Rotaciones de mentalidad

27 Julio 2017

En medio de un país que ya tiene los suficientes problemas, aficionados gritan e insultan a Juan Carlos Osorio para exigir su salida de la selección mexicana.

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Rotaciones de mentalidad

Me llama la atención que en un país donde reina la pasividad y donde la participación ciudadana, aunque creciente, todavía es muy minoritaria, algunos (pseudo)aficionados vayan a recibir al entrenador Juan Carlos Osorio y a la selección mexicana para insultarlos y mentarles la madre. 

Que están encabronados por el escandaloso fracaso y por las famosas rotaciones que tanto molestan a muchos. He escuchado la palabra “rotaciones” más veces que la palabra corrupción últimamente y eso que no soy un aficionado de hueso colorado ni mucho menos.

Pero vamos a poner las cosas en contexto:

La Copa de Oro, un negocio que es lo suficiente lucrativo como para realizarse cada dos años en vez de cuatro como todos los torneos continentales porque básicamente los mexicanos llenan los estadios para ver a su selección (por eso se procura que siempre llegue a la final) y los ingresos son en dólares, es un torneo donde participan selecciones menores que no tienen mucho peso. Ninguna de las selecciones, ni México, ni Estados Unidos ni Costa Rica, son selecciones de élite ni mucho menos. Rara vez podemos colocar a alguna de ellas entre las diez mejores selecciones del mundo. No es un torneo atractivo y ni debería de serlo porque además de esas 3 selecciones que son “las mejorcitas”, las demás suelen ser de ínfima calidad. Es un torneo donde ir y ganar el título es cumplir un trámite.

Luego, la selección mexicana fue con una selección B porque llevó a la principal a la Copa Confederaciones donde tuvo un desempeño regular. Cuando llevas una selección B a un torneo, por más sea de la Concacaf, sabes que el desempeño no será el mismo que el que una selección A te puede dar. Recuerdo que hace varios años, en esa misma copa, la selección mexicana goleó 5-0 a Estados Unidos que llevó a una selección B caminando y sin despeinarse. Cuando los equipos llevan a selecciones alternativas (con excepción de Alemania, claro) el desempeño siempre es menor.

 México lleva a esa selección B y pierde contra Jamaica, lo cual ciertamente no deja de ser un resultado bastante malo (tampoco históricamente malo como algunos dicen), y entonces se desata la indignación.

Una derrota en un torneo que no tiene importancia alguna con una selección B contra otra selección irrelevante como es Jamaica es suficiente incentivo para ir al aeropuerto y gritarle al entrenador Juan Carlos Osorio: “pendejo, vas a chingar a tu madre, estamos hartos de tus putas rotaciones”.

 ¿De verdad, no tienen una vida propia?

Es cierto, que aunque el futbol es un espectáculo (que es lo que debe de ser y nada más), el aficionado tiene derecho a criticar y exigir a su selección o equipo predilecto. Pero insultar y agredir (cosa que ya no es válida) a un entrenador por perder con una selección alternativa una copa a quien nadie le importa más que a los hombres de pantalón es algo demasiado penoso.

Más triste, es que ni para el futbol muchos de estos aficionados tienen el criterio para exigir y criticar. No me quiero imaginar cuando se trata de cosas que sí importan como la vida pública y política del país. Piensan que, con correr a un entrenador, ¡sorpresa! la selección va a trascender. Los medios de comunicación les han metido a la cabeza a los aficionados que la selección tiene el mejor equipo de la historia, que tenemos unos jugadorazos, que hay muchos de ellos en Europa y quién sabe qué más.

La realidad es que de los que juegan en Europa, ningún jugador es de élite, cosa que sí puede presumir la selección de Chile y ya no se diga Argentina y Brasil. Los únicos jugadores de élite que la selección ha tenido son Hugo Sánchez y Rafael Márquez cuando estuvo en el Barcelona. Todos los que juegan en Europa juegan con equipos medianos, o si llegan a jugar en equipos grandes (como Chicharito en Real Madrid) no son titulares indiscutibles. No son malos, tienen calidad, pero no se encuentran entre los mejores jugadores del mundo. 

Pero los aficionados, como los que fueron a mentar madres al aeropuerto, creen que tenemos una selección de primer nivel con un pésimo entrenador, creen que basta con traer a Bielsa o al entrenador de las Chivas para construir una selección que haga historia. No entienden que México no tiene una selección ganadora porque toda la estructura que sostiene al futbol está viciada, y que para empezar, dicha estructura tiene que ser reformada desde abajo y una vez hecho esto, se debe crear un plan a largo plazo (sí, hay que esperar). Pero eso se oye más difícil porque implica construir, sugerir y aportar. Pedir una cabeza es muy fácil, inmediato y comodino.

Y me podrán preguntar qué es lo que tiene de relevante este tema. Mucho, porque si la gente no puede tener el criterio suficiente para pedir que se mejore la calidad de un espectáculo, menos lo va a tener para exigir a sus gobernantes; peor aún, para involucrarse en temas sociales y políticos.

Este tipo de eventos nos muestran donde estamos parados como país y como sociedad. 

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