La alianza PAN-PRD. Juntos contra AMLO en 2018

20 mayo 2017

PAN y PRD decidieron ir en coalición al 2018. Dicen que van con todo contra el PRI, pero la verdad es que van con todo contra López Obrador.

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La alianza PAN-PRD. Juntos contra AMLO en 2018

Yo había dicho que si López Obrador no cometía errores tenía casi segura la presidencia ¿recuerdan? Seguramente el tabasqueño sigue arriba en las preferencias, pero hace unos días cometió un error que podría, en un dado caso, condicionar su triunfo (un error de varios, más bien) y éste fue haber “invitado”, en tono amenazante, a los partidos de izquierda para que declinaran por la candidatura de Delfina en el Estado de México. El error cobró factura y el PRD (o su dirigencia), convertido ya en un partido satélite, tomó una decisión: irá en coalición con el PAN y no con MORENA rumbo a las elecciones del 2018. 

Cuando hablamos de una alianza PAN – PRD surgen muchos sentimientos encontrados. Algunos dirán que esa fórmula alcanzará para evitar que AMLO llegue a la presidencia, otros hablarán de la incongruencia ideológica de ese “matrimonio”. La realidad es que ese matrimonio cambia un tanto el contexto de las elecciones. 

El argumento de esa alianza (así lo han presentado) es que hay que sacar al PRI de Los Pinos. Pero siendo sinceros, el PRI ya está fuera de Los Pinos; el rival a vencer es otro, y ese es López Obrador. AMLO no se equivoca cuando dice que si se tratara de una alianza contra el PRI, hubieran pactado de la misma forma en las elecciones del Estado de México

No sé si los dirigentes lo hayan entendido como yo lo entiendo o se trate de un accidente, pero basar su argumento en oposición al PRI y no a AMLO puede llegar a ser acertado al menos a estas alturas, dado que insistir demasiado (como sucedió con el caso de Eva Cadena), en que hay que ir con todo contra el tabasqueño, podría terminar haciendo más fuerte a éste último.

¿Funcionará una alianza así? Depende de muchos factores, incluso podrían existir algunos escenarios donde esa alianza pueda resultar contraproducente. No es la primera vez que ambos partidos pactan una coalición, pero el contexto en el que se lleva a cabo es diferente. El PRD juega el papel de partido satélite y no de partido grande (lo cual es una desventaja natural dentro de las negociaciones que ambos partidos hagan), el enemigo a vencer no es tanto el PRI sino AMLO, y ambos partidos cargan con un nivel de desprestigio con el que no cargaban hace media década. 

El problema que tenían estos partidos era que no había un candidato competitivo que pudiera sobresalir del “político común”, lo cual es una desventaja frente al tabasqueño que tiene el privilegio de poder venderse como antisistema. Evidentemente, el problema sigue existiendo porque ni dentro del PAN ni del PRD existe una figura sobresaliente. Entonces tendrán que buscar otra alternativa: 

Por ejemplo, dicha alianza podría servir como plataforma para postular a un candidato que no sea miembro de uno de los dos partidos, un candidato que pueda ser percibido como una suerte de “candidato independiente” para así ganar legitimidad. Ambos partidos cederían al no postular a alguno de los suyos, pero en cambio, conservarían todos los privilegios que implica continuar en el poder. El PRI, de igual forma, podría negociar una transición tersa y tranquila con el PAN (como ha venido sucediendo) para que su inminente derrota no signifique la pérdida absoluta de poder y privilegios. Ambos partidos podrían aprender la “lección de Francia” y postular a una figura que funja como “semi-independiente”, y que pueda sacar del poder a lo que la gente más detesta (al PRI) sin caer en la demagogia (AMLO). 

Bajo esta tesitura, PAN y PRD tendrían que postular a un candidato centrista (o al menos que no esté muy inclinado a la derecha o a la izquierda) que pueda abarcar la mayor cantidad de voto útil posible (recordemos que la masa que ya no se identifica con algún partido crece en grandes proporciones) haciendo una elección de tercios. Si logran presentar a un candidato lo suficientemente creíble, se encontrarán en ventaja cuando la elección se convierta en una batalla entre dos (como suele suceder en las elecciones presidenciales desde el 2000). El candidato en cuestión deberá tener la suficiente reputación para que la plataforma (dos partidos de la tan odiada clase política) no le juegue en su contra.

Otro problema que podría presentarse en este escenario es que se presente una candidatura independiente. Ciertamente el “independiente” cobijado por el PAN-PRD tiene una estructura con la cual el otro independiente (el de a de veras) no podrá contar. Pero también es cierto que el primero tendría que brillar mucho más que el segundo, porque una candidatura independiente es mucho más creíble que una “semi-independiente” cobijada por los partidos.

Esa podría ser una posibilidad, pero eso no quiere decir necesariamente que vaya a suceder así y posiblemente ocurra que la coalición decida postular a un candidato partidista. Si fuera uno miembro de PRD (muy poco probable, entendiendo que en esta negociación tiene desventaja) dudo que todos los panistas decidieran votar por él. Si en cambio, fuera un miembro del PAN, de igual forma dudo que los simpatizantes (cada vez más pocos) del PRD se vayan a convencer a votar por ese candidato, e incluso tal vez opten por votar por el candidato de MORENA. Un escenario así no cambiaría mucho las cosas, de hecho, que un partido haga una coalición con otro de ideología contraria (en el tema económico, pero sobre todo, en el social) podría no ser bien recibido por todo mundo y el electorado independiente no lo termine de acoger por su carácter partidista. 

Todos sabemos que López Obrador (y no el PRI) es el candidato a vencer. Los partidos harán todo lo posible por pararlo, porque independientemente de lo que cada uno piense del tabasqueño, puede significar una ruptura que trastoque los intereses de la clase política vigente. Eso no convierte a López Obrador, desde luego, en la opción más deseable. Varias de sus alianzas (como la reciente con Elba Esther Gordillo) y varios de sus cercanos muestran que se trataría más de un reemplazo más que una evolución de la cultura política de nuestro país. 

Los partidos harán todo, coaliciones, campañas de desprestigio. Pero la desesperación termina siendo un arma de doble filo. Falta poco más de un año para las elecciones presidenciales y todavía hay mucho que contar. Vamos a ver cómo se conforma la alianza, y sobre todo, se dura (porque dudo que todas las tribus del PRD se encuentren contentas con esta decisión). 

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