Mi primera vez en un mitin de López Obrador

18 junio 2017

Nunca había visto a López Obrador en mi vida. Aproveché que vendría a Guadalajara para ir a verlo por primera vez. Les comparto mi experiencia y mis impresiones.

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Fotografía de autoría propia.

Nunca había visto a López Obrador en mi vida, anunciaban que vendría a Guadalajara, así que, por curiosidad, unos amigos y yo decidimos ir a verlo. Esta fue mi experiencia:

Llegué pasadas las 6 de la tarde, hacía un calor terrible. Le había dicho al chofer del Uber que me dejara en la esquina donde estaban todos los camiones. Caminé varias cuadras sobre avenida México para llegar al lugar. Contaba decenas de camiones para transportar a los acarreados (muchos, seguramente, de ciudades del interior) algunos invadían la ciclovía. Los acarreados eran gente muy pobre, el escenario era una calca de lo que pasa en los mítines del PRI pero con menos presupuesto, MORENA también lucra con los pobres al igual que lo hacen los priístas, fue lo primero que me dije.

Me quedé de ver con mis amigos en la esquina de Avenida México y Avenida Chapultepec, donde había más camiones aún. Una señora, molesta porque el camión que la llevaría a su casa no podía pasar debido a la aglomeración, me dijo: -Pinches güevones esos, que mejor se pongan a trabajar. Mis amigos y yo estábamos impresionados de la cantidad de gente pobre que habían acarreado en los camiones, uno de ellos me dijo: -Si algo me encabrona del PRI y de MORENA es la forma en la que utilizan y lucran a la gente que no tiene recursos. Asentí. 

Ya que nos vimos todos, nos integramos al mitin. Antes de que López Obrador hablara, estaban nombrando a quienes firmaban el “Acuerdo por la Prosperidad y el Renacimiento de México”. En el estrado estaban personajes de peso, no todos con muy buena reputación. Firmaron dicho documento empresarios como el dueño de Dulces de la Rosa (cuyos dulces son muy populares en mi ciudad) y que se había integrado al partido; también estaban políticos  ligados a López Obrador, líderes sindicales y hasta deportistas. 

Coincidía con uno de mis amigos que esta puesta en escena rememoraba al PRI de los setenta que podía amalgamar dentro de su partido a los más rojillos junto con los empresarios y líderes de diversos sectores. No encontré muchas diferencias con respecto a los mítines del PRI que tanto les indigna, excepto que el partido está representado por un líder carismático. Pero ahí estaba todo lo demás, camiones con gente pobre a los que seguramente les pagan por llenar el escenario, banderas, gorras. 

Los organizadores animaban al público, les decían que gritaran “es un honor con López Obrador” y los hacían cantar la canción de MORENA. Además de los acarreados habían varios que habían ido por su propio pie. Ellos eran los más enjundiosos, los que gritaban y coreaban más, los más “comprometidos con la causa”. 

Y entonces inició el “concierto”: López Obrador empezó a hablar. El público que estaba en mi zona estaba molesto porque quienes integraban la prensa tapaban la vista y la gente no podía ver a Andrés Manuel. Ante los abucheos, ellos se agacharon. Así, la gente ya pudo ver y admirar al líder de las izquierdas.

¿Qué dijo López Obrador? Lo mismo de siempre. Repitió las frases de cajón que repite toda su gente: “la mafia del poder”, “soy peje pero no soy lagarto”, “el PRIAN”, “todos los partidos son lo mismo, MORENA es diferente”, “yo soy de esas aves que no se manchan al cruzar el pantano”. Habló del fraude electoral del Estado de México, que Del Mazo es primo de Peña Nieto, que Yunes esto, que Peña Nieto aquello, que ellos son los únicos que votaron contra el gasolinazo. Que no conoce a Chávez ni a Maduro (aunque la secretaria general de Morena Yeidckol Polevnsky, que estaba ahí presente, simpatiza y defiende al régimen chavista). Se trataba del mismo discurso tramposo y simplón donde él se asume como el bueno, como el redentor que por su sola voluntad acabará con la corrupción. Por eso es que el discurso es lo menos relevante de toda esta aventura. 

Con un tono de voz que a mi parecer se me hace irritante y a veces algo monstruoso, López Obrador arremetía, señalaba con enjundia, el público aplaudía y coreaba ¡Obrador, Obrador! Yo estaba harto, escuchar a AMLO se me hace algo muy tedioso y cansado. 

Lo que rompió el hielo de un mitin predecible fue que un grupo de ciclistas desnudos intentó seguir su ruta por la avenida donde se llevaba a cabo el evento. El público se indignó por ello. Uno de los simpatizantes de López Obrador le pegó en los testículos a un ciclista con su bandera, una ciclista respondió: – y así quieren que les demos su voto.  Uno de mis amigos comenzó a gritar (estaba bromeando) que eran infiltrados del PRI y varios del público (creyéndolo en serio) gritaron lo mismo, creyendo que eran priístas que se habían metido al mitin para causar desmanes. 

Después de eso, poco antes de que terminara el evento, nos fuimos. Así terminó la aventura de la visita del líder más importante del país, un líder que atrae mucha gente pero que trae consigo poca sustancia. Los suyos lo siguen.

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