Autor: Cerebro

  • ¿Está sobrevalorado Kurt Cobain?

    ¿Está sobrevalorado Kurt Cobain?

    ¿Está sobrevalorado Kurt Cobain?

    Un día como hoy, el legendario guitarrista de Nirvana, Kurt Cobain, habría cumplido 50 años de edad. Las canas ya se asomarían entre su rubia cabellera, así como en su barba de 3 días sin rasurar. Lo más intrigante es qué estaría haciendo Kurt en estos momentos ¿Seguiría existiendo Nirvana? Y si sí, ¿Cómo sería su música? ¿Vivirían enclaustrados en la misma fórmula heredada de los Pixies de verso tranquilo – coro ruidoso, que tanto éxito les dio? ¿Hubieran experimentado con otros estilos o se hubieran reinventado como lo hizo U2 con el Achtung Baby? ¿Se hubieran subido al tren del mame de finales de los noventa y hubieran incorporado loops electrónicos en su música? ¿Se hubieran «vendido al mainstream» y hubiéramos visto, no sé, a Kurt Cobain junto con Beyoncé cantar en el medio tiempo del Superbowl? ¿O seguiría siendo ese músico desenfadado que no dejaría de aprovechar cualquier concierto para hacer campaña contra Donald Trump? De ninguna forma lo vamos a saber porque eso jamás sucedió.

    Lo cierto es que su muerte le dio a él y a Nirvana un aire místico, engrandeció el mito. Su muerte de alguna forma lo consolidó como una leyenda del rock. Pero dicho esto, ¿Está sobrevalorado Kurt Cobain?

    Si dijéramos que fue un gran músico en el sentido estricto de la palabra, lo estaríamos sobrevalorando en demasía. Era notorio que Kurt Cobain no tenía gran conocimiento de armonía moderna, tampoco era muy bueno con la técnica -se equivocaba constantemente al tocar el solo de Smells Like Teen Spirit, que dicho sea de paso, es muy fácil de tocar- al punto que no es necesario hacer referencias con guitarristas como Steve Vai o Joe Satriani para advertir su falta de habilidad, sino con cualquier guitarrista intermedio que toca con sus amigos en su recámara. 

    Pero también es cierto que al final el rock -el de verdad- es de cierta forma, más música de protesta que obra de arte. Al final, a diferencia de la música clásica o el jazz donde el músico debe ser virtuoso, el rock no te obliga a ello. De hecho, el virtuosismo en el rock, cuando se admira, no se hace de la misma forma que se hace con aquel de los músicos de Jazz o de las orquestas, sino como de una puesta en escena donde el músico intenta impresionar son sus solos incendiarios. Pero esas puestas en escena no son obligatorias si se quiere hablar de un buen grupo de rock. 

    Si entendemos el legado cultural que dejó Kurt Cobain y Nirvana, ahí podemos decir que no está sobrevalorado -no sin antes ignorar que con muy poco hizo mucho, que con canciones de varios simples acordes despertó pasiones en una generación X que se buscaba una identidad-.

    Kurt no se destacó por ser un músico virtuoso y no creo que nadie lo reconozca como tal. No recuerdo a nadie que hiciera alarde de su técnica con la guitarra ni mucho menos. Fue su imagen de desenfado con la que los jóvenes que vivían dentro de un panorama político y social muy peculiar -la caída el muro de Berlín, las desregularizaciones que tuvieron cierto impacto en las clases medias estaban a la orden del día, una sociedad estadounidense que en ese entonces era más decadente que la actual-.

    Pero eso no significa que no haya habido nada de genialidad en Kurt Cobain. Con todos sus escasos recursos, un alto grado de sinceridad y pocas pretensiones, logró cambiar el curso del rock que parecido vivir estancado en el Glam Metal. Si bien, no es como que Nirvana haya creado un estilo completamente nuevo -tuvieron a los Pixies como gran influencia-, si lo supieron moldear, adaptar, y llevar a otras latitudes. Adaptaron la música a la percepción que tenían de la vida y de lo que los rodeaba -la cual coincidía con la de un gran número de jóvenes de la generación X-.

    Aquellos quienes trascienden y se vuelven íconos también lo hacen gracias al factor suerte. Así como Malcolm Gladwell afirma que Bill Gates o Steve Jobs trascendieron porque nacieron en una edad tal que el inicio de su edad productiva coincidía con el punto crítico del desarrollo de las industrias tecnológicas, Kurt Cobain tuvo suerte de formar su grupo en un específico periodo de tiempo, cuando la Generación X comenzaban a dejar a los Baby Boomers atrás, cuando cayó el muro de Berlín, y el curso de la historia tomó uno diferente.

    Algo de genialidad tuvo que haber, a pesar de la falta de técnica y teoría musical, para que una banda, con todas sus limitaciones, marcara un hito en la historia musical y sirviera de influencia -tanto en la música como en el concepto- a muchas otras. Porque Nirvana tampoco fue un producto de la industria y la mercadotecnia, sino de ellos mismos. 

    A más de 25 años de Nirvana, todos lo siguen recordando, sus canciones siguen sonando, y siguen inspirando a muchos. Eso no puede ser producto de cualquiera.

  • Las palancas joden a México

    Las palancas joden a México

    Siempre que se habla de empleo, de oportunidades y de crecimiento profesional, sale esa palabrita a relucir: «palancas». 

    He escuchado a algunas personas decir: -No es como que le tenga que joder tanto para llegar a donde quiero, yo tengo palancas-.

    Ellos entienden que la trayectoria profesional puede no ser tan importante, que son los pobres diablos los que buscan empleos en OCC, y que son los ganones quienes tienen al contacto indicado, a los amigos y a la gente indicada para poder aspirar a un puesto.

    Ciertamente, el networking y las relaciones públicas siempre son importantes, hasta en las naciones que tanto envidiamos. Es cierto que quien tiene talento y se esfuerza, también debe de esforzarse por darse a conocer y presumir sus talentos. Es cierto que el individuo debe saber tejer relaciones. Pero no me malinterpreten, yo no me refiero a eso, sino a las palancas en el más arcaico sentido de la palabra.

    Las palancas son, para decirlo de cierta forma, un mecanismo que se postra sobre el contrato social. Las palancas no sólo sirven para encontrar un mejor trabajo desistiendo de los esfuerzos para ser un mejor profesional, sino para evadir la ley o ganar favores.

    Las palancas, manifestación explícita del patrimonialismo como constante en la historia de nuestro país, establecen unas reglas de juego que suplen a las que están convenidas y formalizadas porque no todos pueden jugar con ellas. Básicamente, para tener palancas hay que tener palancas. Quien no las tiene no puede ser parte de esta dinámica.

    Las palancas reducen la posibilidad de movilidad social y perpetúan el status quo. Porque quien tiene palancas no sólo las tiene dentro de su misma clase social, sino dentro de sus mismos grupos sociales a los que pertenece. Las palancas excluyen de oportunidades de crecimiento a quienes no las tienen a pesar de tener el potencial intelectual y de voluntad.

    Las palancas permiten a quienes las usan poder escalar en la pirámide sin haber hecho un gran esfuerzo para ello y excluyen a quienes sí se han esforzado y tienen el talento.

    Y así entendemos cómo es que las palancas son nocivas. No sólo porque perpetúan la desigualdad, sino porque no son los más talentosos quienes deberían estar en los puestos que los más talentosos deberían ocupar. Entonces concluimos que inciden muy negativamente en el desarrollo de una entidad, una sociedad o incluso una nación.

    Vemos que en los puestos más importantes está el compadre, el que hizo un favor, el familiar, el bueno para nada cuyos padres estaban urgidos de que trabajara. Así, los mediocres son los que llegan a ocupar las élites sociales y no al contrario.

    Y cómo este sistema queda expuesto, se imita y se perpetúa. Se aprende que la palancas, el contacto, son indispensables, más que el esfuerzo. Para muchos basta con «tener un título de algo» y al compadre indicado para poder aspirar a un puesto mientras otros se matan y se preguntan por qué no han llegado a donde quieren llegar.

    De igual forma, las palancas perpetúan la corrupción cuando se tratan de evadir la ley. Lo que importa no es cumplir con la ley, sino tener al contacto adecuado para no cumplirla, sin importar el daño que se haga a las demás personas. El que tiene palancas se defenderá diciendo que «así es, que todos lo hacen» y que irse por el camino recto implica aceptar la derrota por anticipado.

    No recuerdo la existencia de un estudio que determine el impacto negativo de las palancas en la competitividad de nuestro país ni mucho menos en la producción de riqueza o en el PIB. Pero estoy seguro de que si se implementara alguno, los resultados de esos estudios serían muy preocupantes.

    Entonces concluimos que la sociedad no premia al más talentoso, sino al que esté «mejor parado», a aquel que se llevó al table dance a su compadre.

  • Facebook, el ogro manipulador que no era tan ogro

    Facebook, el ogro manipulador que no era tan ogro

    Cuando se habla de redes sociales podemos observar dos posturas distintas. Los primeros las idealizan considerándolas casi una herramienta que fomentará la democracia mundial, harán una y otra vez referencias a la Primavera Árabe para señalarte cómo es que el Facebook y el Twitter pueden derrocar dictaduras.

    Están por otro lado aquellos quienes ven en las redes sociales un inminente riesgo donde al individuo se le despojará de su privacidad para irlo progresivamente conduciéndolo a un estado parecido al brain in a vat, donde el individuo estará tan hiperconectado que todo aquello que percibe será falso -un escenario parecido al de la película Matrix-. 

    La verdad es que ambas posturas están lejos de la realidad. La cruda realidad es que ni el Internet ha democratizado a la sociedad tal y como algunos ingenuos lo pensaban ni tampoco, hasta el momento, le ha despojado al individuo de su privacidad, al menos al grado en que algunos presumen, y en este artículo quiero hacer énfasis en este último argumento, el pesimista y conspiranoico.

    Un claro ejemplo de esta visión tan oscura es este video -tiene subtítulos en inglés-:

    https://www.youtube.com/watch?v=MURGHqQwwus

    ¿Cuál será la sensación que muchos reportarán después de verlo? Simple, Que Facebook, Google y los principales sitios de Internet son empresas maquiavélicas que utilizan al individuo, indefenso, para manipularlo y hacerlo adquirir productos y servicios ofertados por grandes trasnacionales con quien sabe que intenciones. Algunos hablarán incluso de que este es un inicio de un proceso de esclavización del ser humano.

    El primer argumento es la pérdida de privacidad. ¿Ocurre? Sí, pero no al grado en que tú crees. 

    De hecho la parte más riesgosa tiene que ver con la información que terceras personas pueden ver de ti al subir contenidos imprudentes -tú en una fiesta alcoholizado, o que alguien te exhiba en una conducta antisocial, como ocurre con los lords y las ladies- que lo que las empresas pueden hacer contigo.

    Nada en la vida es gratis aunque lo parezca. La televisión abierta no es gratis porque quienes la financian son las empresas que ahí se anuncian, costo que incide en el precio del producto que tú pagas. El modelo de Facebook es algo parecido, tú usas Facebook «gratuitamente» pero las empresas que pagan por su publicidad son las que hacen rentable a la compañía. ¿A poco pensabas que Facebook invertiría millones de dólares en servidores y programadores sólo para que tú te la pases bomba en las redes y ellos no ganen nada?

    El modelo de Facebook es este: Tu utilizas las redes sociales gratuitamente. Mientras tanto, con base en tu actividad en Facebook, la red social elabora un perfil de tal forma que los anunciantes que ofrezcan productos y servicios que puedan interesante, puedan ofrecértelos. 

    En este proceso, ni Facebook ni Google exponen datos que puedan comprometer a tu persona. ¿Cómo?

    Decía que Facebook elabora un perfil tuyo. De acuerdo a tu actividad, Facebook determina que tú te encuentras en el rango de edad de entre 20-25 años, estás en una relación, te gusta el rock y estudias en la universidad. Entonces, si una empresa quiere ofrecer sus productos a un segmento de mercado que tiene características similares a ti, te mostrará sus anuncios en tu muro. Algo similar pasa con Google, Instagram, Foursquare y demás redes sociales. 

    Pero ni Facebook ni Google ni nadie le dice a las empresas quién eres tú. El perfil que Facebook crea de ti se utiliza de forma anónima. Las redes sociales no comprometen tu integridad y privacidad en tanto tu información sirve y sólo sirve para que las empresas que buscan perfiles similares al tuyo te muestren sus productos o servicios. 

    El video que mostré ahí habla de que «las malvadas empresas atacarán a los pobres individuos que son más vulnerables». La verdad es que quienes hemos estado dentro del mundo de la mercadotecnia, sabemos que lo que hace Facebook, por más sofisticado que sea, no es algo tan nuevo y es una práctica que en realidad es añeja. Desde hace años, décadas, las empresas han tratado de segmentar mercados de tal forma que lleguen los productos a quienes tienen más posibilidades de comprar. Si una empresa anuncia sus productos en un partido de futbol o en un concierto es porque quienes asisten a esos eventos tienen más posibilidades de comprar un producto que quienes asisten a otro tipo de espectáculos.

    ¿Este tipo de medios conlleva riesgos? Sí, pero no son mayores siquiera que la publicidad tradicional, de hecho puede ser un poco más complicado sugestionar al usuario ante todo el «ruido» que hay en las redes e Internet. Una empresa o entidad política puede manipular al receptor de la misma forma en que siempre lo han hecho por medio de la publicidad tradicional. Cierto que en las campañas políticas se esparce mucha información falsa para confundir al usuario, pero eso ya se hacía por parte de los medios tradicionales al comprar plumas o noticieros. 

    Ese video asume que al individuo se le puede manipular mucho más fácil de lo que en realidad se puede hacer. Muestra al individuo como una víctima vulnerable que no tiene la capacidad intelectual de defenderse de la publicidad. En realidad, la capacidad que tiene el usuario de defenderse es exactamente la misma que en cualquier otro medio de publicidad. Ciertamente sí puede incidir en los usuarios y obtener un resultado de acuerdo al interés de quien se anuncia, pero no es algo nuevo o diferente a lo que ya conocemos. 

    El video también habla de empresas maquiavélicas que manipulan. La realidad es que para «manipular cerebros» es decir, para usar estas plataformas tan sólo necesitas abrir una cuenta -en Facebook basta con tener una Fan Page- y un presupuesto que pueden ser incluso 100 pesos. La «estrategia perversa» ahí está a los ojos de muchos,  no es algo que esté oculto. Ahí puedes ver como funciona y como crear segmentos para dirigir la publicidad. 

    Incluso puedes usar su plataforma de publicidad para avisarles a todos de cómo Facebook nos quiere esclavizar.

    Y al final diremos que la publicidad per sé no es mala, lo que es «malo» es el mal uso de ésta. Esta herramienta vista como una estrategia maquiavélica también es muy útil en muchos casos, no sólo cuando una empresa te muestra algún producto, servicio o información que en realidad sí necesitas. Sino que también es una herramienta para que por ejemplo, organizaciones civiles anuncien sus causas, o para que universidades o empresas anuncien oportunidades de desarrollo profesional o portales web que tengan el fin de propagar conocimiento puedan darse a conocer.

    No sé si en un futuro los avances tecnológicos puedan poner el riesgo la libertad e integridad del ser humano, eso es algo que siempre debe analizarse. Pero al menos en el caso de Internet y las empresas que hacen «negocio» con los perfiles de los usuarios, el riesgo, de momento, no parece ser tan grande como parece.

    Más allá de conspiraciones cartesianas, si quieres preservar tu privacidad, no publiques cosas de tu persona en las redes que puedan comprometer tu integridad, como aquellas fotos después de diez tequilas -cosa, que además, te agradeceremos-.

  • Los 475 de Guadalajara, que tiene el alma de provinciana

    Los 475 de Guadalajara, que tiene el alma de provinciana

    Los 475 de Guadalajara, que tiene el alma de provinciana

    La identidad propia y los valores son indispensables para lograr una cohesión dentro de una sociedad dada. Guadalajara no sólo los tiene para ella, sino para el país entero. México no se podría entender sin la Perla Tapatía. Las tradiciones, la historia, la cultura y gastronomía de esta ciudad moldean de cierta forma la esencia de México, Guadalajara hace a México más mexicano.

    Yo tengo toda mi vida viviendo en esta ciudad llamada Guadalajara que ha cumplido 475 años y por eso puedo decir que es parte de mí. No es una ciudad perfecta, como todas las ciudades grandes de México tiene varios problemas: la inseguridad es un tema pendiente, la mala planeación urbana, la contaminación o que en una ciudad tan grande e importantes no existan museos dignos para el tamaño e importancia de ciudad.

    Pero con todas sus imperfecciones, Guadalajara es una ciudad de la cual nos podemos sentir orgullosos no sólo como tapatíos sino como mexicanos. Mi ciudad es una muy curiosa porque hay varias realidades que parecen contradictorias pero que se las han arreglado para coexistir y que parcialmente podrían explicarse por un cambio generacional. Por ejemplo, la sociedad tapatía sigue siendo en cierta medida conservadora, pero a la vez es muy conocida por la cultura gay a través no sólo de los colectivos sino de los antros y espacios destinados a las personas con preferencia del mismo sexo.

    Todos los que vivimos en Guadalajara decimos que es un «ranchote» porque resulta que a pesar del tamaño nuestra ciudad (la N° 81 del mundo y la octava más grande de América Latina) todos nos conocemos. Nos sorprendemos cuando resulta que la persona que acabamos de conocer es amigo de nuestros amigos o parientes. Pero a pesar de eso podría decir que Guadalajara tiene una sociedad muy diversa con muchas realidades que conviven dentro de nuestro territorio: desde la señora que asiste religiosamente a misa, el joven entrepreneur motivado por una ciudad que ha tomado la bandera de la sociedad del conocimiento y la innovación -condición que le mereció la visita de Elon Musk-, aquellas personas -mayormente jóvenes- con ideas mucho más liberales que las de sus padres, o los activistas sociales. 

    Hacker Garage MIT
    Fuente: MIT Enterprise Forum

    A pesar de sus muchos problemas, Guadalajara ha visto la irrupción de una sociedad civil organizada que está dispuesta a organizarse colectivamente para tratar de incidir en el quehacer público y ocupar «esos lugares» que el gobierno deja vacíos. A pesar de nuestra fama de ser una sociedad pasiva -apatíos, nos dicen algunos-, la realidad es que la participación ciudadana ha venido in crescendo, y eso se nota incluso dentro de la clase política tapatía que si bien no tiene buena fama -algo merecido- sí están más sujetos a los checks and balances que en la mayoría de las entidades de nuestro país. También tiene una prensa relativamente nutrida y plumas que analizan y critican todo lo que sucede en nuestra entidad. A diferencia de muchas entidades, existe la libertad de expresión suficiente para que los opinólogos puedan expresar sus puntos de vista. 

    Esta presión ciudadana ha obligado a los gobiernos a rendir cuentas y a intentar -aunque sea de dientes para afuera- tener una mejor comunicación con los gobernados. Así lo hace el Gobernador emanado del PRI con la Glosa Ciudadana y de igual forma los presidentes locales como Enrique Alfaro, y sin olvidar que desde el activismo ciudadano han surgido políticos que no entienden de «viejas formas» como Pedro Kumamoto. Guadalajara no podría tener darse el lujo de tener a un déspota como Javier Duarte. De hecho, en Jalisco los políticos ya no tienen fuero. Por todo esto me atrevería a afirmar que Guadalajara es una de las ciudades más democráticas de nuestro país, a pesar de que la clase política tapatía nos siga quedando mucho a deber.

    Pero cuando hablamos de Guadalajara también hay que hablar de una cultura de la innovación que ha crecido paulatinamente. Promovida por la iniciativa privada desde la llegada de transnacionales como HP e IBM hace algunas décadas, fomentada también por el gobierno a través de políticas públicas y festivales como Epicentro o el simple hecho de hospedar Campus Party, pero sobre todo, por los jóvenes que crean proyectos, que van a Hacker Garage a los diversos eventos, hacen networking y comparten conocimiento. 

    Esta modernidad, de una ciudad que quiere trascender como tal, no se desliga de su pasado. Por el contrario, el pasado y el futuro, la tradición y la innovación convergen para hacer más fuerte a esta ciudad. 

    Aquél entrepreneur o «innovador social» sigue yendo con sus amigos a los bares del centro para disfrutar un buen tequila y cantar con el mariachi. También muchos de ellos se ponen el fin de semana la camiseta de las Chivas o el Atlas y organizan una ida con sus amigos a Tequila. Muchos viajan a Europa o a otros países y regresan con la necedad de implementar todo el desarrollo visto allá -cosa que en algunos casos se ha transformado en políticas públicas, con resultados mixtos-, pero sin dejar a un lado a aquello que le da esencia a nuestra ciudad, por el contrario, estar afuera le ayuda al tapatío a valorar más toda esa riqueza cultural de nuestra ciudad.

    Foto: MEXSPORT/Javier Martinez

    Sin embargo no hay que negar todo aquello que se puede mejorar, como por ejemplo el transporte público y dejar de apostar al carro como principal medio de transporte, más cuando nuestras vialidades ya no pueden soportar una mayor carga vehicular. La mala planeación urbana -aunque parece que ya se empieza a hacer algo al respecto-. La inseguridad, como decía, es un asunto pendiente. Al igual que en todo el país, la ciudad necesita un Estado de derecho más sólido y unas instituciones que funcionen mejor. Si bien ha habido presión ciudadana en este sentido, queda muchísimo por hacer. 

    Como dice el articulista Diego Petersen, Guadalajara es una todavía joven que está empezando a madurar. A pesar de todos los defectos, Guadalajara tiene todo el potencial para ser una gran ciudad, tiene un bagaje cultural muy rico y está acertando al apuntalarse como la ciudad de la innovación y las TIC de México, y que tiene una participación ciudadana que ciertamente no suficiente todavía pero sí cada vez más grande. 

    Guadalajara es una ciudad con un gran pasado pero también con un gran futuro. 

    ¡Feliz cumpleaños!

  • Mas si osare dos extraños enemigos

    Mas si osare dos extraños enemigos

    México no tiene un enemigo en común, sino dos. No sólo es Trump, también es Peña Nieto. Esta paradoja no ha permitido al país cerrar filas ante el magnate.
    Marcha #VibraMéxico

    El semiólogo recientemente fallecido Umberto Eco decía que todos necesitamos tener un enemigo. Ello, dice él, define nuestra identidad y nuestro sistema de valores. Se puede tratar de un enemigo concreto (otra nación o algún personaje) o uno abstracto (alguna corriente política o forma de pensar).

    Por ejemplo: la Unión Soviética forjó gran parte de su identidad con el discurso antioccidental y la conceptualización de Estados Unidos como «el enemigo». Un clásico de futbol también está explicado por ésto. Los equipos -Real Madrid o Barcelona, Chivas o América- no sólo tienen un rival acérrimo a quien odiar, sino que parte de su esencia tiene que ver con ese odio: ser aficionado al Guadalajara es odiar al América y viceversa. 

    De igual forma ocurre con los enemigos abstractos: Los enemigos de los libertarios son los keynesianos, el enemigo de la religión es el ateísmo y viceversa. 

    México ha conocido a un nuevo enemigo, una amenaza que pudiera ayudarle a reforzar su identidad: Donald Trump. Ante la amenaza, el mexicano hace énfasis en los valores que lo definen como mexicano: saca su bandera, presume el guacamole, y hasta hace campañas para producir lo hecho en México. Ante una amenaza así el mexicano intenta ser más mexicano. 

    Pero México tiene dos problemas, que aquel «extraño enemigo» no era el primero ni el único. 

    El que «pegó primero» fue aquel que primero le daba identidad a la izquierda pero que después -producto de sus errores y agravios- se convirtió un enemigo común para todo mexicano sin distinguir corriente política o posición social -el 88% según las encuestas-: Enrique Peña Nieto.

    Entonces estamos en un problema. ¿Por qué?

    Porque parte de la dinámica en la cual la entidad -sea una persona, un grupo o una nación- toma una postura ante el enemigo, consiste en reforzar los lazos de quienes conforman dicha entidad. Pero resulta que dentro de esa entidad hay, a su vez, otras entidades que juegan el mismo papel y que debilitan el reforzamiento de la identidad como un todo. 

    Para decirlo más fácil, tener un enemigo interno no permite a la nación crear una unidad absoluta en contra del enemigo exterior. Quienes forman parte de esos lazos -los ciudadanos- no sólo gastan muchas energías en tratar de combatir a los dos, sino que son incapaces de crear una unidad completa.

    La única forma de hacerlo es reconciliándose con el enemigo interior, de quien se supone -y no todos concuerdan con ello- representa una amenaza inferior al enemigo exterior, y porque esas entidades internas al final forman una parte de una otra más grande y suprema -llamada México-. Si la identidad suprema se vence, las internas quedarán muy comprometidas.

    Pero sí entonces tenemos tan sólo la reconciliación como opción para aspirar a la mejor unidad posible, tendríamos que poner sobre la mesa las razones por las cuales el enemigo interior -Peña Nieto- fue creado. ¿Por qué la gente odia a Peña Nieto y lo considera su enemigo? Porque está muy relacionado con la corrupción, por su postura displicente -cuando menos- con la tragedia de Ayotzinapa, por el conflicto de intereses de la Casa Blanca, por el estado actual de las cosas de nuestro país. 

    El enemigo de los ciudadanos es Peña Nieto en tanto que no ocurre lo contrario, al menos no con tanta fuerza. Los ciudadanos odian a Peña por las causas antes mencionadas, Peña tiene cierto resquemor con los «ciudadanos de oposición» que son el 88% porque lo odian por las causas anteriormente mencionadas. 

    Entonces las únicas dos formas en que ambas partes pueden conciliarse serían las siguientes:

    1. Que los ciudadanos cedan. Esto es, que «perdonen» los agravios al Presidente o al menos los relativicen lo suficiente para que Peña Nieto no merezca la etiqueta de enemigo.
    2. Que Peña Nieto ceda. Esto es, que resuelva todos los agravios de los que se le acusa y que lo haga de tal forma que dichos actos tengan credibilidad y sea perdonado por el pueblo.

    Lo cual se antoja muy difícil por cualquiera de los dos partes. Personajes como Steve Bannon, el hombre detrás de Donald Trump, conocen muy bien estas dinámicas. Parece ser que en la Casa Blanca se esfuerzan por debilitar aún mas la figura del presidente, porque así la unidad es menos posible y el país se vuelve más vulnerable. 

    El enemigo de fuera juega con el enemigo interno. Pero el enemigo interno ha agraviado tanto a la población que los mexicanos están muy poco motivados a cerrar filas con él.

    Por eso se entiende que hasta las marchas se polaricen. Ante la búsqueda de legitimidad el gobierno trata de incidir en ellas, esperando que sea algo «pro Peña», o al menos que no sea «anti Peña». Por eso los letreros de repudio a Trump se hacen a acompañar por los del repudio a Peña Nieto, por eso se debate con insistencia si la marcha de #VibraMéxico tiene que ser en pro o en contra de Peña como si no existiera un punto medio. El agravio con el enemigo interno es tan grande que muchos no pueden dejar de «recordársela a Peña. 

    Si esta paradoja de los dos enemigos no existiera ya hubiéramos visto las calles de México abarrotadas desde hace mucho. Pero el mexicano, con dos enemigos y no uno, se siente atacado por diferentes flancos que no puede concentrarse en uno solo.

    Y por eso México llega muy debilitado al combate. 

  • ¿Por qué sí apoyo la campaña #VibraMéxico?

    ¿Por qué sí apoyo la campaña #VibraMéxico?

    FOTO: DIEGO SIMÓN SÁNCHEZ /CUARTOSCURO.COM

    Las redes sociales están divididas en torno a esta marcha. Hay quienes dicen que es organizada por el establishment, que se trata de una marcha descafeinada en repudio a Trump pero que no profundiza en las causas y hay quienes de plano creen que su propósito es legitimar al gobierno de Peña Nieto. 

    Argumentos tan simplones como: «Si Enrique Krauze promovió la marcha en el programa de Denise Maerker, si el programa de Maerker se transmite por Televisa, y si Televisa apoyó a Peña Nieto en 2012, entonces la marcha tiene el propósito de legitimar a Peña Nieto».

    Algunos de estos críticos lincharon a Enrique Krauze por no marchar cuando desaparecieron los estudiantes de Ayotzinapa -aunque escribió varios artículos lamentando lo ocurrido-. Pero si cuando ocurrió lo de Ayotzinapa casi todos marcharon, mucha gente «de derecha» hasta monjas salieron a las calles. ¿Si esa vez prácticamente todo México se unió, por qué no ahora?

    Los críticos también parten de otro supuesto -más que válido-. Si el Gobierno de Donald Trump nos puede humillar es porque somos muy débiles como nación, y esta debilidad se explica en gran medida porque México es un país muy corrupto donde la clase política forma parte de la corrupción. El problema es que piensan que dado esto, entonces primero tenemos que resolver todo antes de manifestarnos con un demagogo que nos insulta y que es un riesgo no sólo para México, sino para el mundo.

    La conclusión es errónea. Voy a hacer una analogía:

    Tú eres una persona debilucha y el bully de la escuela siempre te golpea en la salida. Si fueras una persona menos débil el bully ya no se metería contigo, naturalmente llegas a la conclusión de que debes ir al gimnasio para que en unos meses tengas más masa muscular y puedas darle unos buenos golpes al agresor. Pero ¿eso significa que mientras tanto vas a dejar que te golpeen? Naturalmente no, vas a tratar de defenderte en la medida que sea posible. Posiblemente vayas con el director de la escuela o le avientes un mesabanco al bully, y que lo hagas no implica que no dejes de ir al gimnasio.

    Es una obviedad que México tiene que fortalecerse y resolver sus problemas internos para ser un país más fuerte del cual no abusen. Pero eso no está peleado con el hecho de que los mexicanos salgan a las calles para mostrar su repudio al bully llamado Donald Trump, una cosa no cancela la otra. El problema del bully es un problema inmediato, el problema del país débil que necesita fortalecerse es uno necesitará varios años de lucha, voluntad y esfuerzo. 

    Los críticos dicen que es algo que está organizado por el gobierno. Pero yo por más que me meto a su página y veo todas las organizaciones involucradas no veo a nada que me huela a gobierno. 

    ¿Amnistía Internacional? ¿El CIDE y el Colmex que tiene académicos muy críticos con el gobierno actual? ¿El IMCO que con la #Ley3de3 tuvieron muchos roces con el gobierno y cuyo titular es duro crítico de Peña Nieto? ¿Transparencia Mexicana? ¿La Universidad Iberoamericana que respaldó a los alumnos que formarían #YoSoy132?

    Curiosamente muchas de esas ONG’s e instituciones se la han pasado trabajando para incidir en el gobierno y cambiar las cosas. ¿O son despreciables las reformas políticas propuestas desde la ciudadanía y estas organizaciones?

    Ciertamente, yo dije que no puedo apoyar moralmente a Peña Nieto, pero sí puedo exigirle que haga lo que tiene que hacer y esperar que represente a México de la forma más digna. El sitio web dice que el propósito de la marcha es:

    … «que los ciudadanos sumemos esfuerzos y unamos voces para manifestar nuestro rechazo e indignación ante las pretensiones del Presidente Trump, a la vez de contribuir a la búsqueda de soluciones concretas ante el reto que ellas implican». A su vez «Requerir que el gobierno informe permanentemente de las negociaciones con Estados Unidos» y «Exigir el buen gobierno que merecemos». 

    La marcha tiene como propósito la inmediatez y es totalmente comprensible porque el riesgo es «inmediato», nos manifestamos por eso que ya está enfrente de nosotros. Es inmediato que el gobierno tome medidas ante este nuevo contexto y por eso hay que marchar. 

    Y sí, también hay que marchar en contra de Donald Trump. Que seamos un país débil no significa que no tengamos el derecho a defendernos de un agresor. Que deploremos a nuestro gobierno no significa darle derecho a alguien externo a agredirlos. Esos cómicos memes de: -Peña es un pendejo, pero es nuestro pendejo, no te metas con él Donald Trump- llevan algo de verdad. Y si algo es muy cierto es que Steve Bannon pretende debilitar lo más posible al gobierno así como deteriorar aún más la imagen de Peña Nieto para poder incidir así más sobre México, que pierda lo más posible en las negociaciones para cumplir los caprichos políticos de Donald Trump. 

    Pero no sólo se trata de México, el repudio hacia Donald Trump debe unir a todas las voces de distintas partes del mundo, que sea generalizado. Recordemos que el mayor peligro de Trump y su gente es que pretenden destruir los cimientos de la democracia liberal y modificar el panorama geopolítico llevándonos a un estado de las cosas que ya habíamos superado. Por eso es importante colmar las calles, porque se trata de unir fuerzas de repudio en todo el globo terráqueo. Debemos evitar que las tentaciones de ultraderecha prosperen.

    Por eso me preocupa que ante un momento así decidamos dividirnos, afirmar sin bases que unirnos a esta marcha implica abandonar los temas nacionales, el gasolinazo o la corrupción, o que nos «estamos volviendo paleros de Peña Nieto» cuando esta marcha ni siquiera está organizada por el gobierno ni tiene relación alguna. Los problemas de México son muchos y se pueden atacar por diferentes flancos. 

    No es con banderitas ni con nacionalismos absurdos de activistas de sofá, es salir a las calles no sólo a defender a México, sino unirnos con todo el mundo, con todos los ciudadanos del mundo que no queremos a Trump, que no queremos que la ultraderecha avance. El repudio debe ser generalizado, y si Estados Unidos puede -todavía- incidir en todo el mundo, entonces todos los ciudadanos del mundo tenemos que mostrar músculo.

    Como dijo Genaro Lozano en su Twitter: si tu problema es que no quieres marchar «con la derecha» puedes unirte al colectivo de la UNAM. Esta marcha no debe tener colores, debe unir a todos los mexicanos y todas las facciones están representadas. 

    Vibra México no es sólo un alto a las agresiones de Donald Trump, es un alto al fascismo y al oscurantismo. 

  • No es México, es todo el mundo el que está en riesgo

    No es México, es todo el mundo el que está en riesgo

    No es México, es todo el mundo el que está en riesgo
    Fuente: Bloomberg

    Si yo saliera con un micrófono a preguntarle a la gente qué es lo que más le preocupa de Donald Trump, seguramente escucharía muchos argumentos donde relacionan al magnate con nuestro país. Me dirían: «Trump nos ha humillado, nos quiere hacer pagar el muro, o qué va a pasar con los mexicanos que están allá». Las preocupaciones que la gente tiene no sólo son válidas, sino que tienen sustento. 

    Sin embargo a mí me preocupa más lo que ya está pasando en el mundo y en Occidente con el ascenso de Trump y los gobiernos nacionalistas de ultraderecha.

    Y no, no es que no me importe México. Es que esto también va a impactar a nuestro país, y a la vez puede terminar impactándonos a nosotros los ciudadanos. Esto es algo que la gente de pie no toma mucho en cuenta.

    Por decirlo de alguna forma, el modo de vida que tú llevas, lo que consumes, tu derecho a expresar tu opinión, todo es producto de un sinnúmero de equilibrios que damos por sentado porque ahí han existido desde hace mucho tiempo. Esos «equilibrios» no sólo se han estado desgastando como producto del tiempo -la historia es cíclica de algún modo- sino porque hay quienes están ansiosos por derribarlo, como Steve Bannon, el hombre que está detrás de Donald Trump.

    Gracias a la democracia liberal es que podemos no sólo salir a votar, sino expresarnos libremente en las redes sociales, podemos reunirnos y crear organizaciones ciudadanas. Aún con una democracia disfuncional como la muestra, al ser la democracia liberal la regla en Occidente, ésta ejerce cierta influencia en el país: -México debería tener una prensa libre, México debería de promover los derechos humanos y debería garantizar la equidad de género-. A pesar de que las instituciones supranacionales como la ONU y similares no están de ningún modo exentas de corrupción e intereses, no deja de ser cierto que parte de los valores que se promueven van en el sentido de garantizar ciertas libertades a los individuos.

    En una democracia liberal el individuo tiene la libertad de manifestarse contra sus propias instituciones. 

    ¿Qué pasaría si la democracia liberal en Occidente fuera reemplazada por regímenes autoritarios? ¿Qué pasaría si la demagogia y el autoritarismo se convirtiera en regla?

    Primero, que los gobiernos -y sí, incluyo el mexicano- tendrían menos incentivos para democratizarse. Si países como Estados Unidos, Francia u Holanda se volcaron al nacionalismo ¿por qué no hacerlo nosotros? Al cabo nos gusta mucho seguir el ejemplo de los países desarrollados ¿o qué no?

    No sin olvidar la influencia y presión que otras naciones pudieran ejercer sobre nuestro país.

    Segundo, ante el rompimiento del orden geopolítico sería más difícil acudir a instancias internacionales -porque posiblemente algunas de ellas desaparezcan o su naturaleza se corrompa- para resolver conflictos. Me preguntaría que relevancia tendría la Comisión Interamericana de Derechos Humanos -recordemos de ahí el GIEI de Ayotzinapa- ante un nuevo orden geopolítico donde el multilateralismo ha muerto (deseo de Trump y Bannon) y ha sido reemplazado por relaciones bilaterales entre los distintos países. 

    Steve Bannon, un leninista de derecha (es profundamente admirador de Lenin) quiere romper con lo que él considera el establishment. Eso no sólo significa influir en Europa para que la Unión Europea desaparezca como tal, ni sólo implica acabar con el progresismo e ideas liberales para sustituirlas por otras ultraconservadoras. Va más allá y parece estar conspirando contra el Papa Francisco al apoyar e instigar a los círculos más ultraconservadores de la Iglesia Católica porque considera que el Papa es muy liberal, dada su agenda de cambio climático, migración y pobreza. 

    Pero independientemente de lo que haga este hombre tras el poder, Europa se podría reconfigurar por sí misma. El primer paso ya está dado con el Brexit, pero ahora tendremos que esperar a ver lo que pasa en Holanda y Francia en el primer semestre de este año. En Holanda, Geert Wilders,  del Partido por la Libertad de ultraderecha, es favorito a ganar según las encuestas. En Francia, no son pocas las posibilidades que tiene la ultraconservadora Marine Le Pen, y a pesar de que las encuestas -a esas que tanto les encanta fallar- dicen que ganará la primera ronda, vaticinan que en la segunda votación perderá contra su opositor -posiblemente Emmanuel Macron-. 

    Ahora, no sólo es Occidente inclinándose hacia la derecha -rompiendo ese consenso liberal que abarcaba de la centro-izquierda a la centro-derecha-. Habrá que ver como se configura el nuevo orden geopolítico. Habrá que ver el papel que toman países como Rusia o China -que tampoco son democráticos- en esta nueva configuración. La democracia liberal tendrá que resistir desde las calles y las universidades, el conflicto entre ideologías y naciones estará asegurado. 

    Este nuevo panorama me preocupa más que lo que ocurra en México porque al final este reacomodo geopolítico e ideológico impactará sí o sí a nuestro país. La postura de Trump ante México no se explica mediante un conflicto entre dos países, sino entre uno de carácter más global. México es la víctima fácil para legitimar el discurso nacionalista, es el que no opondrá resistencia a diferencia de lo que sí haría China. 

    Vienen tiempos difíciles, y no sé si oponerse a Trump con un nacionalismo ramplón de banderitas como avatares ayude en algo. 

  • Make nuestra pinche hipocresía great again

    Make nuestra pinche hipocresía great again

    Make nuestra pinche hipocresía great again

    Lo voy a decir claro, si un Donald Trump mexicano surgiera dentro de nuestro territorio -esto es, una figura igual que el magnate estadounidense, pero adaptado o tropicalizado al contexto y la realidad mexicana- sería muy popular entre un considerable sector de la población, y hasta podría ganar. 

    Ahora ya entró la moda de subestimar a los estadounidenses, y sobre todo, de ser implacables con quienes votaron por Trump, aquellos de los apalaches, del rust belt, de las zonas más deprimidas de nuestra nación vecina. A veces las críticas se llevan a cabo con cierto tufo de superioridad moral: –mira que la «clase media ilustrada» mexicana está mucho más avanzada que esos white trash-. E incluso muy dentro de nosotros nos congratulamos de su condición porque haciendo la comparación ya nos sentimos tan mal. 

    La realidad es que incluso nuestras clases urbanas ilustradas, a diferencia de las estadounidenses, siguen siendo en gran medida apáticas, o bien, se limitan al activismo comodino. Si bien es cierto que la participación ciudadana en México ha aumentado en los últimos años, sigue siendo mayoría la que sigue sin involucrarse y no muestra responsabilidad alguna para con su comunidad. 

    Estados Unidos presenta una curiosa dicotomía, una aparente contradicción que es parte de su cultura y sus raíces y que de alguna manera siempre ha coexistido. Por un lado está el multiculturalismo, el país de migrantes. Por otro lado está el nativismo y el racismo. Uno vive dentro de las ciudades, otro dentro de las áreas rurales y suburbanas. Las segundas fueron olvidadas por el sistema, y desde un contexto decadente, de exclusión, de tejidos sociales rotos, votaron por un demagogo que les dio voz. 

    Los estadounidenses no niegan esa contradicción ni se la guardan. Por el contrario, la gritan. Las élites intelectuales y el multiculturalismo presumen su condición y sus ideales, los nativistas también. 

    Los mexicanos, por nuestra parte, no nos caracterizamos por ser directos. No sólo porque a veces llegamos a pecar de ser demasiado humildes como para poder terminar de presumir todas nuestras virtudes, sino que nos gusta esconder muchos de nuestros defectos y a hacer como que no existen. Esto ocurre mucho con el tema del racismo, muy presente en nuestro país. 

    La realidad es que si reconocemos nuestra condición tal y como es, podemos llegar a la conclusión de que nuestra situación es igual o posiblemente peor a la de los Estados Unidos. Posiblemente nosotros no tengamos red necks o nativistas que salen al pórtico de sus casas a decir que matarán al primer migrante que encuentren dado que no recibimos las olas de migrantes que los estadounidenses reciben. Pero la realidad es que nosotros también discriminamos a los migrantes.

    Eso sin importar la incongruencia que eso representa cuando criticamos el racismo y la xenofobia de Donald Trump.

    La Encuesta Nacional de Migración de UNAM realizó las siguientes preguntas: ¿estás de acuerdo en que se deporten a los migrantes centroamericanos? O ¿estarías de acuerdo en que se construya un muro en la frontera sur? Las respuestas fueron las siguientes:

    • La mitad está totalmente o parcialmente de acuerdo en que se construya un muro en el sur.
    • El 40% está total o parcialmente de acuerdo en que se deporten a los migrantes.
    • El 30% está de acuerdo en que los extranjeros paguen más impuestos que nuestros connacionales.

    Un Trump o una Marine Le Pen mexicana estarían frotándose las manos.

    Eso sí, cuando se habla de los migrantes mexicanos en Estados Unidos el consenso es unánime: no debe haber muro, no deben haber deportaciones.

    ¿Qué ésto no sólo es contradictorio, sino producto de un nacionalismo trasnochado y convenenciero, como ese que tanto le reclamamos a Trump?

    Peor aún, los mexicanos también somos selectivos con los extranjeros, y el criterio para hacerlo es muy parecido al del gobierno de Donald Trump, En esa misma encuesta, los mexicanos muestran más confianza ante estadounidenses, canadienses y españoles, en tanto estigmatizan más a los centroamericanos. Por más blancos y más limpios, son más bienvenidos.

    Incluso somos más tolerantes con los sirios porque no son sucios y porque gracias a los medios están de moda. Aplaudo que el esfuerzo de muchos haya dado la oportunidad a Samah, una siria que huía de la guerra, para que continuara con sus estudios y su proyecto de vida. Pero esa solidaridad no la muestran todos, ni siempre, ni con todos. 

    No debemos tampoco olvidar las manifestaciones de discriminación hacia los migrantes que es pan de cada día. En Guadalajara, muchas personas se opusieron a el establecimiento de una casa de paso para ayudar a los migrantes porque decían, afean sus colonias, son sucios, y traen inseguridad -a pesar de que han demostrado lo contrario-. De igual forma, en esta misma ciudad, algunos colonos han desplegado mantas donde invitan a los migrantes a retirarse de sus colonias. 

    Si queremos que otras naciones respeten a la nuestra debemos actuar con congruencia respetando no sólo a aquellos de otras nacionalidades sino a nosotros mismos. Lo primero que deberíamos hacer es aceptar nuestros defectos culturales en vez de verlos reflejados como un «lo que te choca te checa» en los defectos del vecino. 

    Duele, pero es la verdad. Y si queremos avanzar deberíamos primero ser conscientes de nuestra realidad. No, no somos tan incluyentes con los migrantes como pensamos y presumimos. Dejemos de pensar que lo somos porque a los extranjeros -predominantemente blancos- se les atiende con una cálida cortesía.

    Y vaya que sólo he hablado de los migrantes, porque hasta con nosotros mismos discriminamos.