Sabiduría en tiempos de Pictoline y PlaygroundMag

3 julio 2017

Muchos medios digitales condensan, compactan y le dan color a la información. El problema es que los usuarios la dan por sentado y no investigan si es cierta.

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Sabiduría en tiempos de Pictoline y PlaygroundMag

Cuando veo alguna publicación de PlaygroundMag o Pictoline y la gente la asume como la verdad absoluta lo primero que hago es poner un grito en el cielo.

La otra vez, los chavos de Pictoline publicaron una de esas atractivas infografías donde decían que los cerebros del hombre y la mujer eran iguales y se comportaba exactamente igual (posiblemente inspirados en la falacia posmodernista que insiste en que no existe diferencia entre sexos más allá de la anatomía). Me puse a investigar un poco en Internet en sitios más acreditadospapers, artículos de neurólogos y especialistas desmentían el dato. Pero esa afirmación era consideraba veraz por el simple hecho de que abajo en chiquito ponían una escueta fuente (que la gente nunca consulta). Basta con que pongan la URL de la fuente para dar el contenido de la infografía por cierto, sin molestarse siquiera a acceder a ella.  

Posiblemente sea duro con los de Pictoline quienes intentan (no siempre con éxito) condensar y compactar información y conocimiento para que sea atractivo, porque que recuerde ellos son más bien diseñadores gráficos y creativos, y se pueden equivocar. Pero tal vez sí tenga que ser más duro con quienes consumen ese tipo de contenidos dándolos por sentado.

Con PlaygroundMag, Upsocl y otros portales similares el problema es más grande, porque si con Pictoline puedo hablar de una falta de rigor en algunos de los casos (no son académicos o investigadores), en éstos otros pareciera haber una intencionalidad, posiblemente tenga que ver con su afán de generar tráfico (y hacer dinero con ello) antes que informar a la gente.

En estos portales me he encontrado con artículos que dicen que los inteligentes suelen ser distraídos, se la pasan en las redes sociales, suelen consumir mucho alcohol o incluso suelen ser perezosos o procrastinadores (curiosamente se parece a su target). Lo curioso es que la mayoría de esos artículos citan como fuente a un paper que interpretaron muy mal o de plano no existe. No sé si sea a propósito pero tiene sentido: dile a la gente procrastinadora (que es la que más consulta las redes sociales y por tanto tienen más posibilidades de consumir tus contenidos) que su condición es característica en la gente con una inteligencia mayor. Así ellos se reafirman como inteligentes y ante ello le dan crédito al portal web y así lo consumen más y más. 

Otro ejemplo: uno de estos medios se atrevió a “publicar” un estudio que decía que las personas más inteligentes son más altas y que por lo tanto si eras más alto la probabilidad de ser más inteligente era mucho mayor. Pero cuando uno consulta la fuente dicha información, uno se da cuenta que ignoran la correlación principal (porque le quitaría impacto a la nota). El estudio en cuestión decía que la gente que tiene una buena alimentación (como ocurre en los países desarrollados) suele ser más alta (derivado de su buena alimentación) y más inteligente (también como consecuencia de la buena alimentación). Es decir, en realidad la correlación entre altura e inteligencia no implicaba causalidad, sino que, por el contrario, la altura y la inteligencia tenían correlación con la alimentación.

Pero naturalmente si el encabezado fuera “las personas que tienen una buena alimentación en edad temprana son más inteligentes” (lo cual sucede con casi todas las personas que no viven en condición de pobreza) no hubiera ganado tantos likes ni tantos clics en los banners de publicidad.

De esta forma, aprovechando el poco rigor que la gente utiliza para consumir contenidos, se podría por medio de estos portales inculcar ideas, agendas o incluso posturas políticas en beneficio de alguien o algo. No importa que se ponga la fuente al estudio que se malinterpretó (de todos modos nadie la va a consultar o se verán disuadidos o intimidados por las enormes cantidades de texto que los papers tienen). 

En tiempos de Internet está muy de moda (y en la mayoría de los casos la intención es buena) condensar y organizar el conocimiento para mostrarlo en videos animados e infografías. Incluso ya hay videobloggers que intentan acercar el conocimiento filosófico al usuario común. Eso no me parece malo y a muchas personas las puede acercar a distintas fuentes de conocimiento y despertar su curiosidad; pero a la vez también es de alguna forma sintomático de que hemos perdido progresivamente la capacidad de investigar y buscar la sabiduría esperando que alguien más nos la muestre en un formato empaquetado y colorido. La sabiduría es algo que el individuo tendría que aprender a buscar por sí mismo como producto de la curiosidad y la ambición de alimentar su cultura y su espiritualidad; y por lo tanto, como todo lo que vale la pena en la vida, eso implica un esfuerzo, un esfuerzo que cada vez menos gente está dispuesta a llevar a cabo.

Las tecnologías deben, sí, ayudar a acercar la sabiduría y el conocimiento a la gente. No deberían, en cambio, suplir la tarea que el individuo debe hacer por sí mismo para cultivarse. Y esto no siempre es culpa de dichas tecnologías, de hecho posiblemente no lo sea en la mayoría de los casos, sino de los individuos que no están dispuestos a hacer un esfuerzo por informarse bien y aprender. 

 

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