Gordofobia

5 Agosto 2017

María dice tener problemas con su sobrepeso, no se acepta. Dice que los culpables son sus padres y la televisión. La solución, dice, es que nadie hable de su gordura.

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Gordofobia

El relativismo y la deconstrucción del lenguaje ha llegado a la panza. 

Últimamente, he escuchado mucho el término “gordofobia”  por parte de personas que tienen obesidad y que se sienten rechazadas. 

Tenemos aquí otra vez el concepto de la “victimización”: yo soy oprimido, por tanto, hay que combatir al opresor. Ahí está la categorización binaria: gordo-flaco, el flaco oprime al gordo, lo señala y se burla de él (dicen).

Una persona con sobrepeso que se acepta a sí misma ni siquiera estaría preocupada por ello, no se sentiría oprimida. Hay gente con sobrepeso que se acepta sin ningún problema y es feliz.

El odio a mí misma se esconde entre las palabras de mi padre y la sentencia de que me tengo que poner a dieta “por salud”. Entre que los jeans no me cierran. En el no querer prender las luces con mi pareja: María.

Quien denuncia la gordofobia es alguien que no termina aceptar su condición de sobrepeso; las críticas le afectan, que le digan que tiene sobrepeso tiene una incidencia negativa sobre su autoestima. María narra y denuncia la gordofobia: Ella dice: “No soy gorda, tengo gordura”, lo cual es correcto porque apelando a la metafísica una persona no es gorda, lo está, su gordura no la define: la gordura es el accidente, la esencia es la persona misma. La articulista también acierta cuando dice que a la mujer la señalan más por su gordura que al hombre, y ahí existe una situación de inequidad. Pero ella puede hacer algo, y no quiere. 

Solo espero que mi amor propio pueda más que el odio a mi cuerpo que me inculcan en mi familia y en los medios: María.

Primer problema: Ella aspira, por medio de la corrección política, a que se inhiba la libertad de expresión para que nadie le haga un señalamiento por su gordura; de esta manera, busca no verse afectada emocionalmente. La culpable de su baja autoestima, piensa, no es su gordura, mucho menos ella, es su familia y los medios, ellos son los opresores: ¡Tú papá, tienes la culpa de que yo me sienta mal con mi peso! ¡Tú, televisión, tienes toda la culpa, me oprimes porque las modelos de la TV no son gordas y yo sí! ¡Quiero leyes para que las modelos estén gordas y no me sienta discriminada!

Ciertamente, nadie puede decirle a María qué hacer con su cuerpo, Pero ella tampoco podría culpar a sus padres de una realidad que ella puede cambiar. María tiene dos posibilidades:

  • Aceptarse con sobrepeso. 
  • Bajar de peso.

Ambas opciones le implicarían un esfuerzo (y tal vez dinero). Para lo primero tal vez tenga que ir con el terapeuta para resolver los conflictos psicológicos que su peso le generan. Para lo segundo, con un nutriólogo y tal vez pagar la membresía de un gimnasio. 

Pero la idea de que somos personas más allá de nuestros cuerpos y que nuestros cuerpos son hermosos, así como son, tiene que brillar más fuerte que ese odio: María.

Segundo problema, y tiene también que ver con la corrección política. Ella quiere que le digan que su cuerpo es hermoso. Si yo la viera, si no se me hiciera hermosa y si le dijera “hermosa” me convertiría en un hipócrita, sería incluso injusto con ella porque haría que su autoestima se basara en una mentira. Por más que algunos pretendan deconstruir el lenguaje para que María se sienta hermosa, la realidad objetiva es que yo, desde mi punto de vista (subjetivo), no considero que su cuerpo es hermoso. La realidad objetiva es que yo me voy a comportar con ella de acuerdo a la valoración que yo hice de su belleza en mi mente (podría ser injusto hacer un juicio categórico de María con base en su sobrepeso y eso tal vez me convertiría en una persona superficial, pero tanto hombres y mujeres, incluso a nivel inconsciente, hacemos evaluaciones de nuestros semejantes).  Podré decirle hermosa “porque es políticamente incorrecto decirle que no lo es” pero tal vez su aspecto físico incida en mi decisión de cortejarla o no cortejarla. A María la van a seguir rechazando de los trabajos donde el sobrepeso sea un problema (a menos que exija leyes de “acción afirmativa” como “cuotas de gordura” donde un porcentaje de los contratados tenga que ser gordo para no discriminarlos). 

Tercer problema, al promover una cultura para que la “gordofobia” sea políticamente incorrecta y los gordos no se sientan discriminados, se está promoviendo un estilo de vida poco saludable. Ya de por sí los niveles de obesidad en México y otros países son alarmantes. Así como es grave que los medios promuevan un prototipo de mujer que induzca a la anorexia y la bullimia, también lo es lo contrario, decir que hay que defender a la gordura y que es políticamente incorrecto sugerir que bajen de peso por su salud. 

Es decir, María se sentirá bella por afirmaciones que recibió y son falsas, al tiempo que tendrá más posibilidades de contraer diabetes e incluso de ser candidata a un marcapasos. Vivirá en una mentira y con problemas de salud. Quienes le alertan por el sobrepeso, a su vez, estarán censurados por la corrección política. 

No puedes intentar controlar todo tu entorno porque crees que eres víctima de él, menos aún cuando tienes opciones a la mano para resolver tu problema. Ese es el problema con las corrientes ideológicas de extrema izquierda que dicen proteger y luchar por las minorías, sólo terminan atrofiando la iniciativa y la voluntad propia de la gente.  ¿Para qué quiero tratar mi problema por mí misma, si mejor puedo pedir al Estado que me proteja y crear una cultura para que nadie se atreva a hablar de mi sobrepeso?

También se ignora que el ser humano no es unidimensional sino que tiene varias dimensiones. La gordura no la define, pero a veces siente que sí lo hace lo cual incide en su comportamiento. La gente puede hacer un juicio negativo por algún rasgo nuestro (vaya, no somos perfectos y no le podemos gustar a todo mundo), puede que no seamos físicamente atractivos, puede que no tengamos una complexión fornida, pero quien se encuentre “en desventaja” puede jugar otras cartas. Tal vez María sea gordita, pero también puede tener una gran capacidad para conversar lo cual le da una ventaja. 

Duele decirlo, pero la gente tiene todo el derecho de construir una idea sobre tu persona de acuerdo a su percepción. No tiene derecho a insultarte y a no degradarte deliberadamente como persona, pero sí tiene derecho a pensar lo que quiera de ti. 

Y vaya, entiendo la gordura de María. Yo vengo de bajar 30 kilos. Estuve bastante más gordo que ella. 

*He decidido mantener el anominato de quien llamo María, quien escribió un artículo en el que me basé para hacer esta crítica. 

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