay Jalisco no te rajes», «Goya Goya», «puuuuuto (al portero del equipo contrario», el novedoso «fuaaaaa», o algunos proponían algunos importados como el de Laura Bozo: «Que pase el desgraciado». Lo cierto es que el verdadero grito lo dará como siempre el Presidente de la República, Felipe Calderón. Nada más que ahora no habrán malogrados festejos del bicentenario ni nada por el estilo. Será un grito como el de cualquier año.

    O quizá no tanto. Estuvo apunto de tener que ser movido de lugar porque el SME no se quería retirar de la plancha del Zócalo, por lo que el gobierno tuvo que negociar. Y no solo eso, un sector de la población por medio de las redes sociales convocó a no asistir al grito para dejar al Presidente solo, como una forma de repudio a su gestión. Aunque claro, con todo y el clima de inseguridad y todo lo que le rodea, seguramente millones de mexicanos asistirán al Zócalo y a sus sucursales estatales a dar el famoso grito. Aunque muchos no sepan lo que signifique, aunque su valor histórico esté en tela de juicio.

    Como todo país, México necesita tener algun mecanismo para apelar ese sentimiento de nacionalismo, y el grito es uno de esos mecanismos (además, claro está, la selección mexicana y el excesivo respeto cuasireligioso por los símbolos patrios).  Pero es curioso nuestro nacionalismo, porque la mayoría de los mexicanos percibimos que México está mal, le encontramos los defectos por todos lados, no sentimos algo por lo que estar orgullosos como sociedad (ese orgullo se limita a los recursos naturales y tradiciones), nuestra historia, siendo sinceros no nos da mucho orgullo, porque nunca fuimos una potencia mundial o algún país que influenciara de alguna forma al mundo, más bien fuimos receptores de otras culturas más fuertes que la nuestra.

    Pero claro que teníamos rasgos culturales de los cuales sentirnos orgullosos, pero los desechamos en pos del progreso, un progreso no basado en nuestras raíces, sino en otras culturas que asimilamos como más avanzadas. En cambio el vecino del norte, Estados Unidos, sin una base cultural sólida, pero con una idea y camino claro a seguir, comenzó a construír un sentimiento de nacionalismo, que los ha hecho fuertes como sociedad. Fué una mezcla de varias culturas (eran originarios de varias partes de Europa), pero decidieron empezar desde cero. Al grado que dentro de ese nacionalismo caben diferentes razas, y nacionalidades.

    A ellos, su nacionalismo les da orgullo, a nosotros no tanto, porque asociamos a México con un centenar de problemas. A pesar de que algunos estudios digan que México es uno de los países más felices, el mexicano siente que por su condición, le tocó sufrir, batallarle, el mexicano se siente víctima: Víctima de su historia, de sus gobernantes, de la injusticia, de la inseguridad, de la violencia. El norteamericano en cambio no lo ve así, ellos ven su país como una tierra de oportunidades, son el «self made man«, a pesar de que caigan en el otro extremo de no reconocer cuando los gobernantes los engañan, o cuando las grandes corporaciones se infiltran en el gobierno para imponer su agenda de acuerdo a sus intereses en detrimento del pueblo.

    Por eso al mexicano no le queda más que arroparse en lo simbólico. Su país no le puede dar lo que quiere, pero los símbolos que lo representan le dan un cobijo para no sentirse desolado. La sociedad mexicana puede ser imperfecta, corrupta, injusta, pero el simbolismo que representa el grito o los símbolos patrios son a prueba de todo aquellos males. Por un decirlo, México es como aquella persona que ha tenido una vida traumática, difícil, pero ostenta de un buen apellido el cual maquilla todos sus males. Pero para que México progrese, se deberá enfrentar consigo mismo, así como esa persona, deberá aceptar y asimilar sus defectos históricos y perdonarse todos sus errores. México es un país traumado, y en este caso, el grito no es de independencia, porque en realidad no somos independientes del todo (somos más dependientes de nuestras propias ataduras que de las situaciones externas) más bien el grito es de frustración y de dolor.

  • Día del programador

    Soy mercadólogo, pero por azares del destino, terminé haciendo páginas web (aunque sigo también ofreciendo servicios relacionados con la mercadotecnia). Recuerdo, empecé con HTML, CSS, y luego empecé a coquetear con Javascript, en especial su librería (jQuery), y lenguajes de servidor como PHP y su respectiva base de datos MySQL. El aprender a programar me cambió la perspectiva sobre lo que son las páginas web y como funcionan. Porque desde hace 10 años el Internet ha evolucionado tanto que ha cambiado el panorama mundial. Mucha de la historia de hoy no se podría entender sin el Internet.

    A través de la programación uno puede entender que son las páginas web y como funcionan. Aprender a programar siempre lo he dicho, es como una rara mezcla entre aprender un idioma y aprender matemáticas (más bien lógica). Para que una página web se conciba como tal, se necesita una serie de comandos que le den forma a dicha página. Para alguien que no es programador, no entenderá esos comandos, así como sucede como cuando uno abre un libro de un idioma que no conoce. Para hacer un ejemplo, dale en el menú de tu navegador en «ver» y luego «código fuente de la página». Seguro no entenderás nada si no eres programador, pero es lo que nosotros hacemos para crear dichas páginas. Y lo que ves, no es necesariamente todo lo que hemos escrito, porque si la página web es dinámica (es decir, que usa un lenguaje de servidor como PHP, ASP, Phyton o Ruby on Rails) no verás lo que hemos escrito en esos lenguajes, solo su traducción al HTML, lo cual lo hace mucho más complejo.

    Todos este tipo de lenguajes, hacen equipo con los navegadores, los servidores donde están hospedados, y las empresas que proveen el servicio de Internet, para crear toda una red de información y contenidos. En un inicio la mayoría de las páginas eran estáticas y estaban creadas en HTML, pero vinieron lenguajes de programación (que si bien en su mayoría existían desde que apareció Internet, terminaron por penetrar en la red más tarde) y se crearon las páginas dinámicas. Donde por medio de una serie de comandos, el usuario final puede administrar un sitio web sin necesidad de saber programación. Un ejemplo es este blog, que es un sitio dinámico bajo un sistema llamado WordPress (el sistema de blogs más extendido a nivel mundial), y donde yo escribo sin necesidad de programar nada (claro que si tengo que utilizar programación para hacer cambios en la imagen del sitio pero ese ya es otro boleto). Las redes sociales más populares también son dinámicas, Facebook, por ej, está programado en PHP, Twitter en Ruby on Rails, Google usa varios lenguajes, en especial Phyton, etc.

    Quería hacer mención de todo esto, porque hoy es el día del programador, y creo que habría que tomarlo en cuenta, porque gracias a ellos existe Internet. Programar no es tarea fácil. Hacer una página web no es como crear un documento en Word. Se necesita aprender comandos, aprender como funcionan los lenguajes, su sintaxis, sus reglas, las cuales varían entre uno y otro, a pesar de que en la base muchos de estos lenguajes tienen atributos parecidos. Se puede crear desde una página web sencilla la cual al programador no le tome ni un día, hasta sitios tan complejos que necesitan equipos de más de 100 personas, los cuales desarrollan y actualizan dichos sitios conforme pase el tiempo. Y si, los que están detrás de las computadoras programando, generalmente no son gente conocida, son gente con un perfil relativamente bajo ante la sociedad, casi nadie sabe como se llaman los creadores de los lenguajes más populares que hacen que Internet funcione, mucho menos quienes los utilizan para crear dichos sitios. Pero gracias a ellos en Internet se ha logrado encontrar un espacio democrático donde en muchos países, la sociedad se ha organizado para manifestarse, para debatir, y para reclamar sus derechos.

  • A 10 años

    Ayer hizo 10 años que, mientras conducía mi auto al trabajo, escuché en la radio la narración de una de las peores tragedias que Estados Unidos ha sufrido desde el ataque de los japoneses a Pearl Harbor: dos aviones comerciales acababan de estrellarse contra las torres del World Trade Center. Apuré mi paso, y al llegar, observé por televisión cómo sucumbían aquellos íconos neoyorquinos, compartiendo la mirada atónita de mis compañeras y compañeros de trabajo. Las cámaras de televisión no perdonaron nada.

    Podíamos ver el pánico reflejado en los rostros de las y los espectadores, la angustia y el desconcierto por lo que estaban viviendo. Parecía irreal. Los edificios estaban ahí, aún erguidos, pero mortalmente heridos; varios pisos habían sido cercenados por el impacto de dos aviones comerciales; el primero aparentaba ser un accidente, pero el segundo dejó en claro que se trataba de un atentado terrorista. Nueva York se paralizó. La atención estaba centrada en los humeantes rascacielos y las tres mil personas que se encontraban atrapadas dentro; algunas de ellas no soportaron el calor o la idea de morir calcinadas y prefirieron lanzarse al vacío. Las imágenes parecían sacadas de una película de terror de Hollywood.

    Cincuenta y seis minutos después del primer impacto una de las torres comenzó a derrumbarse; le tomó sólo 12 segundos desmoronarse por completo. A los 102 minutos, su gemela la siguió. Un tsunami de humo y escombros persiguió a las y los espectadores que corrían ahora despavoridos para ponerse a salvo, parecía la nube piroclástica de un volcán. Después todo fue desolación, incredulidad, parálisis. Nueva York se volvió gris. Desde lejos su perfil se había modificado definitivamente, faltaban los dos rascacielos. Una nube de polvo cubría Manhattan, la cual se equiparaba a la sombra que cubría los corazones de todos los estadounidenses, quienes por primera vez se sintieron vulnerados.

    Se informó también que otro avión se había estrellado contra El Pentágono, cuyas imágenes no podían dejar de llenar de incredulidad a todo aquel que las mirara. ¿Cómo habían podido llegar tan lejos los ataques? ¿Cómo al mismo centro de inteligencia del país más poderoso del mundo? Se supo entonces de un cuarto avión secuestrado: el vuelo Q93 de United Airlines que se dirigía a Washington. Todos asumieron lo peor: la Casa Blanca.

    Más tarde se supo que dicha aeronave se había estrellado en Pensilvania, no estaba claro si se había desplomado o si la había derribado la fuerza aérea estadounidense; la verdad fue más dramática: fueron los mismos pasajeros quienes lo hicieron para evitar que se perdieran más vidas que las suyas. Un acto de heroísmo que levantaba un poco el ánimo después de los golpes recibidos. Y todo quedó grabado.

    La desmoralizadora tragedia que lastimó el corazón y la cabeza del gigante norteamericano tuvo tal trascendencia porque fue transmitida en vivo y en directo. Porque todo el mundo pudo ver el dolor que se vive en este tipo de actos inhumanos, y se sintió vulnerable, aterrado. Las guerras posteriores «contra el terror», que en realidad fueron contra Afganistán e Irak, injustificadas ambas –la segunda más que la primera–, no tuvieron un eco tan profundo porque las cadenas internacionales no interrumpieron las transmisiones para relatar el dolor que las familias afganas o iraquíes vivían. El odio que 19 secuestradores suicidas dirigidos por un grupo fundamentalista provocaron se transformó en xenofobia que árabes y latinos sufrieron por igual dentro del territorio de Estados Unidos, y fuera de éste causó la desensibilización por la masacre que se estaba llevando a cabo en nombre de la venganza.

    George W. Bush relata en sus memorias lo que sintió cuando supo del impacto del segundo avión al WTC: «Me hervía la sangre. Íbamos a encontrar a los que lo habían hecho y les íbamos a machacar (…)». ¿Pero contra quién fue la venganza? ¿A quiénes machacaron? Olvidándonos de todas las teorías de conspiración que surgieron a partir de ese funesto día, ¿se hizo justicia con la invasión a aquellas dos naciones?

    En el atentado contra las Torres Gemelas murieron un estimado de dos mil 819 personas. El total de los decesos desde el inicio de la guerra en Afganistán e Irak, según el Departamento del Trabajo de EU, oscila entre 14 mil y 34 mil. Al día de hoy han perecido en combate seis mil 26 militares estadounidenses de acuerdo al Washington Post, además de que los ataques desataron un odio y una desconfianza injusta hacia los musulmanes en general.

    Las y los practicantes del Islam –o quienes aparentaran serlo– fueron el blanco principal de la guerra contra el terror personal de muchos que decidieron tomar la venganza en sus propias manos. Hubo agresiones a personas por el único hecho de ser musulmanas –o parecerlo. Los crímenes de odio se dispararon: un Sikh fue asesinado porque se consideró que su turbante lo catalogaba como sospechoso, y un cristiano murió sólo porque era egipcio (Miller-McCune, A Spotlight on the 9/11 Anti-Muslim Backlash 2011). El Islam, sus practicantes y quienes tuvieran rasgos físicos típicos de los originarios del medio oriente o similares, se transformaron en el enemigo. La guerra contra el terror se convirtió en la guerra a lo diferente, como pasa cuando se lucha contra adversarios subjetivos.

    Tuve la oportunidad de compartir una clase en la Universidad para la Paz con varios compañeros y compañeras de religión musulmana, y encontré que deseaban la paz tanto como el resto del mundo, y que, al igual que los católicos, cuentan con fundamentalistas en sus filas que provocan que el resto del mundo les tema. A todos los recuerdo con mucho cariño y tengo la fortuna de nombrarme amiga de ellos y ellas, con quienes compartí experiencias que lograron desmitificar en mí los estereotipos que la mala prensa y mi desconocimiento habían construido, pero hay una en especial que me marcó desde el inicio. Al preguntarnos el profesor al comienzo del curso qué era lo que entendíamos por paz, Mohammed Ali, musulmán iraquí de 26 años, dijo: «Desde que yo nací he visto a mi país en guerra, para mí la paz es cuando no se escuchan balazos».