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Es un gusto presentarles, al nuevo viejo PRI

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Ya decía Goebbels que una mentira repetida mil veces se convertía en verdad. Pero tal vez dentro del PRI no se percataron que dicha mentira tiene que sonar creíble. Cuando la mentira queda en evidencia franca, lo que se convierte en verdad no es la propia mentira, sino el argumento de que quien repite la mentira pierde autoridad moral. 

Y es que en el PRI han decidido adoptar un discurso triunfalista pensando en que así podrán cambiar la percepción. Creen que si ellos insisten en que su candidato tiene mil atributos, que si va en primer lugar y que si van a ganar todo, entonces va a suceder. Pero ni la más refinada oratoria logra esconder un lenguaje no verbal que dice otra cosa u contradice aquello que se ha dicho. 

Aurelio, Aurelio, Aurelio, le dice en su programa el periodista Javier Risco a Aurelio Nuño, coordinador de la campaña de José Antonio Meade, cuando éste decía que su candidato y López Obrador iban empatados. 

Para acabarla de amolar, Javier Risco se burló del incidente en su Twitter.

Cuando me preguntan sobre la «nueva camada priísta», yo les digo que volteen a ver a Enrique Ochoa Reza y a Aurelio Nuño. La parsimonia priísta tradicional, llena de discursos triunfalistas, de movimiento de manos y de una oratoria excesivamente ensayada ahí está, presente en ellos: es el viejo nuevo PRI.

Uno escucha a hablar a Ochoa Reza, a Aurelio Nuño o a cualquiera de las «voces» de la campaña de Meade y se encuentra con un discurso asombrosamente similar. Tan meticulosamente preparado que llega a verse muy preparado, no deja lugar a la improvisación. Parece que han ensayado mucho su discurso, tienen frases prefabricadas las cuales pueden usar a modo de respuesta ante los cuestionamientos. Si dice esto, tú di esto.  A AMLO le dicen simplemente López porque se argumenta que así lo despojan de su aura divina y mesiánica para poder atacarlo de forma más fácil. 

Escuchen cualquier discurso suyo y encontrarán las mismas frases: «Meade va a convertir a México en potencia mundial», «José Antonio Meade va a ser el próximo presidente de México porque tiene las mejores propuestas», «Meade va empatado con López», «López es el candidato del no». «cuando a México le va bien, a las familias mexicanas les va mucho mejor». Sobre todo ocurre con Ochoa Reza pero parece ser consigna compartida entre todos los priístas que se presentan con los medios para hablar de las campañas. 

¿Y si los ponen en aprietos? Cambian el tema de la conversación, o en su defecto, culpan a otros. Si les preguntan por qué el gobierno de Peña Nieto ha tenido pésimos resultados en materia de inseguridad dicen que es por culpa de los gobiernos del PAN. Se salen por la tangente, y no lo hacen de forma discreta: nosotros somos cuasiperfectos, la culpa de nuestros errores es de los demás, o de un problema de comunicación, o es una campaña que busca desprestigiar al gobierno.

En su discurso no pueden mostrarse humildes ni mucho menos débiles. Nunca ofrecerán disculpas por algún error cometido en los gobiernos de su partido, nunca reconocerán errores y nunca dejarán su discurso triunfalista aunque la realidad, tan evidente, demuestre lo contrario.

El cinismo y el descaro de su discurso es palpable. La mentira, las interpretaciones a modo, abundan. Al tiempo que acusan (como es el caso de Ochoa Reza) a la oposición de comprar encuestas porque no les favorecen (como ocurrió con la de Buendía y Laredo), presentan como verdaderas aquellas publicadas por los diarios fieles al PRI, como ocurre con El Sol de México.

Apelan a la ingenuidad del electorado, piensan que la gente «se va a tragar su discurso». Pero mala noticia para ellos ya que esta postura contrasta con la de su candidato o con la postura que su candidato debería tomar: el candidato ciudadano que busca conciliación y mirar hacia el frente. Ellos creen que están acertando, pero la realidad es que más bien parecen ser un lastre. Basta ver las reacciones de los periodistas, no sólo la de Javier Risco, también la de Carlos Elizondo y la de Federico Reyes Heroles a quienes por momentos se les nota desesperados ya que el discurso del presidente del PRI no encaja con la realidad:

Por más elocuente trate de ser, por más trate de disfrazarlo con la retórica y con el discurso, a Ochoa Reza se le ve tenso. Él sabe que el PRI está lejos de ganar la presidencia y los 9 estados que están en juego (como presume) y está muy cerca de perderlos todos. Si eso sucede muchos lo acusarán como responsable, aunque en realidad él poco puede hacer para contener la oleada de indignación que operará en contra de su partido en las elecciones venideras. 

La gente no es tan tonta como ellos pueden pensar. Parece que no asimilan que su partido tiene muchos negativos y que su autoridad moral, de acuerdo con la percepción de gran parte de la población, arrastra por los suelos. Y cuando eso sucede, la fortaleza se termina confundiendo con la arrogancia. Cualquier paso en falso (que vaya, no son pocos) será aprovechado por la gente indignada como acto de catarsis.  

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