Vuelve a estar en el centro de atención, no sólo por su discurso que despertó los impulsos más instintivos de un sector de la ciudadanía estadounidense, sino porque Donald Trump ya es el candidato oficial.
Y quienes deberían estar más preocupados somos nosotros los mexicanos. En todos los países hablan de Trump, algunos especulan que podría cambiar el orden mundial, que podría condenar a Estados Unidos a su perdición y que hasta podría aliarse con su peor enemigo, los rusos, quienes vía Wikileaks (esa plataforma que pensaste era bien democrática) filtraron correos de la campaña demócrata que benefició, sí, a Trump, quienes los exhortó a publicar más correos de la que llama «Crooked Hillary». Sí, en el país de la Guerra Fría, del macartismo y el MK-Ultra.
vice.com
Pero el país que debe de estar preocupado, más que todos los demás, es México, porque Donald Trump básicamente nos declaró la guerra.
Una guerra no en el sentido militar, pero sí en el sentido político y comercial. Nosotros somos los culpables de todos los males de Estados Unidos, clama el magnate; entonces nosotros debemos de pagar, debemos de pagar nuestro muro.
Y cuando esto pasa, nuestro gobierno no puede quedarse con los brazos cruzados.
https://www.youtube.com/watch?v=ORw0WClA_D0
El gobierno no puede hablar de respeto y negociaciones ante una figura que insulta a nuestro país, le declara la guerra, y no está dispuesto a negociar. La diplomacia tiene límites, Donald Trump los ha sobrepasado, y en México parecen no haberse dado cuenta. Agachan la cabeza y se esconden, mientras el temor dentro de los ciudadanos mexicanos se acrecenta.
Nuestro país necesita que su gobierno lo defienda, aunque en la práctica no pueda hacer mucho (por la inmensa disparidad entre los dos países). Necesita sentirse apoyado moralmente y no traicionado por quienes los gobiernan.
Pocos han levantado la mano. Quien posiblemente sea candidato independiente, Jorge Castañeda, ha llevado a cabo una cruzada en contra de Trump, Vicente Fox (aunque no sé que tan buena sea su ayuda), Felipe Calderón se ha manifestado, alguno que otro partido político lo ha mencionado para ganar votos, y en alguna ocasión el Senado se manifestó de forma un tanto displicente (pegando calcas en su sede). Pero la reacción del gobierno es timorata, no hay ni siquiera orgullo patriótico.
Senado de la República
Y aunque la defensa no alcance ni de lejos para «poner en su lugar a los gringos», la defensa moral es muy importante para una nación que aspira a tener más cohesión y espíritu. Posiblemente se diga que «no se gane tanto» si los gobernantes critican de frente a Trump, pero sí se pierde mucho si no se hace. Si en la historia queda escrito que un gobierno agachó la cabeza ante los desplantes de un fascista que llegó a provocar hasta una crisis económica en nuestro país (lo cual es plausible), nuestro inconsciente colectivo, dentro del cual, todavía se recuerdan muy bien los agravios de hace más de un siglo, recibirá una herida más. una razón más para no sentirse orgulloso de México. México perderá respeto (tanto dentro como fuera), y por lo tanto, poder blando (soft power) si la postura de nuestro gobierno es displicente.
Es triste ver como Obama, Bill y Hillary Clinton nos defienden más que nosotros mismos. Los demócratas hablan más sobre los mexicanos en Estados Unidos que lo que lo hacemos nosotros. Nuestra postura es agachona, propia de un país con una autoestima baja que saca cada rato a flote sus miedos históricos. Mientras Michelle Obama da un discurso emblemático, en México todos callan:
https://www.youtube.com/watch?v=XN389JE2lVA
Los opinólogos y las plumas sí hablan más e insisten, pero también quienes escribimos no tenemos nada que perder. La sociedad permanece inerme, hasta ahora no se ha llevado a cabo manifestación multitudinaria alguna para repudiar a Trump. Como es costumbre, los ciudadanos nos quejamos en la sobremesa y subimos muchos memes a las redes sociales, pero pareciera respirarse un ambiente de resignación cuyo único antídoto y posibilidad es que Hillary gane las elecciones.
Sigo pensando que Hillary ganará, que al final el fanatismo, el odio y la ignorancia no vencerán, y porque además, el escenario apocalíptico que está construyendo Donald Trump es muy artificial. Estados Unidos no está tan mal como Trump lo describe, de hecho la está pasando menos mal que otras potencias económicas y la tasa de empleo en Estados Unidos se ha reducido.
Pero que Trump sea Presidente de los Estados Unidos es una posibilidad, lo suficientemente seria como para que nosotros los mexicanos ya tomemos cartas en el asunto y defendamos a nuestro país frente a los ataques de un fascista irracional como lo es Donald Trump.
Este texto podría desilusionar a algunas personas. Pensé alguna vez si era injusto que las tratara de bajar de su nube desde donde sueñan cuando yo mismo siempre he insistido en no repetir los patrones que todo el mundo repite y en tratar de ser algo diferente a lo común. Pero en realidad mi propósito no es matar los sueños de nadie, sino simplemente contarles con base en mi punto de vista y experiencia cómo son las cosas, o cómo me he dado cuenta que son en realidad, y que para perseguir esos sueños se necesita algo más que soñar.
makia.la
Vivimos en una era paradójica, al mismo tiempo que es homogeneizadora te invitan a «pensar fuera de la caja». ¡Sé diferente para que seas igual! La generación de los millennials somos el futuro, somos los que la vamos a romper, somos los que traemos ideas diferentes. Aunque bueno, eso siempre sucede, las nuevas generaciones siempre traen «ideas nuevas y diferentes», ocurrió con los Baby Boomers y con la Generación X. Es un proceso completamente normal cuando hablamos de las nuevas generaciones y así ha sido al menos desde los tiempos de la Ilustración.
Dentro de este contexto, sabemos los millennials son aquellos que dicen que van a salir, van a romper esquemas y van a inventar algo nuevo. Los millennials no son empleados, son emprendedores, traen otro chip. Mark Zuckerberg es un millennial que dejó la universidad para crear Facebook (ni Steve Jobs ni Bill Gates lo eran), hay jóvenes que se han hecho ricos con sus inventos, hay quienes han revolucionado el mundo. Entonces ¡yo soy millennial y lo puedo hacer! Muchos de ellos salen de la universidad con su idea rompedora, se imaginan volviéndose millonarios mientras trabajan desde su casa en pijama inventando ese nuevo invento que va a marcar un parteaguas en la industria.
Cierto, los millennials apuestan cada vez menos a ser «simples empleados», quieren mayor libertad, no quieren jerarquías sino estructuras horizontales. Tiene sentido, una organización burocrática weberiana con horarios estrictos ya no es muy funcional en la era de la información que requiere cada vez más del «músculo intelectual», que a la vez requiere mayor flexibilidad para poder desempeñarse de mejor forma. Las necesidades de la sociedad van por ese sentido, las clases medias realizan trabajos cada vez más especializados en vez de trabajos monótonos y repetitivos que están siendo reemplazando por robots o mecanismos más automatizados.
Otra cosa es pensar que ser millennial te hace ser algo especial. No, no lo eres, y si lo eres no es porque seas un millennial. Y no, tampoco vas a cambiar el mundo con tan solo soñar. Cuando se trata de hablar de aquellos que siguieron sus sueños, la mass media se enfoca más en su carácter irruptivo, en lo que los hizo diferentes a los demás, más que en todo el esfuerzo que debieron emplear y en aquello que los hace iguales a los demás. Hablan del esfuerzo sólo cuando está relacionado con su «irrupción» y no tanto de la disciplina o la rutina diaria de estos personajes que son modelos para muchos.
Por eso entiendo que te imagines cambiando el mundo en pijamas. Como si se tratara tan solo de «inventar algo nuevo» y pelearte con todos los que no creen en tu idea y no entienden que eres especial para ¡vualá!
Pero así no funciona el mundo.
El genio es 1% inspiración y 99% transpiración – Thomas Alva Edison
Primero hay que entender el contexto. Ni México ni todos los países latinoamericanos tienen un mercado dinámico como el estadounidense. Eso hace más difícil de inicio el surgimiento de «entrepreneurs genio». A pesar de algunos esfuerzos por crear una comunidad de innovadores de tecnología de punta (como sucede en Guadalajara), estamos todavía en pañales.
La realidad es que para crear un proyecto irruptivo, se necesitan adquirir muchas habilidades. Cuando sales de la universidad la realidad es que no sabes nada, lo que aprendiste allá dentro posiblemente sea valioso porque son las bases de tu profesión, pero al mismo tiempo es minúsculo en comparación con todo lo que vas a aprender en el mercado laboral. Entonces, si quieres romperla, primero tienes que aprender «cómo romperla».
Existirán algunos «genios» como Bill Gates que casi no trabajaron en algún otro lado antes de comenzar con su proyecto (otros como Steve Jobs sí lo hicieron). Pero vaya, el genio que se salió de la universidad para emprender su negocio es un caso demasiado excepcional. Es la excepción, no la regla. Por ejemplo, el guitarrista de Nirvana, Kurt Cobain, no era ni de lejos el mejor guitarrista de la historia y se convirtió en una leyenda. Muchísimas personas tocan mucho mejor que él en su recámara y no trascienden, menos lo van a hacer si no se preocupan mucho por su técnica como ocurrió con Kurt. Y la realidad es que si quieres tener una banda que trascienda, lo más probable es que te debas preocupar por refinar tu técnica en vez de esperar a tener demasiada suerte como Cobain.
Dentro de esa misma tesitura, entonces tienes que entender que vas a tener que aprender a trabajar. Si quieres crear un negocio o proyecto propio, necesitas adquirir habilidades que sólo vas a poder adquirir dentro de un trabajo.
The Huffington Post
Y cuando de esto se trata, muchos caen en el error de buscar un trabajo bien pagado en vez de uno donde puedan aprender. Muy posiblemente al salir de tu carrera sigas viviendo con tus padres y ellos sigan financiando varios de los recursos que necesitas: comida, ropa y tal vez hasta gasolina. Entonces ganar mucho no es prioritario, aprender a trabajar sí.
Porque la realidad es que necesitas adquirir disciplina de trabajo (lo cual una empresa te puede dar) porque ser autodisciplinado es todavía mucho más costoso, crear un horario o agenda sin que alguien te lo imponga, es sumamente difícil. Necesitarás aprender a lidiar con tu jefe y tus compañeros (lidiar con socios y colegas es todavía más difícil). Necesitarás además aprender sobre la industria donde «la quieres romper», trabajar en ese ramo naturalmente te dará mayor experiencia.
Ya cuando hayas adquirido las habilidades necesarias dentro de tu trabajo, puedes pensar en crear tu proyecto. Posiblemente dejes tu empleo o te decidas por alternar horas (lo cual suena más sensato a menos de que hayas ahorrado lo suficiente para emanciparte por completo del mundo godínez).
Ya estás fuera, ya tienes en tu mente tu proyecto innovador. ¿Ahora qué?
El inicio va a ser muy diferente al que pensabas. Porque no sólo se trata de soñar, sino de ejecutar ese sueño, que es lo que hace que muchos ilusos se rindan y regresen al mundo godínez.
Necesitarás conocer gente que haya recorrido de alguna forma el camino que tú quieres recorrer, necesitarás un mentor. Muchos de los «genios» que admiras tuvieron alguno.
Muy posiblemente no tendrás vida social. Vas a estar tan ocupado en tu proyecto, que eso de las fiestas, saliditas o ligues, va a ser algo muy esporádico. A veces ni siquiera tendrás tiempo de publicar en Facebook que estás en una relación con tu mano izquierda.
Vas a tener que trabajar duro, mucho más duro que en tu pasado empleo godínez. Vas a tener que aprender a relacionarte, necesitarás conocer a gente de tu ramo, hacer networking, establecer relaciones estratégicas. Vas a tener que topar con pared una y otra vez. La mayoría de las puertas que toques se te cerrarán y te las restregarán en tu cara. Muchos no creerán en tu proyecto (posiblemente ni tu familia), perderás algunos amigos, unos por falta de tiempo, otros por conflictos, algunos relacionados con tu proyecto. Habrán momentos de infinita frustración, sentirás que el mundo se te viene encima. Y sólo es el principio.
Ah, y tendrás que hacer mucha talacha, al menos hasta que tengas la experiencia y capacidad económica de delegar esas responsabilidades. Es decir, tu mayor tiempo no lo gastarás soñando, sino llevando a cabo tareas repetitivas. Pregúntaselo a Steve Jobs. Él, junto con Wozniak, hacían mucha talacha al armar las computadoras una y otra vez, empaquetarlas, llevarlas en automóvil, pegar etiquetas, abrir, cerrar. Te tendrás que levantar muy temprano y dormirte a deshoras para terminar de hacer estos trabajos.
Despertar, abrir, cerrar, llevar la contabilidad, levantar el auricular del teléfono, colgar, comer, pagar, comprar, cargar, levantar, escribir, dormir. Despertar, abrir, cerrar, llevar la contabilidad, levantar el auricular del teléfono, colgar, comer, pagar, comprar, cargar, levantar, escribir, dormir. Despertar, abrir, cerrar, llevar la contabilidad, levantar el auricular del teléfono, colgar, comer, pagar, comprar, cargar, levantar, escribir, dormir.
Y sólo soñar de forma muy esporádica…
Entonces te darás cuenta que ésto no se trataba de soñar tu proyecto en pijamas sentado frente a tu Mac mientras ves memes y videos de Youtube.
Se trataba de «pegarle duro», de esforzarte hasta el cansancio, al punto en que estarás a punto de abandonarlo y dejarlo todo una y otra vez.
Y aún así no será garantía alguna, aparte de esfuerzo y decisiones bien tomadas, necesitarás un poco de suerte. Porque como expuso Malcolm Gladwell en su libro Outliers, los triunfadores requirieron también algo de suerte, que ciertos eventos ocurrieran y que el entorno fuera favorable. Por ejemplo, en su libro menciona que no es casualidad que estos genios del oeste de Estados Unidos hayan nacido casi en el mismo año, por ejemplo, Bill Gates o Steve Jobs (ambos de 1955), para que después no surgiera alguno durante un periodo prolongado de tiempo hasta la nueva generación como la de Mark Zuckerberg, Google y Youtube.
No es que no haya surgido gente con el talento de Jobs en ese periodo prolongado de «ausencia de genios». Ello se debió al comportamiento de la industria de la computación. Jobs, Gates, Bezos y Zuckerberg nacieron en la fecha indicada para que su edad de mayor capacidad creativa, coincidiera con ciertos cambios en el ramo en que se desempeñaban.
Entonces te tendrás que quitar esa aura de que eres especial, y que como eres especial, entonces vas a triunfar. Olvídate de ser arrogante, de que puedes tratar mal a tus cercanos, a tus socios, o a tus nuevos empleados porque traes una idea bien chingona que muy posiblemente ni hayas estructurado bien.
The simpsons / FOX
No, no estoy sugiriendo que mates tus sueños. Te estoy contando cómo es todo esto en realidad.
De hecho, se entiende por completo que sueñes, porque necesitarás hacerlo y mucho para poder soportar psicológicamente todo el desgaste, toda la chinga, todas las críticas, todas las puertas restregadas en tu cara, todos los fines de semana sin salir, toda la talacha. Sólo soñando y teniendo tu meta muy clara podrás permitirte hacer todo eso.
Y aún haciendo todo esto, no tendrás nada seguro. No hay fórmulas mágicas, tú tendrás que encontrar la fórmula por ti mismo.
Así que quítate la pijama, métete a bañar y vístete decentemente porque vas a tener que trabajar todo el día.
Hace algunos pocos siglos. Estados Unidos era un país muy corrupto, donde la llegada de la democracia antes de la creación de instituciones fuertes hizo que se conviertiera en el país pionero del clientelismo (no fue el PRI, ni el peronismo, ni algún país latinoamericano, el creador del clientelismo, ni su máxima expresión: fue Estados Unidos). En esos tiempos, los políticos y el gobierno beneficiaban a quienes los apoyaban, por medio de puestos de trabajo, o hasta ¡pavos para navidad! A diferencia de otros países como Grecia o Italia, donde el clientelismo surgió por las mismas razones (la democratización antes de la creación de instituciones sólidas), Estados Unidos superó esa condición entre finales del siglo XIX e inicios del siglo XX.
La superó por dos razones: primero, por el surgimiento de una clase media que quería un espacio dentro del poder y que no quería trabajar por medio de las viejas formas; segundo, gracias al nacionalismo y al amor a un país cuyos ideales están impresos tanto en la declaración de la independencia, como en la constitución. Eso hizo que estos nuevos grupos supeditaran sus intereses al de la nación. Y en parte, por eso, se entiende el patriotismo que existe dentro de Estados Unidos. Pero dentro de ese modelo de sociedad también se encuentra su talón de aquiles, el cual puede ser explotado por un oportunista, y ese oportunista es Donald Trump.
https://www.youtube.com/watch?v=34Svt3kfq1c
Donald Trump tiene mucho que ver con el espíritu nacionalista de Estados Unidos, pero tiene que ver más bien muy poco con sus raíces o ideales de libertad y democracia. Trump ha llegado para demostrar que el autoritarismo sí tiene cabida dentro de los Estados Unidos. Algunos pensaban que era imposible que en un país donde muchos (sobre todo en su partido) claman por un gobierno lo suficientemente pequeño como para que no se meta en la vida de las personas pudiera surgir un demagogo populista. Trump dio con la fórmula, ahí lo tienen.
Su discurso en la convención del GOP (que acabo de postear aquí) no deja lugar a dudas. Trump está más cerca de Mussolini o del gran hermano de 1984 que de cualquier político estadounidense. Los rasgos fascistoides quedan expuestos en su discurso. Basta ver su grandilocuente entrada al escenario donde es notorio que lo que importa es él mismo y no él como representante de otros, una idea o pensamiento. Basta ver todas sus expresiones y las formas que juega con el entorno. Hace pausas para ser aplaudido, juega con las emociones del público, usa constantemente gestos de desaprobación para reforzar su crítica sobre cierto tema. Sus argumentos son simples y fácilmente rebatibles. Pero Trump no entiende de razones, sino de emociones. Trump quiere asustar a los norteamericanos para luego afirmar que el hará a Estados Unidos grande otra vez.
Estados Unidos está mejor que hace 8 años, tiene una tasa de desempleo menor, y a diferencia de varios países, ha logrado ya sortear la crisis ocurrida a finales de la década pasada. No todos los indicadores son esperanzadores, pero Estados Unidos no está tan mal como Trump lo quiere pintar. Trump solo menciona aquellos datos que le conviene mencionar, los tergiversa y los saca de contexto. Incluso se da el lujo de esconder aquellos datos negativos que son irrelevantes para su candidatura. Trump no quiere «hacer otra vez grande a Estados Unidos», Donald Trump quiere llegar al poder.
Trump no tiene mucho que ofrecer en realidad, e incluso parece no tener autocontrol sobre sí mismo. A diferencia de muchos demagogos y dictadores donde cada grito y cada acto está muy bien calculado, con Trump podemos percibir a un individuo muy impulsivo que no sabe controlar del todo sus emociones.
Por ésto y por el hecho de que Trump pretende hacer ver a Estados Unidos mucho peor de lo que es, creo que Trump no llegará a la presidencia. A diferencia de muchos demagogos, Trump no parece haber creado una doctrina alrededor de su discurso. Trump, como buen empresario que es, tan sólo ha amalgamado varias ideas y conceptos (basados en la ignorancia en gran parte) con base en lo que parte del electorado reclama: Que muchos (a pesar de la baja tasa de desempleo) se han quedado sin trabajo porque las fábricas se fueron a países como México, que los inmigrantes les están quitando oportunidades, el peligro del terrorismo, ISIS, y demás. También apela a los prejuicios que deberían haber quedado en el pasado, como relegar a la mujer, discriminar a quienes tienen diferente preferencia sexual, o a aquellos tan sólo por tener un origen diferente.
Pero eso junto todo no genera nada, no genera un producto creíble. Tan sólo es un demagogo diciendo lo que algunos quieren oír. Porque hasta para eso, se necesita tener habilidad. Hasta para ser demagogo hay que ofrecer algo tangible y no un cúmulo de ideas aleatorias.
Por ejemplo, Donald Trump promete una y otra vez restaurar la ley el orden. Pero sus propuestas parecen ir en sentido contrario, de crear división y caos dentro de ese país. Promete volver a hacer a Estados Unidos un país grande, pero sus resultados podrían generar un resultado inverso.
Quienes creemos en la democracia liberal, vemos en Donald Trump un gran riesgo. Un demagogo en la potencia dominante no es cualquier cosa, puede tener el suficiente peso para romper el equilibrio que permite a los países de Occidente vivir en sociedades democráticas (unas más, otras menos). Un demagogo que quiere romper lazos con diversos países, ignorar tratados o desdeñar organizaciones dentro de las cuales Estados Unidos tiene una posición estratégica es un gran riesgo. Las libertades que tenemos hoy en Occidente las damos por sentado porque los jóvenes y no tan jóvenes hemos vivido con ellas, pero éstas penden de diversos factores, el equilibro que sostiene al régimen occidental puede ser roto con tan sólo mover algunas piezas del tablero. Al menos una de ellas se moverá si Trump se convierte en Presidente.
Ahí está, Donald Trump poniendo en jaque a los valores de Estados Unidos, aunque trate de presentarse como el máximo representante de ellos. Ahí está, la muestra de que en pleno siglo XXI, aún los más países desarrollados no están completamente blindados de la demagogia, el autoritarismo, y el fascismo.
Si algo siempre reclamamos a los políticos es que acepten sus errores. De acuerdo a nuestro juicio, que un político pida disculpas, es un caso extraordinario; pedir perdón lo es aún más. Lo que hizo Peña Nieto no sucedía desde José López Portillo. Quienes apenas rebasamos los 30 años nunca fuimos testigos de algo así. Peña Nieto pidió perdón por la Casa Blanca. Sí, el mismo día que Virgilio Andrade presentó su renuncia.
https://www.youtube.com/watch?v=KjVfV96BLSk
Pedir perdón es muy válido, sin embargo no es suficiente cuando no viene acompañado de acciones para resarcir el daño causado. Por el contrario, Peña Nieto pidió perdón y al mismo tiempo reiteró que actuó conforme a la ley.
Hay una gran diferencia entre pedir disculpas y pedir perdón. Pedimos disculpas cuando alguna acción nuestra perjudica a un tercero de forma accidental. Por ejemplo, si voy caminando con prisa, y sin querer tumbo a una persona de la tercera edad, ahí caben las disculpas, puesto que no tuve ninguna intención. Pedimos perdón cuando cometemos un acto el cual de antemano sabemos que perjudicará a un tercero. Si engaño a mi mujer con otra persona, soy consciente de las repercusiones de mis actos, y soy consciente de que mi acto perjudicará a una tercera persona.
Es una contradicción que Peña Nieto pida perdón y al mismo tiempo afirme que actuó conforme a la ley. Si actuó conforme a la ley y el problema fueron «las formas» (que es lo que ellos piensan), entonces cabe una disculpa. Si Peña Nieto pide perdón, es porque sabe de antemano que llevó a cabo una acción que perjudicaría a terceros.
Y si un acto perjudica a terceros previo conocimiento de quien lo ejecuta, y como hay leyes que penan ese tipo de actos, Peña Nieto entonces debería someterse a esas leyes. ¿Lo hizo? No.
Fan Page de Facebook de la Presidencia.
Peña Nieto también se comprometió a acabar con la corrupción en medio de la promulgación de las leyes secundarias del Sistema Nacional Anticorrupción. Pero hace unas semanas, su partido cambió la propuesta original de la #Ley3de3 con el fin de que los políticos no hicieran público sus bienes ni patrimonios. En un escenario así, es difícil creer en las disculpas del Presidente.
Peor aún, Peña colocó a un cercano suyo como Presidente del CEN del PRI, a Ochoa Reza, quien mintió y negó su afiliación al partido.
En mi particular opinión, creo que este «perdón» no viene tanto del corazón de Peña Nieto, sino del war room del PRI. Saben que las posibilidades de ganar en el 2018 son cada vez más remotas, y por lo tanto, consideran necesario cambiar el discurso.
También con esto buscan aumentar su margen de maniobra. Un gobierno sin legitimidad (lo cual aceptó el propio Peña), es un gobierno que no tiene capacidad de reacción. Paradójico es, que a pesar de tener mayoría en el congreso, el gobierno de Peña no tiene margen de acción. Ello es causa de que por ejemplo, el gobierno no pueda resolver el conflicto con la CNTE y tenga que negociar con ellos la Reforma Educativa. Ello también es causa de que la mayoría de la población le de la espalda ante cualquier decisión difícil que deba de tomar.
Posiblemente tengan que ceder, dado que el juego de la «simulación» ya no funciona. Posiblemente será tiempo de cerrarle a la llave del erario de donde se enriquecen muchos. Posiblemente será tiempo de encarcelar a algún gobernador corrupto (como Javier Duarte) para esperar una aprobación más benévola, y menos críticas desde el extranjero. Posiblemente veamos algunos cambios para bien dentro de la estructura que sostiene a nuestro país y sus instituciones, aunque éstos se den por mera conveniencia.
De hecho, me atrevo a pronosticar que los dos años que vienen serán los «menos malos» de Peña Nieto. Su presidencia tendrá que dar un viraje si quieren que su partido pueda aspirar a algo en el 2018. Un tanto será simulación, en el otro tanto, cederán un poco.
Pero desde mi punto de vista, es demasiado tarde. Aunque se hagan las cosas mejor, los 4 años ya cursados pesan demasiado. El gobierno actual mintió una y otra vez a sus gobernados. La mayoría de los ciudadanos se sienten agraviados, y cuando eso sucede, las disculpas no bastan.
Hace unos días, la NASA dio la noticia de que la sonda Juno había entrado a la órbita de Júpiter, lo que quiere decir que será cuestión de meses (o menos) para que conozcamos nuevas revelaciones sobre este planeta que alguna vez aspiró a ser un sol pero que se quedó corto. La forma en que fue lanzada esta sonda me impresionó, primero se lanzó al espacio para dar una vuelta completa al sol, y después de hacerlo, se volvió a acercar a la tierra para que la fuerza gravitatoria de «nuestra casa que es tu casa» la impulsara hacia Júpiter y entrara a su órbita.
Tenemos que hablar de todos los avances tecnológicos y científicos de nuestra especie para que esto suceda. No es cualquier cosa, ¿cómo lanzar una sonda a un lugar donde nunca hemos estado con una precisión tal que cumpla su cometido? El ser humano tiene que confiar en las ciencias exactas, en mediciones precisas por medio de complejas ecuaciones y sustancias químicas cuya reacción pueda ser medida con exactitud.
EFE/Nasa/Jpl-Caltech/Handout SOLO USO EDITORIAL NO VENTAS (NASA/JPL-Caltech/HANDOUT / EFE)
Los seres humanos hemos logrado, por medio de la observación, determinar la velocidad y el tiempo con los cuales un planeta cumple su órbita alrededor del sol (año); también la gravedad que cada astro ejerce, tomando como referencia su interacción con otros objetos, porque nosotros «nunca hemos estado ahí». Las herramientas que el humano tiene a la mano son la culminación de los descubrimientos de sus antecesores (estamos sobre los hombros de gigantes). No sólo es el mérito de los científicos que hacen esto posible, sino todos los que les precedieron a través de los siglos.
Y hay que ponerlo en este contexto: hasta hace pocos siglos, el movimiento por medio del vapor era nuestra principal innovación. Ahora hablamos de física cuántica y de inteligencia artificial. Somos la única especie capaz de «auto-sorprendernos». No sólo porque la inteligencia de los animales no está lo suficientemente desarrollada para realizar dicho proceso mental, sino por el tamaño de los avances que superan las expectativas (al menos desde nuestra concepción) de nuestra propia especie.
Luego me viene la pregunta ¿y por qué como sociedad no hemos logrado avances tan grandes? ¿Por qué en pleno siglo XXI siguen existiendo manifestaciones de racismo, xenofobia y discriminación? ¿Por qué seguimos matando a quienes no piensan igual que nosotros?
Parece ser una paradoja. Pero si te detienes un poco y te pones a pensar, no lo es tanto. ¿Por qué?
Ser juez y parte:
Quienes son más inteligentes, muchas veces echan mano de sus habilidades intelectuales para descalificar las opiniones opuestas a la suya.
Primero, porque cuando los seres humanos tratamos de estudiarnos a nosotros mismos, somos juez y parte. Estudiamos nuestros límites como especie, pero a la vez esos límites afectan al estudio de nosotros mismos. Si queremos tratar de estudiar alguna corriente de pensamiento, estamos condicionados de facto. Quien estudia una corriente de pensamiento tiene dos opciones, simpatizar con ella, o no hacerlo. No puede estar en una zona completamente neutral. Por eso es que es iluso esperar que un periodista o comunicador sea completamente objetivo.
Algunos pueden echar mano de herramientas científicas, o incluso de las ciencias exactas al grado que les sea posible (por ejemplo, un estudio cuantitativo). Algunas otras personas tratarán de ser empáticas con la corriente que no es de su simpatía. Y si bien, estas estrategias pueden reducir el sesgo, lo cierto es que, esas mismas herramientas pueden ser utilizadas para reforzar sus posturas, en vez de tratar de llegar a una verdad objetiva.
Por ejemplo, la inteligencia no es garantía de objetividad. Los seres humanos más inteligentes, esto es, quienes poseen un cociente intelectual más alto que la media, no necesariamente son más objetivos. Muchas veces echan mano de sus habilidades intelectuales para descalificar las opiniones diferentes.
Conflict – Flickr
No podemos estudiarnos por medio de las ciencias exactas:
Es imposible estudiar el comportamiento del ser humano de la misma forma que estudiamos las leyes necesarias para mandar una sonda a Júpiter.
Segundo, porque las ciencias sociales, por las cuales estudiamos el pensamiento y comportamiento de nuestra propia especie, no son exactas. Para conocer el comportamiento de un ser humano desde un postura completamente objetiva (es decir, por medio de las ciencias exactas), tendríamos que poder medir con exactitud todas las variables que están en juego, determinar por fórmulas matemáticas las leyes de la física y de la química cómo es que el comportamiento de todos los átomos derivan en eso que motiva a una persona a enojarse por poner un ejemplo. Mandar una sonda a Júpiter o incluso colonizar Marte suena como un juego de niños, si lo comparamos con lo que tendríamos que hacer en el caso de los humanos. Son demasiadas las variables como para aspirar a medir el comportamiento del hombre por medio de las ciencias exactas.
Por eso creamos las ciencias sociales, que son una versión más reducida y compacta, y que no pueden estudiar el comportamiento de todas las partículas, sino que tratan de predecir el comportamiento de un conjunto de ellas.
Con la fórmula adecuada, el ser humano puede enviar a otros humanos en marte con una alta probabilidad de éxito (las posibilidades de fracaso, estarían dadas en su mayoría, por errores en el planteamiento de las fórmulas). Pero un psicólogo, por más especializado que sea, no puede garantizar que su método le va a funcionar a todos los individuos. Un fracaso a la hora de emprender un proyecto por medio de las ciencias exactas (un edificio que se desploma por una deficiencia en los cálculos) es un error grave, y en muchos casos, una irresponsabilidad. Una persona que no se recuperó de la depresión después de ir con uno de los mejores psicólogos del país, es para este último, un gaje del oficio y poco más.
Dentro del mundo de la política y de las ideologías, encontramos varias de las principales razones por las cuales los seres humanos entramos en conflicto.
Las ideologías (véase, corrientes de pensamiento, religiones, etc.) son un orden de valores creados por los seres humanos con el fin de crear comunidades con la suficiente cohesión para que éstas satisfagan sus necesidades al renunciar a algunas libertades (ejemplo, libertad de matar o robar a terceras personas). Los valores morales, a su vez, tienen una función dentro de nuestra supervivencia como especie. Si la moral no existiera, tendríamos que llevar a cabo un proceso de razonamiento ante cualquier evento, lo cual dilataría por mucho nuestra capacidad de respuesta.
Por ejemplo, no tener relaciones sexuales fuera del matrimonio es un valor moral para algunas personas; que «todxs nosotrxs» escribamos así para evitar la discriminación de género, es un valor moral para otras personas. Podemos estar de acuerdo o no, pero es cierto que es mucho más fácil echar mano de éstos, que tratar de someter a juicio un conjunto de variables cada vez que una situación se nos ponga enfrente.
Si no hablas inglés, puedes configurar el idioma a español en la barra de opciones del video.
Pero ni las ideologías ni la moral son ciencias exactas. Cada comunidad desarrolla un orden de valores que puede ser muy diferente a la de la otra, incluso dentro de las comunidades pueden existir severas discrepancias entre lo que consideran un valor, lo cual lleva a un conflicto. Además, los seres humanos tendemos a tratar de conservar nuestros valores establecidos más que a cambiarlos de forma repentina, ya sea por la irrupción de otra comunidad o por la influencia externa.
Una comunidad que mantiene sus valores morales rígidos a través del tiempo pierde flexibilidad, se vuelve arcaica y se estanca. Por el contrario, una comunidad que cambia sus valores constantemente, tiene el riesgo de perder cohesión e incluso desintegrarse. Posiblemente un punto intermedio es lo más sano para el desarrollo y evolución de una comunidad. Pero esto no se determina por medio de las ciencias exactas porque no podemos medir todas las variables por separado.
Por el contrario, este equilibrio es la suma de varios conflictos opuestos, y no el resultado un método elaborado por consenso por parte de los involucrados, como se hace con las ciencias exactas; porque con éstas, son las herramientas que ellas mismas dotan y no la opinión, el estado emocional, la fe, o la lucha por los derechos de los involucrados, quienes determinan los pasos a seguir.
En resumen, es imposible crear un orden de valores y principios perfecto de la misma forma en que lanzamos una sonda a Júpiter. Entonces podemos llegar a la conclusión de que no es una paradoja que podamos enviar sondas al espacio mientras que nosotros hemos sido incapaces de resolver nuestros conflictos.
Y posiblemente no los hayamos resuelto del todo, cuando el primer humano ponga un pie sobre un exo-planeta.
Recuerdo que cuando estudiaba en la universidad, estaba pensando en comprarme un Gameboy, lo cual nunca hice por falta de dinero. Cuando le comenté a un compañero de la escuela sobre mi «osadía», éste me recriminó, y me dijo de forma inquisitoria. – ¿Cómo que te vas a comprar un Gameboy? ¡Por favor! Ya eres un universitario, madura.
readwriteweb.es
Entonces recordé cómo la corriente y lo «socialmente establecido» nos invita a aprender a amargarnos antes que la vida propia lo haga. Casi todas las especies juegan durante todo su ciclo vital. ¿Por qué nosotros no? Esa idea de dejar los juegos para «enfrentar la vida» es, a mi punto de vista, una falacia.
A mí no me gustan mucho los videojuegos, desde hace casi dos décadas que no tengo una consola, y en mi computadora son muy pocos los que están instalados. El FIFA ocupa parte de mi disco duro, pero no lo juego de forma muy frecuente.
Y no los juego porque no me gustan mucho y porque me atraen más otras actividades, no porque considere que sean malos o sea para personas muy inmaduras. Aunque durante un tiempo sí jugué videojuegos con mis amigos, nos juntábamos en casa de un amigo a jugar Smash Bros o Mario Kart. Son juegos que a ojos de muchos pueden parecer infantiles, pero fomentaban la convivencia. Era un pretexto para juntarme con la gente que estimo.
Seguramente para mi compañero el inquisidor, nosotros éramos jóvenes infantiloides gastando nuestro tiempo en lugar de «ponernos a buscar un trabajo». Nada de eso. A ninguno de nosotros nos hacía falta trabajo, y menos dejábamos de trabajar para jugar videojuegos.
Entiendo y aplaudo que los padres de familia restrinjan la cantidad de horas que los hijos juegan videojuegos, tienen que cumplir con los deberes de la casa y con sus tareas. Están en una etapa de formación en la cual el estudio es muy importante. Pero esto no significa que el videojuego sea malo (de hecho, varios de ellos son útiles para entrenar al cerebro y desarrollar ciertas habilidades), más bien su uso excesivo que priva al niño de realizar otras actividades.
Y luego entonces, me acordé del Pokemon Go.
Lo primero que vino a la mente al ver este fenómeno fue, que todos parecían zombies, todos jugando con su celular en la calle como si fueran qué, como si estuvieran alienados o poseídos.
Pero luego me puse a pensar, a mí no me gustan los Pokemon, ni les entiendo porque no tengo interés en ello. Si me interesara Pokemon, entendería mejor este fenómeno que ha invadido todo el mundo. La marca Pokemon, junto con una aplicación original basada en la realidad aumentada dieron en clavo. Pokemon Go rebasó a Tinder, Twitter e Instagram y está generando más búsquedas que el porno en Internet.
Los inquisidores regresaron para pedirles a los amantes y curiosos del Pokemon Go que se buscaran una vida propia y se pusieran a trabajar. Pero esa aseveración es arriesgada, llena de generalizaciones y prejuicios. Para jugar Pokemon Go se necesita un smartphone, el cual no es nada barato, y con excepción de los niños y muy jóvenes, podemos dar por sentado que los fanáticos del Pokemon Go se costearon su aparato trabajando.
Además, los críticos de los videojuegos, de los cuales muchos de ellos acostumbran a twittear y usar Facebook todo el rato en medio de una fiesta, olvidan una cosa. Los seres humanos necesitamos ratos de ocio, los necesitamos para nuestra paz mental.
Los necesitamos porque nuestro cerebro también se cansa, se cansa de trabajar, de racionalizar demasiado; y un videojuego, lejos del estrés cotidiano, puede ser una buena solución. Algunos componemos música, otros salen a tomar fotografías, y otros juegan Pokemon Go.
Y no tiene nada que ver con la madurez. Muchas personas profesionalmente exitosas juegan videojuegos. Después de un día lleno de juntas y viajes, se juntan con sus hijos para jugar, o ellos mismos por su cuenta agarran el Call of Duty, el FIFA, para entretenerse y desestresarse un rato. ¿Tiene algo de malo eso?
También conozco a «videojugadores» que son muy lectores, en cuyo estante puedes encontrar el FIFA junto con La República de Platón. No son actividades que se anulan entre sí, como muchas personas piensan: – Deja el Gameboy y agarra un libro.
Mientras los críticos emiten críticas lapidarias aislados en su celular mientras están en una fiesta con términos como «decadencia social», o «vacío existencial», también tenemos que hablar de los beneficios de este juego que supuestamente desconecta a los individuos de la realidad. Salir a la calle y caminar (sobre todo para quienes se quedan en su casa recluidos) es una buena noticia, más para quienes padecen depresión. Incluso puede ayudar a fomentar la convivencia entre personas, sobre todo cuando el individuo se encuentra con sus pares jugando al mismo juego.
Es fácil hacer una crítica de un juego cuya nueva tecnología se desconoce (realidad aumentada), así como la temática misma. Al principio lo hice y hablé de zombies. Me puse a pensar un poco más, y son personas jugando a un videojuego. Simple y llanamente eso. Y la gente tiene derecho a jugar videojuegos.
Cierto que Pokemon Go se ha convertido en un fenómeno tan grande, que a veces ya me tiene hasta la madre. Pero la gente tiene todo el derecho de tener sus actividades de ocio. Si una de estas consiste en buscar monitos en la calle, están en su derecho, y yo creo que deberíamos aprender de respetar eso y tolerar las actividades de las demás personas.
Saber de política no es mentar madres del gobierno en la mesa, ni subir insultos diariamente a la Fan Page de Peña Nieto para ver si así renuncia. Saber de política es leer, informarse, adquirir conocimientos y tener una gran capacidad de hacer análisis. Por eso es que he molestado en hacer esta lista de libros que deberías de leer si quieres estar «al tiro».
Prescindí de autores clásicos como Hobbes, Rousseau, Platón, Maquiavelo o Marx, y decidí enfocarme en obras contemporáneas. Algunos autores son mexicanos, otros son extranjeros, pero estoy seguro que después de leer estos libros tu visión sobre la política va a dar un giro de 180 grados. Empezamos:
1.- ¿Qué es la democracia? Giovanni Sartori
Giovanni Sartori es uno de los mejores politólogos que nos ha entregado el mundo moderno. Este es un libro básico si quieres entender qué es la democracia liberal, cómo funciona, de donde viene, qué sí es democracia y qué no es democracia.
Por ejemplo, Giovanni Sartori te ilustrará por qué la democracia directa no funciona (ejem, referendums como el #Brexit)
Este libro de este escritor venezolano es muy interesante porque habla sobre cómo es que el poder en el mundo moderno se ha fragmentado y qué consecuencias ha tenido para el mundo (positivas y negativas). Básicamente entenderás la dinámica del poder y las relaciones políticas en este mundo contemporáneo.
A pesar de algunas imprecisiones y que tiene algunos argumentos rebatibles, este libro es obligatorio en tanto que logró colocar el tema de la desigualdad en la mesa de los académicos y políticos. Si quieres entender por qué el mundo es desigual, y cómo es que la desigualdad se ha comportado desde tiempos remotos hasta la actualidad, éste es tu libro.
4.- El Manual del Dictador – Burce Bueno de Mezquita
Si quieres entender por qué en el mundo hay países con muchos recursos con una población muy pobre, o por qué los regímenes autocráticos casi siempre terminan concentrando el poder en manos de unos pocos, éste es un buen libro. El título habla mucho sobre la esencia de esta obra, la cual es una extensa descripción y análisis de las dictaduras a lo largo de la historia.
¿Por qué los liberales son liberales y los conservadores son conservadores? Este psicólogo moral, desde una perspectiva evolutiva, trata de explicar por qué la gente abraza distintas posturas ideológicas, y cómo es que ésto tiene sentido. Este libro te ayudará mucho a tolerar más a quienes no piensan como tú.
6.- Por eso estamos como estamos: La economía política de un crecimiento mediocre – Carlos Elizondo Mayer-Serra
Este es uno de los mejores libros sobre política mexicana que he leído últimamente. El análisis que hace sobre la situación política, social y económica del México actual es excelso. De igual forma lo son las recomendaciones que sugiere Mayer-Serra en su texto.
7.- The Origins of Political Order – Francis Fukuyama
Se trata de un compendio de dos libros, uno es continuación del otro: El primero se llama The Origins of Political Order: From Prehuman Times to the French Revolution, y el otro, Political Order and Political Decay: From the Industrial Revolution to the Globalization.
A grandes rasgos, Fukuyama hace un extenso análisis sobre cómo surgió el Estado, desde las formas primitivas de organización de los humanos como las tribus, hasta conformar el Estado moderno, el Estado de derecho, la rendición de cuentas, y cómo es que nos encontramos aquí. Si te interesa la política, esta obra debe sí o sí estar en tu librero.
Si eres mexicano y te interesa la política, no puedes no conocer la historia moderna de México. Para eso está este compendio de tres libros (Siglo de Caudillos, Biografía del Poder, y La Presidencia Imperial) escritos por este historiador, y que es a mi parecer, una de las mejores obras de la historia de México. Lejos del oficialismo de la SEP, del conservadurismo, o del «chairismo», propone un relato de la historia mexicana desde una perspectiva liberal y más objetiva.
9.- El Perfil Del Hombre Y La Cultura En Mexico – Samuel Ramos
Pensaba recomendar El Laberinto de la Soledad de Octavio Paz (sumamente recomendable también), pero preferí mejor este libro que es el que inspiró a que Paz escribiera su obra. Este libro de Samuel Ramos hace un interesante análisis del mexicano con base en el trabajo de los psicólogos Adler y Carl Jung. Muy bueno para entender la idiosincrasia del mexicano.
Este libro no es tan actual como los otros, pero vale mucho la pena leer esta espléndida obra de este gran filósofo francés, en la cual habla de la evolución de las prisiones bajo el contexto social de las distintas épocas en que dicho proceso se llevó a cabo.
Es cierto, este libro contrasta con los demás. Es una novela. Pero si he agregado a este libro, es porque, por medio de una fábula de animales, parodia muy bien (tomando como referencia a la Unión Soviética) al hombre dentro de las relaciones de política y poder. «Todos somos iguales, pero unos somos más iguales que otros».
Islandia perdía con Francia 4 a 0 en el primer tiempo. La selección nacional de ese pequeño país de poco más de 300,000 habitantes (la mitad del Estado de Colima) venía de eliminar a Inglaterra. El sueño de Islandia se esfumaba, técnicamente eran muy inferiores a los franceses y parecía que se llevarían una goleada histórica. Al final el partido terminó 5-2. Los islandeses entregaron todo en la cancha, y lo que pudo haber sido una goleada de proporciones históricas, terminó siendo una desventaja de 3 goles.
Islandia no podía aspirar a mucho más, porque un país de 300,000 habitantes cuyo deporte principal no es el futbol, no puede aspirar a tener el talento de países que albergan a millones de personas en su territorio.
Islandia es un país ganador, están acostumbrados a ganar porque su autoestima colectiva es alta. Y si se pueden dar el lujo de ser goleados por Francia es por su escasez de recursos, no de mentalidad. Islandia es uno de los países más desarrollados del mundo de la misma forma que su calidad de vida es una de las más envidiables.
Viendo la Eurocopa, me vino a la mente cómo es que hasta en el futbol se imprime la cultura de un país. Basta ver la forma de juego de los equipos, su reacción ante la adversidad, y la forma de festejar los goles.
Por ejemplo: el pueblo alemán, debido a las constantes y largas guerras que vivieron en siglos pasados (desde Prusia), tuvo que crear una burocracia muy disciplinada y efectiva; lo cual creó un país muy disciplinado y metódico. Ese espíritu se refleja en el equipo de futbol, que a pesar de perder 2 a 0 con Francia (y a pesar de dominar el partido), siempre respetaron su método, su forma de hacer las cosas, nunca se desesperaron y fueron fríos hasta el final. La cultura alemana es una de esas que nunca se descompone, ni cuando le toca perder.
Italia, por su parte, muestra su esencia latina al festejar con efervescencia cada gol que anota. A pesar de ser disciplinados en la cancha (aunque no tanto como los alemanes), son muy expresivos y muy ruidosos. Los brasileños (exceptuando su selección actual, la cual es un fiasco), son muy alegres, y ellos no se preocupan tanto por la disciplina, sino por el jogo bonito. A Brasil también le ayuda la gran cantidad de habitantes, el físico, y el hecho de que acostumbran a jugar en la playa (gracias a la arena, adquieren mayor destreza para los regates).
Y los mexicanos, pues…
… perdieron 7 a 0 con Chile.
Nuestra cultura es un lastre cuando de futbol se habla. Por ejemplo, los mexicanos son muy alegres, muy entregados y muy luchones (al igual que su afición), se le ponen al tú por tú a los grandes para después acordarse de la falta de autoestima y boicotearse. La selección mexicana se le puede plantar en la cancha a Alemania, Holanda o Argentina y ponerlos en aprietos en un rato, pero en algún momento dado, los grandes siempre mostrarán su superioridad.
No es difícil tejer la relación del comportamiento de los jugadores dentro de la cancha con la cultura de nuestro país.
También los cánticos hablan mucho de la cultura de los países. La gran mayoría de los países europeos tienen un gran historial bélico. Eso explica en gran medida los cánticos de los aficionados, la forma de agruparse, los símbolos propios de los aficionados.
Los cánticos de los ingleses o los alemanes suelen ser muy imponentes, El famoso «uh» vikingo islandeses, que se popularizó en la Eurocopa y que en realidad tiene su origen en Escocia, es muestra de esa cultura europea que fue forjada por medio de las guerras. Recordemos que de alguna forma, un partido de fútbol es una simulación de un combate bélico dentro de una cancha.
En cambio, los cánticos latinoamericanos, como los argentinos (muy adoptados en México), aunque muy estridentes, no tienen su origen en esa cultura bélica tan propia de los europeos. Por ejemplo, en un combate bélico del siglo XIX sería mucho más fácil imaginar un grito vikingo o un cántico inglés que el «cómo no te voy a querer…» de los argentinos, el «chiquitibúm o el «eeeeh puto» de los mexicanos.
Los países cuyos aficionados entonan porras y cánticos de carácter bélico, son en general más fuertes y democráticos que quienes no lo hacen. Esto es porque los países europeos tuvieron que crear una burocracia sólida y disciplinada que pudiera sostener y financiar a su nación en medio de una guerra. Un gobierno así era necesario para poder recaudar impuestos y para forjar soldados más disciplinados.
Cuando estos países transitaron a la democracia, mantuvieron un gobierno e instituciones sólidas, lo cual no sólo contribuyó a fortalecer a la democracia recién adquirida, sino a su nación como tal.
En cambio, los países más «alegres» como México, Argentina o incluso Italia, nunca lograron crear una burocracia firme y sólida porque no se vieron en la necesidad de hacerlo en el transcurso de su historia. Ni México ni Argentina combatieron tanto como los alemanes, los ingleses o los franceses, y transitaron a la democracia con instituciones débiles, lo cual fomentó más bien una red clientelar entre gobierno y ciudadanos que no ha permitido a dichas naciones consolidar su democracia, ni desarrollarse como quisieran.
Vaya que el futbol sirve para entender a los países, una selección nacional no sólo está representando una bandera o unos colores, sino toda una cultura e idiosincrasia propia de un país.