Ricardo Anaya se columpiaba en el mitín de precampaña

15 enero 2018

Ricardo Anaya es quien tiene mayor margen de maniobra para crear una campaña creativa, pero también tendrá que sortear a sus múltiples enemigos y su falta de carisma.

veces compartido
Ricardo Anaya se columpiaba en el mitín de precampaña

Foto: PAN

Dentro de la “semifinal electoral”, el propósito del PRI es crear la percepción de que Ricardo Anaya va abajo y que no tiene gas para que así sea Meade quien pase a la final y logre captar, una vez que se ha derrotado a Anaya, el voto útil del PAN. La realidad es que Ricardo Anaya no va tan abajo, y de hecho es quien tiene un mayor potencial para competirle a Andrés Manuel López Obrador. 

La campaña de Anaya es como un columpio:  tiene mucho potencial, ya que puede hablar descalificar frontalmente la corrupción de este gobierno y puede hablar de cambio sin que ello se perciba como un riesgo, pero también tiene muchos enemigos en su contra (sobre todo dentro de su propio partido). De llegar Margarita Zavala a la boleta (cosa que es muy probable) Anaya tendrá otra piedra en el zapato con la cual lidiar. Ante la imposibilidad de que Margarita gane la presidencia, es muy probable que su tarea, junto con la ayuda de su esposo Calderón y los “rebeldes del PAN”, sea descalificar a Anaya para que su voto útil se vaya a la campaña de José Antonio Meade. 

Otra figura que operará contra Anaya será Javier Lozano, quien no tendrá piedad para señalar al panista como “pequeño dictador”.  Pero Lozano cometió un error al salirse del PAN para unirse a la campaña de Meade, y es que dentro del PRI su palabra tendrá mucho menor peso. Difícil que un político que se haya pasado “al bando del enemigo” tenga autoridad moral para acusar a un candidato de traidor. La reputación que Lozano tiene es más bien bastante mala, basta ver las reacciones que en las redes genera, las peleas que ha tenido con líderes de la sociedad civil e incluso con figuras públicas como Gael García.  

Con la personalidad ocurre algo parecido: Anaya tiene potencial pero tiene áreas en las que debe trabajar mucho. Por un lado, Anaya no es una persona muy empática, no es carismático y puede llegar a caer mal, pero también es una persona que tiene una gran elocuencia y un gran don de palabra, lo cual será muy útil a la hora de atacar a sus adversarios. Posiblemente Anaya gane los debates, en ese sentido tiene mucho más tablas que Meade y que López Obrador. 

El planteamiento dentro de su campaña es, a mi parecer, la correcta: Anaya debe apuntar a los más jóvenes, a los que van a votar por primera vez, y hay que robarle el perfil académico a Meade (por eso sus spots donde habla en varios idiomas). Sin embargo, la ejecución de la estrategia no me parece la mejor. El palomazo con Zepeda no generó el impacto que se esperaba, la respuesta del público fue un tanto ambigua.

El carisma te permite hacer muchas cosas en campaña, por ello es que en el artículo pasado mencioné que a AMLO se le da muy bien mostrarse cantando con su esposa o comiendo con sus hijos. Anaya ha intentado una y otra vez mostrarse como “el padre de familia” cantando con sus hijos y presumiendo en sus redes que fue a recoger a su hijo Mateo a la escuela. Pero no le sale tan bien, se percibe un tanto falso, acartonado. Incluso no son pocas las personas que dicen que “está utilizando a su familia con propósitos electorales” ya que ha recurrido de forma constante a los videos y publicaciones donde aparece interactuando con sus hijos. 

Otro flanco para derrotar a Meade en la semifinal es insistir en la corrupción del PRI. Ahí, creo yo, la estrategia ha funcionado mejor. La campaña de Anaya metió un gol tempranero (de esos que duelen) con el caso de Javier Corral quien, con justa razón, reclama al gobierno que no se haya detenido a César Duarte e insiste en el desvío de recursos públicos para campañas electorales. El PRI mordió el anzuelo, se lo tragó, Meade reaccionó mal y su campaña amenazó con censurar a Animal Político. Corral ni siquiera debería tener prisa por cerrar el asunto (que se procese a Duarte, por ejemplo), lo mejor para la campaña de Anaya debería ser darle largas al asunto, mantenerlo ahí presente y jugar con él para que tenga un efecto mayor durante toda la campaña. Funciona, porque además, aunque la estrategia tenga intereses electorales, el reclamo de Corral es completamente justo y válido. 

Anaya acierta, a mi parecer, al no pronunciar palabra alguna sobre el asunto. Así, quien recibe los ataques de la maquinaria priísta para contrarrestar el escándalo es Corral y no Anaya. Primero, porque Corral es un hombre que se ha conducido de forma honesta en su carrera política; segundo, porque él no es el candidato a la presidencia; y tercero, porque de esa forma, la percepción de que se trata de una estrategia electoral es menor y le da mayor legitimidad a la causa. Ya llegará el momento en que sea propio hacer un pronunciamiento al respecto, cuando el daño infligido sea mayor.  

Esta estrategia también acierta porque logró que gran parte de la opinión pública (círculo rojo) se sumara a la causa. Eso no implica de ninguna manera que se hayan sumado a la campaña de Anaya, sino que más bien le terminaron de dar la espalda a Meade. La opinión pública (con excepto de aquellos medios oficialistas) mantendrá una postura recelosa y hasta beligerante hacia la campaña de Meade, lo cual le quita al priísta mucho margen de maniobra y prácticamente destruye cualquier posibilidad de presentarse como ciudadano. El PRI se siente desesperado y está tratando de destruir la reputación de Corral, quienes a mi parecer uno de los políticos más respetables de México. Pero esta desesperación puede jugar en su contra, cosa que es muy común cuando se intenta desacreditar a quien tiene una buena reputación personal (independientemente de que el gobierno de Corral esté dejando algo que desear en materia de seguridad en su estado). 

También creo que Anaya, una vez “calificado a la final”, tiene más posibilidades de derrotar a López Obrador que Meade ya que no carga con los negativos del PRI, que pesan mucho más que cualquier discurso de traición que se le pueda achacar. La traición puede ser percibida también como astucia política (más cuando los afectados, los “rebeldes del PAN” no presumen una reputación para presumir) pero la corrupción no, la corrupción es corrupción. 

Ricardo Anaya necesita crear un buena campaña y una buena narrativa sobre su persona (la ventaja y desventaja a la vez es que todavía no es muy conocido). Debería echar mano del equipo de comunicación de Movimiento Ciudadano y tienen a todos cantando su jingle de Movimiento Naranja, quienes a través de la propaganda lograron encumbrar a políticos como Enrique Alfaro. Anaya es el que más margen de maniobra tiene para crear una campaña fresca y creativa, y con esta tratar de aminorar las desventajas (como su poco carisma). Anaya también puede convertir algunas de sus desventajas en ventajas. Por ejemplo, su distanciamiento con Calderón podría ser una desventaja, pero también podría criticar algunos rasgos de su gestión (por ejemplo, la guerra contra el narco) para obtener algo de voto útil de aquella gente que no quedó muy conforme con el gobierno del michoacano. 

¿Lo logrará? Es una buena pregunta. Posiblemente las decisiones que tome ahorita pesen mucho dentro de la elección regular, como definir cuál será su equipo de comunicación y qué mensaje crearán. 

veces compartido

Deja tu comentario

Síguenos:

Archivo

Destacados

Encuesta

    • Votarías por José Antonio Meade

      Ver Resultados

      Cargando ... Cargando ...
  • Twitter