Cuando a uno le toca… le toca.

Resulta que hace unos días, dos conocidos míos (y dos amigos) iban saliendo de un antro. Habían ido, como cualquier noche, a divertirse y a romper un poco la rutina. A mover un poco las caderas, a platicar, y tal vez a ligar. Pero no sabían lo que les esperaba a dos...
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