Cataluña y la represión

1 octubre 2017

El gobierno de Mariano Rajoy reprimió a los ciudadanos que desean que Cataluña se independice. Se esté a favor o en contra de la independencia, la represión debe ser condenada.

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Cataluña y la represión

A mí en lo particular no me gustaría que Cataluña se separe de España. Creo que al final dicha escisión no sería beneficiosa para ninguna de las dos partes. Cataluña es una de las regiones más productivas y que aporta más al PIB del país. Sin embargo, si se separa (aunque Cataluña es pro-europeísta), nacerá como nación fuera de la UE y al mismo tiempo España podría vetar su ingreso. 

La Cataluña posfranquista siempre ha ostentado cierta autonomía. Por ejemplo, la región, además del español, tiene como idioma oficial el catalán y el aranés; y también tiene su propia bandera, su propio himno, tiene órganos de gobiernos propios (como la Generalitat de Catalunya). Pero el sentimiento nacionalista ha arreciado en los últimos tiempos. El anhelo de escisión a la que aspiraban los más radicales y los políticos se ha contagiado a las masas, en gran parte, por la persuasión (e incluso adoctrinamiento) promovido por los primeros. Cada vez más apartamentos presumen su bandera catalana en el balcón.  

Pero el hecho de que no me guste ver a Cataluña como algo ajeno a España no implica que esté de acuerdo con la postura represiva de Mariano Rajoy. Por el contrario, la condeno totalmente. 

Algunos argumentan que el referendum es inconstitucional (aunque ciertamente no es como que existan dentro de las naciones mecanismos constitucionales para que una región pueda proclamar su independencia del país al que pertenece). Pero eso no justifica de ninguna manera el actuar del gobierno de Mariano Rajoy poco digno de un país europeo y más digno de regímenes como el de Nicolás Maduro. 

La represión violenta funciona dentro de regímenes sumamente autoritarios, que son capaces de bloquear los medios de comunicación, las vías de acceso y donde dejan a los ciudadanos vulnerables. Ante el ataque violento del gobierno y las duras consecuencias de ser opositor al régimen o a una política de éste suele disuadir a los ciudadanos. Pero España no es un régimen totalitario, tan no lo es, que en cuestión de minutos nos hemos enterado de la represión del gobierno de Mariano Rajoy hacia los ciudadanos que desean independizarse. La opinión pública (incluso gran parte de los que se oponen a la independencia de Cataluña) ya ha manifestado su repudio. Centenas de españoles (catalanes en su mayoría) que ejercieron su derecho a expresarse libremente se encuentran heridos por los actos represivos de las fuerzas policiales del gobierno español.

Políticamente, la estrategia es un craso error. Primero, porque ante la indignación que provocó el ataque violento no serán pocas las personas indecisas que se inclinen a favor de la independencia de Cataluña. Segundo, porque la represión es una gran oportunidad para crear un discurso de victimización que le de fuerza a la intención por independizarse. Rajoy presume haber evitado el referendum, pero sólo ayudará a exacerbar el nacionalismo dentro de una región considerada plural y multicultural. Aún sin referendum, la “imagen” que se colocará dentro de la opinión pública fue que el SÍ venció, porque ahí están de muestra las víctimas que tuvieron que ser reprimidas para evitar que se llevar a a cabo el referendum y el SÍ ganara.

Fuera de España, donde las pasiones no son tan exacerbadas por el mero hecho de que no somos españoles ni catalanes, lo que se ve son los policías agrediendo a los ciudadanos, es lo que circula en las redes, y es mucho más fácil de entender que las razones de la independencia o no independencia de Cataluña. Es natural, entonces, que la opinión pública internacional se vuelque a condenar al gobierno de Mariano Rajoy antes que otra cosa. La represión es más notoria que la historia de Cataluña, que los gobernantes y medios de comunicación catalanes exacerbando el espíritu nacionalista dentro de la región, y que las ventajas o las desventajas de su separación.

El gobierno de Mariano Rajoy le puso a Cataluña su independencia en bandeja de plata. Rajoy perdió a casi toda la opinión pública (que importa mucho políticamente) por su actuar. 

Se pudo aspirar a la negociación, pero la terquedad de ambas partes y que derivó en la represión como “medio para solucionar el conflicto” pusieron a España en una situación donde no hay marcha atrás. 

Lo más probable, a mi parecer, es que Cataluña se separe. Respeto la decisión de los catalanes y considero que si desean independizarse lo deberían poder hacer (y que serán muchos más después de los actos represivos del gobierno español), pero a la vez es un paso atrás para aquellos que deseamos un mundo cada vez más integrado donde las aspiraciones nacionalistas sean cada vez más tenues. Además creo que las consecuencias no serán las mejores. 

Rajoy se equivocó. Y esa equivocación quedará grabada en la historia de España. 

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