La no verdad

12 marzo 2017

A pesar de los avances científicos y tecnológicos. Un sector de la población sigue negando aquello que es evidente e irrefutable. Pero, ¿por qué?

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En pleno siglo XXI hay quienes creen que la tierra es plana. Que se trata de una conspiración orquestada por una especie de orden mundial, por medio de la NASA, de los gobiernos y hasta de las aerolíneas que “premeditadamente no volarían sus aviones en línea recta para engañarte”. 

Si sometemos los argumentos de estos “escépticos” al método empírico, quedarían completamente destrozados. Hasta la evidencia cotidiana lo hace: como cuando vas al mar y ves que conforme un barco se aleja, parece hundirse. 

Pero aún así, nuestros amigos de The Flat Earth Society, esbozan argumentos llenos de cifras y de teorías físicas y matemáticas mal interpretadas para engañar al incauto o engañarse a ellos mismos. Es más fácil y hasta divertido imaginar un orden mundial inspirado en los Protocolos de los Sabios de Sion -un panfleto ruso zarista para justificar el linchamiento hacia los judíos- que entender a la ciencia. Sus argumentos suenan muy sofisticados, pero con una explicación simple, éstos pueden ser derribados.

Aunque la evidencia de la mentira esté ahí, aunque sea irrefutable, aunque las pruebas sean evidentes, muchos siguen creyendo en ella.

De la misma forma no se puede explicar cómo en este siglo muchos sigan creyendo lo que dice el horóscopo. No es siquiera que se molesten en investigar un poco si la forma en que la posición de los astros relativa al nacimiento de las personas afecta ya no sólo la psique de las personas, sino si determina su temperamento y hasta su destino. Se trata más bien de creer, de sentir, de darle un sentido a sus vidas por medio de aquello que en realidad es mentira.

Quienes leen el horóscopo no tienen el mínimo interés de saber si aquello en lo que creen es verdad. Pensar que determinado día podrá ocurrir algún evento parece tener mayor motivación que hacer el primer ejercicio. Al cabo, el consumidor de horóscopos se predispondrá a lo que éste dice, y probablemente termine ocurriendo -por su mera predisposición, más que por otra cosa- lo que el horóscopo dice.

Tauro: el día de hoy terminará una relación importante de tu vida.

Luego, la orgullosamente “Tauro” irá a cenar con su novio, con el cual inicia una discusión por un tema mundano. En ese momento ella recuerda lo que le dijo el horóscopo, y pensará que es innegable que será la relación con su novio la que termine. Se predispondrá, el conflicto subirá de tono, y vualá, la relación con su novio habrá terminado: ¡el horóscopo dice la verdad!

A pesar de los avances en materia de ciencia, de tecnología, nuestro progreso en temas sociales y filosóficos, hay quienes deciden negar la verdad. Hay quienes lo hacen por un sentido de pertenencia, o porque alguien ha agitado sus conciencias desde sus entrañas: quienes creen al líder y no a las pruebas empíricas, quienes creen que el calentamiento global es un mito porque Donald Trump lo puso en Twitter.

Otros creen en líderes que abanderan causas que la historia demostró equivocadas, que causaron tragedias en el pasado. Para evadir la cruel verdad, recurren también a la teoría de la conspiración. Que un orden mundial manipuló, tergiversó. Proponen recetas económicas que un economista de medio pelo puede desmitificar. 

Se sienten engañados y manipulados por una suerte de orden superior, pero quien lo hace es su líder, al que siguen fielmente.

Sus argumentos son atractivos por esa mitificación y ese aura que llevan consigo:

Por un lado, creen que suenan sofisticados, porque pensar en una conspiración es algo que no hace cualquier persona, sino aquellos de “espíritu elevado”, aquellos que se sienten especiales porque creen que la familia Rothschild controla al mundo -aunque técnicamente pueda ser la familia más rica del mundo, sus miembros están muy lejos de aparecer incluso en las listas de Forbes porque el dinero está repartido entre cientos de herederos y ni de lejos tienen el poder que ostentaban en el Siglo XIX-, o por la “mano negra del neoliberalismo” -a pesar de que la receta alternativa que su líder promueve ya haya probado reiteradamente su fracaso-.

Por otro lado, a pesar de la sofisticación, esas teorías son muy fáciles de entender. No se necesita hacer un esfuerzo mental para creer en cualquier de las teorías de la conspiración que por ahí se narran.

La verdad suele ser más aburrida, y en muchas ocasiones, debe estar acompañada de un ejercicio racional para determinar que eso que se juzga como verdadero, lo sea. Por eso suele ceder en ocasiones ante aquella mentira atractiva y que no requiere un ejercicio intelectual -aunque los crédulos piensen lo contrario, y de esta forma, crean tener una moral más elevada-. 

Esto puede parecer un problema cotidiano, uno de tantos sesgos cognitivos que tiene el ser humano. La realidad, es que esta aversión a la verdad es capaz de poner en jaque a los equilibrios políticos y sociales bajo los que se sostiene el mundo. Por eso hay que advertirla.

Porque es más fácil sentir, que corroborar los datos que se presentan. 

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