Autor: Cerebro

  • ¿Por qué la gente simpatiza con López Obrador?

    ¿Por qué la gente simpatiza con López Obrador?

    Días atrás, escribí un extenso artículo explicando por qué la gente simpatiza con el PRI. Lo hice con base en mi experiencia y mis conocimientos. Para conocerlos tuve que conocer al partido, dado su carácter hermético.

    En el caso de López Obrador, el procedimiento que he hecho es distinto. Primero, porque a diferencia de los priístas quienes no utilizan mucho las redes sociales para manifestarse, los que simpatizan con López Obrador han encontrado en Internet y las redes, un campo de batalla.

    ¿Por qué la gente simpatiza con López Obrador?

    Desde el 2006, antes que existiera Facebook o Twitter, ya existían portales web de sus simpatizantes para denunciar lo que llamaron el fraude del 2006: portales como El Sendero del Peje, y otros que tenían como objetivo criticar a Felipe Calderón con el mote de «Fecal» y su cara caricaturizada de tal forma que pareciera un pedazo de excremento.

    Para hacer el ejercicio me enfocaré en sus simpatizantes, quienes conforman su voto duro, y quienes ven a AMLO como la única posibilidad de que México cambie. No tomo en cuenta a quienes han votado por él de forma esporádica (como varios hicieron en 2006 y 2012).

    La pregunta de la cual partía el artículo anterior era ¿por qué la gente simpatiza por el PRI a pesar de su pésimo desempeño? López Obrador, en cambio, no ha gobernado nuestro país.

    Muchos, a pesar de la evidencia y experiencia de otros países, presuponen que al presentarse como el opositor u outsider, (de quien cuyas declaraciones tienen mucho contenido moral y se presenta como una político moralmente superior a todos los demás,  no se corrompe, no roba, dice) es la opción que México necesita.

    La pregunta en este caso sería un poco más extensa: ¿por qué la gente simpatiza con López Obrador a pesar de que el modelo político y económico que propone ya ha fracasado en diversas latitudes del mundo (sobre todo en Sudamérica) y a pesar de sus rasgos mesiánicos que balancean a su personaje entre el populismo latinoamericano y el PRI de los años 70?

    Hace unos pocos días tuve una discusión con un tuitero. Yo había criticado a López Obrador porque al oponerse a la #Ley3de3, coincidía con la mafia en el poder. El PRI, el PVEM y Morena son los más fervientes opositores a esta ley. Este usuario me criticó mostrando una columna que afirmaba que la #Ley3de3 había sido una invención de Televisa. La leí, y resultó que la columnista no sólo era seguidora de AMLO, sino que era miembro de Morena. A pesar de reparar en ese detalle, siguió mandándome tuits con el mismo link, y me mostró incluso pantallazos del artículo, como si fuera una verdad irrefutable, como si no estuviera entendiendo su texto.

    Acto seguido, esta persona me mostró artículos que él no había leído completamente, o al menos eso pensé cuando terminé de leerlo y encontré que tenía información que lo contradecía. Por ejemplo, me trataba de explicar que México creció menos que muchos países de Sudamérica (mi intención nunca fue defender el desempeño económico del gobierno actual), pero al final mostraba que Brasil y Venezuela, a quienes yo me refería, habían crecido menos que el propio México. Luego entonces, preferí no seguir el debate porque no tenía sentido. No se trataba de un debate de argumentos, sino de cuestión de fe.

    Seguidores de Morena

    La otra vez había dicho que los priístas suelen serlo por pertenencia y que eso los lleva muchas veces a asumir posturas maniqueas. Con los seguidores de López Obrador, la piedra angular es la fe, que de igual forma los lleva a asumir también ese tipo de posturas, las cuales son más notorias no necesariamente porque ese maniqueísmo sea más intenso, sino porque hacen más ruido mientras que los priístas mantienen un perfil bajo.

    Hablar de sus seguidores como «buenos para nada, mantenidos, ignorantes», es muy superficial e irresponsable y sería una absurda generalización. Antes que todo eso, está la fe. Y eso tiene raíces muy profundas, más en un México con abundantes rasgos verticales y un gobierno que siempre se asumió como dador. Es decir, sus seguidores asumen que para que haya un cambio en el país, se debe de apostar a una persona y no a ellos mismos. Una sociedad como la mexicana es más proclive a caer rendida a los pies de un demagogo; aunque Estados Unidos ya nos ha mostrado el ejemplo de que un país más democrático y desarrollado tampoco está exento de caer en ese tipo de trampas.

    En este sentido, López Obrador tiene varias coincidencias con el PRI.  López Obrador fue priísta y absorbió gran parte de su modus operandi. Muchos rasgos propios del PRI están muy presentes en su persona y organización.

    Si bien AMLO no tiene una estructura sólida (que trata de construir con Morena) como para replicar un club-partido a gran escala como lo hace el PRI (muchos simpatizantes ni siquiera están afiliados), varias de sus formas se replican (la sumisión y el alineamiento), pero en vez de tratarse de un partido, se trata de una persona. Se trata de una organización paternalista más que de grupo.

    Al igual que con el PRI, se está dentro, o se está fuera. Ser parte del movimiento de AMLO es un privilegio, «es un honor estar con Obrador». Como se presenta como moralmente intachable, entonces los que lo critican son «moralmente reprobables», o cuando menos, engañados: – Ya no veas Televisa. Si un columnista critica a AMLO, ya es considerado parte de la Mafia en el Poder. No importa si es Ciro Gómez-Leyva, Denise Dresser o Julio Astillero.

    A diferencia del PRI, la relación entre los simpatizantes y la figura en cuestión sí está cargada de elementos ideológicos. Es decir, no pertenecen por pertenecer, sino porque López Obrador representa la respuesta al diagnóstico que han hecho del país:

    Sus simpatizantes tienen una escala de valores, luego entonces, simpatizan con López Obrador, pero al simpatizar absorben todo su credo, como si esto fuera necesario para reafirmar su propia escala de valores.

    Pero no se trata de una postura ideológica muy definida, más que la confrontación con las élites. Su discurso contra la corrupción, la desigualdad y falta de oportunidades va en ese sentido. en confrontar las élites y defender la soberanía con argumentos nacionalistas, aunque con mucho menos vehemencia que Chávez o Maduro; en tanto para él y sus simpatizantes el enemigo está dentro del país y «el imperialismo» queda un poco más en segundo plano.

    La postura en temas que no tienen que ver con esta confrontación es muy vaga y no tiene relación con las corrientes progresistas, claro ejemplo es la postura de López Obrador en temas sociales como el matrimonio gay o la despenalización de la mariguana. En ese sentido, López Obrador muestra un pragmatismo parecido al de los priístas, donde la política importa más que las convicciones.

    El diagnóstico a priori puede no ser erróneo. Por ejemplo, en México existe mucha corrupción, desigualdad, injusticia, o unas élites rígidas que no permiten el desarrollo pleno del país. López Obrador coincide con esas críticas, les pone nombre y etiquetas. A esa élite le llama «la mafia en el poder» y todos aquellos problemas son a causa de la Mafia en el Poder. Toma verdades, o medias verdades y las generaliza para crear una retórica donde se asuma como el líder absoluto, tal y como lo han hecho los demagogos populistas como Hugo Chávez, o inclusive Donald Trump: El pueblo pobre contra la élite mala. Se asume como antisistema.

    AMLO Morena

    La solución que propone es fácil (cuando la realidad es opuesta), se trata de presentarse como impecable, impoluto; de mostrar que el problema tan sólo es de carácter moral, y basta ser recto para resolverlo. Basta con ser bueno.

    Basta con tratar de entender un poco de psicología, economía y otras disciplinas más para entender que esto no es así. Pero seguir a una persona que se asume como recta, es mucho más fácil que trazar una estrategia para combatir estos problemas. A esto se le debe sumar que la mayoría de los ciudadanos no creen que por sí solos tengan la capacidad de transformar su realidad (cuando la realidad, al menos al día de hoy, es que sólo desde la ciudadanía puede venir un cambio). Y de la misma forma, se debe sumar la desesperación. El resultado es un líder populista con un considerable número de seguidores.

    No podemos hablar de «personas ignorantes» como algunos sugieren cuando hablamos de los simpatizantes. Varios de sus seguidores tienen un nivel de educación relativamente alto, incluso no son muy pocos los llegan a estudiar en el extranjero y llegan a destacar en su área profesional (conozco quienes pisaron Harvard). Pero su vínculo con López Obrador sigue siendo eso, un acto de fe. No importa que los argumentos y postulados del tabasqueño puedan ser fácilmente rebatibles.

    No tiene que ver con la inteligencia en tanto la gente con un mayor cociente intelectual no siempre es «más objetiva» que el resto. De hecho, pueden utilizar su propia inteligencia para tratar de reforzar y justificar su postura.

    López Obrador y sus seguidores son parte de un mundo que tiene muchos enemigos en común y que se repiten a cada rato: «La mafia en el poder», «Los potestados»,  «Televisa», «Peña Nieto», «El Prian», etc. Son entidades o personas, que en su mayoría pueden ser duramente criticadas por quienes no simpatizan con López Obrador, pero que son un todo para quienes sí simpatizan con él, son un sólo enemigo.

    La premisa de López Obrador, y por consecuencia, de sus seguidores es: si estas entidades desaparecen, entonces México será otro. Reparan en ellas, y no en las causas que las hicieron surgir. Es más fácil decirlo así, es más fácil crear un enemigo en común. El político que quiera ganar poder creando una masa de simpatizantes leal y cohesionada, sabe que debe de crear un enemigo en común.

    Los lopezobradoristas son leales entre ellos, al menos ideológicamente. Acceden a las mismas fuentes de información (Proceso y La Jornada principalmente) porque son a su parecer, las únicas que presentan una realidad objetiva. En general tienden a ser más bien incapaces de aceptar críticas, y dan por descontado algún artículo crítico, porque la oposición a López Obrador tendrá siempre una oscura intención. No se puede ser opositor a López Obrador desde el bien. Como comenté anteriormente, la única alternativa es estar engañado.

    Muchos de sus seguidores son bienintencionados, pero les es más esperanzador sujetarse a los designios de un líder, que pensar que la ciudadanía por sí misma puede generar cambios dentro de la sociedad.

    De esta forma, al igual que el PRI, tienen sus propios ritos y costumbres. También se trata de pertenecer, pero esta pertenencia conlleva una carga ideológica, y dicha carga es la que da cohesión al movimiento.

    A diferencia de los priístas, dicha carga ideológica puede hacer que algunos de sus seguidores caigan en alguna especie de arrogancia intelectual. Sus seguidores suelen estar más leídos e informados (aunque de forma parcial) que quienes pertenecen al PRI (especialmente sus bases cuyos miembros poseen una baja escolaridad). Eso, más la postura moral que encarna el movimiento, puede hacer que en algunos casos se muestren moralmente superiores a los demás: «tenemos conciencia crítica, leemos y nos informamos».

    Aunque al mismo tiempo refutan argumentaciones críticas hacia la figura de López Obrador o su programa político y económico, sin importar si son contundentes. Porque, es un acto de fe.

    De esta forma, López Obrador sigue teniendo una base sólida de seguidores incondicionales, muchos de los cuales se asumen como agentes de transformación (supeditados a un líder). La crítica dentro del movimiento es escasa, en especial cuando va dirigida al propio líder. Quienes terminan desencantados terminan abandonando el movimiento, porque no se puede entender la pertenencia sin la sumisión ideológica a López Obrador. También, quien se decanta y muestra una postura crítica, termina siendo rechazado por los miembros del movimiento, quien a sus ojos, puede tener un interés particular: -Ya se vendió a la mafia del poder.

  • Chivas fuera de Televisa y lo que significa para México

    Chivas fuera de Televisa y lo que significa para México

    Chivas es el equipo más importante del futbol mexicano, es el equipo de más tradición, y el que más representa a México. Chivas, a la vez, encarna ese «nacionalismo defensivo», del rechazo a lo que es extranjero y que junto con sus glorias, ha creado una gran base de aficionados en todo el país.

    A pesar de que en los últimos tiempos no ha presumido muchos triunfos, además que las decisiones de sus directivos han dejado mucho que desear, es un club que siempre será representativo (sí, más que el América) de nuestro futbol.

    Chivas fuera de Televisa y lo que significa para México

    Chivas tomó una decisión trascendental. Rompió con Televisa.

    Es una decisión trascendental no sólo por lo que significa Televisa en el futbol mexicano, sino por lo que significa para México.

    El duopolio televisivo se ha ostentado como dueño del futbol del país. Basta recordar que «El Piojo» Herrera fue colocado como director técnico por medio del dedazo de Emilio Azcárraga, después de que la selección quedara muy cerca de quedar eliminada del mundial. Cierto que Herrera cumplió, clasificó e hizo un mundial decoroso (#SíEraPenal). Pero la forma (básicamente una imposición del dueño de una televisora) dejó entrever como se maneja el futbol mexicano, que a pesar de ser el deporte favorito del país por mucho, siempre ha mostrado un nivel mediocre.

    Sí, Televisa. Una televisora que controló el futbol de una forma tan dictatorial, que llegó a meter a la cárcel a quienes amenazaran con afectar sus intereses.

    Chivas, al romper con Televisa, no sólo lesiona los intereses de Televisa en el futbol, sino en todo el país.

    Esto se da en un contexto donde Televisa pierde mucha influencia, y sobre todo, recursos económicos. En la cartera de Televisa hay un boquete por donde se escurre el dinero. Perdieron la transmisión de los Juegos Olímpicos, están perdiendo muchos televidentes porque prefieren ver series en Netflix (no, Blim no es una opción), perdieron credibilidad por impulsar a Peña Nieto en el 2012, y a pesar de que nuestro mandatario trató de regresarles el favor en el marco de la Reforma de Telecomunicaciones, la reacción del mercado fue implacable y no sirvió de mucho, los jóvenes de hoy ya no quieren ver Televisa, la televisora es obsoleta.

    Televisa se metió en un problema donde parece que ya no hay forma de retornar. Porque a sus garrafales errores, se le unieron los cambios de hábitos de consumo.

    Es decir, estamos hablando del principio del fin de Televisa. No significa que vaya a desaparecer, pero su poder seguirá menguando hasta volverse irrelevante.

    Esto quiere decir que el «monopolio» de la información seguirá fragmentándose. Y así como este rompimiento seguramente le quitará fuera a Televisa cuando hablamos de manejar el futbol mexicano y donde se ha comportado de una manera despótica, también le quitará fuerza (por ingresos y capacidad de influencia) como empresa y como músculo político.

    Y lo hará porque esta decisión muy seguramente generará una reacción en cadena, es decir, que más equipos del futbol mexicano decidan romper con el duopolio para irse a la televisión restringida o crear su propio medio, como lo pretende hacer Chivas, a quien por cierto, Televisa maltrató los últimos años, mientras beneficiaba a su retoño, las Águilas del Ámerica, incluido el apoyo del jugador número 12 (el árbitro), y que representa el modus operandi de Televisa y del antiguo régimen de corrupción y trampas (títulos arreglados, árbitros a modo).

    Habrá un momento en que el duopolio pierda el gran negocio del futbol mexicano, de la misma forma en que pierde influencia y poder político dentro del país.

    Azcárraga Televisa

    Sectores que estaban a atados a intereses privados creados bajo la tutela del Gobierno quedan expuestos al libre mercado, que ciertamente no es perfecto, pero es mucho mejor a ese corporativismo tipo «Televisa-PRI» al cual tanto nos acostumbramos y que le hizo daño tanto a México, «aunque fuera un día soleado».

    Paradójico es que bajo una presidencia caracterizada por los conflictos de intereses, tráfico de influencias y favoritismos, se de este quiebre tan necesario para México: esta desconcentración de los medios de comunicación que tanto se necesitaba. De la misma forma, Carlos Slim (esto sí se puede considerar un acierto del gobierno) también pierde fuerza como monopolio en la telefonía. Por muchas razones, gracias al gobierno, o a pesar del gobierno, el mercado, o los hábitos de consumo, México está dando un paso importante en materia de telecomunicaciones. Y todo ese poder tan abrumante que se convertía en poder político, se cae a pedazos.

    Y por eso el rompimiento de Chivas es importante. Sobre todo por lo que representa. Lo más mexicano de nuestro futbol rompe con uno de los «mayores vicios» creados por el sistema rígido que nos gobernó durante tantos años. Así como México como tal, empieza a romper en ese sentido con ese régimen monolítico que rigió por muchos años los medios de información en el país.

    Los aficionados de las Chivas, a pesar de que perdieron en la liguilla con su rival de la televisora, el América, con esta decisión se pueden ir contentos y exclamar una y otra vez que ch.. a su m… el América.

    Felicidades a Chivas por esa gran decisión.

  • ¿Por qué la gente simpatiza con el PRI?

    ¿Por qué la gente simpatiza con el PRI?

    Tal vez te habrás preguntado por qué a pesar de que el gobierno actual emanado del PRI tiene un nivel de popularidad sumamente bajo (producto de actos de corrupción, conflictos de interés y demás), sigue manteniéndose fuerte como partido; o por qué mucha gente sigue simpatizando con el Revolucionario Institucional a pesar de todo. Posiblemente la primer respuesta que venga a tu mente es que tienen mucho poder, que quienes entran ahí lo hacen por puro interés y porque quieren robar. De hecho es posible que creas que todo priísta es corrupto por definición y mala persona.

    ¿Por qué la gente simpatiza con el PRI?

    Pero en realidad esa es una forma muy simplista y superficial de ver las cosas. En realidad el PRI es un partido muy peculiar con una forma de ser y una estructura también muy peculiar que sabe más que ningún otro partido satisfacer las necesidades de sus miembros (incluidas necesidades básicas como el sentimiento de pertenencia).

    Una vez que entiendas esto, tu concepto del PRI no va a cambiar mucho (porque lo que ves afuera son los resultados inobjetables de su esencia como partido), pero posiblemente entiendas más a sus integrantes, pienses dos veces antes de emitir un juicio categórico, tales como «vendido» o «ratero»; y veas que no todos ellos son así, ni todos están involucrados en actos de corrupción.

    Naturalmente yo no soy priísta y el concepto que tengo de ese partido está demasiado lejos de ser bueno. Sin embargo, he convivido de cerca con ese partido (manteniéndome siempre al margen) y he logrado entender un poco más por qué el PRI es como es, y por qué funciona tan bien. Tengo amigos queridos dentro del PRI, he asistido a mítines, cierres de campaña, conferencias, etcétera. De alguna manera logré conocer al «monstruo» por dentro.

    Habrá cosas que no narraré por cuestiones de ética profesional (tampoco es que tenga algo escandaloso que contar), pero sí puedo dar un panorama general y, con base en mi experiencia, hablar de lo que es ese partido.

    Antes de hablar de personas que entran por interés, por chamba o para hacer negocio (que las hay), tenemos que hablar del sentido de la pertenencia. Eso es algo que en el PRI se ha trabajado mucho más que los otros partidos y lo cual se ha desarrollado desde la formación del partido para darle un cauce institucional a la Revolución Mexicana (lo cual de la misma forma ha agrandado sus vicios).

    A diferencia de los otros partidos que se quiebran ante sus malos gobiernos (ahí están el PAN y PRD), el PRI puede permanecer relativamente intacto. Mientras haya acceso a presupuesto y poder, todo está bien.

    Pensar que el priísta lo es porque quiere robar o beneficiarse, es un argumento muy simplista. El sentido de pertenencia explica mejor por qué el PRI es fuerte.

    Todos los seres humanos tenemos la necesidad de pertenecer a algo. Quienes profesan una religión no siempre están ahí estrictamente porque se convencieron firmemente de su credo religioso y entonces buscaron grupos afines con quienes lo compartieran. Muchas veces la ecuación es inversa, la gente profesa una religión por sentirse parte de, y luego entonces, adopta el credo. La mayoría de los que crecimos en familias que profesaban una religión, la adoptamos de esa forma. Porque era la religión que profesaba nuestro círculo más cercano (nuestros padres), y luego entonces, por medio de ellos, adoptamos el credo. Nos hicimos religiosos porque nuestro padres, que nos quisieron mucho, nos dijeron que ese era el camino.

    De igual forma, aficionados pueden simpatizar con un equipo con un escaso palmarés como el Atlas o un equipo sin aspiración alguna de España, no por las glorias (escasas) que le puede traer su equipo, sino porque los simpatizantes son parte de una cultura, de un grupo cohesivo, porque pertenecen a algo, a una cultura con símbolos propios. Los aficionados del Atlas, por ejemplo, festejarán en raras ocasiones éxitos de su equipo, pero se sienten muy orgullosos de formar parte de.

    El sentido de pertenencia dentro del PRI

    Algo similar pasa con el PRI. El PRI es como una especie de familia, es un club selecto al cual es un orgullo pertenecer. De hecho es su esencia y es su modus operandi. Quien es priísta es parte de un grupo selecto, el cual a cambio le pide disciplina, y en cierta medida, sumisión (aunque dentro de las élites del partido, las desavenencias, que pueden permanecer lo más ocultas posible al público, son más comunes de lo que se cree).

    Desde las bases hasta las cúpulas, ser priísta es un privilegio. El simpatizante de base gana trato preferencial en programas gubernamentales y despensas, quien se encuentra en la cúpula gana influencia y poder. Desde la torta y el refresco hasta los contratos o los puestos de poder, esos, y muchos otros, son los beneficios de esa membresía «VIP» que se obtiene al estar en el partido.

    Cuando fui a los mítines y dejé mis prejuicios al lado, empecé a entender un poco más la esencia del PRI. Lo primero que vi no son «psicópatas hambrientos de poder» como podrías suponer, sino un ambiente de camaradería (más sólido y patente que el que he observado en otros partidos).

    El modelo PRI funciona tan bien, que no sólo los partidos de oposición han emulado algunas de sus características, sino también partidos de otros países de América Latina.

    A pesar de ser un partido jerárquico, las diferencias se difuminan dentro de un mitín. Los candidatos van vestidos con unas camisas más parecidas a un traje de Fórmula Uno con su nombre y los nombres de los candidatos superiores a él; aunque esa camisa es lo suficientemente casual como para que el candidato pueda colocarse al nivel de «su gente», abrazarla, platicar con ella, y por supuesto, pedirle su voto (el cual está casi dado por sentado debido a que la gente está ahí por ser parte de).

    Para alguien que piensa en términos de democracia y discusión de ideas, esto puede ser un tanto frustrante. No se trata de ir a hablar de ideas y proyectos, sino como «el PRI trabaja para ti, tú que eres priísta». Algunos candidatos con ideas frescas que adquirieron desde fuera del partido, tendrán que acordarse necesariamente de su gente y entrar en esta dinámica. Se trata de hablar del club, del orgullo de pertenecer al partido, de los colores. Entonces en este punto verás que tiene un poco más sentido aquella mayor de edad orgullosa de votar por el PRI, porque éste tiene los colores de la bandera nacional.

    priístas en un mitín

    El PRI es peculiar porque no es un partido de ideas, su ideología siempre ha sido muy ambigua y lo único que permanece constante es que se asumen como herederos de la Revolución Mexicana. Critican al socialismo, al neoliberalismo, al populismo demagogo, al tiempo que han coqueteado muy de cerca tanto con el neoliberalismo (Salinas), como con el populismo y el socialismo (desde Lázaro Cárdenas hasta Echeverría y López Portillo). El PRI es un partido pragmático cuyo credo se adapta a las circunstancias, lo que lo hace más fuerte que los otros partidos porque básicamente la discusión de ideas no es su fuerte, sino el club, el ser parte del PRI.

    En un partido político común, los simpatizantes primero tienen un orden de valores, y luego entonces buscan pertenecer a ese partido que represente ese orden. Con el PRI, los simpatizantes primero son priístas, y luego adoptan el orden de valores propio del partido.

    Entendido esto, podrás entender que los que están ahí, no están necesariamente por conveniencia o porque quieren robar o ganar contratos. Muchos están ahí por ser parte de. De hecho conozco priístas (de muchas edades) quienes nunca han formado parte de un acto ilegal o de corrupción, porque no están ahí necesariamente por el «contrato» por el poder o el dinero, sino por el mero hecho de pertenecer a una familia. Es decir, no se suman al PRI para ser parte de actos de corrupción, sino para pertenecer a un club muy unido, con sus simbolismos, rituales y valores muy propios.

    El problema del PRI no son tanto sus personas, sino su estructura. Este modelo de «partido-club» (así fue concebido desde su creación) es lo que ha hecho que el PRI sea lo que es, un partido opaco, donde varios de sus miembros, sobre todo en las altas esferas del poder, están involucrados con actos de corrupción cuando menos.

    Al no tener alguna ideología o convicción sólida que prevalezca sobre el sentimiento de pertenencia, sus miembros pueden ser más proclives a ser parte de actos de corrupción. Primero, porque no están actuando en contra de doctrina propia o escala de valores alguno (aunque exista en el papel), y segundo, porque las posibilidades de que el partido cierre filas ante ellos es más fácil que en cualquier otro. Primero son los colores, y luego es el país, aunque algunos de ellos quieran con sinceridad a México. Es decir, muchos de ellos quieren a México, desde el PRI, con todo lo que eso implica.

    Es completamente normal que los humanos, como parte de un sesgo cognitivo natural, tendamos a inclinar nuestro juicio a favor de aquello a lo que pertenecemos. Pero este sesgo dentro del PRI es más notorio que en otros partidos (excepto Morena, liderado por el ex priísta López Obrador)  porque no hay doctrina ni orden de ideas con las cuales confrontar los juicios. Para muchos priístas, ser parte del partido será más importante que reconocer un acto de corrupción dentro de éste y denunciarlo; en otros partidos en cambio, un acto de corrupción puede causar una desbandada masiva.

    La familia del PRI

    El sentimiento de pertenencia puede ser fuerte al grado de que algunos de sus integrantes pueden caer en actitudes maniqueas (donde todo es blanco o negro). sus símbolos son sagrados, de igual forma sus rituales y sus formas. Una cosa es estar dentro del PRI, y otra cosa es estar fuera del PRI.

    Ser parte del PRI es algo que es «para siempre». Los panistas, por ejemplo, pueden dejar el barco cuando sienten que la doctrina del partido se ha desviado, porque es la ideología la que mantiene la cohesión dentro del partido más que la pertenencia. En el PAN están los empresarios y los religiosos, porque básicamente un partido de derecha se amolda a sus intereses. En el PRI están todos, porque la ideología y la forma de pensamiento no importa, al menos no tanto como la pertenencia a ese algo. No es raro ver a algún empresario, una persona con inclinaciones socialistas, o un ex anarquista defendiendo lo mismo. El empresario será útil cuando al PRI le convenga virar a la derecha porque así lo indica su «olfato de poder», el socialista cuando lo más conveninente sea «arrinconarse en la izquierda».

    Dentro del PRI pueden cambiar de ideas de acuerdo al escenario político. Peña Nieto, por ejemplo, puede estar en contra del matrimonio igualitario, y luego mostrarse a favor, pero no por convicción, sino para arrebatarle el discurso a la izquierda, o quedar bien con la ONU, organismo con quien su relación (véase GIEI) parecía deteriorarse.

    Eso le da más margen de maniobra al PRI. PAN y PRD tienen que conformarse con defender (aunque sin faltar a la verdad, tampoco lo hacen siempre) aquello que está alineado a sus principios ideológicos. En el PRI están más preocupados por pertenecer, y aspirar a que ese club sea quien esté a cargo de los hilos que conducen a este país, no importa como, porque el fin justifica los medios.

    Y el fin justificará más los medios, cuando sabes que puedes dar casi por sentado, que tus simpatizantes cerrarán filas contigo.

  • Los círculos conservadores, y su ausencia en un país conservador

    Los círculos conservadores, y su ausencia en un país conservador

    Las cosas han cambiado mucho en 20 años. Yo asistí a una escuela del Opus Dei, y recuerdo muy bien que términos como homosexual, joto, o puto, eran considerados un insulto. Pero no porque se considerara eso un insulto hacia la comunidad gay; sino por el contrario, era reprobable decirle a otro compañero que tenía preferencia por las personas del mismo sexo. Un insulto de ese tipo te podía costar un reporte, el cual tus padres tenían que firmar de regreso; o bien, podía ameritar una suspensión.

    Los círculos conservadores, y su ausencia en un país conservador

    De igual forma, recuerdo que alguna vez los profesores nos entregaron circulares (de esas que tenías que entregar a tus padres para el siguiente día entregar el talón firmado al profesor) porque se iba a llevar a cabo una marcha en contra de los homosexuales. No era como ahora, que la marcha es estrictamente contra el matrimonio gay o la adopción, sino contra su condición per se. No era, respeto tu preferencia sexual pero no estoy de acuerdo con el matrimonio o la adopción. Era, no te respeto por tu preferencia sexual.

    Los círculos conservadores en ese entonces eran todavía más conservadores. En la actualidad no es extraño escuchar a un conservador decir: -No estoy en desacuerdo en las sociedades de convivencia, o -No estoy a favor del matrimonio del mismo sexo, pero no tengo nada en contra de ellos, incluso tengo amigos gais. De 20 años a la fecha han mostrado una mayor apertura.

    Ahora que Peña Nieto propuso legalizar los matrimonios del mismo sexo y anunció cambios en la constitución, lo que más me llamó la atención no fue la noticia en sí, sino el poco ruido de los sectores más conservadores de la sociedad. En un país tan católico y mariano, yo esperaba una reacción directamente proporcional. No la hubo, o al menos no la he visto.

    Es decir, las autoridades no se han encontrado con mucha resistencia. Cuando el matrimonio igualitario amenazaba con legalizarse en Guadalajara (lo cual evidentemente sucedió), la organización Jalisco es Uno por los Niños realizó una marcha multitudinaria. Fueron muchos pero no tantos, no lo que uno podría esperar para una ciudad tradicionalmente conservadora como Guadalajara. Después, cuando las autoridades legalizaron el matrimonio, la misma organización convocó a otra marcha. Ni siquiera pudieron llenar la Plaza de la Liberación (cuyo tamaño es aproximadamente la mitad del Zócalo de la CDMX).

    Me pregunté, ¿Y esa es la resistencia? ¿Tan pequeña? Incluso en otros países más «liberales» como Francia e Italia, la resistencia a estos cambios ha sido mayor.

    Creo que es sano que esas resistencias existan con el fin de que las transiciones, es decir, los cambios de valores o paradigmas dentro de una sociedad, sean más tersas, razonadas, y no abruptas (no me refiero necesariamente que se deba postergar una decisión así, sino que se deba someter a debate, se analicen sus pros y contras, y se delibere para buscar la mejor manera de adoptar dicho cambio).

    Los conservadores, así como los liberales, tienen un papel importante dentro su comunidad; porque la contraposición de las dos corrientes ideológicas propicia un sano equilibrio dentro de la sociedad.

    Las instituciones que hemos creado, como la familia, que tiene sus propios valores y principios, son las que dan cohesión a una sociedad. Un cambio de forma abrupta puede alterar esa cohesión. En cambio, cuando éste es razonado y se somete a un debate, puede incluirse dentro de ese tejido sin alterarlo, fortaleciéndolo más bien. Es decir, hablando del matrimonio gay, no sólo tendríamos que hablar de «mi derecho», sino deberíamos someterlo a escrutinio para incluirlo de tal forma que adopten los valores y responsabilidades que implica tener una familia. Es decir, que cumplan con esa función y no se quede en un «logro por la obtención de un derecho».

    Pero en México, ahora que se harán cambios en la constitución, los círculos conservadores han brillado por su ausencia. Y me sorprende.

    Y sería irresponsable decir que todo es culpa del lobby gay, o de los «intereses oscuros». Porque de la misma forma que la comunidad gay tiene sus mecanismos para ejercer influencia y sacar adelante una agenda, los sectores conservadores también la tienen, también tienen su agenda propia, muchas veces por medio de Iglesias y escuelas a las cuales existen las élites, donde inculcan su credo y sus valores. En una sociedad democrática, los sectores conservadores también gozan libertad de expresión y pueden ejercer su influencia. Tienen sus páginas web y sus Fan Pages de Facebook, pero parece que la gente no muestra mucho interés.

    Pareciera que los conservadores llevan las de perder en el discurso. De hecho parece que este sector conservador (a diferencia de hace 20 años que era mayoría) es más bien pequeño y minoritario.

    Por ejemplo, según Mural (Reforma), en Guadalajara todavía son mayoría quienes están en contra de los matrimonios igualitarios, aunque en las clases más educadas la resistencia ante el matrimonio igualitario es menor:

    gay

    Pero tendríamos que remitirnos también a lo cualitativo. Es decir, quienes no están de acuerdo ¿qué tanto no están de acuerdo? Posiblemente muchos de quienes se oponen no lo hacen de una forma categórica.

    Es decir, su negativa no es lo suficientemente fuerte como para salir a la calle a manifestarse. Muchos de aquellos que aseguraron estar en contra, posiblemente no pierdan el sueño si el matrimonio entre personas del mismo sexo se aprueba. Eso, agregando el hecho de que como ciudadanos tendemos a ser pasivos y no luchamos mucho por lo que creemos, explica por qué la resistencia es tan endeble.

    En un país como Francia donde la gente está más preparada (tanto los liberales como conservadores tienden a ser más letrados y sus argumentos son más sólidos) y es más activa socialmente, se entiende que se organicen manifestaciones en pro y en contra que aglutinan a cientos de miles de personas, llenen plazas y presionen gobiernos. En México eso no sucede. Incluso las marchas a favor del matrimonio del mismo sexo tampoco se caracterizaron por ser masivas, cuando ya es poco menos de la mitad quien se muestra a favor.

    Los humanos tendemos a rechazar lo raro o lo poco frecuente, sobre todo aquello que no conocemos. Cuando entonces, ser gay ya no es algo «tan raro» (en términos de frecuencia), aprendemos a ser más tolerantes. Esto también explica por qué hay más gente que no siente aversión, y por qué una convocatoria para manifestarse en contra del matrimonio gay (aunque su postura sea «en contra») ya no les resulta tan atractiva. Incluso las razones para oponerse, en muchos casos, son otras. Ya no es «esos jotos desviados», sino «respeto a los gays pero un niño necesita una mamá y un papá».

    Los conservadores tienen, o deberían de tener, un papel que no están asumiendo, o lo están haciendo de una forma muy timorata; como si mostraran una fuerte incapacidad para poder comunicarse con el grueso de la sociedad (siendo que la sociedad mexicana no se destaca por ser una muy liberal), y como si sólo se tratara de aglutinar a los suyos, a quienes asisten frecuentemente a la Iglesia o que son parte de instituciones conservadoras.

    La comunidad gay (o el lobby gay, o como le quieras llamar) ha tenido la capacidad de persuadir a algunos de quienes no pensaban como ellos, se metieron hasta la cocina. Los círculos conservadores, a quienes en teoría no les falta dinero y recursos, no lo han hecho, y no han logrado conectar con el grueso de la sociedad. Posiblemente necesiten elevar el nivel del discurso o adaptarlo a las nuevas generaciones, posiblemente tengan que hacerlo de una forma menos sectaria (por ejemplo, sus argumentos son relacionados en la gran mayoría de los casos, con la religión), posiblemente necesiten mejorar la forma en que se comunican, o necesiten romper paradigmas y poner a prueba sus argumentos. Y contrario a lo uno podría pensar, incluso sin ser conservador, creo que los conservadores tienen algo valioso que aportar, porque dentro de una democracia, y sobre todo, dentro de una sociedad madura, su existencia es necesaria y no es prescindible.

  • Esta campaña no la tiene ni Obama. La inteligente estrategia de AMLO

    Esta campaña no la tiene ni Obama. La inteligente estrategia de AMLO

    López Obrador está haciendo una buena campaña presidencial, es decir, está cumpliendo con su cometido de mantenerse vigente. Muchos hablan de él, lo defienden, lo critican, está haciendo ruido.

    A mí en lo particular, me parece un insulto a la inteligencia de los mexicanos. Sigue empotrado en el argumento del avión, que es un robo, que va en contra de la austeridad y los valores de los héroes de la patria ¿De verdad crees que todos nuestros «héroes» eran austeros y rectos? Habría que recalcar que ese avión lo compró la administración de Felipe Calderón y el gasto se entiende porque por más grande sea nuestra antipatía con el gobierno, no podemos darnos el lujo de arriesgar su vida (amén de todos los secretarios de Gobernación que perecieron en el sexenio de Calderón). Si las cabezas del país murieran, en un país infestado por el narcotráfico y el descontrol, las cosas podrían ponerse muy complicadas. Además, es una herramienta de trabajo, no es un lujo.

    Esta campaña no la tiene ni Obama. La inteligente estrategia de AMLO

    Y me parece un insulto que diga que le va a decir a Obama, cuyo gobierno comprará un avión del mismo modelo, que «se espere al 2018» para comprar el suyo. Para mí es una burla, pero para muchos no.

    Es decir, tantos casos de corrupción e impunidad dentro del gobierno actual como para escoger ese tema, parece algo estúpido. Pero un avión es algo concreto, es una «forma de darle forma» a la corrupción y descrédito del gobierno de Peña Nieto.

    Pero a pesar de que me parezca un insulto y una burla, su campaña funciona. Porque si AMLO quiere tener posibilidades en el 2018, debe mantenerse vigente, y debe de canalizar todo el descontento.

    López Obrador actualmente no está haciendo nada, no está gobernando entidad alguna y simplemente está haciendo política con su partido cuyo fin principal es hacer que gane la presidencia en 2018. AMLO no sólo es fuerte en la capital; su candidato de Veracruz, Cuitláhuac García, está dando pelea; también ocurre lo mismo en Zacatecas con Ricardo Monreal. Considerar que López Obrador no tiene posibilidad alguna de ganar por sus negativos sería ingenuo. López Obrador se presenta como un outsider, igual que Donald Trump en Estados Unidos.

    El Peje está teniendo fuerte presencia en redes. Por ejemplo, constantemente publica videos y pensamientos en medio de su recorrido por todo el país. Habla principalmente de la corrupción, de lo corruptos y cínicos que «son ellos» contra lo rectos e impolutos que «somos nosotros» por medio de esa ya clásica visión maniquea que pudiera llegar a ser más exitosa gracias al descrédito de la clase política (no pocas personas podrían estar de acuerdo con que hay una especie de «mafia del poder» en las élites de nuestro país con lo que ha sucedido en los últimos años). Repite las mismas frases, las mismas palabras, pero el contexto no es exactamente igual al 2006, ni siquiera al 2012. A veces no hay que hacer las cosas diferentes para obtener resultados diferentes, sino hacer lo mismo en tanto el entorno es el que ha cambiado.

    Su famosa frase de «este avión no lo tiene ni Obama» se ha propagado por las redes. No sé quien esté ayudando a manejar la campaña de López Obrador (quien aprovecha las lagunas legales y la displicencia de un desacreditado INE), y no sé si esa frase fue planeada para generar cierto impacto, o se viralizó de forma sorpresiva. Me inclino un poco más por lo segundo, sobre todo al tratar de entender como es que se viralizan los contenidos en Internet. Pero es de notar también que el copy del anuncio estuvo bien planeado y estructurado para obtener un propósito.

    El mensaje es muy sencillo y claro:

    Esa frase ha funcionado muy bien, tan bien, que AMLO la sigue repitiendo en los videos en que aparece. Es su grito de batalla ante la corrupción de la clase política (de la cual en realidad es parte), mientras que él se presenta como un outsider. Más que ser una burla, es un estandarte, «ese avión no lo tiene ni Obama». Hasta los críticos de López Obrador suben memes con la frase, incluso algunos presentadores y «comentócratas» la utilizan en son de broma. Es la frase del momento: «ese avión no lo tiene ni Obama». tan así que ya lleva algunos meses entre nosotros.

    Andrés Manuel sigue vigente, más vigente que nunca. Y el primer paso es ese.

    Actualmente Andrés Manuel no puede mencionar propuesta alguna ni puede hacer muchas cosas que se podrían hacer dentro de una campaña por las restricciones del INE (se limita a aprovechar, como ya dije, las lagunas legales). Pero sí puede diferenciarse del resto presentando a su partido como algo impoluto, cuyos valores rayan en lo religioso, tan puro y tan santo. Y vaya que en un país lleno de corrupción, una alternativa así (aunque no lo sea tan así en la práctica) puede llegar a sonar atractiva para muchos.

    AMLO y su equipo saben lo que hacen. No me parece que estén improvisando, saben que tienen una coyuntura a su favor que nunca han tenido: un gobierno y una clase política tan desacreditada como nunca antes. ¿Le alcanzará a López Obrador? No lo sé, los negativos que tiene, acumulados por varios eventos a través de los años, van a jugar un papel importante. Pero casi toda la clase política actual «tiene muchos negativos también». Si no aparece un líder o una figura destacada que despierte pasiones (sólo se antoja por medio de las candidaturas independientes), podría volverse muy competitivo; sobre todo si el voto se fragmenta.

    Y como la intención del PRI es fragmentar el voto lo más posible, en una mala jugada López Obrador podría terminar como beneficiario.

    Pero también el principal enemigo de López Obrador podría ser él mismo. Como ya ha ocurrido en ocasiones pasadas.

  • El pacto entre Peña Nieto y Felipe Calderón que nadie quiere que sepas

    El pacto entre Peña Nieto y Felipe Calderón que nadie quiere que sepas

    Si entras a la cuenta de Twitter de Felipe Calderón vas a encontrar todo menos una cosa: una crítica al Gobierno Federal o a Peña Nieto. De todas las veces que he visto su cuenta no he encontrado absolutamente ninguna. Incluso es más fácil encontrar críticas a su antecesor Vicente Fox que al hombre del copete prominente.

    Calderón habla de todo en Twitter menos del gobierno de Peña: de la injusta encarcelación de Leopoldo López en Venezuela, del cambio climático, de Donald Trump, hasta manda aplausos al gobierno cuando atrapa a un capo (y luego, cuando se le escapa, Calderón permanece callado).

    El pacto entre Peña Nieto y Felipe Calderón que nadie quiere que sepas

    Mientras sus simpatizantes suben memes comparando al gran Calderón como una suerte de Roosevelt mexicano con Peña Nieto, quien para ellos es una desgracia, Calderón no dice nada, ni pío. Sus críticas al PRI como partido son tibias y parece que sólo las hace cuando está en campaña apoyando a otros candidatos de su partido.

    Rumores que cada vez se convierten más en verdad, que pasan de pláticas a lo oscurito a estar escritas en libros de Jorge Castañeda. Y es que la teoría de que Felipe Calderón y Peña Nieto pactaron la victoria de este último toma fuerza.

    ¿Cómo? Había que «desinflar» la candidatura de Josefina Vázquez Mota sabiendo que la mayoría de estos votos se irían con Peña Nieto. Algunos simpatizantes de Josefina, al ver como se desinflaba, abandonaron a su candidata para darle su voto a Peña (otros, los menos, se lo dieron a López Obrador). De esta forma se fortalecía Peña Nieto y AMLO perdía.

    Aunque independientemente de esto creo que AMLO perdió por varios errores estratégicos suyos en el último mes, y posiblemente sin pacto, AMLO no hubiera ganado. Es algo difícil de saber.

    Puedo decir que en el transcurso de la campaña del 2012 noté una fractura dentro del PAN, percibí que un sector de éste había abandonado a Josefina Vázquez Mota. Aunque a mi parecer, no todo el PAN habría formado parte de este supuesto pacto.

    Después de las elecciones, éste sector del PAN se unió al PRD para demandar la compra de votos del PRI. Esa facción fue la de Madero, la que está peleada a muerte con la facción calderonista.

    Alguien podrá decirme desde una perspectiva pragmática que «fue lo mejor». Que Peña Nieto era menos peligroso que López Obrador. No lo sé, más viendo los resultados del populismo de izquierdas de América Latina y su estrepitoso fracaso, desde el moderado Brasil hasta la Venezuela chavista que se vuelve cada vez más pobre y la gente tiene que buscar medicamentos en el mercado negro. Pero de todos modos, en caso de que ese argumento fuera cierto, considero que lo que hizo Felipe Calderón y su camarilla fue traicionar a quienes simpatizaban con el PAN y votaron por Josefina Vázquez Mota (no es que fuera tampoco demasiado imposible que ella hubiera podido ganar si hubiera hecho una campaña sobresaliente).

    Las condiciones actuales del país, sumido en la corrupción, impunidad y violaciones constantes a los derechos humanos, no son algo que podrían congratular mucho a Calderón después de su «decisión por apoyar lo menos peor».

    Pero si ese pacto se dio, no sólo fue para evitar que «el peligro para México» llegara. Dicen varias voces, entre ellas, la de Jorge Castañeda, que Calderón pactó para que éste no fuera enjuiciado en La Haya como muchos aspiraban, y también para que parte de su equipo que se vio envuelto en escándalos de corrupción i.e. Genaro García Luna o Alejandra Sota.

    Felipe Calderón y Peña Nieto

    Seguramente un pacto así era más propicio con Peña Nieto que con López Obrador quien durante 6 años lo llamó «espurio, usurpador» mientras los simpatizantes de éste le llamaban «fecal». Castañeda dijo que también, el PAN (al menos la bancada de Calderón) se mostró más condescendiente con el PRI, por ejemplo, para evitar la instauración de reformas que afectaran los intereses del PRI y el propio Presidente Peña, como la segunda vuelta presidencial (donde el PRI se vería más afectado, puesto que sus estructuras no le alcanzan para que alguno de sus candidatos pueda obtener el 50%), entre otros.

    Si esto fue así, entonces tendríamos que hacer responsable en parte a Felipe Calderón por el estado actual de las cosas en nuestro país y bajarlo de esa nube «Rooseveltiana».

    ¿Por qué?

    Porque este pacto habría sido entonces el inicio del acuerdo entre partidos políticos para solaparse. Es decir, a partir de ahí, los partidos habrían empezado a taparse entre ellos los actos de corrupción como ha venido sucediendo. Por la misma razón que la oposición (sobre todo el PAN) se mostró muy displicente con el tema de las casas blancas, de Ayotzinapa y de todos los escándalos en que se ha involucrado el gobierno. Incluso, el PAN tuvo la desfachatez de no apoyar la #Ley3de3 después de negociar con el PRI.

    Pero los cálculos en política son impredecibles. La política no es algo que se pueda medir con ciencias exactas y por lo tanto, no se puede esperar un resultado totalmente acorde a cierto acto. De esto se han empezado dar cuenta en Estados Unidos al ver como alguien a quien subestimaron, como Donald Trump, tiene ya algunas posibilidades de gobernar ese país.

    De la misma forma, todos los actos encaminados para que López Obrador no sea presidente, ya sea porque podría en jaque sus intereses, o porque hay una legítima creencia de que su políticas podrían perjudicar al país, pueden ser los que hagan que el candidato de Morena logre ganar las elecciones en 2018. Cierto, López Obrador tiene muchos negativos (mucha gente que no votaría por él), pero hasta el momento es quien ha sabido capitalizar más el desencanto con la clase política (de la cual Calderón y Peña Nieto son parte), así que una posible victoria en 2018 no debe de descartarse. No está de más decir que con este supuesto pacto, López Obrador podría reforzar su teoría sobre el PRIAN y su argumento de que son lo mismo.

    Y créanme que un AMLO en 2006 o 2012 hubiera resultado menos peligroso que uno en 2018 (a los contenidos que sube el amado lider de Morena a Facebook me remito).

    Si esto sucede, entonces tendríamos que hacer responsable a Felipe Calderón de muchas cosas más. Porque su mal «cálculo político» además de haber detenido reformas necesarias, pactar con quien a la postre se convirtiera en uno de los peores presidentes de la historia moderna de México (Peña Nieto) y provocar que la clase política se solapara sus actos de corrupción, habría abierto las puestas de Los Pinos a la peor versión de AMLO.

    Y una historia así, «no la tiene ni Obama».

  • #ImpuestoalaherenciaYa, ¿Qué tan conveniente es para combatir la desigualdad?

    #ImpuestoalaherenciaYa, ¿Qué tan conveniente es para combatir la desigualdad?

    Ayer me topé en el sitio de Animal Político con una iniciativa llamada . Lo primero que me vino a la mante fue el libro de El Capital en el Siglo XXI de Thomas Piketty; esta obra tan aplaudida y criticada a la vez pero que puso el tema de la desigualdad en la mesa, y donde propone un impuesto a la herencia para evitar que el problema siga creciendo.

    #ImpuestoalaherenciaYa, ¿Qué tan conveniente es para combatir la desigualdad?

    Yo no soy muy fan de castigar al capital con impuestos, más cuando estos desincentivan la inversión. Pero cuando leí esta iniciativa, confieso que me hizo algo de sentido, al menos en un principio.

    Tiene más sentido que cobrarle más ISR a las empresas porque esto último incide de forma negativa a su productividad afectando sus recursos; y una herencia es, una herencia. Además, por el contrario, si se gravaran las herencias habría más incentivos para poner ese dinero a trabajar y a invertir. No sólo eso, también incentivaría a los millonarios a usar parte de sus recursos en actividades filantrópicas.

    La idea de esta propuesta es gravar hasta con un 20% a aquellos que tengan un herencia mayor a quienes posean más de un millón de dólares. Este tipo de impuesto se aplica en muchos países tales como Japón (con una tasa hasta del 55%), Corea del Sur (hasta el 50%), Estados Unidos (hasta el 40%) y Chile (hasta el 25%), entre algunos otros.

    Algunos dirán que este tipo de medidas son un atentado a los ricos quienes han trabajado con base en su esfuerzo (amén que algunos de los países que ponen como ejemplo diariamente tienen este tipo de impuesto), que se trata de envidia. Pero la verdad debe decirse, y es que México no es un mercado dinámico, libre y competitivo.

    De hecho, la mayoría de los millonarios acumularon sus recursos gracias a compadrazgos y contactos con el gobierno. No, no obtuve esa información por medio de una una fuente como Proceso o La Jornada. La revista The Economist, en su medición anual, coloca a México como el sexto lugar mundial de millonarios hechos gracias al capitalismo de amigos «crony capitalism«. Y básicamente el 80% de los billonarios de México, según esa fuente, han amasado sus fortunas de esa forma:

    Capitalismo de amigos

    Generalmente, este tipo de acaudalados son más proclives a procrear hijos quienes tienen un modo de vida irresponsable y prepotente. Quienes tienen privilegios y echan mano de ellos para obtener riquezas suelen ser más arrogantes que los empresarios que amasaron su fortuna empezando desde abajo. Son esos mismos que se brincan las leyes, y tienen influencias para no ser castigados cuando cometen un delito.

    Y gran parte de nuestras élites son así. Porque en México todavía no tenemos un mercado libre y competitivo donde las fortunas se hagan con base en la innovación, el talento y el esfuerzo.

    Algo que yo sugeriría encarecidamente, es que los impuestos que se recaudaran se invirtieran en educación, ciencia y tecnología (i+D), de tal forma que de esta forma se crearan las condiciones para que en nuestro país puedan surgir nuevos empresarios e individuos talentosos que puedan desarrollar un mercado más dinámico.

    Pero a partir de aquí viene el problema (o el lado oscuro de esta propuesta). Para que esto suceda necesitaríamos un Estado de derecho sólido y mecanismos de transparencia aceptables para asegurarnos que estos impuestos están siendo utilizados de la mejor forma.

    Pero eso no existe todavía en nuestro país. Entonces una propuesta así podría alimentar aún más el círculo vicioso en vez de acabar con él. Es decir, podría crear una economía aún más inequitativa.

    ¿Cómo? Imaginemos que se grave la herencia de los más acaudalados. Y digamos que esos recursos se utilizan para, campañas políticas y programas asistencialistas que más que ayudar a la gente, la atrofian. Digamos que parte de ese dinero se asigna a los estados y algunos gobernadores lo utilizan para hacerse más ricos. Porque vaya, a pesar de todas las iniciativas de la sociedad civil o de las cámaras empresariales, tenemos gobernadores que tienen una riqueza inexplicable como Humberto Moreira, Javier Duarte, Cesar Duarte, y demás, quienes no han sido castigados, y muy posiblemente no lo serán.

    Es decir, hablamos de recaudar dinero de herencias, algunas de ellas producto de un sistema viciado, para entregárselo al mismo sistema viciado directamente. El remedio puede salir peor que la medicina.

    Entonces creo que para implementar una iniciativa así, necesitaríamos mecanismos de rendición de cuentas más sólidos. Tendríamos que asegurarnos que esos impuestos van a parar donde deben de parar. Porque en México el problema no sólo trata de recaudar poco, sino de la forma en que se usa ese dinero. Cuando uno sale a la calle y ve que sus impuestos no están trabajando como deberían, los incentivos para pagar los propios se reducen.

    Se trata, creo yo, de fortalecer nuestras instituciones. Así más gente pagaría sus impuestos (al ver que estos están trabajando), y una iniciativa como #ImpuestoalaherenciaYA sería más viable. No sólo eso, con instituciones más sólidas, tendríamos menos ricos hechos gracias a los compadrazgos con el gobierno y más emprendedores.

    No subestimo esta iniciativa, creo que tiene varios puntos loables. Pero creo que el combate a la desigualdad no reside en cobrar o dejar de cobrar un impuesto, sino en combatir un problema estructural y multidimensional como el que tenemos en México. Si no modificamos las estructuras, la desigualdad tan pronunciada siempre prevalecerá.

    #ImpuestoalaherenciaYa

  • Terremoto en Guadalajara, por qué es posible, y qué debemos de hacer

    Terremoto en Guadalajara, por qué es posible, y qué debemos de hacer

    El día de ayer, un temblor estremeció a la ciudad de Guadalajara. Su escala (4.8 grados Richter) puede ser un tanto engañosa en tanto el epicentro se encontró cerca de la superficie y fue trepidatorio (de arriba hacia abajo), lo cual hizo que se sintiera más fuerte que temblores de hace años que rebasaron los 6 grados y ocasionara más daños.

    Terremoto en Guadalajara, por qué es posible, y qué debemos de hacer

    Lo que me preocupa es lo poco que estamos preparados en varias zonas de nuestro país para recibir este tipo de eventos. La actitud displicente de los ciudadanos y de las autoridades es producto de mitos y suposiciones. Por ejemplo, nadie recuerda haber vivido un gran terremoto de gran intensidad esta ciudad, entonces se supone que en Guadalajara nunca ocurrirá terremoto alguno.

    Pero la historia y la ciencia nos dicen lo contrario. Los terremotos son eventos cíclicos. Es decir, ocurren cada determinado tiempo, porque las fallas van acumulando energía que en algún momento tiene que liberarse en forma de en ondas sísmicas. Si bien, no se puede predecir bien a bien el momento exacto cuando un terremoto ocurrirá, sí podemos determinar de forma aproximada las posibilidades de que haya un terremoto en una determinada zona dentro de un determinado periodo de tiempo. Basta ver los registros, Guadalajara es una ciudad que se encuentra en una zona sísmica donde sí han ocurrido terremotos.

    La Catedral es fiel testigo de ello. Las torres de la Catedral no son las originales porque éstas cayeron debido a un terremoto. De hecho no cayeron una vez, sino dos veces. Es decir, las primeras torres cayeron en 1807, luego fueron remplazadas por otras que cayeron en otro terremoto ocurrido en 1818, para después ser reemplazadas por las actuales. También a principios del siglo pasado, en 1912, ocurrieron varios temblores fuertes (llamado enjambre) que hizo que la gente saliera a dormir a las calles y que causó daños en algunas edificaciones, como se muestra en la siguiente fotografía:

    Temblores-1912-aa

    Después no tenemos registro de temblores muy fuertes. Tal vez los que más recordemos sean el temblor del 85 (más por el terremoto que ocurrió en la capital que otra cosa), o el del 2003, el cual ocasionó graves daños en Colima, y que en Guadalajara casi provoca el colapso del estacionamiento de Plaza del Sol.

    Por otro lado, algunos arguyen que en Guadalajara no puede haber terremotos porque nuestro subsuelo compuesto de piedra pomez o jal (de ahí el nombre de Jalisco), amortigua las ondas sísmicas.

    Eso sólo es cierto cuando el epicentro tiene su origen en las costas de Guerrero. Cuando eso ocurre, mientras la Ciudad de México sufre porque el subsuelo acuosas magnifica las ondas (que después rebotan en el cerro del Chiquihuite), en Guadalajara las ondas son amortiguadas (un ejemplo claro es el terremoto de 1985 que golpeó a la capital y a Ciudad Guzmán, pero que no provocó daños en Guadalajara).

    Pero cuando el epicentro se origina en una falla cercana, entonces el subsuelo no cumple con esa función.

    No es completamente improbable que en Guadalajara ocurra un terremoto de magnitud similar al de Ecuador o Nepal.

    Y los terremotos que ocurrieron en nuestra ciudad hace dos siglos fueron producto de las fallas cercanas, las mismas que ocasionaron el temblor del día de ayer, no de las originadas en las costas de Guerrero.

    Entonces, estábamos hablando de que las fallas acumulan energía, y que no hemos tenido un terremoto desde hace dos siglos. Eso significa que estas fallas (como las que se encuentran cerca del Río de Santiago) tienen ya mucha energía acumulada que en algún momento se debe de liberar. Y eso podría ser dentro de poco tiempo. Tal vez ocurra por un decir, en 50, 80 años, o tal vez ocurra el día de hoy.

    Si crees que un terremoto como el de Ecuador no puede ocurrir en nuestra ciudad, estás en el error.

    Eso quiere decir que ya deberíamos estar tomando medidas más serias con respecto al tema. En una ciudad que crece verticalmente, cuyas avenidas cada vez están más colapsadas por el tráfico en medio de obras viales, varias de las cuales tienen mucho tiempo, deberíamos contemplar que un terremoto sí puede tener lugar en nuestra ciudad.

    Guadalajara terremoto

    Ciertamente hay ciertos requisitos y normas para construir edificios. Seguramente los edificios más altos (como los que se encuentran en Puerta de Hierro) y aquellos que requirieron una inversión económica fuerte, están preparados para un evento de este tipo, porque básicamente sería el fin para una inmobiliaria cuyo edificio colapsó por no cumplir los requisitos técnicos o por no usar los materiales adecuados. Pero también existen edificios no tan grandes, que no pertenecen a firmas inmobiliarias grandes, y quienes no escatiman en usar materiales de más baja calidad para ahorrar dinero.

    De igual forma, muchas de las edificaciones de nuestra ciudad tienen varios años, y fueron construidas sin las normas actuales. Muchos edificios que se encuentran en el centro de la ciudad, por ejemplo.

    De hecho, basta recordar que en la Ciudad de México en el fatídico terremoto de 1985, colapsaron muchos edificios porque éstos no se construían con normas tan estrictas, y muchos de ellos fueron construidos con materiales baratos para ahorrar dinero (o robárselo). De hecho, no es casualidad que las edificaciones que sufrieron daños en el temblor de ayer (como cuarteaduras y demás), fueron en su mayoría edificios del gobierno y edificaciones que ya tienen cierto tiempo de antigüedad. En la capital ha habido avances considerables en la cultura de la prevención (tal vez no suficientes) y en caso de que ocurriera otro terremoto de la misma magnitud, el número de muertos seguramente sería bastante menor al que tuvieron aquella vez.

    El grado de destrucción no sólo depende de la intensidad del terremoto, sino de la cultura de prevención.

    Pero en Guadalajara no estamos tan preocupados a pesar de que la ciencia y la historia nos dicen que sí hay que estarlo. No sólo se trata de las edificaciones, se trata de la cultura de prevención que en nuestra ciudad nos tomamos a la ligera.

    Más que los grados en la escala de Richter, muchas veces es la cultura la que determina el grado de destrucción. Por ejemplo, el terremoto en Katmandú, Nepal (7.8 grados) fue bastante más destructivo que el terremoto en Tokio, Japón en el 2011 (9.0 grados) sin incluir el posterior tsunami que azotó varias ciudades costeras. Naturalmente Nepal es un país relativamente subdesarrollado, y Japón es uno de los países más desarrollados y con una de las culturas organizacionales y de prevención más grande del mundo.

    Un terremoto de 7.8 grados por ejemplo, podría ser posible en una ciudad como Guadalajara. La cuestión es que tanto impacto tendría. ¿Nuestras avenidas, casas, y edificios podrían soportar un sismo de esta magnitud? ¿La gente está preparada para recibir un sismo de ese tamaño? Es decir ¿Conocemos el protocolo que debemos seguir? Si un terremoto así azota la ciudad ¿seremos capaces de caminar hacia las zonas de evacuación en vez de correr y pisotear a toda la gente? ¿Todos los edificios cuentan con rutas de emergencia? ¿Las casas están bien construidas?

    Posiblemente las respuestas a esas preguntas no sean del todo optimistas. Y sí, una Guadalajara con cientos o miles de muertos y algunos edificios colapsados no es algo que no pueda ocurrir. Pero a pesar de que la naturaleza es impredecible, nosotros sí podemos hacer algo para que el impacto del movimiento telúrico en nuestra sociedad sea el menor posible.