El aborto y los derechos de la mujer

22 Enero 2017

Algunos afirman que es una absoluta contradicción ser feminista y al mismo tiempo oponerse el aborto. ¿Pero en realidad es esto así? Veamos...

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Del aborto y los derechos de la mujer

Fuente: liveactionnews.org

La otra vez estaba viendo la segunda temporada de Club de Cuervos -bastante malita en comparación con la primera- en la cual el personaje de Isabel Iglesias se embaraza para que un poco tiempo después decida abortar al bebé porque quería dedicarse de tiempo completo a la dirección del equipo de los Cuervos de Nuevo Toledo. Me quedé en shock y me hice las siguientes preguntas ¿así nada más? ¿Prescindir de un ser vivo porque estorba en mi proyecto de vida? ¿Tan comodinos nos hemos vuelto?

Quienes no estén de acuerdo con mi postura con respecto del tema seguramente preguntarán si ésta tiene que ver con la religión, o si así me enseñaron en la Iglesia. En realidad no soy una persona religiosa e incluso no me considero una persona conservadora, de hecho nunca me he opuesto a la expansión de derechos de la comunidad LGBT, ni a las minorías raciales y apoyo la equidad de género -aunque ciertamente tengo algunas discrepancias con la teoría de género, sobre todo en aquellos conceptos que no están bien sustentados científicamente-. Más bien me considero un liberal en el concepto de aquella persona que aspira a buscar el conocimiento libremente en vez de ajustarse a un dogma o a una verdad absoluta. Soy una persona que cree fervientemente en la democracia y en la libertad del ser humano para que por medio de la ciencia, la filosofía y la técnica pueda aspirar a un mayor conocimiento y entendimiento del mundo. 

¿Pero qué pasa?

Tal vez muchos no lo noten, pero cuando hablamos de los derechos humanos el aborto va en sentido contrario a todo lo demás, aunque todo ello suela formar parte de una misma agenda política. Abortar para mí no es una expansión de derechos. Por el contrario, lo considero como una forma de retroceso. Con la expansión de los derechos humanos queremos, valga la redundancia, dignificar al ser humano. Así lo consideramos cuando queremos que no discriminen a los gays o que a las mujeres no se les utilice como objeto. Abortar es prescindir de la vida de un ser humano, que aunque sea cigoto o aunque no haya formado completamente su sistema nervioso ya se ha convertido en un ente separado de la mujer -y no es parte de su cuerpo aunque esté dentro de éste-.

Y aclaro y reitero que mi postura no tiene que ver con la religión ni estoy obedeciendo algún “mandamiento” ni soy un religioso aparentando no ser religioso para defender una religión. Mi postura es laicista.

El aborto no me parece un “derecho novedoso”. Por el contrario, en la antigua Roma, compuesta en ese entonces por una sociedad muy misógina donde la mujer fungía como accesorio del hombre, estaba permitido -y ocurría muy a seguido- que las recién nacidas -mujeres- o bebés que nacían con una discapacidad fueran arrojados a la calle y se les dejara morir. El argumento era parecido al que se esgrime hoy, las mujeres -que se sometían al hombre- eran menos útiles que los hombres para los intereses de los padres de familia de ese entonces, no “encajaban” en su proyecto de vida. El aborto y el asesinato de los recién nacidos tenía un alto componente misógino (por más paradójico que suene).

Algunos grupos feministas utilizan el aborto como bandera para reivindicar a la mujer. Entiendo, por ejemplo, su preocupación en el sentido de que ellas son las que tienen que cargar con el problema cuando se suscita un conflicto con la pareja. Ante un embarazo, el hombre puede huir y la mujer tiene que hacerse cargo del problema. Ciertamente, que sea el cuerpo de la mujer donde se desarrolle el nuevo ser humano puede prestarse a un escenario injusto, pero también es cierto que podrían diseñarse políticas públicas para que esto no suceda. Se me viene inmediatamente alguna idea así como que un hombre que huya del problema sea obligado a pagar un porcentaje de la manutención del niño -naturalmente se podrían elaborar propuestas mucho mejor desarrolladas que mi idea espontánea-. 

Existen otros argumentos que se esgrimen para defender el aborto (eufemísticamente llamado “interrupción del embarazo”) donde se afirma -tal vez con razón- que un bebé producto de un embarazo no deseado, o peor aún, de una pareja que no tiene ni las condiciones económicas ni psicológicas para educar a un niño, no se desarrollará de la misma forma que lo haría en una familia sana. Pero también es cierto que la mujer puede decidir dar al recién nacido en adopción para que una familia lo adopte. 

Pero aún así el argumento no se sostiene, no sólo porque hablamos de privar de la vida a un ser humano, sino porque ante los problemas que presenta el no abortar -que interrumpa el proyecto de vida de una mujer, o la forma en que se desarrollará el niño- existen alternativas. 

Dicho esto, es falso el argumento de que una mujer no puede ser feminista y pro-life al mismo tiempo como ocurrió en la marcha de #WomensMarch, que ciertamente fue una expresión necesaria e histórica frente al ascenso de Donald Trump quien representa los antivalores de la misoginia y el racismo, pero donde en algunos casos las feministas en favor de la vida se sintieron excluidas. Una mujer puede perfectamente luchar por sus derechos, repudiar los actos misóginos, aspirar a la equidad de género, apoyar incluso a los derechos de los LGBT y oponerse al aborto sin que haya una contradicción alguna en ello.

No se trata ni de izquierdas ni derechas ni de liberales ni conservadores, sino de sentido común, se trata de una vida, y las vidas no pueden estar sujetas a ideologías y corrientes de pensamiento. Todas nuestras luchas y batallas deben de ir orientadas a dignificar al ser humano, donde éste pueda ser libre y no sea restringido por su forma de pensamiento, su religión, su género, raza o preferencia sexual, y no a una cultura comodina, fácil y del mínimo esfuerzo, donde podemos prescindir de nosotros mismos para desarrollar nuestros “planes de vida” -aún cuando hay alternativas para que esos planes no se vean truncados- y donde nuestra preocupación por los derechos humanos termina donde comienza nuestra comodidad.

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