Autor: Cerebro

  • Nacionalismo de un país tercermundista

    Nacionalismo de un país tercermundista

    Escrito para mexicodesdemexico.com

    Entiendo que el nacionalismo tiene como objetivo crear cohesión en una sociedad, darle una identidad, y alinearla a los intereses de la nación. Que en un principio no son los mismos intereses del individuo, pero basta con una propaganda eficiente para que las mayorías adopten dicho credo, que no necesariamente les beneficiará.

    Nacionalismo de un país tercermundista

    Cualquier persona puede distorsionar la realidad para hacer del nacionalismo, un infierno. Basta leer el Mein Kampf de Hitler para ver como una persona inteligente y culta, pero trastornada, puede interpretar diversas realidades vistas de tal forma que termine en uno de los mayores genocidios de la historia moderna. Creer que por llegar a la conclusión de que unas razas son superiores que otras, se el derecho a aniquilar a aquellas para preservar la propia.

    Los países fuertes, desde la Alemania de Hitler, la Inglaterra de Churchill, o los propios estadounidenses, han basado su nacionalismo en su fortaleza como nación. Es decir, que dicho nacionalismo está basado en el orgullo, en los éxitos históricos, en la fortaleza, en la superioridad. Los Alemanes lo basaron en la raza aria, debido a que ésta fue la que aportó mayores beneficios al progreso de la humanidad (aunque convenientemente Hitler omite a los egipcios y a los árabes). Estados Unidos lo hace en su modelo hegemómico. Posiblemente no es políticamente correcto decir la verdad en su afán imperialista, pero sí lo es afirmar que ellos buscan democratizar el globo terráqueo.

    Si tomamos esto en cuenta, entonces entendemos las diferencias con nuestro nacionalismo como país tercermundista. México no puede basar su nacionalismo en la fortaleza, porque históricamente nunca ha sido un país fuerte, y su participación en la aldea global no es muy influyente, y más bien son los países fuertes los que influyen sobre él.

    Es por esto que en México se ha tenido que manipular la historia oficial (y no es que los países fuertes no lo hagan hasta cierto punto) para transformar una realidad traumática y compleja, una historia heróica basada en el maniqueísmo, donde todos los personajes históricos son acomodados dentro de los bandos de buenos y malos. Incluso el Grito de Independencia se explica bajo ese maniqueísmo histórico (no era propio reconocer a Iturbide como uno de los héroes de la independencia y sí a Hidalgo que si bien desató de alguna forma el proceso, nunca la buscó). Una historia a medida del priísmo revolucionario heredera de un liberalismo que en realidad nunca ejercieron. En el bando de los buenos teníamos a Hidalgo, Juárez, Zapara y en el de los malos a Iturbide, Lucas Alamán y Porfirio Díaz. Los primeros son recortados y dibujados por los niños educados en escuelas públicas, los otros denostados por la historia.

    Con la Reforma de 1857 se acotó el poder de la Iglesia, pero a través del tiempo, los símbolos nacionales tomaron el papel de los símbolos religiosos. Por eso el trato tan especial que se les da. Por eso se explica la indignación colectiva por la imagen de una bandera mexicana con sangre haciendo alusión al narcotráfico, por un cartonista que utiliza de igual manera los símbolos estadounidenses sin que reciba numerosas críticas por ello. Por eso el uso del escudo nacional está sumamente restringido, por eso está prohibida la interpretación del Himno Nacional con alguna nota o cadencia de más, mientras que el himno de Estados Unidos o hasta la Marsellesa de Francia tienen mayor libertad de interpretación.

    Nuestro nacionalismo también está basado en los usos y costumbres, en el mariachi, en el tequila, en la Virgen de Guadalupe, en los tacos, los murales de Diego Rivera creados por petición del gobierno para exaltar lo mexicano. Que aunque no muestran una fortaleza como nación ante las demás, si muestran una cultura fuerte en el sentido que se han logrado preservar las tradiciones, exportables y admiradas por otras culturas, a pesar del influjo del extranjero que tiende hacia la estandarización cultural global.

    Es curioso que en los países desarrollados, la derecha es quien tiene un afán más nacionalista. Mientras que en países como México, la izquierda (además del PRI) es quien pretende guardar esos valores, incluso rayando en el dogmatismo. Esto tal vez porque la derecha usa el nacionalismo como ataque, como muestra de la fortaleza nacional, mientras que la izquierda usa un nacionalismo defensivo, que busca poner un escudo ante el influjo del exterior.

    Cierta dosis de nacionalismo es bueno, sentir el orgullo nacional, tener una identidad nacional. El problema es cuando se utiliza éste en beneficio personal o de unos cuantos. Empezando por el falaz argumento de que el petróleo es de los mexicanos, hasta utilizar a la figura de Lázaro Cárdenas para engañar a la gente y hacerle creer que no hay intento de privatización alguna (aunque sea a largo plazo). El problema es cuando el partido hegemónico utiliza los colores de la bandera mostrando un halo de superioridad ante los demás partidos, de esta forma, aquellos sectores manipulables y adoctrinados con el nacionalismo oficial, verán en los colores del partido la identidad nacional.

    No se puede pedir un nacionalismo de país desarrollado en tanto los hechos no justifiquen una presunta fortaleza. Pero en la caso de México sí que puede mejorar bastante, empezando por hacer un lado esa falsa mitología.

  • Vargas Llosa y la dictadura perfecta

    Vargas Llosa y la dictadura perfecta

    Es popular la descripción que hizo Mario Vargas Llosa al régimen priísta como la dictadura perfecta, incluso el cabezal del diario francés Le Monde en el «triunfo» electoral de Peña Nieto fue ese: Retour à la dictadure parfaite  pero ¿cuándo lo dijo?

    Bueno, les presento el video de aquella ocasión dentro de una especie de debate que fue grabado hace ya un poco más de dos décadas en Televisa, que al parecer está dirigido por Enrique Krauze, y donde aparecen Vargas Llosa y Octavio Paz.

    Vargas Llosa acusa a Octavio Paz de exonerar a México de la tradición dictatorial latinoamericana, afirmando que el régimen priísta ha sido una dictadura perfecta. Lo que llama la atención es cómo Vargas Llosa habla de un México transitando a la democracia en ese entonces (recordemos que gobernaba Carlos Salinas). Porque el discurso de la transición democrática ha perdurado por años, y en realidad hemos visto como al final vivimos en una «eterna transición» donde al final siempre terminamos lejos de consolidarnos un estado democrático.

    Vargas Llosa describe atinadamente lo que el describe la dictadura perfecta, y menciona que bajo el régimen priísta, se tienen todas las características de una dictadura, con la pequeña diferencia de que no es una dictadura personalista, pero sí de un partido, de un grupo. Dice Vargas Llosa que esa dictadura era tan perfecta que se trató de emularse en varios países, como en el Perú de donde él es originario.

    Lo imperdible es la cara de Octavio Paz a lo largo de la entrevista, quien evidentemente se muestra en profundo desacuerdo por las afirmaciones que hizo Vargas Llosa.

  • Insurrección Mexicana

    Insurrección Mexicana

    Creo que estamos lejos de la posibilidad de una insurrección en México, tal y como ocurrió en Egipto y Siria. Pero a la vez estamos algo más cerca que antes, y hay señales de alerta que si no se escuchan, podrían llevar el descontento actual a otros niveles. Hace más de un año comenté que México era una olla de presión, e incluso hablé de los riesgos del regreso del PRI de Peña Nieto a la Presidencia. Cosa que sí ocurrió.

    Insurrección Mexicana

    La manifestación de un agravio puede salirse de control, en tanto vaya generando masa crítica, con lo cual su crecimiento puede ser exponencial. Y tenemos que entender las inconformidades de los ciudadanos (no sólo quienes están en la calle, sino en sus casas) como el reflejo de un problema más profundo. Por esto, los gobiernos autoritarios, cuando las cosas se salen de control, tienden a establecer una represión férrea, o un adoctrinamiento, pensando en que la manifestación de las inconformidades es el problema y no la causa, la cual en realidad, valga la redundancia, es otra más profunda (o bien, no quieren atacar la causa por tener intereses en ella). Pero la naturaleza seguirá mandando esos impulsos, en tanto ese problema de fondo no se resuelva.

    Una insurrección está lejos, pero el gobierno de Peña Nieto ha dado un paso más hacia esa posibilidad. Y por eso, en parte la Reforma Hacendaria fue creada de forma tal en evitar la posibilidad de dar otro paso más. Se entiende que los gobiernos tienen que asumir costos para lograr avances, y posiblemente la evaluación de los maestros es uno (como mencionaba, avance no suficiente para poder ser considerado como una Reforma Educativa). La forma en que el gobierno de Peña ha manejado la situación, ha creado riesgos. Primero al negarse a un verdadero diálogo con los presuntos afectados, lo cual en parte creo una manifestación que dejaron crecer y terminó afectando a terceros (quienes no solo repudiaron a la CNTE, sino a Peña Nieto). Y que si bien, lograron desalojar el Zócalo, el movimiento sigue presente, y no se ve cuando se pueda apagar.

    Eso es lo más visible. Pero tenemos que hablar de la legitimidad del gobierno. La legitimidad no sólo está dada por la legitimidad electoral, sino por el actuar, o aparente actuar del gobierno. Un ejemplo es Carlos Salinas, quien a pesar de las fuertes acusaciones de fraude, logró atraer legitimidad hasta que dejó la Presidencia. La estrategia electoral de Peña Nieto (el candidato güapo, estrella de Televisa) que fuera una ventaja, termina siendo todo lo contrario ya estando en la silla presidencial. Las insurrecciones se alimentan de la ilegitimidad de los gobiernos por parte de un considerable sector de la población. Y en lo que concordamos es que Peña Nieto no tiene legitimidad, lo cual quedó patente en el Grito de Independencia, que fue el más desolado de hace muchos años, en un Zócalo a la mitad envuelto en rechiflas que ni los medios pudieron ocultar.

    Lo que me vino a la mente al ver el grito en estas circunstancias, con la cara de algunas de sus hijas preguntándose que pasaba, era un sentimiento de lástima, de un Presidente que se ha quedado sólo y que prácticamente sólo es apoyado por sus huestes y algunos de sus partidarios. A un mandatario lo pueden amar, odiar, criticar, linchar, pero nunca se le puede tener lástima. La figura del Peña visto como marioneta, como intelectualmente limitado, coloca su legitimidad muy por debajo, y por más inteligentes puedan ser sus asesores y cercanos, él es quien da la cara por todo el gobierno.

    En un país tan desigual como México, con un gobierno con serios problemas de legitimidad (sobre todo por parte de la dormilona y pasiva pero ya no tanto clase media), y con manifestaciones en contra crecientes, se puede sembrar una posibilidad de una insurrección si bien es lejana, tampoco es tan descabellada. Habría que analizar muchos factores, la fuerza del ejército contra la de civiles, etc. Paradójicamente, hasta ahora, la figura antagónica encarnada en Andrés Manuel López Obrador, visto como un contestatario de los sectores más radicales (aunque un niño con una paleta comparado con la CNTE), ha colaborado para no dar pasos más hacia esa posibilidad, sobre todo por la retórica de la manifestación «pacífica» hacia sus masas. También se deberá ver el papel que juega la oposición como contrapeso para evitar un escenario difícil.

    Lo que está sucediendo en el país, es muestra de un sistema que ya no se puede sostener. Un sistema tan desigual, donde varios de los jugadores no quieren romper con un pasado que ahora termina siendo una dura fricción. Un PRI que osa comportarse como antes e ignorar a sus gobernados, una clase baja todavía dependiente del gobierno, maestros que no quieren soltar sus plazas aunque ello signifique la mejora en la calidad de la educación. Y dado que tenemos un sistema obsoleto, es necesaria cierta turbulencia para enderezar la nave. Pero la recitencia al cambio podría generar una fricción mucho mayor, la pérdida de privilegios, el tener que soltar con el fin de buscar un bien colectivo en vez de uno individual o de un pequeño grupo.

    ¿Sería buena una insurrección? En mi punto de vista no, sobre todo porque la historia ha mostrado que las insurrecciones violentas no siempre conducen a un escenario mejor. Pero sí es señal para que las autoridades, gente de poder (algunos empresarios, políticos, líderes sindicales) se den cuenta que ya no pueden vivir al amparo de un sistema que se está quebrando. Para que se den cuenta que el resultado de ese experimento malogrado llamado México, es parte gracias a sus acciones (sin quitar responsabilidad al ciudadano de a pie, que por ser ciudadano, tiene una responsabilidad), y para que TODOS nos demos cuenta, que no podemos seguir viviendo en un orden de las cosas (o desorden) insostenible.

  • La tolerancia en las diferencias políticas e ideológicas en México

    La tolerancia en las diferencias políticas e ideológicas en México

    Escrito para México desde México.

    Una amiga mía que vivió un tiempo en Argentina, me relató que presenció una discusión política que se llevó a cabo entre diversas personas. La discusión había sido muy dura, al punto en que llegaron a los gritos. -Que si el peronismo, que si Menem, que si no se qué-. Hasta aquí todo normal, lo que llamó la atención fue que al terminar la discusión, los debatientes dejaron el tema político dentro de ese salón, y salieron todos como amigos que son. Es decir, demostraron cierta madurez donde pudieron separar las diferencias políticas e ideológicas, de la amistad, de la relación con las demás personas.

    La tolerancia en las diferencias políticas e ideológicas en México

    Dicen que en la mesa no hay que discutir de política, religión o futbol. Pero más bien habrá que decir que el individuo debe procurar tener la tolerancia para debatir sobre esos temas. Una posición intolerante no sólo puede deteriorar una relación interpersonal, sino que priva a la persona de la oportunidad de compartir información y nutrir su postura.

    En un país como el nuestro, se ha usado mucho la discusión política para atacar y degradar a la otra persona, símbolo inequívoco de un país que no ha podido consolidar una democracia no sólo a nivel gobierno, sino a nivel sociedad. Y en este ataque se ha supeditado la integridad de la persona a una preferencia política. -Este señor votó por Peña Nieto, entonces debe de ser corrupto, le dieron su despensa, quiere un puesto en el gobierno, su empresa tiene relaciones con el PRI-, -Este otro votó por Andrés Manuel, seguro quiere que lo mantenga, es un radical que tiene problemas personales-. Trasladamos una indignación que A Priori sería sana, sea objetiva o subjetiva, hacia otro individuo al cual de forma tácita e incluso explícita, termina culpando de la desgracia política en turno, tan sólo por emitir un voto o expresar una preferencia.

    El problema también viene cuando el individuo se toma de manera personal una crítica hacia el político, partido o ideología de su preferencia. El individuo tiene la entera libertad de expresión de emitir una crítica, indignarse, o aplaudir cualquier acto político. Algunos podrán arguir que quien critica, no sale de la crítica, o no propone, o no participa. Debate en cierta forma válido, pero el cual no cancela de ninguna forma, el derecho que tiene el individuo de expresar su postura ante cualquier expresión política. Claro, mientras esta no tenga una intención deliberada de causar un daño a alguien relacionado con esa postura a la que se quiere criticar -¡Ojalá estuviera Díaz Ordaz para matar a los maestros de la CNTE!- -¡Ojalá fusilen a Peña Nieto y a toda su familia!-.

    En la gran mayoría de los casos, estos ataques no son personales hacia quienes concuerdan con la ideología, preferencia, político al cual emito la crítica. Pensar que Peña Nieto es una persona corrupta, frívola, marioneta, no implica de ninguna manera, que quienes hayan votado por él, lo sean. Y la indignación frente a un personaje o acto no implica tampoco que esta vaya en contra de las personas que lo apoyan, o que al emitirla, busque atacar a las personas que respaldan al político o a la decisión tomada.

    Creo que la mayoría de las personas concordamos en que queremos que éste sea un país mejor. La cuestión es que, los seres humanos, animales políticos, cuya ideología y forma de pensar está formada por muchos factores, como la educación, el entorno, la experiencia, la información adquirida, e incluso el temperamento, tienen diferentes concepciones sobre cómo es que podría o debería mejorar el país. Al punto en que dos concepciones pueden ser diametralmente opuestas una de la otra, lo que puede generar un conflicto. Esta heterogeneidad de opiniones fue lo que hizo surgir las diferentes ramas políticas como derecha, izquierda, conservadurismo, liberalismo etcétera.

    Por eso es que la intolerancia no abona para construir democracia en nuestra sociedad. Porque si algo puede consolidar nuestra forma de pensar, ponerla a prueba, hacerla más objetiva, es el debate. Y para esto se tiene que partir de que se debe asumir que muchas personas pensarán de una forma diferente a nosotros. Y que eso no tiene que ver con la integridad de las personas, y que una persona critique lo que yo creo no significa que me esté atacando, que más bien podría ser una oportunidad para crear un debate, una discusión donde cada uno se quede con lo mejor.

    En este tema falta mucho avanzar. La intolerancia forma un círculo vicioso, porque la poca información, o la información sesgada propicia el dogmatismo, lo cual cancela el debate, y la falta de debate cancela la posibilidad de adquirir más información. Las discusiones se convierten en peleas e insultos, desde el bloquear contactos en las redes sociales porque «no tengo la capacidad de ver que otras personas critiquen a algo con lo que yo sí concuerdo» hasta a los golpes. Discusiones que podrían formar una sociedad más preparada y políticamente más madura, terminan en el encono y la agresión.

  • Un grito de independencia desolado

    Un grito de independencia desolado

    Enrique Peña Nieto dio su primer Grito de Independencia. El panorama no era alentador. El conflicto con la CNTE puso en riesgo la celebración del grito, aunque afortunadamente los maestros decidieron desalojar ante el ultimatum del gobierno, que si bien el desalojo no estuvo exento de violencia, no pasó lo que muchos temimos que pudiera pasar. Un cada vez más creciente sector de la sociedad se pronunció en contra de Peña Nieto, sobre todo por el tema de las reformas que despertó discrepancias en sectores disimiles entre sí.

    Un grito de independencia desolado

    El resultado de todo concuerda con lo que ha sido el gobierno de Peña Nieto. El Grito de Independencia fue uno de los más desolados de la historia moderna de México. Personalmente no recuerdo ni a Felipe Calderón, ni a Vicente Fox, ni a Zedillo, ni a Carlos Salinas, en un evento tan desolado, donde ni siquiera las cámaras y el audio pudieron ocultar lo acontecido.

    El primer signo de desolación tuvo que ver con la forma en que Peña Nieto dio el grito. Este se dio de una forma muy desangelada. Tal vez algunos puedan comentar que debido a la operación de la tiroides no puede alzar tanto la voz (comentario que supongo mas hasta ahora no he escuchado), pero el lenguaje corporal (tan practicado por los priístas) delató la falta de pasión. Parecía seguir un guión, un teleprompter, como tanto se le ha criticado.

    El segundo tuvo que ver con los abucheos que recibió. En cada «viva» se escuchaba un abucheo cortado deliberadamente por el audio. Al ser un abucheo más prolongado que un «viva». El audio se cortaba después del «viva» para disimularlo. Fue demasiado notorio como para pensar que fue emitido por una pequeña minoría. Además de que los «viva» apenas se escuchaban, al contrario del grito de Felipe Calderón en el 2007 (que también fue criticado por el tema electoral) donde se escucharon muchos «viva» enjundiosos.

    El tercero tuvo que ver con la censura de los medios. Además de cortar el audio, como acabo de mencionar, nunca se pasó una toma completa del Zócalo, con lo cual uno puede suponer que ni siquiera se llenó.

    El cuarto tiene que ver con los acarreados. Inclusive en las tomas «oficiales» pudimos ver gente de escasos recursos con propaganda de Enrique Peña Nieto. En especial aquellos pertenecientes a Tultitlán Estado de México que cargaban unos globos con ellos. Posiblemente fueron minoría, pero su ausencia hubiera hecho más notoria la desolación que se vivió ahí hoy.

    Esta desolación es el reflejo fiel de la Presidencia de Enrique Peña Nieto. Criticado por varios sectores de la sociedad que van desde la derecha a la izquierda. Y quien precisamente no ha logrado erigirse como el representante de los Mexicanos, y el cual ha utilizado a las clases bajas en su beneficio, ha despreciado a la clase media, y sólo ha representado a cierto grupo de la clase alta del país. Peña Nieto se está quedando sólo. A pocos meses se apagó la expectativa final que generalmente despiertan los presidentes del PRI al inicio.

    Habrá que preguntarse cual será el «as» bajo la manga de Peña Nieto. Las reformas que impulsó no alcanzan para esperar un efecto positivo palpable al corto y al mediano plazo más que el sentir una posible leve mejora de la economía debido al déficit del 1.5% que propuso para poder hacer más inversión pública. La sensación de «eficacia» que quiso transmitir se ha apagado y parece dar muestras de que no él y su equipo no saben como tener al país bajo control, lo que puede despertar cierto temor.

    No todo se puede con desplantes mediáticos y anuncios de «sí se puede» bien elaborados. La presentación de la Reforma Hacendaria «con sentido social» lleno de aplausos, halagos y presuntos reconocimientos de lo que se hizo mal, no ayudo a evitar la lluvia de críticas, sobre todo de una sociedad media que ya no toma a la televisión oficial como medios primordiales para informarse.

    Habrá que ver que pasa, pero su gobierno ha empezado con el pie izquierdo. Y más conviene no sólo a él, sino a todo el país, que se retome el rumbo y denote un amor a México que estuvo ausente en el Grito de Independencia.

    Y para muestra basta un botón. Vean primero el grito de Felipe Calderón, cuestionado. Y el de Peña Nieto. Es de notar quien muestra algo de pasión y a quien literalmente le vale madre el país:

  • El mexicano derrotado

    El mexicano derrotado

    Cualquier psicólogo podrá comentarte que aquella persona en cuya infancia se acostumbró a perder, tenderá a tener más dificultades para desarrollar una buena autoestima. Naturalmente la confianza y el buen concepto de uno mismo está en parte sustentado en las experiencias vividas. Si bien es cierto que el hombre tiene que fracasar como forma de aprendizaje para obtener un éxito ulterior, hay quienes al final del día se sienten satisfechos con su vida porque los éxitos son más contundentes que los fracasos que tuvieron que vivir para llegar a éstos, mientras que otros se sienten insatisfechos porque ven a su vida como una alegoría a la derrota.

    El mexicano derrotado

    Tomando en cuenta esto, el mexicano, como integrante de este país, se siente derrotado. No es una falta mía de amor por la patria, es simplemente que la colectividad tiene los mismos rasgos del individuo derrotado.

    Todos los países, en cualquier evento que sean representados, tienen descalabros. Pero nuestra tendencia a perder, hace que nos sintamos identificados con la derrota. Se habla de la eliminación de la Selección de Futbol, de la pelea de box donde el estadounidense Mayweather barrió al «Canelo» Álvarez. Y lo que viene a la mente de los mexicanos es el ¡Como siempre! ¡Los ratones verdes! ¡Siempre perdemos!. Incluso en temas políticos y sociales nos sentimos humillados. -¿Por qué tenemos a un Presidente así? ¿Por qué los que mantenemos a este país somos los que tenemos que pagar más? ¿Cuándo diablos vamos a tener políticos que se preocupen por la nación?-. E incluso históricamente nos sentimos tan derrotados que caemos en el victimismo y la conmiseración. Culpables colectivos como Los franceses, los «gringos» que nos robaron territorio, los españoles, Hernán Cortés, Landon Donovan etc.

    Tal vez por eso nuestro nacionalismo es endeble y más que tener su base en la fortaleza real de la nación, como hacen los estadounidenses, tenemos símbolos rígidos e inalterables que tratan de suplir esa carencia: Dar el grito el 15 de Septiembre, no poder interpretar el himno nacional si no se respeta completamente la partitura original, desgarrarse las vestiduras porque un cartonista extranjero hizo mofa de nosotros con la bandera mexicana (cuando a cada rato estos utilizan también los símbolos de sus países para hacer crítica), pensar que el petróleo es de todos los mexicanos y que es un orgullo. Todo esto delata un sentimiento de derrota.

    Gritos como el ¡Sí se puede! dejan ver también ese sentimiento de derrota, donde el mexicano quiere redimirse, superarse, pero partiendo de la realidad donde está derrotado. Gritar ¡Sí se puede! ante la selección italiana de futbol, por un decir, implica que por naturaleza, el mexicano se siente derrotado, que es el estado natural de las cosas. Pero con ese grito, trata de alterar la realidad, de que suceda lo que normalmente no pasa. Es decir, ganarle a Italia en un partido de futbol.

    Mientras los grandes pierden como parte de un proceso de aprendizaje o renovación. En México se pierde por costumbre. Cuando por decir, Estados Unidos pierde en un evento en que está acostumbrado a ganar, la derrota se usa como reflexión para pensar en qué se están haciendo mal las cosas, en que tiene que haber una renovación para volver a ser dominante. En México es una costumbre y este proceso sólo sucede a medias cuando comienza a perder todavía más de lo que está acostumbrado a hacerlo.

    Naturalmente tenemos una autoestima colectiva que está por los suelos. El mexicano comienza a pensar como cambiarla, pero el entorno en el que vive lo frustra. Ver el estado de la política, de la sociedad, de las instituciones lo lleva a la conclusión de que no puede hacer mucho al grado de mimetizarse con las masas e imitar las prácticas «de la mayoría» como supuesto mecanismo de supervivencia.

  • La desigualdad papá

    La desigualdad papá

    La Reforma Hacendaria de Peña Nieto tiene la misión, al menos en la retórica, de disminuir la desigualdad. Algunas de las propuestas son absurdas y ya las mencioné en el post anterior en mi crítica, otras son algo razonables (aciertos manchados por una verborrea de lo social algo hipócrita). No está del todo mal tampoco la reforma, aunque queda lejos, es insuficiente, y movida en parte por intereses políticos. Pero me pregunto si con una reforma ya, se acabó la desigualdad. Si con reformas vamos a cambiar una de las características tan peculiares de nuestro país. La desigualdad donde podemos encontrar modos de vida equivalentes a los de Finlandia a tan sólo unos kilómetros de unos más parecidos a los de Somalia.

    La desigualdad papá

    Algunos le atañen la desigualdad al «neoliberalismo«. Esto debido a que la implementación de las políticas del Consenso de Washington abrió más la brecha de la desigualdad en varios países. Primero. México no es un país «neoliberal». En el sentido estricto del término (y no en la ambigüedad tomada por la izquierda) es aquel estado donde la intervención gubernamental en la economía es muy limitada, donde existe el libre comercio y donde se privatizan empresas estatales. México no es neoliberal porque muchas empresas privadas han entrado al cobijo del gobierno, porque en un estado neoliberal se pagan pocos impuestos pero todos pagan, mientras que en México algunas empresas privadas evaden mientras a la clase media le suben los impuestos.

    De hecho, México ha tenido gobiernos socialistas, o gobiernos que han combinado la iniciativa privada con la gestión gubernamental con la sustitución de importaciones. A pesar de las «implementaciones sociales» la desigualdad siguió existiendo. Mientras en otros países las medidas sociales funcionaron para distribuir la riqueza y generaron sociedades más igualitarias a la vez que competitivas, en México la desigualdad persistió. Y es cuando te das cuenta que la pobreza no sólo tiene que ver con lo económico, sino con lo cultural.

    Una clase pobre (llamada falsamente humilde) históricamente sometida, pero que se ha permitido someter en un acto sutilmente masoquista al punto en que creen no merecer más, les basta las dádivas del gobierno. Es un problema de dos, el sistema de alguna manera que ha fomentado, en muchos casos deliberadamente, este problema. Platiquen con una persona pobre de sus aspiraciones, no van más allá de la supervivencia, del trabajo durante la semana y las novelas, la religión y el futbol y la cerveza como paliativos para sentir algo de placer en sus vidas. Están en un estado donde son fácilmente controlables y manipulables. No se manifiestan si no es por medio de un líder dadivoso. Porque muchas veces ni siquiera son tan conscientes de su miseria, de que al ser humanos podrían merecer algo mejor.

    La muchacha del aseo de mi casa que tarda mucho en hacer sus quehaceres, que no tiene alguna pizca de sentido común y que truena los dedos mientras preparo mi cena para que ella pueda hacerle su cena «al señor» en una clara falta de respeto. ¿Quién podría ser muchacha del aseo y llegar motivada a hacer el quehacer de la casa? ¿Cómo esperar profesionalismo en un empleo sin mayores aspiraciones que llevar dinero a casa o en el mejor y menos común de los casos, ahorrar para continuar los estudios? Nunca he visto a esa muchacha leyendo un libro, o tratando de aprender algo que le pueda ayudar dar un paso adelante, pero a pesar de las diferencias económicas, pueden contraer deuda y comprarse un smartphone de gama media para lo cual usan el wifi de mi hogar (lo cual no me molesta en lo absoluto) para conectarse a las redes sociales, o ver los chismes para dar su filosófica opinión sobre la nueva cirugía de Alejandro Fernández.

    Parece y actúa como una persona sometida. Miente mucho, una característica del sometimiento mexicano, que no sólo atañe a las clases pobres. ¿Nadie le dijo que podría hacer algo con su vida? ¿No habría forma en que tuviera la oportunidad de estudiar en vez de barrer mi casa, lo cual no le generará ningún currículum ni le abrirá las puertas a un empleo? Hay una cierta intención de entrar al mundillo del consumo, pero sin la creencia de que puedan trascender y, valga la redundancia, con la creencia de que no tienen derecho a saltar de uno a otro decil económico.

    Hay quienes preservan sus usos y costumbres, y a quienes se debe de respetar. Pero hablamos de una clase pobre mayoritaria que de alguna forma quisiera tener una realidad económica más decente, y la cual sirve de botín para algunos cuantos que en este uso los despojan de su dignidad. Personas que quisieran tener una casa decente, comida todos los días, actividades lúdicas, pero a las que les han enseñado que no merecen más, a las que mal educan, a las cuales no les enseñan a pescar. Pero ellos, como parte de su responsabilidad, dando por contado su libre albedrío, han asumido su sometimiento y se han conformado con él, porque ese sometimiento mismo les provee de unos mínimos recursos a cambio de que aspiren a no tener más.

    Ni la estadística dura, ni el IDH ni el Coeficiente de Gini, son suficientes para entender todo este complejo problema que tiene siglos en las raíces de nuestra sociedad. Y es que cuando asumamos dicho problema y nos propongamos a combatirlo, dejando de lado los intereses que esta complejidad cultural le otorga a algunos que se benefician de ella, poco a poco será menos drástico el contraste entre la zona privilegiada de Santa Fe, y el pueblo al lado con el mismo nombre.

  • Carta a Peña Nieto con motivo de la Reforma Fiscal

    Carta a Peña Nieto con motivo de la Reforma Fiscal

    Señor Presidente:

    He analizado completamente la reforma fiscal, y si bien tiene algunos aciertos como la eliminación del IETU, el IDE, la eliminación del régimen de consolidación fiscal, veo algunos otros que me preocupan y que como ciudadano me molestan.

    Entiendo que el que gana más, paga más, y estoy de acuerdo que sea así. Entiendo que en algunas ocasiones se tienen que aumentar los impuestos. Entiendo que en otros países se pagan más impuestos (dónde precisamente se usan bien). Entiendo que haya decidido no cobrar IVA a alimentos y medicinas, lo cual hubiera sido imprudente en este momento, no tanto por motivos políticos que los mueven a ustedes, sino por motivos económicos y sociales. Pero con su reforma comete no sólo un error, sino que quiere engañarnos al afirmar que es una reforma social y que acaba con todos los privilegios.

    Quiere recaudar más, en parte para crear un seguro social universal y un seguro de desempleo. No se oye mal, pero el problema es que para que éste exista, quiere que lo financien quienes ya pagamos, y no hay tanta intención de ampliar la base tributaria y hacer que paguen los que no pagan. El problema es que quiere gravar con IVA servicios de los cuales depende el bienestar de la clase media como son la compra o renta de casas, y también la educación privada.

    Usted habla del discurso de los privilegios, pero si bien quienes ganan $40,000 pesos o más son los menos en el país y los pobres los más, están lejos de ser privilegiados. Al final siguen siendo de la clase media ¿Y le digo algo? son contribuyentes cautivos, es decir, gran parte de los impuestos que recibe el país viene de ellos.

    Yo tuve el privilegio de estudiar en una escuela privada, en mi casa se pagaron impuestos, mis papás hicieron su patrimonio desde abajo sin necesidad del gobierno o la corrupción. Podré decir que soy privilegiado en el sentido que nací en una posición económica de clase media, media alta. Pero no tenemos ningún privilegio, somos contribuyentes cautivos, si no pago impuestos me multan, y de hecho no me molesta pagarlos, más bien es un deber como ciudadano. Muchos de nosotros, que hacemos nuestro patrimonio de forma honesta, no hemos contribuido a la desigualdad. Los que evaden impuestos, los que crecen sus negocios a expensas del gobierno, los políticos, esos son los que han creado un país más desigual ¿Y qué ha hecho usted? Hace poco el SAT condonó una fuerte cantidad de deuda a Televisa, a quien usted le debe en gran parte la presidencia. Tenemos que hablar de Azcárraga, de Slim, de todos aquellos que ingresan millones muchas veces no bien habidos y cuya aportación al erario se traduce en migajas.

    Comprendo que graven los espectáculos, el cine, que graven artículos de lujo. Pero estoy totalmente en desacuerdo que grave la educación privada, forzando a que familias inscriban a sus hijos en escuelas públicas, escuelas que ustedes han dejado en total abandono y cuya calidad no creo que cambie mucho con una reforma donde los maestros tienen oportunidad de reprobar hasta dos veces, y si no lo hacen, ganarán un puesto administrativo. No es elitismo, por el contrario. A mí me encantaría que más mexicanos estudiaran en escuelas privadas a sabiendas de la situación de la educación pública. Por el contrario, ahora la educación privada será un lujo de menos personas. Igualmente con las casas. Donde una persona que aspire a adquirir una casa mediana, tenga que pagar IVA. Una casa que le permite vivir bien, pero que no es un lujo, un despilfarro como para considerar gravarlo.

    Entiendo que por razones políticas proponga una reforma con tintes izquierdistas. Pero parece ser más retórico que nada. Porque usted busca una supuesta igualdad tratando de trasferir riqueza de la clase media cautiva y que es la que saca adelante a este país, a la gente que no tiene. Y no transferirlo de quienes evaden, de quienes son responsables de la desigualdad social de nuestro país.

    Por último, ya que nos quiere cobrar más, exijo que utilicen bien mis impuestos. No quiero volver a financiar con el sudor de mi trabajo tarjetas Monex y Soriana para vulnerar un proceso que debe de ser democrático como las elecciones, no quiero volver a financiar deudas como las de Moreira, no quiero financiar robos estrafalarios como los de su tío Arturo Montiel, no quiero financiar anarquistas comprados que destruyen negocios con mi dinero con el fin de reventar manifestaciones que deberían controlarse por otros medios, no quiero que los políticos se vuelvan ilegalmente ricos con mis impuestos, no quiero que con mi dinero se les pague a maestros que en lugar de dar clases, bloquean aeropuertos mientras usted no se molesta a detener a sus líderes que los engañan, no quiero que con mi dinero operen instituciones que son capaces de poner en la calle a Caro Quintero y de exonerar a Raúl Salinas o liberar a Florence Cassez, no quiero que mi dinero se vaya a televisoras que promueven ilegalmente candidatos a la presidencia, no quiero que mi dinero sea para crear asistencialismo electoral como en la Cruzada contra el Hambre.

    Gracias.

    Publicado en México desde México http://mexicodesdemexico.com/2013/09/11/carta-a-pena-nieto-con-motivo-de-la-reforma-fiscal/