Autor: Cerebro

  • Las oposiciones que comienzan a acorralar a AMLO

    Las oposiciones que comienzan a acorralar a AMLO

    Las oposiciones que comienzan a acorralar a AMLO

    A López Obrador se le ocurrió retar a los de FRENAAA. Posiblemente observó que las casas de campaña estaban vacías y que bastaba darles un «zape» para quitárselos de encima.

    Les dijo que si lograba juntar 100,000 personas él renunciaba.

    Ciertamente no los juntaron. FRENAAA dice que sí, pero haciendo un análisis de la gente que llegó al Zócalo (a través de webcams de México) es muy difícil que hayan llegado a esa cifra. Algo común en las manifestaciones (de cualquier tipo y naturaleza) es la tendencia a exagerar el número de asistentes por parte de los organizadores y a minimizarla por parte de las autoridades.

    Pero sí fue mucha gente, la suficiente para llamar la atención y atraer los reflectores. Al menos sí fueron más de 50,000 y para rematar llenaron de casas de campaña la otra mitad del Zócalo. La cifra no es nada despreciable. Mostraron músculo y eso es algo que no debe tener tranquilo a López Obrador.

    Los de FRENAAA se organizaron en solo dos semanas, mandaron gente de todos lados y lograron formar un contingente lo suficientemente grande para llamar la atención.

    Y ver ese contingente opositor en el Zócalo hace que se ponga la piel chinita a quienes estamos preocupados por el rumbo del país.

    Ningún Presidente (el más cercano había sido Peña Nieto) se había enfrentado a tantas expresiones opositoras: por un lado las feministas que, en el contexto del Día Internacional de la Mujer, le bajaron algunos puntos de popularidad y se han vuelto un hueso duro de roer ya que pusieron a la izquierda progresista en su contra. Por otro lado, los de FRENAAA que este sábado mostraron que algo hay de músculo y que no son un simple colectivo a despreciar.

    Y no solo eso, también existe una oposición latente a la cual solo le falta organizarse: la de los académicos, los científicos y artistas que se han visto afectados por el desprecio de este gobierno a la ciencia.

    Algo se está moviendo.

    Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas.

    El problema que tiene la oposición es que es muy heterogénea. Eso la deja en desventaja frente a la homogeneidad del lopezobradorismo (vaya, no es que sean iguales entre sí pero su simpatía con el régimen borra todo lo demás). Veo casi imposible que FRENAAA y los colectivos feministas logren tender puentes porque las discrepancias ideológicas entre las últimas y muchos (no necesariamente todos) de los integrantes del primero son abismales.

    El sector intelectual, más distribuido en el centro político (aunque por lo general hay un poco más en la centro-izquierda que en la centro-derecha), ve con cierto escepticismo a FRENAAA por las posturas duras muy a la derecha de sus líderes como Gilberto Lozano (aunque no dejan de reconocer los esfuerzos opositores de los ciudadanos que salen a las calles).

    Dije anteriormente que el sector intelectual es una oposición latente porque sus intereses han sido trastocados y los incentivos para organizarse existen. Al sector académico (parte de) que puede aportar con su conocimiento le falta saber comunicarlo a la gente común. Hoy en día, los intelectuales se recluyen en las redes firmando peticiones de change.org y firman plebiscitos, pero les falta conectar con las masas.

    Alguien que sí está haciendo este esfuerzo y de una forma muy valiosa es Max Kaiser. Necesitamos más intelectuales así, que ayuden a politizar a las masas de una forma positiva y productiva.

    FRENAAA ha venido creciendo, pero también tiene dos problemas:

    Primero, su mayor activo es, a la vez, su mayor problema. La retórica visceral de Gilberto Lozano atrae a cada vez más personas de ciertos sectores (la mayoría personas de clase media y alta mayores de edad) pero ahuyenta a otros. Es cierto que ha crecido, pero puede y debería crecer todavía más. Un líder que sea aguerrido y combatiente pero que no caiga en discursos demagógicos y lugares comunes podría ser un mejor activo para este tipo de movimientos.

    El segundo es un problema de enfoque: es una obviedad que López Obrador no va a renunciar y es cierto que no basta con reunir mucha gente (los venezolanos lo saben muy bien), ese discurso a veces los vuelve presas de la narrativa de López Obrador, quien más de una vez aprovechado la situación. El sentimiento de pertenencia, la colectividad y el júbilo dentro de una manifestación son cosas que se gozan, pero también pueden ser algo engañosas cuando se trata de comprender el entorno y adaptarse a él.

    La oposición sería más provechosa si se enfoca en ejercer presión sobre aquellas decisiones (reformas, políticas) que representen una amenaza para el futuro democrático del país. Ahí FRENAAA ha estado ausente: el intento de cooptación del INE, la eliminación de los fideicomisos para acumular poder o la cooptación de la corte.

    FRENAAA y estos grupos opositores basan su activismo en el libro «De la Dictadura a la Democracia» de Gene Sharp. Es un libro que leí hace ya varios años y me agradó bastante. El problema es que el conocimiento de este libro aplica cuando una dictadura ya ha sido instaurada y no existen mecanismos democráticos o institucionales para restar poder a un gobierno. En nuestro caso estamos en un proceso de regresión autoritaria que se debe evitar.

    Digamos que FRENAAA se está adelantando a los hechos y por ello ha estado ausente de estos momentos tan cruciales. El discurso simple de Gilberto Lozano atrae gente pero, al mismo tiempo, le resta mucha precisión a la hora de abordar los temas y vuelve a su activismo menos efectivo.

    Por último, las organizaciones feministas son un punto aparte porque su fin último no es oponerse a AMLO, pero se oponen a él por su conservadurismo y su desprecio a la violencia de género. Igual que ocurre con FRENAAA, estos colectivos no pueden atraer a un sector de la población debido al activismo de las células más radicales (que incluye vidrios rotos y pintas en monumentos). La diferencia es que las feministas no tienen interés alguno en convertirse en «la oposición contra AMLO» (aunque lo son de alguna manera) ni mucho menos buscan que todos se sumen a las marchas, cosa que FRENAAA sí busca.

    Sería un poco iluso esperar que todos estos colectivos se junten en una sola masa: a veces las diferencias ideológicas se vuelven insostenibles y poco se puede hacer al respecto. Sin embargo, organizaciones como FRENAAA sí pueden plantearse cómo atraer a esa gente opositora que hoy se mantiene escéptica: gente más joven, gente de otros estratos sociales que hoy son minoría en este colectivo e incluso otros colectivos que decidieron ir por su cuenta porque no les agrada el liderazgo de FRENAAA (chalecos amarillos y similares). Ello también le ayudaría a crear puentes, por ejemplo, con los sectores intelectuales y académicos que hoy prefieren mantener distancia.

    Como sea, hay algo que se está moviendo. La oposición partidista ha dejado un grande vacío a la hora de dejar el poder y algo lo tiene que llenar. Los diferentes colectivos (de izquierda y de derecha), los sectores académicos y empresariales parece que están despertando y se han dado cuenta que ese vacío tiene que llenarse de alguna forma.

  • El peor debate del imperio estadounidense

    El peor debate del imperio estadounidense

    El peor debate del imperio estadounidense

    Me molesté en ver el primer debate presidencial de Estados Unidos.

    Lo que vi fue horrible.

    Es más, ni siqiuera recuerdo debates presidenciales de México con un nivel tan bajo, tan frívolo y decepcionante.

    Los formatos de debate que tanto apreciamos y exigimos en México, esos que son abiertos y que permiten interrupciones, hoy jugaron en contra.

    Es que la verdad el debate fue trágico. El debate del imperio todavía dominante fue un show frívolo, con un contendiente convertido en un bully (y que para desgracia de Estados Unidos es presidente) frente a un demócrata sin energías ni agilidad mental como lo es Joe Biden.

    La cacofonía, las interrupciones y los señalamientos personales hicieron gala de presencia mientras que el intercambio y contraste de ideas quedó en un segundo plano. Lo que vimos fue un talk show lamentable que posiblemente disfrutaron Xinping y Vladimir Putin desde la comodidad de su hogar. Ver esta tan lamentable puesta en escena no hace nada más que reflejar la decadencia del imperio estadounidense, tal cual circo romano en tiempos de Calígula.

    Sí, Trump dominó la mayor parte del debate, metió a Joe Biden en su juego. Ocurrió lo que muchos temíamos que iba a ocurrir.

    Pero que Trump haya dominado no significa que haya ganado. Una persona que hace de la mentira, la humillación, la difamación y la descortesía sus armas de debate, no debe poder ser declarado nunca ganador.

    Sus constantes interrupciones son clara señal de su perfil autoritario, autoritarismo que hasta hoy ha sido contenido por los checks and balances del sistema estadounidense.

    Entonces es como ganar con trampa, y eso no es ganar. También es perder.

    Pero decir que es como ganar con trampa no significa que deba quedar una sensación de que a Biden le hayan arrebatado algo. Biden Se vió soso, débil. Ello no es lo mejor que le haya podido pasar en esta coyuntura que vive Estados Unidos donde la gente espera ser gobernada por alguien con entereza y que muestre capacidad (tampoco creo que le vaya a afectar mucho en la contienda).

    Las encuestas post-debate no marcan a Trump como claro ganador e incluso muchas le dan el triunfo a Biden. La respuesta es simple y está muy marcada por los sesgos políticos de los electores: los trumpistas vieron a su candidato dominar y tener el control del escenario frente a un candidato débil, los demócratas vieron a Biden defendiéndose de Trump, quien escupía mentiras y no se deslindaba de los grupos extremistas.

    Dicen que los debates en realidad no afectan mucho las preferencias electorales y es muy posible que este debate no lo haga. No parece haber habido siquiera algún elemento que pueda cambiar el rumbo de la elección. El debate fue previsible, las formas, los ataques. Trump fue Trump, Biden fue Biden.

    Lo que sí puedo decir es que este debate no es digno de una potencia como Estados Unidos, tan solo refleja la decadencia del imperio estadounidense la cual ocurre de forma lenta y progresiva pero que es, a la vez, muy evidente.

  • ¿Existe la libertad de expresión en México?

    ¿Existe la libertad de expresión en México?

    ¿Existe la libertad de expresión en México?

    López Obrador se puso a contar el número de columnas y reportajes favorables y desfavorables al régimen en cada uno de los diarios de mayor circulación: — En El Financiero ayer por ejemplo, una columna a favor, tres neutrales y nueve en contra. El Universal, que están muy enojados… cero positivas, dos neutrales y diez en contra.

    A mí me preocuparía más que el dato fuera el opuesto, que fueran diez a favor y dos en contra ya que eso sería patente del férreo control que el gobierno tiene sobre los medios.

    El papel de la prensa no es el de ser un mero vocero del gobierno, para eso el propio gobierno tiene sus canales oficiales. El papel de la prensa escrita es la búsqueda de la verdad, y en ese sentido, poder fungir como una suerte de contrapeso hacia el gobierno.

    No es como que columnistas o editorialistas no puedan o no deban escribir cosas favorables: es válido y es normal cuando el medio en cuestión tiene afinidad ideológica con el propio gobierno (por eso AMLO no mencionó a La Jornada, donde seguramente la mayoría de los contenidos son favorables), pero se espera que en la prensa haya una pluralidad tal que existan varios medios que sean muy críticos con el régimen. La libertad de prensa es un valor intrínseco de la democracia.

    Con toda esta pluralidad y el sesgo propio de los medios con relación a su afinidad ideológica (algo natural, sobre todo en los columnistas), el buen o mal desempeño de un régimen termina reflejándose de una u otra forma en la reacción de la prensa: si el gobierno está, objetivamente, teniendo un buen papel, tendrá un poco más de columnas favorables y, a la inversa, si el desempeño es malo, el número de columnas desfavorables será mayor.

    Y la verdad es que este régimen ha tenido un desempeño bastante pobre. Habrá columnistas que ciertamente buscarán señalar siempre lo malo del régimen por convicciones ideológicas más que por los hechos y esos no van a cambiar, pero hay muchos otros que estarían muy dispuestos a reconocer el buen desempeño del régimen y que hoy se han vuelto muy críticos por los malos resultados: Carlos Bravo Regidor, a quien el propio López Obrador acusó de escribir mal contra él es un claro ejemplo.

    Dice AMLO que es falso que no haya libertad de expresión. Tiene razón, en México ese derecho existe. Y si bien su existencia es precaria (sobre todo si hablamos de los periodistas asesinados y el narcotráfico), el día de hoy cualquier persona puede criticar al Presidente.

    Lo que preocupa es que ese afán de López Obrador por atacar a la prensa puede interpretarse como un aviso, como una amenaza. El acto de atacar a la prensa no constituye por sí mismo un ataque a la libertad de expresión en tanto no incluya medidas coercitivas (de forma directa o indirecta), pero sí prende las alarmas, porque una figura pública que ataca constantemente a la prensa es una persona que puede tener incentivos para ejercer coerción contra ella, e incluso ya hemos presenciado ataques con alguna forma de coerción como lo ocurrido con Nexos. Una cosa es que el mandatario se defienda ante las acusaciones, otra cosa es que espere que la prensa sea servil al gobierno y que cualquier crítica levante sospecha.

    Porque lo que hace López Obrador no es tanto defenderse de acusaciones puntuales sino tratar de estigmatizar a la prensa como conservadora, que no quiere al país y quiere atacar al regimen, algo similar a lo que hace Donald Trump con la prensa estadounidense.

    Le interesa estigmatizarla para ubicarla en el bando de los enemigos, ahí con «la mafia del poder», los conservadores, el PRIAN, Calderón y FRENAAA (el movimiento populista de derecha al cual su gobierno le da «mucha importancia» deliberadamente para hacer pensar que la oposición moderada comparte su radicalismo).

    A AMLO no le conviene decir que la prensa es heterogénea, ni le conviene decir que la prensa no es lo mismo que el PAN ni mucho menos que FRENAAA, porque así engloba a las distintas oposiciones dentro del mismo significante que representa a un único adversario, al cual pinta como privilegiado, minoritario y opuesto a «los intereses del pueblo».

    Sí, por supuesto que existe libertad de expresión y hasta el día de hoy no ha sido más vulnerada que en los regímenes anteriores. Es cierto, sin embargo, que quienes ejercen ese derecho tienen todo el derecho a prender las alarmas al ver los constantes ataques del régimen hacia la prensa.

  • ¿Por qué Shark Tank es positivo para el país? Y no es de risa

    ¿Por qué Shark Tank es positivo para el país? Y no es de risa

    Antes de que te rías ¿Por qué Shark Tank es positivo para el país?

    Lo diré sin pelos en la lengua: el programa de Shark Tank es benéfico para la sociedad.

    Sí, ese programa de TV que transmite Sony y que ahora circula por las redes sociales (gracias a que este canal permitió su uso).

    ¿Pero por qué? Si es un programa de televisión. Ahí aparecen algunos de los magnates mexicanos en un país tan desigual como México y donde la movilidad social es poca.

    En cierta forma, por eso mismo.

    El emprendimiento es una medio por el cual un individuo puede salir adelante y tener movilidad socioeconómica. Las barreras para emprender en México son muy altas: una estructura económica rígida, falta de información y cultura y falta de recursos.

    Bueno, pues resulta que Shark Tank, de alguna u otra manera, ayuda a ello, aunque sea un pequeño granito de arena. Que seas un joven emprendedor y que un millonario te ayude a capitalizar tu negocio para que salga adelante es una maravilla.

    Es cierto, es un show que tiene que vender y ganar audiencia, o que algunos acuerdos se llegan a venir abajo después del programa, pero aún con estos «inconvenientes» la dinámica funciona. A diferencia de los reality shows y diversos programas frívolos basura que suelen transmitir en la televisión, éste deja algo positivo.

    Y la verdad, yo prefiero un empresario que comparta sus conocimientos y ayude a capitalizar a jóvenes emprendedores, que un empresario opaco, que no innova y vive de su relación rentista con el gobierno.

    Si decimos que muchas personas pueden emprender porque se encuentran en una posición muy privilegiada (sus papás le ayudan con recursos, etc), pues básicamente en Shark Tank los emprendedores se ganan ese «privilegio» por mérito propio. Ellos tienen que convencer a los «tiburones» de que vale la pena invertir en su negocio.

    No es como que eso vaya a acabar con los problemas estructurales que tiene este país ni va a acabar con la pobreza, pero sí va a ayudar a que algunos emprendedores logren dar un salto y, de paso, que generen más empleos.

    Pero este no es el único beneficio, tal vez sea el menor de todos.

    Un gran beneficio es la información. Para saber cómo emprender necesitas tener información, y gracias a Shark Tank estos magnates comparten algo de lo que saben para ayudar a los demás. Más allá de que el magnate esté comprometido o lo haga por interés, lo importante es que la información fluya.

    Y la verdad es que ver capítulos de Shark Tank te dará más conocimiento si es que deseas emprender o poner tu negocio. ¿Cómo valuar tu empresa? ¿Cómo crear productos atractivos para tu mercado? ¿Cómo saber qué pasos seguir para conformar tu proyecto? El programa, desde luego, no es un MBA, pero enseña algo, te deja algo, y me atrevo a decir que mucho más que esa pseudoliteratura superventas que abunda o esos «influencers del emprendimiento» que venden humo.

    Aquí no hay pretensiones, no hay nadie diciendo que te vas a volver rico ni vendiéndote espejitos, es simplemente la dinámica del programa la cual hace que la información fluya, información que le puede servir tanto al joven que quiere poner una taquería y que se puso a ver varios capítulos en YouTube como al que tiene un proyecto innovador.

    Y por último, el programa ayuda a legitimar el emprendimiento y desestigmatizar la imagen del empresario (gracias en parte a la retórica de este gobierno que, como sea, también se junta con ellos). Es cierto que hay empresarios que son corruptos e irresponsables, pero también los hay muy buenos, que generan valor y empleos (como hay gente buena y mala en toda la sociedad). Los que ven el programa incluso pueden aprender un poco de ética empresarial.

    El programa ayuda a eso, a fortalecer la cultura del emprendimiento, a verlo como algo positivo, a verlo como una vía para salir adelante.

    Y no, no es como que gracias al programa los problemas del país se vayan a solucionar, su alcance es muy limitado comparado con el tamaño de los problemas del país, pero ayuda, ayuda en algo, y eso es una buena noticia.

  • FRENA y AMLO

    FRENA y AMLO

    FRENA y AMLO

    Aquí en este espacio he sido más bien crítico con FRENA: me preocupa el liderazgo demagógico que lo encabeza, y critico el hecho de que no tengan propuesta o agenda alguna y solo se limite a ser un movimiento reactivo a López Obrador. A pesar de que siempre he mantenido distancia con ese movimiento, reconozco la causa genuina de los ciudadanos que se han integrado para manifestarse en contra de AMLO (no sin advertir algunas manifestaciones de fanatismo que he visto en ese movimiento).

    Hasta el día de ayer, FRENA no había sido problema alguno para el régimen. Incluso los grupos feministas que no tenían como fin último oponerse a AMLO habían afectado más su imagen haciéndole perder algunos puntos de popularidad.

    No lo había sido porque FRENA no había logrado trascender sectores específicos que siempre habían sido los opositores más férreos contra López Obrador y porque su líder, Gilberto Lozano, ahuyentaba a mucha gente que también se encuentra inconforme con el régimen, pero que no le gustaba su perfil demagógico y estridente.

    FRENA tiene presencia en muchas urbes de México, pero hasta hoy no ha logrado convocar en ninguna de éstas a una cantidad de gente tal que pueda preocupar al régimen.

    Además, se corría el riesgo de que el movimiento terminara diluyéndose, ya que FRENA prometía algo que no puede cumplir y es hacer que AMLO renuncie. FRENA se estaba estancando, ya no crecía en número y algunas «tomas de plazas» lo habían dejado patente. Incluso la presencia de FRENA podía fortalecer la narrativa de AMLO: «toda la gente va en auto, son fifís».
    Sin embargo, lo que ocurrió en la CDMX le dio nuevos bríos al movimiento.

    No pueden hacer que AMLO renuncie, pero sí pueden desgastar su imagen y esta vez lo hicieron muy bien.

    El Zócalo es un lugar sagrado para López Obrador, es parte de su espacio vital y no iba a dejar que lo ocuparan. Ir a ocuparlo era una clara provocación, y para evitar que eso pasara necesariamente tenían que violar uno de los derechos fundamentales: la libertad de manifestación. Cualquiera de los dos escenarios era incómodo: 1) que tomen el Zócalo, 2) violentar el derecho a la libre manifestación (más cuando hablamos de un régimen que se construyó en la calle y las plazas).

    Algunos argumentaban que no se permitió el acceso al Zócalo por cuestiones sanitarias, aunque es cierto que a la CNTE sí le permitieron establecerse en el Zócalo.

    Aunque no haya sido «violenta» la acción del gobierno como en otros lares ni hayan metido gente a la cárcel, no deja de ser un acto de represión. Hoy a AMLO lo exhibieron como represor y autoritario y eso tuvo eco hasta en los círculos (periodistas, influencers y demás) que procuraban no hablar de FRENA por la poca simpatía que tienen con Gilberto Lozano.

    Tal vez esa haya sido la intención original, no lo sé. Pero hoy podemos decir que FRENA triunfó ya que logró asestarle un buen golpe al presidente porque hicieron una buena apuesta: desgastarlo, hacer que se equivoque y cometa errores, en vez de centrarse en promesas vacías como «obligarlo a renunciar».

    Hoy las casas de campaña se quedarán en la avenida Juárez, ahí acechando cerca del lugar de la residencia de López Obrador, como para recordarle que no todo el pueblo está con él.

  • Cuties sí es una porquería, aunque debo decir que…

    Cuties sí es una porquería, aunque debo decir que…

    Cuties sí es una porquería, aunque debo decir que...

    El trailer de Cuties (anunciado aunque no producido por Netflix) hizo lo que ningún político ni movimiento había logrado hacer en casi toda la historia moderna: unir a conservadores, liberales, religiosos, feministas y progresistas en una causa: condenar el filme porque, se decía, promueve la pedofilia.

    Luego llegaron a decirnos que no era así, que este filme dirigido por Maïmouna Doucouré hacía todo lo contrario: condenar la sobresexualización de los niños.

    La porquería

    Ahora que me di la oportunidad de ver este filme ¿quién tenía la razón? Digamos que en parte sí es una crítica a la sobresexualización de los niños (el argumento de la película va en ese sentido) y por otra parte parte sí pareciera promover dicha sobresexualización con las escenas explícitas que en la película se presentan.

    La cinta trata de una niña llamada Amy, quien es parte de una familia musulmana que vive en el norte de París. Ella, ante la asfixia que impone la cultura a la que pertenece (sobre todo a la mujer) y al ver la suerte que le deparará como mujer al verse en el espejo de su madre, logra encontrar en un grupo de amigas una forma de rebelarse ante esa opresión y «liberarse».

    Y escribo «liberarse» entre comillas, porque lo que realmente ocurre es que Amy cae en las garras de una cultura que le invita a abandonar a su niñez de forma precoz para envolverse en una cultura de consumo donde la mujer, a través de la sensualidad de su cuerpo, busque obtener aceptación y reconocimiento.

    Hablar de la sobresexualización de los niños no debería ser tema tabú, sin embargo es importante no rebasar esa difusa frontera en donde aquello que se expone pueda terminar siendo promovido de alguna u otra manera. El problema con esta cinta es que aunque su argumento tome una postura crítica, la ejecución sobreeexpone la sobresexualización de estas niñas al punto en que la crítica termina entrando en un segundo plano. Así lo sugieren varios de lo bailes que llevan a cabo y algunas otras escenas.

    Hacer esto conlleva muchos problemas éticos y morales: primero, porque las actrices son niñas, y el mero hecho de que su sexualidad sea explotada con fines comerciales (aún con el consentimiento que sus padres seguramente dieron) es un acto deleznable y reprobable que debe ser condenado, y segundo, porque aunque ciertamente el argumento de la película no lo presenta como algo bueno, las escenas, en las que la película hace mucho énfasis, sí logran ser lo suficientemente seductoras (estoy seguro que a muchos pedófilos les va a gustar) como para que atraigan al público desde el plano de lo sexual.

    El simple hecho de que Netflix haya lucrado con esto como stunt publicitario ya es algo que no puede justificarse éticamente y no solo eso: ese mero atrevimiento termina fortaleciendo el argumento «pro-pedófilo» en la discusión sobre si se promueve o se critica la sexualización de los niños porque ya hubo un uso de ella para fines publicitarios.

    Más allá de estos dilemas, la película en sí es pésima y es de lo peor que he visto en Netflix. Me pareció bastante aburrida y confieso que la terminé de ver más para escribir esta crítica que para otra cosa: la trama no es nada buena, las actuaciones no son destacables, algunas escenas son inverosímiles: casi nada de lo que Amy hace tiene consecuencias. Lo único rescatable es el final que presenta una suerte de moraleja, ya que Amy termina encontrándose a sí misma (lejos tanto de la opresión de la cultura musulmana como de la sobresexualización infantil) brincando a la cuerda, pero nada más.

    Aunque…

    Si bien no soy simpatizante de la cultura de la cancelación que abunda en nuestros tiempos, las críticas hacia la empresa estadounidense son válidas y Netflix debe recibir y comprender el mensaje. Y tal vez lo hizo, porque al entrar a Netflix la película no estaba visible en la plataforma principal, tuve que utilizar el buscador para dar con ella.

    Sin embargo, hay algo que no me termina de cuadrar en torno al escándalo que se ha suscitado.

    No es el hecho de que se haya criticado la película, sino el hecho de que la sexualización infantil está ahí con nosotros como si nada pasara. La película genera indignación, pero muchas cosas más indignantes pasan como si nada.

    ¿Cuántos pequeños no hemos visto «perrear» en las escuelas o en las comidas familiares? ¿Acaso no es cierto que muchos niños suben escenas «candentes» al TikTok para ganar likes? ¿Cuántas veces no hemos visto afirmaciones que rayan en la pedofilia a pesar de que parezcan frases inocentes como: «legalicen a las de diesiseis»? ¿Qué decimos de los casos de pedofilia, de pornografía infantil o de trata de personas?

    Suena terrible, pero la explotación de la sexualidad de los niños como objeto de consumo no es algo raro ni nuevo y a veces no parece ni inmutarnos. Pocos hacen algo al respecto.

    La película es tan solo una pizca, una nada comparada con el mundo de la sexualización infantil que está ahí presente y que tiene, evidentemente, como principales víctimas, a las niñas y niños.

  • La Línea 3 y mi experiencia de por qué la participación ciudadana sí funciona

    La Línea 3 y mi experiencia de por qué la participación ciudadana sí funciona

    Hoy me siento contento y les quiero explicar por qué.

    Imagen: cuenta oficial de Facebook de Enrique Alfaro

    Hace 12 años entré por primera vez a formar parte de una organización civil. Regresaba de vacaciones de Nueva York y había quedado impresionado con la eficiencia del metro. ¿Por qué en Guadalajara no hay un transporte digno donde se suban todas las personas?

    Así, me encontré con una organización civil llamada Rescatemos Guadalajara que buscaba reactivar el plan original de las líneas del Tren Ligero en la ciudad. ¡Bingo! Tenía que encontrar una forma de entrar, tenía que ofrecer algo y no llegar en ceros. En ese entonces estaba trabajando como freelance y vendía encuestas en línea. Me pareció una buena idea ofrecerles la plataforma para hacer una encuesta a la gente sobre el Tren Ligero.

    Su director era Abraham Jaime y me puse en contacto con él. Me invitó a la junta, les ofrecí la plataforma y me invitaron a unirme al grupo.

    No éramos expertos en urbanismo ni mucho menos. Éramos simplemente personas que creíamos que se necesitaba un mejor transporte público y queríamos replicar las experiencias de otras ciudades en la nuestra.

    Después de discutir entre todos, de deliberar, decidimos cómo utilizaríamos esa plataforma: concluímos que sería buena idea hacer una encuesta a la gente para saber si prefería reactivar el metro o apostar a las líneas de Macrobús (proyecto que tenía el gobierno de ese entonces) y después entregar los resultados a los candidatos (en la elección del 2009) a las alcaldías de la Zona Metropolitana de Guadalajara junto con una carta compromiso para comprometerlos con el proyecto.

    Al final, más que encuesta, la dinámica terminó convirtiéndose en algo más parecido a una recolección de firmas. Queríamos mostrar que la gente quería que se reactivara el proyecto del Tren Ligero.

    Los alcaldes no tenían atribución alguna, ya que este tipo de proyectos son de competencia estatal y federal. Eso sí, todos los candidatos (con excepción de los del PAN) no sólo se comprometieron a impulsar el proyecto, sino que formó parte de sus propuestas.

    Poco años después (después de la Elección Federal de 2012), cuando Aristóteles Sandoval (quien fuera alcalde de Guadalajara y quien se había comprometido y hasta prometido una nueva línea) se convirtió en gobernador, se decidió retomar eso por lo que estábamos luchando: la continuación del proyecto original del Tren Ligero. En 2014 se comenzó a construir la línea 3 (que forma parte del proyecto original) y justo el sábado que acaba de pasar fue inaugurado.

    Es Evidente que para que eso sucediera tuvieron que ocurrir muchas cosas (el cúmulo de muchas voluntades, factibilidad y un largo etcétera), pero considero que la presión que nuestra organización civil ejerció fue un factor importante ya que se logró subir el tema (que había estado abandonado) a la mesa de discusión.

    Es cierto que hay cosas que podemos criticar del proyecto, como la corrupción que pudo existir en la construcción de la obra y la asignación de licitaciones, o que tal vez el proyecto pueda tener algunas cosas mejorables o que su diseño se haya planeado desde el «centro del país» (afortunadamente los alcaldes y gobernador le trabajaron duro para integrarlo). Sin embargo, la línea 3 es una obra necesaria y de primer nivel que va a ser muy útil sobre todo para aquellas que hasta hoy tenían que sufrir con el transporte público para llegar a su trabajo. La línea 3 básicamente conectará la ciudad en diagonal (el noreste con el sureste) y la integra a la red existente.

    Obviamente esta noticia me llena de felicidad, no sólo porque nuestro esfuerzo de algún modo valió la pena (el de todo el equipo, el de Abraham, que estuvo presionando una y otra vez y tocando puertas), ni sólo por el hecho de que muchas personas se verán muy beneficiadas (que es lo más importante), sino porque me parece una muestra de lo que la organización ciudadana puede llegar a hacer, lo que personas comunes y corrientes como tú y como yo pueden hacer si se unen para lograr cambios que beneficien a todos.

  • ¿Por qué odias a Jerónimo Zarco?

    ¿Por qué odias a Jerónimo Zarco?

    ¿Por qué odias a Jerónimo?

    Hace unos días apareció en redes (precisamente en Tik Tok) un adolescente de 16 años hablando sobre comunismo llamado Jerónimo.

    El chamaco es una persona de clase media-alta y hasta ha vivido en Estados Unidos. A juzgar por sus videos y por el hecho de tener una Mac (que seguramente sus papás le dieron) sabemos que no vive mal.

    Algunos medios lo abordaron porque se les hizo curioso ver a un jovencito hablando sobre Marx, el comunismo y demás corrientes de izquierda.

    Lo que me sorprendió fue ver todo ese cúmulo de reacciones de personas atacándolo, como si esperaran que diera una opinión digno de un doctor en filosofía o ciencia política. Lo criticaron por escribir «cosas marxistas» en su Mac, por hacer aseveraciones imprecisas, porque es de izquierda o porque es uno de tantos jóvenes que se sienten atraídos por las corrientes socialistas.

    Básicamente, lo que hicieron sus haters fue crear un alboroto: esos libertarios, o de derecha o conservadores que son muy inteligentes, leídos y sabiondos. Algunos hasta pedían no darle difusión. Y esos mismos «inteligentes, leídos y sabiondos» lo terminaron haciendo mucho más famoso. ¡Ah, qué contrariedad! Les ocurrió exactamente lo mismo que ocurre con los progresistas y su némesis el conservador Agustín Laje, quien ha visto en la reacción de los primeros una forma de tener más difusión.

    ¡Pero Jerónimo solo es un adolescente!

    No, no comparto muchas de las ideas de Jerónimo. Sí, le hace falta mucho «kilometraje», le falta mucha experiencia que vivir, pero ¿cuál es el problema? ¡Es un maldito adolescente!

    ¿A poco todos sus haters eran expertos en economía o política a los 16 años? Muchos posiblemente no sabían nada de eso siquiera. Seguramente algunos ni siquiera sabían quién era Marx.

    Resulta que cuando somos adolescentes muchos creemos en utopías, soñamos con un mundo idealizado donde no exista ni la guerra, ni la pobreza ni la injusticia. Él, como buen adolescente inquieto, se involucró en algunos activismos ambientalistas, leyó a Marx y se le abrió el mundo. ¿Y qué hay de malo en eso?

    Sí, luego va a crecer. Seguramente se va a dar cuenta que algunas cosas no son como creía, que el socialismo ha sido un fracaso. Posiblemente lea Gulag Archipielago y se dé cuenta de que los experimentos comunistas resultaron muy mal. Seguramente va a obtener un trabajo, va a ganar dinero y va a pagar impuestos. Es muy posible que en el futuro tome posiciones más moderadas y matizadas (como suele ocurrir en muchas ocasiones): tal vez se convierta en un socialdemócrata, en un liberal, no lo sé.

    Pero todo ese conocimiento que está adquiriendo (aunque pueda terminar criticándolo en el futuro o termine desencantándose de sus ideales primigenios) le va a ayudar, lo va a hacer más culto. Una persona, incluso de derechas, que sabe de Marx, es más culto que una persona que conoce poco de él.

    Para meterse en el mundo de la política hay que empezar por algún lado, y él dio ese paso. La inquietud tiene que venir de algún lado, y a él le vino de la izquierda.

    Si algo reconozco, a pesar de tener fuertes discrepancias ideológicas, es que es un joven abierto. Se ve que, en su corto recorrido en su interés por la política, se ha tomado la molestia de contrastar opiniones. Se ha molestado en confrontarse con George Orwell cuya crítica al comunismo soviético es sublime. No veo en Jerónimo a alguien que se sienta que se las sabe de todas todas, ni se parece a algunos de esos izquierdistas universitarios arrogantes.

    Lo más curioso es que, con todo y que es evidente que le falta un largo camino filosófico e intelectual que resolver, estoy seguro que hay cosas que él sabe y que muchos de sus «críticos grandotes» no. Hay gente que anda treinteando o cuarenteando y se rehusa a leer a Marx, o cree que leer a Marx te va a convertir casi por antonomasia en un defensor de la URSS. ¡Por favor!

    Toda persona que esté interesado en la política tiene que leer a Marx, tiene que abrir El Capital y tiene que entender qué es el materialismo histórico dialéctico (así como creo que debe leer a Adam Smith y otros pensadores).

    Leo algunas personas preocupadas porque Jerónimo va a propagar sus ideas de «izquierda», casi como si ello fuera a implicar que su presencia va a convertir a México al comunismo, pero las ideas no se censuran, se confrontan y se rebaten. ¿Qué tiene que una persona quiera hablar sobre comunismo? ¿Qué tiene que otra quiera hablar de conservadurismo, de liberalismo, de feminismo o qué sé yo? Mientras dicha persona no tenga la intención explícita de atentar contra la dignidad de alguien más se le debe dejar hablar.

    Y mejor que sobren voces de todo a que falten. En una sociedad abierta debemos valorar la pluralidad de opiniones. Ello fomenta el debate y el contraste de argumentos, algo a lo que parece nos estamos desacostumbrando en ambos lados del espectro político.

    ¿Y si se hace famoso, qué? ¿Y si a algunos les gusta, qué? ¿Y si no sabe más que cualquier otro joven que se obsesiona con el marxismo y aún así se convierte en influencer, qué?

    Para concluir, debo insistir en que, contrario a los deseos de muchos, mientras haya libertad de opinión y democracia, siempre habrá algo así como gente de izquierda o gente de derecha. No es como que si evitamos que los jóvenes escuchen a Jerónimo la izquierda va a desaparecer y el mundo se va a volver «de derecha» (ni viceversa). Quien piense eso no sabe cómo funciona el mundo y poco entiende de la condición humana.

    ¿Cuál es el problema?