Menos Venezuela, más PRI. López Obrador y su proyecto de nación

21 noviembre 2017

Aunque tiene algunas propuestas sensatas. López Obrador presentó un proyecto de nación que tiene varias deficiencias e inconsistencias algo preocupantes.

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Menos Venezuela, más PRI. López Obrador y su proyecto de nación

Hace poco leí por ahí que lo que México necesita es el apego irrestricto a las leyes y no héroes. Esa afirmación me vino a la cabeza cuando leí el programa de gobierno que presentó Andrés Manuel López Obrador con los empresarios Alfonso Romo y Esteban Moctezuma. 

No puedo terminar de concordar de todo con la frase porque si bien el Estado de derecho es indispensable, los liderazgos, en cierta medida, son necesarios. Los países occidentales carecen de ellos y por eso desde la extrema derecha e izquierda varios están levantando la mano. Con la parte que sí concuerdo de esa frase es con aquella donde el individuo no debería depositar toda su confianza en un individuo, como si éste por sí sólo pudiera llevar a cabo los cambios que se necesitan. 

Después de ver y leer la presentación, me queda claro por qué López Obrador no es el líder que México necesita. 

Primero. Porque un líder debe de ser irruptivo y ver hacia delante, no debe de vivir de la nostalgia. El proyecto de nación, en varios de sus puntos, tiene tintes nostálgicos que rememoran a ese PRI clásico antes de insertarse en aquello que llaman “el neoliberalismo”. Se trata de una especie de reedición de aquella época del régimen de sustitución de importaciones dentro de las circunstancias actuales, de ese desarrollismo de Estado que fue tan común en Latinoamérica por muchos años y que fue adoptado hace poco tiempo por países como Argentina o Brasil con resultados cuestionables. 

Segundo. Porque López Obrador no parece aspirar a “revolucionar el sistema político”. Ver a empresarios como Esteban Moctezuma y Alfonso Romo podría calmar un poco los nervios de quienes ven en López Obrador un nuevo Hugo Chávez, pero ambos son hijos del régimen y deben su existencia y riquezas a esas a alianzas político-empresariales. Pareciera, al ver al equipo que propone, que más bien parece querer perpetuar el sistema político que ha venido en decadencia en los últimos años pero con una cara más “social”. Posiblemente no sea la intención de López Obrador de instaurar un régimen chavista (con todo y que algunos de sus colaboradores, relegados a un segundo plano en dicha presentación simpatizan con el régimen bolivariano), pero es cierto que su apuesta a aspirar a un estado interventor en la economía podría poner en riesgo la estabilidad macroeconómica, lo cual podría derivar en una crisis política más profunda. Muchos de los gobiernos que han fracasado no lo son por que quienes lo lideraron hayan planeado su fracaso, fracasó más bien como producto de una cadena de malas decisiones que se tomaron. Y en algunos puntos AMLO parece querer repetir aquello que ha fracasado en el pasado (con el trillado argumento de “esta vez sí va a funcionar”).

Pienso que Javier Sicilia acierta cuando dice que el de López Obrador es más bien algo así como una revolución cosmética, que se trata de un priista que no aspira a renovar el sistema político:

Ya lo vimos con el caso de [Ricardo] Monreal, es la misma historia. López Obrador es un priísta disfrazado de rojo. Ese es mi punto de vista, es un tlatoani más, ya la vida de los tlatoanis no nos sirve para nada, y López Obrador reproduce aquello donde se cultivó, que es el priísmo. Tiene la estructura del PRI y trabaja así. – Javier Sicilia

Más que ver en él un Hugo Chávez, veríamos algo más bien parecido a una reedición del PRI con una mayor intervención estatal (tal vez no al grado de Venezuela, como dicen sus adversarios). No terminarían los vicios de la corrupción. De hecho, creo que la mayor intervención del Estado podría acrecentarlos. No hay que olvidar que bajo este tipo de regímenes es que se crearon aquellas organizaciones clientelares que siguen siendo un dolor de cabeza y también aquellas empresas que tuvieron su razón de ser gracias a su connivencia con el gobierno y que, gracias a dicha alianza, adquirieron mucho poder. Sí, un ejemplo de ésto es Televisa.  

Uno lee el proyecto de nación (que en realidad no presenta muchas cosas nuevas si se contrasta con su libro) y las ambigüedades y las deficiencias salen a la luz. Ciertamente, López Obrador presenta un proyecto donde toma en cuenta la estabilidad macroeconómica. Pero los argumentos para llegar a ella son los más deficientes de su proyecto porque espera reducir el gasto del gobierno con base en el combate a la corrupción y la austeridad republicana (que se generará como resultado de su voluntad personal). ¿Cómo la va a combatir? no lo sabemos muy bien. Lo cierto es que ese tema fue uno de sus puntos débiles cuando fue Jefe de Gobierno. El problema es que si no logra dicha estabilidad macroeconómica y la “austeridad republicana” reduciendo las finanzas públicas y combatiendo la corrupción (tarea casi imposible porque las metas propuestas son demasiado elevadas) quedará como alternativa la opción del endeudamiento, y esa historia ya la conocemos.  

AMLO, Populismo

No es que los programas sociales sean necesariamente indeseables como afirman los más libertarios, pero éstos deben estar apegados a la realidad macroeconónica. El problema es que entre la macroeconomía y los programas sociales, López Obrador podría optar por la segunda opción (con todo y el impacto negativo que podría generar dentro de las finanzas). 

No está de más señalar que siguen ahí también propuestas absurdas como cancelar la construcción del nuevo aeropuerto de la CDMX y trasladar parte de la actividad al aeropuerto de Santa Lucía. 

Con esto no quiero decir que todas sus propuestas estén mal. Existen varias propuestas más que rescatables (fomentar la competencia en la banca, como propone, me parece una apuesta muy atinada). Pero cuando hablamos de la esencia de su proyecto de gobierno, se pueden observar muchas debilidades en su estructura central. Porque incluso varias de estas propuestas “rescatables” necesitan que la estructura central esté sólida para que terminen de funcionar bien. 

Una de las prioridades para este país debería ser fortalecer el Estado de derecho. Si las instituciones no funcionan bien, entonces es difícil que todo lo demás funcione. Esto queda patente dentro del gobierno de Peña Nieto donde las instituciones se han debilitado de forma alarmante, y por consecuencia, la aplicación de varias de las reformas (necesarias en la teoría) termina siendo defectuosa. En este apartado, que se menciona dentro del programa, también vemos muchas ambigüedades, buenas intenciones, pero no hay nada que nos diga que habrá un trabajo serio para fortalecerlas. Para que eso suceda es indispensable la vigilancia de la ciudadanía, y si bien López Obrador dice que consultará a académicos y miembros de la sociedad civil, la realidad es otra: López Obrador es muy celoso de aquellas entidades que cuestionarán a su gobierno, tal y como lo mostró con su profundo escepticismo a la ley 3 de 3. Eduardo Buscaglia (experto en temas anticorrupción, a quien siempre se ha ubicado dentro de la izquierda política) afirma que, cuando era Jefe de Gobierno, no veía muy conveniente que los ciudadanos pudieran revisar las cuentas del gobierno. Él cree que la corrupción se va a solucionar por su propia voluntad y no producto de la vigilancia de la ciudadanía:

Pero cuando el equipo de López Obrador regresó a Buscaglia con una respuesta de su jefe, señaló que le dijeron que las juntas daban ‘mucho control a la gente’ y que el alcalde podría hacer un mejor trabajo para combatir la corrupción por su cuenta – The New Yorker

Bajo esta idea, sería ingenuo esperar que en el gobierno de López Obrador se vaya a fortalecer el Estado de derecho. Por el contrario, podría llegar a agravarse más la crisis institucional por la que el país ya pasa. Si AMLO aspira a establecer un régimen opaco, entonces, así como sucedió cuando gobernó la capital con colaboradores cercanos suyos, podríamos ver escándalos similares a los que vemos dentro del gobierno actual. Tampoco se puede esperar mucho si dentro de su equipo habrá muchos colaboradores que fueron parte de ese régimen que coincide con el gobierno actual en que las instituciones sirven no para servir a los ciudadanos, sino para servirse a ellos mismos. 

Es posible que quienes creían que López Obrador iba a implantar el comunismo o crear una Venezuela o hasta una Corea del Norte, vean que sus temores eran algo exagerados (aunque sí hay un riesgo de que la estabilidad macroeconómica se ponga en entredicho y que se lleven a cabo regresiones en materia económica), si López Obrador tuviera dichas aspiraciones dudo mucho que Romo o Moctezuma le ayudaran a crear su proyecto de nación. Pero es muy posible también que quienes veían a López Obrador como un salvador les va a ocurrir como la fábula de Monterroso, que cuando despierten, verán que el dinosaurio seguía ahí, y que el régimen de AMLO no era tan diferente al actual. 

Evidentemente, muchos sectores de la clase política le tienen recelo porque la llegada de López Obrador significa para ellos un riesgo para sus intereses. Los priístas intentan asustar con el cuento de Venezuela y hasta Corea del Norte porque decir la verdad, que López Obrador tiene muchos vicios priístas, sería como darse un tiro al pie. Otros actores (empresariales o civiles) basan su deseo en un temor sincero, no quieren regresar a esos gobiernos cuyos sexenios terminaban con una crisis económica. Por eso es que la campaña negativa interesada para destruir la campaña de López Obrador por parte de algunos políticos, no implica que otros actores no puedan, de forma sincera, ver con temor la llegada del tabasqueño.

Dicho esto, criticar severamente a López Obrador no implica ser parte de una campaña sucia de desprestigio ni estar “manipulado por ella”. 

El cambio de personajes dentro del panorama político puede sonar a priori puede sonar bueno, pero tal vez no lo sea tanto si muchos de sus colaboradores son dinosaurios del régimen son los que aspiran a ocupar dichos puestos de poder. No veo en López Obrador una nueva generación de políticos ni sangre nueva. La clase política, aunque cambie de configuración, seguirá siendo en esencia la misma.  

Y su gobierno trae pocas ideas nuevas, y un mucho de nostalgia por ese México de hace unas décadas. 

Si no recuerdas como eran, pregúntale a tu papá. 

Consulta su proyecto de gobierno aquí: http://www.proyecto18.mx/

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