Autor: Cerebro

  • ¿Por qué la universidad no debe de ser para todos?

    ¿Por qué la universidad no debe de ser para todos?

    Últimamente he escuchado por ahí propuestas para eliminar exámenes de admisión en las universidades públicas para que cualquier persona pueda cursar una carrera y pueda aspirar a una mayor movilidad social, es decir, que pueda aspirar a una mejor posición social y un mejor ingreso. De esta forma, se dice, más estudiantes pueden entrar a la universidad y entonces más personas suben de posición social y ¡vualá! Este país se va directo al desarrollo.

    Suena fantástico, pero esta propuesta en realidad es muy engañosa, demagoga y contraproducente.

    ¿Por qué la universidad no debe de ser para todos?
    Thinkstock

    En realidad los filtros son necesarios. Quienes son más inteligentes, preparados, y quienes le echaron más ganas al estudio, deberían tener prioridad sobre los que hicieron de la preparatoria una extensión de los fines de parranda. Las universidades privadas utilizan estos filtros, generalmente aplican exámenes de admisión y también llevan a cabo una entrevista con el director de carrera afín. Las universidades públicas también manejan exámenes de admisión lo que está muy bien, pero dan pase automático a aquellos que estudiaron en sus preparatorias, sin importar el promedio o el desempeño, cerrando las puertas a quienes estudiaron en otra institución y se desempeñaron mejor.

    En todas las universidades de todos los países utilizan estos filtros. En Estados Unidos, un filtro importante es el GRE, el GMAT o el SAT, que es algo así como el Ceneval, pero más difícil. En el Reino Unido no hay examen de admisión como tal, pero debes tener un promedio mínimo de 8 o 9 en México para poder aplicar. En ambos casos, otro filtro es el statement, que es básicamente es la declaración de motivos por los qué quieres estudiar. En algunos casos ponderan tanto el examen, el promedio y el statement. Así garantizan que quienes estén ahí sean lo más preparados y aptos para estudiar esa carrera. En resumen, se evalúa lo siguiente:. 1.- El desempeño en grados anteriores, 2.- El nivel de inteligencia y razonamiento necesarios para estudiar determinada carrera, 3.- Que aquello que quieras estudiar vaya de acuerdo con tu proyecto de vida y estés motivado a hacerlo.

    Ahora, qué pasa si quitamos esos filtros. ¿Mayor justicia social? La respuesta es un rotundo no.

    Estamos hablando que quienes van a estudiar, son personas aptas para hacerlo y en teoría están motivados para estudiar y preparados intelectualmente. Los profesores que imparten las clases y los departamentos de carreras que diseñan su plan de estudios dan eso por sentado. Así el maestro prepara sus clases, y la universidad desarrolla sus planes.

    Examen de admisión
    Universidad de Guadalajara

    Bueno, ¿qué pasaría si al quitar los filtros, permito que varios estudiantes mediocres (en lo intelectual y/o la preparación) entren a las aulas?

    El maestro se dará cuenta que varios estudiantes tendrán problemas con el nivel académico y tendrá que «bajar el nivel». Si un maestro de ingeniería se percata que la mitad del salón no tiene la capacidad para entender las ecuaciones cuadráticas, entonces tendrá que optar por utilizar unas más simples. Eso significará que dentro de un salón donde la educación es grupal, los más preparados y aptos recibirán una educación de calidad inferior. De esta forma, estos grandes ingenieros en potencia, no estarán debidamente preparados cuando salgan al mundo laboral.

    Es decir, los estudiantes no preparados al entrar a la universidad podrán aspirar a una mayor movilidad social, pero ésta será menor a la que hasta ahora aspiran quienes están lo suficientemente preparados para ser admitidos.

    Y efectivamente, esto sucederá a costa de los que están preparados que ahora aspirarán a una menor movilidad social. Es decir, unos suben en detrimento de quienes merecerían subir más. Se privilegia al mediocre sobre el talentoso.

    Pero esta no acaba ahí. Tenemos que hablar de las oportunidades que los egresados tienen.

    Cuando un individuo sale de la universidad lo primero que hace es buscar trabajo. Incluso muchos de quienes aspiran a ser empresarios primero buscan un empleo para foguearse. Pero el tamaño del mercado es el mismo. El mercado no va a cambiar de tamaño por el número de estudiantes que egresaron, ni los institutos de investigación requerirán más científicos simplemente porque «egresaron más». Entonces, en un «mundo ideal» donde cualquiera puede entrar a la universidad, más personas quedarán imposibilitadas de encontrar un empleo que tenga relación con su carrera. Muchos terminarán haciendo trabajos para los cuales no se requería un grado.

    En resumen, esto es lo que pasaría:

    Estudiar en la universidad

    Tomando el modelo actual donde las universidades aplican un examen de admisión: dos personas egresan de una carrera universitaria, el mercado ofrece dos puestos para esas dos personas y les otorga un sueldo de $20,000 pesos.

    Si eliminamos los filtros en aras de una sociedad supuestamente más justa, ocurrirá lo siguiente: 5 personas egresan de una carrera universitaria, pero el mercado sigue ofreciendo solamente dos puestos, y los otros 3 egresados no podrán ejercer su carrera, por lo cual deberán realizar un trabajo que no les requería un título universitario: i.e. taxistas, vendedores, etc. Pero no sólo eso, como la calidad de la educación bajó para que esta fuera apta para todos los estudiantes y no sólo los más aptos, los egresados salieron con una menor preparación de la universidad, lo cual incidirá negativamente en el sueldo que el mercado ofrece, el cual, en este hipotético caso, será de $15,000 pesos.

    De hecho, en una sociedad donde el acceso a la educación está determinado meritocráticamente, quienes no fueron admitidos, recibirán un beneficio indirecto de este modelo porque quienes están en los puestos de mayor valor agregado tendrán la capacidad de aportar más, lo cual incidirá positivamente en la economía de un país. Por el contrario, si quienes están en esos mismos puestos son personas con poca preparación, toda la sociedad en su conjunto saldrá perjudicada.

    Para terminar, entiendo la necesidad educación gratuita, de hecho me parece muy bien que por medio de este modelo quienes no tienen recursos económicos tengan la posibilidad de estudiar para que de esta forma el acceso a la educación esté condicionado por el esfuerzo y el talento, y no tanto por el dinero. Pero pensar en que tenemos que abrir la universidad a todos es un contrasentido, porque va en contra de cualquier lógica y le quita el valor agregado que significa estudiar una carrera universitaria. Además, la sociedad seguirá necesitando de albañiles o de conductores de taxis, que son empleos que no requieren de tanta preparación, pero que son al final empleos dignos y necesarios para que nuestra sociedad funcione.

  • ¿Qué hay dentro de la cabeza de Peña Nieto?

    ¿Qué hay dentro de la cabeza de Peña Nieto?

    ¿Qué hay dentro de la cabeza de Peña Nieto?

    A lo largo de todo este sexenio siempre me he preguntado qué hay dentro de la cabeza de Peña Nieto. ¿Qué piensa? ¿Cuáles son sus sentimientos?

    Es difícil saberlo, más difícil que con otros presidentes. Concordarán conmigo en que Peña parece acartonado, un personaje alienado, como si no tuviera personalidad, como si algo faltara, como si estuviera siguiendo un guión.

    Ese acartonamiento es una máscara, una máscara que siempre lleva puesta. Todo lo que habla, comunica, y todos los movimientos de manos tienen un propósito (que este a veces no se cumpla, es otra cosa) que no es el de expresarse como es él tal cual.

    Lo que en realidad piensa y siente no se muestra al público, es un misterio.

    Y lo es más cuando se trata de un hombre sumamente golpeado durante el sexenio. Su nivel de aprobación lo dice, la forma en que ha sido ridiculizado en las redes también. Todos los periodicazos, las críticas  (sean justas o injustas), todo ha caído sobre él sin piedad.

    ¿Y cómo reacciona Peña Nieto ante esto? ¿Qué es lo que piensa?

    Imaginemos el domingo pasado. Justo cuando tenía presupuestado ver la clausura olímpica con su familia (es una suposición mía), se entera que a las 10, Carmen Aristegui divulgará una investigación sobre él. ¿Qué habrá pensado en ese momento? ¿La ansiedad le corrió por las venas y esperó la hora indicada, tal cual estudiante con muy malas notas que espera a que su padre llegue del trabajo? ¿Cómo lo manejó psicológicamente?

    ¿Cómo maneja todas las críticas como persona? ¿Qué piensa sobre el hecho de que el juicio histórico será implacable sobre él y que será más recordado por sus pifias y los agravios que por sus logros? ¿Le angustia mucho?

    Por otro lado, cabe la posibilidad de que Peña Nieto, por su posición y su educación dentro de una élite política, se sienta superior a toda «la prole», y que este sentimiento de superioridad actúa como mecanismo de defensa: «Más del 70% me odia, pero yo soy presidente, yo tengo poder, tengo dinero, y soy parte de una de las élites políticas más importantes de México. Me la pelan».

    Pero es que imagina el desgaste. Ya de entrada, ser presidente es muy desgastante. Ahora súmale a eso el desprecio de la sociedad, los periodicazos y las notas que lo exhiben como corrupto (casa blanca) o ignorante (el plagio de la tesis), aunado al número de críticas que llegan desde los medios internacionales.

    ¿Cómo es la reacción de su familia? ¿Qué platican en la mesa? ¿Qué sienten sus hijos, sobre todo los suyos, al ver todos los ataques que recibe su padre?

    Peña Nieto sabe que terminando su gestión no podrá salir a la calle, será un gran riesgo. Tendrán que pasar unos años para que quede relegado a un segundo plano mientras la población se concentra en otras realidades. ¿Qué piensa de eso? ¿Qué piensa sobre el desprecio de la población? ¿Qué piensa sobre el hecho de que quedará marcado por las mayorías?

    Todo eso es una incógnita, cómo lidia psicológicamente Peña Nieto con la adversidad es una incógnita. La única manifestación la podemos ver en su estado físico, más demacrado y ojeroso que al principio de su sexenio, sumado a dos operaciones que podrían llegar a tener relación con su estado de ánimo.

    Incluso algunos se atrevían a decir que no terminaría el sexenio, que se quebraría. Ello no ha ocurrido. Golpe tras golpe, sigue de pie, como aquel episodio de Los Simpsons donde Homero se convierte en un boxeador que tiene que recibir golpes hasta que el oponente se canse de darlos para «noquearlo» con tan sólo un empujón.

    ¿Cómo se mantiene de pie? ¿Tiene un temple de hierro? ¿Le suministran alguna droga ilegal o alguna sustancia?

    Escándalo tras escándalo, sin dar la cara por el escándalo en cuestión, aparece como si nada, ya sea al lado de unos niños, firmando algún documento o inaugurando una obra. No importa que ese día se haya enterado de la severa crítica de la academia mexicana por el asunto de su tesis, que los empresarios llenos de cólera por su ineficacia le pidan que «le eche güevos al asunto de la CNTE», que la Iglesia lo condene, que todos los sectores se lancen en su contra. Un presidente con una legitimidad aceptable puede enfrentarse a ciertos sectores en tanto tiene el respaldo de otros. Peña ni siquiera tiene eso, incluso muchos de quienes están con él, lo están por interés, porque buscan un beneficio político o alguna carrera, no porque crean en él no en su proyecto. O porque el PRI les construyó la carretera, o les dio su monedero de Soriana hace algunos años.

    Alejandra Lagunes y todo su equipo de comunicación digital hacen el esfuerzo para presentar a Peña como un «producto que vende», no es culpa de la comunicóloga a la cual talento no le falta, tiene un producto muy difícil de vender: un producto que no expresa nada y no se conecta con nadie. Por ejemplo, el famoso #calcetagate hubiera sido una muy buena puntada para un presidente que tiene cierto grado de aceptación, y que fue objeto de burla por «ponerse mal las calcetas». Pero en el caso de Peña, la «puntada» resultó ser contraproducente e incluso generó indignación. Burlas, una tras otra. Me imagino que manejar las cuentas digitales de la Presidencia de la República ha de ser un trabajo muy frustrante para Alejandra y su equipo.

    Peña se esconde en sí mismo, al verdadero Peña nadie lo conoce, todo lo que vemos es una puesta en escena, un hombre que no puede salirse del guión, que es lo suficientemente disciplinado para apegarse a él, porque si una cualidad tiene el de Atlacomulco, es el de la disciplina. Seguramente su tenacidad también, porque en su lugar muchas personas ya se habrían quebrado.

    Posiblemente nunca sepamos que hubo en su cabeza. Lo más probable, es que, al terminar su mandato, saldrá inmediatamente de las cámaras y tratará pasar lo más inadvertido posible. Veo difícil que de declaraciones, y menos que se ponga de «opinador en Twitter» como lo hacen Vicente Fox y Felipe Calderón.

    Nuestra única esperanza es que algún colaborador cercano se anime a escribir un libro, o al menos un artículo, de aquello que vivió con Peña Nieto, y revele algunas anécdotas que no conocíamos. Pero lo más probable es que nos quedemos con las ganas.

    Y lo más cercano a ello que quisiéramos saber sean deducciones y suposiciones nuestras.

  • Cuando las estrellas dejaron de ser la onda

    Cuando las estrellas dejaron de ser la onda

    Piensa en aquella persona, ya mayor, que trata de encajar con los jóvenes. Ese padre que trata de «integrarse» con la bola de amigos de su hijo cuando hace una fiesta en su casa. Él intenta contar chistes, los amigos de su hijo puberto-millennial se ríen por compromiso. El hijo no se inmuta cuando sus amigos hablan de los malos chistes de su padre, porque lo sabe, sabe que son malos. Después, en privado, el hijo le pide a su padre que no trate de «encajar» con sus amigos, porque su generación ya trae «otra onda» y siente que lo pone en vergüenza. Al final, el padre regresa frustrado a la sala del televisor.

    Cuando las estrellas dejaron de ser la onda

    Algo así pasa cuando aquellos que representan las viejas formas tratan de encajar con las nuevas generaciones. Por más intentan hacerlo, no pueden, no les sale. Pero a diferencia del padre quien no está obligado a agradar a los amigos de su hijo, tanto Peña Nieto como Televisa necesitan del apoyo de la gente para poder realizar eficazmente el trabajo que están llamados a hacer.

    Poner a Peña Nieto y a Televisa juntos en un argumento es algo que puede hasta parecer predecible. No creo que «imposición» sea el mejor término, pero de alguna manera Televisa promovió a Peña para que éste se pudiera hacer con el poder. Encontramos una estrecha relación entre la televisora y el partido de este último, y las «formas» también son parecidas, son parte de una misma cultura, que en algún momento funcionó muy bien.

    Lo digo por la nueva programación de Televisa, lo digo por el intento de Peña Nieto de acercarse a los jóvenes al tratar romper moldes con el nuevo informe donde habrán jóvenes y no políticos, empresarios o representantes del clero. Peña quiere verse cool con la chaviza.

    Ambos, Peña y Televisa saben que se tienen que acercar a ellos si quieren sobrevivir, el primero por unos puntitos más en los índices de popularidad para ganar legitimidad y más margen de maniobra; el otro, por el rating. Pero no saben cómo.

    ¿Saben? Yo tengo cierta fe en este cambio generacional. Creo que cuando esta generación termine por establecerse, vamos a vislumbrar muchos cambios en este México que parece sombrío y pesimista. La incapacidad de las viejas formas de generar una relación con los jóvenes lo deja patente. Los viejos actores no saben como adaptarse, por más radicales que sean los cambios, terminan siendo cosméticos. Televisa cambió toda su programación, decidió dejar de enfocarse en el «pueblo», en los «jodidos» para enfocarse en los millennials que prefieren las series. Puso en su noticiero principal a Denise Maerker, la periodista con mayor credibilidad en toda la televisora, para arrinconarla y marcarle línea.

    https://www.youtube.com/watch?v=5QDYc6ih-Rg

    Carmen Aristegui lanzó la bomba con el reportaje del plagio de la tesis de Peña Nieto. El objetivo no era solamente el presidente, sino Televisa. Carmen colocó la bomba en el lugar exacto, ahí en ese momento donde Televisa cambiaba su programación y le daba un enfoque más cool-hipster-millennial. Carmen los exhibió, no se atrevieron a hablar de la nota, y por el contrario, Maerker comenzó con una nota donde Peña Nieto y Aurelio Nuño hablaban frente a los niños de la Reforma Educativa. En lugar de encontrarme con un noticiero más abierto y juvenil, el comienzo tuvo un tufo muy oficialista, mucho para una Maerker que lograba romper esquemas y rebelarse dentro de esa televisora.

    Los cambios de Televisa fueron cosméticos, en el fondo, sigue siendo esa empresa anacrónica de siempre acostumbrada a las viejas formas. De hecho, por el contrario, el cambio podría ser contraproducente porque con el afán de llegar a los jóvenes clasemedieros, ignoraron a ese público cautivo que siempre han tenido pegado frente al televisor.

    Peña, quien arrastra su legitimidad por los suelos, también intenta acercarse a ellos. Lo hizo dentro del día de Internet invitando a los principales youtubers e influencers del país. Pero el resultado no fue óptimo. Testimonios como el de Sofía Niño de Rivera lo dejaron muy en claro. La comediante lo percibió como un hombre acartonado. Y es que entre la poca capacidad de nuestro presidente para improvisar, junto con las viejas formas que se han vuelto parte de su personalidad, tenemos a un individuo que parece más bien alienado y así no puede generar rapport con nadie. Vaya, hasta cuando está con niños se percibe ese acartonamiento tan peculiar de él:

    https://www.youtube.com/watch?v=SWdt6_1WZE4

    Ambos luchan, frustrados intentan acercarse a esas nuevas generaciones que cada vez tienen más peso y que en un momento no muy lejano los relevarán, pero como el padre que ya no está en onda, no tienen las suficientes herramientas para generar empatía porque ellos están «en otra onda». Nada más que esto trata de poder, y la «onda», esa a la que no entienden y a la que ya no pueden acceder, es la moneda de cambio.

    Y los datos son claros, las pérdidas económicas de la televisora, así como la constante pérdida de voto duro del partido que encumbró a Peña Nieto al poder, muestran que esa generación, que había aspirado a quedarse para siempre, será relevada por aquellos que tienen la oportunidad histórica de dirigir a México a otros rumbos. La pregunta es si lo harán.

     

  • ¿Por qué Carmen Aristegui no tiene la obligación de exhibir a López Obrador?

    ¿Por qué Carmen Aristegui no tiene la obligación de exhibir a López Obrador?

    La democracia es conflicto, la democracia no es un sistema en donde todos estamos de acuerdo. Por el contrario, una democracia le da espacio a diferentes facciones para que puedan expresarse, confrontarse, y promover aquello que quieren promover.

    Sé que me vas a decir que México no es una democracia perfecta, o incluso dirás que ni democracia es. Pero se supone que casi todos concordamos en que queremos hacer de este país, una nación más democrática.

    Y entendiendo que la democracia es conflicto y que en ella coexisten diferentes facciones, lo mismo ocurre con el periodismo.

    ¿Por qué Carmen Aristegui no tiene la obligación de exhibir a López Obrador?

    He encontrado en las redes sociales muchas críticas a Aristegui donde se le exige denunciar de la misma manera a López Obrador. A veces con calificativos como chaira o chairistegui, los indignados y críticos de la periodista caen en el mismo juego de aquellos que la idealizan: pensar que un comunicador es o debe ser completamente objetivo y que tiene o debería de tener la capacidad de poseer la verdad absoluta, pero eso es imposible.

    Es imposible, porque por un lado nuestra experiencia con el mundo es subjetiva (es decir, percibimos aquello que vemos y tocamos, y hacemos un juicio o interpretación sobre ello), y por otro lado, porque el ser humano, animal político por naturaleza, siempre simpatizará con una corriente ideológica o de pensamiento y no con todas al mismo tiempo. Tanto factores genéticos como aquellos que tienen que ver con la experiencia de vida y la formación inciden para que nos inclinemos por una ideología en particular.

    Carmen Aristegui tiene su línea política, que es de izquierda, y desde esa trinchera, Carmen confronta al status quo (a veces con buen periodismo, alguna que otra vez, con afán de venganza). Naturalmente ella será proclive a exhibir más a aquellos políticos que no sean de su misma línea, y ello no tiene que ser malo. Pedir a Carmen Aristegui que haga lo mismo con López Obrador es asumir que ella debe de ser impoluta y completamente objetiva.

    Por más que se hable del rigor periodístico, es prácticamente imposible que un periodista no tenga alguna inclinación. De hecho el rigor periodístico entre otras cosas busca que dichas inclinaciones no terminen afectando la calidad lo que se investiga. Es decir, el periodista, inclinado a cierta corriente política e ideológica por naturaleza, deberá seguir ciertos lineamientos a la hora de hacer periodismo para que eso que se investigue sea verdadero y confiable. Pero el «rigor periodístico» no obliga a un periodista a no tomar una posición.

    Quienes deberían exhibir a López Obrador son aquellos periodistas que precisamente siguen una línea muy diferente a la del tabasqueño y tienen desavenencias con él. Quienes no simpatizan con este personaje, deberían esperar a que quienes lo denostan, lleven a cabo una investigación para conocer su historial educativo, o sus verdaderas posesiones patrimoniales (esto a raíz de su declaración 3 de 3 que tanta polémica causó).

    Las democracias más desarrolladas no tienen a lo que se supone que debería ser Carmen Aristegui: impoluta y completamente objetiva; sino que todas las facciones están representadas dentro del periodismo, las cuales tienen libertad de expresión garantizada, y desde su trinchera hacen investigaciones e informan a la gente. Si has tenido la oportunidad de consumir contenidos noticiosos de Estados Unidos, verás, por un decir, que la NBC tiende a simpatizar más con los demócratas, y FOX con los republicanos. Algunos lo hacen más, otros menos, pero nadie se queda en el medio. Así ocurre en todo el mundo.

    A pesar del «rigor periodístico», es responsabilidad de la gente contrastar información e intentar llegar a la verdad más objetiva posible (que vuelvo a lo mismo, verdad que estará condicionada por el cristal de cada persona). Posiblemente por nuestra tradición jerárquica y vertical, producto tanto de nuestra historia como del gobierno de un sólo partido durante varias décadas y una democracia tan imperfecta a la que le cuesta trabajo defender su condición y tan demasiado nueva, esperamos que una persona nos de todo peladito y en la boca. Pero el periodismo no funciona así.

    Y no, Aristegui no tiene la obligación de exhibir a López Obrador, así como Loret de Mola no tiene la obligación de exhibir a Peña, ni Pedro Ferriz a Calderón. Los que esperan un reportaje similar sobre el tabasqueño, deberían esperar que sea llevado a cabo por medio de periodistas que pelean desde otra trinchera.

    Termino con lo que inicié, la democracia es conflicto, es contraste, es el derecho de todas las facciones a pelear por lo que cree dentro de un marco legal y de respeto a los derechos humanos el otro. Una democracia entonces supone una mayor responsabilidad e involucramiento de los ciudadanos, y aprender a contrastar información en lugar de esperar que un tlatoani se encargue de todo, es un claro ejemplo.

  • Peña Nieto y Carmen Aristegui, plagios y venganzas fuera de control C + control V

    Peña Nieto y Carmen Aristegui, plagios y venganzas fuera de control C + control V

    Carmen Aristegui estaba ansiosa de perpetrarle tremendo golpe a Enrique Peña Nieto, sobre todo después de que su gobierno operara para que ella fuera despedida de MVS. Y lo logró, llamó la atención de todo el mundo con una nota que habla muy mal de la figura de nuestro Presidente de la República, pero que en realidad no es tan trascendente para la vida nacional. Tan sólo refuerza la idea que muchos teníamos del mandatario, que se trata de una persona que no respeta las reglas ni las leyes, y hace trampa para salirse con la suya.

    Recuerdo cuando hice la tesis en mi universidad hace más de 10 años. Me quedé con un sentimiento ambivalente porque por un lado me gustaba redactarla y darle forma, y por otro lado todo el proceso fue un dolor de cabeza porque tenía que estar yendo una y otra vez a revisión para que la corrigiera hasta que quedara lista.

    Mi universidad (la UNIVA) no es la más estricta, sobre todo si la comparamos con la UP, el ITESM, y similares. Sin embargo, la tesis tenía que cumplir con todos los requisitos necesarios para que pudieran otorgarte el título. Uno de esos requisitos era citar las fuentes como se debía hacer, no era lo más complicado de llevar a cabo, pero era de lo más básico y elemental. Por eso no puedo concebir la respuesta del gobierno a la investigación de Carmen Aristegui, donde afirman que se trata de errores de estilo, cito al vocero de la Presidencia:

    Por lo visto errores de estilo como citas sin entrecomillar o falta de referencia a autores que incluyó en la bibliografía son, dos décadas y media después, materia de interés periodístico.

    Plagiar en una tesis es algo grave. Me sorprende que muchas personas relativicen el hecho en las redes, que no es tan malo, que es un «error menor».

    Otros lo justifican porque simpatizan con él, es de su partido, o les cae mal Carmen Aristegui. El hecho es que más allá de filias o fobias, Peña plagió parte de su tesis y eso es un acto grave desde cualquier punto de vista, vayan a cualquier universidad y pregunten.

    Y entiendo esa reacción por parte de algunos, en la escuela aprendimos que «copiar en el examen» no era tan malo. Muchas personas pasaron el grado gracias a ello, tenían un amigo aplicado el cual permitía que le copiara sus respuestas. Pero que sea «normal» no significa que esté bien. Luego nos preguntamos por qué los niveles de corrupción en el país son altos. Peña Nieto era como uno de tantos alumnos que copiaba en el examen, según sus propias palabras:

    peña

    Una tesis no es cualquier cosa, es el acto culminante de una carrera universitaria o post-universitaria. Es donde, se supone, un estudiante va a reflejar todos los conocimientos adquiridos en la carrera. Algunos incluso le tenemos algo de cariño a nuestra tesis.

    Cuando digo que no es un tema lo suficientemente trascendente para la vida nacional, no me refiero a que el asunto no tenga importancia ni que «plagiar una tesis no es tan malo». El hecho habla muy mal del Presidente Peña Nieto. Sin embargo, a diferencia de la casa blanca, no se trata de un acto cometido durante el gobierno ni tiene que ver con su papel de mandatario.

    De hecho, es un asunto que debería resolver más bien la Universidad Panamericana, universidad en la cual, Peña Nieto elaboró su tesis. La UP se encuentra en una encrucijada. Si no toma algún tipo de represalia, el mensaje que estará mandando al alumnado (si plagias tu tesis, no tomaremos cartas en el asunto) irá en contra de los principios de la propia universidad. Pero por otro lado, si decide hacerlo, es decir, que la UP decida retirar el título a Peña Nieto, la universidad se podría meter en graves problemas. El gobierno podría tomar duras represalias.

    Peña Nieto y Carmen Aristegui, plagios y venganzas fuera de control C + control V

    El tema sería más relevante, si por ejemplo, la nota se hubiera publicado en tiempos de elecciones. En vez de eso, fue lanzada cuando a Peña Nieto le hacen falta dos años para dejar el poder. El reportaje lastimará la ya muy deteriorada imagen de Peña Nieto, pero a nivel político no tendrá mucha trascendencia. Por esto es que pienso que la motivación de Carmen Aristegui al lanzar esta investigación fue vengarse de Peña Nieto. Es personal.

    Porque aunque el reportaje parece estar bien hecho y con base en información fundamentada, no es la máxima expresión de la ética periodística lanzar una nota para cobrar facturas a alguien más. Carmen no estaba interesada en relevar algo trascendente a la nación, sino en asestarle un buen golpe a Peña. Llena de coraje por haber sido censurada a raíz del exitoso reportaje de la casa blanca, Carmen Aristegui se ha dado a la tarea de sacar reportajes para vengarse. Primero fue aquel que cuestionaba el uso de influencias para poder anular un matrimonio, y ahora este reportaje que exhibe a Peña Nieto plagiando su tesis, éste último mediáticamente más exitoso que el primero, lo suficiente como para que The New York Times lo replicara.

    Carmen Aristegui anticipó a su audiencia. Lanzó un video previo para mantener a todos intrigados. Todos esperaron a que terminara la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos para que dieran las 10 y vieran de que se trataba.

    Muchos esperábamos «algo más», algo realmente trascendente. No lo fue, aunque lo que se denuncia es grave para efectos del Presidente como persona, estudiante y profesionista, no sé si es tan relevante para la vida pública y política de nuestro país. Es cierto que en otros países, políticos de alto nivel han renunciado a sus cargos después de comprobarse que habían plagiado su tesis, pero todos sabemos que Peña no va a renunciar, ni tampoco se le podría exigir que lo hiciera, es una cuestión de dignidad personal, dignidad que Peña no tiene.

    Eso es todo lo que evidenció el reportaje de Carmen Aristegui. Un Enrique Peña Nieto intelectualmente limitado y acostumbrado a hacer trampa, porque esa es la educación que recibió desde casa, y porque esas son las formas dentro del grupo político que lo vio nacer; y una Carmen Aristegui enojada por ser víctima de un acto de censura, pero que ha dado a la tarea de vengarse una y otra vez utilizando al periodismo como pretexto para cobrar facturas.

    Y mientras, hay muchos otros temas de mayor trascendencia nacional de los que se deberían hablar, y se mantienen en lo oscurito.

  • Lo bueno y lo malo de los Juegos Olímpicos de Rio 2016

    Lo bueno y lo malo de los Juegos Olímpicos de Rio 2016

    Getty images
    Getty images

    Los Juegos Olímpicos están llegando a su fin, sólo falta que se lleve a cabo la ceremonia de clausura en el Maracaná para que este evento, considerado hasta hace pocos días por algunos medios como The New York Times como apocalíptico y fracaso anunciado, llegue a su fin.

    Como generalmente pasa en estos eventos (recuerdo este discurso desde Beijing 2008) conforme se acerca el día, se respira un ambiente de pesimismo y de escenarios no deseados. Los críticos se preguntan si la sede (ya sea que se trate de unos Juegos Olímpicos o una Copa del Mundo) será capaz de organizar el evento. Que si la ciudad está contaminada (como ocurrió en Beijing), que si el Zika, que si la inestabilidad política.

    Pero por alguna razón, todo ese ambiente desaparece cuando se enciende el pebetero y sólo reaparece en algunas ocasiones unos años después (como ocurrió en Atenas) cuando el impacto negativo que tuvo la realización de los juegos en la economía del país anfitrión se hace evidente.

    Brasil logró organizar los Juegos Olímpicos de una forma más que decorosa. Claro que hubo algunos desperfectos que quedaron a la vista, como la alberca verde o la gran cantidad de asientos vacíos (nunca ví el Estadio Olímpico completamente lleno, ni con Usain Bolt), y que en varias ocasiones se notó que éstos estaban organizados por un país no desarrollado (noté cierto contraste con Londres 2012). Pero los juegos funcionaron, nos pudimos concentrar en lo que realmente importa, las competencia, las medallas, los records, y la fiesta olímpica. Brasil, un país tan lastimado por todos los flancos en los últimos años, salió avante. Su medalla de oro en el futbol lo dice todo. El llanto de los jugadores producto de la liberación del estrés acumulado por una cadena de fracasos en los últimos años, es equivalente al espíritu olímpico que se vivió donde días antes todo era negro, inestabilidad política y una economía en declive.

    Para terminar con el tema de los Juegos Olímpicos, que en mi caso se había concentrado en una crítica más orientada a lo político y social (porque no soy ni de lejos un experto en lo deportivo), voy a hablar de aquello que me pareció bueno y destacado de los juegos, así como lo que me pareció malo y hasta penoso. Lo haré de forma general y no sólo tocaré lo que tiene que ver con su organización, sino todo lo que le rodea, y el papel de nuestro país (no sólo en resultados, sino el papel que tuvo la afición, e incluso la parte comercial y de medios). Empezamos.

    Lo bueno:

    1.- Las actividades deportivas

    Mo Farah
    Sports Illustrated

    En general, creo que tuvimos unos juegos muy emocionantes y competitivos. A pesar de que no se rompieron muchos records, muchas competencias nos mantuvieron agarrados del sillón. Competencias donde se dieron muchas sorpresas, donde algunos campeones mundiales fracasaron y muchos caballos negros surgieron. Muchas competiciones fueron impredecibles, lo cual es muy bueno porque ver ganar a quienes sabes que van a ganar (A menos que se trate de Phelps o Bolt) puede terminar siendo algo tedioso. En cambio vimos hazañas como aquella carrera donde Mo Farah se cayó, se incorporó a la pista, y aún así ganó. No podemos olvidar las finales de Tenis, ni mucho menos el caso del joven admirador de Phelps que le arrebató a éste en mariposa, y así muchas anécdotas más que quedarán para la historia.

    2.- Michael Phelps y Usain Bolt

    Michale Phelps
    Sporting News

    Ver a estos genios del deporte es un privilegio. En el mundo actual donde clamamos por la falta de ídolos y ejemplos a seguir, en el que repetimos una y otra vez que ya todo está visto y hecho, estos atletas que sin problema los podemos colocar en el top 5 de los mejores deportistas de la historia llegan y hacen lo increíble. No hay nada más que decir.

    3.- Claro Sports y ESPN en lugar de Televisa y TV Azteca

    Claro Sports ESPN
    Claro Sports

    Me gustó mucho la transmisión de los Juegos Olímpicos. Por fin volvió el profesionalismo a la cobertura de los eventos. En lugar de chicas voluptuosas, compayitos y bromas gastadas, tuvimos de nuevo programas que se concentraban en lo que se deben de concentrar: el deporte; dejando a la comedia como un elemento extra (aunque claro, todos extrañamos a Ponchito con José Ramón Fernández).

    La cobertura interactiva de Claro Sports fue casi excelsa. El único defecto que vi fue la forma en que introducían los comerciales cortando de tajo la transmisión de las competencias, mostrando una falta de coordinación. Pero dejando eso de lado, la calidad de la transmisión fue muy buena, rarísima vez se cortaba (cosa que ocurría de forma más frecuente con Terra en 2012), y podía sintonizar las competencias de los mexicanos mientras trabajaba en mi computadora.

    Los narradores, tanto de Claro Sports y ESPN fueron bastante buenos. También sendos ambos programas de la noche, con Javier Solórzano en Claro Sports y José Ramón Fernández en ESPN, regresaron la seriedad que se había ido perdiendo en los últimos años. Aunque por otro lado, debo señalar que la cobertura realizada por los canales del Estado (al menos los que pude ver) no estuvo al nivel al ser conducida por conductores inexpertos y con pocos conocimientos del deporte. Lástima, porque ésta es la única señal que pudieron ver quienes no Internet o recursos para contratar cable.

    4.- Los atletas mexicanos

    Atletas mexicanos

    Excepto unas muy pocas excepciones, me gustó mucho la actitud de los atletas, sobre todo aquellos que a pesar de todas las trabas y el poco apoyo lograron colgarse una medalla. Otros, quienes eran completamente desconocidos y sólo iban a foguearse, lograron superar por mucho las expectativas. Ahí está el caso del regiomontano Diego del Real, primer mexicano en llegar a la final de lanzamiento de martillo para lograr el cuarto lugar, o la marchista María Guadalupe González, que no era favorita, y ganó la plata. Los resultados no fueron muy buenos, pero eso tuvo que ver muy poco con los atletas y mucho con todo el sistema deportivo.

     

    Lo malo:

    1.- Desperfectos en la organización

    Alberca verde
    Getty Images

    Comentaba que Brasil salió avante a la hora de organizar los Juegos Olímpicos, pero tampoco podemos dejar de señalar aquellos desperfectos que llamaron lo suficientemente la atención. Primero fue esa alberca verde que adquirió la tonalidad de esa alberca de la casa de campo de tu familia a la que no han ido desde hace 5 años. Segundo, y creo que más grave que el primero, fue la evidencia de un sinnúmero de asientos vacíos en los estadios. Es cierto, en varias olimpiadas a veces se ven huecos en la tribuna, a Londres le reprocharon eso hace 4 años. Pero este problema en Brasil adquirió nuevos niveles. El Estadio Olímpico nunca estuvo lleno en su totalidad, y algunas competencias importantes estuvieron bastante desangeladas.

    2.- El resultado de la delegación y la grilla entre los responsables

    sinembargo.mx
    sinembargo.mx

    Gracias este «sábado de gloria» el resultado no fue tan catastrófico. Incluso se habló de que nos regresaríamos sin medalla. Pero 2 platas y 3 bronces siguen siendo un resultado muy mediocre para el tamaño de nuestro país, reflejo del pésimo estado de las instituciones deportivas, tanto la CONADE, el Comité Olímpico Mexicano, y las federaciones.

    Peor fue ver que los responsables se tiraban la bolita y le dieron con todo a la grilla en un acto que por momentos llegó a ser infantil. Alfredo Castillo se eximía al responsabilizar a las federaciones. Éstas respondían criticando al propio Castillo, quien llevó a su novia mientras algunos deportistas tuvieron que dormir en la calle, o se vieron imposibilitados para poder llevar médicos.

    3.- Un sector de los mexicanos en las redes sociales

    moreno

    Fue muy penoso ver la actitud de muchos tuiteros y «críticos de las redes sociales» con los atletas, lo cual deja patente esa creencia de que es costumbre dar un puntapié a quien está avanzando en vez de apoyarlo. Mentadas de madre, críticas, amenazas, reclamos sin sentido y burlas, aludiendo a una supuesta mediocridad hacia quienes apoyaban a los atletas. No está de más mencionar las burlas que llegaron a convertirse en actos de racismo, misoginia y discriminación, como las que recibió la gimnasta Alexa Moreno por su complexión, quien se sintió afectada por la gran cantidad de burlas recibidas y memes creados en torno a su complexión y a un supuesto sobrepeso que no existe.

    Los juegos han llegado a su fin,  se ha escrito una página más en la historia olímpica. En México tenemos muchísimo por hacer, y espero que este sábado de medallas no sea una razón para olvidar que tenemos que hacer cambios radicales y estructurales en las instituciones y la sociedad si queremos poder representar a nuestro país dignamente en unos Juegos Olímpicos.

     

     

  • Te cambio una medalla en clavados por una tele

    Te cambio una medalla en clavados por una tele

    No sé ustedes, pero yo noté a los jueces de los clavados algo estrictos con los mexicanos. De pronto algún connacional tenía un muy buen clavado y obtenía 7.5 u ochos, mientras que un clavadista de otro país por esa misma ejecución podía obtener calificaciones de entre ocho, y 8.5. Aunque no es mucha la variación, sí pudo ser la suficiente como para marcar la diferencia entre ganar una medalla o no, como fue el caso de Paola Espinosa quien se quedó muy cerca de subir al podio.

    Pero en el deporte como en la vida son más las razones que las casualidades, y esto tiene una razón de ser.

    Te cambio una medalla en clavados por una tele

    La historia comienza así, Guadalajara iba a organizar el Mundial de Natación en el 2017, todos los tapatíos estábamos contentos porque íbamos a ver a los grandes atletas de la piscina mundial con nuestros propios ojos. Después, de buenas a primeras, el Gobierno Federal llegó a la conclusión de que no podía reunir los cien millones de dólares requeridos y canceló el evento, no sin omitir pagar la multa de 5 millones como penalización a la Federación Internacional de Natación (FINA) por dicha cancelación, y que era cláusula del contrato firmado.

    Al parecer, desde ese momento se creó un roce entre la FINA y nuestro país. México no llevó (o no lo dejaron llevar como consecuencia de ese conflicto, según comenta la propia Paola Espinosa) a un juez en los clavados, y extrañamente los jueces se comportaron un tanto estrictos con nuestros atletas. México se vio perjudicado. Primero, porque tener un juez representa una ventaja, lo voy a explicar con este ejemplo:

    jueces

    Tomando estas calificaciones hipotéticas como referencia y conociendo que se toman como referencia las tres calificaciones «de en medio» discriminando las más altas y las más bajas, sin un juez mexicano Paola obtendría 7.5, 8.0 y 8.0. Si quitamos a cualquier juez (como el que señalé con una X), lo reemplazamos por uno mexicano, y suponemos que la calificación más alta la da este último (sabemos de antemano que no se tomará en cuenta por el criterio que se utiliza), las calificaciones que recibirá Paola son más favorables porque uno de los jueces no mexicanos que dio una calificación más alta (8.5) verá que su calificación sí contará en el resultado final.

    Segundo, porque además de esto, podemos sospechar que los jueces en sí fueron más estrictos al dar las calificaciones a nuestros nadadores. Alfredo Castillo posiblemente no se equivoque al hacer notar este sesgo que muchos de nosotros vimos y que Paola Espinosa (como lo comentó con José Ramón Fernández) también vio.

    No es un acto muy profesional ni ético de la FINA «castigar» a México de esa manera. Para eso debería tener reglamento y normas que especifiquen que ocurriría si un país cancela un mundial que está casi a la puerta y no se molesta en pagar la multa. De hecho, posiblemente nos hubiera ido peor y la FINA posiblemente nos hubiera suspendido de los clavados olímpicos.

    Rommel Pacheco
    Rommel Pacheco al momento de recibir el Oro en el mundial. No se escuchó el himno nacional ni pudo usar el uniforme por la suspensión a la que México se había hecho acreedor.

    Pero es peor lo que hizo el Gobierno de México. Podríamos entender que un mundial se cancele cuando un país pase por una grave crisis económica, no así que no se pague una multa estipulado en el contrato firmado, 5 millones de dólares es una cantidad pírrica cuando hablamos de una economía grande como la de nuestro país. Pero nunca se pagó.

    El argumento de Alfredo Castillo es que como Hungría reemplazó a Guadalajara en la organización, la FINA no tendría pérdidas económicas y por eso era «injusto» pagar la penalización. El presidente de la CONADE además exigía que la FINA regresara el adelanto que México ya había pagado. La realidad es que la pena venía como cláusula del contrato que se había firmado a la hora que se le otorgó la sede a Guadalajara. Y pues cuando firmas un contrato, aceptas todas las cláusulas y condiciones que éste tiene. Es decir, todo eso lo tuviste que discutir antes de firmar, mi chato.

    ¿En el 2015, cuando se tomó la decisión, estábamos inmersos en una crisis económica? No. Cierto, la economía de nuestro país no era la mejor, pero no estábamos ni en una crisis ni en una recesión. El Gobierno Federal aseguraba que no podía reunir los 100 millones de dólares, pero…

    … en ese mismo año, con el pretexto del apagón digital, el Gobierno Federal decidió repartir 13 millones de televisores. Es decir, nuestras autoridades regalaron televisores para que aquellos que no contaban con un aparato digital pudieran sintonizar la televisión abierta con programas educativos como La Rosa de Guadalupe y la muy interesante publicidad del gobierno.

    https://www.youtube.com/watch?v=4BW3eK6BTBk

    Cada televisión tenía un costo al gobierno de 150 dólares, por 13 millones de televisiones, el costo total fue de 1,950 millones de dólares. Con ese dinero se podrían organizar casi 20 mundiales de natación al mismo tiempo. Dinero sí había, lo que no había era un interés por el deporte y sí un interés por las elecciones intermedias que se desarrollarían en unos meses, donde a pesar del desprestigio de Peña Nieto, el PRI mantuvo su mayoría relativa dentro de las cámaras.

    Si no hemos obtenido medalla alguna, en parte es porque nuestras autoridades prefirieron regalar televisiones que organizar un mundial de natación. Las televisiones importaron más que las olimpiadas que aprovechar la proyección que implicaría realizar un evento de ese tamaño.

    Como lo electoral fue más importante, la decisión del gobierno tuvo tres consecuencias de peso: 1.- Que perdiéramos la oportunidad de organizar un mundial de natación, oportunidad que no veremos en muchos años. 2.- El papelón y la vergüenza, lo mal que nos exhibimos al no disponernos siquiera a respetar un contrato. 3.- Que eso afectara en los resultados de nuestros atletas de clavados olímpicos.

    Esto debe de quedar en la memoria ahora que nuestro gobierno jura y perjura que sí le interesa el deporte, que Alfredo Castillo simula defender a nuestra patria, y que seguramente, dentro del gobierno «harán como que harán cambios» para tratar de satisfacer a todos los que están indignados y evitar que esta ola de indignación por los pésimos resultados en Río 2016 afecte a la imagen del gobierno.

    Paradójicamente, como consecuencia de la Reforma de Telecomunicaciones (una de las pocas que sí ha traído ciertos beneficios a la población, sobre todo en la telefonía móvil) y de la venganza de Carlos Slim a las televisoras apapachadas por la Presidencia, quienes recibieron gratis uno de esos aparatos, no pudieron ver desde su flamante televisión ni los clavados de Paola Espinosa, ni la plata de María Guadalupe González, menos a Phelps ni a Bolt. Tan sólo (a menos que hayan adquirido algún servicio de cable) pueden sintonizar los canales de TV abierta, que por cierto, están inmersos en una crisis de la cual posiblemente nunca salgan.

    Por último, quiero felicitar a María Guadalupe González por ganar la medalla de plata, y también a Diego del Real, un nuevo deportista que sin ser favorito, estuvo a punto de ganar la medalla de bronce en lanzamiento de martillo. Muchas felicidades a nuestros mexicanos que se la parten y ponen a nuestro país en alto.

  • López Obrador, la amnistía para la mafia, y la otra mejilla

    López Obrador, la amnistía para la mafia, y la otra mejilla

    La campaña (eterna) de López Obrador ha tenido un viraje. El tabasqueño ha decidido moderar su discurso para atraer a los votantes de centro. De apoyar abiertamente a la CNTE, se ha mostrado en favor de una negociación entre el gobierno y esta organización, al tiempo que ha sido menos beligerante con la Reforma Educativa propuesta por Aurelio Nuño.

    López Obrador, la amnistía para la mafia, y la otra mejilla
    Revista Alto Nivel

    Recordemos que en 2012 la estrategia le funcionó, quedó cerca de ganar la elección pero el ultimo mes volvió a radicalizarse con lo cual ahuyentó votos y sentenció su derrota (a esto podemos sumar otros factores como la compra de votos del PRI). López Obrador contrató en ese entonces a Luis Costa Bonino, quien fue el artífice de las exitosas campañas de François Miterrand y Lula da Silva, y casi logra colocar a AMLO en la silla presidencial. Parece que López Obrador ha optado por una estrategia similar de camino al 2018.

    Pero hay algo que me ha llamado mucho la atención, y es que en ese afán de moderarse, López Obrador propone una amnistía (la cual incluye a Peña Nieto y a todos sus colaboradores). Más propio de un pasaje bíblico que de una estrategia política, el argumento de López Obrador es que él no se quiere vengar y optará por el perdón para poder sacar adelante al país.

    A mí me parece una propuesta errónea.

    Es errónea, porque la justicia no se debe de regir por el «perdón» ni la «venganza», sino por el imperio de la ley.

    Si Peña Nieto, sus colaboradores, o la «mafia del poder» cometieron actos ilegales, deben de pagar por ellos y deben recibir un castigo de acuerdo a la ley. Si López Obrador fuera ese presidente tan «honesto y democrático» que dice ser, su tarea no debe de ser el perdón ni la venganza, sino la aplicación de la ley; y si a los actos cometidos por sus «adversarios» les corresponde un castigo por sus actos, éstos se deben aplicar.

    Posiblemente pienses que soy iluso, que en México las cosas así no funcionan, que es imposible. Pero es a lo que deberíamos aspirar si queremos tener un Estado fuerte con instituciones que funcionen.

    Si la ley queda sujeta a los deseos de justicia o perdón de un mandatario, además de ser un acto de autoritarismo, ésta terminaría usándose a discreción, deteriorando aún más unas instituciones que ya han sido demasiado laceradas en este sexenio. Si AMLO considera tener el derecho de «perdonar», entonces también asumirá el derecho de «vengarse» y aplicar la ley a su conveniencia.

    Peor aún, si quienes hayan cometido algún acto ilícito son perdonados, seguirán disfrutando impunemente de los recursos que han despojado a terceros, o de los beneficios de haber violado la ley sin recibir castigo. López Obrador no sólo estaría «perdonando» a los «mafiosos», estaría validando sus actos, y dejaría impunes actos que se cometieron contra la sociedad.

    O acaso, si Peña Nieto cometió actos ilícitos que merecen un castigo ¿Estarías de acuerdo con que él fuera perdonado?

    No se trata de iniciar una cacería de brujas, se trata de aplicar la ley. Se trata de que nuestras instituciones funcionen, de tener un Estado fuerte, pero a que la vez sea limitado por la rendición de cuentas, y que la sociedad organizada sea partícipe. No se trata de un caudillo que desea o no perdonar a otros al margen de la ley por conveniencia política, que se encuentra entre la mitad de un pasaje bíblico y las viejas formas del PRI (que son las mismas que las «nuevas»).

    No se trata de aparentar o ser más moderado, se trata de gobernar con las instituciones. Además no es una estrategia política inteligente, porque a estas alturas, no son muchos los mexicanos (ni los moderados, ni los panistas, menos los suyos) que están de acuerdo con que Peña Nieto no pague todos aquellos actos ilícitos que él o su gobierno cometieron.

    Yo no quiero venganza ni perdón, yo quiero que la ley se haga cumplir, y punto.