Internet. El conocimiento y la sabiduría es sólo para los disciplinados

5 Marzo 2017

Internet tiene una gran cantidad de conocimiento para que una persona se desarrolle profesional e individualmente. El problema es la falta de autodisciplina.

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Imagen: coursetalk.com

En este mundo contemporáneo y hedonista, nos hemos acostumbrado a sobreprotegernos con el argumento de que el humano no merece sufrir. El placer es bueno y el dolor es malo, se dice. Desde un utilitarismo mal entendido, hemos diseñado políticas públicas que buscan reducir el dolor del ser humano al mínimo. Así, el individuo se ha vuelto muy cómodo y más frágil, dada la sobreprotección que recibe. Al niño o a la niña que sufren de bullying ya no se les enseña a defenderse, el joven que está estresado con los exámenes está “sufriendo”, y como el sufrimiento y el dolor se deben evadir, entonces algo mal están haciendo las instituciones, dirán, y reclamarán que su método de estudios debe ser arcaico o los maestros deben ser insensibles.

Por otro lado, -no, no estoy cambiando abruptamente de tema-, me sorprendo al ver en Internet la gran cantidad de información y conocimiento disponible. Ya no sólo es ese gran volumen de información dispersa que el usuario debía molestarse en estructurar por su cuenta. Ahora el usuario puede encontrar información lo suficientemente estructurada como para hacerse experto en un tema o para continuar con su desarrollo profesional.

Sitios como Coursera o Edx, donde los usuarios pueden aprender de cursos (MOOCS) impartidos por las mejores universidades del mundo, pueden ayudar a desarrollar profesionalmente incluso a quienes no tienen oportunidad de pagar una universidad. Estos cursos son gratis y el usuario sólo debe pagar si quiere que le expidan un certificado. Una persona puede, a través de Internet, convertirse en un programador de primer nivel, o volverse un experto en Big Data de forma gratuita o a un módico costo. Cursos organizados de forma pedagógica, que posiblemente en unos años en décadas, vuelvan a la educación superior tradicional obsoleta. 

De igual forma, si el individuo quiere aprender filosofía, psicología, o quiere tener un nivel de cultura mucho más amplio, no sólo hay canales de Youtube que le dotarán al usuario de un nivel de conocimiento en el tema más que aceptable, sino que también puede encontrar diversos sitios web como The Book of Life que ayudan a mejorar la autoestima y la integridad de personas a través de la cultura y la filosofía, y así formarse como persona. Y si no tiene conocimiento del idioma inglés para consumir estos contenidos que en mayor parte están en este idioma, también puede adquirir un buen nivel de inglés en Internet, a un costo más bajo que en una escuela.

Dirás que todo esto es maravilloso, que las posibilidades son infinitas, y técnicamente es cierto, pero entonces regreso al primer argumento:

¿Cómo puede aprovechar esta información el individuo sobreprotegido al cual educaron para no sufrir porque el dolor es malo? Estamos, y créanme porque lo he visto una y otra vez en mi trayectoria profesional, ante nuevas generaciones más comodinas que se sienten especiales por el simple hecho de tener la etiqueta de millennials, que se dicen ser críticas, irruptivas, pero muchos de ellos no están dispuestos a hacer un gran esfuerzo. Incluso algunos ni siquiera saben buscar información en Internet. 

Fuente: forbes.es

Algunos de ellos sueñan con ser el nuevo Steve Jobs, pero se despiertan tarde; y así, con su pijama puesta y su Mac, mientras se reclinan en la cama, dicen estar creando el proyecto que va a cambiar para siempre los hábitos de consumo. Hablo de jóvenes que conocen el arte del Facebook, que son expertos en las mascarillas de realidad aumentada del Snapchat, pero a quienes si les pides buscar algún concepto filosófico, no sabrán ir más allá de Wikipedia.

Cierto, no son todos, no puedo generalizar. Allá afuera hay jóvenes muy talentosos que tienen las virtudes que les achacan a los llamados millennials -su horizontalidad a la hora de organizarse, la intención de irrumpir y crear cosas nuevas y cuestionarse todo-, a la vez que son disciplinados y trabajadores. Esos son quienes logran cambios positivos, los que innovan. Esos son los que han hecho que en México haya una mayor participación ciudadana, y son quienes están aprovechando la ola de la innovación digital.

Pero al comparar a ésta con las pasadas, parece que a estas nuevas generaciones les están, en cierta medida, atrofiando la fuerza de voluntad.

Entonces, mientras que toda esa información, todo ese conocimiento está ahí, a la mano de todos, lo que no abunda es la gente que tiene la voluntad para poder absorberla.

Porque para eso se necesita de autodisciplina; pero a los jóvenes de hoy, poco resilientes, y quienes llevaron a sus madres a su escuela porque es un “insensible maltrato psicológico” que le pongan 5 de calificación al chamaco, no les enseñaron el hábito. Porque hacerse de dicho hábito implica dolor y sacrificio. Implica dejar los placeres inmediatos a un lado.

Y es paradójico, porque los jóvenes millennials ya no quieren ser “godínez”, quieren crear sus propios proyectos o quieren “freelancear”, no quieren horarios fijos. Y para eso se necesita un chingo de autodisciplina, más que la que se necesita para conservar un puesto de trabajo de nueve a seis.

Supongamos que quiero tomar un curso en Coursera, alguno de Big Data impartido por MIT, o uno de filosofía impartido por Harvard (cursos que no son cualquier cosa). El “aspirante a estudiante digital” tendrá que hacerse el hábito de dedicar una hora diaria al estudio de ese curso. Esa hora implica prescindir de una que dedicaba al ocio. Y como el curso no tiene un horario fijo ni una estructura como sí lo tiene la escuela o la academia de inglés a la que va porque y pagó (pagaron sus papás), tendrá que obligarse él mismo a estudiar ese curso a tal hora y en determinada cantidad de tiempo todos los días.

Pero antes de eso, tuvo que haber una disposición para buscar información e informarse de los cursos disponibles y que le podrían ser útiles, hasta para eso se necesita disciplina y fuerza de voluntad.

Me llama la atención, porque en esta sociedad globalizada cualquier persona con acceso a Internet puede acceder a conocimiento que está disponible en todo el mundo y que es desarrollado por las mejores instituciones y los más talentosos en su campo. Y en vez de eso, vemos muchos jóvenes que se pierden, que no saben trabajar, que no se involucran en temas sociales o no les importa la política porque “todos son iguales”. Jóvenes que quieren el placer inmediato, que piensan en las fiestas, en el placer, en la peda, en el iPhone, y no en la inversión en ellos mismos. 

En lugar de sobreproteger jóvenes y hacerlos más débiles de carácter con el argumento de que el dolor per sé “vulnera sus derechos humanos”, deberíamos fomentar jóvenes más resilientes.  Si esas cualidades atribuidas a los millennials como su capacidad para innovar y pensar fuera de la caja se compaginara con las cualidades de la disciplina y la fuerza de voluntad, sumado a todo el conocimiento que está disponible en Internet, tendríamos a una generación que marcaría un hito en la historia de la humanidad. 

Pero los que aprovechan este mundo de oportunidades, son los menos. 

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