Petrobras es una empresa petrolera que pertenece mayoritariamente al estado brasileño (un 64%), el resto es parte de capitales privados. Naturalmente con ese porcentaje, el gobierno brasileño es el que tiene el control sobre la petrolera en materia de decisiones, pero la IP gana un porcentaje de las ganancias que ofrece el negocio. La empresa fue privatizada parcialmente, sin que esta dejara de ser controlada por el estado, pero de esa forma obtuvo grandes beneficios, gracias a la inversión de capitales privados, porque se pudo extraer más crudo del que se hubiera podido hacer sin la ayuda de estos capitales. Petrobras ha tenido mucho éxito y ha emitido títulos por 71,000 millones de dólares, mientras Pemex ha perdido 43% de reservas y la PDVSA de Hugo Chávez arrastra 24,000 millones de deuda.
Los críticos aquí en México de esta privatización parcial ven esta medida neoliberal. Pero curiosamente en Brasil fue llevada a cabo por un gobierno socialista de izquierda (Lula da Silva) [Fe de Erratas, fue, Enrique Cardoso, socialdemócrata]. También alegan que estarían rompiendo el sacrosanto primer mandamiento revolucionario: -No privatizaras petroleo ni refinerías. Porque el petroleo es de «todos los mexicanos», ¿en verdad es de todos si de la extracción del crudo sale el financiamiento de las patéticas campañas electorales?. Y no es que deba quitar mérito a la expropiación petrolera que llevó a cabo Lázaro Cárdenas que fue una muy buena decisión, pero lo que los críticos no te dicen es que antes de dicha expropiación, las petroleras eran controladas «totalmente» por empresas extranjeras y el estado no veía casi un céntimo de las ganancias. En cambio lo que se ha querido hacer no es regresar ni remotamente a ese modelo (y estoy hablando de la opción más privatizadora de todas las que se han propuesto), sino que como en Petrobras la privatización sería parcial y el estado seguiría teniendo el control.
En español (nótese el acento demagógico): Pemex seguiría siendo de todos los mexicanos y todos nosotros controlaríamos a nuestra empresa, nada más que les venderíamos una parte de nuestra empresa a capitales extranjeros que no podrán decirnos a «todos nosotros» que hacer con nuestra paraestatal, pero que gracias a su capital, podremos extraer más petroleo, con lo cual a la larga, todos los mexicanos ganaremos más dinero.
Los que se oponen ya no a la privatización parcial, si no a la concesiones privadas son los de la izquierda y algunos tipos del PRI. El problema con la izquierda mexicana, que como una vez alguien me dijo, es el basurero del PRI, es que sigue añorando los preceptos de la Revolución Mexicana. Cuando dicha revolución se institucionalizó formando el «partido único» desde que Cárdenas abandonó el poder se traicionó vilmente a la fallida revolución y la izquierda se siente la heredera de dichos preceptos revolucionaron. Pero my friend, la revolución inició hace 101 años, eran otras épocas, todo era diferente, el mundo era otro completamente distinto. Es como extrañar a la novia que hace 30 años uno tuvo, la cual ahora está casada, tiene 3 hijos y tiene arrugas, ya no aplica.
La izquierda mexicana debería enfocarse en disminuír la desigualdad social y aumentar las oportunidades para todos, más que apegarse a un dogma obsoleto. Lula da Silva logró disminuír la desigualdad social y sacar a millones de brasileños de la pobreza, y parte de ese éxito se debe a la buena gestión de Petrobras. Puede ser cierto que varias empresas gringas sin escrúpulos tengan la mira apuntando a Pemex (Haliburton por ejemplo), pero el estado bien puede decidir con quien vale la pena hacer negocios. y decidir abrir a Pemex a la inversión privada por iniciativa del estado mexicano y no por presión de algunas corporaciones extranjeras, curiosamente Lula da Silva propuso a Pemex crear una sociedad entre Pemex y Petrobras.
Van tres días y las bromas contra el desliz (que para mí representa más que un simple desliz) continúan. Naturalmente sabemos que Enrique Peña Nieto es una persona ignorante. Peña Nieto en alguna ocasión le dijo a Manuel Espino que no le gustaba leer, cuando este le regaló un libro escrito por el expanista llamado «Señal de Alerta», y una persona que no lee y no se informa pasa determinantemente a ser una persona ignorante, y disculpen la ofensa para quienes no lo hacen (que no me preocupa porque no creo que lleguen a leer este artículo). Pero también creo que después de todo festival de insultos donde yo creo que la gente en realidad estaba inconscientemente preocupada porque el PRI regrese al poder, más que por el hecho de que Peña no leyera, debemos reflexionar. Porque ciertamente no se puede esperar mucho de un presidente inculto, pero tampoco la cultura es garantía de que un presidente logre una buena gestión, Echeverría y López Portillo eran personas muy letradas y dejaron a la nación en ruinas.
Seguramente dentro de la cabeza de Enrique Peña Nieto estarán rondando muchas cosas, y tratará de justificar su desliz aludiendo a Lula da Silva, quien ni estudió la primaria y llegó a la presidencia del Brasil. Pero Peña Nieto estaría ignorando un factor clave. La vida del ex-mandatario brasileño no permitió de alguna forma que pudiera estudiar, se tuvo que formar desde abajo y por su liderazgo destacó en sindicatos, lo que lo catapultó a la política, pero a pesar de todo, si uno ve hablar a Lula da Silva, se percatará que no es precisamente una persona ignorante. Con Peña Nieto pasa todo lo contrario, el candidato tuvo una preparación académica, estudió en escuelas conservadoras, y con todo y eso cometió un fuerte desliz que dañó seriamente su imagen (aunque en puntos porcentuales no afecte tanto, dado que los que se mofan de él o son panistas, amloístas, o son electores apartidistas). Es peor mostrar signos de ignorancia cuando la vida te ha dado la oportunidad de no serlo, que mostrarlos porque no se te dieron las oportunidades. Lula, a pesar de sus carencias, se preparó lo más que pudo para hechar a andar a un país. Peña Nieto no, el depende un guión o en su defecto, un teleprompter para que creamos que en su cabeza existe algo de inteligencia.



Leía un artículo sobre la visita de Enrique Krauze en la FIL, donde compartió cámaras con el poeta Javier Sicilia en la presentación de su libro «Redentores» (el cual llevo dos semanas leyendo y está bastante bueno). Y el escritor hacía énfasis en que se necesitaban líderes cívicos, que no fueran en busca del poder, como los redentores que Krauze menciona en su libro. Concuerdo con el en que México necesita líderes cívicos, líderes que no estén involucrados en la política como lo ha hecho Javier Sicilia que a pesar de los intentos de acercamientos de personajes como López Obrador o del SME, ha procurado que su movimiento no se infecte políticamente. Es notable que Krauze y Sicilia tienen algunas diferencias en la percepción de la política, para empezar Krauze defiende parcialmente la guerra del narcotráfico (aunque hace énfasis en que algunas de las estrategias fueron incorrectas) y Sicilia es opuesta a ella.
En el libro de Julia Álvarez, que inspirara después la película del mismo nombre, En el tiempo de las mariposas, protagonizada por Salma Hayek y dirigida por Mariano Barroso, se relata la historia de las hermanas Mirabal, activistas políticas que fueron brutalmente asesinadas por orden del dictador de la República Dominicana, Rafael Trujillo.