Y el dedo del PRI apuntó a José Antonio Meade

27 noviembre 2017

Como se esperaba, José Antonio Meade será el candidato del PRI a la Presidencia de la República. El menos priísta y el que más contrasta con Peña, y de paso, con AMLO.

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Y el dedo del PRI apuntó a José Antonio Meade

Ahora sí lo sabemos, Meade será candidato del PRI a la Presidencia de la República. 

Algunos insistían en que Osorio Chong era el mejor posicionado en las encuestas, pero las encuestas ayudan en realidad muy poco para determinar quien es el candidato idóneo, y en este sentido, José Antonio Meade es quien tiene más potencial de todos: se trata de un hombre percibido como capaz, honesto, académico, inteligente, y lo que es más importante, no es priísta, tanto así que presidió la Secretaría de Hacienda cuando el gobierno de Felipe Calderón.

Su presencia, dicen, seducirá a la clase empresarial y a parte de la clase media que estaba muy a disgusto con el gobierno de Peña Nieto. La seduce también por el contraste que planta frente a López Obrador. Mientras el tabasqueño les representa la improvisación, el populismo o el riesgo, Pepe Meade es, para ellos, lo opuesto: el equilibrio, la seguridad, la técnica y la capacidad. Así, algunos sectores, ahora enemistados con el gobierno actual, podrían ver con buenos ojos al hasta ahora secretario de Hacienda. Ahí está, la batalla del doctor en Economía por Yale contra el que salió con siete de promedio después de postergar varios años el término de su licenciatura en ciencias políticas por la UNAM. Ahí está el hombre de tez blanca que hasta presume tener vitiligo en su rostro, el que representa a la tecnocracia, contra el tabasqueño con su tez tostada, que representa a ese México bronco y tradicional.

Dicho esto, Meade sería la única forma en que el PRI podría aspirar a acaparar algo de voto útil. Meade podría mostrarse como una figura que contrasta con el mandatario actual: Peña es percibido como tonto, corrupto e incapaz, mientras que Meade es visto como una persona inteligente, honesta y buen burócrata. 

Tal vez, quienes hagan esta lista de cualidades de Meade no erren del todo. Meade es un “buen burócrata”, aunque también es cierto que no conocemos tan bien varios de esos atributos que se esperan de un presidente, que no son necesariamente los mismos que puede tener un burócrata.

Pero dentro de toda esta algarabía se está olvidando algo: Meade es el abanderado del PRI.

Y ser candidato del PRI implica muchas cosas: basta ver toda la parsimonia del “viejo PRI” detrás de su nombramiento de su candidato, el destape por parte del presidente Peña Nieto que busca cumplir con cabalidad y meticulosidad esta ceremonia, tal y como sucedía en el régimen de partido único. Ahí está, el viejo PRI, comandado por el Presidente de la República que lo decide todo, aunque diga que “le tomó un día decidir su candidato, no, menos, cinco”.

Ser candidato del PRI implica adquirir, de forma automática y con mayor peso que en cualquier otro partido, una serie de compromisos que tienen que ver con los intereses del partido, que a la vez están compuestos por los intereses de sus integrantes. Serlo implica mantener un sistema que ha favorecido la corrupción, ese mismo sistema que permitió el surgimiento de los Duarte, de los Borge, de los Moreira. Si fuera como dice AMLO, que si el presidente es honesto todos van a ser honestos, entonces podríamos pensar que Meade podría hacer lo mismo, pero todos sabemos que eso no es cierto.

Y tampoco erran del todo quienes nos invitan a poner la honestidad de Meade en tela de juicio. Dicen que también oculta cifras o las maquilla, que dice una cosa y luego dice otra, que dentro de su paso por Hacienda también hay errores que se deben de señalar. Posiblemente ello tenga que ver, no tanto con el propio Meade, sino con el hecho de formar parte de una forma de gobierno acostumbrada a la opacidad y a la mentira y al que ninguna persona se podría rebelar del todo. 

Quienes tachen la boleta por Pepe Meade, aunque odien al PRI, también deberán ser conscientes de que votarán por el PRI, con todo lo que eso implica. No solo estarán votando por un personaje sino por toda una maquinaria de hacer política (a la mala, se dice mucho). 

Es decir, aunque Meade no llegue a estar de acuerdo con muchas de las cosas que “allá dentro se hacen” tendrá que dejar pasar muchas cosas. No podrá rebelarse del todo frente a ese conglomerado de intereses que busca mantenerse, a como dé lugar, en el poder. 

Los medios, sobre todo aquellos que estén cómodos con la idea de ver a Meade en Los Pinos, buscarán ensalzar al candidato. Como dice de forma acertada Jesús Silva-Herzog en su columna de hoy, nos lo mostrarán como el gran padre de familia que es, nos hablarán de su trayectoria, nos contrastarán sus doctos conocimientos en economía con la ignorancia “norcoreana” de López Obrador. ¿Que AMLO está contra la corrupción? Miren, Meade no es corrupto, a él no lo puede poner en la misma canasta, Meade es diferente, nada que ver con Peña: “él es el cambio”, aunque sea el mismo PRI. Y no sin olvidar la arrastrada que le va a poner Meade a AMLO en los debates, no se equivocan quienes dicen que Meade es mucho más capaz que el tabasqueño.

Pero no es lo mismo Meade abanderado por el PRI que Meade sin ser abanderado por el PRI. Serían dos presidentes absolutamente distintos, dos formas de gobierno distintas. Dicen, quienes no saben mucho de política, que no hay que votar por el partido sino por el candidato. Pero el partido sí importa, y más si es el PRI. El desempeño del Barcelona con Messi, no sería el mismo desempeño que mostraría, por un decir, el Necaxa si llegara a contratar al ídolo argentino. 

José Antonio Meade es el recurso de un partido que está muriendo por dentro, que ve cómo su voto duro se diluye con el tiempo y con el cambio generacional. El fatal destino del PRI no podrá ser frenado ni siquiera si Meade llega a ser presidente. El PRI intenta ocultarlo, pero queda en evidencia cuando su mejor estrategia es colocar el “menos priísta de todos”. y espera dividir el voto opositor porque el PRI no puede brillar con luz propia. Los priístas se aferran a Meade porque es la única forma que tienen para seguir sujetos a sus intereses aunque sea por tan solo seis años más. 

A la vieja usanza, ahí está el candidato del PRI, el destapado: José Antonio Meade.

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