El día que Meade dejó de ser ciudadano y se volvió priísta

12 enero 2018

En tan sólo un mes, Meade dejó de ser ciudadano. Los líderes de opinión y la ciudadanía se han encargado de quitarle esa etiqueta. Solo queda Meade, el priísta.

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El día que Meade dejó de ser ciudadano y se volvió priísta

Foto: Página oficial del PRI

La campaña de Meade no levanta. Y no sólo no lo hace, sino que han cometido varios errores estratégicos, me explico.

Según narra Riva Palacio, la estrategia que seguirá el PRI es intentar ganar el segundo lugar en todos los estados (asumiendo que en los estados del norte ganará el frente y en los del sur ganará AMLO) y evitar que el voto útil se incline por López Obrador. Para esto van a “echar toda la maquinaria a andar”. Se trata, básicamente, de un malabarismo. 

Hace algunas semanas consideré que habían acertado en nombrar a un candidato que no fuera parte de las filas del PRI, incluso varias personas vieron casi inevitable su triunfo dentro de las elecciones y todo el aparato mediático priísta trató de generar esa sensación: Meade es el candidato ciudadano, el académico, el burócrata eficaz. 

Una estrategia sensata con el fin de obtener voto útil era buscar que el círculo rojo (líderes de opinión) diera el beneficio de la duda a la candidatura de Meade, en especial aquellos que se encuentran cerca del centro del espectro político tales como León Krauze, Silva Herzog, Elizondo Mayer, Leo Zuckerman entre muchos otros. Naturalmente no es que fueran a abrazar la candidatura de Meade debido al desgaste del partido y del gobierno actual, pero bastaba con que dijeran algo así como “igual y no es tan malo”, “va por el PRI corrupto de siempre, aunque Meade no es corrupto y es inteligente” o “al menos va a manejar bien la economía”. Bastaba con eso para que el círculo verde (los ciudadanos sobre quienes ejercen influencia los líderes) se quedara con esa idea, que hubiera podido ser suficiente para decidir votar por él en vez de hacerlo por López Obrador. 

Eso no sucedió, porque para lograr eso Meade tendría que haber encontrado una narrativa fresca que contrastara con el priísmo clásico. Algunos llegamos a pensar que tal vez sí podría llegar a hacerlo, pero no solo no lo hizo, sino que ha adoptado un discurso fuertemente priísta: ha saludado a Carlos Romero Deschamps después de hablar del combate a la corrupción, y lo peor, acusó a Javier Corral de torturar (por denunciar el desvío de recursos del Estado de Chihuahua a la campaña del PRI) y amagó con demandar a Animal Político por publicar una nota relativa a la Estafa Maestra.

“Tenemos que movernos en un esquema en el que la pregunta no sea válida.” – Respondió José Antonio Meade al diario El País cuando se le preguntó si estaría dispuesto a investigar los casos de corrupción de esta administración.

El círculo rojo no sólo no le da el beneficio de la duda sino que se ha encargado de “desenmascarar al ciudadano”. Nadie habla de sus facultades como académico o burócrata, todos hablan de “Meade el priísta”, son implacables con él. Señalan lo priísta que es y lo poco ciudadano que es, advierten que su discurso se ha vuelto muy tricolor, advierten que es tan solo uno más, y con la amenaza a Animal Político ya advierten visos de autoritarismo. La sociedad civil ya la dio la espalda y tan sólo se ha quedado con la maquinaria del PRI en una elección donde las estructuras no podrán, por sí solas, otorgar el triunfo. 

A esto tenemos que sumar lo que expliqué en un artículo pasado, que Meade no ha encontrado una narrativa, que es un candidato que no es elocuente en lo absoluto, no convence, no inspira. Pronuncia un discurso oficialista y acartonado y saluda a personajes impresentables casi como si fueran sus amigos, lo cual contrasta con un rostro muy inocente y acompañado de algunos tics nerviosos.  El momentum (cuando fue ungido como candidato) ha desaparecido. Por más ruido tratan de hacer, Meade se vuelve irrelevante. 

Un eventual triunfo del PRI se sostendría en tres pilares: Que Meade brille por sí mismo y logre contrastar con la administración actual, que contraste con López Obrador y, por último, el trabajo de la maquinaria priísta. El primer pilar ya quedó muy comprometido y el segundo podría comprometerse también si continúan amenazando a los diarios como Animal Político.

Y la maquinaria no es garantía alguna. Hemos visto en los últimos años, como en muchas ocasiones (como ha ocurrido en Jalisco o Veracruz) que la maquinaria priísta a veces deja de responder. 

Me temo que el PRI tiene una tarea muy difícil. 

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