Dos feminismos

12 julio 2017

La equidad de género no puede estar a discusión, debe ser una condición necesaria. Pero sí podemos debatir la forma en que queremos llegar a ella.

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Dos feminismos

Cuando me preguntan si apoyo al feminismo o si “soy feminista” (porque un hombre puede ser feminista) respondo que es una pregunta muy compleja de responder. ¿Por qué?

Porque el feminismo no es “una sola cosa”. Como en cualquier forma de pensamiento, existen muchas ramas, y entre esas ramas hay divergencias. Si a alguien le respondiera que “soy feminista” podría confundirlo y hacerle creer que estoy de acuerdo con esas ramas con las que en realidad no estoy de acuerdo. Tal vez sería más fácil que estoy de acuerdo con la equidad de género, o bien, que estoy de acuerdo con algunas ramas del feminismo.

Cuando hablamos de feminismo, generalmente se suele hablar de tres olas, aunque esta categorización no es compartida por todas las feministas. Yo quiero, más bien, dividir el feminismo en dos; sé que mi categorización puede ser algo arbitraria, pero servirá para explicar de forma clara qué es lo que me gusta del feminismo y qué no.  El primero empodera a la mujer y el segundo la muestra como víctima. 

 

El feminismo que empodera a la mujer

Este es el camino que considero el feminismo debería de seguir. De alguna forma este feminismo podría corresponder con las primeras dos olas, aunque eso no signifique que no pueda ir evolucionando y por eso, de acuerdo a mi categorización, no se cierra a ellas. Esta forma de feminismo considera que para lograr la equidad de género, se debe empoderar a la mujer.

La “tesis” de Simone de Beauvoir en su libro El Segundo Sexo bien podría servir de ejemplo para ejemplificar esta forma de feminismo:

Existe una asimetría entre la mujer y el hombre (producto de construcciones sociales históricas), y para poder eliminarla hay que empoderar a la mujer, decirle que no existen argumentos para considerar que tiene limitaciones frente al hombre, que es igualmente valiosa, que no es el “otro sexo”, el sexo relegado a un papel secundario. Por medio del empoderamiento de la mujer y la concientización al hombre se logrará entonces aspirar a la equidad de género. 

En su libro, Beauvoir menciona numerosos ejemplos de dicha asimetría, de la mujer que ha sido culturalmente limitada y que ha tenido un rol secundario, de la mujer pasiva frente al hombre que toma acción, de la mujer que ha recibido menos educación y le han dicho que es menos capaz. Beauvoir intenta derribar esos mitos y mostrar a la mujer que tiene la capacidad de estar al mismo nivel que el hombre. Si bien, Beauvoir considera, acertadamente, que la asimetría es producto de constructos sociales,  no reduce, como se hace ahora, la diferencia entre ambos sexos a algo meramente anatómico. Su frase “la mujer no nace, se hace” ha sido sacada de contexto por aquel feminismo posmoderno que insiste en eliminar cualquier diferenciación de sexos:

Primero que nada, siempre existirán ciertas diferencias entre el hombre y la mujer, su eroticismo, y así, su mundo sexual, que poseé una forma singular, no puede fallar en engendrar una sensualidad, una sensitividad singular: su relación con su cuerpo, con el cuerpo del hombre y el del infante, nunca será el mismo que tiene el hombre con su cuerpo – Simone de Beauvoir. 

El feminismo que victimiza a la mujer

Este es aquel feminismo posmoderno influenciado por el postestructuralismo que considera que existe un eterno conflicto entre el hombre y la mujer. También reconoce la asimetría entre ambos sexos, pero en vez de empoderar a la mujer, la presenta como víctima, como la oprimida por el patriarcado, por lo cual, en vez de empoderarla, hay que minar al enemigo. Esta corriente está influenciada por Jacques Lacán, Jacques Derrida, y Michel Foucault entre otros, quienes a su vez fueron influenciados por Marx, Hegel, Nietszche y demás filósofos. Aunque no se trata tampoco de una corriente de pensamiento eminentemente marxista y mantiene diferencias con esta corriente ideológica, se pueden encontrar reminiscencias marxistas en el pensamiento que ha influido en el feminismo posmoderno. Por ejemplo, consideran que ese “eterno conflicto entre el hombre y la mujer” es producto de las categorías duales que siempre implican, como decía Dérrida, una opresión de una sobre otra (el hombre sobre la mujer, el blanco sobre el negro, o la burguesía sobre el proletariado). Para eliminar el conflicto habría entonces que deconstruir el lenguaje y las categorizaciones. Esto explica por qué se quiere considerar que la diferencia entre hombre y mujer es meramente anatómica y que cualquier diferenciación más allá de ello es un constructo social.

Judith Butler, filósofa postestructuralista en boga, dice que los géneros masculino y femenino son meramente performativos (el hombre no es hombre ni la mujer es mujer sino que se comporta como tal).

Es a esta corriente que busca deconstruir el lenguaje y que tiene influencia tanto en el feminismo actual como en los colectivos LGBTI a la cual los conservadores suelen llamarle “ideología de género”, aunque generalmente incluyen otros conceptos que no son necesariamente parte de esta teoría o no necesitan de ella para existir (como los matrimonios del mismo sexo).  

Más que empoderar a la mujer, el feminismo posmoderno busca presentar a la mujer como víctima del patriarcado y siempre lo será en tanto las diferencias existan. Prácticamente cualquier diferencia entre ambos géneros es una excusa para la hegemonía de uno sobre otro, por lo cual hay que eliminarlas. 

Dentro de las políticas públicas también se presenta a la mujer como víctima. Si bien, algunas políticas son acertadas en tanto buscan proteger a la mujer en aquellos ámbitos donde se encuentran en real desventaja (como es el caso de los feminicidios y la violcncia de género), se espera que el Estado sobreproteja de alguna forma a la mujer del patriarcado, lo cual es una contradicción si pensamos en que dentro del feminismo se debe aspirar a empoderar a la mujer. Así, se diseñan políticas públicas como las cuotas de género que solamente crean una equidad de género artificial porque siempre implican una discriminación a aquella mayoría (sea del género que sea) más talentosa y capaz para cubrir ciertos cargos. El argumento tácito pareciera ser más bien: “la mujer no es capaz de empoderarse, entonces necesita ayuda del Estado”. 

Conclusión

El feminismo no es igual ni es homogéneo, tanto en un tiempo concreto como a lo largo de éste. La equidad de género debe de ser una condición necesaria de todos los países civilizados y no puede estar a discusión. Pero sí se puede discutir la forma en que queremos llegar a ella. Si hablamos de las relaciones de poder, lo sensato debe de ser empoderar a las mujeres para aspirar a dicha equidad en vez de crear una igualdad totalitaria y artificial que contradice a la misma ciencia, igualdad más propia de los regímenes comunistas. El feminismo debe luchar contra el machismo, no contra el hombre. Por eso es que el feminismo debe aspirar al empoderamiento, a cambios culturales que no impliquen una contradicción por aquello que ya se ha comprobado por la ciencia: que entre hombres y mujeres hay diferencias más allá de lo anatómico. Porque vale decirlo, a pesar de la hegemonía histórica del hombre sobre la mujer, no hay razón biológica ni científica que la sustente, ni hay razón biológica para negar a la autorrealización de la mujer. 

 

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