Autor: Cerebro

  • Es la dictadura de Fidel Castro, estúpido

    Es la dictadura de Fidel Castro, estúpido

    Quien celebra la muerte de Fidel carece de la más mínima sensibilidad humana. Quien la llora carece de conocimientos de historia elemental.

    Es la dictadura de Fidel Castro, estúpido
    Sept. 29, 1974. (AP Photo)

    Voy a empezar siendo políticamente incorrecto, lo que voy a decir a continuación va a molestar a más de uno, lo cual en realidad no importa porque no he escrito este artículo para quedar bien con nadie:

    Fidel Castro fue un dictador que restringió las libertades de su pueblo, al cual, como en todos los países comunistas de la época, adoctrinó y exigió lealtad. Si fue un revolucionario, entonces traicionó a su pueblo porque derrocó una dictadura (la de Fulgencio Batista) para imponer la suya propia, inspirada e influenciada enormemente por el comunismo soviético.

    Y quiero aclararlo así porque me niego a deificar y mitificar a un dictador que reprimió a su pueblo.

    Los idealistas de izquierda suelen tomar como inspiración sus discursos, sus arrebatos contra la desigualdad y la pobreza, pero ignoran la opresión que ejerció con los suyos. Los idealistas suelen exaltar la educación, pero ignoran todo el contenido doctrinario que ésta contenía. Los idealistas suelen alabar la medicina cubana, pero ignoran el estado en el que se encuentran muchos cubanos que habitan la isla.

    Me pregunto si todos esos idealistas estarían dispuestos a vivir en Cuba. – Es pobreza pero no de la extrema, en Cuba no hay pobreza extrema. -¿Estarías dispuesto a dejar tu modo de vida, tus gadgets, tu Twitter donde tan bien hablas de la Revolución Cubana, para irte a un país donde el gobierno te dice qué comer?

    ¿Fidel Castro aportó cosas positivas? Sí, podemos hablar del sistema de salud por poner un ejemplo. Pero dichas aportaciones quedan relegadas a segundo plano cuando recordamos a tantos cubanos que trataron de escapar de una isla de la cual eran literalmente prisioneros.

    Fidel Castro inspiró a muchos, sobre todo a aquellos que no tenían pleno conocimiento de lo que ocurría en la isla, o bien, relativizaban lo que pasaba para fortalecer su mensaje contestatario hacia el gobierno (quesque-capitalista-facha-neoliberal) de su nación. Así, de la misma forma que algunos españoles ilusos anhelan el regreso de Francisco Franco, o los chilenos el de Pinochet. Porque no se trata de ideologías, sino de libertades.

    La figura de Castro, siento arruinar el velorio a los izquierdistas, debe de ponerse a la misma altura de esos dictadores de derecha que tanto detestan. Todos ellos se caracterizaron por restringir las libertades de su pueblo. La historia no puede absolver a Fidel Castro.

    E insistirán en que «no conozco la historia». La evidencia es explícita y abrumadora. Ahí está una Cuba congelada en los años 50, sin ninguna expresión de progreso y modernidad, y con las casas cayéndose a pedazos (tienen mucha suerte de no vivir en una zona sísmica).

    No, yo me niego a deificar a Fidel Castro como muchos pretenden hacer.

    Y menos pretendo hacerlo en un momento de la historia donde algunos amagan con reconstruir muros, apelan al odio y promueven un nacionalismo que divide mas a los seres humanos.

    No celebro su muerte, no puedo celebrar la muerte de un ser humano, pero tampoco puedo llorarla.

    ¡No a la mitificación de Fidel Castro!

  • La candidata Margarita, o por qué las cosas no son como antes

    La candidata Margarita, o por qué las cosas no son como antes

    En Twitter y algunos medios -principalmente de izquierda- me he topado con muchas comentarios que afirman que la nueva telenovela de Televisa llamada La Candidata es una estrategia para posicionar a Margarita Zavala de aquí al 2018.

    La candidata Margarita, o por qué las cosas no son como antes

    Esa novela, que parece una versión demasiado tropicalizada de House of Cards, tiene personaje principal es una senadora quien está casada con un gobernador.

    Esa coincidencia -Margarita está casada con el expresidente Felipe Calderón- ha llamado mucho la atención de algunos. Yo no sé si se trate de una estrategia para posicionarla o sea tan solo la imaginación de algunos curiosos.

    Si esos rumores fueran verdad, me preguntaría si a estas alturas de la vida una campaña encubierta de ese tipo va a funcionar. No sólo porque la influencia que tiene Televisa es mucho menor que hace 6 años, sino por el antecedente marcado por Peña Nieto. Dudo que tenga mucha eficacia, empezando porque la actriz de la novela muestra ser una mujer de cáracter, y Margarita se sigue viendo muy mojigata. Si es ese propósito, no sé si se logre hacer bien la relación.

    Pero independientemente de que sea verdad, lo que percibo en esta carrera electoral que ya comenzó, es que los políticos están haciendo lo que siempre hacen, y creo que las elecciones van a ser un tanto diferentes.

    Por ejemplo, candidatos como Graco Ramírez, Rafael Moreno Valle, o la misma Margarita Zavala, están utilizando medios de publicidad encubierta para saltarse la normatividad del INE y poder hacer campaña. Los primeros dos jugando a ser portada de revistas políticas o del corazón para simular que dichas revistas están haciendo publicidad por cuenta propia en los autobuses y espectaculares. La tercera ha colocado espectaculares para presentar su nuevo libro: -estoy vendiendo mi libro, no estoy haciendo campaña-.

    La idea es que cuando lleguen a la elección -ya sea la primaria o la presidencial- sean conocidos por la mayor cantidad de personas, porque nadie te va a votar si no sabes quien eres.

    Pero la percepción que generan en realidad es que son los mismos políticos de siempre, usando las mismas técnicas desgastadas: espectaculares, spots aburridos –que vaya, los de Ricardo Anaya son muy buenos somníferos-.

    Es decir, creen estar en 2006 cuando las elecciones se van a llevar a cabo en 2018. En 2018 el voto va a ser en contra no sólo del PRI, sino del sistema.

    Y eso no solamente obedece a lo que está ocurriendo en el mundo -cosa que desde luego hay que considerar-, sino a las particularidades de nuestro país.

    La percepción que tiene el ciudadano de la clase política es pésima, no se siente representado, percibe que el país está cada vez peor, y a pesar de que coloca al gobierno de Peña Nieto como principal responsable, también logra percibir que la postura del PAN y el PRD es muy displicente, que son más complacientes que opositores.

    Este escenario beneficia mucho a López Obrador, quien aunque en la práctica también es parte de esa clase política viciada, es percibido por muchos  como el que contrasta ante los demás, como un outsider, y recordemos que la percepción es lo que cuenta.

    Revista Impacto

    El ascenso de Donald Trump al poder complica las cosas para los políticos tradicionales. No sólo será la corrupción el tema ante el que gire las elecciones, sino la postura que tendrá México frente a un Estados Unidos más nacionalista y aislacionista.

    Lo que menos querrá oír el público serán discursos «políticamente correctos» con una entonación blandengue que hablen de diálogos o acuerdos, sino una respuesta firme y contundente, alguien que lo represente.

    Y ahí, una ventana se abre para López Obrador.

    Margarita Zavala, en cambio, con su lenguaje demasiado bien cuidado y más tierno que determinado, podrá quedar en desventaja. Margarita despertará pasiones dentro de los panistas, pero no dentro del voto útil que definirá una vez más la elección. Ella es al final «la esposa de Calderón» -máxime en un país donde el machismo abunda- y a diferencia de Hillary Clinton, esa relación es muy evidente. Esas fotografías donde Margarita aparece en un yate con Calderón y los Mouriño sólo refuerzan la percepción de que ella es una de «los políticos de siempre».

    donde Margarita aparece en un yate con Calderón y los Mouriño

    Algunos harán todo lo posible porque López Obrador no llegue a la presidencia. Por diferentes razones, algunos ya sea por miedo a perder sus intereses o bien, otros una preocupación genuina por la economía del país, podrán soltar a los perros en contra de AMLO.

    Pero si esto sucede, el impacto será menor al del 2006, e incluso podría terminar fortaleciendo al tabasqueño; porque el emisor -sobre todo la propia clase política- ha perdido mucha legitimidad e inclusive autoridad moral como para tildar de «peligro para México» a su adversario.

    AMLO se ha conducido correctamente desde un punto de vista estratégico. A pesar de que sus propuestas nos parecen contraproducentes y absurdas a algunos de nosotros, son las que muchos otros quisieran escuchar, y también es cierto que no ha mostrado tantas muestras de radicalización como en años anteriores.

    Obrador no necesita convencer a todos, sino tan solo a «un poco más» de votantes que en 2012 y que los electores no se sientan muy motivados a votar por candidatos dentro del sistema -algo parecido a lo que sucedió en Estados Unidos, donde muchos que no simpatizaban con Trump, decidieron no votar tampoco por Hillary-. Ese escenario, vale decirlo, es muy factible.

    Y mientras que el PRI quedará desdibujado gracias Peña Nieto  -sumado a unas bases que están envejeciendo, y por tanto, reduciéndose- y ni el PAN ni el PRD han logrado hacer contraste con el gobierno actual, el candidato ideal sea aquél que sí logre llevar a cabo ese contraste. Si no es AMLO, podrá ser un independiente que ataque duramente a la clase política y sea determinante con Trump. Jorge Castañeda, aspirante a una candidatura independiente, va en ese sentido.

    La única opción que podrían tener «los tradicionales» es que el propio AMLO se boicoteé -escenario tampoco demasiado improbable-, lo cual le de el triunfo a otro de los «partidos de siempre», posiblemente el PAN.

    La clase política ha quedado tan ensimismada que parece no entender siquiera que el tablero de juego está cambiando. Recurren a las mismas fórmulas de siempre y se creen indispensables frente a una ciudadanía que conocen cada vez menos.

    En dos años pueden pasar muchas cosas, pero a mi parecer, las cosas parecen dirigirse en ese sentido. Quienes esperen que en 2018 ocurra lo «mismo de siempre» se llevarán una gran sorpresa.

  • 10 libros de autoayuda que deberías leer ya

    10 libros de autoayuda que deberías leer ya

    10 libros de autoayuda que deberías leer ya
    Tener un gran librero no garantiza que seas culto.

    Yo soy muy escéptico de los libros de autoayuda. Siempre que alguien me menciona un libro del género me pongo un poco a la defensiva. Y es que la mayoría de esta literatura es basura. ¿Por qué?

    El mercado potencial de los libros de autoayuda es vasto. La mayoría de la gente tiene problemas con que lidiar, y de esta mayoría, es poca la que tiene la sabiduría para hacerlo. Los libros de autoayuda más atractivos son aquellos que dejan al usuario en un especie de trance emocional-positivo-yo-si-puedo cuando termina de leer el libro. El lector está convencido de que sí puede, de que puede comerse al mundo. Pero al lector le han dado paja emocional. Al lector le repitieron frasesillas como «tú puedes», «todo está en ti», «sé tu mismo», «el universo va a conspirar para que suceda». La realidad es que ese estado de trance va desapareciendo con los días para volver a su estado normal, aburrido y amargado. Y así, irá al Sanborns a comprar otro libro.

    Hay algunos pocos libros de autoayuda que son más útiles porque le presentan una estructura de trabajo bien delineada al lector sin prometer milagros ni dar palmaditas en la espalda, o porque el escritor tiene los suficientes conocimientos (en filosofía, psicología, sociología y disciplinas similares) para ponerlo a pensar. Cuando no se cumplen ninguna de estas dos condiciones, entonces podemos decir que el libro en cuestión es basura.

    Voy a empezar con mi lista, algunos pueden ser considerados libros de autoayuda estrictamente, otros no tanto pero cumplen con la función. El orden de esta lista no tiene importancia ni están clasificados de forma alguna:

    1.- Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva – Stephen R. Covey

    Este libro es un claro ejemplo cuando hablo de estructuras de trabajo. Covey propone un modelo holístico para trabajar la persona de dentro hacia afuera. Muchas de sus planteamientos parecen obvios (como ser proactivo por poner un ejemplo), pero la tarea en cuestión es ponerlos en marcha de una forma bien estructurada y pensada. Covey no inventa recetas mágicas ni te repite que eres muy valioso ni te da palmadas en la espalda, simplemente propone un plan de trabajo el cual puedes seguir para tener una vida que tenga más orden y equilibrio.

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    2.- Getting Things Done – David Allen

    Este libro va en el mismo sentido de ayudar al lector a crear una estructura de trabajo. A diferencia del primero, esta obra de David Allen propone un método para organizar de una forma más eficiente las actividades que realizamos diariamente. El propósito de este libro es que el lector pueda ser más productivo y por lo tanto, aspire a vivir una vida con menos estrés y apuros. Este libro es una joya para quienes somos muy dispersos y acostumbramos a guardar todas nuestros pendientes en nuestra memoria (con todos los problemas que eso implica).

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    3.- El Hombre en Busca de Sentido – Viktor Frankl

    ¿Ser libre en un campo de concentración? Esta obra de Frankl, psicólogo judío, está muy basada en lo que vivió cuando estuvo en Auschwitz, cómo es que pudo sortear psicológicamente su estancia y encontrar un sentido a su vida a pesar del sufrimiento y la represión totalitaria para sobrevivir para contar su historia. Gracias a esa resiliencia extrema fundó su logoterapia que se mantiene vigente hasta el día de hoy. Este libro tiene grandes dosis de sabiduría para aquellas personas que teniéndolo todo, creen no tener propósito alguno en sus vidas.

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    4.- Inteligencia Emocional – Daniel Goleman

    No es un libro de autoayuda típico, o tradicional, tal vez no se le pueda llamar explícitamente así. Más bien trata de exponer este concepto de inteligencia, comenzando con la teoría pura para después llevar su tesis a la práctica. Su idea se ha vuelto muy popular en estos tiempos de mucha torpeza emocional y de actitudes viscerales. La inteligencia emocional es un atributo muy valioso en un mundo tan competitivo y agitado como el que tenemos hoy.

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    5.- Los Cuatro Acuerdos – Miguel Ruiz

    Este es buen ejemplo de lo que debería de ser un libro de autoayuda. Sin pretensión alguna propone, valga la redundancia, cuatro acuerdos. 1.- Ser impecable con las palabras, 2.- No tomarse nada personal, 3.- No hacer suposiciones, y 4.- Hacer siempre el máximo esfuerzo. El texto, como lo menciona, toma como base la sabiduría de los toltecas, y cuando uno lee el libro, nota al instante que hay algo mucho más profundo que simples soluciones superficiales.

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    6.- La Conquista de la Felicidad – Bertrand Russell

    Este reconocido filósofo inglés tuvo la ocurrencia de escribir un libro para decirle a la gente cómo ser feliz. Es un libro sumamente fácil de leer (cosa que no es muy común cuando hablamos de filósofos de este calibre), pero a pesar de la lectura ligera y de la facilidad con la que explica los conceptos, es completamente evidente que quien está detrás de esas letras es alguien muy culto.

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    7.- De la Brevedad de la Vida – Séneca

    Nos vamos mucho más atrás en el tiempo para recomendar este libro de este filósofo español-romano. Estoico por excelencia, Séneca básicamente nos recomienda aprovechar el tiempo al máximo, y no perderlo en cosas fútiles y banales. Si quieres practicar el estoicismo, este autor tiene varias obras que pueden ser de utilidad para ti.

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    8.- Conscious Business – Fred Kofman

    Este es un muy buen libro para aprender a ser emocionalmente inteligente dentro de tu actividad profesional (ya seas empleado, freelancer, emprendedor) y para aprender a tomar mejores decisiones basados en una mayor empatía hacia las demás personas. A pesar de ser un libro enfocado al mundo productivo y empresarial, hace mucho énfasis en el valor del ser humano y el sentido de la comunidad.

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    9.- El Profeta – Gibran Khalil Gibran

    Este es un libro de «autoayuda» adelantado a su tiempo. Lo que hizo el poeta y ensayista libanés a una muy corta edad fue plantear, a través de la historia ficticia de un profeta que abandona su pueblo, una lista de consejos sobre temas muy variados que van desde el dinero hasta el amor, el esfuerzo o la familia. Es un libro que puede ser leído en dos horas, pero cuya sabiduría podrá quedar para siempre dentro de tu espíritu.

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    10.- Mate. Become the Man Women Want – Max Tucker y Geoffrey Miller

    Siempre he aborrecido los libros de «cómo conquistar mujeres» porque en general los considero muy superficiales y en muchos casos tratan a las mujeres como un objeto, cosa que no pasa con este libro. Desde una postura más bien antropológica, este libro se aleja de los clichés típicos de los «expertos en conquistar mujeres» y se centra más bien en el comportamiento de ambos sexos. A pesar de ser un libro que parece estar más bien dirigido hacia los hombres, lo encuentro también muy útil para las mujeres que quieran entender las diferencias que ambos géneros tienen cuando se trata de establecer relaciones sentimentales.

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    Esas son mis sugerencias, y para ser sinceros, he encontrado muy pocos libros que valen la pena más allá de estos que acabo de recomendar. Así que les recomiendo que les den una oportunidad.

     

  • ¿México puede ser chingón, a pesar de Trump?

    ¿México puede ser chingón, a pesar de Trump?

    ¿México puede ser chingón, a pesar de Trump?

    Ante la llegada de Trump al poder, hay quienes piensan -en México- que se abre un mundo de oportunidades, y hay otros que predicen una hecatombe para nuestro país. Yo sugiero un punto intermedio entre los ilusos -ser optimista en exceso es ser iluso- y los pesimistas.

    De hecho, lo que me da más miedo de Donald Trump no tiene que ver directamente con México, y eso es algo de lo que no todos hablan.

    Es decir, lo que genera mucha ansiedad aquí es que Trump va a construir el muro -el cual vamos a pagar, dice-, que va a deportar a muchos connacionales,  y que planea cancelar el TLC-, del cual hasta hace poco muchos dudaban de sus beneficios-. De esos tres puntos, la deportación de muchos connacionales es la que me preocupa más -seguramente serán mucho menos de los que prometió, aunque no dejará de ser un número considerable-, porque muchos serán desterrados y mucha familias quedarán rotas. No es que no importen las otras, sí importan, pero no es el final del país.

    ¿Por qué no me preocupa tanto? Porque no creo que México dependa o deba depender completamente de Estados Unidos; de hecho, esa relación de dependencia es relativamente reciente. No es como que no se pueda entender a México sin una relación estrecha con Estados Unidos.

    Lo que me preocupa de Trump, eso de lo cual no se habla tanto, no es su relación con México, sino la que tendrá con su propio país y con el mundo, así como las implicaciones geopolíticas que su presencia pueda tener.

    Me preocupa, por ejemplo, esa tendencia de Occidente hacia el nacionalismo abrazado (y posteriormente abrasado) por demagogos tendientes hacia el autoritarismo. Y preocupa por lo que representa Trump al frente del país que todavía tiene mayor influencia ideológica y cultural sobre el mundo.

    La democracia está en peligro, pero aún así, si sortea los malos tiempos -lo cual creo que sucederá-, regresará en una mejor versión. Esta cadena nacionalista fue una advertencia para los liberales, por ejemplo, que encajonados en su corrección política, preocupados por solo algunas minorías (de raza, género o preferencia sexual) se olvidaron de toda la sociedad en su conjunto. Pero claro que hay razones por las cuales nos debemos mantener en alerta, y comparto la petición de que no se debe «normalizar» a este magnate con inclinaciones fascistas.

    Pero México puede sobrevivir a Trump.

    Si a Trump se le ocurre cancelar el TLC, o lo negocia de tal forma que quedamos en desventaja, todavía tenemos varias alternativas, muchas de las cuales ni siquiera habíamos contemplado porque ya nos habíamos acostumbrado a esa relación de dependencia.

    Incluso no se equivocan del todo quienes dicen que esta crisis puede abordarse de tal forma que se transforme en una oportunidad. Ésta puede ayudar a México a replantearse como nación. La contraparte es que para esto se necesita mucha visión, y eso es algo de lo que carece el gobierno actual (en todos los niveles).

    Y no estoy diciendo que no vayamos a padecer nada. Muy posiblemente podamos ver a corto plazo algún impacto en nuestra economía al ver reducido el intercambio de productos y servicios con Estados Unidos, habrán trabajos que se pierdan -sobre todo al norte del país-, posiblemente entremos en alguna suerte de recesión económica, pero no creo que sea un día desolador del cual no podamos salir o que pueda comprometer nuestro futuro a largo plazo si somos inteligentes.

    Una alternativa es diversificar nuestra economía. Ante una estrella menguante como la de Estados Unidos, podríamos mirar a países como China, la misma Europa o todas esas naciones asiáticas que emergen gracias a la globalización mientras Occidente se estanca.

    Si Estados Unidos se cierra y cae en un nacionalismo absurdo, México podría llenar esos vacíos que deje nuestro vecino.

    Otra cosa que se puede hacer es fortalecer el mercado interno y trabajar a México desde adentro -lo cual no implica necesariamente que apostemos a una especie de proteccionismo-. México puede apostar a producir lo que importaba por poner un ejemplo. En un mundo globalizado gracias a las tecnologías de la información es más fácil absorber conocimiento que en la etapa pre-TLC, y por lo tanto la curva de aprendizaje es menor.

    Se trata de una estrategia más ambiciosa que convocar en redes a comprar producto nacional para castigar a las empresas gringas -cuya mayoría no tienen nada que ver con el triunfo de Donald Trump, y que de hecho lamentan-. Ese nacionalismo absurdo de no comprar Coca Cola o Starbucks por un día no servirá en lo absoluto. No debemos caer en el mismo juego de cerrarnos.

    Lo que más me preocupa de México no es la llegada de Donald Trump, sino todos los problemas que tenemos dentro de nuestro país y que nos laceran mucho más que Trump.

    La corrupción, la violencia, los feminicidios -ahora que se hace énfasis en la misoginia de Trump-, las instituciones débiles, la impunidad. No podemos culpar a Trump de todas nuestras desgracias a corto plazo cuando ni siquiera nos hemos molestado en barrer la casa. Si queremos vencer a «la amenaza del hombre naranja» debemos vencer a nuestras amenazas internas primero.

    Buscar a enemigos a quien culpar es una pérdida de tiempo cuando el enemigo está en casa, y no me refiero a Peña Nieto -quien es tan sólo una manifestación-, sino a todos, a nuestros vicios como sociedad.

    ¿México puede ser chingón, a pesar de Trump? Sí, porque no necesitamos de su presencia o ausencia para reinventarnos como país. Nos podrá meter en algunos aprietos -menos de los aprietos en que nosotros mismos nos metemos-, pero la capacidad que tenemos -porque tengo fe en que la tenemos- de ser un país grande reside en nuestra voluntad.

     

  • ¿Por qué estamos obsesionados con Donald Trump?

    ¿Por qué estamos obsesionados con Donald Trump?

    ¿Por qué estamos obsesionados con Donald Trump?

    Han pasado dos semanas y -tanto la comentocracia, los aficionados a la política como la gente normal- no hemos terminado de digerir el triunfo de Donald Trump. Después de su triunfo se ha escrito tanto tratando de entender cómo es que llegó al poder. Después de analizarlo una y otra vez, llegamos a ciertas conclusiones, para después sólo preguntarnos por qué eso sucedió y cómo fue posible.

    Esta histeria es inédita, sobre todo en un país de origen como estados Unidos. Nunca había visto a esta nación en estas circunstancias donde se le dedicaran con resquemor tantos artículos al presidente electo señalando aquello que les preocupa tanto. Pero en este contexto, esta histeria es normal y posiblemente hasta deseable, porque la sociedad norteamericana debe adaptarse a una circunstancia muy diferente jamás vivida, y no debe de dejar la guardia.

    A los pocos días ya hemos visto, por ejemplo, muchos exámenes de consciencia por parte de varios liberales y progresistas que se obsesionaron tanto por la corrección política e incluyeron solo a algunas minorías -raciales, LGBT, de género, nacionalidad etc.- y no a todas -excluyeron y subestimaron a esa clase blanca trabajadora, por su escasez de estudios y su precaria resiliencia-.  Esa es una muy buena noticia, porque estas contradicciones dentro del liberalismo le pusieron la alfombra roja a Donald Trump, y sería muy grave no advertirlas. La que no es una buena noticia sin duda, es que la derecha no sólo no hizo ese mismo examen de consciencia en su tiempo, sino que se radicalizó, y ganó.

    Libros para entender que sucedió han circulado por montones, por lo reciente del triunfo, hasta ahora nos podemos remitir a aquellos libros que ya se habían escrito antes de llevarnos esa dolorosa sorpresa. Obras como Hillbilly Elegy o El Mito del Votante Racional, que sin hablar precisamente de las elecciones pasadas se han vuelto un gran referente. Si algo parecen hacer bien las élites académicas, intelectuales, periodistas y expertas en la materia, es que se han puesto a buscar y generar el mayor conocimiento posible para entender qué es lo que está pasando. Los académicos tratan de entrar a la guerra con el arma más poderosa que tienen, su mente.

    En el caso de nuestro país, la obsesión tiene que ver con el muro, la deportaciones o la renegociación del TLC. El panorama para México no es muy alentador, pero también es cierto que se trata de una circunstancia tal que un gran visionario podría no sólo revertir los efectos -excepto aquellos deportados que verán sus familias separarse- de Trump en el poder, sino que podría utilizar esa circunstancia a nuestro favor. Lo triste es que si algo falta en el gobierno actual -e incluyo a los partidos de oposición- es visión.

    El mayor peligro de Trump no son los efectos que puede causar en nuestro país -algunos están tan obcecados con el muro que no pueden ver el peligro real-, sino el efecto que su presencia tiene en el mundo. No sólo se trata de esta ola autoritaria que parece invadir a Occidente, sino el peso que tiene Estados Unidos para detener o promover dicha ola.

    El problema es que, a pesar de todas sus contradicciones, el discurso de Estados Unidos y la democracia era uno de los pilares que sostenía a la democracia liberal en Occidente. Los países desarrollados habían oscilado dentro de lo que se considera el consenso democrático liberal que va desde la centro izquierda, a la centro derecha (cuyas diferencias van poco más allá del papel del gobierno en una economía de mercado y las posturas en temas como el aborto o el matrimonio igualitario), consenso que parece quebrarse en tanto son cada vez más los que optan por modelos autoritarios.

    No es que Estados Unidos se vaya a convertir en una dictadura, pero con Trump el discurso se desviará lo suficiente de tal forma que pueda debilitar la democracia liberal en favor de autocracias como la Rusia de Vladimir Putin (quien celebra con regocijo el triunfo de Donald Trump). Si la democracia liberal está en riesgo, entonces muchas cosas están en riesgo.

    A Donald Trump no se le debe de normalizar, posiblemente debamos vivir con cierta dosis de histeria los 4 años que vienen a continuación. Lo que sí es importante es que quienes creemos en la democracia liberal, desde progresistas hasta conservadores, debemos ser autocríticos con nosotros mismos y aceptar que no somos ajenos ante lo sucedido. Debemos ser críticos tanto con nuestros modelos económicos -las clases medias en varios países son cada vez más estrechas- como con nuestros modelos sociales que hablan de inclusión pero no prometen inclusión para todos, sino sólo para algunas minorías.

    Nuestra obsesión con Donald Trump posiblemente sea un mecanismo de defensa. Nuestra obsesión posiblemente evite la normalización de un modelo que puede representar un riesgo no sólo para Estados Unidos, sino para el mundo.

    Porque no podemos dejar de obsesionarnos ante la presencia de una persona que ha hecho del odio y la división, su fortaleza.

  • Fernanda y los machistas

    Fernanda y los machistas

    A Fernanda, -o Le Dudette, como muchos la conocemos- la conocí hace cuatro años o poco más. Sin más no recuerdo me citó en La Cafetería porque necesitaba un desarrollo web para un grupo musical. En ese momento ella estaba tratando de hacerse un espacio en el mundo del emprendimiento, ambición suya que va por buen camino. A partir de ahí tuve la oportunidad de trabajar con ella y entablar una relación de amistad. Puedo decir que la conozco bien como persona y como profesional.

    Fernanda y los machistas
    Fernanda explicando la dinámica del Beer Walk que se llevó a cabo en la Colonia Americana.

    Ella es una mujer a la que le va bien. Es una mujer independiente, ambiciosa -en el buen sentido de la palabra-, logra lo que quiere, sabe moverse en el mundo de los negocios y las redes sociales. Y entiendo que en una sociedad como la mexicana, eso puede causar resquemor en algunas personas, sobre todo en aquellas en las que se entremezclan los prejuicios y cierto complejo de inferioridad.

    No sé si esto haya motivado a Alberto Jimenez a intentar a agredir a Fernanda el año pasado, para después -el fin de semana pasado- amenazarla con violarla y levantarla como acaba de ocurrir. ¿Por qué sucedió esto? Bueno, Fernanda apoyó en Twitter a Pedro Kumamoto, lo cual motivó a Alberto a agredirla en Twitter, y lo cual derivó a su vez en una acalorada discusión, lo cual, a su vez, incitó a Alberto a intentar agredirla físicamente. Ella pudo huir pero no su mejor amigo quien fue agredido y recibió fuertes golpes en la cara -toda la historia la pueden escuchar de su viva voz en el video al final de este artículo-.

    Fernanda ha recibido varios insultos de él y de otras personas en sus redes sociales tales como éstos:

    dudette

    Se repite esa costumbre que tienen algunas personas de agredir a las mujeres que han sido víctimas de acoso. Afirman que quiere llamar la atención, e incluso han dicho que tiene una red de prostitución en Uber. Términos como feminazis, puta o prostituta fueron usados constantemente para denigrar a Fernanda, sin exito.

    Pero quienes conocemos a Fernanda sabemos que todas estas injurias son absolutamente falsas. Fernanda no es una puta y sí es una empresaria que ha logrado crecer gracias al producto de su esfuerzo. Actualmente tiene una agencia digital que poco a poco va creciendo y por la cual ha tenido que desvelarse durante varios días, participa un programa en la estación de radio RMX junto con Gonzalo Oliveros, y tiene varios proyectos como influencer en Youtube. Fernanda es una persona imperfecta con sus miles de virtudes y defectos, pero si es mi amiga es porque es una persona que tiene calidad moral y los suficientes tamaños como para que alguien tenga la osadía de acusarla de cosas totalmente falsas, y claro que me afecta porque naturalmente no me gusta que agredan a las personas que estimo.

    Y no está demás decir que es una persona que ha participado en el activismo y temas relacionados con su comunidad, y es una persona que se preocupa porque las personas con las que trabaja crezcan y se desarrollen, lo sé porque sé como trabaja con sus colaboradores. A ella le importan mucho las personas. En mi caso, he recibido su apoyo varias veces, tanto profesional como personal, y puedo decir que ella no se merece toda esa sarta de afirmaciones falaces, ni menos se merece este tipo de agresiones tan cobardes.

    Y no, no es un drama para llamar la atención. Como defensa se compró un Pastor Alemán, el Kaiser, un perro bien bravucón hasta para jugar -me ha mordido la pierna como tres veces, Fer dice que está jugando-. Y no, Fernanda no la pasó bien esta semana.

    ¿Por qué en pleno siglo XXI hay personas que les molesta ver a una mujer sobresalir? Fernanda tiene suerte, porque gracias a las relaciones que creó como profesional ha logrado exhibir su problema y llamar la atención. Pero hay muchas mujeres que sufren en el anonimato, mujeres que son violadas, asesinadas o víctimas de trata de blancas, que en lugar de recibir apoyo, sufren la burla, el desprecio y la exclusión social.

    La equidad de género, donde tanto hombres y mujeres tengan las mismas posibilidades de desarrollar su vida sin ser limitados por su género, ya no debe ser considerada una aspiración, sino una obligación dentro de la sociedad. Lo he repetido varias veces, un gran hombre es aquel que puede permitir y promover la existencia de grandes mujeres. Un gran hombre que sobresale logra empoderar a las mujeres para que sobresalgan. No está demás decir que los países donde las mujeres adquieren más derechos, como lo constatan instituciones globales como la OCDE, ven un crecimiento en sus economías.

    En tiempos de odio, exclusión y muros, vamos rompiendo paradigmas, vamos acabando con los prejuicios, y no permitamos que el resentimiento gane. Hoy pudo ser mi amiga, quien al parecer tuvo suerte porque muchas personas la están ayudando, pero muchas otras mujeres no la tendrán. Terminarán acabando trabajando como esclavas sexuales, violadas y ultrajadas por personas sin escrúpulos. Vamos a luchar por ellas, vamos a luchar por un mundo mas justo.

    https://www.youtube.com/watch?v=1LUcD4rFZ2w

  • Carta a Alfredo sobre Donald Trump

    Carta a Alfredo sobre Donald Trump

    Estimado Alfredo Culebro:

    Tuve la oportunidad de ver tu streaming en Facebook y la verdad que lo que escuché ahí se me hizo lamentable.

    Nunca me ha gustado la filosofía de ustedes, los gurús del dinero. No tengo nada en contra de que la gente se haga rica,  pero esa idea excesivamente individualista de poner el dinero en el centro de todo se me hace muy pobre. Una cosa es la educación financiera -muy necesaria en estos tiempos- y otra cosa es esa mentalidad individualista donde el dinero es un fin y no un medio. Pero eso no es el punto, tú puedes ser un gurú del dinero si quieres, tienes todo el derecho a hacerlo, y lo respetaré. Voy a lo que verdaderamente lamenté:

    En tu video me llamaste borrego y loser, así llamaste a la mayoría de los mexicanos. No solamente eso, insultaste a la inteligencia de tu auditorio.

    Primero, la gente tiene derecho a indignarse sobre la llegada de Trump. Que la mayoría lo haga no los convierte en borregos.

    Si algo me gusta mucho es leer, leo más de 20 libros al año, muchos de ciencia política, de filosofía, y sí, algunos libros relacionados con educación financiera y emprendimiento, así que no puedes hablarme de «contextos chiquitos». Y créeme, que la preocupación que tiene la gente por Trump es genuina. Independientemente de la viabilidad de sus propuestas como el muro o el NAFTA, esta persona insultó a México. ¿No tiene la gente derecho a molestarse porque quien ganó hirió el orgullo de nuestro país?

    Dices que es una oportunidad. Concuerdo en que debemos sacar lo mejor de esta circunstancia. Sí podemos, en la medida de lo posible, buscar oportunidades como fortalecer el mercado interno o diversificar nuestra economía. Tampoco he visto hasta el momento, gente que haya tirado sus sueños por el triunfo de Trump, tal y como afirmas. Pero eso no evita el inevitable sufrimiento para nuestros connacionales, no le puedes decir «te quitaron a la vaca» a una familia que va a quedar dividida porque al padre lo van a regresar. ¿Sabes lo que es ser ilegal en Estados Unidos?

    Sé que comparar a Trump con Hilter es algo muy exagerado. Pero ¿te atreverías a decirle a los judíos alemanes de 1935 que «te quitaron a la vaca»?

    Aseguras que el único peligro de Trump es una guerra, que por su temperamento iracundo pueda desatar un conflcto. Yo veo más peligros. No se si en el poder sea un poco más mesurado o termine siendo lo contrario. Pero su llegada es parte de una ola donde los electores están optando por políticos populistas y antidemocráticos. ¿Entiendes que esto implica un riesgo, verdad?

    Hablas de oportunidades, oportunidades y oportunidades. ¿Entonces consideras que la misoginia de Trump es una «ventana que se abre»? ¿Consideras que su intolerancia es una «oportunidad para los aventados»?  Ahí yo veo más bien peligros, peligros y peligros.

    Luego te congratulas porque Trump es un empresario, y dices que los empresarios tienen una mentalidad diferente. Mencionas a Fox, un presidente que tuvo una gestión decente y no más, como caso de éxito. No subestimo a los empresarios, por el contrario, su papel es indispensable en nuestra economía, pero eso no garantiza que sean buenos políticos. ¿Conoces a Silvio Berlusconi, el magnate italiano que gobernó Italia? Pregúntale a los italianos como les fue.

    Peor tantito, te contradices muy feo, primero dices que quienes estamos preocupados por la llegada de Trump somos «losers de la borregada», que debemos cambiar nuestra mentalidad y emprender. Pero luego dices que los mismos gringos con quienes haces negocios -naturalmente emprendedores- estaban muy preocupados por la llegada de Trump. ¿Qué no, como son emprendedores de éxito, porque alguien como tú tan «exitoso» no haría negocios con cualquier mediocre, también deberían tener tu «mismo chip» de ver las oportunidades, oportunidades, y oportunidades?

    Claro, y no podía faltar, justificas a Trump porque es amigo de Robert Kiyosaki. Eso para mí reafirma esa filosofía individualista y acaparadora de dinero de la cual eres promotor. Este mundo necesita más Elon Musk o Steve Jobs, quienes crean, quienes innovan y producen riqueza. Ni Kiyosaki ni Trump producen riqueza, lo cual convierte esto en una ecuación cercana a la suma cero. Mientras Musk crea automóviles o cohetes espaciales, Trump y Kiyosaki especulan en bienes raíces. Lo primero genera progreso humano, lo segundo desigualdad y hasta crisis mundiales -2008, cof cof-. ¿De qué lado quieres estar?

    Y seguirás diciendo en tu mente que soy un loser…

    En lugar de insultarme porque no me cae bien Donald Trump, deberías de venir a Guadalajara -donde por cierto, Elon Musk presentó su proyecto para colonizar Marte por su creciente industria de las tecnologías de la información- para asesorar financieramente a todas esas nuevas startups, y a esos jóvenes que quieren innovar para que aprendan a administrarse mejor económicamente.

    Y para terminar, te cuento lo siguiente:

    Yo en mi vida he tenido bastantes momentos duros y crisis que al final se convirtieron en oportunidades. He participado en varias organizaciones civiles, trabajo por mi cuenta y posiblemente me vaya a estudiar una maestría al Reino Unido, mucho de eso producto de las fuerzas que agarré con el dolor que me provocaron corazones rotos y momentos difíciles.

    Y cuando pasé por esos momentos. cuando «me quitaron a la vaca», le lloré y mucho ¿tiene algo de malo? Pero ni siquiera le estás dando a la gente la oportunidad de expresarse y sacar sus sentimientos, algo que es completamente sano y que es parte de un proceso de duelo. Tu mensaje es: -deja de quejarte, loser borrego-, ¡hasta les truenas los dedos! ¿Con qué autoridad? Estamos hablando de un video que publicaste el mismo día en que Donald Trump fue declarado ganador. A mí me parece un insulto.

    No niego que tengas conocimientos en el ramo, no niego que te has hecho una vida con base en tu esfuerzo, ese no es el punto. Seguro estás gracias a tus méritos, pero también tienes una responsabilidad. El punto es que no puedes insultar a la gente y sacar un beneficio de ello (desde atención, likes, hasta más personas inscritas para tus seminarios), es algo que no es ético y es completamente irresponsable.

    Ojalá ofrezcas una disculpa a tu auditorio, creo que se la merece. No puedes llamar borrego o loser a alguien que no va con tus mismas ideas.

    Bueno, ni siquiera sabes que es el bitcoin y te dices ser gurú del dinero…

    Un saludo.

  • Trump, y el imperio estadounidense que llega a su fin

    Trump, y el imperio estadounidense que llega a su fin

    Trump, y el imperio estadounidense que llega a su fin
    Andrew Moore / The New York Times

    La historia es cíclica, no es permanente. Dentro de ésta siempre existe una potencia hegemónica -se puede sumar alguna otra contraria como lo fue la URSS- que ejerce influencia sobre gran parte del territorio mundial, pero su condición de potencia no es algo que dure para siempre. El Reino Unido, con su ímpetu colonizador, fue una potencia que mantuvo su condición hasta entrado el siglo XX, para luego ceder progresivamente su estafeta a Estados Unidos. La pérdida de esta condición no se debió necesariamente a un proceso de decadencia como sucedió con Roma y como sí parece estar sucediendo actualmente con el país norteamericano. De hecho, durante la Segunda Guerra Mundial cuando los estadounidenses consolidaron su poder, el Reino Unido había salido victorioso en el conflicto mundial de la mano de Winston Churchill. Con el paso del tiempo, a pesar de no tener la influencia de antaño, e incluso a pesar del Brexit, la nación británica y su cultura mantiene cierta influencia en el concierto de las naciones.

    Una de las características de las potencias económicas es la capacidad que tienen para ejercer influencia en las culturas de los demás países. Ese soft power o poder blando, con el cual un país puede incidir en otro por medio de la cultura o la ideología, ha sido crucial para que Estados Unidos se mantenga como potencia hegemónica.

    No es que Estados Unidos esté en riesgo de perder ese poder blando, es que éste ya se ha empezado a deteriorar desde hace varios años. Antes, por medio de su cultura, Estados Unidos podía mostrarse como el salvador del mundo, como aquellos que defienden los valores democráticos a capa y espada contra las tiranías -siempre y cuando no fuera aliada-. El discurso funcionaba. Así, Estados Unidos podía tener cierta injerencia en otros países, y el discurso de los «mensajeros de la democracia» les daba legitimidad para cometer actos, en algunos casos, atroces.

    El capitalismo y la democracia, con la ayuda de una cultura relativamente simple -y por tanto fácil de aprender-, así como un idioma inglés fácil de aprende en comparación con otros idioma, sirvieron para tal propósito. Pero el capitalismo estadounidense ya no funciona tan bien (ni siquiera dentro de su país) y la democracia está en un riesgo serio.

    Considero que fue entrado el siglo XXI cuando Estados Unidos comenzó a perder no sólo capacidad de influencia, sino respeto. Después de la decisión del gobierno de George W Bush de invadir Irak para destruir unas armas de destrucción masiva, Estados Unidos se convirtió en el hazmerreír. Hollywood dejó de crear filmes donde el Presidente de Estados Unidos salvaba al mundo, y en cambio aparecieron muchas películas y documentales exhibiendo las carencias de su gobierno y de su pueblo. El orgullo estadounidense estaba quedando en entredicho.

    Parecía que con Barack Obama Estados Unidos respiraba y volvería a recuperar algo de legitimidad, pero el daño ya estaba hecho, y con un congreso dividido y una polarización creciente, el margen de maniobra era muy estrecho. Ante una economía que parecía no recuperarse del todo, una clase media empequeñecida, y los monstruos de la cultura estadounidense como el racismo y el nativismo, erigieron a Donald Trump como su presidente.

    Reuters / Jason Reed

    Trump llega con carro completo. Parte de la decadencia del gobierno estadounidense se debía a esa parálisis provocada por la división en las cámaras que no les permitía tomar decisiones. Esa condición se rompió, pero quien liderará el país será un magnate populista con tendencias fascistas muy bien marcadas. Y un tirano con «carro completo» es un peligro. Las instituciones estadounidenses serán sometidas a una dura prueba.

    Regresando al poder blando. Si Trump asume la presidencia como condujo su campaña -el escenario más probable-, lejos estará de ser un presidente que cree en la «libertad» y los «valore democráticos». Un régimen tendiente al autoritarismo y proteccionista como el que parece prometer terminará de romper de una vez por todas ese concepto de país «libre y democrático». El discurso, ese que dio poder a Estados Unidos, y que le dio legitimidad para llevar a cabo actos que en cualquier otro escenario hubieran sido considerado reprobables pero que abonaron a su condición hegemónica, habrá terminado de destruirse.

    Estados Unidos quedará aislado, no solo por el muro, sino por un falso proteccionismo donde sus empresas son alentadas por medio de la coacción a no tercerizar sus operaciones en el extranjero y regresar los empleos a Estados Unidos. Quedará aislado por sus altos aranceles, por su intolerancia -en mayor o menor medida, al priorizar el concepto del hombre blanco-, y por su poca apertura. Es decir, entrará en una profunda contradicción con sus ideales y con los valores que intentó transmitir cuando, como potencia hegemónica, ejerció una fuerte influencia sobre el mundo.

    No es que Trump -a menos que nos sorprenda gratamente a todos, cosa que veo improbable- sea el responsable de conducir a Estados Unidos a un futuro decadente, más bien Donald Trump es consecuencia del deterioro tanto económico como cultural de Estados Unidos. La cultura estadounidense es simple, no requiere complicaciones ni mucho menos un lenguaje rebuscado. Para absorber su cultura «consumista pop» no requiere de capacidad intelectual alguna. Cualquier persona con escasa educación puede disfrutar de los reality show, de los Jackass, o de las Kardashian. Un pueblo al que no se le requiere intelectualizar ni expandir sus horizontes más allá de su nación -amen de su gran capacidad para ubicar países en un mapa-, al cual se le dijo que bastaba trabajar y esforzarse mucho para avanzar, premisa que en la actualidad ya no es cierta. Los pocos educados (mayoría) y susceptibles ven casi imposible la posibilidad llegar a ser parte de esa minoría educada y selecta que forma parte de las élites económicas, académicas y empresariales. Esa minoría, cuya mayoría repudió a Trump, pero despreció y subestimó a esas «mayorías enojadas».

    Donald Trump es consecuencia de esa cultura tan simple para poder ejercer influencia en otros países pero tan chatarra como para poder quebrarse por sí misma. Él se presentó como un showman esquizofrénico de la televisión, no importaba que los medios no lo apoyaran, tan sólo necesitaba que le dieran cobertura. El producto vendió tanto que ganó, rompió esquemas y pronósticos.

    Bienvenido al ocaso de Estados Unidos, un país que en las próximas décadas podría dejar de ser considerada como la potencia hegemónica en turno. Posiblemente uno de los pocos legados que queden es su idioma, el inglés es lo suficientemente práctico (sobre todo si lo comparamos con el Chino mandarín) que posiblemente no necesite de Estados Unidos para consolidarse como idioma universal.

    Bienvenidos.