Bienvenido Donald Trump, no es un gusto tenerlo con nosotros

20 enero 2017

Hoy no es un día normal, hoy es un día histórico. Hoy, en medio de muchas protestas e incertidumbre, Donald Trump se convierte en Presidente de Estados Unidos.

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Bienvenido Donald Trump, no es un gusto tenerlo con nosotros

No sé como decirlo, desperté con una sensación extraña. Sé que hoy no es un día normal, no es un día cualquiera. No recuerdo que estaba haciendo el 9 de noviembre de 1989, a mis 7 años, cuando cayó el Muro de Berlín; pero seguramente me acordaré el resto de mis días del día de hoy: me levanté, desayuné, y antes de realizar mis labores profesionales me di a la tarea de escribir este artículo. Este día de hoy en el cual se construye un nuevo muro, no sólo el muro con México que tanto prometió Donald Trump, sino aquel muro político e ideológico que se empieza a construir en el mundo, el muro de la intolerancia, el muro del odio.

Revisto mi timeline de Twitter, leo lo que han publicado mis amigos y los líderes de opinión a los que sigo y sólo percibo caras largas expresadas en 140 caracteres. Todos ellos escriben acerca del tema, como queriendo sacar al politólogo -y a veces psiquiatra- que llevan dentro. 

Algunos de nosotros quisimos ir más allá para prepararnos ante este día. Leímos libros, “tragamos” muchos artículos, e incluso, me molesté en leer sobre Roma porque pensé, que entendiendo al Imperio Romano podría entender al estadounidense y lo que pareciera ser su caída. Pero a pesar de la sabiduría que hayamos podido obtener, la realidad es que, no podemos predecir a ciencia cierta que va a pasar; aunque parece sí, que no será algo grato, ni para México, ni para Estados Unidos, ni para Occidente. No conocemos los alcances de Trump porque nunca ha gobernado, pero sí ha dejado unas pistas, en forma de compañías automotrices que retiran la inversión de nuestro país ante las amenazas del nuevo mandatario, y en forma de lo que muchos consideran el peor gabinete de los Estados Unidos.

Tal vez este artículo sea uno de tantos que se escribirán el día de hoy, tal vez es una forma de catarsis, de expulsar la ansiedad de mi cuerpo. Porque naturalmente una persona que se interese en la política, y que al mismo tiempo, crea en la democracia, no puede no sentirse ansiosa o incluso amenazada; y aunque en la práctica se pueda ver igualmente afectada que una persona que no tiene interés o conocimiento alguno del tema, puede entender un poco más de qué trata esta amenaza y de las consecuencias que puede tener no sólo en nuestro país, sino a nivel global.

México no llega preparado ante esta ceremonia o investidura. México llega muy debilitado, como una nación que no ha sido capaz de organizarse. México llega con un Presidente, quien es al final de cuentas el representante y quien lidera este barco, reprobado y denostado por casi el 90% de sus gobernados. Nuestro Presidente no es aquel que con su discurso promete encontrar una salida ante el problema, sino aquel que es objeto de burla en infinitos memes. Por consecuencia, el mexicano se siente abandonado a su suerte, esperando de qué tamaño van a ser los trancazos porque no habrá alguien que haga algo. El ciudadano intenta hacer lo mejor que puede, decide no comprar productos estadounidenses, debate sobre cuales son las políticas que el gobierno debería seguir, que si fortalecer el mercado interno o diversificar, pero en realidad se siente solo, y en efecto, se encuentra solo.

México llega también lastimado por la violencia a todos los niveles. Balaceras perpetradas por cárteles del narcotráfico que exhiben a un gobierno débil, aquellas por algún estudiante que dispara en su salón de clases y que refleja el débil tejido social del cual forma parte, aquella otra donde un gobernador falsea qumioterapias gracias a lo cual, se dice, 8 niños murieron. México llega con un autoestima hasta el suelo.

Frustrado, quisiera ponerme de pie y gritar -¿¡Dónde están nuestros güevos carajo!?. ¿Dónde está ese México de gente entrona y luchona? ¿Dónde está ese mexicano ingenioso?. Y pareciera que ante mi respuesta hay caras largas y tímidas. ¿Dónde está nuestro orgullo?

Como ocurre en los mundiales de futbol, nos achicamos en el juego decisivo.

Algunos pocos líderes intentan hacer su batalla, presionan, llaman la atención, escriben libros. Algunos políticos se suben al barco, no porque estén dispuestos a “aventarse del Castillo de Chapultepec con la bandera”, sino para ganar votos y ganar simpatías. Ellos no piensan en términos como “aprovechar la coyuntura para que México salga bien librado” sino en términos “elecciones 2018”.

Caray, ni siquiera los güevos para pedir una disculpa a un ahora Presidente de los Estados Unidos que nos insultó y que nos ha declarado una guerra comercial. ¡Dónde están, carajo! Por el contrario, parece que Mexico se somete ante el poderoso. Peña apenas esboza un tímido y reactivo “México no va a pagar el muro” producto de las presiones y la caída en las encuestas. Es más, ni siquiera el eternamente opositor López Obrador levanta la mano, todos parecen como tímidos, como a la expectativa, se hacen chiquitos. 

¿Cómo será el gobierno de Donald Trump? ¿Se radicalizará? ¿Se moderará? No lo sabemos. Pero insisto, no será un gobierno muy grato. Hasta ahora tendremos que conformarnos con nuestra incertidumbre y nuestra ansiedad, y esperar, esperar a que pasen los días, los meses, y los años para poder hacer un juicio categórico de lo que ha sido su presidencia.

Pero no, hoy no es un día normal. Hoy es un día histórico, tristemente histórico. 

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