Vamos a hablar de #SinVotoNoHayDinero

21 enero 2017

Clouthier y Kumamoto proponen una iniciativa para reducir el gasto público de los partidos y hacerlos "más cercanos a los ciudadanos" ¿Funciona la propuesta?

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Una de las peticiones que muchos hacen es quitar el presupuesto público a los partidos. Dicen, deben rascarse con sus propias uñas, que basta de alimentar a esos zánganos con nuestros impuestos. La petición suena tentadora, pero sólo hasta que empezamos a esbozar la otra alternativa, que es, precisamente, que los partidos busquen recursos privados tal y como sucede en Estados Unidos.

¿Qué podría ocurrir si los partidos se financian con recursos privados? Algo no muy agradable. 

Estados Unidos se puede dar el lujo de utilizar ese esquema porque tiene -todavía- un mercado muy diversificado y dinámico. Muchas son las empresas o donantes que expiden los cheques, y al ser muchas, los compromisos que el candidato ganador tiene no son tan grandes como lo serían si fueran unas pocas empresas grandes quienes los financian. Aún con esto, es conocido por todos el intenso lobbying (cabildeo) que existe en Estados Unidos, en gran medida, por estos compromisos adquiridos.

En México el problema sería más grande. No tenemos un mercado dinámico y sí unas cuantas empresas grandes, pero que al final son pocas, y algunas de las cuales crecieron gracias a la estrecha relación con el gobierno. Los conflictos de interés entre gobierno y empresas crecerían exponencialmente. De la misma forma, el narcotráfico podría adquirir más poder al financiar por debajo del agua a alguno de los partidos políticos. Entonces el remedio podría ser más nocivo que el problema a combatir.

Imaginemos que estamos en el 2012. Televisa se encarga de financiar a Peña, Slim a López Obrador, y Bimbo a Josefina Vázquez Mota. Entonces, la ganadora o ganador tendrá que gobernar a favor de aquella empresa a la cual le debe su triunfo. Peña tendría que favorecer todavía más a Televisa, López Obrador tendría que convertir a todo México en Territorio Telcel, y Josefina tendría que garantizar que las engordadoras donitas Bimbo se vendan en todas las escuelas. 

Entonces, entendiendo que por el momento el financiamiento público es el menos peor de los escenarios en nuestro caso, al menos hasta que tengamos un mercado más dinámico ¿qué se puede hacer para que este sea no sólo más efectivo, sino que sea más representativo? Se pueden hacer muchas cosas, pero hay una propuesta me ha llamado la atención y que se ha comentado mucho en redes. 

Hablo de la propuesta del Diputado Federal Manuel J Clouthier y del Diputado Local Pedro Kumamoto llamada #SinVotoNoHayDinero. ¿En que consiste esto? Se propone que el dinero que los partidos reciban dependa del número de personas que convencen para votar.

Actualmente no sucede así, si bien el monto guarda cierta proporción con el porcentaje de votos que cada partido recibe, para determinar el presupuesto recibido (que se calcula tomando como base el padrón electoral), no se toma en cuenta el nivel de abstencionismo. Es decir, si PRI obtuvo 40%, PAN el 30% y PRD el 30%, el PRI recibirá el mismo monto ya sea que haya votado el 40% o el 80% de los empadronados. Lo mismo ocurrirá con PAN y PRD. 

Dicho esto, el abstencionismo no les afecta en sus bolsillos.

Pedro Kumamoto, ese diputado tapatío que llamó la atención en 2015, ha dispuesto de toda su maquinaria de medios para promover esta ley y que tenga impacto a nivel nacional -si algo tiene este diputado, es un equipo de jóvenes expertos en comunicación digital-. Gracias a esta estrategia es que muchos líderes de opinión han replicado la propuesta en sus redes poniéndola sobre la mesa. Es decir, aunque la competencia de Pedro Kumamoto sea a nivel estatal, se logra que la propuesta se discuta en redes y por especialistas a nivel nacional. 

Él habla de los beneficios de esta propuesta:

  1. Que ahorrarán un 41% en financiamiento.
  2. Que el voto nulo será una forma de protesta más efectiva (no está de más recordar que Pedro Kumamoto formó parte del voto nulo en 2009, que después dio origen al #YoSoy132 en 2012 y en el que también participó).
  3. Que los partidos tendrán que esforzarse más para que la gente vote por ellos. 

Considero válidos esos beneficios, pero cuando hablamos de una propuesta también deberíamos de señalar los defectos -o efectos colaterales-. Me viene a la mente uno:

Creo que esta medida podría beneficiar más a los que tienen voto duro sobre los que no lo tienen. Por ejemplo, cuando el PRI pierde una elección sabe que al menos contó con su voto duro o sus estructuras, lo que le garantizará cierto reparto del pastel. Esto no ocurre si el PAN tiene un mal desempeño donde puede llegar a obtener un porcentaje muy bajo. Si la necesidad que tienen los demás partidos para convencer a la ciudadanía con respecto a la del PRI ya era grande, esta propuesta podría aumentar un poco más esa brecha. 

Aunque el PRI o quien ostente un mayor voto duro también necesite tratar de convencer a una porción de votantes útiles si quiere aspirar a tener más dinero, en términos prácticos -hablando de campañas electorales- no necesitará hacerlo. Si ningún partido decidiera “ser más convincente” el PRI perdería menos presupuesto que los otros partidos, presupuesto que se utilizará para las campañas y medios de comunicación, lo cual no sería ningún inconveniente porque la ventaja presupuestal con respecto a los otros partidos será más amplia -más horas en TV o publicidad-. Posiblemente no ocurra lo mismo con el presupuesto asignado al gasto corriente que hacen los partidos en periodos no electorales y para poder operar, y donde un menor presupuesto sí puede generar una afectación independientemente del presupuesto que puedan recibir los demás partidos.

Otro posible inconveniente es que esa “cercanía” con la gente a la que apuestan Clouthier y Kumamoto podría en algún dado caso incentivar actos demagógicos o populistas. Aunque a mi juicio no creo que eso llegue a ser un gran problema porque el presupuesto que los partidos adquieren están directamente ligados con candidatos a puestos de elección popular que de todos modos -junto con sus partidos- están moviendo cielo mar y tierra para ganar una campaña. Por el contrario, creo que los partidos que se muestren más congruentes hacia su doctrina y logren aglutinar simpatizantes hacia su corriente ideológica serán más beneficiados presupuestalmente sobre aquellos que no. Muchos de quienes votan por sus diputados y senadores no lo hacen estrictamente por la persona que los va a representar, sino por el partido a quienes representan.

Pero a la vez veo un beneficio que Pedro Kumamoto no enlista, y es que esta propuesta es un buen antídoto para los partidos pequeños e irrelevantes que fungen en muchos casos como negocios más que como plataformas políticas. Véase Partido Verde, Movimiento Ciudadano o similares. Una reducción del 40% puede afectar el interés de los “dueños” de los partidos-negocio. Si reciben una reducción de ese tamaño, dichos dueños tendrán que reajustar el presupuesto para seguir operando, lo cual significaría desentenderse de parte del presupuesto que utilizan de forma discrecional. Si no hicieran eso, el partido dejaría de ser operativo lo cual puede derivar en una pérdida de registro. Los dueños de partidos pequeños tendrían que ir más allá de conseguir el registro si quieren aspirar a recibir el dinero que ostentaban antes, lo cual los lleva a una especie de paradoja porque para hacerlo tienen que mostrarse más convincentes y cercanos. 

Si un partido, del tamaño que sea, quiere obtener mayor presupuesto, entonces deberá preocuparse por ser más relevante y representar a la ciudadanía de una mejor forma. Ya no sólo importará obtener un porcentaje de la votación -para no perder el registro o ganar una elección- sino que también deberán mantener sus negativos lo más bajo posible. Actualmente, la decadencia de la clase política no se castiga presupuestalmente porque como comentábamos, el abstencionismo ni el volumen de participación ejercen influencia sobre el presupuesto. Por el contrario, con esta propuesta, todos los partidos se verían afectados en una elección con un abstencionismo alto.

Al final, tal vez esta propuesta no impacte tanto al PRI, cuyo voto duro, y es necesario decirlo, va empequeñeciéndose debido al cambio generacional. Pero sí incentivaría a la oposición, a las “alternativas” a ser mejores partidos y armar un discurso más convincente. 

Con todo y sus asegunes, creo que la propuesta del hijo del Maquío y de Pedro Kumamoto tiene más puntos a favor que en contra, y considero que es una propuesta que debería considerarse e impulsarse. Porque aunque creo que se podrían hacer más cosas en términos electorales y se debería concebir esta propuesta junto con otras que incentiven a los partidos a representar mejor a sus ciudadanos, sí da un paso adelante en la reducción del gasto público de los partidos y en la representatividad de los partidos políticos. 

Decir que “vamos a devolverle los partidos a las personas” como asegura Kumamoto me parece una afirmación exagerada (algunos partidos nunca han representado de forma honesta a sus gobernados), pero la propuesta al menos si ofrece un incentivo para que los partidos tengan que acercarse más a los ciudadanos. 

Al final del día tenemos que reformar un sistema que no está funcionando y que tiene al país en una condición de “desgobierno”, y para hacerlo tenemos que cambiar las estructuras en que éste se desenvuelve con apego a la institucionalidad. Dicho esto, esta propuesta está bien encaminada con respecto a ese propósito.   

Vamos a hablar de #SinVotoNoHayDinero

Fuente: http://sinvotonohaydinero.mx/

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