La batalla de los cerdos (tres cerdos diferentes)

25 abril 2017

La campaña ya comenzó. Como no pueden brillar por sí mismos, AMLO, los priístas y panistas se lanzan lodo e intentan destruirse para llegar al poder.

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La batalla de los cerdos (tres cerdos diferentes)

Foto: Christinne Muschi

Ayer nos despertamos con una bochornosa noticia dentro del partido de López Obrador, MORENA, donde Eva Cadena, candidata por la alcaldía de Las Choapas, fue exhibida en un video recibiendo fajos de billetes. Esto naturalmente tira a la borda un argumento de López Obrador que ya era muy endeble: que bastaba con que él fuera honesto para acabar con la corrupción en México. También nos habla de la forma en que los partidos políticos se manejan a diario. 

El incidente fue naturalmente aprovechado por sus opositores, quienes seguramente tuvieron algún involucramiento o participación en este hecho, pero que no exime ni a MORENA ni a López Obrador del error y demuestra que también dentro de su partido hay corrupción. Después, López Obrador, en su ya tradicional arrogancia y poca autocrítica, endosó toda la culpa a la “mafia del poder”.

Entendamos un poquito el contexto. López Obrador va por encima en las encuestas. Muchos están nerviosos y temen que el tabasqueño pueda llegar a Los Pinos. Por eso, con más de un año de anticipación, han comenzado a hacer una campaña de guerra sucia para tratar de bajarlo. Esto ha desatado un lodazal, porque no sólo son sus opositores (PRI y PAN) intentando demostrar que también él es corrupto, sino porque el mismo López Obrador ha entrado en esa dinámica ensuciando al emisor para quitarle crédito a su palabra. Ahí está su insistencia en demostrar que Felipe Calderón exoneró a Humberto Moreira. Por más desacreditados estén quienes lo acusan, mejor para él. 

Así uno entiende que la campaña presidencial (porque técnicamente ya estamos en campaña) haya empezado con un lodazal, donde todos se desacreditan a todos. Las facciones políticas, sobre todo aquellas del PRI y del PAN tienen muy poco que ofrecer y son incapaces de brillar por luz propia. López Obrador, por su parte, sí tiene un número considerable de seguidores que creen en él, aunque de la misma forma tiene unos negativos considerablemente altos. Como no tienen mucho que ofrecer, López Obrador intenta subir los negativos de sus opositores y estos hacen lo propio con él, se trata de quién esté más embarrado.

Pero en este lodazal, en este intento por desacreditar al otro, la clase política vuelve a mostrar una vez más lo desconectados que están de la realidad, lo desconectados que están de la sociedad, a quienes apenas pueden entender por medio de estudios cuantitativos (y hasta para eso tienen problemas). 

Me llama poderosamente la atención que los priístas monten una escena donde llaman a López Obrador corrupto varias veces y donde exigen su renuncia. Creen ellos, a pesar del enorme descrédito de su partido y el repudio que les tiene la mayor parte de la sociedad mexicana (en especial en aquellos sectores de votantes independientes quienes, por cierto, podrían determinar si López Obrador llega a la presidencia) que tienen la autoridad moral de llamar corrupto y acusar a un candidato de lo mismo que ellos han sido acusados una y otra vez.  

La puesta en escena del PRI es un error estratégico. Fue primero el PAN quien se subió a la arena para ensuciar a López Obrador. Felipe Calderón ha estado, en estos últimos días, en una permanente campaña en contra del tabasqueño comparándolo con Hugo Chávez e insistiendo en sus presuntos nexos con Duarte. Calderón, asumiendo que su figura es respetada en algunos sectores de la sociedad, y tomando en cuenta que su esposa desea llegar a la silla presidencial, decidió formar parte de esta guerra sucia reeditada para evitar que el tabasqueño se mantenga allá en la cima. Pero ¿qué pasa?

Entonces llega el PRI al hacer lo mismo, y tenemos al PRI y al PAN en una insistente campaña en contra de López Obrador que también incluye bots y publicidad encubierta en redes. Si un creciente número de ciudadanos están (estamos) hartos de la clase política y no se sienten representados por ella, ¿qué van a pensar al ver a toda esta clase agrupada en contra de un candidato? Así, el argumento del PRIAN toma fuerza. El PRI y el PAN están aliados en contra de López Obrador.

El votante independiente (quien podrá determinar la elección) podrá dudar de AMLO por los fajos de billetes que recibió Eva Cadena, pero después de ver al PRI y al PAN aparentemente unidos en esa batalla, que los emisores han cometido actos de corrupción y tropelías que superan a la décima potencia el fajo de billetes, tampoco tendrá incentivo alguno para votar por los “partidos tradicionales” y en dado caso hasta podría llegar a ver a AMLO como la opción menos peor. Al ver al PRI y al PAN en una insistente batalla por bajar a AMLO hará que a los ojos del independiente, las posibilidades de que el acto sea parte de una campaña orquestada, crecerán, con lo cual se podría diluir la acusación que se le hace al tabasqueño. 

Porque no sólo se trata de la guerra sucia, sino de la insistencia. Incluso pareciera que se están jugando todas sus cartas, que están poniendo toda la carne en el asador. Y tanto en la política como en las relaciones sentimentales, quien insiste demasiado pierde su atractivo. 

Si después de este lodazal López Obrador no baja mucho en las encuestas, se van a prender los focos rojos. 

Y de pilón, reafirmando el cinismo del PRI, otro hombre entró a la batalla: Humberto Moreira, quien aprovechó la discusión entre López Obrador y Felipe Calderón para acusar de corrupto, briago e infiel al expresidente. Ese es nuestro nivel de política, y por eso la clase política se encuentra en una profunda crisis. Se han alejado tanto de la realidad y de la ciudadanía que ya solamente pueden aspirar a ensuciar a los demás para así aspirar a los puestos de poder:

 

 

 

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