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López Obrador, la amnistía para la mafia, y la otra mejilla

López Obrador, la amnistía para la mafia, y la otra mejilla

La campaña (eterna) de López Obrador ha tenido un viraje. El tabasqueño ha decidido moderar su discurso para atraer a los votantes de centro. De apoyar abiertamente a la CNTE, se ha mostrado en favor de una negociación entre el gobierno y esta organización, al tiempo que ha sido menos beligerante con la Reforma Educativa propuesta por Aurelio Nuño.

López Obrador, la amnistía para la mafia, y la otra mejilla
Revista Alto Nivel

Recordemos que en 2012 la estrategia le funcionó, quedó cerca de ganar la elección pero el ultimo mes volvió a radicalizarse con lo cual ahuyentó votos y sentenció su derrota (a esto podemos sumar otros factores como la compra de votos del PRI). López Obrador contrató en ese entonces a Luis Costa Bonino, quien fue el artífice de las exitosas campañas de François Miterrand y Lula da Silva, y casi logra colocar a AMLO en la silla presidencial. Parece que López Obrador ha optado por una estrategia similar de camino al 2018.

Pero hay algo que me ha llamado mucho la atención, y es que en ese afán de moderarse, López Obrador propone una amnistía (la cual incluye a Peña Nieto y a todos sus colaboradores). Más propio de un pasaje bíblico que de una estrategia política, el argumento de López Obrador es que él no se quiere vengar y optará por el perdón para poder sacar adelante al país.

A mí me parece una propuesta errónea.

Es errónea, porque la justicia no se debe de regir por el «perdón» ni la «venganza», sino por el imperio de la ley.

Si Peña Nieto, sus colaboradores, o la «mafia del poder» cometieron actos ilegales, deben de pagar por ellos y deben recibir un castigo de acuerdo a la ley. Si López Obrador fuera ese presidente tan «honesto y democrático» que dice ser, su tarea no debe de ser el perdón ni la venganza, sino la aplicación de la ley; y si a los actos cometidos por sus «adversarios» les corresponde un castigo por sus actos, éstos se deben aplicar.

Posiblemente pienses que soy iluso, que en México las cosas así no funcionan, que es imposible. Pero es a lo que deberíamos aspirar si queremos tener un Estado fuerte con instituciones que funcionen.

Si la ley queda sujeta a los deseos de justicia o perdón de un mandatario, además de ser un acto de autoritarismo, ésta terminaría usándose a discreción, deteriorando aún más unas instituciones que ya han sido demasiado laceradas en este sexenio. Si AMLO considera tener el derecho de «perdonar», entonces también asumirá el derecho de «vengarse» y aplicar la ley a su conveniencia.

Peor aún, si quienes hayan cometido algún acto ilícito son perdonados, seguirán disfrutando impunemente de los recursos que han despojado a terceros, o de los beneficios de haber violado la ley sin recibir castigo. López Obrador no sólo estaría «perdonando» a los «mafiosos», estaría validando sus actos, y dejaría impunes actos que se cometieron contra la sociedad.

O acaso, si Peña Nieto cometió actos ilícitos que merecen un castigo ¿Estarías de acuerdo con que él fuera perdonado?

No se trata de iniciar una cacería de brujas, se trata de aplicar la ley. Se trata de que nuestras instituciones funcionen, de tener un Estado fuerte, pero a que la vez sea limitado por la rendición de cuentas, y que la sociedad organizada sea partícipe. No se trata de un caudillo que desea o no perdonar a otros al margen de la ley por conveniencia política, que se encuentra entre la mitad de un pasaje bíblico y las viejas formas del PRI (que son las mismas que las «nuevas»).

No se trata de aparentar o ser más moderado, se trata de gobernar con las instituciones. Además no es una estrategia política inteligente, porque a estas alturas, no son muchos los mexicanos (ni los moderados, ni los panistas, menos los suyos) que están de acuerdo con que Peña Nieto no pague todos aquellos actos ilícitos que él o su gobierno cometieron.

Yo no quiero venganza ni perdón, yo quiero que la ley se haga cumplir, y punto.

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