Autor: Cerebro

  • 10 libros que leí este 2025 y que te recomiendo

    10 libros que leí este 2025 y que te recomiendo

    Este no es cualquier post sobre mis 10 libros del año. Es mi décima entrega que comencé a hacer desde el 2016. Si bien este año no leí tanto como el pasado, leí varios libros muy buenos que no caben en esta lista y que tendré que dejar en la lista de menciones honoríficas. Comencemos pues:

    1.- Why Stocks Go Up and Down – William H. Pike y El Inversor Inteligente – Benjamin Graham

    Hasta el día de hoy no había recomendado este tipo de literatura y de hecho son dos en lugar de uno porque me parecieron muy buenos. Si quieres entrar al mundo de las inversiones y hacer que tu dinero crezca pero todavía no tienes mucha experiencia, creo que estos dos libros son esenciales. El primero básicamente te explica cómo funciona la bolsa y las acciones y el segundo te ayuda a obtener a ganar sabiduría para tomar decisiones racionales.

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    2.- El valor de la atención: Por qué nos la robaron y cómo recuperarla (Johann Hari)

    En un tiempo en el que estamos hiperconectados y donde el entorno nos ha hecho perder la capacidad de enfoque, este libro hace un muy buen recorrido por los problemas que están degradando esta habilidad tan necesaria y propone tanto soluciones individuales como colectivas (reconociendo que las acciones individuales no son suficientes). Hari argumenta que la crisis de atención no es un fallo personal, sino un problema sistémico

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    3.- La Vegetariana – Han Kang

    Esta novela de la Premio Nobel de Literatura 2024 trata sobre Yeonghye, una mujer que, producto de sus pesadillas, decide volverse vegetariana como acto de desobediencia y locura que rompe con las convenciones sociales sudcoreanas, y como esto convierte su vida en una pesadilla. La historia nunca es contada por la protagonista sino por tres hombres y una mujer que proyectan en ella sus deseos y frustraciones, lo cual la hace muy interesante.

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    4.- Combatting Cult Mind Control – Steven Hassan

    Este libro es un manual extensivo (y tal vez el libro definitivo) para saber cómo funcionan las sectas destructivas: no solo las tradicionales sectas religiosas, sino aquellas que actúan como cursos de coaching. Hassan explica bien como las sectas controlan tu comportamiento, tu pensamiento, cómo controlan la información y cómo manipulan las emociones. Además, propone una muy buena guía para ayudar a salir a las personas que están atrapadas en ellas.

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    5.- How The World Thinks- Julian Baggini

    Este libro me gustó mucho y me ayudó a abrir un poco más mi mente y salir un poco del eurocentrismo al que a veces podemos tender a caer. La premisa es que lo que conocemos en Occidente como «filosofía» es solo una parte de todo el pensamiento humano y nos introduce a las distintas culturas y sus dinámicas propias tales como China, la India y el mundo islámico. El libro muestra cómo es que las distintas culturas abordan distintas preguntas filosóficas como ¿Cómo conoce el mundo? ¿Quiénes somos? o ¿Cómo vive el mundo?

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    6.- El Invencible Verano de Liliana

    Trata sobre el feminicidio de Liliana, ocurrido en 1990. El libro está escrito por su hermana Cristina Rivera Garza y está construido a través de las cartas y documentos que dejó Liliana así como los testimonios de sus amigos. Al principio pensé que iba a ser un libro del montón pero me terminó atrapando. Está muy bien elaborado. A lo largo del libro empiezas a empatizar mucho con Liliana de tal forma que sientes el desgarro cuando su victimario la mata. Muy buena obra que dimensiona y contextualiza una problemática social muy recurrente en nuestro país.

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    7.- A Brief History of Intelligence – Max Salomon Bennet

    Este libro me encantó porque básicamente explica cómo es que la inteligencia se fue desarrollando a través de la historia y que, si queremos construir una verdadera inteligencia artificial, primero debemos entender cómo es que la inteligencia fue evolucionando en la naturaleza en las distintas especies hasta llegar a la inteligencia humana. ¿Cuál es la diferencia de la inteligencia que tiene una hormiga, un pez, un chimpancé o un ser humano? Conocer y comprender dichos pasos evolutivos es una tarea muy interesante.

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    8.- Los Miserables – Victor Hugo

    Este es un libro que tenía guardado en mi librero y que en más de 15 años de tenerlo ahí nunca lo abrí. Ahora que viajé a Francia aproveché la oportunidad de leerlo y vaya que es un gran libro que no solo narra una historia, sino que tiene un profundo contenido social, histórico y filosófico que se palpa en cada una de sus páginas. Víctor Hugo a veces «pausa» el relato de la novela para introducir reflexiones filosóficas o acontecimientos históricos que van a contextualizar la continuación de la propia historia. Es un libro algo crudo y oscuro que reflexiona sobre la lucha entre el bien y el mal, la injusticia, la miseria, la pobreza, el amor, la disonancia que existe entre seguir la ley al pie de la letra y obrar bien o la capacidad que una persona tiene de redimirse.

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    9.- Leonardo Da Vinci – Walter Isaacson

    A mí me gustan mucho las biografías de Walter Isaacson, pero esta, a diferencia de las demás, tiene un toque muy peculiar porque no es trata sobre la historia de la vida de este genio, sino de su propia obra, de su técnica, de su forma muy peculiar de conceptualizar el arte, sobre la creatividad y cómo es que Da Vinci era un procrastinador que dejó muchísimas obras inconclusas, procrastinación que era un precio a pagar por su genialidad. Isaacson hace un recorrido por sus obras, su técnica, su evolución, sus invenciones que tal vez llegaron muy pronto y no eran funcionales pero que seguramente fueron un parteaguas para inventos posteriores.

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    10.- Careless People: A Cautionary Tale of Power, Greed, and Lost Idealism – Sarah Wynn-Williams

    Este es un libro que me parece muy revelador sobre la condición humana y sobre cómo una ex directiva de Facebook entró a esta empresa con cierto idealismo pensando en que el fin de esta red era unir al mundo y democratizar la información para después desencantarse al ver cómo se convertía en una empresa voraz donde la ambición podía estar por encima de cualquier cosa. Sarah nos narra la obsesión por el crecimiento y cómo cualquier preocupación ética era ignorada si ésta estorbaba a ese fin, cómo es que la empresa permitió explícitamente a gobiernos autoritarios usar la plataforma para manipular elecciones al tiempo que criticaba fuertemente el «feminismo corporativo» de Sheryl Sandberg al que retrata como convenenciero, interesado e hipócrita.

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    Menciones honoríficas:

    • Seven Ages of Paris – Alistair Horne
    • La Nausea – Jean-Paul Sartre
    • Psych – The Story of Human Mind – Paul Bloom
    • Palaces For The People – Eric Klinenberg
    • SPQR – Mary Beard
    • Seeing Like a State: How Certain Schemes to Improve the Human Condition Have Failed – James C. Scott
    • Instant Philosophy – Gareth Southwell
  • ¿Tío Richie Presidente?: cómo Ricardo Salinas Pliego construye su narrativa rumbo a 2030

    ¿Tío Richie Presidente?: cómo Ricardo Salinas Pliego construye su narrativa rumbo a 2030

    En redes leo con frecuencia el “Tío Richie Presidente”. Aunque no ha dicho explícitamente que busca la grande, sus movimientos sugieren que lo considera seriamente. ¿Por qué?

    Salinas Pliego es de esos empresarios que disfrutan estar cerca del poder. Es innegable que en su trayectoria hay esfuerzo e ímpetu empresarial, pero también es evidente el impulso de sus conexiones políticas y la influencia que ejerce desde su televisora y sus nexos. Apoyó con fervor a López Obrador en 2018 —a quien llamaba amigo— y puso a su servicio lo que tenía a la mano. Incluso los programas sociales que hoy critica se apoyaron en la infraestructura de Banco Azteca.

    Algo se rompió. En la superficie se dice que fue por los impuestos que, dicen,  el magnate adeuda (yo sospecho que hubo algo más). El giro fue abrupto: si al inicio de ese sexenio Javier Alatorre visitaba Dos Bocas y decía “Me canso ganso”, y Jorge Garralda elogiaba el AIFA, después vimos reportajes durísimos contra los libros de texto y comparaciones de la 4T con los peores regímenes colectivistas. Salinas se presentó como engañado: insiste en que AMLO no era quien creía y culpa a algunos “rijosos” que lo habrían asesorado mal. Como si no supiera quién era, o como si nunca hubiese percibido la vena populista y autoritaria que muchos advertimos.

    Pocos empresarios se han atrevido a cuestionar frontalmente al régimen. Mientras algunos callan para “no tener problemas” y otros se benefician con acuerdos y licitaciones «en infínitum», Salinas lo confronta usando los mismos recursos con los que antes lo apoyó. Además, se construyó un perfil público más agresivo: usa sus redes para defender su visión y atacar a los funcionarios que lo critican. Así nació ese personaje que hoy no deja a nadie indiferente.

    A esta postura —que más de uno ve como valentía— se suma su creciente simpatía por ideas libertarias y un discurso abiertamente polarizante contra la 4T que ha calado en sectores de derecha, los mismos que lo adoptaron como “Tío Richie”.

    Salinas presume no ser parte de la hoy oposición partidista moribunda, aunque en algún momento llegó a formar lazos con ella cuando estuvo en el poder. Tomó nota del fenómeno Milei en Argentina y, poco a poco, adoptó sus símbolos y estética. Con eso ha sabido contrastar con el régimen y plantearse como alternativa sin bailar al son del oficialismo (algo que los partidos opositores no lograron). No se enreda tanto en nociones como democracia o separación de poderes —importantes pero a veces abstractas—, sino que contrapone libertad (libertad negativa en el sentido de Isaiah Berlin) vs. esclavitud (la que, según él, representa la 4T con autoritarismo y dádivas).

    En ese marco, Salinas acertó al producir un documental propagandístico para empujar su narrativa y la confrontación. Invitó a Juan Miguel Zunzunegui, un historiador medianito y menor pero con buena retórica y capacidad de divulgación para transmitir sus ideas a la gente común. A los especialistas el documental les parecerá frívolo; a los no especializados, preocupados por la 4T y ajenos a sus valores, puede hacer clic.

    Salinas Pliego es un empresario polémico. Además de mantener empresas importantes y muy conocidas como TV Azteca, Elektra o TotalPlay, también se ha envuelto en escándalos: años atrás envió un comando armado para tomar las instalaciones de CNI Canal 40 en el Cerro del Chiquihuite. También usa su televisora para golpear empresarios competidores o políticos incómodos: desde Cuauhtémoc Cárdenas (con el caso Paco Stanley) hasta Citlalli Hernández, de quien se burló por su peso incluso en pantalla. En Estados Unidos ha sido acusado de corromper jueces y violar órdenes, por lo que pagó fianza. Y en redes, sus críticas generan polémica constante.

    Ese perfil, en condiciones de normalidad, sería un lastre; en la coyuntura actual podría jugarle a favor: lo muestra envalentonado, dispuesto a hacer lo que quiere y a conseguirlo como sea; un Trump tropical —aunque ideológicamente más cercano a Milei. Ante un gobierno percibido por algunos como corrupto, asistencialista e ineficiente (y razones no les faltan), un “macho alfa” que se presente como lo diametralmente opuesto puede resultar atractivo (aunque algunos dirán que, en corrupción, Salinas tal vez no sea precisamente ejemplar).

    ¿Sus probabilidades de ser presidente en 2030 si decide lanzarse? Es temprano para un pronóstico fino, pero no la tiene fácil:

    1. Necesita plataforma: que lo cobijen partidos de oposición o, al menos, uno con aspiraciones reales de conservar el registro.

    2. Competiría en una elección organizada por un árbitro cuya confiabilidad hoy se discute más que antes, con un gobierno quizá con mayor margen de acción y sin contrapesos.

    Si sortea esos dos obstáculos, su destino estará atado a la coyuntura económica (más que a la seguridad). En Twitter la indignación contra la 4T abunda —ahí está su nicho—, pero Twitter no es México. Al día de hoy el gobierno de Claudia Sheinbaum es muy popular (sí, incluso con escándalos como el huachicol o el enriquecimiento dudoso de figuras clave). Si en 2030 el panorama luce parecido, veo difícil que Salinas sea un contendiente que inquiete demasiado al régimen. Pero si la economía se deteriora y la gente siente el golpe en el bolsillo —como en Argentina con Milei—, entonces su discurso podría embonar y crecer como espuma, atrayendo sobre todo a gente apática que de otra forma no hubiera salido a votar. En una mala economía, un empresario que hable de mercado, libertad y progreso, y que sea recordado por confrontar al régimen, puede volverse rentable.

    Puede que, aun intentándolo, no prospere. Pero no es alguien a quien el oficialismo deba subestimar ni dar por muerto, menos en estos tiempos. De hecho, la virulencia con que lo atacan podría fortalecerlo en la oposición (hoy minoritaria).

    Otra discusión es imaginar un eventual gobierno suyo: si tomaría buenas medidas económicas y sanearía lo dañado por la 4T; si usaría el poder para beneficiar a sus empresas y castigar a quien le incomode; y cómo gobernaría sin algo ni remotamente parecido a una mayoría en el Congreso. No lo sabemos. Hoy es demasiado pronto para construir escenarios de alguien que ni siquiera ha confirmado que lo vaya a intentar.

  • PRI: Crónica del fin (mi reseña)

    PRI: Crónica del fin (mi reseña)

    Acabo de terminar de ver el documental sobre el PRI de Denisse Maerker que está publicada en VIX. ¿Es buena? Sí ¿La recomiendo? Sí. Pero tampoco te esperes una obra maestra. A pesar de ser interesante, creo que el documental tiene algunos problemas y en algunos aspectos se queda corta.

    La serie PRI: Crónica del fin resulta interesante no tanto por lo novedoso de su contenido, sino porque ofrece la oportunidad de escuchar a varios protagonistas (sobre todo del viejo partido, algunos con trayectorias turbias) reflexionando sobre su propio declive. No es una joya del género documental, pero cumple con su propósito: narrar la caída de un régimen que durante décadas marcó la vida política del país.

    Para quienes disfrutamos de la historia y la política mexicana, mucho de lo que ahí se cuenta es ya conocido. Sin embargo, la serie revela matices que llaman la atención, como el resentimiento que algunos priístas todavía sienten hacia Ernesto Zedillo, a quien acusan de haber detestado a su propio partido. Aunque parciales por razones muy lógicas y seguramente sin revelar todo lo que saben, es interesante escuchar cómo los propios priístas vivieron el declive de su partido y como se esfuerzan (muchas veces sin éxito) en hacer una suerte de autocrítica.

    También es valioso asomarse a los conflictos internos entre los dos grandes bloques del PRI que fueron fundamentales en la ruptura de este partido: los tecnócratas y los revolucionarios o estatistas. Esa fractura explica en buena medida la posterior consolidación de la izquierda como oposición desde la escisión de los «revolucionarios» de la mano de Cuauhtémoc Cárdenas y la posterior absorción de los cuadros por parte del régimen de López Obrador, el cual, paradójicamente, al llegar al poder terminó heredando varias de las viejas prácticas priístas que hoy siguen vigentes.

    El último capítulo me parece el más sólido, pues aborda con claridad la candidatura y el gobierno de Peña Nieto, al cual se muestra como un personaje que trajo un paquete de propuestas ambiciosas (Pacto por México) pero que tuvo varios desaciertos políticos (producto, mencionan los testigos, de su inexperiencia) así como escándalos que terminaron descarrilando su presidencia para, desde ahí, trazar la línea directa hacia el estado actual del PRI: un partido disminuido, sin proyecto ni liderazgo, cuyo resurgimiento luce cada vez más improbable.

    Aunque como dijo el Jefe Diego cuando Denisse le preguntó si el PRI estaba muerto: el PRI se quitó la chaqueta tricolor para ponerse la moradita.

    En ese cierre radica, quizás, la mayor virtud de la serie porque deja ver que el colapso es contundente y, como dijera Juan Villoro parafraseando a Marx en el El 18 de brumario de Luis Bonaparte, repitieron su historia primero como tragedia y luego como farsa. Las reflexiones finales del Jefe Diego y Marcelo Ebrard son contundentes.

    Sin embargo, el documental queda lejos de ser exhaustivo y por momentos se queda corto. Elude, por ejemplo, la relación simbiótica entre el PRI y los medios de comunicación, particularmente Televisa, y que se repitiera en la campaña de Enrique Peña Nieto. No es un detalle menor, y menos aún cuando la serie es producida y difundida precisamente por esa empresa. Esto es algo paradójico, ya que uno de los puntos fuertes de la serie es el acceso al acervo histórico que tiene Televisa que nos permitió ver varias escenas que no habíamos visto, al menos en Internet u otro tipo de documentales.

    Tampoco se profundiza del todo en episodios cruciales como el asesinato de Colosio, el de Ruiz Massieu, la devaluación de 1994 o la represión del 68, que aparece apenas mencionada de forma superficial y que fue muy importante ya que este evento fue, a mi parecer, una de las primeras fisuras que comenzaron a aparecer en el priismo. Creo que los documentales de Enrique Krauze sobre los presidentes que fueron transmitidos ya hace tiempo (y que pueden encontrarse en YouTube) hacen una mejor cobertura de estos temas.

    Entiendo que la intención era concentrarse en la erosión del partido, pero un contexto más amplio habría fortalecido la narrativa, sobre todo para aquellos que no conocen tanto de su historia. Un capítulo adicional para situar los orígenes del PRI, y explorar esos episodios clave habría hecho la diferencia, especialmente para las nuevas generaciones que se acercan por primera vez a esta historia.

    En suma, PRI: Crónica del fin es una serie recomendable que pasa la prueba, pero limitada como para convertirse en «el documental» que nos transitara de las épocas «gloriosas» del PRI al ocaso de un partido que moldeó al México moderno y que hoy parece condenado a ser apenas una sombra de sí mismo.

  • Una bala le dio a Charlie Kirk, la otra le dio a la democracia

    Una bala le dio a Charlie Kirk, la otra le dio a la democracia

    La peligrosa espiral de polarización

    Creo que la polarización creciente que se vive en Estados Unidos, y en buena medida en Occidente, terminará muy mal.

    Los cimientos de la democracia están tambaleando. La democracia no es solo ir a votar; es también un consenso tácito: el acuerdo de que nuestras diferencias no se resolverán mediante la violencia. Y ese consenso se está rompiendo.

    Desde 2016, con la llegada de Donald Trump al poder y la aparición de sectores fascistoides en la derecha —como la Alt-Right— junto con una izquierda iliberal, poco dispuesta a debatir y más inclinada a cancelar, algunos comenzaron a advertir sobre el peligro de la polarización. Ocho años después, no solo sigue ahí: se ha agravado, y no parece haber un freno.

    Pero esta fractura no nació con Trump, ni con la derecha iliberal, ni con lo que algunos llaman la “izquierda woke”. Todo eso son apenas síntomas de un proceso mucho más largo, una polarización que lleva gestándose décadas y que hoy amenaza con arrastrarnos a un escenario muy oscuro.

    La explicación de Ezra Klein

    En Why We’re Polarized, Ezra Klein sostiene que la polarización es el resultado acumulativo de múltiples factores. Uno de los más relevantes es la transformación ideológica de los partidos: desde los años sesenta, demócratas y republicanos comenzaron a distanciarse hasta el punto en que las familias de congresistas de diferentes partidos, que antes podían convivir sin problema, hoy casi no se relacionan.

    A eso se sumó la irrupción de la televisión por cable, que segmentó a las audiencias con noticieros diseñados para reforzar identidades políticas. Así se construyeron burbujas ideológicas en las que la gente se acostumbró a escuchar solo lo que confirmaba lo que ya pensaba.

    Las redes sociales aceleraron aún más este proceso, aunque de una forma más compleja de lo que se suponía con la idea de “cámaras de eco”. Lo cierto es que transformaron por completo la manera en que nos informamos, debatimos y compartimos. Nos arrojaron a un entorno comunicativo para el cual todavía no sabemos adaptarnos.

    El asesinato de Charlie Kirk

    El cobarde asesinato de Charlie Kirk es otro síntoma de esta dinámica: una polarización que se retroalimenta, donde los discursos de odio se intensifican, las facciones se detestan cada vez más y los puentes de comunicación están rotos.

    Personalmente, mucho de lo que decía Kirk me parecía aberrante: solía estigmatizar a migrantes y a personas con otra orientación o identidad sexual. Aun así, considero que Ezra Klein (progresista) tiene un punto en algo que escribió en The New York Times: más allá de lo que pensáramos de sus ideas, Kirk hacía política de la forma correcta en un sentido dinámico. Iba a universidades y debatía con quienes quisieran enfrentarlo, generando un intercambio de ideas. Paradójico, sí: alguien con posturas intolerantes que, al mismo tiempo, estaba dispuesto a confrontarlas en público.

    Aunque hoy no conocemos al asesino ni sus motivaciones, es altamente probable que discrepaba con las ideas de Kirk. Si él era ultraconservador, lo lógico es pensar que quien lo mató provenía de la izquierda. Y si ese fue el caso, no sería más que otro ejemplo de cómo la violencia política engendra más violencia política.

    Redes sociales y discursos de odio

    Twitter mostró enseguida el efecto. Muchos aprovecharon para declarar que “la izquierda es asesina” o que “esto es una guerra contra la izquierda”. La narrativa de “nosotros los buenos, ellos los malos”.

    Pero la realidad es que ambos extremos han contribuido a este clima. También hemos visto violencia de la derecha: el asesinato de la congresista demócrata Melissa Hortman o el intento de secuestro de Nancy Pelosi, que Trump no condenó sino que ridiculizó.

    Afirmar que “la izquierda” o “la derecha” es asesina es una generalización absurda, pero es un discurso útil para estigmatizar al adversario. Y es justo esa banalización la que acelera la polarización: que desde la izquierda se tache de “fascista” a cualquiera con ideas diferentes, o que desde la derecha se lancen eslóganes como “zurdos de mierda”, alentando incluso a romper vínculos familiares con quien piense distinto, como promueve Agustín Laje.

    El dilema moral

    Entiendo que haya personas incapaces de empatizar con Kirk (quien detestaba la idea de la empatía), sobre todo quienes se sintieron directamente afectados por sus dichos. Sin embargo, cualquiera con un mínimo de sensatez debería condenar lo ocurrido y rechazar la violencia contra cualquier persona.

    Es cierto que la mayoría de los opositores a Trump y a las ideas de Kirk condenaron el asesinato, pero también hubo quienes dijeron que “se lo merecía” o incluso lo celebraron. Ese es el nivel de degradación moral al que hemos llegado.

    ¿Se puede frenar?

    Esta violencia política, al tiempo que posiblemente desencadene en más violencia política, seguramente también ocasionará que tanto la derecha como la izquierda que quieran expresar algo (esta por medio a represalias) se terminen autocensurando cada vez más temiendo que algo similar pueda pasar. A raíz de lo que ocurrió, Comedy Central decidió remover la parodia que South Park hizo de Charlie Kirk producto de activistas de MAGA que, enojados, comenzaron a culpar a la serie de lo ocurrido y tanto los demócratas Gavin Newsom, Alexandra Ocasio-Cortez como el derechista Ben Shapiro, decidieron, por la misma razón, posponer o cancelar sus próximos eventos públicos.

    ¿Cómo detener este clima de odio? No lo sé. Como dije al principio, no soy optimista. Creo que esto terminará en un escenario doloroso y que solo cuando toquemos fondo podremos reflexionar y construir un nuevo consenso. La polarización, el desgaste de la democracia liberal y así como los cambios geopolíticos no muestran un futuro prometedor.

    Me gustaría que pudiéramos promover un espacio donde las ideas se enfrenten sin miedo, donde el debate y la confrontación civilizada sean posibles. Pero quizá ya hemos entrado en un punto de no retorno. Y si un hecho tan lamentable como este sirve de pretexto para odiar más en lugar de reflexionar, entonces el panorama es aún más sombrío de lo que imaginamos.

  • ¿Por qué seguimos hablando de izquierda y derecha?

    ¿Por qué seguimos hablando de izquierda y derecha?

    ¿Por qué seguimos hablando de izquierda y derecha?

    Ay con estos conceptos.

    Un esquema meramente binario que no solo sirve para categorizar orientaciones políticas, sino para construir identidades: ¡Yo soy de izquierda! ¡Yo soy de derecha!

    Y claro, intentar reducir las ideologías políticas a dos categorías suele derivar en muchísimas ambigüedades. Peor aún: dado que estos conceptos son inherentemente políticos, corren el riesgo de manipularse (como suele ocurrir) para acomodar narrativas, distorsionar significados según convenga, hacer juicios de valor, o marcar una división simplista entre «nosotros» y «ellos».

    Además, el hecho de que los conceptos de izquierda y derecha parezcan cambiar según la época complica aún más las cosas. Frente a esta confusión, algunos han decidido incluso afirmar que estas etiquetas están ya obsoletas.

    Sin embargo, hay una definición que ha resistido al paso del tiempo y que permanece constante desde la Revolución Francesa hasta nuestros días. Me refiero, por supuesto, a la definición de Norberto Bobbio:

    La izquierda se define por la intención de reducir la desigualdad, la derecha por la aceptación, o incluso la justificación, de la desigualdad

    No es el mercado ni es el tamaño del Estado; es la actitud ante la igualdad y la desigualdad.

    Por ejemplo, la izquierda de la Revolución Francesa no era socialista, pero sí buscaba una mayor igualdad ante la ley y la abolición de los privilegios del clero y la nobleza. La izquierda socialista posteriormente buscó igualdad económica, mientras que la izquierda cultural hoy promueve la igualdad entre sexos, orientaciones sexuales, razas y minorías. Así:

    • En la Revolución Francesa, se contrapuso la igualdad ante la ley frente a los privilegios nobiliarios y clericales.

    • En el siglo XX, se confrontó la igualdad económica frente a la desigualdad atribuida al esfuerzo, talento o mérito individual.

    • En la izquierda cultural actual, se opone la equidad de género a los roles tradicionales (hombre proveedor, mujer cuidadora del hogar).

    Confusiones por ahí:

    Algunas personas sostienen que lo que define a izquierda y derecha es el nivel de estatismo: según esto, la izquierda sería más estatista y la derecha menos. De ahí incluso surgen afirmaciones que contraponen la igualdad a la libertad negativa.

    Esto se concluye porque, efectivamente, la izquierda económica suele recurrir al Estado para redistribuir riqueza. Pero recordemos que el Estado es un medio, no un fin en sí mismo.

    Si el tamaño del Estado fuera lo que definiera ser de izquierda o derecha, llegaríamos a conclusiones absurdas como:

    • El comunismo solo sería de izquierda radical en su etapa intermedia cuando necesita un Estado muy grande, para luego convertirse en ultraderecha al abolir dicho Estado.

    • Todos los anarquismos serían considerados de ultraderecha.

    • Donald Trump sería clasificado como «de izquierda» por establecer aranceles e incluso controles de precios.

    Por supuesto, esto conduce a que algunos intenten afirmar que el fascismo y el nazismo son de izquierda. Pero esta es simplemente una estrategia retórica para diferenciar entre «nosotros» (los buenos defensores de la libertad) y «ellos» (los malos y opresores). Conceptualmente, esta postura no se sostiene.

    ¿Por qué?

    Porque tanto el fascismo como el nazismo no solo toleraron, sino que promovieron activamente la desigualdad en términos de nacionalidad, raza, jerarquías sociales y un largo etcétera.

    Algunos dirán que el fascismo, el nazismo y el comunismo, ideologías que en la práctica generaron graves daños a la humanidad en la época moderna, se parecen bastante entre sí. Y en eso tienen razón: esta similitud se explica a través de la famosa teoría de la herradura, según la cual los extremos ideológicos tienden a parecerse más entre sí que a las posturas moderadas. Ambos extremos son represivos y estatistas, pero una sigue siendo de izquierda (izquierda radical) y otra de derecha (extrema derecha) porque una busca la igualdad absoluta mientras la otra celebra la desigualdad.

    Incluso hoy podemos observar cómo las izquierdas más «woke» y las derechas más identitarias (como muchas facciones trumpistas) comienzan a parecerse en sus métodos e identitarismo conforme se acercan a los extremos.

    Luego está la noción generalizada de que la derecha es afín al mercado mientras que la izquierda desconfía más de él. Algunos incluso intentan sostener, de manera tramposa, que el libre mercado es «fascista», cuando en realidad fascismo y libre mercado son prácticamente incompatibles. Aunque ciertamente esta diferenciación ha sido constante durante las últimas décadas y durante la Guerra Fría, ni siquiera eso termina por definir esencialmente a izquierda y derecha.

    De hecho, durante la Revolución Francesa la izquierda (especialmente los girondinos) simpatizaba más con la economía de mercado que la derecha, que defendía los privilegios del clero y la nobleza. La combinación de libertad e igualdad en un mismo lema («Liberté, Egalité, Fraternité») no resultaba en absoluto contradictoria como hoy algunos sugieren.

    Incluso actualmente, observamos un mayor intervencionismo económico en algunos gobiernos de derecha (como el de Trump) que en ciertos regímenes de izquierda socioliberal. A excepción quizás de Javier Milei (quien podría definirse más como ultraliberal que ultraderechista), las nuevas derechas (Vox en España, Orbán en Hungría, Trump en EE.UU.) suelen ser más intervencionistas en la economía que las derechas neoliberales inspiradas en Thatcher o Reagan.

    Conclusión:

    Por supuesto, es evidente que izquierda y derecha tienen muchas ramificaciones tanto históricas como contemporáneas, y que en cada espectro hay diferencias internas y contradicciones. También es claro que un grupo político se define mejor por lo que persigue ideológicamente que por su congruencia absoluta en la práctica: un gobierno de izquierda cuyos líderes vivan como millonarios sigue siendo de izquierda si sus políticas buscan teóricamente mayor igualdad.

    Finalmente, si bien hay otras formas útiles para conceptualizar las orientaciones políticas (estatismo-libertad económica, autoritarismo-liberalismo, progresismo-conservadurismo, materialismo-posmaterialismo, nacionalismo-globalismo), la manera más sólida de definir la izquierda y la derecha sigue siendo, en mi opinión, la de Norberto Bobbio: la izquierda busca reducir la desigualdad, mientras la derecha tolera o incluso justifica la desigualdad.

  • El Chicharito está en la banca

    El Chicharito está en la banca

    En este artículo no me voy a centrar en la carrera futbolística del Chicharito, sino más bien en el fenómeno social en torno a sus videos y declaraciones que tanta polémica han causado en estas redes.

    Soy consciente de que lo que escriba aquí no va a ser del agrado de todas las personas que lean este texto, y en realidad no importa, porque este espacio es para dar mi opinión y generar debate, no para quedar bien.

    Así empezó la cosa. En mi TikTok apareció ese video donde el Chicharito está dentro de un carro en el cual decía:

    Entonces, quieres a un hombre proveedor, pero para ti limpiar es opresión patriarcal. ¡Interesante!

    Aunque sabía que ese contenido iba a generar polémica y, a pesar de su superficialidad (el Chicharito no es un intelectual ni mucho menos), pensé: igual tiene un punto.

    A ver, es que en una relación o familia funcional los dos deben poner de su parte para sacar el barco a flote. Si esperas que el marido sea el que trabaje y te mantenga ¿qué vas a hacer tú en tu familia? Quien no trabaja se ocupa del hogar. Y lo mismo iría en el caso en que una mujer mantenga al marido (caso poco común en nuestro país, pero que sería lo consecuente en caso de que ocurra).

    Pensé. Tal vez no lo expresó de la mejor forma pero, ta bien. No pasa nada.

    Pero luego vino ese segundo video en el cual básicamente acusa a las mujeres de erradicar la masculinidad y dice que deben dejar liderarse por un hombre y sostener el hogar. Habla de energías masculinas y femeninas (lo cual es una construcción simbólica pero que no tiene ningún sustento científico ya que no son medibles ni verificables)

    Es fácil advertir que, aunque el Chicharito lo diga en tono amable, el comentario es profundamente misógino. Básicamente le dice a la mujer que su papel está en el hogar. Este segundo video, a su vez, le da más contexto al primero al cual no le había dado mucha importancia.

    Es importante hacer aquí una importante acotación. Si una mujer y un hombre deciden formar una pareja tradicional, es decir, que el hombre sea proveedor y la mujer se encargue del hogar, ello es completamente válido y respetable en tanto lo hagan desde su libertad de decisión.

    No es lo mismo el respeto a quienes desean ese modelo de relación a indicar a una mujer que ese modelo de relación es el que debe de seguir. La postura de respeto, valga la redundancia, respeta la libertad de las personas a decidir qué camino quieren tomar. Decirle a una mujer que debe quedarse en el hogar es una forma de no reconocer la libertad que las mujeres tienen para elegir otra forma de relación o seguir una carrera profesional.

    Y claro, en un contexto donde las mujeres han buscado ganar espacios y relevancia en el ethos social, este tipo de comentarios va a parecer a muchas personas muy insensible u ofensivo.

    Podemos darle vueltas al asunto y tratar de entender por qué el Chicharito dijo lo que dijo. Que si su coach de vida Diego Dreyfus le lavó el cerebro, que si está frustrado porque está al borde del retiro y su nivel en la cancha es muy malo, que si pudiera ser que Chicharito tiene algún problema con el otro sexo, que si es tal o cual cosa.

    Lo cierto es que no son pocas las personas en México que piensan como el Chicharito y eso es lo relevante. El quid del asunto es que el Chicharito es una persona muy famosa. Es uno de los tres futbolistas más importantes de la historia del país. Su discurso resuena en un sector de la población que por el efecto halo (en este caso, asumir que si una persona es virtuosa en un ámbito, debe serlo en los otros).

    ¿Derecho a decir lo que se dice?

    El asunto de la libertad de expresión aquí se vuelve relevante. Yo soy una persona convencida del derecho de expresarse, incluso para decir sandeces como las que dijo el Chicharito, pero la libertad de expresión tiene consecuencias que deben asumirse, porque si la gente está en profundo desacuerdo con lo que dijo el Chicharito, entonces ellos tienen la libertad de recriminarlo y criticarlo fuertemente. Si yo voy a una Iglesia y, después de leer una de las lecturas, digo que Dios no existe y que todos están engañados, no estoy cometiendo delito alguno, pero es evidente que la reacción de quienes están en el recinto va a ser de profunda desaprobación.

    Para que en una sociedad pueda existir una sana convivencia, es importante que existan reglas no escritas.

    Y me parece absolutamente positivo (aunque algunos quieran calificarlo como censura) que la gente desapruebe expresiones como las del Chicharito, las cuales van en contra de la libertad de la mujer a decidir qué hacer con su vida para que, de esta forma, se concientice a la sociedad sobre ciertas ideas que pueden afectar la libertad de otros. Está muy bien que sea mal visto, como es mal visto hablar en favor de la esclavitud. Criticar y desaprobar lo que otra persona dice, en tanto no se le ejerza coerción efectiva, no es censura. También es, curiosamente, libertad de expresión.

    Pero yo no creo que estas expresiones deban combatirse con la censura. Solo debe ser censurable aquello que, cuando se dice, puede poner en riesgo la integridad directa de otras personas. Por ejemplo, convocar a agredir a personas por su credo, color de piel o identidad sexual, etcétera.

    En cierta medida no es del todo malo que este tipo de opiniones se lleguen a escuchar en tanto sigan siendo parte de las idiosincrasias de la gente, porque reconociendo su existencia se puede comprender que ese tipo de pensamientos están ahí y ser conscientes de que hay gente que sigue pensando así. Lo importante no es tanto que se diga menos que «las mujeres deben quedarse en el hogar» sino que menos gente realmente lo piense, y concientizar sobre ello es lo más importante. Para eso, hay que tomar el toro por los cuernos y profundizar sobre el fenómeno en cuestión.

    Dada mi postura adversa hacia la censura, pienso que ni el gobierno ni la FMF deberían castigar al Chicharito por aquello que dijo (como, en efecto, sí hizo la Federación), pero sí están en su derecho de mostrar su posicionamiento ante los dichos del futbolista (como también ocurrió) y también es cierto que, de acuerdo con sus intereses comerciales, las empresas que patrocinaban a este jugador son libres de dejar de patrocinarlo (como ocurrió con la marca Puma).

    Los actos de censura suelen empoderar a aquellas personas que tienen tales ideas para victimizarse y legitimar aquello que dicen. Además, las políticas que buscan regular la conducta, por más bien intencionadas sean, suelen ser muy contraproducentes. Las políticas de violencia de género en México han sido poco utilizadas para defender realmente a las mujeres de actos de misoginia y sí han servido mucho como mecanismo de persecución política de opositores, como acaba de ocurrir con el escándalo de Dato Protegido.

    Dese cuenta, mi compa

    Estas expresiones lamentables del Chicharito se dan en un contexto donde, como respuesta de la liberación de la mujer, muchos hombres sienten incertidumbre sobre cuál es su rol y se sienten amenazados.

    Los cambios sociales, por más buenos y necesarios que sean (como estos) siempre traen efectos colaterales que hay que abordar porque si estos efectos generan la suficiente masa crítica pueden llegar a boicotear estos avances y mover la «ventana de Overton» para que la idea de la mujer más sumisa se vuelva a normalizar. Esta transición a la equidad es relativamente fácil para los hombres que son conscientes de que la equidad de género es algo justo y valioso y están empapados del tema. No lo es para muchos otros que no saben cómo adaptarse ante dichos cambios y que, vale decir, han quedado desatendidos.

    Y ante esta desatención aparecen figuras como Andrew Tate, El Temach y demás gurús de la «masculinidad» que, para llenar ese vacío, proponen una suerte de retorno a lo pasado, a lo conocido, al rol del hombre proveedor que lidera a la mujer.

    Tampoco es casualidad alguna que en muchos países se esté expresando un political divide donde las mujeres tienden a un voto más progresista y los hombres a un voto más conservador. En teoría, con el tiempo esta fricción debería comenzar a ceder, pero por el momento parece no hacerlo.

    Y tal vez acá es donde nos deberían llevar los dichos del Chicharito. Mucha gente lo festeja, lo ve como un «buen madrazo a los progres», algunos hasta gritan «hombres, hombres», lo ven como una reivindicación del hombre, sobre todo de aquél hombre que se siente abandonado porque no sabe cómo adaptarse a estos cambios y que ha acumulado una cantidad de resentimiento que no duda expresar en las redes sociales.

    En este contexto, la censura solo termina fortaleciendo este encono y dando legitimidad a su postura: por eso se vuelve contraproducente. Cuando no hay debate o intercambio de información que les ayude a contrastar sus posturas y, en cambio, existe un creciente sentimiento de persecución, la gente comienza a tomar posturas más duras y determinantes.

    A pesar de que la vida del Chicharito ha venido en picada en los últimos años y que su comportamiento ha cambiado (para mal) en ese tiempo, no creo que sea una mala persona más allá de prejuicios que pueda tener. También es cierto que, cuando eres una persona con gran relevancia, lo que dices resuena mucho y eres responsable de aquello que dices. Si yo digo una sandez en Twitter tal vez me lleguen diez personas a criticar y hasta lo ignore, pero si lo hace el Chicharito, hasta los medios se le van a ir encima y él debe de ser consciente de eso.

    Tal vez hablar de un video polémico del Chicharito en un país sumido en una deriva autoritaria y donde muchas mujeres son violadas y asesinadas pueda parecer algo trivial, pero me parecía importante hacerlo y expresar mis reflexiones por lo que esto deja entrever.

  • Por qué casi todos opinan, pero pocos entienden: élites intelectuales frente a masas militantes

    Por qué casi todos opinan, pero pocos entienden: élites intelectuales frente a masas militantes

    Lo que voy a decir posiblemente cause polémica:

    Tengo una hipótesis:

    En todas las ideologías, causas ideológicas (ya sean de izquierda, derecha, progres o fachas) e incluso religiones, siempre existe una suerte de minoría o élite intelectual ilustrada, capaz de comprender a profundidad y reflexionar críticamente sobre aquello que defiende; y por otro lado, una mayoría que repite eslóganes o conceptos prefabricados—en muchas ocasiones elaborados por esas mismas élites—que se comunican de manera simple y superficial, pero que rara vez llegan a entender completamente.

    Esta minoría suele caracterizarse por una curiosidad intelectual más aguda, inteligencia generalmente superior al promedio, mejor nivel educativo y mayor disponibilidad de tiempo para estudiar y analizar sus convicciones. La mayoría, en cambio, suele asumir una actitud más bien seguidora; pueden ser extremadamente combativos—especialmente en redes sociales—y encuentran en dichas causas una motivación identitaria y un sentimiento de pertenencia. Aunque es posible que lean y se informen hasta cierto punto, raramente profundizan más allá de lo básico.

    Es importante señalar que los líderes de opinión en una ideología específica no siempre son intelectuales, ni todos los intelectuales llegan a ser líderes de opinión. De hecho, especialmente en plataformas digitales, abundan figuras que adquieren relevancia no por sus méritos intelectuales, sino por su capacidad de confrontación y por saber decir exactamente lo que los demás desean escuchar (sesgo de confirmación).

    Incluso, no es improbable que alguna persona proveniente de la mayoría menos ilustrada termine liderando o siendo un actor relevante dentro de una causa específica. En otras palabras, alguien puede ocupar posiciones elevadas dentro del organigrama o estructura de una causa, pero sin pertenecer necesariamente a la «élite intelectual» de dicha causa. Generalmente llegan a posiciones destacadas debido a su actitud combativa, habilidades sociales y políticas o talento en la oratoria, más que por capacidades intelectuales sobresalientes (algo relativamente común en el ámbito político).

    Este fenómeno puede describirse mediante una distribución tipo Pareto: el 20% que domina más profundamente los temas genera, analiza y transmite aproximadamente el 80% del conocimiento circulante dentro de cada causa o ideología. Evidentemente, dicha distribución podría ser más o menos marcada dependiendo del contexto social que se analice.

    También es cierto que esta frontera entre la mayoría y minoría no es abrupta sino un tanto gradual. Es decir, entre esa minoría más ilustrada hay quienes son aún mucho más ilustrados y entre la mayoría habrá un porcentaje de personas que tengan algo más de conocimiento y en el otro extremo personas que casi ignoren y desconozcan lo que están defendiendo.

    Al igual que ocurre con élites económicas, políticas, científicas o artísticas—en las que una minoría ejerce la mayor influencia—algo similar sucede en todos los «ismos» que existen en nuestras sociedades.

  • Quiúbole con la gentrificación

    Quiúbole con la gentrificación

    Querían poner el tema de la gentrificación en la mesa. Lo lograron.

    Pero eso implica que el tema deba someterse a debate (claro, no nos alcanza para que sea muy riguroso) y que haya voces que tengan distintos puntos de vista al respecto.

    Y sé que a algunos de que querían que se pusiera el tema en la mesa no les gusta esto. Pero es necesario.

    Los debates son para ganar una mejor perspectiva del problema, no para decir lo que se quiere escuchar.

    En teoría algo muy bueno debería salir de aquí: llegar a consensos, una sociedad muy informada sobre el tema que tome decisiones informadas al respecto. Tal vez estemos esperando mucho de una sociedad polarizada que exige respuestas simples ante un fenómeno que tiene muchas complejidades. Las respuestas simples:

    • La culpa es de los gringos, hay que correrlos
    • Hay que regular todo, prohibir
    • Esto es una lucha de clases ¡muerte al capitalismo!
    • La gente indignada es floja y huevona, la gente que los desplaza es trabajadora. ¡Pónganse a trabajar!
    • Todas las personas molestas son resentidas que quieren que el gobierno les regale todo
    • La gentrificación no existe, es un invento de la izquierda para imaginar problemas donde no los hay.

    Verán que estas respuestas tan simplistas vienen de ambos lados del espectro. Naturalmente si este tipo de argumentos son los que dominan y si las políticas públicas se crean alrededor de estos argumentos, pues el resultado va a ser un desastre. Pero bueno, mucha gente quiere respuestas simples ya sea por sus condicionamientos ideológicos o porque están movidas por las emociones y no se detienen a pensar.

    Quiúbole con la gentrificación

    Ya de por sí el concepto de gentrificación tiene muchas aristas. La RAE la define así:

    Proceso de renovación de una zona urbana, generalmente popular o deteriorada, que implica el desplazamiento de su población original por parte de otra de un mayor poder adquisitivo.

    Claro. Es una definición sencilla, pero que deja entrever dos cosas:

    • Que el barrio se renueva con todo lo que eso implica:
      • Mejores servicios
      • Circula más dinero
      • Se generan más empleos y se crean negocios
    • Y sí, que hay gente que ya no puede pagar por vivir ahí y se tiene que ir a otros lados.

    En este entendido, la gentrificación no es buena o mala per sé, más bien se puede decir que tiene efectos tanto positivos como negativos. Es un fenómeno que ocurre en las distintas ciudades del mundo. La gente que es desplazada migra a otros lugares donde las rentas son más baratas y ellos mismos terminan, a su vez, gentrificando esos barrios y desplazando a quienes vivían ahí. Es decir, los desplazados pueden terminar, a la larga, beneficiándose del proceso de gentrificación que su presencia causa en los barrios a los que llegan.

    Algunos de los gringos que llegaron a la Condesa fueron desplazados de sus barrios originales. Tal vez no sea en todos los casos, pero en el tiempo que viví en la Condesa escuché casos de personas que vieron como sus barrios se encarecieron y vieron con buenos ojos venir a México a un barrio que les pareció bonito y asequible para sus ingresos.

    Es decir, muchos gringos fueron desplazados de sus barrios, a su vez, al llegar a la Condesa desplazaron a otros que van a vivir a otros barrios donde van a desplazar a otros. En ese proceso, los barrios donde ocurre este fenómeno mejoran, tienen mejores servicios.

    Es claro. Ser desplazado no es nada grato. A nadie le gusta que el casero llegue y te diga que como no puedes pagar debes dejar tu departamento. Esto implica muchas cosas:

    • Tener que irte a un lugar menos atractivo, con servicios no tan buenos, siendo que tienes el mismo ingreso o salario.
    • La disrupción que esto implica para una rutina:
      • Es posible que el trabajo o la escuela te quede más lejos
      • Que tal vez esos servicios que tenías (gym, super) no queden tan a la mano
      • En caso de haber socializado en el barrio, tener que romper con ello e irte a un lugar donde no conoces a nadie.
    • El estatus es algo que no se menciona en el debate pero tiene mucho peso. Si eres desplazado a un barrio menos atractivo, ello puede tener un efecto negativo en el estatus percibido como persona.
    • La incomodidad propia que implica una mudanza
    • Si llevas mucho tiempo viviendo ahí (varios años o décadas), la pérdida de arraigo.

    Los procesos de gentrificación son comunes y normales en las ciudades. Con el tiempo los barrios cambian, la gente se mueve de lugar por distintas razones. Las sociedades son dinámicas.

    Es la crisis de vivienda, estúpido

    Y es que el problema subyacente, real, es la crisis de vivienda.

    Ya dije cómo la gentrificación implica que personas de más alto poder adquisitivo llegan a un barrio mejorando la calidad de los servicios y la seguridad mientras que los habitaban ahí, al ver los precios encarecidos, tienen que irse a vivir a otros barrios.

    La crisis de vivienda puede convivir mucho con la gentrificación y hay quienes consideran a la gentrificación como un componente de la crisis de vivienda, pero no son lo mismo. La crisis de vivienda es un problema generalizado donde, por el alza de precios y la escasez de oferta (ambas cosas completamente interrelacionadas), las personas tienen una mayor dificultad para acceder a una vivienda digna. Esta crisis es una realidad que afecta a muchos países del mundo.

    Aunque se considere la gentrificación como un componente de la crisis de vivienda, es completamente posible que la gentrificación exista sin ella. Es decir, un barrio se puede encarecer pero hay la suficiente oferta como para que 1) los precios del alquiler no suban tanto y 2) que las personas que dejan el barrio por el alza de precio no tienen dificultad en encontrar otro hogar con servicios que sigan siendo relativamente buenos.

    Es decir, considero que la molestia con los procesos de gentrificación, que siempre han existido (la Condesa se ha gentrificado varias veces) se disparó por la crisis de vivienda donde la demanda de hogares supera en exceso a la oferta. Eso pasa en la CDMX, en California, Barcelona, Madrid, Londres. Así, atacar el problema de la gentrificación per sé y sin comprender el problema de crisis de vivienda probablemente lleve a políticas públicas equivocadas.

    Considero que la pregunta sobre la que todo tendría que girar es ¿por qué no hay oferta de hogares que logren satisfacer a la demanda? ¿Por qué mientras se construyen muchas torres de lujo al tiempo que se construye poca vivienda para personas de clase media y, sobre todo, para los sectores populares? Ahí entonces tenemos que hablar de restricciones excesivas que el gobierno pone, la corrupción en este ámbito, la especulación inmobiliaria.

    Dado que la crisis de vivienda es un fenómeno multicausal, debe abordarse desde distintas posturas e incluso con un enfoque interdisciplinar. Importa mucho el componente económico y financiero, pero también el social y humano y tal vez hasta el político. Yo soy escéptico sobre las excesivas regulaciones como medida para resolver el tema y, en la mayoría de los casos, tal vez me inclino más hacia un enfoque liberalizador: que haya menos restricciones para construir vivienda (quitando las que son absurdas y dejando solo las necesarias como las que tienen que ver con estructuras resistentes a sismos, entre otras) y más incentivos para para que la iniciativa privada lo haga, que el gobierno construya más vivienda. Eso no implica que no crea que en alguna situación particular alguna política regulatoria pueda llegar a funcionar, pero cualquier propuesta debe de ser validada en la medida de lo posible con evidencia empírica y experiencias previas.

    Antes de ser presas de las emociones o la indignación, habría que investigar qué es lo que se ha hecho en otros países (por ejemplo, una de las propuestas más comunes habla sobre regular Airbnb. Sin embargo, en Nueva York, aunque estas medidas desaceleraron el incremento de las rentas de 7% a 3%, estas siguieron incrementándose y no aumentó la oferta de vivienda como se esperaba). Habría que investigar los efectos tanto de las políticas regulatorias como de las políticas liberalizadoras, de estrategias de construcción de vivienda (ya sea tanto por el gobierno como por el sector privado). Aunque es un fenómeno global que no ha sido solucionado, muchos países (sobre todo Europeos y Estados Unidos) ya tienen más experiencia

    La xenofobia

    ¿Se justifican las agresiones y los deseos de que los gringos sean corridos de La Condesa? Por supuesto que no.

    No podemos hacer generalizaciones y pensar que todos los manifestantes son vándalos o que todos eran xenófobos, pero lo cierto es que, aunque hayan sido los menos, hicieron mucho ruido y se hicieron notar. Constantemente hemos visto expresiones de xenofobia frente a este fenómeno y este es, en mi punto de vista, un sentimiento irracional que conforme toma más forma, se comienza parecer cada vez más a la xenofobia que existe en Estados Unidos hacia los migrantes mexicanos.

    Los gringos no son los únicos que están gentrificando barrios en México, pero se han convertido en el chivo expiatorio y creo que esto ocurre por diversas razones:

    • La gentrificación gringa en la Roma – Condesa es más agresiva dado que ellos tienen un poder adquisitivo mucho más alto que el mexicano porque trabajan para empresas de origen
    • Algunos norteamericanos deciden no adaptarse al barrio al que llegan, solo hablan inglés y establecen sus microcomunidades (aunque en mi experiencia no todos y sí hay varios que se integran).
    • El roce histórico con Estados Unidos
    • El contexto actual de la relación con Estados Unidos, deportaciones y discursos de odio contra migrantes desde el poder político estadounidense.

    Creo que ello no es razón suficiente para usar al estadounidense como chivo expiatorio. Es cierto que la gentrificación es más agresiva, pero al mismo tiempo hay mayor derrama económica y se generan más y mejores empleos que benefician a mexicanos. Algunos pierden (los que son desplazados) otros ganan. Mucha gente parece ignorar hasta deliberadamente eso, la llegada de los gringos también ha beneficiado a varios mexicanos.

    Es cierto que, a lo largo del tiempo, muchos de los derechos que hoy gozamos no se ganaron pidiendo permiso, pero el caos generado por los vándalos atentando contra muchos negocios que no tienen ninguna responsabilidad ni culpa en el problema no ayuda mucho a la causa y solo perjudicaron a emprendedores y trabajadores mexicanos que trabajan duro para ganar dinero, porque no solo fueron tiendas estadounidenses las afectadas (cuyos franquiciatarios y empleados son mexicanos y, por tanto, la mayoría del perjuicio se la llevan los mexicanos) sino también negocios y restaurantes mexicanos.

    Nada de esto ataca el problema de raíz, la crisis de vivienda. El gobierno (y ya lo estamos comenzando a ver en su discurso) podría estar motivado a establecer «parches» para mantener contenta a la gente molesta sin reparar que a largo plazo las consecuencias podrían ser peores en vez de tomar el tema de la crisis de la vivienda por los cuernos.