Autor: Cerebro

  • ¿Por qué López Obrador será Presidente en el 2018?

    ¿Por qué López Obrador será Presidente en el 2018?

    Las figuras populistas emergen en el momento en que las instituciones se han resquebrajado; cuando quienes supuestamente deberían tener la cordura lo pierden todo, las propuestas sin fundamento empiezan a volverse atractivas como estrategia contestataria antes quienes se han denigrado.

    López Obrador 2018

    Por ahí del 2007 o 2008 ya pensaba que Peña Nieto podría ser el próximo presidente de México, y lamentablemente así fue. Ante el descrédito del PAN, una figura que dependiera del voto duro era factible, no importa si lo que menos tiene son dotes de estadista o si no está preparado, populismo mediático al fin y al cabo. Lo lamentable es que junto con el pronóstico de su llegada, también se ha cumplido el pronóstico de muchas cosas que temíamos de su gobierno (sólo falta la crisis económica para que dicho pronóstico sea redondo).

    Así como hice el pronóstico a 4 años de su llegada, ahora pronostico que Andrés Manuel López Obrador será el Presidente en el 2018. ¿Por qué?

    Andrés Manuel tiene todo a su favor. Algunos dirán que ha perdido fuerza, y al menos eso parece ser porque para la Reforma Energética no tuvo la convocatoria que se esperaba. Pero Andrés Manuel también de alguna forma ha elegido mantener un perfil bajo y eso le conviene. Le conviene porque será menos sujeto a críticas, porque las críticas hacia sus decisiones y comportamiento quedarán más en el pasado, porque sólo necesita surgir en el momento indicado y ahora se ha preocupado más por construir su organización (MORENA) tan democrática como una… tómbola.

    No es un secreto que el escenario actual en México tiene similitudes con el de Venezuela antes de Hugo Chávez. El descrédito es total, la situación es cada vez más insostenible, el Presidente dentro de escándalos de corrupción; una oposición cómplice que critica por encimita pero que no hace nada por lo cual se hacen corresponsables por omisión. Exceptuando al panista Javier Corral, no hemos visto figuras que puedan fungir como oposición, y la mayoría de los mexicanos no ven en los partidos políticos una esperanza ante la difícil situación en la que se vive.

    López Obrador no hace mucho ruido, incluso algunos afirman que su postura es algo tibia. Pero su movimiento poco a poco ha ido creciendo y dentro de los partidos actuales es el único que me atrevo a decir, logra fungir como oposición frente al gobierno.

    Hace 6 años nadie pensaba que López Obrador podría ser competitivo en las elecciones del 2012, incluso poco después tuvo el atrevimiento de formar parte de un episodio vergonzoso en las elecciones intermedias del 2009 cuando traicionó a Juanito, un peculiar personaje al que utilizó para buscar quedarse con la delegación Iztapalapa. A pesar de todo ello, AMLO logró surgir de la nada y llevarse el segundo lugar en la contienda.

    Ahora con un perfil más bajo (posiblemente a propósito) donde se limita a criticar al gobierno actual y a decir obviedades sobre éste, parece hacer lo justo para no hacer el suficiente ruido que se traduzcan en críticas en su contra, pero lo suficiente como para no quedar en el olvido.

    López Obrador tiene muchos defectos y muchos señalamientos en su contra, pero tiene la ventaja de poder presentarse como un hombre limpio sin huella de corrupción (o aparentarlo, al menos). El Peje puede ser calificado de populista, de bloquear Reforma, de emitir propuestas sin fundamento que de ser aplicadas al pie de la letra sumirían a México en una crisis, y de dividir a México en 2006 (créditos compartidos con Felipe Calderón), pero difícilmente se le pueden encontrar actos de corrupción como los de Grupo Higa (algunos hablan de supuestas casas en La Toscana). Posiblemente porque el gusto de López Obrador por el dinero es inversamente proporcional al gusto por el poder, o al menos, el gusto de ser adorado y seguido por las masas.

    En momentos de crisis, el individuo busca a un líder que pueda ayudarle a cambiar su realidad, y más en el México tradicionalmente paternalista. López Obrador cuadra bien en el perfil, sin importar si sus propuestas puedan ser contraproducentes. Pero a estas alturas de deseperanza, una figura como la de él en un país donde viendo la situación política actual ya no hay tanto que perder, podría obtener el voto útil necesario que haga la diferencia, en tanto comienza a consolidar el voto duro con MORENA.

    Porque si con el PRI no se pudo, hay que buscar al otro PRI, pero que sigue siendo PRI (en su esencia) pero con otras siglas y con un tufo carismático. Para algunos AMLO sería el nuevo Chávez, para otros no, y creen que su discurso contestatario es más bien una estrategia política, para que cuando llegue al poder tome una posición moderada (algo así como Lula). A AMLO le conocemos las dos facetas, el que fue Jefe de Gobierno en el Distrito Federal donde no entregó malos resultados, y el otro que manda al diablo a las instituciones (que al final del día se han mandado solas), que es necio, que no cambia de opinión, y que comete actos dudables justificados en una falsa y maniquea superioridad moral que es dada por un considerable número de seguidores que lo justifica sin importar si para ello deban alterar la realidad y traten a quienes no piensan como ellos como algo más que el enemigo.

    La posiblidad está, ese es mi pronóstico, aunque no simpatice mucho con la idea de tener a alguien como López Obrador en el poder. Y López Obrador puede recobrar fuerza en la coyuntura de un desencanto mundial que hace surgir en Europa a la izquierda dura, como el «Podemos» de España, la victoria de Syriza en Grecia; o la creciente ultraderecha en Francia, Suecia y otros países del orbe.

  • El mal llamado neoliberalismo mexicano

    El mal llamado neoliberalismo mexicano

    -Carlos Salinas (refiriéndose a la época de las privatizaciones) no tocó las estructuras corporativas, sólo hubo un cambio de personas – Macario Schettino.

    El mal llamado neoliberalismo mexicano

    Thomas Piketty en su libro «Capital» habla mayormente sobre la desigualdad que existe en el mundo, habla sobre sus causas, y sobre las razones por las que ésta disminuyó en el siglo XX (Guerras Mundiales que acabaron con los patrimonios así como las políticas redistributivas implementadas) para que en las últimas décadas esta volviera a aumentar debido a la disminución de impuestos así como por el surgimiento de los súper-ejecutivos. La realidad (que coincide con las proyecciones de Piketty) es que las 80 personas más ricas del mundo, poseen la misma cantidad de dinero que tiene el 50% de los habitantes más pobres del planeta, lo que seguramente está generando debates, donde muchos cuestionarán al libre mercado, y otros lo apoyarán afirmando que a pesar del incremento de la desigualdad, el bienestar de la mayoría de los habitantes del planeta ha aumentado con el tiempo.

    El debate sobre estas políticas (llamadas por muchos como neoliberales) es necesario. El problema es que no tienen la misma dimensión en México, o más bien en nuestro país existen otros factores que exacerban más la desigualdad (aunado a un aumento del bienestar raquítico). Entonces nos damos cuenta que culpar directamente al «neoliberalismo» por la situación actual (como generalmente lo ha hecho la izquierda) es un error. En el caso de México tiene que ver más con el estado (es que temen que desaparezca, pero que al mismo tiempo detestan) y al régimen vertical heredado del PRI que ha oscilado desde el socialismo hasta el corporativismo (que es a lo que se llama erróneamente «neoliberalismo»).

    López Obrador, crítico del sistema, pero a la vez, asiduo y promotor de regímenes verticales como el que sigue sosteniendo al país, habla de la «mafia en el poder», el término es contestatario y adecuado a su discurso populista, pero de alguna forma, tiene alguna razón de ser. Cuando se habla de potentados y privilegiados, no hablamos de empresas privadas que surgieron de la competencia y la innovación. Muchas de las grandes empresas en México surgieron al amparo del Estado y crecieron gracias a él. Eso ha generado una mayor concentración de la riqueza, al tiempo que ha obstaculizado el crecimiento de la ciudadanía.

    Cuando hablamos de Telmex, Televisa, y demás empresas grandes, no hablamos de innovadores, ni de súper-ejecutivos que tuvieron una idea en un garage. Hablamos de empresarios que tuvieron las suficientes amistades dentro del gobierno para que en base a privilegios, pudieran crecer por encima de quienes no los tuvieron. Porque no es lo mismo Mark Zuckerberg que Carlos Slim (ambos en el ramo de las comunicaciones) ni es lo mismo la familia Rockefeller a Grupo Higa. Y el problema es que este régimen vertical sigue siendo promovido.

    El llamado neoliberalismo tiene sus defectos, y entre ellos está el que por sí sólo no logra disminuir la desigualdad, sino por el contrario. Pero no es el caso de México. Estados Unidos es mucho más «neoliberal» que México (la intervención estatal es menor). El coeficiente de Gini de Estados Unidos es de 41.1 y el de México es de 48.1 (donde 1 es igualdad perfecta y 100 inequidad perfecta).

    Si queremos combatir la desigualdad, tendremos que cambiar de enfoque y saber utilizar los términos. Por contradictoria que pudiera parecer la afirmación, en México, la intervención estatal en la economía es la que ha producido los niveles de desigualdad que ahora tenemos. El hecho de que existan corporaciones públicas y privadas que abusen de quienes no forman parte de ellos, provoca que casi no exista movilidad social (es decir, que las personas puedan aspirar a cambiar de posición social), ni competitividad. Necesitamos mexicanos que logren crear grandes empresas en base a su creatividad, innovación y esfuerzo, y no en base a los amigos o palancas que puedan tener en el gobierno.

  • En México no sirve ser honesto

    En México no sirve ser honesto

    No sé, no sé que hago escribiendo en este blog. Tal vez estoy perdiendo mi tiempo quejándome de lo que está pasando en este país. Pero sí, si la teoría evolutiva habla de la ley del más fuerte y no de la ley del más honesto; entonces debo de dejar de hacerme tonto y me debo de volver un cabrón, un hijo de puta, porque esos son los que destacan. Porque esos son los que están en la cúpula del poder y los que hacen lo que se les pegue la gana.

    En México no sirve ser honesto

    Veía el cochecito de Raúl Salinas con el que se paseó en Santa Fe. Un BMW deportivo que cuesta más de dos millones de pesos. Raúl Salinas no trabaja, pero le sabe a eso del poder, tiene influencias, tiene a su hermano. Es un cabrón. Mientras yo pago mis impuestos cabalmente y participo en organizaciones civiles y tengo que contar bien mi dinero, él no hace nada y lo tiene todo. Mi esfuerzo no se ve muy redituado, el poco esfuerzo de Raúl Salinas lo tiene en la cumbre del poder. Supo moverse, supo hacer contactos, supo tener a sus incondicionales, supo traicionar a aquellas personas que sería una gran ventaja traicionar.

    Después veo a nuestro Presidente Peña Nieto. Guapo, galante. A pesar de no ser una persona inteligente o culta, es el Presidente de este maldito país. ¿Qué no lo quieren? Les apuesto que Peña se pitorrea sobre las masas, y lo único que le preocupa es que puedan representar un riesgo para la cúpula del poder. ¿Que me tratan como imbécil? Yo los tengo agarrados de los.. ¡A mí esos revoltosos me la pelan! Yo tengo mi casa blanca, mi otra casa en Ixtapan de la Sal, tengo belleza, dinero, un séquito de mujeres de clases marginadas a quienes detesto, pero quienes se masturban pensando en mí y por lo tanto me dan los votos que necesito para mis intereses políticos. Me harán un muñeco y me quemarán, me harán una peñata y me romperán en las posadas, pero apostaré el tiempo y la gente olvidará. Ayotzinapa va quedando en el olvido. Tal vez la historia no me juzgue bien, pero mis millones me darán prosperidad a mí y a mis descendientes.

    Luego veo a otras personas que se convierten en líderes mesiánicos con un discurso que raya en las mas insulsas obviedades. Con una inteligencia no muy superior al del galante de Atlacomulco, el eterno Presidente Legítimo López Obrador es adulado por las masas. No será Presidente, pero puede tratar de ser Dios. ¿Y qué ha hecho de su vida? Trato a mis seguidores como botín político, y tal cual predicador, los comparo con la mafia en el poder si dudan de mí tal cual Judas.

    Y si los que tienen el poder, las influencias, el dinero no lo hicieron precisamente en un acto de honestidad. ¿Por qué yo tendría que serlo? La honestidad y la humildad es para los débiles. En lugar de estarme quejando, debería engañar a mis lectores y vender artículos a quienes suelten más dinero, para así meterles falsas ideas a la gente (ups, lo dije en voz alta). Si a los del Mitófago les funciona ¿Por qué a mí no?

    Debería ser un cabrón, porque en México no hay espacio para personas honestas. En México ser un emprendedor honesto, un periodista, es ser débil. Sólo te adulan los demás débiles, los que se quejan del sistema. No, los buenos nunca ganan, esas son mentiras de películas Hollywoodenses que nos metieron basura en la cabeza, y dicha basura tenía intenciones políticas ocultas. Los malos de la película en realidad son los ganadores, y los buenos son los que se mueren al final. El mundo es de los cabrones, de los que se saben chingar a los débiles. ¿Quiero ser un cabrón o un débil? La respuesta debería de ser obvia.

    Debería ser un Salinas, un Peña, un López Obrador, un Azcárraga, un Berlusconi, un Hitler, un Mao. Debería pasar por encima de los demás, debería demostrar que soy más humano que los demás pobres seres estúpidos. Porque gente adulándome por mi dinero o mi poder es mucho más importante que los likes recibidos en Facebook por artículos titulados «Peña Nieto robó…».

    Porque le voy a cambiar el nombre a este blog, posiblemente suene muy bien «El Cerebro Tranza».

  • Lagrimita, Guillermo Cienfuegos y la democracia ¡Qué barata!

    Lagrimita, Guillermo Cienfuegos y la democracia ¡Qué barata!

    Un político payaso es un payaso político.

    Lagrimita, Guillermo Cienfuegos y la democracia ¡Qué barata!

    Miren, a mí siempre me ha gustado la idea de los candidatos independientes. Más en un país como el nuestro que ostenta el primer lugar a nivel mundial de percepción de corrupción dentro de los partidos políticos (más del 90% los considera corruptos según Transparencia Internacional). Pero la idea es que personas ajenas a cualquier grupo político que quieran incidir en su entorno puedan lanzarse sin necesidad de «hacer política» dentro de los partidos (y sabrán por qué es el entrecomillado).

    ¿Pero, un payaso? ¡Si con trabajos podía tolerar que un payaso como Brozo se las diera de opinólogo (que siendo realistas lo llega a hacer mejor que algunos de sus colegas de Televisa), se me hace inadmisible que un payaso, vendiéndose como payaso, quiera aspirar a la Alcaldía de Guadalajara!

    Si Lagrimita (Guillermo Cienfuegos), ese payaso que marcó la infancia de muchos tapatíos, quiere lanzarse para ser una opción viable a la altura de la ciudad, debería de quitarse el traje, la nariz roja y el maquillaje, para presentarse como el ciudadano civil que es detrás de cámaras, y que no es tan carismático como «el que sale en la tele». Presentarse como un payaso a un puesto que requiere seriedad es un insulto a los ciudadanos que esperarían o deberían esperar políticos que con suyas acciones, les procuren un lugar armónico donde puedan llevar a cabo sus proyectos de vida.

    El payaso correcto

    Que yo recuerde, Lagrimita nunca se había interesado en temas políticos, al menos nunca lo demostró en sus programas ni en entrevistas que le hayan realizado. El era un payaso peculiar que (como varios de su época) trató de romper estándares. Lagrimita era un payaso divertido, cariñoso, pero también irreverente, y hasta peleonero (lo cual le trajo algunas críticas de algunos grupos conservadores), y siendo sinceros, nunca fue un payaso talentoso.

    Guillermo Cienfuegos debería de saber que para dirigir una ciudad no basta con organizar concursos ni basta con pelearse con su ahora fallecida pareja afecta al alcohol (Lalo) frente a todo el público; menos basta con cantar canciones como ¡Qué barato! cuando nosotros pagamos el pesado sistema electoral que le dará la oportunidad de contender si junta 23 mil firmas. Mucho menos podrá pedir la ayuda del interventor cuando tenga que cabildear, cuando tenga que pasar propuestas por el congreso local. Ni siquiera podrá gritar ¡Perdimos! cuando con su falta de visión ponga en aprietos a la ciudad.

    La teoría que corre por las bocas tapatías sobre su elección, consiste en que él ha sido puesto ahí para quitarle votos al candidato de Movimiento Ciudadano, y hasta ahora favorito Enrique Alfaro, y de esta forma beneficiar al priísta Ricardo Villanueva (aunque siendo honestos, estos dos candidatos tampoco están demasiado lejos de ser un payaso). Es al final de cuentas una teoría, una deducción, pero suena razonable.

    Independientemente de si sea cierta esa versión, más que criticar al partido tricolor (que merecería su vendaval de críticas también en caso de que fuera cierto), a quien se debería señalar más es al payaso por prestarse a actos que ensucian la ya de por sí golpeada democracia mexicana. Lagrimita le está quitando la oportunidad a ciudadanos que sí tienen la preparación, o al menos, la intención de hacer cosas buenas por la ciudad. Lagrimita se está aprovechando de su poder mediático basado en un perfil que es, o debería ser, opuesto a la política. Porque la política no es para reír, no es para contar chistes; la política es para servir al pueblo.

    Y sí, ¡Qué barato!

  • ¿Por qué anular tu voto este 2015 es una estupidez?

    ¿Por qué anular tu voto este 2015 es una estupidez?

    La política es muy pragmática y calculadora (no sólo en México), pero los ciudadanos a veces somos los que pecamos de idealistas y somos más emocionales. Mientras nosotros alzamos el puño y gritamos para luchar por nuestros ideales, los políticos usan tablas con datos necesarios para tomar las decisiones que más les convengan (aunque a veces pueden llegar a meter la pata). Posiblemente esa lucha en su contra se puede convertir en un factor a su favor. Parte del trabajo de los políticos y su lucha por el poder consiste en saber jugar con los factores que logren llevarlos a su destino (entre ellos, los ciudadanos), mientras que nosotros nos dedicamos a otras cosas y nuestra preocupación por la política es marginal. Mientras ellos tienen un gran bagaje de experiencia detrás, a nosotros «no nos importa porque todos son iguales», entonces ya sabemos quienes están en ventaja.

    ¿Por qué anular tu voto este 2015 es una estupidez?

    Javier Sicilia, con una buena intención, y nada más, nos invita a boicotear las elecciones para exhibir a los políticos. Se habla de un gran abstencionismo en las elecciones venideras, la gente está molesta con todos los partidos políticos. Por un lado, el ciudadano odia al gobierno de Peña Nieto, pero al PRD lo relaciona con Abarca, al PAN como más de lo mismo ¡Ánimo Montana!, a MORENA y sus tómbolas como un capricho megalomaniaco de López Obrador, al Verde como un negocio (al igual que MC, PT y los nuevos partidos). ¿Y por quién vota uno?

    El problema es que alguien tiene que ganar, y un alto abstencionismo no es relativamente proporcional a una mayor honradez de los políticos. A nuestros queridos políticos no les importa tanto si los odias mientras ello no signifique una desventaja ante los otros. Alguien tiene que ganar.

    ¿Y sabes a quienes les importa menos tu odio? A aquellos que tienen voto duro, a aquellos que tienen estructuras, o sea, al PRI que tanto odias. Es decir, que ese odio que tienes al Gobierno se puede traducir en más poder para éste si no sales a votar. Algún simpatizante del PRI (de esos que no son de hueso colorado) está un poco molesto con el gobierno de Peña y con toda la clase política, puede anular su voto, darle un jalón de orejas a todos, y al mismo tiempo terminar beneficiando a su partido (aunque no lo haga tanto como si hubiera votado por ellos); pero quienes se oponen a este partido y quieren castigar a toda la clase política, podrían beneficiar a su mayor temor si anulan su voto.

    A menos que simpatices con el PRI, tendrás que votar por alguien. Posiblemente pienses que «son iguales» y no es coincidencia que el partido tricolor se esté esforzando en exhibir a los opositores ya no como peores a ellos, sino como iguales a ellos para promover el abstencionismo y ganar con su voto duro. Si quieres votar en contra del Gobierno Federal, tendrás que usar tu voto útil contra su partido, votando por el PAN, PRD, Morena o quien se te haga un poco menos basura que los demás.

    En el 2009 comenté que anular el voto podría ser una opción y lo veía como una propuesta sensata como forma de manifestación. Naturalmente 6 años después uno ya está más madurito y se da cuenta que los políticos no se dejan llevar por sentimentalismos. Ellos buscan el camino más corto al poder, y a veces, manejar el repudio hacia ellos mismos les puede traer beneficios.

    -Cerebro, deja de decir tonterías, yo no voy a votar, que ch3$% a su % Peña, #Fueelestado ¿Qué no ves? ¿Dónde están tus ideales. Mientras tanto en Los Pinos. -¡A Güevo! Licenciado Peña, equivóquese otra vez para que la gente se enoje más y anule su voto.

    Y los años de experiencia pesan, señor Sicilia.

  • El caprichoso afán de etiquetar a las personas

    El caprichoso afán de etiquetar a las personas

    Todos los individuos tenemos una forma de ser. Nuestra personalidad fue moldeada por varios factores: El temperamento, el carácter, la educación recibida tanto en la familia como en la escuela, las personas con quienes nos llevamos (familiares, amigos), nuestras experiencias, la influencia externa de los medios y corrientes de opinión y un sin fin de factores más.

    El caprichoso afán de etiquetar a las personas

    Dicen que los individuos somos únicos e irrepetibles, pero varios somos muy parecidos, más parecidos que otros. Por esto puede existir cierta predisposición para clasificar a los individuos en grupos relativamente homogéneos, sobre todo cuando tenemos cierta tendencia a juntarnos con gente parecida a nosotros, o que comparten rasgos (de personalidad, gustos o preferencias) en común. Pero al final no dejamos de ser únicos y creo que ponerle etiquetas a la persona, puede relativizar y trivializar su esencia.

    Al ver el spot que el partido Nueva Alianza lanzó, me vino a la mente este vicio (por llamarlo de una forma) que tenemos los seres humanos: «¿Fresa o pandrosa?, turquesa (en referencia al color del partido); ¿Dark o punketo?, turquesa. Y es cierto que los humanos podemos agruparnos en tribus urbanas, lo cual hace fácil clasificarnos, pero no siempre lo hacemos así y de todos modos terminamos siendo clasificados en algo, para que después el mercado se encargue de consolidar dicha clasificación y convertirla en un nicho.

    Una amiga me decía: -Técnicamente hoy me clasifican como hipster, pero yo siempre he sido así desde antes que yo conociera ese término, y me molesta, porque yo tenía mi propia forma de ser sin tratar de pretender ser nadie, y ahora resulta que soy parte de una tendencia.

    Y es que si nos fijamos, a la gran mayoría de las personas ya nos han etiquetado como algo sin siquiera pretender ser parte de algún movimiento, tribu o tendencia. Si gusto de ir en bici por mi café ya soy considerado un hipster; por el contrario, si uso la primera ropa que me encuentre para ir al Oxxo (unos pants y una camisa blanca) ya soy normcore. Si soy una persona que tengo un cuidado excesivo de mi imagen, soy un metrosexual; pero si decido dejarme la barba y tener un aspecto un poco soy más despreocupado, entonces me he convertido en un lumbersexual.

    Cuando estas etiquetas se vuelven tendencia, entonces las grandes marcas que ya han agrupado a los individuos en nichos de mercado, encuentran un pretexto para vender moda y reafirman dichas etiquetas. No importa que se trate de prendas caras dirigidas a quienes aparenten vestir despreocupadamente. Posiblemente Dolce & Gabbana lance una chamarra fodonga dirigida al mercado de los normcore, pero con un precio desorbitante ¡Y posiblemente se venda! Porque al señalar a los individuos con etiquetas, se crean tendencias, y a partir de ese punto, muchas personas querrán ser parte de esa tendencia (a pesar de que antes nunca se habrían identificado con ella).

    Pero en realidad los humanos somos únicos e irrepetibles, nuestras historias de vida, nuestros rasgos y nuestro temperamento podrá hacer que tengamos muchas cosas en común con otras personas, lo cual nos persuada a tener lazos con ellas; pero nunca serán lo suficientemente similares como para justificar una etiqueta que predefina nuestra personalidad.

  • Aprender a tener criterio

    Aprender a tener criterio

    Caray, el criterio y el sentido común son muy importantes, más cuando se discuten temas importantes y trascendentes. Cierto, todos tenemos nuestra forma de pensar y nuestras opiniones pueden estar influenciadas por nuestras creencias y nuestras convicciones; pero eso no implica siempre dejar hacer un ejercicio mental necesario y menos implica dejarse de llevar por las emociones. Cuanto más se analiza la información que se recibe, se puede llegar con mayor facilidad a la verdad. El problema es que la verdad no siempre tiene que ser lo que nosotros queramos que sea.

    Aprender a tener criterio

    Cuando este ejercicio no se hace, el individuo puede terminar adoptando clichés y repitiendo lo que todos dicen bajo la falsa premisa de que «si es popular, debe de ser cierto». Cuando este ejercicio no se hace, el individuo termina cayendo en generalizaciones (si éste individuo es malo, entonces todos los que tienen relación alguna con él deben de ser necesariamente malos). Aunque estas personas puedan sentirse iluminadas intelectualmente porque su postura es contestataria o confrontativa, se terminan volviendo predecibles (ya sabes que te van a responder). De esta forma es más difícil luchar, y más fácil ser presa de intereses ajenos sin que uno se de cuenta.

    Por ejemplo, en las redes sociales, muchos individuos criticaron al embajador Carlos de Icaza por participar en la manifestación en París. Una de las criticas que le hicieron fue esta:

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    Aclaro, como ustedes ya saben que yo no simpatizo con Peña Nieto ni su gobierno, lo cual queda constatado en éste blog.

    Esta crítica puede parecer válida a priori, sobre todo si se generaliza y la crítica se hace por medio de clichés. Pero es muy fácil encontrar falacias dentro de ésta:

    Primero, que recuerde, Carlos de Icaza no es priísta (haciendo un ejercicio en Google no encontré alguna relación), más bien es un diplomático y fue embajador mexicano, actualmente es subsecretario de Relaciones exteriores. Carlos de Icaza tiene ya una amplia experiencia en la diplomacia, no se formó en el PRI, ni creció dentro de la política como un priísta tradicional.

    En los comentarios de los usuarios (algunos lo llaman fascista o arrastrado) le recriminan por qué no salió a la manifestación de Ayotzinapa y a la de París sí. ¿Vendido? ¿Represor?. No. Sentido común.

    Que Carlos de Icaza trabaje en un gobierno cuyas cabezas sean deleznables no implica que todos los que trabajan dentro del Gobierno sean malos o satánicos, ni el Gobierno necesariamente va a colocar a puros personajes corruptos en todos los puestos. Luego, ¿Dónde puede ser más útil Carlos de Icaza? ¿Siendo uno de tantos más que nos manifestamos, o desde la diplomacia? La respuesta es fácil de contestar, además que si saliera a las calles podría correr el riesgo de perder su puesto y por lo tanto, perder la posibilidad desde donde puede incidir más. Yo no conozco la opinión de Carlos de Icaza sobre Ayotzinapa, pero es absurdo pedir que todos los funcionarios se manifiesten.

    Yo conozco personas que trabajan en el servicio público, que no simpatizan con el partido que asumió el poder, pero que realizan un papel positivo dentro de éste. Yo les puedo preguntar que opinan sobre Peña Nieto por un decir, y a mí me van a dar una opinión muy desfavorable, pero no van a mentar madres de él en las redes sociales porque naturalmente aportarían mucho menos que lo que hacen dentro del gobierno. Y estoy hablando de personas que tienen ideales y que no van a buscar hueso o un puesto político.

    Nosotros podemos salir a las calles y manifestarnos, y de verdad que bueno que lo hagamos, malo sería que no lo hiciéramos. Pero hay que entender que hay gente que no puede comprometer su puesto y tiene que actuar de forma inteligente. Es curioso que muchos hablan de la «simulación del PRI» pero a la vez les piden que simulen en vez de que trabajen. Que la gente «vea» que Carlos de Icaza se sumó a la manifestación cuando él puede aportar más desde su puesto.

    Yo sé que la gente está enojada. Yo estoy muy molesto con todo lo que está pasando, yo estoy molesto con la desaparición de los estudiantes, con el conflicto de interés de la Casa Blanca que debería derivar en la renuncia (o licencia) de Peña Nieto. Pero eso no significa que me deba de llevar por las emociones y deba de cancelar mi espíritu crítico. Porque el espíritu crítico no sólo se debe de usar para cuestionar al gobierno, sino para cuestionar a uno mismo, para cuestionar lo que no nos gusta cuestionar.

    Me entristece ver en las redes sociales tanto sentimiento de repudio irracional, palabras como «fascista, arrastrado, hipócrita, asqueroso». Esos sentimientos tan instintivos y primitivos son fácilmente aprovechados por intereses que se benefician de ellos. Éste caso que expongo es relativo a esa cosa que llamamos izquierda, pero no es exclusivo de izquierdistas.

    Y es que hay que aprender a tener criterio. Hay que leer (no sólo lo que se quiere escuchar), hay que expandir las mentes, hay que tener sentido común y no caer en las generalizaciones. Así como nuestros gobernantes pueden aprovechar nuestra tendencia a generalizar para meter falacias que les convengan (ejemplo, si 20 anarquistas violentaron la manifestación, toda la manifestación es violenta y está sujeta a intereses), los opositores tenderán a hacer lo mismo.

    Se trata de pensar.

  • 4 spots de las elecciones 2015 que (lamentablemente) tienes que ver

    4 spots de las elecciones 2015 que (lamentablemente) tienes que ver

    No, ni siquiera estamos en campaña, estamos más bien en precampaña (que los candidatos de prácticamente todos los partidos se pasen las normas por el arco del triunfo es otra cosa) ¿Y saben qué? Ya me estoy hartando. Sí, a trece días de iniciada toda esta cruzada por conseguir votos que culminará el 7 de Junio, el día que todos vayamos a votar, a tan sólo 13 días ya el hastío me está invadiendo, y ¿por qué?

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    Porque los partidos y los candidatos parecen no haber entendido el mensaje, porque los percibo ensimismados, porque viven en una burbuja apartados de la sociedad y sólo se acercan de forma convenenciera a los sectores que les puedan atraer votos. Cierto, que la política en la práctica implica la búsqueda del poder, pero uno esperaría un poco más de empatía del político con el ciudadano, más convicciones, más ideales, y justamente eso es de lo que carecen nuestros políticos.

    Les pongo un ejemplo: En Guadalajara hay tres candidatos: Enrique Alfaro de Movimiento Ciudadano, un ex priísta que luego estuvo en el PRD cuando gobernó Tlajomulco y luego en Movimiento Ciudadano ha incorporado a sus cuadros gente tanto del PRI como del PAN (y afirma que es un candidato ciudadano, el de los ciudadanos libres). El PAN postuló a Alfonso Petersen; pero el PAN hizo una alianza estratégica con el PRD en Jalisco lo cual implica el apoyo de ese partido. Por el PRI va Ricardo Villanueva (ese PRI que puede ser de izquierda, centro o derecha de acuerdo a lo que apunte el poder). Si yo como elector, quiero votar por un candidato de acuerdo a mi línea ideológica o mis convicciones ¿Qué rayos voy a hacer? Ese es el tamaño del problema.

    Basta ver los spots para ver la nula retroalimentación y autocrítica dentro de los partidos, basta verlos para entender por qué toda la partidocracia está en crisis. Si creen que la crisis de legitimidad sólo tiene que ver con Peña Nieto y su gobierno, están muy equivocados:

    Por un ejemplo, uno ve el siguiente spot del PRD (que retiró el INE porque lo consideró agresivo):

    Lo que aquí uno puede ver es la nula autocrítica. Los perredistas patalearon porque censuraron el video y afirman que Televisa movió influencias para que eso sucediera (además habían llamado satánico a Joaquín López-Dóriga). Ellos afirman que con Peña Nieto la economía va mal, pero ¿Quién fue la comparsa del PRI en la Reforma Fiscal? Sí, el PRD; y de hecho parte de esa reforma está hecha a la medida del PRD. Luego critican la inseguridad y se preguntan «¿Por qué nos faltan veintidos mil? E inmediatamente uno recuerda el papel del PRD en Ayotzinapa; uno recuerda que el PRD postuló a Ángel Abarca, uno de los autores intelectuales del crimen. ¿Con qué cara?

    Los panistas no se quedan tan atrás:

    En el spot podemos hablar a Ricardo Anaya promoviendo el aumento del salario mínimo. ¿Sí, el PAN, defensor de las ideas de libre mercado? Dicen que México está manchado por la violencia, herido por la corrupción y detenido en la economía. Cierto que el gobierno actual tiene mucho que ver en el estado de las cosas actuales ¿Pero no se han dado cuenta los panistas que gran parte de este problema viene de muchos años atrás, dentro de los cuales nos gobernaron 12 años? ¿De verdad ellos son totalmente ajenos a lo que está pasando en el país.

    Y si de priístas hablamos:

    Entre todo el mugrero hay que escarbar y encontrar dos aciertos, después de esforzarse tanto en encontrarlos, hay que presentarlos como si fueran un todo. No digo que hagan un spot donde afirmen que han gobernado muy mal, pero tampoco puedes burlarte de la inteligencia de la gente. La gente está desencantada, está enojada, está enfadada; su gobierno carece de legitimidad. Uno esperaría decencia, hablar de un borrón y cuenta nueva, siquiera de compromisos a futuro; pero no hay eso, hay sólo autocomplacencia.

    Del de Nueva Alianza no hay que decir mucho:

    ¿Creen que los jóvenes son estúpidos? ¿Creen que usar frases de tribus urbanas (hipsters o emos) y cerrar con un «a huevo» va a hacer que la gente vote por ellos? ¿A huevo? ¡Por favor! Después de todo lo que está sucediendo en México, ¿Creen que esa es la forma de llegarle a los jóvenes? Al menos con Quadri, en el 2012 tenían a un candidato que abundaba en conocimientos, ahora ni siquiera tienen eso.

    Viendo estos spots no queda más que pensar que los partidos viven en un mundo paralelo y se han desconectado de la ciudadanía. En verdad tratan a la gente como si fuera tonta. Lo triste es que los partidos nuevos como Encuentro Social siguen esa misma tesitura. Y ni que decir del PT, quienes son opción solamente porque «son de izquierda».

    Lo peor de todo es que de alguna forma alguien tiene que ganar, y seguramente medirán el impacto de los anuncios por el porcentaje de votos que obtengan y no por la eficacia de estos. No, no se dan cuenta de lo alejados que están, por eso el 91% de los ciudadanos percibe a los partidos políticos como corruptos.

    Tenemos mucho trabajo por hacer, los ciudadanos tenemos que encontrar la forma de estar representados en el quehacer político. De momento, no lo estamos.