La madre naturaleza, la señora vengativa

10 septiembre 2017

Ante los fenómenos que no podemos controlar, queremos buscar explicaciones para no sentirnos vulnerables. Lo cierto, es que la naturaleza es mucho más grande que nosotros.

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La madre naturaleza, la señora vengativa

Fuente: Diario Popular

Hay quienes dicen que la naturaleza es despiadada, que no se toca el corazón.

¿Pero desde cuándo a acá la naturaleza tiene conciencia? 

La naturaleza no se puede “vengar” del ser humano porque ésta es un ser vivo, ni es una entidad que posea conciencia alguna. La madre naturaleza es, en realidad, el ecosistema de nuestro planeta, el cual está regido por las leyes de la física, y cuyo equilibrio permite nuestra existencia. 

Los huracanes que han devastado varias ciudades del norte de América no son un acto de venganza, aunque puedan tener relación con el cambio climático provocado por los seres humanos. Simplemente sucede que el ser humano, como una “externalidad” de su voracidad, ha manipulado de alguna forma el equilibrio de nuestro ecosistema, no lo suficiente como para romper con dicho equilibrio (porque de ser así ya no estaríamos aquí) pero sí para desbalancearlo lo suficiente de tal forma que las alteraciones tengan efectos nocivos en algunas comunidades. Después de ser alterada, la naturaleza busca regresar a su punto de equilibrio, para lo cual nosotros debemos pagar los platos rotos. 

El argumento de la “naturaleza vengativa” es menos válido aún cuando nos referimos a los movimientos telúricos, dado que los terremotos son producidos por la fricción de las placas tectónicas que se encuentran decenas o centenas de kilómetros bajo nuestros pies, a las cuales el hombre no tiene acceso directa o indirectamente. Así, podemos afirmar de forma categórica que el ser humano no ha influido de ninguna forma en estos eventos. Los que crean teorías de la conspiración (por ejemplo, aludiendo a las bombas de Corea del Norte) quedan evidenciados cuando se percatan que dichos terremotos siempre tienen lugar en aquellos lugares de la tierra próximos a las fallas sísmicas, nunca en otro lado.

Los seres humanos siempre hemos querido explicar por medio de mitos o narraciones románticas aquello que no podemos controlar. Que yo sepa, todavía no tenemos la capacidad de desviar o aniquilar huracanes artificialmente (e incluso sería peligroso hacerlo por el desequilibrio que podríamos causar) y ni siquiera tenemos la capacidad de predecir terremotos. Las alarmas sísmicas, por ejemplo, no predicen terremotos; sino que se activan cuando comienza el temblor en el epicentro que generalmente se encuentra a varios kilómetros de distancia de aquellas ciudades donde se encuentran las alarmas sísmicas (por ejemplo, la Ciudad de México o Puebla).

Posiblemente en el futuro podamos tener más control sobre la naturaleza. Pero antes de darle vida a aquello que no la tiene por sí misma, tenemos que aceptar que la naturaleza es como es y adaptarnos a ella. No podemos desactivar un terremoto, pero podemos tener mejores códigos de construcción y una sociedad más educada. Lo mismo ocurre con los huracanes, podemos evitar de mejor forma que muchos seres humanos mueran en las catástrofes. 

Los de este año no serán los últimos huracanes que veamos en nuestra vida (posiblemente veamos algunos más devastadores), de la misma forma, terremotos seguirán habiendo en nuestro país, y algunos de mayor intensidad. 

La naturaleza es mucho más grande que nosotros. Ella no depende de nosotros (aunque ciertamente, tenemos la capacidad de destruirla), nosotros sí que dependemos de ella. No nos queda de otra que convivir con ella de una forma más armónica. Aunque no tenga vida, no piense y no tome decisiones (porque no tiene una conciencia). 

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