¿Debe un hombre ser un aliado feminista?

20 noviembre 2017

El respeto por la dignidad y la integridad de la mujer se demuestra con los hechos, no necesariamente con la adopción de una corriente ideológica.

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¿Debe un hombre ser un aliado feminista?

Últimamente he escuchado mucho sobre esta idea de que un hombre no puede ser feminista, sino un “aliado del feminismo”. Esto se dice así porque las feministas son quienes dirigen el movimiento, le dan forma, y está pensado para que ellas sean las que estén a la vanguardia. Los movimientos, agrupaciones y organizaciones se configuran de acuerdo a los designios de quienes lo construyeron. Si las feministas deciden que los hombres no pueden entrar a las juntas, técnicamente están en su derecho de hacerlo. Si deciden que ellas son las que le dan forma y contenido a su movimiento, también están en su derecho de hacerlo. Pueden criticarse las razones por las que decidieron que fuera así, pero naturalmente quienes están “fuera” de una organización no puede imponer nada a quienes están dentro (crítica no implica imposición). Hasta aquí todo bien. Del feminismo he hablado mucho, de sus aciertos y sus errores, y las feministas tienen su derecho a leerme o ignorarme. Pero mi punto en este artículo no son las feministas en sí, porque lo que diré también tiene que ver con los hombres. De hecho, tiene que ver mayormente con nosotros. El punto de este texto es la idea del “aliado”.

Se entiende por “aliado del feminismo” aquel hombre que se integra por fuera a un movimiento feminista de forma pasiva. Es decir, para ser aceptado como tal, el hombre debe adoptar el credo feminista, debe deconstruirse (idea derridiana) y formarse, debe de transformar su entorno y hacerlo feminista. El hombre debe de escuchar, puede participar en una conversación sobre feminismo pero no puede dirigirla, no puede hablar con una mujer de igual a igual sobre ser mujer, puedes ir a marchas pero no puedes tomar pancartas ni gritar consignas (por eso de que nuestras voces son más fuertes que las de ellas).

Esa es la forma en que el hombre se puede “integrar” a un movimiento feminista, producto de las reglas de las feministas que naturalmente se deberían de respetar en el sentido de que es un movimiento que ellas crearon y cuyas reglas fueron establecidas por ellas (esto, de acuerdo a algunos círculos, dando por hecho que entre estos hay distintas corrientes y otras posiblemente permitan al hombre integrarse de otro modo). Mi pregunta va más bien en el sentido de ¿vale la pena ser un “aliado feminista”? ¿tengo que adoptar un credo de forma pasiva para decir que no soy machista y demostrar que me preocupan los abusos que sufren las mujeres? 

Dicho todo esto, podemos entender que el concepto de “aliado del feminismo” implica una forma de sometimiento voluntario. Al decidir ser un “aliado del feminismo” me someto a una estructura ideológica. No puedo cuestionar nada de ella, no puedo ser escéptico de algunas de las cosas que se dicen porque, al serlo, dejaría de ser un aliado. 

Si hablamos de equidad de género entonces entraríamos en una profunda contradicción dado que la equidad de género implica que ni el género masculino debe someterse al femenino ni viceversa. Implica más bien que ambos géneros son completamente libres y que ninguno puede imponerle nada al otro. Ciertamente, nadie obliga al hombre a ser un aliado y él tiene derecho a serlo o no serlo. 

Es decir, ser un aliado del feminismo es algo que va mucho más allá de tener un deseo sincero de que la mujer no sea oprimida o violentada por su género. Implica la adopción de una doctrina ideológica de corte postestructuralista (las corrientes feministas afines al postestructuralismo son las que han adoptado el concepto de “aliados del feminismo”), y por ende, implica una aceptación (aunque sea de forma tácita e inconsciente) de las ideas de Michel Foucault o Jacques Derrida. Se espera que el aliado también transforme a los hombres por medio de la deconstrucción, pero no puede cuestionar la deconstrucción en sí ni sus mecanismos. 

Muchas veces también se espera, desde este postestructuralismo (sobre todo en las corrientes más radicales), que los “aliados” se despojen de su masculinidad, como si toda la masculinidad fuera mala y nociva, en vez de hacer énfasis en aquellas conductas que efectivamente puedan oprimir o relegar a la mujer. Esto se entiende así porque dichas corrientes postestructuralistas aspiran a eliminar cualquier diferencia entre mujer y hombre porque dicen, cualquier diferenciación binaria (y aquí vuelvo a traer a Derrida) implica el sometimiento de uno sobre el otro.

Así como no es incongruente sensibilizarse ante las manifestaciones de machismo que sufre la mujer (inequidad, violencia intrafamiliar, abusos sexuales) sin ser un “aliado del feminismo”, tampoco es una garantía que el hombre, aliado del feminismo y reconocido como tal por las feministas, esté sinceramente sensibilizado con las causas de la mujer. Hay quienes deciden ser aliados del feminismo porque creen que de esa forma podrían encontrar pareja de forma más fácil. Defienden toda la doctrina, callan para darle la voz a las mujeres, pero lo hacen de forma convenenciera: “Si les digo a los hombres en las redes que revisen sus privilegios, Juanita se va a fijar en mí“, pero cuando ya no necesitan ser “aliados”, entonces terminan mostrándose como patanes, tal cual siempre habían sido. 

Yo incluso conocí a un “aliado feminista” que decía defender la causa. Pero que en privado decía: “Carla, la carne, qué sabrosa”. 

Hay voces que dicen que muchas veces quienes critican al feminismo lo hacen desde una postura machista. En muchos casos sí puede ocurrir. Evidentemente no creo que hombre alguno que someta o denigre a las mujeres se vaya a sentir cómodo con un movimiento que lo cuestiona. Su presencia es evidente, por ejemplo, en las redes sociales, cuando una mujer hace una denuncia y ellos se encargan de rematar más a la víctima con frases como “tú te lo buscaste”, “fue porque ibas vestida así”, o incluso hay personas que hacen críticas “constructivas” pero con cierto recelo. Pero eso no implica que todas las críticas al feminismo se hagan desde una postura machista, como algunas o algunos sugieren. Sería un tremendo error pensar esto porque además de incurrir en una falacia ad hominem, es el propio movimiento, al no aceptar ninguna crítica, el que terminaría afectado.  

Por eso es que pienso que el concepto de “aliado del feminismo” es un contrasentido y por eso yo no puedo tomarlo ni definirme como tal. Evidentemente, si en algún momento quiero solidarizarme con ellas (por ejemplo, en el asesinato de Mara), si voy a la marcha tengo que adecuarme a sus reglas, porque no puedo imponer mis reglas a un movimiento al que yo no pertenezco. Pero solidarizarme con las mujeres no puede, en mi caso, implicar sometimiento ideológico alguno. La libertad de pensamiento es algo muy preciado y algo muy necesario en un mundo cada vez más polarizado y considero que es hasta peligroso someterse de forma pasiva y sumisa ante cualquier “ismo” por más noble sea lo que defienda en la teoría. 

Estoy de acuerdo que el problema del machismo es todavía muy vigente en el país y que hay que combatirlo. Pero el problema se combate con hechos, no con la simple adopción de una doctrina o corriente ideológica. El problema se enfrenta en la práctica, en nuestro trato con las mujeres, y también advirtiendo a aquellas personas que muestren estos rasgos, dejando de discriminar a una persona por ser mujer, dejando de ofenderla, de referirse a ella como objeto, de hacerla sentir menos, o de denigrarla. El problema se combate aceptando que ambos géneros somos pares que deben estar en una situación de equidad, y que, sobre todo, son libres y que ninguno debe someterse al otro. Es un trabajo tal vez menos llamativo (pero más sincero) porque no implican los aplausos ni el reconocimiento de presumirse como “aliado del feminismo”, ni tampoco implica el pertenecer a algo. 

Tienen razón cuando dicen que hay que escucharlas, los géneros a veces nos conocemos menos de lo que creemos. Creo que ambos debemos de molestarnos en conocer más para entendernos y ciertamente hay conductas que nosotros creemos damos por sentado y que realmente las molestan a ellas. Pero debe de ser un dialogo, un conocimiento mutuo, donde podamos aspirar a un modelo de sociedad donde nadie se tenga que preocupar por ser mujer o ser hombre. 

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