Un borracho que conduce un automóvil

7 abril 2017

A pesar de las numerosas alternativas que la gente tiene, muchos prefieren seguir manejando en estado de ebriedad poniendo en riesgo la vida de los demás.

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Un borracho que conduce un automóvil

Siempre me he preguntado: ¿Por qué en la actualidad, cuando hay tantas apps, cuando se han hecho miles de campañas de concientización, la gente sigue manejando en estado de ebriedad?

Sé que me preguntarán por qué no estoy escribiendo sobre lo que sucede en Siria (hablaré de eso en un artículo posterior), o sobre el nombramiento de Paloma Merodio. O que por qué me tardé en escribir sobre el tema (mucho trabajo y preparación para exámenes, la razón). Pero me pareció imperativo hablar de ello, porque este es un problema serio.

Tuvieron que morir cuatro personas en Reforma para que se hablara del tema. Tuvo que llegar una persona inconsciente (quien subió a cuatro personas a su automóvil a quienes no conocía, y quien fue el único que se salvó después de que su BMW se partiera a la mitad) para que se volviera a hablar de los peligros que implica conducir en estado de ebriedad. 

Villuendas Adame salvó el pellejo, pero tendrá que enfrentar a una justicia que tendrá que ser implacable con él. Los demás quedaron tirados y desmembrados en Reforma. Las imágenes tuvieron que ser muy explícitas, la tragedia tuvo que ser de tal magnitud (que los cuerpos hayan quedado mutilados, que haya ocurrido sobre la avenida más importante del país) para que pusiéramos un poco de atención.

México ocupa el séptimo lugar en el mundo de muertes por accidentes automovilísticos donde el conductor iba en estado de ebriedad. 24 mil personas mueren anualmente por accidentes relacionados con el alcohol. No son cifras de las cuales podamos sentirnos orgullosos, pero tienen una razón de ser.

Evitar este tipo de problemas es muy fácil, alternativas hay muchas: Si vas a tomar, puedes dejar tu coche en casa y pedir un Uber. Si te llevaste tu coche y tomaste, puedes regresar a tu casa en Uber o taxi y regresar el siguiente día por tu automóvil, o bien, pueden elegir de entre todos los amigos a un conductor designado. Si vas a tomar a casa de uno de tus amigos y traes coche, puedes quedar a dormirte ahí y regresarte el siguiente día en automóvil. Algunos establecimientos inclusive ofrecen facilidades para evitar que la gente se vaya tomada.

Aún así, con todo esto, muchas personas prefieren regresarse en estado de ebriedad a sus casas. Algunos aseguran que conducirán con cuidado y no jugarán a las carreras (como si eso fuera suficiente), algunos otros ni eso. No son pocos quienes conducen a toda velocidad para así poder reafirmarse a sí mismos, como los “cabrones que le hacen al vergas”. 

En lugar de tomar conciencia y evitar poner en riesgo la vida de los demás, muchas personas buscan evadir la ley. Entran a Fan Pages de Facebook y medios similares que les dicen donde están colocados los retenes de alcoholemia para así evadirlos. Es triste ver que muchos conocidos míos utilizan esos recursos. 

A veces las excusas son absurdas. Dicen que los retenes de alcoholemia son injustos, que casi no te dejan tomar (como si no pudieran optar por una de las tantas alternativas que ya he mencionado), que incluso son muy caras las multas porque dicen, es dinero que va a ir a las manos de los políticos corruptos. Se quejan de la corrupción, pero ellos también la ejercen al evadir la ley y poner la vida de las demás personas en riesgo.

Un auto es como un arma, todas las demás personas que se trasladan de cualquier otra forma en la vía pública se encuentran en una situación más vulnerable a la del conductor: ya sea un ciclista, un motociclista o un peatón. Por eso se insiste que los más vulnerables (empezando por los peatones) tienen mayor preferencia, que el automóvil debe dejar pasar al peatón y no al revés. Lamentable, dentro de nuestra cultura y nuestros paradigmas retrógradas, la regla (y no la excepción) es que quien tiene un automóvil se siente superior a los demás, siente que puede meterse por cualquier lado y romper todas las leyes que le sea posible.  Si a eso le sumamos el alcohol y nuestra poca inclinación a respetar la ley (y luego nos quejamos de que los políticos hacen lo mismo), entonces es comprensible que seamos el séptimo país del mundo por más muertos por conducir en estado de ebriedad.

Y se trata de algo que sólo requiere una pizca de sentido común y de respeto a las demás personas. Evitar conducir tomado es algo muy fácil, aún así, muchas personas siguen poniendo en riesgo la vida de los demás. 

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