Yo aprendí a decir groserías desde muy temprano. No se me va a olvidar que antes de entrar a la primaria, mi hermana mayor me enseñó un compendio de malas palabras, que después me sirvió para defenderme y para que me suspendieran de clases. -Mira cerebrito, estas palabras son malas, malas: Puto, pendejo, cabrón, idiota, pinche, imbécil, tarado, estúpido… Y dicho y hecho, llegué a la primaria con un léxico muy avanzado para un niño…