Nosotros, los justicieros inquisidores de las redes

9 marzo 2017

En nuestro afán de "hacer justicia en las redes", pusimos en riesgo la integridad de Ramón Urrea Bernal. Todo por no cuestionarnos lo que estábamos viendo.

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Yo me equivoqué.

Nos equivocamos muchos, varios amigos míos, muchos de esos que “siempre verifican las fuentes”, porque varios de los medios de comunicación que nos sirven como fuentes también se equivocaron.

¿En qué nos equivocamos? En suponer y hacer juicios a priori sobre el contenido de un video.

Vimos un video, que en mi caso me generó cólera, y en el seguramente en el de muchos,. Vaya, que escuchar a un maestro narrar, supuestamente, sin empacho alguno, que golpea a su mujer, que abra las piernas, que es una malagradecida porque él lleva la comida, no es algo que vaya dejar indiferente alguno -tal vez sólo a quienes golpean a sus esposas y las engañan-.

Entonces, lo compartimos y lo rolamos por las redes. ¡Qué todo el mundo se entere!

Observa el video. ¿Qué es lo primero que se te viene a la mente?

Nunca nos preguntamos por qué ningún alumno se indignó con las palabras del profesor, ¿por qué ninguna mujer le dijo algo? No creo que absolutamente todos los alumnos vayan a estar cómodos con la idea de un profesor que presuma golpear a su mujer, la trate como objeto y la viole -porque lo que describe, técnicamente, es una violación-.

Nos fuimos por la calentura del momento.

Y como algunos medios de comunicación -algunos de los que decimos que son serios- llegaron a replicar la nota, entonces dimos por sentada la noticia. Luego vimos que algún artista o actor como José María Yazpik mostró indignación pública ¡entonces debe ser verdad! 

Mientras eso ocurría, un profesor inocente, muy mal hablado, tal vez sí, pero inocente, era linchado en las redes sociales. 

Ramón Urrea Bernal veía cómo su nombre era acompañado por insultos en las redes sociales. Seguramente se sorprendió, se estresó y se sintió muy agobiado. ¿Cómo convencer a la turba, de esa que fuimos parte, de que es un hombre inocente? 

Porque lo que realmente sucedió es que Ramón, o el #LordPrepa10, como todos ya lo conocen, intentaba hacer lo contrario. Trataba de concientizar a sus pupilos sobre las expresiones de machismo, y lo que estaba haciendo era interpretar un caso. No era el suyo, como supusimos. 

No fue casualidad que ese video apareciera un día antes del Día Internacional de la Mujer. Seguramente, aprovechando el acontecimiento, el maestro trató de hablar de los abusos de los cuales las mujeres son víctimas. 

Ramón Urrea Bernal estaba, de hecho, defendiendo a la mujer. No me imagino su angustia al ver que lo estaban linchando vivo por un video que no muestra el contexto en el que se da la plática. 

Y nosotros ni siquiera cuestionamos el hecho. Y sin faltar a la verdad, sí habían algunos detalles que pudimos tomar en cuenta para darle el beneficio de la duda. El lenguaje corporal no es siquiera de alguien que está desahogando su frustración porque “su esposa no quiere abrir las patas”, el comportamiento de los alumnos no obedece a un acto que pudiera generar mucha polémica. Los alumnos simplemente ponen atención a un maestro que da clases, y tal vez esbozan una que otra risa, por el tipo de lenguaje que el maestro usa. 

Lo voy a poner en este contexto. Imagina que tú quieres hacer algo bueno, quieres defender a algo o a alguien, y para eso, simulas, enfrente de un grupo de gente, el acto que quieres reprobar. Luego llegas a tu casa y ves que en Facebook, en Twitter, todos están humillando a (pon tu nombre aquí), abres el portal de política que tanto te gusta y ahí está tu nombre junto con el video sacado de contexto. Te conviertes, por un momento, en una escoria. Te has convertido en la representación de eso contra lo que estás luchando. Ya no eres el que combate la corrupción a diario, eres el corrupto. Eres lo que detestas. 

¿Cómo reaccionarías? ¿Sería justo?

Los ciudadanos hemos encontrado en Internet un espacio de denuncia. Hasta cierto punto nos ayuda a “automoldear” nuestro comportamiento como sociedad -Como ocurre con el caso de los lords, las ladies, y demás. Pero en ese afán de hacerla de “policías cibernéticos” olvidamos que hay una responsabilidad. 

Es básico, si en el código de ética de los medios está corroborar la noticia con hechos -que no siempre lo hagan, como en este caso, es otra cosa- es porque eso obedece a alguna razón. Y esa es que una noticia falsa puede afectar la reputación de alguna persona o puede malinformar a la gente.

Entonces, si nosotros queremos ser los justicieros inquisidores de las redes, tendríamos que tener más rigor también.

Porque si vamos a linchar a alguien, debemos tener pruebas fehacientes para hacerlo. No hacerlo puede llegar a destruir la vida de una persona inocente. 

Todos le debemos una disculpa a Ramón Urrea Bernal.

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