Autor: Cerebro

  • ¿Por qué la sociedad se está degenerando? Y qué se puede hacer

    ¿Por qué la sociedad se está degenerando? Y qué se puede hacer

    Un usuario de Facebook subió un video donde presumía a su hijo bailando reaggeton con unas niñas. Como se acostumbra en este tipo de música, el niño rosaba sus genitales con el ano de la niña en cuestión, la abrazaba y la cargaba como si se tratara de un muñeca inflable comprada en una sex shop. Me alarmé, esa es la forma en que un niño se estaba introduciendo al mundo de la sexualidad. Y el padre muy orgulloso de su chamaco.

    ¿Por qué la sociedad se está degenerando? Y qué se puede hacer

    Algo está pasando en nuestra sociedad cuando los casos de violaciones, pederastas estimulando sexualmente a infantes, mujeres que huyen del país por ser víctimas de acoso sexual, u hombres que aprovechan el tumulto dentro del metro de la Ciudad de México (que les permite tener contacto con el cuerpo de una mujer sin ser señalados por ello) para después eyacular en el instante, son cada vez más visibles y constantes.

    Algo dentro de la sociedad mexicana se está pudriendo; no sólo tiene que ver con lo sexual, tiene que ver con una tremenda escasez de valores y principios dentro de nuestra sociedad. Esa misma escasez que permite que la gente pueda hacer lo que se le venga en gana, corromperse, abusar de los demás. Hemos aprendido a vivir para nosotros mismos, nos hemos vuelto egoístas:

    Tan egoístas nos hemos vuelto que nos importa más la tarifa dinámica de Uber que la contingencia ambiental que pone en riesgo la salud de muchos habitantes.

    Los padres de hoy parecen estar menos interesados en educar a sus niños. Para ellos les es más fácil y cómodo ser sus amigos, y entonces estos infantes terminan privados de un mentor o guía que los forme. Estos padres de hoy que reprochan a los maestros, y no al niño, por haberlo reprobado, o haberle puesto un reporte de disciplina. El niño llega llorando a la casa por ese cero en matemáticas, o ese día de suspensión. Los padres entonces van a la escuela a recriminarle al maestro. Entonces el niño aprende como chantajear a sus padres.

    Vaya que se trata de tener un poco de sentido común para entender las consecuencias que puede tener en el desarrollo de un niño que apenas ha pasado los 10 años, incitándolo a bailar frotando sus genitales con sus compañeras de clase. No se trata de tabúes ni prejuicios, se tratan de hechos moral y éticamente condenables. Primero, porque el niño está aprendiendo a ver a las mujeres como un objeto, las letras de reaggeton suelen ser misóginas y suelen colocar a la mujer como objeto sexual. No, no es algo que deba ser visto como aceptable, ni como parte del «color de la fiesta»:

    Ponme esa nalga que a ti te voy a inyectar, si te duele por detrás te doy por enfrente – Pipicilina, de Palomo & Daniel.

    Segundo, porque ese niño en corto tiempo, cuando sus órganos reproductores terminen de desarrollarse, empezará a excitarse sexualmente, y habrá aprendido que rosar su pene con una mujer es una muy buena idea. Él y la mujer, o mujeres en cuestión, estarán en la antesala de un embarazo adolescente; que ni siquiera es lo mismo un embarazo a los 17 años que a los 13, cuando la niña recién ha dejado de jugar con las muñecas. A esa edad el niño no ha recibido casi ninguna educación sexual (y menos con ese tipo de padres), no verá mala idea tener sexo, y ni siquiera se molestará en usar anticonceptivos para protegerse. Más improbable será que esté preparada para ser madre.

    Muchos padres de hoy se han vuelto permisivos, confundieron el «romper tabúes» con dejar de impartir educación. No, no se trata de que los padres sean autoritarios, ni que repriman a sus niños; pero tampoco se trata de que hagan todo lo contrario. En un hogar debe de haber reglas y disciplina, los padres están ahí para formar a los niños, no para ser sus amigos. Sí, los padres deberían de ser comprensivos con los hijos, deberían explicarles el por qué de las reglas; sí, deben enseñarles a tener criterio propio y no alienarlos con normas y tabúes que ni ellos mismos saben explicar. Pero el niño debe de ser formado; si lo que se desea es que el niño sea libre, necesita recibir formación para serlo.

    Una persona disciplinada, que tiene una mayor tolerancia a la frustración, y tiene autocontrol, podrá ser un individuo verdaderamente libre. Un individuo que «está en sus cabales» para que tome las mejores decisiones para su beneficio y de sus semejantes. Y para llegar a ser eso, la educación que recibamos en casa será muy importante.

    Una persona con autocontrol tiene una mayor capacidad de postergar sus impulsos y de entender las consecuencias de sus actos. Tiene una mayor capacidad de gobernarse a sí mismo.

    familia, principios y valores

    Cuando ese autocontrol no existe, entonces tenemos individuos que se vuelven nocivos para la sociedad. Individuos corrompidos que hacen lo que sea para obtener dinero, sexo, fama o poder. Individuos más proclives a asociarse con organizaciones delictivas (sin importar la clase social) tales como pandillas o el narcotráfico. Personas que se vuelven promiscuas sexualmente, que se vuelven violadores, que forman parte de redes de tratas de personas, pederastas, juniors que aprovechan un estado de impunidad (como el caso de los Porky’s) para abusar sexualmente de mujeres; usuarios de redes sociales a los cuales no les enseñaron a respetar a las mujeres y lanzan improperios misóginos -«Tú te lo buscaste por golfa, estás bien buena mi reina».

    El tejido social se comienza a construir desde casa, también desde la escuela con profesores que de verdad tengan vocación para ayudar a desarrollar a los niños. Y para eso se necesita esfuerzo: Si quieres educar a tus hijos bajo una religión está bien, si no lo quieres hacer así, también está bien. Pero tienes que aprender a formarlos, a educarlos y a orientarlos para que se vuelvan autónomos y felices, y no se vuelvan víctimas de sus propias pasiones.

    Imagen: http://www.laopinion.com/2015/06/08/la-violacion-matrimonial/ y https://www.emaze.com/@AIIIZTCO/Violencia-de-g%C3%A9nero

  • ¿Por qué la gente te trata como te trata?

    ¿Por qué la gente te trata como te trata?

    A finales del año pasado asistí a un «conversation club» porque necesitaba refinar mi inglés con el fin sacar una buena nota en el IELTS (sobre todo el speaking que lo tenía al nivel infrestructochor), y así, poder pedir una beca para estudiar una maestría fuera de mi país. El lugar era un conocido instituto de mi querida ciudad de Guadalajara.

    ¿Por qué la gente te trata como te trata?

    Hace una década había asistido a ese mismo lugar, porque después de cursar todos los niveles del Interlingua, y a pesar de tener mis conocimientos de gramática relativamente sólidos, no sabía expresarme en Inglés. Así es, en Interlingua aprenderás mucho sobre gramática, conjugaciones, phrasal verbs, y demás, pero no sabrás expresarte. Bueno, entonces hace 10 años cuando asistí a este instituto para mejorar mi speaking, había un individuo, chaparrito, moreno, que parecía tener una edad bastante mayor a la que en realidad tenía. Sentí algo de repulsión (que no es algo que me pase comunmente, a menos que la persona en cuestión, sea muy desagradable), y a pesar de que trataba de convivir conmigo, yo lo ignoraba. La única vez que tuve la oportunidad de platicar con él camino a la parada del camión, me platicaba cuan desdichada era su vida, rozando los 30 años no había tenido novia, en el ámbito profesional no le iba muy bien, era un profesor de medio pelo.

    Y entonces entendí por qué sentí repulsión hacia esta persona. Nadie quiere estar con un perdedor. Su cara no se me olvidó.

    10 años después, cuando regresé a ese instituto (al cual fui ya una sola vez, porque después encontré mejores opciones para practicar mi speaking), me topé con la sorpresa de que este individuo seguía ahí. Como su cara no se me olvidó, lo reconocí a primera vista. Asumo que, a menos que se tratara de una coincidencia (no lo creo porque conocía bien a los gringos que dirigían el conversation club, y a quienes laboraban en el instituto), había estado yendo ahí durante esos 10 años, o al menos, durante parte de este transcurso de tiempo.

    Yo supondría que si asisto por tantos años a un conversation club, mi nivel de inglés va a ser bastante bueno. Pues resulta que hace 10 años, este hombre hablaba mal el idioma de Shakespeare, y ahora lo seguía haciendo igual de mal. Me frustró. De igual forma, este individuo parecía ser inexistente en el salón, a nadie le importaba. Su aspecto quesque bonachón no servía para despertar simpatías entre quienes acudían ahí.

    Con el tiempo me he dado cuenta de la fuerte relación entre el trato de la gente y el estado mental de una persona. Yo, como la mayoría de los individuos de este planeta, y como tú también muy posiblemente, he tenido momentos muy buenos durante mi vida, así como momentos de desdicha.

    Todos en cierto grado tenemos nuestras miserias, y lo último que queremos hacer es estar con alguien que nos ayude a ahogarnos más.

    La diferencia de trato con respecto a ambas situaciones es bastante diferente. Cuando tu vida va viento en popa, es más gente la que te busca; cuando no, básicamente solamente lo hacen tus mejores amigos (porque ya has creado un lazo afectivo con ellos, inmune al estado de ánimo) y tus seres queridos; y a veces no con la misma frecuencia.

    Y no los culpo, a veces no es algo que suceda a nivel consciente, y es algo que yo hago también. No es como que siempre tenga que existir un razonamiento de por medio así: «Juan anda deprimido, no lo voy a buscar porque no quiero escuchar sus historias». Simplemente las personas tendemos a buscar a otras personas que estén bien, porque es parte de la selección natural, y porque siendo realistas, todos en cierto grado tenemos nuestras miserias, y lo último que queremos hacer es estar con alguien que nos ayude a ahogarnos más.

    Voy a poner un ejemplo. Hace dos años me propuse bajar de peso. Varios kilos después, subí una fotografía a Facebook del «antes y después» y me di cuenta de lo siguiente. Primero, ese tipo de imágenes son los que más likes reciben, esas imágenes donde «has logrado algo» más que tus comentarios sarcásticos o tus críticas al gobierno. Segundo, no es el hecho de que estés más delgado, es la fuerza de voluntad que la gente valora, porque es atractivo.

    Las publicaciones que tienen más likes en Facebook suelen ser aquellas que tienen que ver con un logro personal, esas que muestren que tu vida va viento en popa.

    Y cuando esto ocurre, la gente te empieza a pedir consejos, te comienza a preguntar como le hiciste. Vaya, en su justa proporción, terminas siendo una especie de ejemplo para algunos.

    Basta ver el tipo de publicaciones que provocan más likes en Facebook. Hace un tiempo hice un análisis, tal vez con un método científico no muy riguroso (eso que llamamos «a ojo de buen cubero») de los posts de mis amigos en Facebook, y los que tienen más likes son aquellos que tienen que ver con un logro personal. Si a una persona la admitieron en una universidad de tal país para estudiar una maestría, si se graduó, si le dieron el trabajo que tanto estaba buscando, etc. De hecho en mi caso, mis publicaciones con más likes y comentarios son del estilo, que si bajé de peso, que si me invitaron al consejo de Grupo Reforma, o que si esto o lo otro. La gente prefiere estar con aquella gente a la que le va bien, y no es algo que haga necesariamente por interés, sino por salud mental.

    Salud mental

    Todas esas publicaciones que reflejan una buena salud mental tienden a ser atractivas, esa imagen tuya muy contenta o contento con tus amigos (no es que necesites estar rodeado de gente, ni tener muchos amigos, pero sí saber que eres querido), con tus familiares, tú abrazando a tu hermana en su boda, con una amiga entrañable. Muchas de esas publicaciones generan engagement porque te percibes como una persona atractiva, una persona mentalmente sana, y con una autoestima aceptable.

    Si por el contrario, alguien publica algun post o comentario en Facebook sobre una situación difícil como una depresión o una mala racha en su vida, posiblemente la primera vez reciba engagement por parte de sus amigos quienes le preguntan que ocurrió y lo tratarán de apoyar moralmente. Pero si lo empieza a hacer constantemente, dichas publicaciones terminarán en el olvido. Además, pienso que Facebook no es un espacio para estar ventilando a todo el mundo tus problemas personales.

    No,  no te estoy sugiriendo que busques ser popular en Facebook, ni que midas tu autoestima con base en el número de amigos que tienes en la red, ni mucho menos, que pienses que vales menos porque recibes menos likes que tus amigos (por ej, tus publicaciones concienzudas sobre el gobierno casi siempre van a tener menos likes que las selfies de tu amiga en bikini, porque hay muchos hombres calientes allá afuera). El punto es que, a la gente le es más atractiva aquella gente que está bien, que logra cosas, que tiene un proyecto de vida, vaya, que su vida tiene sentido.

    Luego te preguntas por qué en Facebook la mayoría de las personas «narran» una historia de vida mejor que la que realmente tienen.

    Tampoco se trata de tener miles de amigos, y medir tu autoestima por la cantidad de amigos que tienes, sino por la calidad. Puede que seas una persona introvertida (que no es lo mismo que timidez o inseguridad) y tus amigos sean pocos, pero esos pocos amigos te respetan y te admiran.

    Posiblemente por eso sentí repulsión ante aquel individuo del instituto, porque vaya que esto funciona también a nivel inconsciente y el cuerpo lo expresa. Ese hombre no me tuvo que explicar que se sentía un desdichado para saberlo, su lenguaje corporal lo denotaba. Yo no fui el único que sentí repulsión. Al final, una persona sin un proyecto de vida, sin autoestima y sin una personalidad propia no es atractiva para nadie.

    No es para nada una casualidad, que este tipo de imágenes cursis acompañadas con música de campanitas suela gustarle mucho a la gente:

    salud-mental

    Y al final no se trata de sobreactuar para que los demás te acepten, menos se trata de hacer cosas por aprobación personal. La respuesta es sencilla (pero difícil de ejecutar), se trata de trabajar en uno mismo, de adquirir confianza con la práctica, porque la confianza no es algo que se decide tener; es virtualmente imposible, por ejemplo, tratar de cortejar a una mujer con un desplante de seguridad sin tener experiencia en el asunto, la confianza se adquiere con la práctica, mediante el «acierto y error».

    La aceptación del prójimo es como el dinero, no se trata de buscarlo, se trata de hacer lo que te apasiona para que éste llegue solo.

    Si la gente no te trata bien, te subestima, no tienes los amigos que quisieras tener (puede que estés satisfecho con tener unos pocos, o puede que no), si sientes que allá afuera no te respetan, que tu opinión es irrelevante para los demás, entonces hay mucho trabajo por hacer. Los seres humanos tenemos la fortuna de, (a pesar de las limitaciones genéticas, o estéticas) tener el suficiente margen de maniobra para tener una vida más que digna, saludable, y ser felices.

  • Masoquismo electoral. Cuando sufrir se convierte en un placer

    Masoquismo electoral. Cuando sufrir se convierte en un placer

    Tienes una amiga cuyo novio la maltrata y golpea. Acude a ti después de haber sido maltratada; llora, y te pide que la abraces porque se siente muy mal. Tú le dices que lo deje. Al cabo de algún tiempo, ella lo deja e inicias tu proceso de conquista porque estás enamorado de esa mujer que fue maltratada y golpeada. Naturalmente por prudencia no la tratas de conquistar desde el inicio, sabes que tiene que pasar un proceso de duelo, entonces haces las cosas «poquito a poquito»; pasan algunos meses, y justo cuando ya tienes todo preparado para declararle tu amor, te enteras que ha regresado con el mismo novio golpeador. Ella te asegura que ha cambiado, pero tu ves al mismo patán malparido de siempre.

    ¿Cuál es tu reacción?

    Masoquismo electoral. Cuando sufrir se convierte en un placer

    Bueno, eso es lo que muchos sentimos cuando la gente vota «por los mismos», por aquellos que hace no mucho nos indignaron tanto, a quienes acusamos de rateros y ladrones.

    Me acordé de nuestra proclividad al masoquismo al ver a Keiko Fujimori ganar las elecciones primarias. ¿Quién es Keiko? Bueno, es la hija de Alberto Fujimori, ex Presidente que hoy se encuentra en la cárcel cumpliendo 25 años de condena por delitos de lesa humanidad y corrupción. A pesar de ello, Alberto Fujimori sigue siendo «bien visto» por de 50% de los peruanos.

    El escritor Mario Vargas Llosa (ese mismo que acuñó la frase «dictadura perfecta» refiriéndose al regimen del PRI que se mantuvo por 70 años en México), y quien perdiera las elecciones de 1990 con Alberto Fujimori, insiste en no votar por Keiko, porque es hija de un asesino ladrón que está preso.

    Pero este fenómeno también ocurre en nuestro país. El PRI ganó las elecciones de 2012 a pesar de demostrar que dicho partido no había cambiado sus formas desde el momento en que se fue. En los estados que gobernó en el tiempo en que el PAN estuvo al frente de la presidencia quedó patente. Por ejemplo, El estado de Oaxaca de Ulises Ruiz, o Coahuila de Humberto Moreira (quien después de desfalcar a ese estado, fue nombrado Presidente del CEN del PRI).

    Las razones son variadas, muchas veces los partidos de estos candidatos tienen su base en los sectores más vulnerables de la sociedad, a los cuales pueden comprar con despensas o dádivas. No importa que el candidato sea un ladrón, porque él si les da despensa, cosa que no haría el de la oposición. Las clases más marginadas se han acostumbrado a ello, tanto que creen que es un derecho que no les debe de ser arrebatado.

    También existen otras razones, como que tal político o partido presuma haber implementado reformas, cambios, o que haya luchado para combatir a un amigo en común, ya sea el narcotráfico o el terrorismo.

    Entonces deberíamos entender que una elección no es enteramente racional. Por el contrario, los políticos apelan a las emociones, porque de esta forma el grueso del electorado es más fácil de persuadir. No es la mayoría quien analiza el programa de los candidatos y la viabilidad de sus propuestas, no es la mayoría quien investiga sobre su trayectoria. La mayoria vota por diferentes razones, por pertenencia (con un partido, o con un movimiento opositor a ese partido), por miedo (combate al terrorismo o inseguridad, miedo a un cambio en la estrategia política o económica, por lo que clama una mano firme), por beneficios a corto plazo (propuestas populistas sin ningún sustento económico o científico), despensas o dádivas.

    masoquismo

    Los debates presidenciales van en este sentido, los candidatos sienten que tienen que hablar a un televidente con una capacidad intelectual relativamente baja (no porque sean tontos, sino porque no tienen la habilidad o voluntad de usar la razón en el proceso electoral para determinar por qué candidato van a votar). Los candidatos explican muy por encima sus proyectos (vamos a construir un aeropuerto acá, vamos a construir tantos salones para que los niños estudien), hablan de promesas, critican el pasado de un opositor, pero rara vez las propuestas son las que están sujetas a debate. No es común la ocasión en que la estructura de sus propuestas quedan a discusión.

    De esa forma, con un electorado mayoritario más acostumbrado a lo inmediato, y quien tiende a pensar más en el corto plazo (de igual forma es su facilidad para olvidar), no es muy difícil que un político acusado de corrupción pueda aspirar a un puesto popular aún mayor. No importa si como gobernador hizo lo necesario para que sus hijos acusados de violar a una adolescente no pisaran la prisión, porque tiene mano firme y «él sí va a acabar con toda la inseguridad» o «él si nos va a construir nuestra calle, o nos va a dar útiles escolares para nuestros hijos».

    Ya sean los Peña Nieto, sea el hijo de José Murat (éste último conocido por desfalcar al estado de Oaxaca) quien tiene el apoyo, incluso de los panistas, para convertirse en gobernador. En un país donde el electorado no está intelectualmente preparado, las acusaciones de corrupción o cualquier otro delito no siempre son determinantes para poder acabar con la aspiración de determinado candidato. Es como si Emiliano Salinas, el hijo de Salinas de Gortari, buscara aspirar a la Presidencia. Basta con su imagen juvenil y su video de Ted circulando por las redes sociales para poder aspirar, en un hipotético caso, a llegar Los Pinos:

    https://www.youtube.com/watch?v=6vMuCoH7JsQ

  • Ese día en que Uber te traicionó

    Ese día en que Uber te traicionó

    Hasta hace poco defendías apasionadamente a Uber en tus redes sociales, usabas constantemente el hashtag #UberSeQueda porque encontraste que el servicio era bastante mejor al del taxi, en la mayoría de la veces más barato; y los choferes, más amables que los taxistas (los usuarios los califican al término del viaje) te regalaban una botella de agua. No habías visto eso antes en tu vida, no tenías que pelearte por la tarifa y podías pedir el servicio a través de tu teléfono celular.

    Ese día en que Uber te traicionó

    Pero luego te diste cuenta de la existencia de las tarifas dinámicas. Es decir, que Uber amagaba con cobrarte un precio bastante más alto al que solías pagar. Esperabas unos minutos en la esquina para ver si ésta bajaba, en algunas ocasiones tuviste suerte, en otras no. Pero tu divorcio (seguramente temporal) con la marca llegó cuando intentaste tomar uno en la Ciudad de México (o al menos te enteraste). Tomar un Uber del sur de la capital al norte podía salirte bastante más caro que un vuelo en avión en clase económica desde la capital hasta Guadalajara. Entonces Uber te traicionó, posiblemente consideraste que había sido muy «neoliberal» de tu parte idealizar a la marca. Como a una mujer u hombre que idealizaste, sí, porque no le diste la justa dimensión y porque incluso te atreviste a darle un valor moral.

    Si ahora «odias» a Uber, es que en realidad no entendiste bien de que trata esto.

    El objetivo de Uber, como cualquier otra empresa, es ganar dinero. De la misma forma en que lo hacen los conductores que solicitan trabajo ahí, o tú que prefieres pedir una de estas unidades porque son más baratas y es una mejor inversión. No es una empresa «buena o mala», más bien  encontraron un nicho de mercado y lo supieron aprovechar. Uber no es un alma de la caridad, tampoco es un demonio, es una empresa.

    Cuando hablamos de Uber y de los taxis no podemos hacer una separación «buenos o malos», tenemos que hablar de modelos que buscan obtener un beneficio al ofrecer un servicio al consumidor. El modelo de los taxis no evolucionó con el tiempo porque no hubo algún otro que lo orillara a evolucionar, los avances tecnológicos son los que propiciaron el surgimiento de nuevos modelos de negocio.

    El modelo del taxi es obsoleto simplemente porque alguien creó un modelo mejor. El problema con los taxistas no es que sean «malas personas», son más bien personas que no se vieron en la necesidad de innovar o mejorar su servicio porque no había incentivos para hacerlo. Los seres humanos actuamos a través de incentivos, si no hay incentivo alguno para realizar una acción, sencillamente no la vamos a realizar. Por ejemplo, un taxista no te va a ofrecer una botella de agua porque eso no le traerá beneficio alguno (por el contrario, será un perjuicio porque implicaría un gasto económico), así como un escritor no hará pesas en un gimnasio para tratar de ser un mejor escritor, a menos que su mentor le condicione ir al gimnasio regularmente a cambio de recibir lecciones gratis.

    La diferencia entre Uber y un taxi no es moral, es de modelo.

    Un conductor de Uber es más amable, en gran parte porque sabe que si no lo es, los usuarios le darán una calificación baja, con lo cual compromete su trabajo. El conductor de Uber tiene incentivos para ser amable contigo y darte una botella de agua (que no paga). La diferencia entre los taxis y Uber (y similares) son los modelos. Así como tu comportamiento de acuerdo al entorno en el que te encuentres (con tus padres, con tus amigos, con tu novia o novio, o en el trabajo), también el comportamiento del taxista y el de Uber difieren porque el contexto en el que se desenvuelven es distinto. Es psicología básica.

    Taxis vs Uber

    Regresamos al punto en que Uber es una empresa y no un alma caritativa. Ya expliqué cómo la diferencia entre Uber y un taxi no es moral, es de modelo. Entonces desde esta perspectiva debemos entender por qué «Uber» es así, y por qué sus tarifas dinámicas son altas.

    Uber, como empresa privada, trabaja bajo la ley de la oferta y la demanda. Es decir, el mismo principio económico que hace que en la gran mayoría de los casos te ofrezcan un mejor servicio que el de un taxi a menor precio, es el que amaga con cobrarte tarifas estratosféricas cuando la demanda es… estratosférica.

    Para que la demanda sea tan estratosférica como para que Uber cobre más caro que un avión, alguien tiene que distorsionar la economía.

    Mientras las tarifas de los taxis son arbitrarias y controladas por un ente central como el Estado (por medio de una tarifa plana, y eso cuando el taxímetro funcione), Uber establece la tarifa de tal forma que pueda obtener una mayor rentabilidad (de la cual también se beneficia el chofer de la unidad), es decir, si la demanda es baja, y la oferta es alta, el precio será bajo hasta el tope establecido (que es lo que ocurre en la mayoría de los traslados), pero cuando le demanda rebasa a la capacidad de oferta, entonces las tarifas suben para que el servicio sea usado por quienes estén dispuestos a pagarlo (porque no tiene la capacidad de atender todas las peticiones de los usuarios en el momento).

    Las tarifas dinámicas generalmente duplican el precio, o en el peor de los casos, lo triplican; y en la mayoría de esas ocasiones el cliente puede esperar unos minutos para encontrar una tarifa más baja. Esto ocurrió en Guadalajara después de que Uber ofreciera viajes gratis como consecuencia de la manifestación de los taxistas. A partir de ese día, muchos usuarios comenzaron a usar Uber, con lo cual la demanda creció y por lo tanto, en lo siguientes días, la aparición de la tarifa dinámica se hizo más frecuente. Como consecuencia de ello, Uber colocó más unidades en la ciudad, con lo cual, la tarifa volvió a bajar.

    La tarifa dinámica de Uber

    Para que la demanda sea tan estratosférica como para que Uber cobre más caro que un avión, tiene que ocurrir un sinfín de coincidencias que hagan que sin razón alguna la demanda se incremente exponencialmente. O bien, alguien  puede «distorsionar» la demanda, un ente central, como el Gobierno de Miguel Mancera.

    Todos estamos de acuerdo que se debe de desincentivar el uso del auto, el modelo del automóvil ha comenzado a colapsar ciudades en detrimento de la calidad de vida de las personas.

    Sí, Uber es un automóvil, pero por el simple hecho de no ocupar un estacionamiento (es decir, buscar durante decenas de minutos un cajón) significa una menor cantidad de horas-hombre en la calle; a esto hay que agregar el nuevo servicio de carpool que transporta a más gente en menos carros.

    Pero para desincentivar el auto no hay que prohibir su uso como se hace con el ineficiente programa de «Hoy no circula». Hay que dar más razones a la gente para subirse al transporte público; hay que mejorar su calidad, hay que romper algunas concepciones erróneas (como la idea de que el transporte público debe de ser para quien no tiene con qué comprar un carro, o que es muy inseguro), hay que elevar los costos de usar el automóvil (por ejemplo, en Londres se cobra una tarifa especial para aquel que quiera manejar cerca del centro de la ciudad).

    Lo que hizo Miguel Mancera fue distorsionar el propio mercado. Al aplicar el programa «Hoy no circula» a todos los automóviles, mucha gente se dio cuenta que el transporte público apenas tenía la capacidad para trasladarlos (o no lo tomaron porque lo consideran muy malo, no están acostumbrados a usarlo, o de plano está colapsado). Entonces esas decenas o cientos de miles de personas pidieron un Uber, y como consecuencia, la demanda creció a niveles exorbitantes, hasta el punto en que su precio fue más caro que un boleto de avión.

    Uber no te quiso robar ni te quiso ver la cara, de hecho no tomaron decisión alguna y te cobraron bajo el mismo principio de siempre.

    No fue una medida tomada deliberadamente por Uber para «exprimir a los usuarios», simplemente es consecuencia de cómo una distorsión (creada por el gobierno de Mancera al tomar una medida arbitraria) afectó la ley de la oferta y la demanda bajo la cual Uber establece sus precios. En realidad, en vez de indignarse con Uber, los usuarios tendrían que reclamar a las autoridades por tomar una medida tan absurda.

    Es decir, si este tipo de «medidas» no se tomaran, sería prácticamente imposible que Uber alguna vez cobrara una tarifa dinámica tan alta.

    Así que ahora lo sabes y lo reitero. El mismo principio económico gracias al cual puedes viajar en un mejor transporte a un costo más bajo, es el mismo (aunado a una distorsión generada por una entidad central como el gobierno) que elevó los precios de forma estratosférica. Uber no te quiso robar ni te quiso ver la cara, de hecho no tomaron decisión alguna y te cobraron bajo el mismo principio de siempre. En realidad, los verdaderos culpables están en otro lado.

  • Vamos a descentralizar a la Ciudad de México

    Vamos a descentralizar a la Ciudad de México

    Muchos estarán de acuerdo conmigo en que la Ciudad de México es una ciudad que tiene su encanto, visitar la capital es algo que muchos hacemos de forma constante; y a pesar de eso siempre nos maravilla con algo nuevo, como si nunca la termináramos de conocer.

    Pero no me dejarán mentir que lo que conocíamos hasta hace unas semanas como el DF es también una ciudad caótica donde te puedes perder entre el trafico o el mar de gente que hay en la ciudad. De hecho, hasta hace poco (cuando me acostumbré a viajar tanto allá), al llegar, siempre me sentía muy abrumado, algo de mareo y ansiedad; mucha gente por todos lados, mucha contaminación auditiva, sin descartar la altura. Yo como tapatío (de la segunda ciudad más grande de México y no de cualquier pueblo) siempre he sentido una enorme diferencia entre mi ciudad y ésta, una es la capital, la otra es provincia.

    Vamos a descentralizar a la Ciudad de México

    Cierto, el Distrito Federal es una megalópolis, pero ni Nueva York (otra ciudad demasiado grande, llena de rascacielos) me llegó a provocar esa sensación de mareo al llegar y ver «tantas cosas amontonadas en tan poco espacio».

    Bastó con que cambiaran un poco ese «delicado equilibrio» en la movilidad con el «hoy no circula» para que se dieran cuenta que en esa ciudad ya son demasiados. El transporte público colapsado, las tarifas dinámicas de Uber más caras que un vuelo económico en avión de México a Guadalajara, las calles atiborradas.

    La zona metropolitana se expande cada vez más hacia el Estado de México, pero todos quieren estar en la capital, todos quieren trabajar ahí. Ahí están los corporativos, los centros culturales, los restaurantes más trendy, ahí están las mejores ofertas de trabajo; no importa que se gasten más de 3 o 4 horas de transporte al día. No importa si hay que trasladarse de Ecatepec a Santa Fe porque el empleo prometido puede significar una gran oportunidad o un ascenso en la pirámide social.

    A diferencia de los otros tres países, en México fue más complicado hacer que el federalismo funcionara, debido a que el tránsito de provincias a estados no se materializó por la ausencia de poder de sus estructuras administrativas, además de que era más relevante construir el poder nacional en detrimento de las estructuras intermedias e, incluso, a costa de los poderes municipales. (fuente)

    Fue después del terremoto de 1985 que se planteó descentralizar a la ciudad. El trágico evento fue un aviso de que una capital centralizada no era sostenible. Se hicieron espurios intentos, el INEGI se trasladó a Aguascalientes y muy poco más. Algunos capitalinos huyeron a otras ciudades como Querétaro o Guadalajara, más «vivos» que los ingenuos provincianos, y estos últimos no se cansaron de pronunciar la frase «haz patria, mata a un chilango».

    CDMX colapso

    Pero técnicamente las cosas no cambiaron, pasó algún tiempo, y con éste el miedo. Muchos regresaron (de todos modos los que se habían ido no eran muchos comparados con el tamaño de la ciudad) y todo siguió igual. La capital seguía siendo el corazón de México, como si todo lo demás pudiera considerarse prescindible.

    A pesar de considerarse una República Federal, lo cierto es que en México el centralismo ha imperado de facto. Basta comparar a nuestro país con Estados Unidos, que en el papel tiene el mismo sistema que el nuestro en este sentido. Cuando en Estados Unidos hablamos de finanzas hablamos de Nueva York; cuando hablamos de cine, hablamos de Los Ángeles; cuando hablamos de los poderes de la nación hablamos de Washington D.C.; o cuando hablamos de educación hablamos de Boston. En nuestro país siempre tenemos que hablar de la Ciudad de México. Todos los corporativos, la mayor parte de la cultura, la educación, la cinematografía, se encuentran ahí.

    Todo lo que no sea la capital es provincia; ciudades como Guadalajara o Monterrey (la segunda y tercera respectivamente en población) se destacan por muy pocas cosas, Guadalajara tiene que ver con varias tradiciones mexicanas (mariachi o tequila) y por sus esfuerzos en convertirse en una especie de Silicon Valley mexicano. Monterrey tiene que ver con su industria y poco más. Otras ciudades destacan gracias a sus accidentes geográficos o históricos, como las playas o ciudades históricas como Guanajuato, o alguna industria en particular (Puebla y la industria automotriz). Nuestro sistema político ha privilegiado a la Ciudad de México, y ahí están las consecuencias.

    Y eso es algo que tiene que acabar, por el bien de los propios capitalinos.

    transporte público Ciudad de México

    Por ejemplo, es inconcebible que las oficinas de la Secretaría de Marina se encuentren en la capital. Tal vez sería pedir demasiado desplazar los poderes de la nación a otra ciudad como Querétaro por poner un ejemplo, pero vaya que sí se podrían colocar varias secretarías en algunas otras ciudades. La propia Secretaría de Marina debería estar en Veracruz, la Secretaría de Turismo podría estar en un destino turístico importante como Cancún, algunas instituciones educativas podrían establecerse en otras ciudades, o las que ya existen en la capital podrían abrir campus en otras regiones del país (cosa que han hecho la UNAM y el IPN de forma muy tímida). Los corporativos no deberían de sentirse en la necesidad de establecerse en México como ocurre en la mayoría de los casos. Por ejemplo, más empresas tecnológicas podrían establecerse en Guadalajara, o más corporativos industriales en Monterrey, de tal forma que cada ciudad tenga su propia vocación, tal y como ocurre en Estados Unidos.

    Quieres ser un artista, quieres un empleo de alto rango, quieres un buen puesto político, quieres aparecer en la tele, entonces tienes que ir a vivir a la Ciudad de México.

    Romper con el centralismo no es tarea fácil, la capital tendría que perder algunos privilegios, algunos empleos y puestos políticos se irían de ahí. pero en cambio sería una ciudad más tranquila para vivir. La Ciudad de México tiene que ponerse a dieta de gente porque su modelo es insostenible, porque a pesar de las insistencias, sigue creciendo, y la zona metropolitana ya ha cumplido sus amenazas de invadir otras entidades como Hidalgo, y porque bastó mover uno de los alfileres con los que se sostiene la capital para darnos cuenta de lo cerca que se encuentra del colapso.

  • Cómo #PanamaPapers exhibió la pobredumbre de la sociedad

    Cómo #PanamaPapers exhibió la pobredumbre de la sociedad

    Se destapó algo que ya se sabía, que mucha gente rica tiene su dinero en paraísos fiscales, lo que ahora sabemos son los nombres. Sólo son algunos, porque Mossack Fonseca no es la única empresa que presta dichos servicios.

    La investigación realizada por por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación y el diario Süddeutsche Zeitung, es una de las más relevantes del siglo. Así de simple. No hay mucho que pensarle.

    Cómo PanamáPapers exhibió la pobredumbre de la sociedad

    Futbolistas, dictadores, directores de cine, empresarios corruptos, presidentes (uno de ellos, Sigmundur David Gunnlaugsson, Primer Ministro de Islandia, ya renunció), prestanombres, amigos de políticos. En esa lista hay personas de todos colores, de izquierda, de derecha, liberales, conservadores, delanteros, millonarios de países desarrollados y subdesarrollados. A todos te los puedes encontrar aquí.

    En un mundo cada vez más desigual, con una democracia liberal cada vez más débil y proclive al ascenso de gobiernos autoritarios, una noticia de este tamaño es devastadora.

    Los más puritanos tratarán de encasillar este problema en la dicotomía «estado-mercado». El izquierdista dirá: – Ahí están las consecuencias del capitalismo, unos pocos millonarios voraces lo acumulan todo dejando a todos en la pobreza, necesitamos un estado más grande y fuerte. El liberal (neoliberal) argumentará: – Esto es debido a la existencia del Estado, la gente no quiere pagar impuestos por que el gobierno es ineficiente.

    El problema va más allá de aquellas discusiones de niños de primaria tratándola de hacer de economistas. El problema es uno de principios. Si algo falta en este mundo son principios e ideales.

    Nos hemos acostumbrado a ser cada vez más individualistas, me importo yo, y me sirvo de la sociedad. Algunos ni se molestarán en justificarse, algunos otros inventarán excusas, que la carga fiscal es pesada, que no se utilizan bien sus impuestos. A pesar de la ineficiencia del gobierno para usar de forma óptima los impuestos de la gente, estas personas al poner su fortuna en paraísos fiscales, están privando de escuelas públicas para niños que quieren tener mayores posibilidades de movilidad social, están privando a muchas personas de recibir atención médica.

    Ser rico no es malo, los mejores merecen tener más, pero sí que es malo no retribuir nada a la sociedad, una persona privilegiada tiene un compromiso con la sociedad; sin ésta, los ricos nunca lo hubieran sido. Somos animales sociales, dependemos de los demás: socios, subalternos, empleados, gobierno, otras empresas, servidores públicos, etc.

    Su excusa es menos válida cuando la tendencia actual dentro de la mayoría de los gobiernos es cobrar menos a las empresas, sabiendo que una carga tributaria excesiva termina frenando la productividad. Pero no, los inmiscuidos no se destacan por ser venezolanos, ni cubanos; son mexicanos, son islandeses, son árabes, españoles, ingleses o argentinos (sospechosamente no aparece ningún estadounidense).

    Involucrados en #PanamaPapers

    La constante en el mundo actual es la corrupción, organizaciones como la FIFA que se encargan de organizar el deporte con más aficionados en todo el mundo forman parte de redes de corrupción, gobiernos, empresas que tenían una gran reputación como Volkswagen falsean información. La percepción cada vez más presente de que la solidaridad está supeditada a la ley de la selva.

    En el mundo actual cada vez escasean más ideales y aspiraciones; se nos invita a tomar lo que alcancemos a agarrar porque este mundo es extremadamente sombrío y competitivo. La gente ya no cree en nada, ni siquiera en ideologías obsoletas; la comunidad no importa, vivimos en dentro de un mar de personas las cuales no nos importan. Estamos tan inmersos en nuestras vidas rutinarias, en nuestros miedos, en nuestro proyecto de vida en el cual sólo nos incluimos a nosotros mismos.

    En una sociedad escasa de ideales, valores y principios, compuesta por hombres tan débiles de espíritu, cualquier demagogo, cualquier charlatán puede venir y aprovecharse de ellos, lo estamos viendo, lo estamos viviendo.

    Tu futbolista favorito, el que debía ponerte el ejemplo; aquel mandatario de ese país tan ejemplar y ejemplo a seguir en las discusiones de la sobremesa. No es un problema que tenga que ver con corrientes ideológicas. Tanto en el liberalismo como en el conservadurismo se denota esta pobredumbre espiritual y de valores. Incluso las instituciones que tienen para muchos, el monopolio de la moral (por ejemplo, la Iglesia) forman parte del problema.

    No, no se trata de regresar a un estadio anterior donde el hombre era un «ser social por la fuerza», ni de ser puritanos, ni adoptar régimenes nacionalistas. Se trata de un trabajo que debería partir por lo individual, de reconocernos como individuos que formarnos parte de una sociedad, de reconocer la responsabilidad que tenemos para con ella.

    Y sé que es una tarea difícil, sobre todo cuando el individuo ve que aquellos integrantes de la sociedad también trabajan para sí mismos, cuando ve que Televisa da la nota de #PanamaPapers, pero al mismo tiempo no menciona que su vicepresidente está envuelto en ese escándalo, y menos aún, Juan Armando Hinojosa, el contratista de Peña Nieto, más difícil se ve cuando un empresario como Salinas Pliego dice que la «desigualdad no es el problema» para después ser exhibido, también, cuando uno ve a los Porky’s violando mujeres, ocuando uno ve a un gobierno contratando hackers para ganar una elección, donde todo se vale. Entonces posiblemente el individuo piense que preocuparse por la sociedad sería como darse un balazo en el pie, pero por algún lado se tiene que empezar; tal vez ese agujero en la planta sea un sacrificio que debamos de tomar para pensar en un cambio de consciencia.

    Ese gran reportaje hizo que nos cuestionáramos como sociedad global, si es que no hemos perdido la capacidad de cuestionarnos.

  • ¿Por qué Messi sí, y yo no?

    ¿Por qué Messi sí, y yo no?

    Estoy casi seguro que este artículo va a herir susceptibilidades de los aficionados al balompié. Y sí, simpatizo con el Barcelona, y efectivamente pienso que Leo Messi es el mejor jugador del mundo.

    ¿Por qué Messi sí, y yo no?

    Mi primer cuestionamiento es, ¿por qué un futbolista gana tanto? Cuando hablamos de desigualdad, se nos vienen a la mente ciertos empresarios. nos rasgamos las vestiduras por la concentración de la riqueza, comparamos el producto interno bruto de las naciones con el de las empresas para darnos cuenta que hay empresas que tienen más activos que varios países.

    Pero nunca hablamos de los futbolistas. Vamos a ponerlo así:
    [efstable width =»100%»]
    [efstable_head]
    [efsth_column]Futbolista[/efsth_column]
    [efsth_column]Cerdo empresario capitalista[/efsth_column]
    [/efstable_head]
    [efstable_body]
    [efstable_row]
    [efsrow_column]No crea riqueza[/efsrow_column]
    [efsrow_column]Sí crea riqueza[/efsrow_column]
    [/efstable_row]

    [efsrow_column]No pone de su capital para generar empleos[/efsrow_column]
    [efsrow_column]Sí pone de su capital para crear empleos[/efsrow_column]
    [efstable_row]
    [efsrow_column]No innova ni aporta valor agregado (no, un gol de media cancha no es innovar)[/efsrow_column]
    [efsrow_column]Algunos de los empresarios sí generan innovación[/efsrow_column]
    [/efstable_row]
    [/efstable_body]
    [/efstable]

     

    No, no pretendo irme al otro extremo y endiosar a los empresarios. Algo está mal cuando observas que a pesar de todos los avances tecnológicos, la desigualdad crece.

    Pero guardando proporciones, un futbolista contribuye más a la desigualdad mundial que un empresario. Al futbolista no se le cuestiona porque es un ídolo, porque mete goles, porque le da momentos de alegría a la gente después de una monótona semana de trabajar en un empleo que no le gusta.

    El individuo se siente identificado con el ídolo, lo cual no es algo necesariamente malo. Mucha gente admira a otra gente por sus dotes, sus habilidades. Pero eso no implica que no se le deba cuestionar, o se deba de usar criterios diferentes. Si un empresario aparece en la lista de #PanamaPapers, se convierte en un enemigo para la nación (no es que Armando Hinojosa de Grupo Higa, o Salinas Pliego, sean empresarios que podamos admirar, al contrario), pero si es un futbolista, algo anda mal, o algunos incluso lo justifican: – Todo el sudor que ha puesto en su cancha, todas esas botas de oro ganadas, y lo criticas por esas nimiedades.

    El tema se debe poner en la mesa, los deportistas profesionales de ciertos deportes (sobre todo futbolistas) contribuyen a generar una peor distribución de la riqueza. Una persona que llega a la Primera División Mexicana y pasa sin pena ni gloria, llega a ganar más que muchos directivos o dueños de micros y pequeñas empresas.

    Es decir, un futbolista es una persona privilegiada, gana un monto de dinero que no podría obtener de alguna otra forma. Por eso en el caso de que sea cierto, debería indignar que un futbolista como Messi tenga su dinero en un paraíso fiscal. Se sobreentiende que un futbolista debería tener una gran responsabilidad con la comunidad, no sólo por el privilegio económico (la cantidad de dinero respecto del esfuerzo), sino porque un futbolista, al ser «ídolo de la afición», debería ser un ejemplo, su capacidad para influir en los demás es muy grande.

    Si queremos una sociedad global más equitativa, debemos de ser también equitativos en nuestros juicios. Que tengas un póster de él en tu recámara no lo exime de cumplir con sus obligaciones. ¿Los impuestos son injustos, o no son bien utilizados? Pues entonces habría que presionar para que los gobiernos usen mejor el dinero que se recauda, o incluso podrías clamar por la reducción de la tasa impositiva si consideras que es muy elevada. Pero al no cumplir con tus obligaciones, perjudicas a la sociedad, sobre todo esa que grita tus goles cada fin de semana.

    Entonces así están nuestras prioridades, si el que evade impuestos es empresario es malo, si es futbolista se le perdona porque goooool.

  • Conoce la nueva cara de Cerebro

    Conoce la nueva cara de Cerebro

    Lo peor que puede hacer una persona es quedarse estática en este mundo tan dinámico y cambiante. Los individuos tenemos que actualizarnos, ponernos a prueba, tanto a nosotros mismos como a nuestro orden de creencias. A veces, algo tan simple como cambiar la cara de un sitio web, va en este sentido, en llevar a este sitio un paso más allá.

    cerebronuebo

    El primer criterio para plantear este cambio son los lectores. A fin de cuentas, yo con este blog quiero comunicar algo, y creo que lo tengo que hacer de la manera más eficiente. No sólo hay que pensar en mejorar el lenguaje, la redacción, el estilo, sino la forma en que se presenta, y el rediseño del sitio va en este sentido, que ustedes quienes me han seguido, tengan una mejor experiencia de uso.

    Este cambio ya lo estaba planeando desde hace algunos meses, y de hecho el desarrollo lo comencé desde el año pasado; pero por carga de trabajo, hasta ahora tuve el tiempo para terminarlo. Esto no sólo implicó la programación del nuevo sitio, sino un arduo trabajo de investigación, buscando no sólo tendencias en sitios de éxito como blogs o periódicos digitales, sino en documentación especializada que me ayudara a desarrollar un sitio más «cómodo y amigable» para el lector. Así mismo también traté de darle una imagen acorde con lo que quiero proyectar.

    ¿Qué cambios hay en esta versión? Básicamente está mejor adaptada a dispositivos móviles (ya la mayoría del tráfico llega por este medio) para que sea más fácil su lectura. También con este nuevo sitio trato de aprovechar las bondades de estos dispositivos; por ejemplo, la posibilidad de compartir los contenidos por Whatsapp. Pero lo más importante es la usabilidad, y de esta forma maqueté el sitio para que sea más fácil acceder a la información; por ejemplo, evitando que el usuario haga tanto scroll con el mouse al hacer más compactos los elementos del sitio.

    También una de las novedades es que gracias al framework con el que he hecho la maquetación (Foundation), y su integración con WordPress (la plataforma de este sitio), se van a poder generar contenidos más dinámicos, donde por ejemplo podré usar tablas, gráficos y demás herramientas que enriquezcan los contenidos que aquí publique.

    Otra novedad en el sitio web es el «compás político» donde vas a poder conocer tu postura política de acuerdo a una serie de preguntas.

    Espero que este nuevo sitio les sea de su agrado. Por supuesto, como el sitio web es completamente nuevo, existe la posibilidad de que se encuentre un desperfecto o bug, si ves algo más, no dudes en comentármelo. Si crees que alguna cosa se puede mejorar, de la misma forma te lo agradecería. Como sucede con todas mis «nuevas versiones», siempre están susceptibles a mejorarse.

    Gracias por leerme.