Autor: Cerebro

  • El #PRIennial, el dinosario vintage old-fashioned

    El #PRIennial, el dinosario vintage old-fashioned

    El #PRIennial, el dinosario vintage old-fashioned

    Uno de los problemas que la clase política tiene en México es la de no poder -o querer- entender a las nuevas generaciones. Parecen verlas con desprecio, con una mirada de inferioridad, como si se tratara de puros adolescentes caguengues llenos de espinillas que no le entienden -al rollo- y los cuales pueden ser educados y moldeados a su antojo.

    La clase política -junto con sus satélites empresariales y medios de comunicación- que creció en ese México autoritario y que a veces parece que no ha terminado de entender el nuevo entorno en que se encuentran, falla incluso al tratar de utilizar el lenguaje de los jóvenes, adaptando clichés superficiales de su lenguaje a su discurso con lo cual, por más que traten de dar a entender lo contrario, muestran un total desconocimiento y desprecio por las nuevas generaciones: -los chavos de hoy le están picando al Snapchat-, -traen otro chip, están interconectados-.

    Conocen términos como «millennials» porque en todos lados se habla de eso, en revistas y artículos. Conocen las aplicaciones que usan pero pocas veces entienden bien para qué sirven. Desde lejos, tratan de ver «de qué están hablando» para limitarse a copiar algunas palabras, frases y expresiones, pensando que de esa forma, van a poder estar «en su canal.

    Pero lo paradójico aquí es que quien acuñó el término #PRIennial es un joven no tan joven, uno de esos que llamamos chavorrucos, esas personas cuya edad ronda por los 30 años. Y lo digo, porque muchos de los jóvenes que han entrado a las filas de este partido, que hay que recordar que su forma de organización más bien parecido al de una familia o club privado al cual es un orgullo pertenecer, adoptan el discurso y la visión de los más grandes en vez de traer nuevos bríos al PRI. Es decir, con algunas excepciones, los jóvenes que llegan al partido se mimetizan en él, y no terminan por convertirse en agentes de cambio que su partido tanto necesita al ver el cambio generacional que ya está en puerta y que reducirá sus bases de forma considerable.

    Rodrigo Escalante, el militante priísta que inventó el término, parece no terminar de entender siquiera a su propia generación. Por eso se extrañó al ver el mar de bromas, descalificaciones, críticas y memes que generó su post.

    priennial

    ¿Por qué entran jóvenes al PRI? Existen muchas razones para ello, pero de entre esas razones, me atrevo a decir que las siguientes son las más comunes: por un lado, algunos de los jóvenes que se adhieren a sus filas crecieron en entornos priístas (familiares o parientes simpatizaban con el partido) y, por otro lado, algunos otros porque buscan hacer carrera en el partido como si hacer política se tratara de una empresa para ganar dinero y aspirar a una mejor posición social más allá de la convicción de ser un servidor público. Es decir, los primeros lo hacen por una suerte de convicción (crecieron queriendo a su partido) y los otros lo hacen por conveniencia. Así podemos entender que los «agentes de cambio» en realidad son pocos. Podemos esperar algunos dentro de la primera categoría -y aún así son los menos-, priístas de cuño que pueden ser capaces, al menos parcialmente, de ser críticos con el partido, tienen convicciones o abrazan cierto tipo de idealismo; no así de los segundos, de quienes las convicciones no importan porque están obviamente supeditadas al beneficio personal.

    El PRI, reacio al cambio y a una revolución estructural -a pesar de la R que sobresale en su logotipo-, prefiere moldear a los jóvenes que entran, engañarse y engañar a los de afuera con meros cambios cosméticos. La desconexión de sus miembros con las nuevas generaciones (aunque algunos de ellos pertenezcan a ellas) lo deja patente. El modelo de «club privado» donde todos están alineados le ha dado mucha fuerza, porque como había mencionado anteriormente, más que los ideales, lo que importa es pertenecer a dicho club y ser un orgulloso miembro de, con lo cual son más inmunes a las derrotas electorales y al mal comportamiento de sus miembros. Pero a largo plazo, ese modelo «club» es una apuesta contraproducente. A pesar de que algunos jóvenes entran al partido, son cada vez menos los jóvenes que deciden simpatizar, y basta un cambio generacional para que el partido se debilite debido al envejecimiento de sus bases.

    La incapacidad del PRI de entender a las nuevas generaciones que no sólo se limitan a repetir términos como «millennial«, «eco-friendly«, o a subir fotos en Instagram como ellos creen, poco a poco está fracturando las bases de ese partido. Las nuevas generaciones no son «PRI-friendly«, de hecho, aprendieron a repudiar al PRI, práctica que se agravó con el gobierno de Enrique Peña Nieto.

    Por eso no es de extrañarse que campañas invitando a los jóvenes a convertirse en «PRIennials» con frases inocuas y hasta cínicas tales como «no seguimos intereses, nos mueven las causas» generen desde risa hasta indignación. Los «chavos de hoy» perciben más bien a un PRI demasiado alejado de ellos, que no sólo no los entiende, sino que los desprecia y les da la espalda. Pero por lo mismo tampoco es de extrañarse que los propios priístas se extrañen de la reacción de la gente, porque se han ensimismado tanto en su club, que han olvidado lo que hay fuera de éste.

  • El dictador naranja, round 2

    El dictador naranja, round 2

    REUTERS/Karen Pulfer Focht
    REUTERS/Karen Pulfer Focht

    Después del debate, quien todavía no crea que Donald Trump tiene inclinaciones dictatoriales es porque no lo observó bien, o se quiere cegar. Basta observar su lenguaje corporal: se mostraba imponente y hasta acosador. Hillary respondía las preguntas mientras Trump caminaba a sus espaldas, como el stalker perfecto, casi respirándole al cuello. A diferencia de Hillary, Donald Trump no se acercaba a la gente cuando respondía sus preguntas, marcaba su distancia, interrumpía a los moderadores del debate.

    Trump inició el debate con un semblante devastador, nuevamente inhalando aire una y otra vez, no sé si debido a una enfermedad, o como consecuencia de lo que sugieren las malas voces, de la cocaína importada por los mexicanos secuestradores, violadores o asesinos. Después, Donald se recuperó y por momentos tomó el control del debate. Hillary Clinton esta vez mostró que el carisma no es lo suyo, le faltó contundencia, no mató, dejó ir vivo a Donald Trump del debate y no le puso el clavo final a su candidatura, aunque ese clavo tal vez Donald ya se lo había puesto solo con el video que lo exhibe como depredador sexual. Trump, antes del debate había llevado a mujeres que presuntamente acusan de acoso sexual a Bill Clinton como respuesta, y pretendió que éstas entraran al recinto donde se llevaría a cabo. Trump hizo todo lo posible para ensuciar todo, para mostrar las «porquerías» de Hillary, verdades, medias verdades, mentiras, muchas mentiras.

    El punto culmen del debate fue cuando Trump le dijo a Hillary que de llegar a la Casa Blanca daría órdenes para investigar el caso de Hillary Clinton y así, poder meterla a la cárcel por el escándalo de los correos. Fue el punto culmen porque la persecución política es característica de dictadores y demagogos y no de presidentes democráticos, porque la investigación corresponde al poder judicial y no a los caprichos del legislativo. La simpatía, a veces expresa, de Donald Trump por Vladimir Putin no es coincidencia.

    Donald Trump una vez más mostró que el respeto por el Estado de derecho y las instituciones no es lo suyo: se ufana de no pagar impuestos, amenaza con encarcelar oponentes o por cancelar tratados internacionales. El talante autoritario de Trump está muy presente, no es ni siquiera parte de una estrategia de campaña, es él mismo en un desplante sincero de su esencia como persona, lo ha mostrado durante toda su carrera como hombre de negocios con el (mal)trato hacia las mujeres, sus escándalos sexuales -que llevan implícitos una falta de respeto hacia su propia esposa-.

    El resultado del debate no fue tan holgado como el de la otra vez, de hecho no me atrevo a decir que Hillary lo haya ganado. A pesar de sus mentiras, Trump se vio más presente, menos caricaturesco, y se molestó más en preparar sus intervenciones. Hillary ahora no pudo darle una de esas estocadas penetrantes que vimos en el primer debate. Pareciera que la estrategia de Hillary fue defensiva, parece que decidió apostar a que el escándalo de los videos hicieran todo el trabajo para tumbar a Trump a la lona y que no pudiera usar el debate para quitarle el momentum a Hillary. Si esa fue la estrategia, funcionó, porque a pesar de que Trump estuvo mejor, el debate no incidirá mucho en las preferencias como ya lo estamos viendo, pero Hillary pudo rematarlo y decidió no hacerlo.

    A pesar de que mejoró mucho en su desempeño, Trump no pudo frenar la picada en la que se enfrenta su campaña. Parece que ahora sólo podrá apostar a un milagro si quiere ganar la candidatura, en la cual, al menos hasta unas pocas semanas, se veía muy competitivo.

    A pesar del duro golpe, los medios aciertan en no subestimarlo. No se puede subestimar a un personaje de la talla de Trump a estas alturas del juego donde votaciones como las del Brexit y los tratados de paz de Colombia, ya nos han enseñado a que no podemos dar nada por sentado.

  • Un México de ciudadanos armados

    Un México de ciudadanos armados

    Los seres humanos hemos, con el tiempo, aprendido a dejar las armas para resolver nuestros conflictos y diferencias.  A pesar de las constantes noticias sobre casos de violencia, vivimos en el mundo menos violento de la historia de la humanidad. Las organizaciones que han sido creadas para ejercer el uso de la violencia, tales como el ejército, siguen existiendo y al parecer lo seguirán haciendo por un buen tiempo; pero las diferencias entre naciones y comunidades tienden cada vez más a resolverse de otras formas, menos violentas. Las guerras son cada vez menos comunes y en éstas suelen estar involucradas países que muestran cierto rezago en su desarrollo.

    Un México de ciudadanos armados

    La propuesta que hizo el senador José Luis Preciado del PAN es un paso atrás en esa intención de dirimir las diferencias y conflictos de formas cada vez menos violentas. Su iniciativa consiste en reformar el artículo 10 constitucional para que los ciudadanos puedan portar armas en su automóvil y en su negocio para así poderse «defenderse legítimamente del crimen».

    En los países democráticos, el Estado tiene el monopolio legítimo de la violencia y la ejerce para proteger a los ciudadanos de las amenazas tanto internas como externas. Permitir que los ciudadanos usen armas para defenderse es una forma de claudicar y mandar un mensaje a la ciudadanía de que están incapacitados e imposibilitados de defenderla. En lugar de crear estrategias para tratar de combatir el problema de la inseguridad creciente en nuestro país, le pasan la estafeta del combate de la violencia a los ciudadanos: -yo no te puedo defender, así que defiéndete tú solo-.

    Un Estado fuerte es capaz de proteger a la población de la violencia por medio de estrategias tanto violentas como no violentas, para que así los ciudadanos no necesiten usar la violencia para defenderse de amenazas externas. Una policía eficiente disuade a los criminales de llevar a cabo sus fechorías, con lo cual el ciudadano no tiene la necesidad de defenderse. Pero el Estado fuerte no es sólo quien ejerce el monopolio de la violencia, sino quien es capaz de crear políticas públicas que ayuden al desarrollo de un tejido social de donde no surjan nuevos criminales y se cree una cultura de la legalidad donde ser criminal sea cada vez menos redituable.

    Armar al ciudadano entonces, es asumir que el Estado es débil y que éste se siente completamente imposibilitado de ejercer sus tareas de protección a la ciudadanía. La incapacidad del Estado para ejercer el uso de la violencia es la misma que ha permitido el surgimiento de grupos de autodefensa que en un principio parezcan legítimos, pero que pueden pervertirse y usar la violencia con el fin de satisfacer sus intereses y no los de la población en común. Ejemplos como los de grupos de autodefensa en Colombia o la mafia italiana que surgieron como respuesta a la incapacidad del Estado para proteger a los ciudadanos nos han mostrado como permitir el uso de la fuerza desde fuera del Estado puede convertirse en un riesgo muy serio para las estructuras sociales e institucionales.

    Nuestro gobierno no debería de preocuparse por armar a los ciudadanos, sino por fortalecerse y poder diseñar estrategias efectivas que disminuyan el problema de la violencia. Pero no sólo se trata del diseño de estrategias, porque ante un Estado tan débil y deteriorado por la corrupción, es muy difícil que pueda proteger a la sociedad de los criminales.

  • ¡Yo no soy corrupto!

    ¡Yo no soy corrupto!

    ¡Yo no soy corrupto!
    forbes.com

    Yo no soy corrupto. he decidido no serlo.

    Yo no le doy mordida a los agentes de tránsito cuando me detienen, alguna vez hace varios años lo llegué a hacer, pero rectifiqué mi conducta y les niego el billete, sin importar la cara de frustración que ponga el agente.

    Yo pago mis impuestos y no busco alguna artimaña o laguna legal para no pagarlos, ni tengo beneficios por tener amigos o conocidos «bien parados» -que los tengo, los amigos, no los beneficios-. Posiblemente, si hubiera cedido a la corrupción estaría ganando más dinero y hubiera podido comprar eso que siempre habría querido comprar, posiblemente hubiera podido salir de viaje más seguido.

    Incluso soy parte y miembro cofundador de una organización civil donde buscamos formar buenos ciudadanos y desincentivar la corrupción.

    Algunos me dirán que soy un pendejo.

    Y de verdad lo creen, porque saben que si «le hubiera entrado a la corrupción» me estaría yendo mejor económicamente. Me dirán que es un contrasentido no seguir la linea recta de la corrupción y preferir la línea zigzagueante -vaya paradoja- de la rectitud. Asumen que «las cosas son así» y así siempre han sido. Llegarán aquellos «corruptos con causa social» a decirme que por qué pago impuestos si los gobernantes se los clavan, que el sistema es injusto, pero que no tiene sentido tratar de repararlo, y que mejor «hay que entrarle». Más vale ser de los que joden y no ser de los jodidos.

    Están luego los corruptos deterministas, quienes afirman que la corrupción es cultural, que la corrupción es parte de «nuestros genes» y nuestra historia. Que aprendimos a mentir porque en tiempos de la colonia, las leyes impuestas y los impuestos eran excesivamente duros y había que aprender a mentir para evitarlos, dicen. Así nos tocó ser y ya nos chingamos.

    Pero no, no soy un pendejo, de hecho estoy muy lejos de serlo. Posiblemente sí, sea un idealista, pero no uno ingenuo.

    Intentar no ser corrupto es difícil. De hecho, hay ocasiones donde uno puede ser parte de un acto de corrupción sin darse cuenta, posiblemente porque desconoce las normas, o porque son de esas «cosas buenas que parecen malas». Pero también los seres humanos tenemos un cerebro que nos sirve para hacer ejercicios de introspección y analizar los actos que hemos realizado previamente y sus consecuencias. Y es difícil también, porque quien trata ser recto, encontrará que el único beneficio a corto plazo, será el de quedar bien con su consciencia.

    Los corruptos utilizan mecanismos de defensa para justificarse. El más usado es ese donde el león cree que todos son de su condición. Es decir, como «todos lo hacen» entonces no está mal. Al cabo todos dan mordida, todos dan favores porque de otra forma no les van a dar el permiso. Ahí tenemos a nuestro Presidente de la República diciendo que en temas de corrupción nadie puede aventar la primera piedra.

    Otro mecanismo es pensar que como los actos son pequeños, casi no tienen impacto y no pueden compararse con los grandes actos de corrupción de las élites políticas. Es decir, el individuo se dice a sí mismo: -Si sólo le di 25 pesos de mordida al oficial para pasarme el alto ¿qué impacto va a tener? Mejor concéntrate en las casas blancas de Peña Nieto o en los desfalcos de Moreira, ¡eso sí es corrupción!- Pero lo que no entiende es que estos actos son igual de reprobables y lo único que cambia es el contexto bajo el cual se realizan. Un individuo que da mordidas es un individuo que muy posiblemente se involucre en escándalos de corrupción si tuviera un puesto de poder. Los pequeños actos de corrupción se convierten en una bola de nieve, porque incentivan a los demás a cometerlos, y porque aquella persona que comete pequeños actos, luego se acostumbrará a involucrarse en actos de corrupción un poco más grandes y así sucesivamente.

    Pero entonces si soy, de acuerdo a ellos, un pendejo idealista, entonces todos deberíamos hacerla de «pendejos idealistas» porque la corrupción es una de las principales razones por las cuales el país se encuentra en el rezago. Esos beneficios a corto plazo, como ese puesto en el gobierno o esa licitación, son los que terminan jodiendo al país al corto plazo, joden más a quienes no tienen recursos, quienes no tienen ni siquiera «conectes» para corromperse; pero en algún punto llega también a joder a algunos de los victimarios, ahora víctimas de terceros que por medio de la corrupción, los jodieron a ellos.

    Es cierto que en México hay mucha corrupción, y es cierto que la corrupción tiene a nuestro país en un estado deteriorado, pero es falso que todos los mexicanos sean corruptos. De hecho son muchos quienes no lo son, más de los que pudieras imaginar, pero no son todavía lo suficientes para que la legalidad se imponga sobre la corrupción y no al revés.

    Es rotundamente falso que México no pueda dejar de ser corrupto. La corrupción es producto de muchos factores, pero los más importantes tienen un carácter institucional. Es decir, los mexicanos no somos capaces de diseñar un sistema institucional que trabaje, cuyos resultados se vean y beneficien a todos. Entonces entenderás que se trata de un círculo vicioso, uno muy arraigado:

    Cómo funciona la corrupción

    Es decir, si un país como el nuestro tiene instituciones débiles, éstas no serán capaces de proveer los servicios necesarios a las comunidades. El ciudadano verá que el dinero de sus impuestos no son bien utilizados, que los favores, los contactos y demás actos más propios de una sociedad patrimonial son la regla y no la excepción, y decidirá ser parte de esta «cultura de la corrupción». Entonces el círculo vicioso se repetirá tanto hasta convencernos que se trata de algo cultural y hasta genético.

    Muchos países fueron muy corruptos hasta que decidieron romper ese círculo vicioso y construyeron instituciones sólidas. Estados Unidos es un ejemplo, los norteamericanos fueron los padres del asistencialismo, sus políticos compraban votos a cambio de puestos públicos y hasta pavos para el día de acción de gracias, pero a finales del siglo XIX y a inicios del XX, las nuevas generaciones decidieron que no querían seguir con la «vieja política». El legado de sus padres fundadores y la constitución sirvieron como base para que por medio de un sentir nacionalista, pusieran los intereses del país antes que los propios. Estados Unidos después se convirtió en la Segunda Guerra Mundial. Ciertamente Estados Unidos no es un país donde la corrupción esté ausente, pero no es lo suficientemente grande para que afecte a las instituciones de la forma en que ocurre en México.

    Los norteamericanos utilizaron el nacionalismo como piedra angular para romper el círculo vicioso, pero a pesar de ser un problema institucional no fue una «política del gobierno de entonces» lo que acabó con la corrupción, sino la presión de las clases medias emergentes en ese entonces y que luego ocuparon los puestos de poder. De la misma forma, nosotros no podemos esperar que el gobierno por su cuenta acabe con el problema, ese «cambio», esa «ruptura» debe de venir de la sociedad y no de quienes nos gobiernan actualmente. La sociedad es la que debe de cambiar para que en consecuencia el gobierno cambie.

    Por eso es que yo no soy un pendejo por no ser corrupto, porque a pesar de no ganar beneficios a corto plazo sé que si quiero un México mejor y más justo que funcione para todos y no para quienes sepan como brincarse el sistema. Porque todos nos quejamos de la corrupción y de lo mal que está el país pero le entramos al juego, porque decimos que no nos queda de otra.

    Mientras tanto, la OCDE nos volvió a colocar de nuevo como el país más corrupto de los países miembros de la organización.

  • Un voto por la oscuridad

    Un voto por la oscuridad

    Un voto por la oscuridad

    Lo que sucedió con Colombia el día de hoy nos deja una gran lección.

    Primero, que los votantes son más bien irracionales y no racionales; segundo, que las encuestas no son una herramienta de referencia fidedigna; y tercero, que el miedo es un gran arma electoral, mueve masas de forma inimaginable.

    Cierto, mencioné tres lecciones y no una. Pero es que sabiéndolas interpretar, se resumen en una sola: Donald Trump puede ganar la presidencia el 8 de noviembre.

    Quienes claman que los acuerdos de paz en Colombia no eran justos posiblemente tengan razón. Muchos esperaban ver a los miembros de las FARC enjuiciados y no «legalizados». Pero también es muy cierto que con estos acuerdos se terminaría una guerra que ha lastimado tanto a este país y que no tenía salida. Curiosamente el SÍ ganó en aquellas regiones más lastimadas por la guerra, y el NO ganó en aquellas regiones «cómodas» que posiblemente no entienden que significa vivir en esas circunstancias y no les ha tocado.

    Un día que pudo ser histórico se convirtió en uno oscuro. Los colombianos votaron por la guerra movidas por el miedo, así hay que decirlo, no es necesario ser políticamente correcto. Paradójicamente, un dos de octubre, ese día infame para la historia mexicana por la masacre de Tlatelolco, en Colombia se votó SÍ a la guerra.

    Me siento apenado por mis amigos colombianos que están consternados por la decisión que han tomado sus connacionales. Pero lo que me preocupa más es lo que falta por venir.

    El miedo, la ignorancia y los sentimientos viscerales están ganando terreno en un año oscuro para la democracia liberal. Los muros, la nostalgia por el pasado, la cerrazón. Si uno quiere buscar paralelismos con el escenario de entre-guerras, posiblemente los encuentre y seguramente no serán pocos. Son esos mismos sentimientos los que dieron pie para que el fascismo ascendiera y causara una gran tragedia global.

    El 8 de noviembre podría convertirse en uno histórico, pero no por tratarse de el fin de alguna dictadura, del derrocamiento de un régimen opresor o el fin de una guerra, sino todo lo contrario. A estas alturas, mucha gente sigue confiada y piensa que Donald Trump tiene la elección perdida. Las encuestas no lo marcan como favorito, pero las encuestas tampoco marcaron como favorito al Brexit, y mucho menos al NO en colombia. Puede pasar cualquier cosa.

    Habría qué preguntarse qué está pasando en el mundo para que esta ola de retrocesos se expanda por todo Occidente. ¿Está la democracia en crisis?

    La respuesta no es simple. En algunos países las clases medias se han estancado, y a diferencia de décadas anteriores, no sienten que el futuro les vaya a ser muy promisorio. ¿Las razones? Varias, entre ellas están los avances tecnológicos. propios de la transición de una sociedad industrial a otra de las tecnologías de la información, que están desapareciendo puestos de trabajo poco cualificados que serán sustituidos por máquinas o inteligencia artificial -Trump tiene mayoría de votantes en estados donde este tipo de empleos están desapareciendo, y el Brexit ganó mayoría de adeptos en regiones similares-. Por otro lado, el deterioro del estado de bienestar (welfare state) causado por un lado por lo insostenibles que son las pensiones y porque políticamente ya no ha sido tan rentable sostenerlas -recordemos que en muchos casos se implementaron con el fin de contrarrestar fuerzas con el comunismo soviético-, así como la concentración de recursos en una minoría también ha creado una sociedad más desigual.

    Es cierto, este es un problema real que invita a replantear el sistema bajo el cual vivimos. Francis Fukuyama alerta sobre un deterioro en el sistema político de Estados Unidos, fenómeno que se replica en muchos países occidentales. El politólogo estadounidense afirma que los sistemas no son eternos y tienden a la entropía, cosa que ocurre con los Estados. Ese deterioro ocurre cuando el Estado se vuelve incapaz de adaptarse a las circunstancias para poder satisfacer las necesidades de sus gobernados. En muchos países, el sistema democrático ha mostrado cierto deterioro. La sociedad occidental ha sufrido muchos cambios mientras que sus gobiernos se han mostrado rezagados. Fukuyama afirma que el sistema político estadounidense se ha mostrado inoperante. Moises Naím por su parte, afirma que el poder se ha fragmentado de tal forma que los gobiernos son incapaces de tomar decisiones determinantes por el «exceso» de contrapesos, mecanismos y trabas que fueron concebidos originalmente para evitar el exceso de poder.

    La misma desigualdad puede ser un peligro para la democracia. Como sostiene el propio Fukuyama, las democracias surgieron en países con una clase media de tamaño considerable. Aquellos países cuya clase media es reducida, han tenido más problemas para sostener un régimen democrático, o bien, son regímenes autoritarios. En este sentido no es raro que muchas manifestaciones que van en contra, como las de Donald Trump, se den en países, o regiones, donde la clase media está estancada, de la misma forma en que ocurrió con el debilitamiento de las clases medias tras la crisis de 1929 que prendió la mecha para que los regímenes fascistas ascendieran.

    Pero si bien, estos signos son reales, la reacción es bastante desproporcionada. Y me atrevo a decir que es así, porque dicha reacción no sólo se alimenta de este estado de las cosas, sino de los discursos demagógicos y de miedo pronunciados por aquellos que afirman, con cifras irreales a la mano, que el mundo está peor que nunca. En realidad, a pesar de lo que acabo de mencionar, hay muchos otros indicadores que contradicen los discursos de estos demagogos que desde la extrema izquierda o derecha, buscan engañar a sus simpatizantes.

    Por ejemplo, a pesar de los atentados en varias ciudades de Europa, la violencia en el mundo se encuentra en su mínimo histórico:

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    The Washington Post

    De la misma forma, la pobreza extrema se ha reducido de forma considerable.

    www.brookings.edu
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    A pesar de que las cifras no son tan pesimistas como muchos creen, la percepción tiene un papel muy importante en el discurso de aquellos demagogos que buscan poner la reversa. Un atentado en una ciudad como París donde 80 o 100 personas mueren no tiene gran relevancia estadísticamente hablando, pero sí lo tiene de forma simbólica, París es considerada la capital cultural de Occidente y un atentado contra esa ciudad, es un atentado contra el corazón occidental. DAESH y demás organizaciones terroristas, han sido de alguna forma efectivos en su intención de debilitar a Occidente. Los atentados perpetrados han alimentado el discurso de los demagogos como Trump, y quienes podrían alterar el orden.

    El caso de Colombia posiblemente no tenga mucha relación con el estancamiento de las clases medias y demás factores que mencioné, pero sí ejemplifica el papel que tiene el miedo a la hora de salir a votar.

    A pesar de que Hillary va a la cabeza en las encuestas, los discursos irracionales basados en los sentimientos más primitivos y viscerales pueden terminar modificando las tendencias. ¿Habremos aprendido la lección? Lo sabremos el 8 de noviembre. Y espero que sí lo hayamos hecho, de lo contrario, podrían venirse tiempos muy oscuros.

    Nota al pie: Desde aquí aprovecho para lamentar la muerte de Luis González de Alba. Quien fuera manifestante en la Masacre de Tlatelolco en 1968 y  estuvo preso dos años por la misma razón, murió quitándose la vida en su casa de la Colonia Americana en Guadalajara. No, no es casual que haya muerto un 2 de Octubre. Así lo decidió hacer porque esta fecha marcó su vida. El escritor fue polémico por las confrontaciones que tuvo con la izquierda, varias veces no concordé con él, pero fue una persona muy inteligente y culta, lo cual siempre dejó impreso en sus escritos. Que en paz descanse.

  • Por qué Roger Waters desearía que Peña ya no estuviera aquí

    Por qué Roger Waters desearía que Peña ya no estuviera aquí

    Por qué Roger Waters desearía que Peña ya no estuviera aquí

    Todos los que conocemos el trabajo de Roger Waters -y vaya, de Pink Floyd-, entendemos la carga política que tienen sus letras, sus composiciones y sus conciertos. Ni Waters ni Pink Floyd se pueden entender sin ello. Ir a un concierto de Roger Waters y esperar que no se hable de política es como ir a un mundial de natación y esperar que no haya alberca alguna. El proselitismo político de quien primero se consideró comunista para luego pasar a ser una suerte de liberal de izquierda, es uno de los sellos de este bajista que fuera miembro de una de las bandas más importantes de la historia de la música.

    No tuve la oportunidad de ir a la CDMX a ver el espectáculo de Roger Waters y me tuve que conformar con el recuerdo de aquel 2007 cuando vino a Guadalajara. El cerdo volador, en ese entonces, tenía escritas frases como ¡Fuera Bush! El cual se paseó por todo el 3 de Marzo para caer en una casa contigua.

    El proselitismo político de Roger Waters fue más intenso y más polémico en esta ocasión. Llamò pendejo a Trump, el cerdo ahora tenía inscripciones como «nos faltan 43» y «Fue el estado». Más polémico aún, criticó duramente a Peña Nieto en un discurso, reclamándole por la violencia y por preocuparse por «sus amigos» antes que por los demás. Claro, no sin olvidar replicar la consigna #RenunciaYa en la pantalla gigante, lo cual a mi parecer no tuvo tanto que ver con una pedida explícita de renuncia a Peña Nieto, y sí más como una forma de replicar el hartazgo que se vive dentro del país.

    Si nos atenemos estrictamente a derecho, a lo legal, Roger Waters pudo cometer una ilegalidad:

    «Artículo 33 de la Constitución.- … Los extranjeros no podrán de ninguna manera inmiscuirse en los asuntos políticos del país.

    Naturalmente, la mayoría de los asistentes y la sociedad en general aplaudió el acto. -Roger Waters hizo lo que ni nosotros hacemos-. Algunos otros, simpatizantes del gobierno o del PRI manifestaron su inconformidad y molestia con el músico -Pinche chairo, lo sabía, se le notaba lo chairo desde el Dark Side of the Moon-.

    Mi pregunta va en este sentido: ¿hasta donde se debería permitir o restringir la libertad de expresión a un extranjero en nuestro país? Cierto que somos mexicanos, pero cierto también es, que gracias a los nuevos medios de comunicación y tecnología que permiten el intercambio de información somos una sociedad más global. Por ejemplo, Ayotzinapa no es algo que solo duela a los mexicanos, también a muchos extranjeros (como Roger Waters) les duelen los 43. A muchos «nos duele» lo que está pasando en Venezuela por ejemplo. También nos duelen los atentados en Francia o la tragedia humanitaria que vive Siria.

    Trump eres un pendejo

    Entiendo que un país deba protegerse de ciertas amenazas que vienen del exterior. Pero no es lo mismo que ese reclamo lo haga un gobierno extranjero, o un grupo que tiene algún interés político o comercial, a un músico que quiso dar un concierto y solidarizarse con los mexicanos.

    No es lo mismo tampoco que Roger Waters muestre estos mensajes, a que él mismo realice una revuelta en México para derrocar a Peña Nieto. Conociendo el proselitismo de Waters, es notorio que éste usó su libertad de expresión más para solidarizarse con un país cuya gran mayoría de miembros está indignada por lo que sucede actualmente con la violencia y la corrupción en el gobierno, que para organizar una revuelta o entrometerse activamente.

    ¿Qué no tampoco hemos hecho los mismo nosotros con Trump? ¿Qué no grupos como Maná han criticado duramente al magnate en suelo norteamericano? ¿Qué no Vicente Fernández dedicó una canción a Hillary Clinton, la cual fue replicada por la candidata? ¿Qué no, U2, cuyos miembros son británicos o irlandeses y no norteamericanos, hicieron proselitismo contra Trump en Las Vegas? ¿Qué no aseguraron algunos políticos en México, que tratarían de incidir en Estados Unidos para que no ganara Trump?

    Cierto que en México aprendimos a ver a lo extranjero como una amenaza, muchos gobiernos nacionalistas junto con nuestro pasado victimista moldearon ese pensamiento que en pleno siglo XXI no se ha erradicado. Roger Waters no representa amenaza alguna, ni es un enviado del gobierno británico (al cual generalmente critica), simplemente es un individuo que quiso expresarse y compartir una postura política con la cual, por cierto, la mayoría de los mexicanos compartimos.

    Que un extranjero se exprese o se preocupe por lo que pasa en este país debería de considerarse como libertad de expresión. No sólo porque una sociedad global como en la que vivimos no sólo esta lo suficientemente interconectada para que los actos que se cometan en un país pueda afectar a otro, sino porque ya no vivimos encerrados en un pedazo de territorio (son los fascistas los que insisten con los muros), cada vez tenemos más que ver con lo que pasa allá afuera, y cada vez nos importa más.

    https://www.youtube.com/watch?v=P325QhU9WIw

  • Hillary baila a Donald Trump, todos brincan y cantan, pero él sigue vivo

    Hillary baila a Donald Trump, todos brincan y cantan, pero él sigue vivo

    Hillary baila a Donald Trump, todos brincan y cantan, pero él sigue vivo

    Vi el debate el día de ayer.

    Hillary Clinton le puso una arrastrada a Donald Trump. Al menos todos los que nos creemos pensantes, nos sentimos quesque intelectuales y nos encanta opinar de todo, lo vimos así. En la batalla de los argumentos, Hillary le dio una repasada al populista naranja, lo exhibió, una y otra vez lo dejó ver como un mentiroso. Recordé ese Chile  7-0 México que tanto disfrutamos y gozamos pero en versión debate. A pesar de que al principio Donald Trump no picaba el anzuelo, Hillary no tardó mucho en encontrar al modo y lo exhibió.

    Eso es lo que pensamos nosotros.

    Pero no es lo que piensa todo el mundo, menos «esa masa» del electorado estadounidense.

    Digamos que parte del electorado de Donald Trump vió ese «7-0» desde otra perspectiva. Para ellos, el 7 va antes que el 0.

    Es decir, la base de votantes de Donald Trump está movida por la indignación, por aquellos que se sienten  «traicionados» por su país, quienes han perdido sus empleos porque las empresas se han ido a otros países para abaratar costos, y sus escasas habilidades técnicas y de conocimiento no dan para encontrar empleos igualmente remunerados.

    Trump había encontrado el discurso perfecto, se había inventado enemigos como México, China, los migrantes asiáticos. Aprovechó la ignorancia, que es una constante en esos sectores deprimidos, y pasó de ser un pre-candidato irrelevante del GOP, a un serio contendiente por la presidencia.

    Los argumentos no importan tanto para sus electores, sino aquello que significa Donald Trump, el outsider, el showman.

    Hillary hizo lo que tenía que hacer. Se notó que, a diferencia de Trump, preparó muy bien todos los escenarios posibles, tanto de ataque como de defensa. Sobre todo, logró mostrarse como una estadista, como una mujer fuerte (reduciendo los cuestionamientos sobre su desmayo a cero) que tiene idea de lo que va a hacer cuando llegue a la Casa Blanca. Vaya, se le vieron tablas. Se notó que la batalla era entre una política de carrera y un empresario demagogo.

    https://www.youtube.com/watch?v=ZEHPrYUcoi0

    Más que quitarle puntos al otro, lo que debía hacer Hillary era sumar los propios. Trump no iba a perder mucho por los ataques que recibiera por lo antes mencionado, pero Hillary podía ganar los suyos. En cada ataque imprimió ese perfil que sabe que le conviene mostrar, el de una mujer determinante, que sabe lo que hace. Había que ganarse a los indecisos, la pregunta es a cuántos.

    Pero si piensas que este debate, uno de los más disparejos que recuerde, va a noquear a Donald Trump, estás equivocado. Hillary ganó una batalla, no la guerra.

    Y no hablo de los dos debates que todavía tienen que llevarse a cabo, sino de «todo lo demás» que puede pasar en este mes y medio que falta para que los estadounidenses salgan a votar: algún atentado, alguna declaración, algún escándalo. Según fivethirtyeight.com, las posibilidades de que Hillary gane son 55%, mientras que las de Trump son 44%. Clinton es favorita, pero la contienda está cerrada. Según este mismo medio, las posibilidades de Hillary sólo aumentaron un 1% después del debate (esperando lo que ocurra los días que faltan). La buena noticia para Hillary, es que al parecer, al menos logró romper la racha de Donald Trump.

    Trump vs Hillary
    fivethirtyeight.com

    ¿Qué quiero decir?, que la contienda sigue estando lo suficientemente competida como para pensar que ya hay ganador, como para pensar que Hillary será la próxima presidenta. El riesgo llamado Donald Trump sigue latente, y aute algún exceso de confianza puede pasar cualquier cosa.

    Hillary debe de capitalizar lo sucedido en el debate para seguir sumando puntos, de la misma forma debe de aprovechar los otros dos que faltan. Veo difícil que Donald Trump pueda mostrar algo muy diferente a lo que pudimos a ver. A pesar de su carácter irracional y de los absurdos de sus planteamientos, Trump logró verse más elocuente que en los debates de las elecciones primarias, y aún así le fue muy mal.

    Y créanme, en mes y medio puede pasar cualquier cosa. Afortunadamente los medios y los opositores a Trump entendieron el mensaje de las ocasiones pasadas, saben que a estas alturas del juego no pueden bajar la guardia. Son cada vez más voces las que se suman en su contra, artistas, actores, famosos, gente que sabe que al ser celebridad o alguien reconocido puede influir en la elección de los votantes.

    Ah sí, y el precio del dólar bajó gracias a la derrota de Trump.

  • Los gays, el FNF, las difamaciones y el linchamiento, en el nombre del amor

    Los gays, el FNF, las difamaciones y el linchamiento, en el nombre del amor

    Los gays, el FNF, las difamaciones y el linchamiento, en el nombre del amor
    Blanca Juárez- La Jornada

    Hoy más que nunca, la disputa entre los grupos conservadores y la comunidad LGBT está al por mayor, ardiendo tanto que parece que el propio Satanás les ha prestado su hogar como campo de batalla.  Los primeros, representados por el Frente Nacional por la Familia, dieron el «primer golpe de autoridad» si así se le pudiera llamar. No se fueron con medias tintas y quisieron mostrar su músculo. Tal vez decir que fueron más de un millón de personas las que se manifestaron en las distintas ciudades es algo exagerado, pero de que fueron muchas, lo fueron.

    Ante un cambio generacional que no les beneficia, donde los millennials parecen abrazar cada vez más el concepto de matrimonio igualitario, habría que mostrar que su fuerza sigue siendo muy grande. Aunque, según Grupo Reforma, se haya llegado al punto en que quienes rechazan este modelo de matrimonio entre personas del mismo sexo ya no es mayoría; la percepción, las plazas abarrotadas de gente, y la capacidad de los grupos conservadores y organizaciones eclesiásticas con sus fuertes estructuras -mucho más que las de sus opositores- mandan el mensaje de que todavía tienen mucho peso, y que no pasarán fácilmente por encima de ellos.

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    Ese «golpe de autoridad» consistió en utilizar todos los recursos posibles para convocar y movilizar a la gente. Hace poco más de una semana critiqué el hecho de que el FNF había utilizado información falsa para que por medio del miedo, muchas personas salieran a marchar. Ahora hablaré de lo que ocurre al otro lado de la moneda, y es que si la postura del FNF ha sido muy confrontativa y agresiva, dentro de la comunidad gay, o al menos ciertos sectores de ésta, la respuesta tampoco ha sido muy diferente.

    Me llamó la atención que el Frente Orgullo Nacional (FON) haya decidido «exhibir» a los sacerdotes que, dicen, han estado involucrado en relaciones homosexuales. Afirman en su «lista péndulo» que incluso varios de los sacerdotes habrían mantenido relaciones homosexuales con algunos de ellos. Involucran a Hugo Valdemar, quien acuñó la ya popular frase de «imperio gay».

    Aunque fuera cierto, que el FON haya decidido revelar esa información se me hace de lo más bajo, vil y antiético, al punto que no todos sus pares estuvieron de acuerdo con lo que hicieron. ¿Por qué?

    Porque nadie tiene derecho de revelar la vida privada de los demás. Peor aún, cuando los que acusan, según afirman, estuvieron involucrados en algunas de esas relaciones. De hecho lo que están haciendo es ilícito, esto sin importar si lo que acusan es cierto o no. Este frente está violando el derecho a la privacidad que los propios sacerdotes tienen al ser mexicanos.

    En la misma suposición. Si un sacerdote se involucra en una relación homosexual, para la Iglesia podrá ser algo condenable o inmoral, pero para el Estado y las leyes que nos rigen, no está involucrándose en algo ilícito (a menos que fuera un menor de edad) y se considera que ese acto forma parte de su vida privada. Entonces, revelarlo constituye un difamación. Y una difamación tramposa, porque se trata de un chantaje de lo más bajo, de una venganza de lo más vil. Y esto, aclaro, en el escenario donde los padres sí se hubieran involucrado.

    En el escenario en el cual la información es falsa y fue inventada, se trata de igual forma de un acto de difamación y un acto ilícito, pero además habría que incluir que están mintiendo, con lo cual la difamación se agrava.

    Mientras muchas personas de la comunidad LGBT se esfuerzan por mostrar que son personas capaces de llevar una vida equilibrada y estar preparados para mantener relaciones estables y adoptar -para muestra, las marchas de la igualdad que son mucho más moderadas que las tradicionales «marchas del orgullo gay»-, algunos de sus pares como los del FON, con la supuesta intención de mostrar la doble moral de la Iglesia, parecen querer darles la razón a sus críticos, por medio de agresiones, calumnias y difamaciones.

    Tristemente esta confrontación ha tomado tintes intolerantes desde ambos lados, poco falta para que llegue a la violencia. Cierto, no son todos, así como muchos de los que fueron a manifestarse a favor de la familia no lo hicieron con la intención de «atacar a los gays», también muchos gays han tratado de sensibilizar a quienes no piensan como ellos sin ataques personales de por medio. Pero hay otros varios, como los del FON y parte de los organizadores del FNF, que han hecho de la intolerancia la moneda de cambio para defender las que dicen ser sus causas.

    Triste que esta confrontación llegue a un nivel tan bajo y decadente. Triste que en ocasiones parezca que lo que se pretenda no es defender a la familia o las familias, sino destruir al otro, al prójimo. Curiosamente que muchos de ellos lo hagan en «el nombre del amor, del respeto, de Dios, de los valores y de la tolerancia», por más paradójico que sea.