Posmodernismo: El honor a la no verdad

16 julio 2017

El posmodernismo está en boga y tiene una gran influencia en nuestras vidas, pero no cree en la razón ni en la verdad, por lo cual hay que denunciarlo.

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Posmodernismo: El honor a la no verdad

Si digo, “lo verdadero no existe”, entonces mi afirmación de “lo verdadero no existe” no puede ser verdadera en tanto que lo verdadero no existe, cayendo así en una contradicción infinita que jamás puede detenerse.

¿Qué es la verdad? ¿Cómo se llega a ella? Si partimos de que el hombre tiene la facultad de usar la razón, podríamos decir que mediante la razón y la experiencia podemos llegar a la verdad. La verdad es lo que es. Algunas verdades dependerán del contexto: el sol es amarillo desde la tierra y es blanco desde el espacio; otras verdades son universales: si sueltas una pelota esta caerá por el efecto de la gravedad: dicha gravedad es verdadera en cuanto a que es empíricamente comprobable. Pero ambas son verdades, las verdades relativas (como el caso del color del sol) están explicadas por una verdad absoluta (el sol emite tales fotones de luz que al pasar por la atmósfera modifican su color). Otra que puede ser interpretada como una verdad relativa (y mal usada por el posmodernismo relativista) es que el tiempo no es absoluto, sino que es relativo, porque es relativo al espacio, pero que el tiempo sea relativo al espacio (es decir, que este se modifique si me desplazo por el espacio) es una verdad absoluta en tanto que puede comprobarse empíricamente. 

Existen verdades a las que tardamos en llegar porque para llegar a ellas necesitamos que nuestra especie haya alcanzado cierto desarrollo. Primero se tiene que conformar con verdades limitadas (pero que no dejan de ser verdades). Por ejemplo, las leyes de la física clásica, que son ciertas pero que debajo de ellas subyace la teoría cuántica, que de alguna forma es candidata a ser otra verdad pero que con el tiempo puede ser perfeccionada (como anotación, una teoría no es algo que no se haya comprobado, es una explicación racional de por qué un aspecto de nuestro mundo funciona de cierta manera, la cual puede contener hipótesis o leyes). 

De la misma forma, es verdadero que los hombres y las mujeres están dados por la naturaleza (XY y XX) porque puede ser comprobado empíricamente por los cromosomas, por la anatomía de ambos sexos y porque los cerebros de ambos sexos presentan algunas diferencias, por más pequeñas que sean. Ciertamente, los roles sociales de ambos sexos no están necesariamente dados por la naturaleza y muchos de ellos son producto de construcciones sociales a su vez producto de la forma en que nuestra especie se organizaba con relación al entorno y a su proceso evolutivo, pero los roles sociales per sé no determinan el sexo y sí lo hacen la anatomía, los cromosomas, e incluso algunas diferencias psíquicas entre ambos sexos como resultado de la diferencia anatómica.

Posiblemente algo que consideremos verdad termine no siéndolo o sea una verdad parcial, pero ello ocurre porque no hemos descubierto la verdad absoluta, no porque la verdad no exista. Posiblemente interpretemos una verdad subjetivamente de acuerdo a nuestro prisma con el que vemos, porque nuestro cerebro hace una interpretación de la realidad de acuerdo a los impulsos externos que recibe (provocados por elementos objetivos como los fotones de luz o las ondas auditivas), pero para eso el hombre, en su avance evolutivo, ha ido perfeccionando metodologías para limpiar la búsqueda de la verdad de tal forma que esos prismas la condicionen lo menos posible. El método empírico es un ejemplo de ello. 

El posmodernismo no cree en la verdad y por tanto no la busca, más bien cree que en cualquier categoría binaria existe una opresión que hay que combatir. 

Hemos escuchado a algunos filósofos, “expertos”, e incluso académicos (enclaustrados más bien en las humanidades y no en las ciencias duras como la biología o la neurología) decir que el hombre no es hombre ni la mujer es mujer, sino que el hombre se siente hombre y la mujer se siente mujer, que se trata de un acto performativo. No importa la evidencia empírica.

Estamos hablando del posmodernismo y el postestructuralismo, conceptos que pueden parecerte desconocidos pero que siguen estando en boga y ejercen influencia en el pensamiento occidental de nuestros tiempos. Ellos postulan que la verdad no existe, que es subjetiva y que es construida. Ese concepto puede sonar atractivo, pero también es peligroso.

Como para ellos la verdad no existe y es una construcción, se puede deconstruir o reinterpretar. Así, se asume que “hombre y mujer” son una construcción social y se pueden modificar, entonces uno puede ser llamado hombre porque se siente hombre o se puede llamar mujer porque se puede sentir mujer, pero la verdad, a la que se llega por la razón y la experiencia, delata la mentira: el hombre (que se dice mujer) seguirá siendo XY y la mujer (que se dice hombre) seguirá siendo XX. Si el hombre o la mujer tienen un accidente o necesitan un medicamento, el doctor necesitará saber si es hombre o mujer de acuerdo a la evidencia empírica (objetiva) y no al sentimiento (subjetivo).

Pero ¿por qué sucede esto?

Ocurre porque al posmodernismo no le interesa llegar a la verdad porque no cree en ella, sino que, aludiendo a sus raíces marxistas y su epistemología donde la razón no puede tener acceso a la verdad, afirma que en toda relación existe una opresión y por lo tanto hay que combatirla. Es decir, hay que deconstruir el lenguaje no para llegar a la verdad, sino para acabar con dicha opresión. Los posmodernistas, refiriéndome a Michel Foucault y Jacques Derrida, consideran que en cualquier categorización existe una opresión (hombre y mujer, blanco y negro, burguesía y proletariado). Quienes sostienen ideológicamente al posmodernismo son socialistas que vieron frustrados el doble fracaso del comunismo (ni se dio por consecuencia del capitalismo y fracasó estrepitósamente donde se implementó de forma artificial como ocurrió en la URSS) y que adoptaron el irracionalismo, el subjetivismo y el relativismo dentro de su doctrina (porque el marxismo original no dejaba de ser racional en tanto quiso probar una tesis que resultó falsa).

De la misma forma, los posmodernistas consideran que no se puede llegar a la verdad por medio del lenguaje, dicen que si se desenmascara el lenguaje sólo vamos a llegar a más lenguaje. Entonces, en lugar de usarlo para llegar a la verdad o describirla, se debe usar para que sea útil a la causa (como que todxs nosotrxs escribamos así) o incluso como arma retórica (coincidiendo más con los sofistas) para desarmar al enemigo, porque dado que el lenguaje no aspira llegar a la verdad, no es útil para debatir ideas. Entonces, por medio de juicios ad hominem, ante la falta de argumentos, buscan desarmar al enemigo (maldito heteropatriarca represor), y eso explica entonces tanto la corrección política como su renuencia a debatir. 

Pero esta corriente tiene severas contradicciones epistemológicas porque maneja un doble rasero. Por un lado son relativistas y subjetivos (producto de su herencia filosófica) y al mismo tiempo dogmáticos (producto de su herencia política). Es decir, niegan el principio de no contradicción de Aristóteles. Para el posmodernismo, algo puede ser y puede no ser al mismo tiempo. Pongamos varios ejemplos.

a) La verdad es subjetiva
b) El racismo es malo y debe ser evitado a toda costa (verdad categórica)

a) Ninguna cultura es superior a otra.
b) Occidente es explotador y abusivo con otras culturas.

a) Debemos luchar contra la opresión y debemos garantizar la igualdad.
b) No hay que darle el micrófono a x o y persona porque disiente con nosotros, y por tanto, es opresor, hay que condenarlo al ostracismo y relegarlo.

Fotografía: Steve Rhodes

El posmodernismo, por lo tanto, es nihilista. No contiene moral alguna, ni una estructura de pensamiento que le sirva al ser humano como orden de valores y principios, el posmodernismo es una negación de lo que existe. Al negar la verdad, no se puede construir nada sobre de éste y está condenado al fracaso. Pero también sabemos que el posmodernismo es subjetivo y no lo es al mismo tiempo, porque también es dogmático. Si fuera completamente subjetivista, no podría encasillarse en una postura ideológica y distribuiría aleatoriamente sus ideas en todo el espectro político dado que todo puede ser y puede no ser. Por medio del subjetivismo podría decir que un acto racista no es racismo y ser racista, o decir que la misoginia no lo es y que el machismo es una construcción (cuando ellos hacen más bien afirmaciones categóricas sobre estos temas). Entonces podríamos llegar a suponer que el posmodernismo utiliza el subjetivismo más bien para desarmar los argumentos de los oponentes, porque si no se cree en la verdad, entonces ninguna argumentación es válida y es una construcción del lenguaje. El posmoderno dirá: es tu punto de vista, yo tengo el mío, y los dos son igualmente respetables porque nuestro punto de vista está basado en la “verdad que cada uno construyó”. 

De la misma forma, el posmoderno hace juicios de valor sobre sus oponentes. Al considerar que toda relación implica una opresión, considera en automático que una de las dos categorías que conforman una realidad es considerada necesariamente represora: La mujer es oprimida, por tanto el hombre es opresor; los negros son oprimidos, por tanto los blancos son opresores; los homosexuales son oprimidos, por tanto los heterosexuales son opresores (de ahí el concepto de heteropatriarcado blanco capitalista tan usado por el feminismo  que está contaminado por el posmodernismo). La realidad es que ni todos los hombres son opresores ni los blancos lo son. Y la realidad también es que muchas de las actitudes (el hombre que aprendió a que la mujer debe quedarse en casa, o aquel que todavía no se hace a la idea de convivir con gays) no obedecen necesariamente a una intención de opresión explícita (es decir, no es por “querer chingar”) sino que postura obedece más bien a valores culturales que no han terminado de evolucionar a una siguiente etapa. Bajo la falacia posmoderna, podríamos argumentar que el hombre de siglos pasados era necesariamente malo porque existía la esclavitud y la mujer no tenía el mismo papel del hombre, lo cual es falso, porque esas libertades ganadas ni siquiera se conocían y porque se trata de una especie que se encontraba en otra etapa de su evolución. 

Por lo tanto, si bien se pueden encontrar relaciones de opresión o de inequidad, los posmodernos fallan en su intención de resolverlos, porque más que persuadir y convencerlos de dar ese “paso evolutivo” polarizan a la población, atrincherando cada vez más a ambas partes en una espiral de odio. 

Fue por medio del liberalismo racional que postula que por medio de la razón y el conocimiento se llega a la verdad, que el ser humano tuvo sus mayores avances tanto en lo económico como en lo social. 

Dado que esta corriente ideológica se ha infiltrado dentro del feminismo y de la comunidad gay, algunas personas piensan que criticar esta corriente ideológica y advertir de su peligro implica atentar contra sus avances y derechos. Nada más falso. Por ejemplo, desde una perspectiva racional se puede justificar sin ningún problema la equidad de género, incluso se puede afirmar de forma categórica que en tanto que los dos sexos o géneros tienen la misma capacidad de desarrollar su proyecto de vida y no hay impedimentos relativos a su sexo que justifiquen la sumisión de uno al otro. Me atrevo a decir que la equidad de género será una consecuencia natural del desarrollo de la especie humana. Así también existen corrientes ideológicas basadas en la razón y el conocimiento (el liberalismo, por ejemplo) que también defienden la equidad de género y los matrimonios del mismo sexo al tiempo que denuncian el relativismo y el marxismo inherente al posmodernismo. 

De la misma forma, dada la insistencia de los grupos conservadores en lo que llaman la ideología de género (que incluye esta corriente de pensamiento pero que agregan también otros conceptos que no necesitan del posmodernismo para sostenerse), algunos creen que la crítica al posmodernismo tiene necesariamente una relación con el conservadurismo, lo cual es falso. El conservadurismo, sobre todo el más ortodoxo, considera que la verdad es más bien como producto de revelaciones divinas y no tanto de un ejercicio de razonamiento o conocimiento por medio de la experiencia. La crítica que se hace aquí al posmodernismo se hace desde una postura liberal y racional que cree que por medio de la razón y la experiencia es posible aspirar a llegar a la verdad. 

El legado del posmodernismo es claro, nos ha heredado a jóvenes con vacíos existenciales llenos de ansiedad que ya no creen en nada (ni en materia espiritual ni política) porque no hay escalas de valores en las cuales sostenerse y porque no se puede aspirar a la verdad. Ciertamente no podemos basar nuestra cultura meramente en la ciencia dado que ésta nos habla de lo que es y no lo que debe de ser, para lo cual está la filosofía. Pero la filosofía no se puede meter a los terrenos que le competen a la ciencia para negar aquello que se prueba verdadero (desde negar que el hombre y la mujer son determinados por la biología como hacen los progresistas hasta negar el cambio climático como hace la derecha conservadora). La filosofía debe proporcionar una escala de valores éticos y morales respetando a la ciencia en su campo.

La piedra angular del liberalismo, la que dice que por medio de la razón y la experiencia se puede llegar a la verdad, es la que ha logrado los mayores saltos tanto cualitativos como cuantitativos en el desarrollo de la especie. La calidad de vida se ha incrementado exponencialmente en los últimos siglos, la medicina ha avanzado a pasos agigantados, el conocimiento se ha multiplicado, se ha abolido la esclavitud, la gente es más libre que nunca (aunque todavía falte mucho por hacer), hay menos violencia que nunca, existen más derechos humanos que nunca; gracias a la democracia liberal, las mujeres han visto crecer sus derechos y a tener un papel más relevante en la sociedad más que en ningún otro régimen, hemos puesto a hombres en la luna y estamos muy cerca de llevar al hombre a Marte.

No podemos negar a la razón, que es aquello que nos diferencia de las demás especies. Cualquier ideología que suprima a la razón como medio para llegar a la verdad solamente nos condenará al estancamiento sino es que al fracaso. Por eso es que hay que denunciar al posmodernismo y sus enormes contradicciones.  

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