Autor: Cerebro

  • El torito, la curva, la indignación, y los alcoholímetros

    El torito, la curva, la indignación, y los alcoholímetros

    Si eres capitalino, conocerás muy bien lo que es el torito, y posiblemente alguna vez llegaste a él. Si eres tapatío, tal vez has escuchado sobre el torito, o incluso, puede que sea algo nuevo para ti. Y vaya que es nuevo, porque éste lugar, que en Guadalajara será llamado «La Curva», o el CAD,, un centro de detención donde se «encierra» por 12, 24 o hasta 36 horas, a quienes no pasaron la prueba del alcoholímetro, ha generado polémica entre muchos tapatíos que se han indignado por la mano dura de las autoridades ante los conductores en estado de ebriedad.

    El torito, la curva, la indignación, y los alcoholímetros

    Ante la aparición de este centro, quienes ya están acostumbrados a «la peda», tendrán que cambiar sus hábitos. No tendrán que  dejar de tomar, pero sí cambiará la forma en que se transportan al lugar donde dicha oda al alcohol se llevará a cabo. Muchos están alarmados, se ponen de acuerdo para «avisarse y alertarse» sobre el lugar donde se encuentran los retenes (que cambiarán de lugar, por cierto). Están molestos e incluso relacionan esta nueva forma de coerción con el desfalco fiscal que padeceremos los ciudadanos con la nueva Reforma Hacendaria: -Estoy enojado, o sea, el gobierno nos quita dinero de nuestros impuestos, y estoy seguro Juan, que esto del torito tapatío lo hicieron para robarnos más dinero a los ciudadanos honestos como nosotros, el cual se lo va a quedar el gobierno corrupto, tranza. ¿Sabes qué?, yo voy a esquivar los retenes, les voy a dar mordida a ver si así no me dejan de joder, no se vale, hay que decir no a la corrupción-.

    La medida es polémica, pero es necesaria. De verdad que existe poca conciencia en este tema, y lo peor es que los conductores alcoholizados ni siquiera manejan con precaución conscientes de su condición. Creo que el sacrificio de irse a la fiesta en taxi en lugar de usar el auto, vale la pena cuando sabes que cientos de vidas se salvarán. Por ejemplo, en la Ciudad de México, se redujo a casi tres cuartas partes las muertes por accidentes relacionados con el alcohol.

     

    La medida es dura, sí. El alcoholímetro es imposible de esquivar, ni el chicle, ni una comida con cebolla, frijoles y demás promotores del mal aliento impedirán que el alcoholímetro detecte cuanto alcohol tienes en la sangre. Esta medida aplica para quienes tengan mínimo 80 ml de alcohol en la sangre, que equivale a 5 cervezas aproximadamente. En este caso la detención es entre 12 y 24 horas. Pero si son más de 130 ml, la sanción será de 24 a 36 horas. Los detenidos tendrán que ver una película sobre las consecuencias de manejar en estado de ebriedad, y si es reincidente, perderá la licencia de conducir por dos años. Tal vez lo único que me parece exagerado es que cabe la posibilidad de que con poco más dos cervezas uno pueda estar sujeto a una multa de $9,000 (sin pisar la cárcel), en lo particular, dos cervezas es muy poco alcohol.

    Es cierto que esta nueva reglamentación hará que los ciudadanos tengamos que tomar las precauciones y podrá ser incómodos para algunos. Pero es tan fácil como pagar un poco más trasladándose en taxi, de su hogar al lugar donde va a beber o de regreso. Y como sucede en el Distrito Federal, seguramente con el tiempo abundarán los servicios que le facilitan la vida a los «tomadores» para que puedan trasladarse sin poner en riesgo la vida de los demás.

    ¿Qué el gobierno va a recaudar todavía más impuestos? ¿No le quieres pagar al gobierno rata, tranza, corrupto, totalitario, dictatorial, estalinista-nazi? Tan fácil como no conducir en estado de ebriedad. Así no le das tus impuestos a ese gobierno que «tanto odias» y tu no pisas la cárcel.

    No todas las medidas tienen que ser populares, pero esta medida es necesaria. Porque más vale la vida de la gente, entre las cuales está la tuya, que darse el lujo de irse a una «peda» en tu propio automóvil.

  • Esa diferencia entre las relaciones virtuales y las relaciones reales

    Esa diferencia entre las relaciones virtuales y las relaciones reales

    Mucho se ha satanizado a las nuevas tecnologías arguyendo que aíslan a la sociedad y dañan las relaciones interpersonales. En mi punto de vista, a veces esta creencia se lleva al extremo, y si bien los avances tecnológicos pueden modificar de alguna manera la forma en que el humano se conduce consigo mismo y con sus semejantes (desde la imprenta, el teléfono, la televisión, el Internet), tampoco creo que una tecnología como lo es el Internet termine deteriorando las relaciones interpersonales como algunos críticos de estas dicen. Pero sí es cierto que al haber algún cambio en esta dinámica, si tenemos que entender también los riesgos (nuevos) que ésta pueda tener (entendiendo que los cambios llevan riesgos y dificultades implícitas a ellos).

    Esa diferencia entre las relaciones virtuales y las relaciones reales

    Uno de estos tiene que ver con la dificultad que tienen muchas personas para entender que una relación virtual no puede ser una relación real. Que parte de la confianza se genera a través de la plática en vivo, donde la presencia, el tono de la voz, el lenguaje corporal y la forma de expresarse nos dice mucho sobre la otra persona. En tanto que una relación virtual se limita al intercambio de ideas, afirmaciones y pensamientos, a través de caracteres de código binario, y en el mejor y menos común de los casos, fotografías o videoconferencias por Skype que no logran sustituir la interacción personal.

    Así sucedió con Gabriela Hernández Sierra, cuyo caso causó conmoción de la red, y lamentablemente en algunos casos, burlas por su suicidio debido a que un joven ecuatoriano con quien tenía una relación virtual limitada a texto y fotografías, la terminó debido a la distancia que los separaba. Es cierto que en este coctel habría que incluir problemas psicológicos que pudiera tener esta adolescente, que decidió terminar su vida a los 22 años con un futuro por delante, y por un joven al cual no conocía bien.

    El problema con las relaciones virtuales, es que también es muy fácil mentir y crear un personaje o alter-ego para engañar a otra persona, o en el más honesto y común de los casos, que el individuo oculte sus defectos y altere su esencia (lo cual es muy fácil a través de estos medios) por miedo al rechazo, lo que hace que la otra persona se quedará con un concepto equívoco de ésta. Esto no sería gran problema si quien participa en ellas entiende que una relación virtual nunca podrá asemejarse con una relación real y en persona. Pero a 15 años de que este tipo de tecnologías se empezaron a usar, parece que no se ha logrado entender esa diferencia. Y no entenderlo puede acarrear muchos problemas, desde decepciones y depresiones, hasta suicidios.

    Las burlas que recibió Gabriela Hernández por su suicidio en las redes, es también el ejemplo de como virtualmente el individuo se puede comportar de una manera totalmente diferente (con desconocidos) a como lo haría en la vida real. Muchas personas, sin mostrar compasión alguna por el caso, se burlaron creando memés, tweets, y comentarios crueles y agresivos.

    No creo que las nuevas tecnologías aíslen a la sociedad, sobre todo porque quienes se refugian en ellas para evitar el mundo real, son personas que sin éstas lo harían de otro modo. o bien acarrean problemas psicológicos donde el uso abusivo de estas redes son consecuencia y no causa. Inclusive en algunos casos, dichas tecnologías pueden reforzar las relaciones sociales y facilitarlas más al ser un canal de comunicación si estas son bien usadas. Aunque con ellas habrá que crear nuevos apartados en nuestro manual de buenos modales, como el evitar el uso de los smartphones en una conversación en vivo con otras personas.

    Pero para evitar estos riesgos, es importante el papel que deben de jugar los padres para evitar que sus hijos puedan salir afectados al no entender esa diferencia entre las relaciones virtuales y las relaciones reales, y que les enseñen a usar las redes sociales como un complemento de sus relaciones personales, y no como una forma de evadir a la gente de carne y hueso, o como una forma de obtener lo que en el mundo real no se puede obtener.

  • En la publicidad, los blancos primero

    En la publicidad, los blancos primero

    Voy a abrir una revista de Expansión que me regalaron, y procederé a analizar el linaje de las personas que aparecen en la publicidad pagada por marcas mexicanas (no contaré por ejemplo, el anuncio donde salen los integrantes de Depeche Mode promocionando un reloj cuya parte del costo va a causas benéficas). Resultado, 22 personas caucásicas, 3 mestizas (uno es Cuauhtémoc Blanco, y los otros dos fungen como personas con puestos operativos tales como vigilancia) y ninguna indígena. En resumen, la publicidad «me enseñó» que los exitosos deben de ser blancos, los mestizos pueden aspirar solamente a estar a la mitad de la pirámide social, y los indígenas deben ser totalmente ignorados, a menos que se trate de una campaña benéfica.

    En la publicidad, los blancos primero

    Lo curioso, es que esta falsa realidad contrasta inclusive, cuando se ve el linaje de los empresarios, CEO’s y personas con puestos ejecutivos dentro del contenido de la revista, y que en este caso sí son representativos de el aspecto racial de este sector de la sociedad. En este caso sí es posible ver a algunas personas mestizas con altos puestos, morenitos, chaparros, y algunos que rompen con el estereotipo del CEO que la publicidad nos muestra (aunque al final son los menos).

    ¿Son responsables las agencias publicitarias de promover el racismo? En parte, pero no podríamos atribuir todo el problema a ellas. Resulta que las agencias publicitarias buscan colocar un producto en la mente del consumidor de la forma más eficiente. Para hacerlo, se realizan estudios para conocer los rasgos del mercado meta al que se quiere llegar, cuales son sus aspiraciones, cual es su idiosincrasia. Es decir, si en tal sector de la sociedad no existieran actos racistas dentro de su idiosincrasia, entonces no habrían razones para mostrar pura gente con rasgos caucásicos en la publicidad, porque simplemente no funcionaría como estrategia de branding o no representaría ventaja alguna.

    El problema es que sí lo es, y basta revisar la historia de la sociedad de nuestro país, notablemente dividida en españoles, criollos, mestizos e indígenas. Y más curioso resulta que las clases «marginadas» no tienen alguna contrariedad con esta situación. Al mestizo pareciera no molestarse tanto ante una publicidad de la cual es parte del target, pero donde en ella aparecen personas caucásicas. Posiblemente esto se deba a un deseo aspiracional transmitido en dicha publicidad. Al mestizo no le afectará ver una pareja de dos personas caucásicas comprando una casa de clase media alta, siempre y cuando crea que él pueda aspirar a tener una.

    Es muy cierto que no es símbolo de una publicidad exitosa mostrar a individuos que parecen no aspirar a algo más, pero ello no debe implicar la relación entre cierta capacidad económica con cierta apariencia de una forma tan contundente que difiere con la realidad y se alimenta por medio de prejuicios. Los anuncios de Elektra (sin dejar de señalar que su dueño Salinas Pliego incurre en las mismas prácticas con TV Azteca, aunque de forma un tanto mas tenue que Televisa) podrían ser un ejemplo de como realizar un comercial aspiracional sin necesidad de colocar actores de rasgos caucásicos, pero sin llegar tampoco a usar a gente con rasgos más bien mestizos o indígenas de una forma despectiva como en algunos casos se ha llegado a hacer.

    Las agencias de publicidad tienen una responsabilidad social muy grande. Y a veces no están convencidas de ella, en tanto esos anuncios donde se excluye al linaje que representa a la mayoría de los mexicanos puedan significar una ventaja a la hora de promocionar un producto o posicionar una marca. Como mencioné, este hecho representa un rasgos característico de nuestra sociedad y no se trata de un problema creado directamente por las agencias de publicidad y medios de comunicación, sino que más bien se hacen partícipes de este círculo vicioso y logran hacerlo más grande.

    Anteriormente he hablado sobre el problema de racismo y clasismo que existe en nuestro país. Pero llego a la conclusión que para solucionar este problema, todos debemos de colaborar, y no sólo se trata de insistir a los medios y a las agencias que cambien su parecer. Porque de alguna manera, nosotros les damos motivos para que sigan publicando ese tipo de anuncios.

    Escrito para: México desde México

  • Intromisiones

    Intromisiones

    Cuando uno trata de imaginar las razones por las que Washington decidió espiar seriamente a Felipe Calderón termina por convencerse de que la única manera en la que alguien puede creer que el ex mandatario mexicano es una persona peligrosa es por un malentendido… A continuación una propuesta de cómo pudo haber ocurrido:

    Barack Obama, Felipe Calderon

     

    21 de enero del 2007, 01:23 horas. Dos agentes de la CIA empiezan a cubrir su turno de la madrugada cuando se les ocurre una idea: grabar las conversaciones telefónicas que el presidente mexicano sostenga en un lapso de veinticuatro horas. El objetivo es simple; echarse unas buenas carcajadas antes de empezar su próxima jornada laboral.

    Lo que encontraron al día siguiente, sin embargo, los sorprendió.

    Llamada registrada a las 03:31 horas del 21 de enero del 2007.

    —Bueno, eh, uhm,… quiero hablar con el encargado del despacho.

    —Él habla.

     

    —Did he say “encargado del despacho”?

    —He must be talking with a national secretary.

     

    — ¡Soy yo!

    —Sí señor, ya lo noté.

    —Ya sé que, ehm, es un poco tarde, uh, pero quiero consultarte sobre algo.

    —Aja, pero antes de que continúe, dígame, ¿ha estado beb…

    — ¡No, no, no!… Bueno, un poquito; es que recordé que había unos “Cabritos” con los que no había acabado, y, pues, ya sabes como soy de, uhm, perseverante.

     

    —Apparently he has been working a lot; he sounds tired.

    —Yes, but, what is “cabrito”?

    —Well, I remember that is a word that the mexicans use to talk about an enemy.

    —I see. So he has been studying the moves of the “Zetas” or another cartel.

    —Now we know that he’s talking with the secretary of defense.

     

    —Definitivamente, señor.

    —En fin, ehm, estaba ya por irme a la cama cuando me pregunte “¿qué tan poderoso sería un “caballito” combinado?”, y. ehm, quién mejor para responder eso que mi consultor de cabecera.

    — ¿Un “caballito” combinado”? ¿Se refiere a uno hecho con varias…

    — ¡Claro!, ¡uno patrocinado por todas las empresas!

     

    —I don’t understand, it seems that they are talking in a kind of…

    —Wait a minute!, he said “horse”, maybe he’s talking about the war… I get it!, he wants to create special fighting groups with people different forces.

    —You say commands with militaries, police officers, special agents…

    —This guy is smarter than what I thought.

     

    —Definitivamente sería muy fuerte, por no decir peligroso.

    — ¿Sólo peligroso? No, pues, una vida sin riesgos no es una vida de hombre, ¡¿qué no?!

     

    —Did you listen to him?

    —The man won’t rest until he finishes with everyone.

     

     

    — Como usted diga, señor, ¿me necesita para algo más?

    —Pues, uhm, nada más para que me mandes pronto lo mejor que tengas en tus reservas.

    —No hay problema.

    —Perfecto, perfecto…

    —Ahora, si me disculpa, volveré a descansar.

    —Sí, buena idea, mañana será un día duro… especialmente para mí.

     

    —We need to follow him closely.

    —Absolutely.

     

     

     

     

  • El mejor Presidente no es el más popular

    El mejor Presidente no es el más popular

    Periódicamente, diversas casas encuestadoras publican una tabla de quienes son los Presidentes más populares de una región (Latinoamérica, Europa, América del Norte, o todo Occidente en su conjunto). En estos ejercicios se les pide a los encuestados que le den una calificación al gobierno del Presidente en turno, o bien, que lo aprueben o reprueben. Pero este tipo de ejercicios, a pesar de que metodológicamente sean correctos, en muchos casos pueden ser engañosos, sobre todo cuando se pretende pensar que ese resultado también habla de lo bien que pudieran estar haciendo su trabajo.

    El mejor Presidente no es el más popular

    Se dice que el mejor candidato es el peor Presidente y viceversa. Los políticos usan el arte de la demagogia, tienen detrás un equipo con una estrategia grandilocuente de publicidad, prometen lo que no saben si van a cumplir, o incluso hacen promesas que firman ante notario, pero que bien analizadas no llevan a ningún lado. Este tipo de candidatos son los que terminan triunfando. Un candidato honesto, que confiese a sus electores la realidad en que gobernará, y acepte sus limitaciones, es un candidato, que en un país como México, no tiene muchas posibilidades de ganar. Por eso es que las frases alusivas al cambio, desde el «Hoy» de Fox, hasta el «País de la Esperanza» de López Obrador o el «Mover a México» de Peña Nieto venden. Más en un electorado que ante un país que no se mueve mucho, finca sus esperanzas en alguien y lo idealiza.

    En realidad Fox no fue el «cambio» que se nos prometió, y tal vez pudiera parecer que Peña Nieto esta «moviendo a México», pero a escenarios preocupantes. Pero el problema de ese respaldo en lo popular, llamado «populismo», no termina ahí. El Presidente muchas veces puede tomar decisiones cortoplacistas para mantener satisfecha a la población con un afán más bien electoral, y esos se reflejan en esos estudios. Pero muchas veces un buen Presidente, alguien que realmente quiere hacerlo, en algunos escenarios debe tomar medidas impopulares que no lo ubiquen en la parte más alta de las encuestas incluso al terminar su gestión, un Presidente que deje del lado el afán electoral, el afán de la permanencia en el poder, para sembrar cambios que florecerán en años posteriores.

    Ello no implica automáticamente que un Presidente impopular sea buen mandatario. En muchos casos los ciudadanos lo reprueban con razón. O puede ser, como en el caso de Peña Nieto, que busque popularidad en cierto sector (en los sectores más vulnerables del país donde tiene mayor base de votos) en detrimento de otros sectores para obtener triunfos electorales posteriores. Incluso otros, como López Obrador, pueden basar su popularidad en cierto sector (clases medias y populares) en el desprecio de otros (privilegiados), y ello no implica que la impopularidad que puedan ganar sea proporcional a lo buenos que pueden ser como políticos.

    Un mandatario que quiere a su país, se debería preocupar más por lograr los cambios que se requieren para transformarlo, y menos por su posición en las encuestas. Es cierto que una alta impopularidad puede quitar margen de maniobra a un mandatario. Pero quien obra honestamente en el poder, de alguna manera encontrará el suficiente respaldo como para no tener un nivel de popularidad tan bajo que no le permita hacer casi nada.

     

  • Bajar de peso y hacer ejercicio

    Bajar de peso y hacer ejercicio

    Yo casi siempre he sido gordito. En realidad muy pocas veces en mi vida he llegado a mi peso ideal (cosa que logré cuando era… niño). No sé si el metabolismo, mi condición fisiológica o incluso neurológica ha motivado a que casi siempre cargue con kilos de más. Pero por alguna razón los griegos han admirado aquellos cuerpos delgados y fuertes, así como también Hitler buscaba evitar la obesidad en la población alemana porque «quesque» iba en contra de la pureza aria.

    Bajar de peso y hacer ejercicio

    Ciertamente al gordito se le ve como «el simpático». Lo que sucede tiene que ver con la naturaleza evolutiva del hombre. Una persona delgada y parecida es más atractiva que una persona «gordita»,  también puede ser vista como un buen atleta, ágil, veloz. Entonces el gordito busca en la simpatía una forma de llamar la atención de las demás personas. Pero en realidad los gorditos suelen ser menos atractivos que las personas delgadas, es una desventaja, aunque de cierta forma, no es contundente. Algunas personas tienen razones para escoger a un gordito sobre un flaco como su pareja, pero eso no tiene que ver su condición física, sino que son otros rasgos los que hacen que ésta persona se decante por el gordito o la gordita.

    Pero creo que esta cuestión va a un segundo plano, aunque no deja de importar. Lo primero tiene que ver con la salud. Aunque en realidad la segunda cuestión tiene que ver con la primera cuestión. Recordemos que el ser humano instintivamente busca reproducirse con parejas lo suficientemente sanas y fuertes como para dejar una descendencia, valga la redundancia, sana y fuerte. El sobrepeso no es algo que se pueda relacionar con lo sano, por el contrario. Pero regresando concretamente al tema de la salud. Sabemos los riesgos que implica tener sobre peso.

    Hace un año, cuando llegué a tener el mayor sobrepeso de la historia de mi vida, el nutriólogo me dijo los riesgos a los que estaba expuesto. Diabetes, candidato a marcapasos, hernias, sí, a mis 31 años. Y hubo un momento en que sabía que me la tenía que rajar. Y es curioso que cuando tocas fondo, es el momento más adecuado para reaccionar y así lo hice. No tanto por el peso, sino por una situación difícil y un tanto depresiva que pasé, más porque no soy alguien al que le guste estar estancado en las depresiones y más bien busco algún recurso para salir de ahí, aunque en ese momento parezca que las cosas están mal y seguirán mal para siempre. Había que ver que podía hacer para sentirme bien conmigo mismo, en el trabajo y en lo profesional las cosas no iban mal, con mi familia tampoco. Entonces me acordé que me sentía pesado, y que lo estaría mas si no fuera porque tenía la costumbre de hacer «algo» de ejercicio para no sentirme sedentario.

    Bajar de peso es algo difícil en sus inicios, pero es algo demasiado redituable, sobre todo si lo combinas con una cantidad considerable (sin exagerar) de ejercicio. Hice lo que nunca había hecho en toda mi vida, madrugar y salir a caminar – trotar – correr todas las mañanas. No importaba amanecer de malas, cansado, había que ir a hacer ejercicio sí o sí. Armé una playlist interesante en el iPod y se volvió costumbre desde hace más de un mes.

    ¿Resultado? Hasta ahora 10 kilos menos de sobrepeso, pantalones que quedan grandes. Pero esa combinación con el ejercicio ayudó a mejorar mi estado de ánimo y mi actitud. Incluso. Lo más notorio es el cambio de actitud de la gente hacia tí. Percibes que la gente te trata diferente, que es más abierta. Y pensando, si quería salir una depresión, lograr un círculo virtuoso como este de verdad es algo que ayuda bastante.

    Yo no soy creyente de ninguna forma en ese tipo de dietas mágicas que te prometen bajar decenas de kilos en un mes. Todo en esta vida requiere esfuerzo y la naturaleza es sabia. Simplemente se trata de alimentarse balanceadamente y hacer mucho ejercicio. Punto.

  • El oportunista Andrés Manuel López Obrador

    El oportunista Andrés Manuel López Obrador

    López Obrador vive de las manifestaciones, de la gente que lo sigue. Está tan cómodo ahí que, como refirió alguna vez su asesor Costa Bonino (asesor de Lula y Miterrand), López Obrador se sentía más cómodo en su especie de «activista» que como Presidente de la República y parte de su derrota electoral (más los otros factores que ya conocemos) tuvo que ver con un supuesto miedo a la presidencia. Ahora que aspira al 2018, conforme a su natural terquedad, vuelve a usar casi la misma fórmula pero adaptada a la realidad actual donde ya no tiene cobijo del PRD, por lo cual buscará hacer su nuevo partido MORENA.

    El oportunista Andrés Manuel López Obrador

    Algunos dicen que López Obrador es el último idealista que queda en una República Mexicana donde la falta de ideales (valga la redundancia) aunado a un exceso de pragmatismo ha deteriorado la república. Lamentos decirles que no es cierto. Andrés Manuel López Obrador también es un oportunista, un hombre que quiere aprovechar todo el descontento a su favor y canalizarlo a su nuevo partido.

    López Obrador es hábil para canalizar descontentos. Así lo hizo con el desafuero con el cual Vicente Fox quiso hacerlo un lado, así con el conflicto electoral del 2006, el del 2012, el fraude que Madrazo le cometió a Tabasco y demás. López Obrador preocupado por la división de las izquierdas, partidas en tres: en los moderados (cuya línea entre moderación y venta al mejor postor es difusa), en Marcelo Ebrard, y en el mismo (e incluso en su corriente hay jaloneos), encontró una mina de oro electoral con una reforma energética propuesta en un país donde la mayoría de los mexicanos está en contra de la privatización de Pemex, y en una reforma hacendaria que ha hecho enojar a las clases medias y medias altas.

    Si analizamos la propuesta de Reforma Hacendaria, nos podemos dar cuenta de que la férrea oposición de López Obrador no es ideológica, es pragmática. Es decir, un López Obrador en la Presidencia hubiera propuesto una reforma no tan diferente a la propuesta por el PRI. Y eso es tan fácil de saber, porque la intención del PRI con su reforma es quedar bien con las izquierdas y tratar de captar simpatías en esas regiones donde tiene mayor oposición. Es decir, eso que vemos en el PRI, una reforma sin convicciones ideológicas pero con oportunismo electoral, lo vemos en López Obrador que responde de la misma manera oponiéndose a la reforma porque es del.. PRI, del partido de donde viene López Obrador.

    La cuestión de la Reforma Energética cae como anillo al dedo, aunque en este caso, su reclamo sí está alineado a sus convicciones reales. Pero la fórmula en todos los casos es la misma, oponerse a todo, canalizar el descontento y magnificarlo con frases como «el desfalco a la nación», «no al robo de todos los tiempos».

    López Obrador es consciente de su peso, porque aunque tiene una legitimidad marginal (sus seguidores), tiene algo, a diferencia de Enrique Peña Nieto. Por eso Peña Nieto tiene que recurrir a la figura de Lázaro Cárdenas y hacer una Reforma Energética más timorata.

    Se trata de un juego político donde lo que importa es el poder. Donde lo que lo último que les preocupa al PRI de Peña y a AMLO es el bienestar de su país, y si les llega a importar algo, queda supeditado a su deseo de poder.

    Ya decían que muchas veces los buenos presidentes son impopulares (porque a veces tienen que tomar medidas difíciles que generarán beneficios a mediano o largo plazo). Pero parece que tanto Peña como AMLO, lo único que quieren es «dorarles la píldora» a los ciudadanos, sin importar si sus propuestas o políticas terminen siendo perjudiciales. Sin importar ambiguedades ideológicas, como un PRI tomando posturas de la izquierda que la amenaza y un López Obrador que se atreve a sugerir que el PAN y el PRD deben unirse para ir contra la Reforma Hacendaria.

    ¿Entonces donde está el último idealista de la nación?

  • Brenda Patricia Treviño y su osadía para cuestionar a los líderes

    Brenda Patricia Treviño y su osadía para cuestionar a los líderes

    A veces hacen falta pantalones para cuestionar a la clase política y empresarial, en público, y no sólo eso, frente a ellos. Y a pesar de que en algún momento parecía que los nervios la traicionarían, Brenda Patricia Treviño hizo lo que muchos mexicanos hubiéramos querido haber hecho, cuestionar a aquellos que tienen la capacidad de modificar el rumbo del país, y que en muchos de los casos, terminan sirviéndose de él.

    Brenda Patricia Treviño y su osadía para cuestionar a los líderes

    Después de que Peña Nieto «presumiera» y defendiera sus propuestas de reformas, Brenda Patricia Treviño, estudiante de la UP becada para asistir a la Cumbre de Negocios que se llevó a cabo en Guadalajara tomó el micrófono para hacer un reclamo. Tenía un texto preparado, pero se lo censuraron y le entregaron otro que tenía halagos y agradecimientos, con lo cual ella no se sintió conforme, y por ende, en su discurso se salió del guión para improvisar lo que había preparado ya desde un principio y para a su vez hacer reclamo de esta censura: –Uno como joven está abajo del gobierno, uno recibe golpes del gobierno cuando van y te dicen que lo que tú preparaste para hablar aquí no es bueno, que mejor digas ‘gracias por la oportunidad de traernos, me gustó el programa, muchas gracias-.

    Brenda Patricia, tratando de combatir contra sus nervios, y con un jóven que arremetía con quitarle el micrófono, le reclamó al gobierno que le hacía falta sentir al pueblo. Le reclamó a los líderes por no dejar que los mexicanos salieran adelante y afirmó que el sistema tenía manipulada a la gente para que así fuera. Si bien es una generalización, porque creo que hay líderes (en el ramo político y empresarial) que aportan cosas positivas a México, también tenemos personas como los Azcárraga cuya presencia es nociva en nuestro país, y muchos otros políticos, como por ejemplo, los que rodean al gobierno actual. De esta forma fue un reclamo a quienes desde posiciones de poder, en vez de incidir para hacer que este país salen adelante, hacen lo contrario. Brenda Patricia lanzó las palabras, que deberán ser profundamente reflexionadas por aquellos a quienes les quedó el saco.

    Brenda Patricia se atrevió a cuestionar la censura del gobierno. Pero el intento de censura no quedó en el cambio de discurso al que ella se negó. Sino que fue «cortada» del video de la Presidencia de la República. Pero logró su cometido, en una cumbre donde todo eran elogios y aplausos de «lo bien que va México», le puso el tono de protesta, la voz de la gente, la voz de aquellos que gobiernan los líderes. Brenda tuvo su momento de Gloria, fue reconocida por los usuarios de redes sociales, sin importar su posición política. Por cuestionar un gobierno que ha sido muy criticado por las clases medias e ilustradas. Y no sólo eso, recibió un fuerte aplauso por todos los asistentes a esta cumbre.

    El incidente también es muestra del descontento que existe en nuestro país, donde hay una pérdida de confianza progresiva en los gobernantes y en las instituciones. Una ruptura cada vez mayor entre los muy pocos, y los muchísimos. Un país que en poco tiempo se reconfiguró de estar polarizado entre la derecha calderonista y la izquierda obradorista, a estar ya de alguna manera unido dentro de las clases medias frente al gobierno actual, y si no tomó mucho tiempo en hacerse esta reconfiguración, es porque hubo razones de peso.

    Por cierto, es algo curioso que dentro de las constantes pifias de Enrique Peña Nieto, haya errado al pronunciar el mismo término «epidemiólogos» que errara Elba Esther Gordillo en el 2009.