Lea antes de mandar a las instituciones al diablo

30 enero 2018

Los debates entre capitalismo y socialismo siempre surgen ante cualquier coyuntura; pero hay otro debate mucho más importante que gira en torno al fortalecimiento institucional.

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Lea antes de mandar a las instituciones al diablo

Muchos de los debates políticos y, en especial, dentro de las elecciones, se suelen suscitar dentro de la dicotomía entre capitalismo y socialismo. El socialismo ya no entendido como un Estado dueño de todos los procesos de producción, pero sí con uno con tintes más bien socialdemócratas, o bien uno mixto y de carácter más nacionalista. 

Muchos echan toda la suerte a la posición que mantienen dentro de esta dicotomía. Consideran que la solución a todos los problemas tiene que ver con la postura dentro del espectro político. Los socialistas  exageran la relación entre tamaño del Estado y la igualdad e ignoran o subestiman el hecho de que un Estado sumamente interventor pueda atrofiar o restringir la productividad . Por el contrario, la derecha y, en especial, los libertarios, suelen exagerar dicho argumento hasta el punto de afirmar que el tamaño del Estado tiene una franca relación inversamente proporcional y con el desarrollo económico. 

Entonces ¿qué explica que Dinamarca tenga un gobierno que gaste más que México, y tenga un Estado menos corrupto y más desarrollado?

La respuesta reside en un debate ignorado por aquellos que restringen su visión a la dicotomía Estado vs mercado y es el fortalecimiento institucional.

No sorprende que México, a pesar de tener un mercado relativamente más libre que hace varias décadas, siga siendo un país sumamente corrupto, y tampoco sorprende que la apertura económica no haya terminado de dar los beneficios que había prometido. Lo contrario también ocurre: en Brasil, cuyo gobierno gastaba como régimen socialdemócrata, logró combatir la desigualdad más bien poco básicamente porque, gracias a las instituciones débiles, lo recaudado no llegaba a donde tenía que llegar. 

El discurso del fortalecimiento institucional pareciera ser menos atractivo que el que se suscita entre el debate entre el gobierno y el mercado. En principio, porque las ideologías políticas y económicas suelen ser tratados, en muchas ocasiones, como una forma de religión donde el individuo toma una postura y la defiende de forma dogmática. Pero para que cualquier régimen funcione, desde uno socialista hasta otro sumamente liberal en lo económico, necesita de instituciones fuertes y eficientes.

Cuando las instituciones son débiles, las élites (políticas y económicas) suelen ser más abusivas ya que tienen menos restricciones y contrapesos. Así, tienen la capacidad de poner a trabajar a los mismos órganos de gobierno en beneficio de sus intereses. Las élites se preocupan poco por mejorar las condiciones de seguridad de la población ya que ellos tienen sus guaruras y viven en cotos con murallas y vigilancia.  Las élites económicas pueden promover un régimen más capitalista sin preocuparse siquiera por las instituciones porque así creen que pueden obtener mayor rentabilidad. Pero, por el contrario, en un régimen más socialista las élites no desaparecen ni dejan de abusar. En Brasil, bajo el gobierno de Lula, las élites continuaron enriqueciéndose, y si en Venezuela se creó un Estado un tanto más igualitario fue en parte porque las élites huyeron, con todo su dinero, a otros países. De nada sirve presumir un Estado socialista o capitalista si las instituciones que lo sostienen son débiles y sólo sirven para que las élites las utilicen a discreción.

El debate dentro de estas elecciones debería girar en torno al fortalecimiento institucional porque solo ello podrá convertir a México en un país menos corrupto donde los impuestos paren en beneficios para la población y no en el bolsillo de los políticos. Cómo hacerlo es un tanto complicado ya que a lo largo de la historia las naciones desarrolladas han creado instituciones fuertes ya sea porque pasaron por eventos históricos como la Revolución Francesa o la Revolución Industrial y porque debieron fortalecer sus burocracias para ir a la guerra (cosa que no ocurrió dentro de México y los países de América Latina). Las democracias per sé no solucionan el problema e incluso varios de estos países exitosos (con excepciones como Estados Unidos o el Reino Unido) se democratizaron cuando sus instituciones ya eran fuertes. 

El empoderamiento de la ciudadanía debería ser un tema importante ya que una ciudadanía empoderada podría fungir como contrapeso ante las élites y pugnar por un Estado más fuerte y que funcione. Por tanto, los ciudadanos deberíamos esperar que los políticos accedan a llevar a cabo reformas e implementen mecanismos que deriven en un Estado más funcional donde haya menos espacios para excesos y abusos y existan los suficientes contrapesos. Si las instituciones son débiles, es iluso esperar que un político, por voluntad propia, cree instituciones fuertes porque no tiene incentivos para ello, y sólo lo hará cuando esté orillado a hacerlo. Por eso es que el debate sobre el fortalecimiento de las instituciones debería estar en boca de todos los ciudadanos y debería importar más que la mera dicotomía entre Estado o mercado.

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