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¿Por qué nos volvemos más violentos?

¿Por qué nos volvemos más violentos?

Les cuento, en Guadalajara se llevó a cabo un operativo «antipiratería», específicamente en el Mercado San Juan de Dios. Ciertamente en este tianguis, el más popular de la capital de Jalisco, se venden muchos productos pirata e incluso algunos otros de dudosa procedencia. Así se entiende que se haga este tipo de operativos, los cuales son rutinarios, pero ahora las cosas se salieron de control, y ésta ciudad no tan acostumbrada como el Distrito Federal a las manifestaciones, y mucho menos a las violentas, vivió una tarde de saqueos a tiendas de conveniencia y autos quemados. ¿Qué es lo que está pasando?

¿Por qué nos volvemos más violentos?

Se me vienen a la mente varias cosas:

¿Por qué quienes critican al Gobierno y a los que tachan de rateros pueden ir a saquear tiendas? ¿Los ciudadanos no deberían marcar una diferencia frente al gobierno en vez de comportarse como ellos o como lo que dicen ser? ¿No deberíamos ser coherentes entre lo que pensamos y lo que decimos? ¿Cómo acabar con este círculo vicioso? Si no existe un Estado de Derecho decente, como es el caso de nuestro país, la gente se brincará a las instituciones asumiendo que no trabajan para ellos sino para unos cuantos. Pero este caso va más lejos. ¿Qué culpa tiene una tienda de conveniencia de la forma en que el gobierno los trata? Al final se trata de un acto irracional donde los individuos repiten esos patrones que tanto les achacan al gobierno, las «víctimas» no tienen empacho en romper un vidrio para llevarse cartones de cerveza para disfrutar en la comodidad de su hogar.

Pero por otro lado tenemos a un gobierno donde estas escaladas de violencia han aumentado. Independientemente de si los violentos lo son como una respuesta ante las injusticias, o porque no tienen algún problema en robar y atentar contra bienes ajenos, hay una tensión social cada vez mayor que se ha ido acrecentando desde la llegada del PRI al poder. ¿Por qué antes un operativo no llegaba a estos niveles y ahora sí? ¿Por qué hay estudiantes asesinados? ¿Por qué se destruye violentamente el Palacio de Gobierno en Chilpancingo? ¿Por qué el ejército mata a quemarropa a presuntos delincuentes como en Tatlaya?

Cuando en un gobierno reina la impunidad, la falta de credibilidad y el cinismo, estos lamentables hechos se acrecientan. Cuando un gobierno ha perdido contacto con la ciudadanía, el ambiente se torna ríspido, lo cual incita a la violencia. Y cuando la «desinstitucionalidad» se vuelve un cáncer social, todos esos patrones deleznables se multiplican tanto en los gobernantes como en los gobernados. ¡Alguien tiene que romper éste círculo vicioso! Y el ciudadano molesto e indignado debería empezar por él.

En estos momentos de incertidumbre es cuando la falta de legitimidad pesa, cuando un gobierno no tiene la aprobación de la gente y estos últimos lo perciben como lejano e incluso espurio, los gobernantes tienen menor margen de acción para tomar decisiones necesarias. Un gobierno con una gran dosis de legitimidad podría tomar decisiones no muy populares, pero un gobierno con tan poca legitimidad, tiene que pensársela dos veces antes de actuar por el capital político restante que todavía podría perder. Por eso vemos a un gobierno que en momentos, no toma cartas en el asunto, y en otros, se le pasa la mano.

Vivimos momentos difíciles, donde la época de los «sesenta mil muertos de Calderón» parecía cosa menor ante lo que vivimos. Porque antes era el narco, ahora es el gobierno y parte de la ciudadanía en respuesta. El clima es cada vez más tenso y a nivel federal son muy comunes decisiones orientadas a ganar o preservar capital político en vez de servir y la gente se da cuenta de ello. Los gobernantes no se han dado cuenta que la política de la simulación ya no es tan rentable y se les está saliendo de las manos, al tiempo que un sector de la sociedad más que fungir como contrapeso, termina agravando el problema.

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